Hola! Uhhh... después de mucho, pero mucho tiempo, por aquí aparezco descaradamente dando señales de vida. Lamento la demora, pero ya saben... la cosa pandemica con el Covid19 no da tregua y como personal de salud, mis horarios de trabajo a veces son del terror. Y el tiempo libre hay que distribuirlo en muuuchas otras cosas. TToTT Pero nuevamente, fue una peliculita la que me dio la inspiracion para terminar este capítulo que ya tenía bien avanzado.

En fin, no sé si alguien aun sigue esta historia, pero como me tiene enganchada, la terminaré porque la terminaré, así tarde 84 años.


Bueno, ya no me extiendo más, porque ya suficiente hay con el capítulo. Espero que les guste y si pueden, dejen un lindo comentario en el buzón. Recuerden la campaña "Con voz y voto - Porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo" ¡No al manoseo!


Naruto y sus personajes no me pertenecen.

OJO: AU - Periodo Edo. Ligero OoC


LUCES Y SOMBRAS

VIII

Un nuevo mundo IV

Sasuke alzó un poco más la cabeza y parpadeó varias veces, totalmente atónito ante la escena que se desarrollaba frente a él; la de una muchachita de cabello rosa que buscaba evitar que tres espadas lo destrozaran simultáneamente. La situación era casi tan ridícula como insultante y no pudo evitar sentirse enfermo por ella. Sus nervios se crisparon, su visión parecía haberse vuelto más oscura y de pronto fue consciente de algo amargo que subía desde su estómago hasta su garganta.

Maldita mocosa. ¿A qué demonios estaba jugando? ¿Por qué parecía querer protegerlo de esos tipos que al parecer eran sus compañeros?

—¡¿Qué carajos haces, Haruno?! —gritó uno de los hombres más jóvenes del grupo, un muchacho con marcas verdes a un costado de sus ojos y que parecía casi tan turbado como el propio Sasuke. —¡Apártate de él, ahora!

Ella permaneció en silencio y aunque Sasuke podía notar el ligero temblor en los delgados brazos de la muchachita frente a él, no la vio relajar su postura en ningún momento. Eso solo provocó que el propio corazón del Uchiha diera un latido furioso. ¿En verdad se veía tan patético que incluso una niña estaba dispuesta a arriesgar su integridad física vida para defenderlo? Sus ojos negros relampaguearon furiosos. No recordaba haberse sentido tan humillado alguna vez en su vida.

—¿No oíste, niña? Ha dicho que te apartes. —repitió un anciano de lentes ubicado un paso detrás de la vanguardia de su comité de bienvenida. Por su tono de voz y pose altanera, Sasuke estaba seguro que se trataba de uno de los líderes.

La mocosa entonces negó con la cabeza, provocando un destello de furia en las miradas de los tres hombres más próximos a ellos. Se veían realmente furiosos y al parecer no harían diferencia con ella si es que no se apartaba para dejarlos llegar hasta él. Sasuke apretó la mandíbula con fuerza mientras que una burbuja de aire caliente crecía cada vez más dentro de su pecho, amenazando con explotar en cualquier momento.

"¡Muévete!" gritó internamente y por un segundo no supo si lo decía para si mismo o como una orden para ella.

El sujeto de las marcas volvió a gritarle que se apartara, pero ella no tenía ninguna intención de obedecerle y de su boca escapó un perfectamente audible "no", que provocó que los niveles de irritación de sus atacantes —y la propia de Sasuke—se elevaran exponencialmente.

Y entonces el ninja de ojos negros maldijo internamente. Otra vez. Porque él no necesitaba de la protección de nadie, mucho menos de niñas de cabello rosa.

