Flufftober o Kinktober
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Good Omens: Gabriel y Fem Beelzebub
Día 2: Sensory Deprivation
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El ambiente se encontraba abrazado por la luz proveniente de la sala, la mayoría de los objetos que ahí se encontraban ahora estaban esparcidos por el suelo y algunos de los muebles estaban fuera de su lugar. Cualquier persona que llegase en esos instantes creería que la habitación fue centro de una contienda.
Nada alejado de la realidad.
En esa aromática habitación, de una de las cabañas del bosque, había sido testigo de una pequeña lucha por el control entre dos seres etéreos. Dos seres orgullosos y egocéntricos que habían tenido la mala suerte (o buena, según sea el caso) de desearse, de querer saborear el cuerpo del otro y anhelar desesperadamente que el contrario gimiera su nombre.
Claro está, que a pesar de que aquel Arcángel era uno de los más poderosos soldados de Dios y siempre ganaba cualquier batalla nunca podía evitar perder ante las peligrosas y sensuales curvas del cuerpo femenino que el príncipe de las moscas siempre elegía para él.
Era un cuerpo creado para tentar, para doblegar a quien lo admirase desnudo, para hacer caer en tentación a cualquiera incluso al mismísimo Fuking Arcángel Gabriel.
Pero no es como si le importara.
Ahora mismo en una de las habitaciones sobre la cama se hallaba el cuerpo desnudo del pobrecito mensajero quien obedientemente aguardaba a que su compañera volviera. Volvió al poco tiempo trayendo en sus manos algunos pequeños lazos y una tela de color negro que por sus irregulares cortes supuso que rasgo de algún lugar.
Ver aquello le hizo sentir nervioso, más aún al ver la maliciosa mirada que el pequeño demonio dejaba ver. Sin importar que ya llevaban años teniendo sexo aun sentía cierto temor, más aún en un momento tan vulnerable. Después de todo su amante seguía siendo demonio.
Deberías calmarte, Arcángel o harás que tu pequeño amiguito se duerma.
Hablo con burla y diversión al tiempo en que subía a horcajadas al vientre de su amante, teniendo mejor acceso a sus manos que luego procedió a amarrar a la cabecera de la cama. Las piernas con un pequeño milagro demoníaco también logró amarrar.
Cuando culminó se alejó un poco para admirar mejor su trabajo. Saboreo entre sus labios aquella escena, el momento en el que tenía a su entera disposición a ese hermoso ángel.
Lo que terminó por aumentar su propia excitación fue el hecho de haber amordazado y cubierto los ojos lilas de su adversario. Se veía tan sumiso y vulnerable, tan deseable que no desperdicio tiempo alguno en comenzar a recorrer con tortuosa lentitud su cuerpo. Besando su cuello, mordisqueando y pellizcando sus pezones que no tardaron en endurecerse.
Gabriel se retorcía bajo las atinadas caricias de Beelzebub, suspirando gustoso por la atención recibida. Dejó escapar un fuerte gemido cuando sintió frotar sobre su miembro la húmeda vagina del ángel caído. Demonios el placer era delirante. No la veía, pero la imaginaba. Imaginaba su sensual y excitante figura, sus gestos de placer y escuchaba sus suaves gemidos.
¿Disfrutando, Arcángel? — En respuesta obtuvo un estimulante gemido— Eres una maldita perra en celo. Pero me gusta.
Eso último lo dijo susurrando en su oído, mordiéndole en el proceso. Decidió entonces que era momento de enterrarse sobre aquel miembro hinchado y erguido, lubricado por sus propios fluidos vaginales y pre-semen. Bajó lento y esperó a que su cuerpo virginal se acostumbrará a la intrusión de su generoso pene. Porque si, al príncipe le fascinaba la sensación y dolor de la primera vez, por lo que al ser un ente con poderes podía moldear su cuerpo a su placer. De un solo sentón terminó por ingresarlo, soltando un grito de dolor y placer, tomando por sorpresa a su amante quien también gritó y gimió al sentir la estrechez de su cuerpo.
Maldición… Beelz.
Esas no son palabras de un ángel, Gabe.
Comenzó a moverse sin dejar pasar mucho tiempo, sintiendo ardor al principio, placer después. Ambos estaban ensimismados en sus propios cuerpos y sensaciones, gimiendo sin pudor. Beelz se inclinó hacia delante alcanzando la mordaza de la boca, arrancándosela y besando con desesperación sus labios, mordiéndolos duramente sin llegar a hacerlos sangrar. No era ese su objetivo, no quería herirlo.
Gabriel correspondió el beso con salvajismo y torpeza, amaba esa boca. Cuando sintió que su propio orgasmo se acercaba, con desesperación trató de zafarse del amarre de sus muñecas sin éxito. En todos sus encuentros Gabriel siempre apretaba contra sí el cuerpo del príncipe momentos antes y durante el clímax. Amaba sentir entre sus brazos el cuerpo tembloroso de que alguna vez fue un ángel.
Desátame Beelz— Exigió con angustia sintiendo ya acercarse el final.
Obedeció sin decir algún comentario de burla, al príncipe también le agradaba la sensación de ser apretado contra su pecho musculoso, escuchar el latir desenfrenado de su corazón y lo errático de su respiración.
El orgasmo del príncipe de las moscas fue el primero en llegar provocando que gimiera el nombre del orgulloso ángel. Los propios espasmos del azabache condujeron al propio orgasmo del castaño, liberando su calidad y abundante semilla en su interior, llenándola y haciéndola sentir satisfecha y feliz.
Beelz.
Alzó la mirada retirando la venda de los ojos tanto como le permitía aquel cálido y fuerte abrazo. Admiró maravillada la intensa mirada lila, sintió un nudo en la garganta al leer tantas emociones hermosas dirigidas hacia su persona, hacia él, el Príncipe de las moscas, una vez una pequeño y entusiasta ángel, quien decidió caer para poder estar aún más cerca de su Arcángel.
