El mayordomo César en un principio fue bueno con Izuku. Todos los empleados notaban el cariño profundo que el señor de la casa, Toshinori, le daba a por montones al huérfano. Algunas malas lenguas decían que el hijo que cargaba el joven Izuku era del señor Toshinori, pero ninguno era lo suficientemente estúpido para preguntarle.

Por aquellos tiempos, se sabía que Izuku era un doncel; una persona que no podía definirse por completo como hombre o mujer, ya que este poseía la capacidad de concebir un bebé mediante su recto o dejar en estado de gestación a una mujer con su miembro viril. En Esavón existían pocos donceles, eran raros de encontrar por el continente, y la gran mayoría pertenecían a la nobleza por su exótica naturaleza.

Para tratar de definirlos, la gente sometió condiciones para dichos individuos. Si el doncel lograba contraer nupcias con una mujer, entonces se le consideraba un hombre, sin embargo, si se unía en matrimonio con un varón, entonces socialmente era reconocido como una mujer, esto generalmente hablando, no contando las excepciones. Para tratar de escalar en la jerarquía social, los donceles eran prometidos a jóvenes damas, para alcanzar el estatus de un varón.

El mayordomo, cercano al dueño de la casa, supo de primera mano que Izuku dio a luz a Kota. Por lo tanto, el mayordomo César creía que en algún momento, Izuku se convertiría en la esposa del señor Toshinori. Teniendo en mente ganar la simpatía de la futura señora, César fue amable y gentil.

"¿No puedes ver lo enfermo que es eso? Ahora Toshinori tiene cuarenta y cinco, yo doce... ¿De verdad no podías ver lo mal que estaba tu razonamiento? Incluso a los jóvenes amos los comprometen hasta los quince años con alguien de similar edad. Este mundo moribundo".

Era un hombre en sus cincuenta años, un ser codicioso que se mostraba simple e impasible ante sus jefes, pero arrogante y abusador ante sus camaradas. "Soy la mano derecha del señor Toshinori, no te conviene hacerme enojar", solía amenazar.

Sin embargo, una vez se vio claro que Izuku no pretendía seducir a Toshinori, ni Toshinori miraba con ojos más allá de un cariño paternal a Izuku, toda devoción y amabilidad se vio extinta en un santiamén. En su primera vida, Midoriya sentía la necesidad de agradecerle a Yagi. Al ser un niño, sus capacidades se veían limitadas. Ayudaba en los quehaceres del hogar, en la cocina, a veces iba a los establos.

Los platos sonaron cuando fueron colocados en la repisa al son de la tonada dulce que Izuku tarareaba, había pasado un mes de su llegada a la mansión Toshinori. Una vez puestos, Izuku continuo con los que estaban en la mesa. César estiró su mano hacia la vasija. Los platos de porcelana crearon un clamor al chocar en el suelo.

—Oh... Se me cayó —le dijo a voz aburrida.

Oh. Se le cayó, fue la excusa dicha en ese entonces. Aquel sólo sería el inicio de un infierno del cual no tenía precedentes. Acoso que escalaría a niveles impensables, mismo que se vería refrenado cuando fuese al castillo del emperador a enseñar magia básica al príncipe heredero.

—Sí, gracias —le dijo Izuku, de nuevo en el presente, escondiendo sus manos bajo las mangas y agachando el rostro.

Esta vez no lo dejaría pasar. El mayordomo lo llevó hacia el comedor. Un lugar amplio, columnas bellamente diseñadas, las paredes de mármol blanco. Todo el lugar era luminoso. Arriba, un candelabro que el Hacedor sabe cómo no se cae. De alguna manera, Izuku extrañaba la opulencia del comedor.

A pasos tímidos, Izuku se sentó en el asiento indicado por All Might.

Estando en el comedor, se quedó callado mientras su anfitrión le contaba sus aventuras como mago, decidido a irrumpir el silente ambiente, fue un respiro no tener que fingir su emoción, ¡las historias del gran mago All Might ya son en si emocionantes! Por lo que Izuku sólo sonreía con los ojos esmeraldas brillantes. No sólo por la historia, sino también porque era Toshinori, en cuerpo y alma quien las estaba contando. Había rubor en sus mejillas, Izuku podía escuchar las respiraciones y admirar algunos versos exagerados de All Might al hablar.

