Capítulo 11 ― Tincta.

Aproximó la mano con pulso tembloroso... sintió la fría superficie bajo su palma y con apenas un fragmento de voluntad, una hermosa energía de dorado color se extendió a través del material. El cristal frente a ella comenzó de inmediato a formar una imagen, la misma titilaba borrosa en principio... como abrumada estaba la portadora. Con dificultad Shizuru comenzó a distinguir una tonalidad turquesa en el iris conocido que dolía insoportablemente en su memoria, así como rasgos elfen tan suyos que ya casi olvidaba por su ausencia, pero mucho antes de que el rostro se dibujara por completo, apreció otro rostro, piel pálida, cejas negras de brillo azul y un par de iris a la espalda de aquella conocida persona, esos ojos de tonalidad tan particular como su propietaria lo era...

―No te obligo... jamás.― Escuchó su voz grave y su latido se detuvo por un instante.

La estructura comenzó a tarjarse, grietas extendiéndose hasta que aquellos fragmentos se hicieron añicos en medio de una explosión.

Pese a lo abrupto de aquel hecho, ni una esquirla lastimó su piel incluso con la proximidad de su cuerpo frente al espejo, lo cual fue por demás extraño. La lluvia de cristales se disipó en breve, dada la ausencia del artilugio mágico que exponía a la vista de todos sus más secretos sentimientos, pudo ver a la Reina Tempuria de pie y en la misma posición que ella, con la mano extendida en su dirección como si buscara la proximidad de la suya. Estáticas aguardaban silenciosamente, mirando sin ver realmente, encontró la castaña hija de los Fujino, que quizás esos ojos los había visto hace solo segundos.

―Shizuru...― Oyó la voz preocupada de su madre a su espalda, en los asientos más próximos, así como escuchó sus pasos más cerca, pero por más que intentaba saber si aquellas vistas borrosas eran una ilusión de su mente o una certeza, no lo tenía claro.

―¿Qué ocurrió?― Cuestionó con la voz echa un arrullo, sin salir del trance que la experiencia le había obligado. Shizuma negó silenciosamente, incapaz de explicar los eventos ocurridos.

Aún así, la joven heredera al trono estaba segura de que la primera persona que se vió reflejada en el cristal, era Irial, conocía los tatuajes de los guerreros herbarium en cuyas mejillas se dibujan con tinta roja las formas de una enredadera, recordaba las cejas negras con aquel brillo verde característico a la luz del sol y más aún de la tonalidad turquesa de aquellos ojos que tanto había contemplado durante largas tardes de proximidad. La torturaba su sonrisa, su expresión divertida y más que nada, su ausencia... cuando las palabras de Tomoe habían deshecho cada momento dejando a sus pies tantas dudas; estaba ahí una vez más ese dolor llenándolo todo, incluso en cada suspiro. Así que dejó de respirar, y sin el aliento en sus pulmones pudo por un instante no sentir dolor.

Mientras la sacerdotisa de la orden Tempus Vitae explicaba lo inexplicable a las voces que las rodeaban y creyeron la mentira que era susurrada, algo en su mente encajó por fin, sabiendo muy bien que aquel no era ni una mínima fracción de su verdadero poder, comprendió quién podría sin duda hacer una cosa semejante, así que al ver a la joven frente a ella, en el altar contiguo con quien su filamento continuaba fluyendo, pudo sentirla a través de su energía, notando que era fuerte y cálida. Apreció casi con veneración esos trazos con la forma de diamantes sobre su frente, su nariz y su barbilla, 'Es hermosa' le susurró la consciencia; sin poner freno a sus instintos, se vió reflejada en aquella mirada interesada, en esos iris de un color tan peculiar que ahora no podría negar, también vió en el espejo. El deja vú de esa expresión al verla, continuaba en su mente como si esta se hubiera esmerado en grabar la imagen que tan pronto se perdió, y la sensación permanecería incluso después de verla.

Fueron dos personas, pensó Shizuru... dos miradas ¿Pero qué significaba eso exactamente? o ¿por qué Kuga rompió el espejo apenas unos segundos después de su tacto? Bajó la mirada culpablemente, quizás deseaba evitar mostrar la bochornosa verdad, la cruda realidad en la que su futura esposa mostraría el reflejo de alguien más a todos los nobles y representantes de ambos reinos... comprendió así las razones más que lógicas de su compañera y de fondo agradeció en su fuero interno aquella atención.

Pongan la mano izquierda en posición de oración, con el pulgar a la altura de su corazón, calmen sus inquietudes y mantengan la serenidad.Decirlo era mucho más fácil que hacerlo, pero obedeció, aunque calmarse fuera una tarea titánica, al menos su rostro ya no la delataba.

Quiso por la ocasión no perder de vista aquella verificación, intentando adivinar la forma en la que Tomoe le engañó aquella vez, su hilo el que tornó rojo y ató, pero la técnica de Nao Yuuki era, por decir lo poco, única e irrepetible, con su magia dibujó un octagón cristalino en tres dimensiones, el cual tras el trazo, se materializaba en el centro y pese a que fuera de él, sus filamentos eran fuego rojo y azul, allí dentro de aquella peculiar forma mágica, sus hilos desnudos eran una sola línea, perfecta, pura e impoluta, allí no era posible distinguir donde terminaba la suya o donde iniciaba la de Natsuki. Así que lo supo antes de que Nao lo dijera y en su mente las implicaciones apocalípticas del hecho, llenaron cada voz posible en su consciencia.

―Sus destinos están atados...― Pudo oírla decirlo tan alto que todo el mundo lo escuchó y la alegría del afortunado caso se extendió a cada habitante a través de los sonidos de las trompetas y cornos disponibles en los balcones exteriores del templo, los cuales solo se dejaban escuchar en cada nupcia en la que un Filum Fatum hubiese sido encontrado.

Su ensimismamiento persistió hasta que percibió el tacto de la sacerdotisa impulsándole a concluir su participación en el ritual y sus ojos se cruzaron con el mismo reto que aquel día en el que Nao había sellado una parte de sus destinos con solicitudes que hoy resultaban ser incluso más indignantes. Porque Natsuki era su destino... debió ser solo suya desde siempre. ...desde los inicios de su existencia.Remató con burla disimulada por el protocolo la pelirroja....cuando el vientre las albergó... o el huevo, según se mire.Sabe la diosa que poco le faltó a la princesa para mostrarle a Nao por qué era considerada una guerrera excelsa, cuando fue arrebatada de aquel espacio por las fuertes manos de su padre, quien la abrazó con la excusa de ser el primero en felicitarla a los ojos de los demás, pero el castaño estaba más que preocupado, por lo que parecía un colapso en la faz de su hija.

A Kenji se unió Shizuma quien veía angustiada la mirada perdida de Shizuru, intuía por conocimiento las lóbregas ideas que agobiaban el pensamiento e incluso sus propias ideas se tornaban de lo más confusas. ―¿Acaso puede alguien estar destinado a dos personas?― Inquirió Kenji mirando a su mujer con duda, tenía que admitir que no había sido el más dedicado estudiante cuando recibía las clases de doctrina en sus años más mozos, pero solo un ser está destinado a otro.

