Casi media noche y finalmente había terminado todas las asignaciones para ese fin de semana, me estiré separándome del escritorio. Era viernes en la noche y estaba echa polvo, y ya dirán, deberes un viernes por la noche, qué empollona y yo les diría que recuerden que el resto de mi fin de semana está al cien por ciento libre!!! En fin por esa noche el resto del plan era jugar hasta quedarme dormida contra la pantalla del ordenador, (o con la cabeza en el teclado). No me cambié de ropa, vestida sólo con un short gris corto y una camiseta azul bajé las escaleras y me senté al ordenador del estudio principal, era el mejor de la casa, audífonos puestos y en nada estaba en Skyrim. La última partida guardada era en Ventalia, estaba vendiendo equipo sobrante y alguno conseguido por medios poco honestos. El nombre de mi personaje era Asirih, una Alta Elfa con especialidad en sigilo, armadura ligera y magia de ilusión, de más estaba decir que era miembro del gremio de ladrones y disponía de una amplia gama de recursos. Revisé el inventario del vendedor, esperando encontrar algo interesante cuando un pergamino me saltó a la vista, Puente de Almas, nunca antes lo había visto y tampoco había escuchado hablar de él así que decidí comprarlo para curiosear, todo iba perfectamente bien, hasta que decidí abrirlo para ver qué sucedía.

Ulfric se enorgullecía de ser un poderoso guerrero, siempre en guardia, entonces cómo había llegado esa mujer a su lado, en su cama, durmiendo plácidamente con el cabello castaño suelto cayendo en una cascada hasta la cintura, la piel blanca, una boca sonrosada de labios carnosos; largas pestañas, un busto firme que en esos momentos se apoyaba contra el pecho del nórdico junto a unos menudos brazos. Se apoyó en un codo para poder verla bien, llevaba una extraña ropa que dejaba muy poco a la imaginación, por un momento el jarl de Ventalia se preguntó si sería una ilusión pero quedó descartado cuando recorrió la estrecha cintura con una mano descubriendo qué tan tersa se sentía esa piel al tacto, su mano descendió a las caderas y ella se presionó más contra él dejando salir un suave suspiro que hizo que el cuerpo del nórdico reaccionara de inmediato.

¿Quién era esa mujer y por qué estaba en su cama y en esas ropas? Había bebido la noche anterior pero estaba seguro de no haber bebido tanto como para olvidar yacer con una mujer, especialmente una como esa.


Comenzaba a despertar sintiendo un agradable calor sobre mi pecho y en las palmas de las manos; una suave luz que se colaba en la habitación me hizo parpadear varias veces en un intento por desperezarme cuando sentí una mano apoyarse sobre mi mejilla.

-¿Quién eres?- preguntó una voz que me resultó extrañamente familiar.

Aún medio dormida deslicé las manos por el firme y cálido pecho, aquello tenía que ser un sueño, no era posible que alguien oliera tan bien, a leña y a pino, acerqué el rostro a su cuello apenas rozando la piel con la punta de la nariz acurrucándome allí , él que hasta ese momentos no se había movido comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos, cada vez que tocaba la piel me sentía arder, un ligero gemido escapó de mis labios y su respiración acarició mi rostro, cálida y con un suave olor a bebida. Aquel era el sueño más realista de mi vida, su mano se deslizó debajo de la blusa, y su pulgar comenzó a trazar círculos sobre la piel de mi cintura.

Unos fuertes golpes en la puerta nos interrumpieron.

-Jarl Ulfric- llamó una mujer mayor- el desayuno estará listo dentro de poco. ¿Desea que?

-Iré luego, que nadie vuelva a llamar a la habitación hasta que salga- ordenó, su voz era fuerte lo suficiente para que notara algo, NO ESTABA SOÑANDO.

Me lancé hacia atrás en cuanto la realidad de la situación me golpeó, cayendo sentada a los fríos escalones de ¿piedra? Una y otra vez miré alrededor, aquello era sin dudas el Palacio de los Reyes, y aquellos eran los aposentos privados del Jarl de Ventalia, traducción ¡Acababa de despertar en la cama de Ulfric Capa de la Tormenta!

-¡No puede ser!¡No es posible!- me pellizqué un brazo, no estaba soñando, me llevé las manos a la cabeza, sentía me iba a explotar, alguien estaba a mi lado hablándome pero no podía escuchar lo que decía.


Ella no respondía sin importar que tanto la llamara, su anterior intención se esfumó al verla en ese estado.

-Levántate o te resfriarás- ella seguía sin responder, simplemente murmuraba incoherencias.

Sin pensarlo más la levantó en brazos y la sentó sobre la cama, de inmediato la envolvió en las pieles y la sostuvo por los hombros hasta que logró que lo mirara a los ojos, poco apoco ella pareció ser capaz de enfocarlo justo antes de tragar en seco. Ulfric era capaz de reconocer el miedo, en ese momento se mezclaba con la cautela y el recelo en los ojos azules, un azul que sólo había visto en las profundas aguas heladas.

-Ulfric, Ulfric Capa de la Tormenta- musitó ella.

-Así es, ¿quién eres muchacha?

-Asirih, me llaman Asirih.

-¿Qué haces aquí?

-No lo sé, lo último que recuerdo es quedarme dormida en, oh por Ismir, el puente de almas- su rostro se iluminó e hizo una ademán por levantarse pero él la detuvo.

-No te marcharás sin darme una explicación, muchacha.

-No tengo una.

-Pues no te marcharás.

-Claro que lo haré- intentó librarse de su agarre pero fue imposible- Déjame ir- exigió.

-Eres tú la que apareció en mi cama, chica.

-¡Déjame ir, grandísimo bruto!

Hubo algo en su voz que llamó la atención de Ulfric, pero no era posible, de ninguna manera, aún así quiso realizar un pequeño experimento.

-Brit kulaas.

La vio quedar atónita y dejar de forcejear antes de enrojecer, ella lo había entendido sin lugar a dudas, ella entendía la lengua de los dragones. Entonces el jarl de Ventalia comprendió que había cometido un error, mas era demasiado tarde.

-Feim Zii Gron- el cuerpo de la chica desapareció en el aire y su silueta no tardó un instante en salir corriendo de los aposentos del Jarl.