Estaba demasiado feliz.

Él eran tan magnánimo, que haría sentir a un estúpido huérfano y padre soltero como en casa.

—Joven Izuku, ¿te gusta aquí? —preguntó después de terminada su narrativa.

¿Te gusta aquí? Era la segunda vez que le hacían esa pregunta por la misma persona en el mismo espacio.

»N-no podría quedarme... No tiene que hacer eso, n-no lo merezco, no lo valgo...« ¡Bah!

—La gente de aquí ha sido muy linda —dijo Izuku Midoriya, recordando a Momo vestir a su bebé y que seguramente estaba alimentando en su habitación. Miró sus manos y habló bajito—, pero... Yo no estoy solo, y tampoco deseo ser una carga.

—¡No eres una carga!

—No tengo nada de valor más que mi propia vida —continuo diciendo en un susurro, casi tímido.

—No tienes que pagarme nada —Toshinori lo miró asustado, considerando impensable un pago— quiero ayudar.

Izuku se quedó en silencio, no sabiendo qué decir. Toshinori realmente era increíble. "Nada en esta vida es gratis..."

—Un niño de tu edad debería estar estudiando —el mago acarició la cabeza de Izuku— y jugando.

Izuku no era un niño. No mentalmente, y en esta realidad tenía un bebé. ¿Podía todavía describirse como niño? Sin embargo, a pesar de todas las dudas que se iban entrecruzando en su cabeza, había algo primordial, y eso era Kota.

—A mí me gusta aquí —sinceró.

Para Toshinori, Izuku se mostraría como una persona resiliente, capaz de dar la cara al mundo después de haber caído hasta las profundidades del averno y continuar avanzando. Había un poco de verdad en ello, no sería una absoluta mentira, mas no hay necesidad de mostrarle lo mentiroso y manipulador que es.

—Haré cualquier cosa que me pida —afirmó peyorativo—, usted me ha salvado de una crisis que pudo terminar con mi vida y la de mi bebé, por lo que le juro mi completa lealtad a usted —Izuku se puso de pie, puso una rodilla en el suelo, colocando su diestra en el corazón.

—¡Espera! —en completo desconcierto, Toshinori lo tomó de las manos para ponerlo de pie— no tienes que llegar a tal extremo.

—Usted salvó a mi bebé, Kota es lo único que tengo en este mundo, señor. Si Kota moría, yo iba a estar solo. Le debo todo lo que soy.

"Mi lealtad siempre pertenecerá a usted".

Observó cómo la espalda del gran hombre se tensaba, ¿cómo es posible que su cabello sea tan brillante?

—Ya no hay menester de pensar así.

Se miraron a los ojos. Azul esplendoroso cual cielo despejado, irradiando confianza y seguridad. Ahora me tienes a mí. Sí, All Might no lo dejaría solo nunca. Un calorcito se alojó en el pecho de Izuku, como si estuviera envuelto en una gran y tibia capa.

Izuku le sonrió a Toshinori con absoluta ingenuidad.

—All Might es tan increíble como dicen las historias. Estoy feliz de que sea cierto.

*

Izuku se estiró a lado de la cama. Revisó su estómago, apenas una línea visible, una insignificante cicatriz.

"Ojalá pudiera usar magia sanadora", reflexionó Izuku, sería útil. Estudiar magia de cero, ¿no podría realizar la conversión un poco antes?

Se acercó a la ventana, viendo lo esplendoroso de la residencia, las fuentes con estatuas, el jardín laberinto del que tenía divertidos recuerdos y el camino que conducía a él, con una serie de arcos bellamente rodeados con enredaderas. También recordaba el camino a los jardines de flores, se debía ir a pie, creando un camino de únicamente de árboles de lluvia de oro. Un lugar de fantasía y brillante como la luz del sol. El sonido de algunas abejas, el viento fresco acariciando el rostro.

Izuku aspiró dolosamente y sonrió nostálgico.

—Estoy devuelta.