―Se dice que es... posible, pero la sacerdotisa expuso claramente que aquel hilo era el designado desde el nacimiento, no es un segundo trazo.― Musitó Shizuru dando claridad al asunto.

Sabían los dos reyes que aquello era justamente el problema. ―Pero... Ir...― Shizuma se contuvo temiendo herir a su hija con aquellas memorias.

―Pero ella estaba... enlazada con anterioridad, tiene que ser un segundo trazo.― Musitó Kenji con una dura expresión en su rostro. Podía oír las palabras, pero ellas no la tocaban... carecían de significado.

La voz de sus padres preguntándose acerca de las posibilidades iban y venían con proposiciones más audaces en cada ocasión. ―O alguien... mintió.― Acotó la Reina madre.

―No sé qué tan confiable sea la sacerdotisa Julieth.― Una a quien la mirada curiosa del Rey buscó y no encontró por ningún lado.

―Padre... Madre, ha sido más honesta esta forastera en cuanto yo he visto con mis propios ojos la continuidad perfecta de nuestros hilos, Natsuki es mi Filum Fatum y es a la vista lo más conveniente en estos difíciles tiempos, alégrense por su buen tino y tengan calma.

―No sé si creer en esta repentina docilidad.― Se cuestionó en voz baja el Rey al ver que la portadora de Vitae volvía a ser dueña de sí misma y su rostro tan portentoso como agraciado, ocupaba la serenidad orgullosa que le caracterizaba.

―Padre, no podemos tener esta conversación ahora mismo y lo sabes.― Shizuru sonrió suavemente y se aproximó hasta el castaño, para darle un beso en la mejilla. ―Las implicaciones son severas, tendremos una reunión con el consejo a raíz de esto y los Herbarium tendrán que responder ante mí.― Susurró para que solo él pudiera oírla. ―Gracias, padre... vela por mi hermano, él quizás esté devastado en este momento, su orgullo herido, su corazón roto.― Se apartó de aquel cuyo tono de iris había heredado, para volverse a ver a su madre, y a ella le dió un beso en la frente. ―Aún me costará y no lo entiendo del todo, pero es esperanza lo que llena mi corazón, pues por Fe, este fue como dijiste... mi destino.― Tomó la mano de la Reina madre y besó su envés con genuina adoración. ―Te quiero y espero tener la mitad del valor que tú para enfrentar lo que ya has superado, una mujer que lucha contra la adversidad... siempre será motivo de admiración.

―Ahora ve...― Shizuma buscó con su azul iris a la joven Tempus y le encontró en la compañía de Nina Wong, quien le felicitaba con un prolongado abrazo. ―Con tu esposa, ella es Argo y como la que es soporte, te sostendrá cuando no tengas fuerza, así que sé gentil porque su rudeza existe para proteger lo frágil en el interior.

Kenji había pensado en qué decir, pero pese a los largos discursos que imaginó, solo una frase, la más cierta salió de sus labios. ―Persistencia, hija mía, jamás desfallezcas ni te rindas ante nada... sobre todo en el matrimonio.― Acarició la cabeza de la menor con una sonrisa. ―Celebremos pues en el castillo, que hoy es un día de alegría y gozo.

Consejos que debió tener en cuenta de inmediato, pues no solo Shizuma apreció el gesto tan familiar entre Kuga y Wong. La princesa de Élide observó las interacciones entre la morena y la joven reina, comprendiendo por el momento, que ahora la sacerdotisa polar le debía la misma obediencia que a la bella draconiana y que si lo dejaba ser era justamente por que como pocas, Nina había sido una amiga de la infancia de su esposa... "y amante" le recordó una voz interior con amargura. ¿Pero qué derecho tenía siquiera a reprochar cuando sus pensamientos no eran solo para Natsuki? Irial… Irial y la sombra del secreto de sus días, eran una nube frecuente en el horizonte de su mente.

Se mordió los labios manteniendo la serenidad... y más importante aún, el decoro. Las observó en silencio, las celebraciones y las felicitaciones, eran un sonido distorsionado al que no prestaba atención, cuando la pelinegra de ojos magma devolvía a su soberana las insignias reales de las que se había desprendido anteriormente a fin de completar el rito, apreció en una tenue inclinación un trazo en el cuello de Natsuki, irritada la piel por la quemadura sacramental, aquella en cuya carne su nombre reposaba, se sorprendió sin entender en qué momento la joven Kuga había recibido la marca. No la comprendía, pues nada la obligaba a llevar su insignia, salvo porque en aquella tierra llena de simbolismos, no son las joyas o las posesiones materiales las que enlazaban, lo son las promesas y la palabra, una que Shizuru comprendió, Natsuki eligió grabar en ella por propia voluntad.

De inmediato buscó con la mirada a Nao, queriendo igualar las cosas, pero no la encontró... levantó la palma de su mano y en ella el nombre de otra le recordó culpablemente que la persona a quien amó tan intensamente, no solo le engañó y traicionó, también le había robado muchos primeros momentos, unos que ahora no tenía el derecho a exigir de su esposa. Se aproximó a las dos mujeres, las que ahora estaban acompañadas por Mai Tokiha y Mikoto Minagi, quien fugazmente le daba un puñetazo en el hombro a su reina como si se tratara de una simple amiga... 'envidiable', susurró de nuevo su conciencia. A ella ninguna persona la trataría nunca con tal jovialidad, sus súbditos inclinaban la cabeza a su paso y ninguno se había atrevido a darle un abrazo festivo, salvo por su familia. ―Eso sí que es suerte...― Le oyó decir a la de ojos dorados. ―Reflejos perfectos ¿Quién podría imaginar que una reina draconiana y una heredera elfen estarían destinadas?

―Estoy segura que de ahora en más, muchas personas encontrarán la mitad que les faltaba gracias a la unión que se ha dado este día, Mikoto... es claro que los dioses desean que seamos una sola nación.― Sonreía en respuesta. ―Es el inicio de un nuevo tiempo, una era de prosperidad que llegará en cuanto purguemos a los Reptilianos de nuestro territorio.

―Y ustedes tendrán nuestras espadas a su servicio...― Intervino un hombre de ojos azules como el océano de los seiren, era alto, fornido y de piel morena, lucía un lacio pelo negro como la mayoría de los hombres Saxar. ―Felicidades majestades.

―Tarik... amigo mío, ¿tomarás de nuestro vino y danzarás como es costumbre?― Sonreía amigablemente la joven Kuga.

―Por la buena fortuna de su matrimonio, danzaría y cantaría sin descanso una semana entera, un mes...― Palmeó el hombro de la Reina sin medir tan bien su fuerza, la casi imperceptible mueca de dolor de Natsuki, apenas Shizuru pudo notarla.

―Será mejor, dar continuidad a las tradiciones establecidas.― Interrumpió, atrayendo sobre sí la mirada esmeralda. ―Todos esperan, para la caravana nupcial.― y así era, los nobles de ambas naciones habían formado un callejón de honor, a la derecha cada líder de las 8 castas eliditas y a la izquierda cada señor nómada de entre las tribus draconianas, con sus espadas levantadas y sus puños cerrados a la altura de sus intercostales, sobre sus corazones.