Con la respiración agitada y el corazón latiendo rápidamente, Sasuke apretó los puños bajo las mantas. Su mente trabajaba a máxima velocidad para idear una manera de sobrevivir aquel encuentro. Su condición aun no era la mejor, apenas había comprobado una limitada movilidad en sus extremidades y la poca energía que había logrado reunir no serviría como para mantener un enfrentamiento demasiado largo, pero sencillamente no tenía otra opción. Resignarse a su muerte y dejarse eliminar sin presentar algún tipo de resistencia simplemente era impensable. No. Si era necesario, se defendería con sus uñas y dientes.

—O te apartas. —continuó el sujeto de las marcas verdes, dirigiéndose únicamente a la chica. —O morirás con él.

La voz de ese tipo estaba cargada de amenaza, pero Sasuke pudo ver como ella alzaba la cabeza y su naricita de una manera casi desafiante antes de volver a negar con mucha más energía que antes, enfatizando su determinación de no moverse de su lugar.

Y casi al instante, como una bofetada de fragancia primaveral, un inconfundible aroma a manzanilla llegó hasta las fosas nasales de Sasuke, provocándole un cosquilleo y una especie de aturdimiento que lo alejó de su realidad actual. Era como si todo a su alrededor hubiera cambiado. Ya no estaba en esa habitación, rodeado por ocho hombres que anhelaban cortar su cabeza y una mujer que buscaba evitarlo a toda costa. No, de pronto estaba solo, sentado bajo un soleado día de primavera admirando las flores de manzanilla del huerto mientras el calor del sol acariciaba su cabeza y el viento fresco mecía su cabello.

Algo muy parecido a los recuerdos de sus días de niñez, cuando su madre aun vivía y junto a su hermano la ayudaban a cuidar de su jardín.

Pero así tan rápido como llegó, la ilusión de Sasuke desapareció y le tomó menos de un parpadeo identificar el origen de aquel aroma.

Provenía de ella.

De esas hebras imposiblemente rosas que caían desordenadas por una espalda perfectamente erguida.

Manzanilla y té de jazmín.

"Tsk"

Sintiéndose casi asqueado, arrugó la nariz y su ceño se marcó aun más. ¿Por qué carajos su nariz se volvía tan sensible ahora? Era el sentido más inútil en la presente situación y ponerse a identificar fragancias herbales como un perrito recién entrenado no le serviría de nada. Estaba contra el tiempo y si no ideaba un plan rápido, pronto su famoso y sensible olfato estaría percibiendo el aroma de su propia sangre.

"¡Muévete, Sasuke! ¡Haz algo!

—¡Quítate de una vez, maldición! —el sujeto finalmente perdió la paciencia y de una sola zancada llegó hasta la chica, agarrándola con fuerza del cabello para apartarla del camino. Ella soltó un quejido de dolor al chocar contra el suelo y una vez despejado el camino, los tres hombres —que en opinión de Sasuke eran los más jóvenes e imbéciles del grupo —avanzaron hacia él, con sus espadas fuertemente empuñadas.

Con la respiración agitada y una capa de sudor formándose en su frente, Sasuke logró incorporarse un poco más, lo suficiente como para quedar recargado sobre sus codos y alzar la cabeza en una pose desafiante y altanera, mirando directamente a los ojos de sus atacantes. No les daría el gusto de mostrarse intimidado por ellos.

—¡Quieto ahí, basura! —le gritó un tipo de grandes patillas, apretando con más fuerza la empuñadura de su katana.

Un gruñido subió por la garganta del Uchiha. Todo su cuerpo trabajaba bajo presión, exigiéndole a sus músculos, huesos y articulaciones reunir la energía suficiente como para lograr saltar frente a uno de esos tipos. Solo necesitaba derribar a uno, a cualquiera de ellos —probablemente al idiota de patillas que era el más cercano— y estaba seguro que podría aprovechar la sorpresa del momento para arrebatarle su arma y cortarle el cuello antes que siquiera pudiera reaccionar.

¿Resistiría su cuerpo? No lo sabía… Esperaba que sí… Sí, seguro que podría. Tenía que resistir.

—¡Maldito mocoso, no te muevas! —un nuevo grito de advertencia.