Shizuru tendió su mano, ante la incredulidad de Natsuki, quien por simple estupefacción tardó algunos segundos en sostenerla; lado a lado ambas doncellas caminaron a la vista de todos los reunidos; la primera, princesa de Élide y ahora reina de Tempuria, sonreía con gracia mientras atravesaban el arco constituido por sables tan coloridos como únicos fueran sus dueños, repletas de joyas las espadas de los eliditas, sobrias pero fuertes y afiladas las de los tempurianos. Pese al evidente desagrado de algunas de las castas elementales al mirar a la pelinegra unida con su princesa, indigna para ellos, otros parecían complacidos por el hecho de que estuvieran destinadas. La castaña se sorprendía de ver el buen talante de los draconianos quienes le devolvían el gesto genuinamente contentos por el enlace, algunos incluso hacían ademanes de buena fortuna a las recién casadas. ―No imaginé caer en gracia a los estimados señores al servicio de la reina...― Susurró con voz cantarina mientras terminaban de cruzar entre aquellos hombres y mujeres.

La morena sonrió en respuesta. ―Ninguno es de noble cuna, ellos son líderes porque en la adversidad asumieron la responsabilidad que ocupaba la tragedia, una que nadie más quería... en sus hombros llevaron la carga de comunidades enteras, durante la fuga y el exilio que todo el pueblo de los dragones sufrió por más de una década, ellos son el reflejo de lo que somos ahora...― Explicó con amabilidad la de ojos esmeralda. ―Las líneas imaginarias que usábamos para dividir a los Saxar, se desvanecieron en la noche oscura... ningún señor dragonario, se considera superior a otro, este día son viejos amigos que vienen a la boda de una hija de la misma tierra y se alegran por ello, se alegran por las dos... te dan la bienvenida.― El significado de aquellas palabras le conmovieron de inmediato.

―Seré digna... eso puedo asegurarlo.― La firmeza de su gesto o su voz curvaron los labios de la draconiana.

―No me cabe duda, llegaron a mí rumores de que cierta princesa evitó una confrontación en la plaza el otro día.― La sonrisa de Natsuki, aquel gesto al que no estaba acostumbrada y aún le sorprendía, hizo que un tibio calor le llenara las mejillas a la castaña.

―Sé que alguien que conozco habría hecho lo mismo.― Respondió con la misma cordialidad, como si hubieran llegado a una silenciosa tregua, después de tantas vicisitudes.

Llegaron a la entrada del Templo de Vitae, y observaron en el lago iriscentia más de un centenar de barcas cristalinas, sobre las que los acuarium agitaban las manos en festejo, en los bordes la gente celebraba y el sonido de la música se extendía en toda la ciudad, dragones sobrevolaban los cielos junto a aves de primoroso color, el júbilo crecía en los corazones de los Elfen y los Saxar por igual, del mismo modo que los festejos subían en intensidad al son de cítaras, flautas y tambores. Ninguna de las dos doncellas recordaba una época tan festiva para ninguno de sus pueblos, por lo que se observaban complacidas ante aquel pequeño interludio que se suscita con razón de su boda.

Una corriente de aire agitó los vaporosos atuendos de boda en la ligeramente expuesta piel de la castaña y en cuanto los ojos escarlata buscaron al responsable, un brillo alegre se alojó en los mismos. ―Durhan...― Reconoció más que contenta al hermano alado de la joven pelinegra a su lado. Rauda se acercó al dragón blanco para prodigarle un abrazo. ―Te has engalanado para este día... te ves más imponente y gallardo, estoy impresionada.― Sujetó entre sus manos la cabeza del dragón, mirando de cerca los iris color hielo que le devolvieron la misma alegría, pues si Durhan hubiese sido humanoide sus mejillas se habrían sonrojado enormemente ante el gesto.

¿Debo preocuparme? ¿Esposa?Dijo Natsuki en el idioma antiguo. Entrecerrados sus ojos con fingida indignación y de brazos cruzados para ser más convincente. Shizuru le devolvió la mirada. Uma... sorprendida por haber sido llamada 'Esposa'. Aunque muy poco le duró el ceño fruncido a la Kuga cuando una sonrisa se alojó en sus labios y no pudo evitar reírse por la cara de espanto del dragón o la estupefacción de la castaña. ―Si hubieran visto sus caras...

―Majestades...― Se aclaró la garganta Nina, quien escoltaría personalmente la caravana para dar a Mai la ocasión de hacer los preparativos de la coronación de Shizuru en el castillo. ―El pueblo espera...― La de mirada magma inclinó la cabeza haciendo una venia. ―Este día apenas principia, pero cubrir las tradiciones de los dos reinos sin los tiempos acostumbrados... será maratónico, les solicitamos celeridad.

El buen ánimo de la castaña se evaporó de inmediato, a la par que Natsuki volvió a la calma ceremoniosa que la circunstancia requería. ―Mi nueva reina...― Tendió su mano para ayudar a Shizuru a subir a la segunda silla de jinete que fue provista en Durhan para ella.

Emprendieron el vuelo, con poca altura para estar en mayor proximidad a las gentes que aguardaron durante horas el poder verlas en medio de tan memorable momento. ―Espero que la sacerdotisa no nos acompañe a la noche de bodas... es casi como una sombra.― Susurró la elidita con una sonrisa en los labios, aunque su tono amable fuera ligeramente forzado, no dejaba de atender los animosos saludos, las flores que arrojaban en su nombre o las bendiciones que se pronunciaban a su paso.

La joven Tempus no perdió el temple pese al tono desagradable que empleó su ahora esposa, incluso con la mala costumbre de ambas en discutir por cualquier circunstancia, Natsuki no ocupaba intenciones de que eso pasara. El silencio y la cordialidad para su pueblo, ahora mixto y sin división, fue toda la respuesta que Shizuru obtuvo de ella. ―¿Qué sigue a todo esto?― Preguntó después de un rato, aun con su mano levantada saludando con gracia a la multitud cuyo nombre ensalzaba. ―Si soy honesta, estuve algo somnolienta durante la lectura del protocolo.

Shizuru no sabía si reírse o sentir pena. ―La coronación, intuyo que no dormiste bien anoche… sorprende que no tengas ojeras.

―Creo que alguien inventó esto.― Señaló el maquillaje en su cara. ―Por las jaranas que normalmente se ocupan antes de una boda… nadie duerme en realidad.― Levantó los hombros con desinterés.

―¿Jarana?― Levantó una ceja tratando de imaginar la versión fiestera de su esposa y la realidad es que no pudo encontrar ninguna imagen al respecto.

―Se trata simplemente de beber cerveza de malta del buen Tarik, festejar hasta perder la consciencia… y no se me da bien.

―¿Festejar?― Levantó una ceja con interés.

―Beber…― Puntualizó la pelinegra. ―Apenas desde hoy, tengo la edad adecuada.― Desvió la mirada un poco abochornada.

Un breve silencio entre las dos y las ideas se agolparon en los pensamientos de Shizuru al entender que se trataba no solo de sus nupcias, aquel día había sido elegido por tratarse del décimo octavo cumpleaños de la joven saxar y para nada había contemplado la circunstancia, no estaba preparada. Tendría que resolverlo rápido, así que desvió el tema. ―Mentirosa.― Sonrió ladinamente. ―Te he visto tomar vino...

―Solo durante las reuniones de estado y apenas unos sorbos...― Aclaró la hermosa pelinegra. ―Supongo que eso cambiará, los señores dragonarios no pasaran por alto la jarana.― Negó divertida ante la idea, había una cálida expresión en el rostro de la más joven, el afecto que la reina delataba por su gente aparecía para encandilar y remover los latidos de la castaña heredera de Élide.

―Natsuki es... un enigma en muchos sentidos...― Reflexionó en voz baja sin dejar de saludar, ahora a los terranos en las rocosas del valle. ―Me parece que desperdiciamos un tiempo valioso en peleas, y apenas comprendo que no sé nada de ella, a quien los dioses me han designado.― Le costaba aceptar la circunstancia, incluso temerosa de la fortuna que se le brindaba, había sido engañada años atrás sobre su filum fatum, una parte de ella temía haber sido engañada nuevamente.

―Podemos atenderlo ahora, tan solo quiero comprender… ¿Esto cambió algo para ti?― Vista la confusión en la mirada escarlata, añadió. ―¿Que seamos Filum Fatum? ¿Que es diferente entre el ayer y el hoy? Eres mi reflejo perfecto, la persona por la que esperé sin saberlo... te quiero Shizuru Fujino, seas una reina o una simple doncella, seas o no mi destino... pero es algo que está conmigo desde hace tiempo.― La miró directamente, con aquellas esmeraldas puestas en el rubí de la princesa Élide. ―Los dioses pueden haber trazado las estrellas en el cielo, dieron forma al mundo... pero eso no cambia lo que sientes... no quiero que te fuerces nunca por lo que debe ser. El tiempo es paciente... y yo con él. Aún así...― Sopesó sus palabras con un aire taciturno. ―Has sido, eres y serás libre... por mí jamás estarás sometida a obligar los sentimientos que no tienes, yo jamás he querido ser una soga lustrosa en tu cuello, era eso lo que deseaba exponer aquel día en la torre.― La parte altiva en el interior de Shizuru quiso reaccionar, pero observó la serenidad en la faz de Natsuki, no era un ardid pese a que el pensamiento discutiera sobre el hecho improbable de ser sometida en primer lugar, entendiendo la intención de la pelinegra y sus sinceras miradas, que ahora apreciaba bellamente a través de la melena cobaltina que el viento mecía debajo de la corona. ―Pero mis palabras no fueron tan claras como las intenciones en mi mente y no te conocía, para saber cómo actuar después de eso. Eres hermosa, no cabe duda al respecto, lamento haber herido tu orgullo al esconder esa obvia verdad… en realidad, no creí que mi opinión sobre eso te importara siquiera.

El tenue color en las mejillas de Shizuru, fue ocultó por el rostro que se desviaba sobre la gente con una sonrisa ensayada, pero justa para un momento abochornante como ese. Lejos de la vista esmeralda, por tan breve interludio, acabó sorprendiéndose la princesa de los Elfen, con el hecho de que el ausente halago de Natsuki para su apariencia física hubiera sido tan agraviante en primer lugar, tanto para comportarse de la forma en que lo hizo y entonces tal vez, en el fondo su molestia se debió al hecho de que para ella, Natsuki era absolutamente hermosa, incluso si pretendiese por aquel entonces llevarse tal secreto a la tumba. ―Y yo no fui más amable sobre mis prejuicios con los draconianos, fui más cruda con su reina… y pude en todo caso, haber arruinado la posibilidad de una paz duradera entre nuestras naciones, ciertamente aquellos actos no hablaban muy bien de mí, cuando competí, en lugar de ayudar… te subestimé cuando debí observar para entender mejor a la líder de mi nuevo pueblo, ni el tiempo, ni la vida existen exclusivamente para Élide o para Tempuria, el día y la noche se ciernen sobre todos por igual, y todos los que existen fueron vistos por la gracia de Vitae, al ser contemplados como las obras vivientes de su creación, pero yo perdí de vista esa verdad, olvidando mi lugar…

―Me parece que la mayoría mira al exterior, confundiendo lo que nos hace portadoras de dones tan sublimes, con quienes somos, es como un velo que oculta y de ese modo muy pocas personas pueden ver más allá de eso. Así las circunstancias, queda la duda. ¿A quién amarías más? A la mujer que encarna la representación misma de una deidad tan venerada, o a la doncella que piensa y actúa por su propio ser… y que es igualmente cautivadora por sí misma.― Miró con intensidad los orbes de iris rojizo. ―¿Y quién podría entenderte mejor que yo? ¿Quién me amaría más que al Chronos que habita en mí?

―¿Quién me amaría más que a ser la portadora de Vitae?― Sonrió con un dejo de complicidad nunca antes vista.

Por lo que ahora fue Natsuki quien desvió el sonrojo de su rostro hacia otra parte. ―No somos libres en muchos aspectos, pero espero que en lo concerniente a las emociones lo seamos... incluso si no son por mí por quien has de sentirlas.

―¿Acaso insinúas que puedo ser… con otras personas?― Shizuru tentó a la suerte, incrédula al principio, luego audaz con aquella sonrisa carismática que sin dificultad alguna robaba suspiros a todos los que la miraran y si bien había un aire bromista en todo aquello, alguien estaba siendo muy seria al respecto.

Hubo un dejo de tortura en la expresión de Natsuki, pero fue tan breve que pudo tratarse de una figuración suya. ―Si eso es lo que consideras libertad, así sea…― Volvió la vista al frente, levantando la mano para saludar a un grupo mixto de las dos naciones a un costado, quienes alzaron las manos festivamente por obtener la atención de sus nuevas reinas.

La imitó, casi había olvidado que la caravana era para los pueblos. ―¿Natsuki solicitará lo mismo para si?― Tenía una profunda curiosidad, porque esa posibilidad era cada vez más desagradable.

―No pediría lo que no estoy dispuesta a dar, eso es algo que he aprendido como reina. Pero tener la libertad de hacer las cosas, no quiere decir que al final, sea necesario hacerlo. Aun así… comprendo que el valor del compromiso genuino es el deseo natural de consagrar tu lealtad y tu pasión a una persona, sin que las restricciones existan.― Suspiró largamente. ―Un compromiso no se siente como una carga si es lo que de verdad deseas, si no es el caso… podría convertirse en una cadena, y no quiero ese peso sobre nosotras, pero lo único que te pido Shizuru… es que seas discreta. No querría una guerra por un descuido de ese tipo.― Suspiró antes de mirar al cielo.