Pero Sasuke lo ignoró, porque él no podía simplemente obedecer y resignarse a su pronta muerte. No. Él no podía morir todavía. Él debía morir después de acabar con Madara y Mizuki. No podía hacerlo antes y mucho menos ahí, en esa horrible habitación, rodeado de idiotas con haoris pomposos y una chiquilla de ojos verdes.

La improvisación también era un arte ninja y Sasuke sabía muy bien acerca de eso; enfrentarse a una situación inesperada, en condiciones desfavorables y salir victorioso usando cualquier tipo de método.

Cualquiera.

Y esta ocasión no debía ser diferente. Aunque su cuerpo se desgarrara… aunque tuviera que pelear usando sus uñas y dientes, o aunque tuviera que usar a esa mocosa como escudo.

—¡He dicho que no te muevas! —un nuevo paso hacia él y Sasuke comenzó a preparar su embestida. Los músculos de sus brazos temblaban por el esfuerzo y el dolor en su abdomen comenzaba a hacerse presente nuevamente, pero no le importaba.

"Vamos"

Solo un poco más.

Los ojos del sujeto de patillas relampaguearon furiosos y para Sasuke presentó la oportunidad perfecta. Lo vio acortar aún más la distancia que los separaba y levantar su katana dispuesto a cortar alguna parte de su cuerpo.

Y eso estaba bien para él.

Los sentidos de Sasuke estaban completamente alertas. Sus ojos negros analizando cada mínimo detalle de la anatomía de su oponente y concentrado al máximo el leer sus movimientos. Solo tendría una oportunidad muy breve; debía lograr esquivar el primer mandoble. A juzgar por la complexión de su enemigo, Sasuke le calculaba unos tres o cuatro segundos en que tardaría en detener la inercia del golpe lanzado al aire para después cambiar la dirección de ataque y enfrentarlo nuevamente.

"Tres segundos" pensó. En condiciones normales, sería tiempo más que suficiente.

Con un nuevo acercamiento del samurai, Sasuke tensó sus músculos una vez más, preparándose. Todo parecía ir en cámara lenta, pero su respiración se agitaba en comparación.

"Acércate, bastardo"

Una gotita de sudor recorriendo su sien.

"Puedes hacerlo"

Un último paso de su enemigo, la espada en alto y…

"Esquívalo. Esquívalo y entonces…"

Pero entonces… ella se interpuso.

Otra vez.

Consiguiendo que la espada del samurai se detuviera a pocos centímetros de su colorida cabeza y Sasuke viera perdida su pequeña y bien calculada oportunidad. Si es que la tenía del todo.

"¡¿Qué..?!

—¡Déjenlo!

—¡Demonios, Haruno, ya no estorbes!

El mismo tipo de marcas en la cara la tomó por el cuello del kimono, prácticamente alzándola del suelo. Los ojos negros de Sasuke los siguieron casi por inercia, sintiéndose confundido y furioso por lo que acababa de ocurrir. Otra vez. Y bastó solo ese breve instante de distracción para el que el sujeto de patillas aprovechara para hacer lo mismo con él. Sujetándolo por el cuello de la ropa lo alzó en su posición, dejándolo casi sentado sobre el futón mientras que con otra mano presionaba el filo de su espada contra la piel de su cuello.

"¡Maldición! ¡Maldición!"

—Intenta moverte ahora niño, y tu cabeza rodará por el suelo.

La mirada oscura de Sasuke y su respiración furiosa solo consiguió poner en alerta a su captor, quien presionó con más fuerza la espada contra su piel. Sintió como un hilillo de sangre caliente recorrió su cuello, pero no le prestó atención.

Su cuerpo temblaba de ira. Estaba furioso, furioso con toda la situación; con ese imbécil que se atrevía a amenazarlo, con esa chica entrometida y principalmente con él mismo por ser tan débil.

—¡No, detente Shibire! —gritó la mujer, volteando por un segundo a mirarlo y Sasuke sintió ahogarse con su propia bilis al ver esos malditos ojos verdes cargados de preocupación.

—¡Cállate! ¿Acaso estás loca? —escuchó gritar al otro, sacudiendo a la chica por la ropa y acercándola a su rostro de forma amenazante. —¡No empeores más tu situación tratando de defenderlo!

—¡No lo entienden! Él…

—¡Dije que te calles! —gritó otra vez, alzando la mano en la que sostenía la espada y girándola para seguramente propinarle un golpe con la empuñadura.

Pero entonces las acciones de ambos —la del idiota que buscaba destrozar la cara de esa chica de un golpe y el otro que parecía ansioso por probar el filo de su espada con él— se detuvieron en el momento en que una voz que Sasuke reconoció de inmediato resonó en la habitación.

—Deténganse.

El hombre de cabello plateado recorrió la habitación con un andar despreocupado, pero Sasuke no perdió detalle del brillo en su mirada tras evaluar la situación. Sin decir nada, el recién llegado avanzó hasta donde la chiquilla aun seguía presa por las manos de ese tipo y se detuvo frente a ellos, mirándolos con seriedad.

—Esa no es manera de tratar a una dama, Minoji-kun. —su voz era calma, pero había algo ahí, un sutil tono de peligro y advertencia que hizo que el aludido frunciera el ceño todavía más y tardara un par de segundos antes de soltarla con brusquedad. Ella cayó contra el suelo justo en el momento en que un remolino ruidoso y rubio entraba a la habitación, llegando hasta ellos en tan solo un par de zancadas.

—¡¿Qué carajos hacías, Minoji?! —le reprochó con furia a su compañero, empujándolo con fuerza por el pecho.

El aludido le sostuvo la mirada y al parecer tuvo que usar mucho de su autocontrol para no devolverle el golpe. Arrugando la nariz en una fea mueca, dirigió su mirada de profunda indignación hacia la nerviosa cara de esa muchacha y después de soltar un gruñido de frustración, se alejó de ellos sin decir nada.

El rubio entonces se apuró en ayudar a la mujer de pelo rosa, ignorando completamente las miradas indignadas de los demás presentes y lo tenso del ambiente.

—¿Te encuentras bien, Sakura-chan? —le preguntó, ella solo asintió. —¿Estás segura? —ella asintió nuevamente y Sasuke frunció el ceño al ver como la mirada molesta del rubio estúpido viajaba desde el tal Minoji hasta él, casi como si estuviera reprochándole alguna cosa.

Un par de segundos después, su tercer carcelero apareció en la habitación, intercambiando una mirada con uno de los hombres en su comité de ejecución antes de llegar junto al hombre de pelo plata.

"Tsk" Sasuke frunció el ceño aun más. Parecía tener a todos sus carceleros formando un escuadrón de protección y eso solo lograba alterarlo más.

—¡¿Qué demonios significa esto, Kakashi?!—ladró uno de los ancianos, dando un paso al frente.

—¡Explíquense ahora mismo! ¡Todos ustedes!

El tal Kakashi los ignoró y entonces volteó a verlo a él. Sasuke sostuvo su mirada inquisitiva por varios segundos antes que los ojos de ese hombre se dirigieran a su captor, que todavía lo sujetaba por el cuello del kimono.

—Shibire. —lo llamó. —Baja tu katana, por favor.

Pero el aludido no obedeció, incluso apretó con más fuerza su agarre.

—¡Responde, Hatake! —gritó otro viejo, indignado por verse ignorado.

—¿Cómo es posible que tengan un ninja oculto en nuestra aldea?

—¡¿Acaso olvidas lo que hicieron en la aldea Ikufu?!

Los más ancianos comenzaron a gritar y sus vocecillas de ratas encolerizadas martillaban la cabeza de Sasuke.

—¡Son unos asesinos!

—¡Ellos son los causantes de todo este desastre!