―Que inteligente, no fue una respuesta directa…― La había subestimado, como siempre. Entonces hizo la pregunta de una forma directa, lo verdaderamente molesto de las cosas. ―Nina fue entonces… la manifestación pura de ese renombrado compromiso.― No pudo evitar la ironía, casi deseo morderse la lengua en cuanto Natsuki frunció el ceño aunque brevemente.

―Nina es una de mis mejores amigas, una leal guerrera, una guía espiritual para los Tempurianos y la única sacerdotisa polar que existe…― La puso en contexto. ―Si tuvieras que elegir a quien entregarle tu primera ocasión, porque es lo que debes hacer por el bien de tu pueblo y el de tus aliados, además de tus propios sentimientos... ¿A quién elegirías?― Era la forma en la que lo veía ella, esperaba que Shizuru pudiera entenderlo de una vez. ―Yo elegí a la persona en la que confío, para no salir herida en ese instante. Fue lo que debía ser y sin ataduras, por que sé bien… que ella no me ama de la forma que los amantes lo hacen.― No había dolor o malestar en esa afirmación, lo cual sin duda extrañó a la castaña. ―Ni yo a ella.

―"Pudiste elegirme."Pero no se atrevió a decirlo en voz audible. ―¿Por qué repentinamente eres así conmigo? ¿No estás siendo demasiado amable?― La princesa Fujino era desconfiada, el mundo la había obligado a serlo... pero el corazón le gritaba creer, porque no cabía tanta amargura en su pecho ni la asfixia de sus propias emociones cedía un poco en aquel tiempo.

Esposa, seré un libro abierto…― La cálida sonrisa que Natsuki le dirigió la estremeció un poco, el tono grave con el que decía su título era cautivador y el cuadro del castillo de Aurus a su espalda una obra magnifica. ―Durante cuatro años estuve fuera de Helios encontrando poco a poco a cada tribu y perdí de vista mi conexión con los antiguos, fui a cada lugar que fue ocupado por mi nación, aún divididos pero fuertes, con su Fe en el dios que nos cobija. Chronos no olvida a sus hijos, no los abandona y me envió a mí para ejecutar esa tarea, y yo la he cumplido. Así que al consultarlo esta noche en la sala del principio, durante la danza, la siguiente tarea se ha forjado nuevamente, esta vez a tu lado. Debemos dar a nuestra gente un mejor futuro y a nuestros hijos un mundo más bello para contemplar. Mi unión a ti es un derecho y un deber sagrado... así que entendí la profundidad de mi terquedad en el pasado, la forma en que nos hicimos daño, por miedo. Te mostraré lo que gustes y no guardaré secretos para ti, esa es la forma en que debe ser… no por nuestra boda en realidad, creo que debimos conocernos primero. Lamentablemente las circunstancias apremiaban la urgencia de nuestro enlace, pero de verdad quiero que seas la persona en la que pueda apoyarme y que sepas que te sostendré cuando lo necesites, incluso si todo lo que requieres es que me quedé en silencio dándote un abrazo.― Rememoró la noche anterior, sin burla, solo la comprensión plagando sus ojos.

―¿Realmente no lo preguntarás?― Las dos sabían de Irial, la agraciada castaña no podría evadirlo por siempre.

―Yo te escucharé, cuando quieras decirlo.― Natsuki sostuvo su mano con suavidad para ayudarla a bajar de Durhan, quien se mantuvo muy cerca del suelo en la plataforma de los eolianos facilitando la tarea.

―Gracias... significa mucho para mí.― Y la portadora de Vitae en verdad lamentó su falta de tiempo, o de espacio para ello, ―"como si Natsuki no pudiera detener el tiempo para las dos."― Reprochó una voz muy parecida a la de Vitae, pero Shizuru aún estaba demasiado lastimada sobre el pasado, para afrontarlo en un día tan ocupado.

―Sé tú simplemente, Shizuru.― Natsuki sonrió en respuesta, antes de volver la vista al frente con la seriedad que la caracterizaba y que los demás podrían valorar como frialdad, cuando ahora estaba segura de que no conocería a una persona más protectora que Kuga.

La castaña quiso extender la misma oferta cuando la caravana arribó a la entrada del castillo y la fiesta tuvo lugar, incluso en el sonido y entre el barullo se dió cuenta que Natsuki era diferente, había aprendido algo que a muchos les tomaría suficiente tiempo para ver a las Lilis de Fuego florecer dos veces, circunstancia que solo ocurría en primavera. ―¿Cuánto tiempo estuviste en la sala del principio?

Natsuki la miró con curiosidad, luego con gentileza. ―El tiempo no pasa en ese lugar, para la gente fueron 3 horas, pero para mí fue diferente, el proceso tardará siempre lo que la persona requiere para entender, puede ser un día, un mes, o un año… a veces simplemente no hay forma de retornar cuando la consciencia de uno se funde con la de otros. Pese a lo difícil que fue entender, tenía una gran razón para volver...― La hermosa Tempus no dijo más, pero la insinuación fue suficiente para robar una sonrisa a los labios carnosos de la princesa del reino elemental.

Así, al llegar, continuaron los protocolos, el siguiente sería la coronación de Shizuru, como reina de Tempuria, por lo cual se le indicó tomar asiento en el trono que sería suyo de ahora en más, mientras Natsuki se reunía con los líderes draconianos brevemente. Minutos más tarde se escuchó...

Oh oh oh oh, ohh ohh, ohohohhohhhh.

Entonaron de la tierra de los dragones a coro las voces de hombres y mujeres por igual durante 3 repeticiones, sorprendiendo a los eliditas que desconocían que aquel cortejo hacía parte de la ceremonia natural de los Saxar, al momento de honrar a una nueva reina, siendo especial la ocasión de la esposa o esposo del Tempus.

Panderetas y tambores se escucharon en la sala, mientras una flauta de dulce sonido daba inicio a una melodía, de un ritmo jamás escuchado por los hijos de Aurus. Solo los Saxar sabían el significado de la música que con su alegría inundaba los corazones de todo aquel a cuyos oídos llegase tan festivo mensaje. Entonces elevó su hermosa voz la Reina de la tierra de los dragones, en sus manos un Laúd vibraba con los dulces acordes de sus dedos, quienes raudamente intercambiaban notas a una velocidad sorprendente.

Luna Luna, Luna Luna en el cielo,

bella luz del destino en mi camino;

Luna Luna, dime Luna si me quieres,

ojos dulces que me miran y cautivan.

Al ritmo de la música emergieron la Reina tempuriana y detrás de ella los señores dragonarios de entre un grupo mixto de personas en el salón, quienes le hacían coro con sus voces graves y agudas, habiendo hombres y mujeres entre los líderes. Entonces Natsuki extendió su mano en dirección de Shizuru y con fina voz entonó la dedicatoria más romántica que alguna vez hubiera escuchado en su vida.

Amor mío, criatura celestina,

dame un beso, en el silencio de la noche;

primorosos, labios rojos me estremecen,

sin tus velos ya revélame tu alma.

Sus miradas se cruzaron intensamente, sin perderse ni un instante de vista.

Seré...

lo que quieras si permites que me acerque,

y te cubra lentamente de colores.

¿Quien no conocería el significado cómplice de esas palabras? Shizuru se sonrojó, de solo imaginarlo.

Me robaste el aliento

sin demasiado esfuerzo,

no hay distancia infinita,

ni silencios eternos,

donde quiera que vayas

seguiré tu camino.

Se oyó nuevamente la armoniosa melodía de un laúd en intrincadas notas de belleza singular, las cuales estaban plagadas de una alegría que contagiaba a todo aquel que la escuchara. Vueltas otro instrumento, las palmas de las manos aplaudían e incrementaban el ánimo festivo que crecía.

Escuchame

Escuchame,

Ni las noches más frías,

Ni las montañas más altas,

O el fuego perenne

Lograrán que te deje

escapaaaar

escapaaaar

Luna Luna, Luna Luna en el cielo,

bella luz, del destino en mi camino,

ojos dulces que me miran y cautivan,

Luna Luna, dime Luna si me quieres

Kuga arrojó a las manos de Tarik el instrumento y se adelantó, con gimnásticos movimientos y acrobacias para ser acompañada por un séquito de hombres y mujeres que arengaba, y secundaba la coreografía de su joven reina, reemplazandola el moreno con los acordes adecuados en el laúd. El baile era una mezcla de su estilo de combate, con altas patadas giratorias en el aire, que en Natsuki se veían especialmente extraordinarias.

Observa a los dioses amor

escucha sus voces decir

que soy tu sendero sin fin.

(Extendió el sonido de su voz tan bellamente que cautivó a todos por igual)

Si existe tristeza y dolor

Te pido apartarlos de ti,

Enciende una vela por mí.

En medio de la danza, los ojos de la reina se tornaron azules, su piel más pálida, y su aliento al cantar fue gélido, haciendo visible el vapor de sus respiros. Hizo pasos perfectamente sincronizados con los de sus líderes, hasta que la pelinegra se movió al centro intencionalmente y comenzando a girar sobre la punta de sus botas justo antes de elavar la barbilla, abrir los labios hacia lo alto, arrojar una flama azul desde su boca hacia la cúpula del salón, para sorpresa de los elfen que no imaginaban posible tales muestras de arte por parte de una raza que siempre juzgaron, brutal. Segundos más tarde, pequeños copos de nieve descendieron ante la mirada asombrada de muchos, luego flamas rojas salieron de la garganta de otros señores dragonarios, que aclimataron el ambiente deshaciendo el frío congelante que su reina podía producir.

Sabes que te anhelo (Lara La)

Que eres mi lucero (Lara La)

Sonríen tus ojos (Lara La)

Y confiesa que es mío tu desvelo

Aplausos esta vez de admiración, llenaron el lugar mientras la portadora de Vittae miraba todo con la alegría que un niño podría hacerlo, genuinamente maravillada.

Sostendré tu mano en mis sueños

flotaré a tu lado en las nubes

Seré lo que tu necesites

Pero no me dejes a solas,

ausente de ti.

Natsuki extendió la mano, y en ella apareció de la nada la corona que alguna vez Saeko llevó orgullosamente como la esposa de su padre. Una tiara con astas más pequeñas y estilizadas muy semejante a la suya propia, incrustada con joyas verdes en honor de vitae.

Luna Luna, Luna Luna en el cielo,

bella luz, del destino en mi camino,

ojos dulces que me miran y cautivan,

Luna Luna, dime Luna si me quieres,

dime Luna si me quieres.

Cantó hermosamente al final, antes de acercarse a Shizuru y posar gentilmente en su cabeza el símbolo de su nueva jerarquía. ―De ahora en más, también eres una hija de los dragones.

Natsuki volvió a la normalidad, sus ojos esmeralda brillando muy cerca al contemplar a la castaña, le dió la mano Shizuru para ponerse de pie y estar a su lado como dos iguales, por lo que cuando volvieron la vista sobre todos los reunidos en la sala, los aplausos no se hicieron esperar, hubieron brindis, palabras en honor de la pareja, los reyes mayores celebraron, y ambas compartieron una pieza de baile ante la mirada expectante de los reunidos.

―Bailas increiblemente bien...― Afirmó Shizuru moviéndose maravillosamente a través de una melodía suave y majestuosa, mientras todos las miraban, encantados de la magnificencia de las dos, dados los giros intrincados y la precisión de sus manos uniéndose cada vez, por instinto.

―Lo dice la mujer que casi levita, que es etérea... delicada, pero firme, esta noche no hay ser que se atreva a parpadear al verte, pues no quisiera ninguno perderse la contemplación de ti.

―Vaya,― Shizuru concedió a su pareja el sostenerla de la cintura y de la espalda, inclinándose con suavidad llegada la culminación de la canción. Estando así, observó los rasgos hermosos de su amante y sonrió. ―¿Intentas seducirme?

―¿Lo hago?― Respondió cómplice la de cabellos cobaltos, ayudando a su esposa a erguirse, pero manteniéndola aún tan cerca.

―Esta funcionando.― La castaña mantuvo su mano unida a la de Natsuki y se observaron mutuamente, con silencioso anhelo.

La melodía cesó, la contemplación callada de sus rostros tan cerca, de las intensas miradas, Shizuru tragó saliva candorosamente y Natsuki suspiró con su aliento a fresas silvestres, unieron sus frentes, rozando la punta de su nariz con la de otra piel alcanzada por el sol. De este modo Kuga supo que este era el momento de preguntar. ―¿Estarías de acuerdo en enlazar nuestra sangre? ¿Que nuestros hijos vengan al mundo? Es la tradición de la noche de bodas, pero desearía conocer lo que piensas.

―¿No es muy pronto?― Shizuru no había resuelto siquiera sus pensamientos y genuinamente... ¿todos esperaban que se embarazara de inmediato? ―No es una cuestión sobre la que me apresuraría...

―Lo sería, en tiempos de paz...― Se apartó suavemente y aplaudió como todos, congraciandose con los hábiles concertistas y acompañantes. ―Podría postergarse, pero no demasiado.― Natsuki levantó la mano para saludar a algunos de los señores dragonarios con una sonrisa, antes de volver a tomar la mano de Shizuru para la segunda pieza.

―¿Entonces de esto se trata todo?― La castaña no estaba de acuerdo ¿cuán sanos serían los niños que nacen por el deber solamente? ―Estamos buscando un vientre fértil ¿nada más?

―Shizuru, trascendemos a través de nuestro linaje, a través de la vida que podemos dar...

―No tienes que decirlo así, yo sé mejor que nadie quién es Vitae.

La pelinegra asintió. ―Tus padres viven y son fértiles, tienen a Reito, y te tienen a tí... su línea existe y lo hará más allá de ti. La mía podría extinguirse conmigo en cualquier momento y el regalo de Chronos perderse a mi muerte.― Admitió esa realidad, la sola cuestión de ser una Tempus no la hacía inmortal. ―Soy yo quien los llevaría en su seno, tú no tendrías que cargar con ello... si es lo que te disgusta.― Natsuki respondió con una voz inexpresiva. ―Tú aportarás, solo así... Después de todo eres de otra raza y los Ovum son una parte de mí. Cuando quieras que nos unamos como lo deseas, yo aportaré, pero será por amor, si y solo si sientes eso por mí. ¿Sería justo para tí?