—Podríamos ser los siguientes. ¡Y lo han traído directo hasta nosotros!

—¡Hay que eliminarlo ahora mismo!

—No. —contestó el tal Kakashi, extendiendo un poco un brazo como gesto simbólico de su protección hacia él. —Este muchacho es mi prisionero. No permitiré que lo lastimen.

—¡¿Qué?!

Aquella declaración pareció enardecer a los más a los viejos y varios de ellos dieron un nuevo paso hacia su posición. La mocosa de pelo rosa dio un ligero brinco y el rubio se apegó a ella como un perro guardián.

—Así que baja tu katana, por favor, Shibire. —continuó el de pelo plateado, volteando a verlo nuevamente.

—¡Te has vuelto loco, Kakashi! ¡No lo escuches, Shibire!

—Por favor.

—¡Esto es una traición!

—He dicho que lo dejes. —repitió el tal Kakashi con una voz más grave, todavía ignorando completamente a los demás.

—¡¿Cómo te atreves?! —explotó el viejo de lentes, mirando ofendido al tal Kakashi y elevando su katana para apuntarlo. —Tú no das las órdenes aquí, mocoso.

Al mencionado ni siquiera pareció importarle y la imperturbabilidad de su rostro aumentaba el sentido de alerta en Sasuke. Definitivamente ese hombre no era alguien a quien tomar a la ligera.

Un suspiro cansado por parte del de pelo plateado antes de hablar otra vez.

—Lo repetiré. Este chico es mi prisionero, pretendo obtener información de él y no permitiré que le hagan daño. Es importante para entender lo que está pasando. —hizo una breve pausa y sus ojos se clavaron en la cara de su captor. —Ahora, Shibire…

El tal llamado Shibire frunció el ceño y apretó la empuñadura de su espada con más fuerza, provocando una vibración que acarició la piel de Sasuke. Finalmente, con un gruñido de perro rabioso y realizando un movimiento innecesario y peligroso contra su cuello, se alejó de él y enfundó su katana.

Sasuke cayó contra el futón y buscó fuerzas en sus brazos para incorporarse, decidido a no permanecer tendido ni un minuto más, pero entonces una fuerte patada en el abdomen lo hizo caer de bruces otra vez.

—No intentes pasarte de listo, basura. —le gruñó quien hasta hace unos instantes parecía querer cortar su cabeza.

Una descarga de electricidad recorrió su espalda y todo el calor de su cuerpo se reunió en el punto de la boca de su estómago. Apretando los dientes, levantó la cabeza y sus ojos negros mostraron un brillo tan furioso que hicieron que Shibire —Sasuke ya había memorizado su nombre— diera un pequeño paso hacia atrás.

—Si es un prisionero, entonces qué diablos está haciendo en esta casa, ¿eh?

—¡Es un demonio!

—Debería estar encerrado o atado en los establos como el animal peligroso que es, como un perro salvaje, sin dueño y sin honor.

"Bastardo"

Sasuke apretó los dientes, registrando mentalmente la cara de ese anciano y anotándolo también en su lista de objetivos una vez pudiera escapar, después de Shibire, obviamente. Aquel pensamiento lo animó un poco y no pudo evitar que una de las comisuras de boca se levantara en una pequeñísima sonrisa.

Y casi al instante, fue levantado nuevamente por el cuello del kimono.

—¿Qué es tan gracioso, perro inmundo? —le interrogó Shibire.

Naturalmente, Sasuke no le respondió.

Dos segundos después, su cuerpo tambaleó y su cara quedó ladeada tras recibir un golpe de puño, con el sonido del crujido de su mandíbula rebotando en la habitación.

—¡Hey!

—¡Shibire!

Lentamente, Sasuke alzó la cabeza y al enfocar la imagen frente a él, el imbécil de patillas todavía lo sujetaba de la ropa y agachado frente a él, lo miraba con arrogancia.