―No lo es, no se trata de... eso Natsuki. ¿Realmente piensas que estamos listas para criar a nuestros hijos cuando ni siquiera nos llevamos bien?

La joven Saxar no difería con Shizuru, pero conocía el peligro. Sus padres se tomaron un tiempo y por ello no tuvo hermanos, o una edad más adecuada, su nación quedó prácticamente indefensa en la noche oscura y durante años. Es una cuestión incierta para los tempurianos aplazarlo. ―Bien, lo dialogaremos de nuevo, pronto... solo por favor, reflexiona lo importante de esto. Es... muy a mi pesar, una cosa que esta más allá de ti o de mí.― Suspiró antes de tomar camino a la mesa donde el vino abundaba en la mesa de los señores dragonarios, quienes no tardaron en ofrecer el consuelo del licor a la joven reina.

A partir de ese momento no fueron demasiados los espacios para que la pareja estuviera a solas, obligadas a socializar en cuanto entraron en el gran salón, Natsuki recibió a cada grupo de los líderes de las castas eliditas mientras que Shizuru departió con los Dragonarios quienes ya habían reclutado al rey para tomar unas copas en su honor, Tarik y los demás sucumbieron prontamente embelesados con el carisma de la elfen. Natsuki se las arregló siendo cortés con los nobles, empezando desde el exterior hasta el interior, como construida estaba la ciudad, y todos fueron amables con la esposa de la heredera hasta el momento mismo en el que la draconiana tuvo la ocasión de conocer a los Margueritte, líderes de la casta Herbarium... a los que sorprendentemente su hija, la sacerdotisa Tomoe, no les acompañaba. Después de las presentaciones y de tomar un sorbo de vino, la charla se extendió a parajes menos formales.

―Cómo es que alguien tan joven, se convirtió en reina...― Cuestionó el de barbas verdosas y trenzadas desde el mentón, pese a carecer de bigote, era un hombre delgado y larguirucho, con tatuajes escarlata e inscripciones de plantas sagradas que su túnica no escondía en el pectoral izquierdo, las joyas en sus adornos delataban la posición privilegiada a pesar de la simpleza de su atuendo. ―Es más joven que nuestra princesa ¿no es así? ¿majestad?― No había ninguna reverencia en el título cuando era pronunciada por Tenai Margueritte, el líder de la casa Herba.

―Ella es mayor, si, por dos años...― Confirmó, intentando esconder su desgano por el rumbo de la conversación.

―No te preocupes, querida...― y entonces Natsuki tuvo la certeza de no haber escuchado un tono más falso en su vida, cuando miró al consorte de Tenai. Un hombre con mucha más musculatura, unos centímetros menos, cabellos negros y erizados, pero con una voz tan aguda que dudo por un momento si se trataba de un castrati, dedujo que no... por el hecho de que los Margueritte tuvieron dos hijas. ―La princesa podrá guiarte sin dificultad, la sabiduría de Vitae reside en ella y aunque su lazo sea... frágil.

―No seas indiscreto...― Advirtió Tenai a su esposo, aunque no pareciera realmente molesto por la impertinencia.

―La honestidad es muy valorada entre los draconianos, me gustaría conocer los pensamientos de Mirik... si gusta compartir.― era la reina de un pueblo de fieros guerreros, no podía darse el lujo de parecer amedrentada por la ponzoña en la voz de un noble elidita.

Tomando así la oportunidad dorada, el consorte de Tenai no tardó en explicar sobre el anterior lazo de la princesa, siendo bastante específico al enunciar la consumación del vínculo anterior, y para ese momento aunque estuviera más que incómoda o disgustada, Natsuki mantuvo la calma ante la incredulidad de los dos herbas, quienes juzgaban como salvajes a las gentes de la nación de los dragones. ―Como usted entenderá, en los lazos que se compartieron, los derroches de la juventud y el amor primero, tan exquisito para la memoria... no se olvida.

―Claro que comprendo, la que pudiera ser la diversión de mi esposa, está en el pasado... los descendientes que vendrán esta noche y otras tantas, sobrescribirá cualquier recuerdo borroso. Por otro lado, es una pena, sobre lo trágico que fue a la postrera noche que le siguió a tal derroche, les expreso mi lamentación por la pérdida de su hija...― Ni una sonrisa, ni una mueca triste, pero la victoria silenciosa fue tangible al punto de tornarse ligeramente verde el cuello de Mirik, cuyas venas se tensaban indiscretas cuando Tenai medía a la draconiana con una mirada pétrea.

―No es muy justo acaparar a la joven reina, es mi turno... Herbas.― La voz amable y conocida de Rena disipó la bruma de discordia que se levantaba entre los presentes, con una intención vengativa.

―Rena Yumemiya...― Murmuró indignado Mirik, salvo porque entonces notó al pequeño bulto de alegría que la mujer de ojos zafiro llevaba en sus brazos y es que Arika era una bebé preciosa capaz de robar todas las miradas con sus pequeños sonidos infantiles, lo cual fue suficiente para apaciguar el disgusto de los dos herbas, quienes pronto serían padres nuevamente.

―Ciertamente, debo continuar compartiendo con los demás invitados. Disfruten la velada.― Dijo la pelinegra evadiendo a los hombres y caminando junto a su nueva acompañante. Cuando estuvieron lo suficientemente alejadas y Natsuki sujetó en sus brazos a la querida Arika, no sin antes prodigar un beso a su frente, miró a Rena. ―Salvaste mi día, ese hombre en verdad quería verme enojada.

―Tu respuesta fue muy aguda, los recuerdos son importantes por aquí, borrarlos es… un golpe interesante a sus egos.― Sonrió complacida, casi parecía haber pasado un largo tiempo entre su charla y la boda, pero estaba segura de que mucho cambió para la querida Luna.

―La idea de que presuman los alcances de su hija con mi esposa, eso sí que fue un gran atrevimiento.― Suspiró tratando de sacar un poco del veneno cuya ponzoña se adentró por la voz de los herbas.

―Estas celosa.

―Muero de celos,― no lo escondió, sería tonto ante quien de todos los Élide, la conoce mejor. ―Pero comprendo que desde el principio se nos unió para un propósito que es mayor que nosotras mismas, y por ver a nuestros reinos libres de esos monstruos, yo… haré lo necesario. Podemos crecer juntas, no me cabe la menor duda.

―Te ha dicho el mundo que eres su destino, y aun quieres mantener las murallas que te envuelven para no salir herida.― Arguyó con cierta incredulidad la castaña.

Pero Natsuki tenía otra perspectiva. ―Puede haber sido escrito en las estrellas Rena, pero eso no cambia que ella siga enamorada de una persona que murió. Si soy yo, lo que en verdad querrá, tendremos nuestra vida para averiguarlo, pero no la forzaré… ella está mucho más lastimada de lo que parece.