La visión de Sasuke parecía volverse roja por la rabia.

Maldito infeliz. Pronto se encargaría de borrar esa estúpida sonrisa de su fea cara. En verdad debía creerse la gran cosa solo por conseguir golpearlo otra vez, aun cuando aquel puñetazo había sido nada. Apostaba a que esa chica podría golpearlo más fuerte.

—Te pregunté qué era tan gracioso. —continuó Shibire, sacudiéndolo con brusquedad. —¿No tienes educación? Cuando alguien mayor te pregunta algo, tú respondes, niño.

Sasuke lo observó por un segundo, sintiendo el sabor metálico acumularse en su boca y luego le escupió. Gotitas de sangre se estrellaron contra la cara de Shibire, quien arrugó el ceño en una mueca horrible y lo soltó con brusquedad para después intentar lanzarse a golpearlo otra vez.

Pero entonces el tal Kakashi intervino nuevamente.

—Ya es suficiente.

Sasuke sostuvo la mirada desafiante de Shibire y la promesa silenciosa de un próximo enfrentamiento mientras el hombre de pelo plateado lo obligaba a poner distancia.

—Tienes un minuto para explicarte, Kakashi. —continuó el anciano de lentes. —O serás eliminado aquí y ahora junto con este mocoso.

—Creo que deberíamos encarcelarlos a todos ahora. —propuso otro.

—Es cierto, esto es una traición.

—¡Merecen la muerte!

—¡Deben ser exiliados!

El hombre de pelo plateado solo dejó escapar otro suspiro.

—No hay más que explicar. —respondió. —Una guerra se avecina y necesitaremos toda la ayuda posible. Eso es todo.

—¡¿Eso es todo?!

—¡¿Qué ayuda podrías obtener de alguien como él?! —un tipo obeso lo apuntó con un dedo igual de gordo. —Los de su clase no tienen honor y no hacen nada si no es por dinero. ¿Pretendes pagarle acaso?

Sasuke gruñó internamente y memorizó un nuevo rostro.

—Tomo completa responsabilidad por él.

Por un momento la habitación quedó en completo silencio, el único ruido que podía escucharse provenía de afuera, ramas de árboles mecidas por el viento. Nadie se atrevía siquiera a respirar. Los ojos de todos los presentes estaban fijos en la sosegada figura del hombre ataviado en un kimono negro y Sasuke no dejaba de preguntarse que tanta importancia tendría dentro de esa aldea, pues su sola presencia parecía imponer cierto tipo de autoridad dentro de los presentes. Frunció el ceño, su corazón latiendo rápido y un escalofrío recorriendo su espalda. ¿Qué planeaba hacer con él? ¿Acaso había sobrevivido a la muerte para terminar en manos aun más peligrosas? Su rostro mostraba una expresión tranquila y cordial y su lenguaje corporal se mostraba muy poco amenazante, pero Sasuke ya podía reconocer esas características en los hombres más peligrosos y letales.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el anciano de lentes habló.

—Sabes lo que esto significa, ¿verdad? —los ojos del viejo se veían duros, cargados con la experiencia de cientos de batallas. —Si algo ocurre, deberás responder con tu vida.

—Por supuesto.

El veterano mantuvo la vista en el hombre de pelo plateado por varios segundos y luego volteó a mirarlo a él, sus ojitos ancianos y desdeñosos escudriñando cada detalle de su rostro y Sasuke no pudo evitar mirarlo con repulsión.

—Estás advertido, Kakashi. —sentenció el viejo. —Eres responsable de esta escoria. Pon en peligro la seguridad de la aldea y te mataré yo mismo.

El hombre de pelo plateado asintió con la cabeza y casi en un acto coordinado, todas las espadas restantes regresaron a sus fundas.

—Vámonos.

Sasuke vio como uno a uno el grupo de samuráis se retiraba de la habitación. Solo tres de ellos voltearon a ver al tal Kakashi, asintiendo con discreción antes de desaparecer tras la puerta.

- o -

Apenas la habitación quedó vacía, y cuando el Uchiha terminaba de procesar lo que acababa de ocurrir, una patada contra el pecho lo empujó con fuerza y lo hizo caer pesadamente contra el futón. El aire escapó de sus pulmones y comenzó a toser ahogado.

—Creo que deberías recostarte y descansar. —le dijo el rubio con el rostro serio, mirándolo desde arriba. —Estamos arriesgando mucho contigo y que mueras ahora por sobreesfuerzo no le es útil a nadie.

"Maldito"

Los ojos negros de Sasuke se clavaron en la estúpida cara de ese sujeto y su cabeza giró para seguir su trayectoria. Lo vio sentarse descuidadamente junto a la chiquilla de pelo rosa y cruzarse de brazos, al parecer satisfecho por haberlo derribado tan fácilmente.

Furioso, frunció el ceño profundamente y sus ojos parecían querer arrojar llamas negras en dirección a ese idiota rubio. La patada de ese cretino lo había aturdido y ahora a causa del dolor en su tórax, le costaba respirar. Parecía como si el aire a su alrededor de pronto se hubiera hecho menos denso y realizar una inspiración completa era agotador.

Comenzaba a marearse, el estrés de hace unos minutos ya comenzaba a pasarle la cuenta.

—Seguirás aquí en casa de Sakura, chico. —le dijo el mayor del grupo, mientras toda la habitación comenzaba a darle vueltas. —Cuidaremos de ti, y espero que puedas ayudarnos de regreso. Si lo haces, cumpliré mi palabra de dejarte libre y ayudarte a regresar con tu gente.

"Ya no hay"

—¿De verdad crees que accederá a colaborar, Kakashi-san? —preguntó el castaño.

—Esperemos que sí.

—¿Qué hay con los demás? —quiso saber el rubio. —Ahora que todos saben de su presencia, no estarán tranquilos por mucho tiempo.

—Seguirá todo igual. Tomaremos turnos para ayudar a Sakura a cuidar de él.

Los tres chicos asintieron.

—Naruto, Shikamaru, ahora más que nunca debemos protegerlo. Tal vez podamos aprender algunas cosas de él. Manténganlo con vida, ¿de acuerdo? Eso también va para ti, Sakura.

—Sí. —respondieron todos.

Siguieron hablando por un rato, pero el oído de Sasuke ya no pudo escuchar más. Un horrible pitido atormentaba su cabeza y volvía sus extremidades pesadas e inútiles. Su respiración seguía agitada y la cabeza girando a mil por hora.

No pasó mucho tiempo hasta que los colores de la habitación poco a poco fueron borrándose y todo se volvió negro.

- o -

Sasuke sintió algo frío tocar su cara y acomodar los cabellos que caían por su frente. La oscuridad que lo envolvía poco a poco iba disipando y un agradable aroma a hierbas le dio la bienvenida, ayudándolo y preparándolo para enfrentarse a un nuevo día.

Con alivio comprobó que sus párpados ya no pesaban como el plomo y una pequeña satisfacción subió por su pecho al reparar en lo fácil que resultó la tarea de abrir los ojos. Sus ojos negros parpadearon un par de veces antes de adaptarse a la luz del día y casi por instinto, giró la cabeza hacia la izquierda.

Y nuevamente, como una maldita pesadilla que se repetía a cada momento, descubrió que ella estaba ahí. Otra vez. Demasiado cerca para su gusto. Llevaba las mangas del kimono amarradas a la altura de los hombros y el cabello recogido con una larga horquilla.

Su respuesta inicial fue la misma, se arrastró sobre el futón para poner mayor distancia entre ambos y frunció el ceño, casi como un lobo furioso, esperando que ella no tuviera la estúpida idea de querer acercarse otra vez.

—Es para desinflamar. —le dijo de pronto.

Sasuke la ignoró y volteó a ver hacia otra dirección.