―Considerado o temeroso, no lo defino aún.― Si por Rena fuera, enviaría a las jóvenes a una habitación muy íntima y no abrirían la puerta durante días, hasta no ver zanjadas las diferencias, pero muy a su pesar esa decisión no era suya.

―Cuida tus palabras, incluso si estas en mi estima, no aceptaré tal cosa...― Tensó la mandíbula. ―¿Llamarías temor a la contención de una inmensa emoción por el bien de quien se ama?― Los iris esmeralda miraron con reproche los zafiros de Rena. ―La traición que ha sido recibida no es poca y se resolverá pronto, porque soy su custodia y nadie puede jugar tan fácilmente con aquella a la que adoro, si bien soy su destino... alguien más dijo lo mismo en su pasado, así que esto no es más simple o cotidiano, una terrible manipulación aconteció en estas paredes y no se quedará sin castigo.

Rena quiso refutar, pero Shizuma hizo acto de presencia. ―Querida, ¿tendrás tiempo para obsequiarme en este feliz día?

―A usted... siempre.

―La niña aprende rápido, las suegras son factores persuasivos en una relación… ¿verdad Rena?

―Ciertamente, hermana.― Suspiró, justo cuando avanzaba tenía que importunar Shizuma. ―Dejemos que este manojo de dicha les permita charlar en calma, parece que tendrá hambre pronto y yo debo buscar a su madre para ese menester.― Rena sonrió, tomando a su hija de los brazos de Natsuki, quien le dió un beso en la frente a modo de despedida… ―Las veré pronto, majestades.

Tras la reverencia y la partida de Rena, Shizuma guió a su nueva nuera a un lugar lejos del bullicio, ―Felicidades…

―Gracias…

Shizuma leyó entre líneas, esperaba una respuesta más larga. ―¿Estás siendo distante el día de hoy?― Bastó unos segundos para entender que Natsuki estaba sola. ―¿Estás triste?

―No… ¿cómo podría? Me he casado con la mujer que fue destinada para mí.

Shizuma se cruzó de brazos y le dió la mirada, esa que fue un arma mortal para sus hijos cuando eran más jóvenes y levantó la ceja cuando vió a Natsuki dudar, luego reconsiderar. ―Estoy disgustada, casi podría decir que enojada.― Suspiró, tensa la barbilla y con sus puños cerrados. ―Espero que no fuera demasiado obvio, hay tantas personas observando.― Ciertamente la joven Kuga no estaba acostumbrada a ser el centro de la atención de las personas o así lo entendió la reina de Élide.

―Incluso mi esposo es más evidente que tú.― y era bastante decir, Kenji siempre fue impetuoso, con los años aprendió a saber que cuando dejar salir el impulso.

―Es un alivio escucharlo.

―Serás más sabia con el tiempo, tendrás más dominio, ya que como mujeres se nos ha referido por ciertas cualidades, que los hombres excusan por lo simple de su ser.― Obtuvo el interés de la Reina Tempuriana. ―Que un hombre seda a un impulso es lo frecuente, que una mujer sea más astuta en la ejecución de su deseo... eso es otra cosa.

―He vivido como un Dragón, he sido una guerrera y finalmente una reina, en mi camino aquel don del que hablas... no lo he conocido.― Natsuki no mentía, no se sintió mujer hasta el día de llorar amargamente en los brazos de Nina. ―Soy Saxar, mi señora... soy un simple ser.

―Tonterías, mi niña. Dime... ¿Qué es lo que realmente te tiene tan enojada?

―Vi la marca de Irial Margueritte en la mano de Shizuru, una vieja alianza.― Desvió la mirada.

Shizuma se sorprendió por un fugaz momento, ―Y también sabrás que ella fue asesinada, por... Tempurianos.

―Es una historia del pasado, que vive en el presente como un obstáculo.― Natsuki estrechó entre sus dedos, el mármol de aquel balcón soñado. ―Un impedimento del tamaño de una muralla, querida Reina; no olvido que fuimos enemigos hasta hace muy poco tiempo y sobre la justicia que se deba a la circunstancia de Irial Margueritte, no tenemos entre nosotros al culpable.

―Entonces es el hecho de que mi hija no sea... casta, lo que te tiene tan molesta.

―La castidad... no es exactamente el problema.

―¿Entonces?

―Vi temor en sus ojos, cuando el espejo comenzó a dibujar la sombra de sus sentimientos... ella ama a otra persona, incluso si ella esta muerta... y yo soy una imposición que los dioses mismos le han puesto por delante.― El fino rostro Saxar delataba desencanto. ―Ahora comprendo porque me repudiaba tanto.

―Shizuru no te repudia, no creo que conociese a nadie como tú, todos aquí la veneran... ella es una deidad en la tierra, Vittae en cada cosa, ¿sabes lo que eso hace a las personas? pero tú ves a mi hija tal cual es y ella no ha sido más genuina con nadie, en lo bueno y en lo malo...

―No, yo no fui adorada... los viejos dragones fueron duros e inclementes, si no lo merecía... entonces, no lo tenía.― Levantó la frente, y observó a Shizuma con firme semblante y oscuridad en sus ojos verdes. ―Y a ella... no la tengo todavía. Pero observo más grave lo que pareció ser una confabulación de los herba, ya que Shizuru creyó de algún modo, que Irial era su Filum Fatum, pero cuando vi nuestros hilos, sin distinguir el mío del suyo, comprendí la magnitud de la mentira que algunos nobles ocuparon y el daño que eso pudo hacerle a la que ahora es mi esposa...― La tensión en los dientes y la boca de Natsuki, casi pudo destilar veneno. ―Mi sangre hierve de ira...― Volvió la vista sobre la castaña que es tan similar a la joven Vitae. ―Espero Reina Madre, que engañar a una deidad en la tierra tenga un justo castigo según las leyes de Élide... o yo podría...

―No imaginas el oscuro destino que les aguarda...― Shizuma no le dejó continuar la frase a su nuera, pues a fin de cuentas, cualquier alianza que se hubiera concertado, estaría perdida si a los herbas no se los juzgaba debidamente.

―Entonces seré paciente, para verlo.

La castaña de mirada azul, continuó su contemplación sobre la reina tempuriana. ―Curiosamente no es la única cosa.

―No es la única cosa, pero las dificultades se atienden de una en una, un paso a la vez o al final de cada día, no habría hecho nada realmente.

Shizuma asintió, ante esa simple pero cierta frase... ―Es hora de que acudas a la nueva torre, el recinto de las nuevas esposas y completes el ritual de concepción con mi hija, para que mis hermosos nietos vengan pronto a alegrar este lugar con sus risas.

―Así sea... reina madre.― Natsuki mostró su respeto con una reverencia, antes de saltar al abismo y ser atrapada por Durhan, para dirigirse al lugar mencionado. La reina, que no se acostumbraba a los riesgos que la pelinegra tomaba, realmente pudo asustarse por un momento, hasta que la figura plateada del dragón sagrado se elevó hacia los cielos, junto con su jinete.