—Shibire te golpeó muy fuerte ayer. Eso ayudará a desinflamar el golpe.

"¿Huh?"

Fue entonces que el Uchiha fue consciente de algo que estaba empapado sobre su cara. Algo que para su desgracia olía sumamente bien.

Un gruñido furioso subió por su garganta y escapó de su boca al reparar en el hecho que hace nada ella estaba tocando su cara y su cabeza, untándole una porquería de hierbas para quién sabe qué fin. Eso no le agradaba en lo absoluto. Maldita mocosa atrevida. ¿Acaso no tenía aprecio por su propia vida? ¿Por qué permanecía tanto tiempo junto a él? ¿Es que no tenía nada más que hacer durante el día? Sus ojos negros la escudriñaron con desdén. Supuso que no, su apariencia acusaba una tranquila vida de civil, sin mayores preocupaciones ni aflicciones.

La vida de una chiquilla mimada.

¿Cómo era entonces que se había atrevido a enfrentarse a esos sujetos armados? Ella, una mocosa escuálida de cabello escandaloso que tuvo unos cuantos segundos de valentía y se lanzó a actuar sin pensar en nada más. ¿Qué pretendía hacer para detenerlos? Sí, al parecer eran sus compañeros, pero según vio, varios de ellos no mostrarían reparo en deshacerse de ella si con eso lograban llegar a él. Estuvieron a punto de destrozarle la cara si es que el tal Kakashi no llegaba a tiempo.

—Am… puedes… puedes confiar en nosotros. —dijo entonces, con una voz dubitativa, como si no estuviera del todo convencida de qué decirle.

"Cállate"

—Solo queremos ayudarte.

Ella entonces estiró su mano hacia él, pero Sasuke fue más rápido y de un ágil movimiento ya había atrapado la delgada muñeca de esa mujer con su mano derecha.

—Atrás. —le gruñó, su voz roca cargada de amenaza y sintiendo una enorme satisfacción al notar que su cuerpo ya respondía mucho mejor a sus órdenes.

Los ojos verdes de la chica tardaron exactamente dos segundos en pasar de la sorpresa a una sombra de temor, para luego transformarse nuevamente en un verde brillante, cargado de determinación, desafío y otras cosas en las que prefería no indagar demasiado.

Y no pudo evitar sorprenderse y sentirse ligeramente humillado cuando esa misma chiquilla, la que se le asemejaba a un conejo rosa, usó su mano libre para liberarse sin mayores problemas de su agarre y dirigirle una mirada de molestia, casi de reproche.

—Por favor, coopera. —le dijo, usando el tono con el que un adulto se dirige a mocoso berrinchudo. —Kakashi-san me pidió mantenerte en una sola pieza y eso es lo que intento hacer.

"¿Cooperar?" sintió un ardor en el estómago ante aquella petición y la forma en que lo miraba. Casi parecía estar regañándolo, como si fuera un niño pequeño.

Ella mantuvo el agarre sobre su mano y Sasuke debía admitir que tenía bastante fuerza. ¿O tal vez él era el que estaba demasiado débil? ¿En qué momento se invirtieron los papeles? ¿Y por qué sus manos siempre estaban tan frías?

¿Por qué estaba tan decidida a cuidar de él? ¿Seguían con su estúpido plan de hacerlo hablar? Ya deberían haberse dado cuenta que no conseguirían nada de él. De hecho, Sasuke había esperado a que comenzaran con las amenazas y los castigos corporales para obligarlo a soltar información, pero en lugar de eso lo dejaban al cuidado de una torpe muchachita que sería muy fácil de eliminar.

En verdad todo ese grupo de samuráis eran unos imbéciles. ¿Creían que por ayudarlo se estaban ganando su lealtad? ¿Qué los ayudaría después? Idiotas. Su única lealtad era hacia él mismo, hacia sus ideales y hacia su causa, la cual era encontrar a Madara y Mizuki y matarlos lentamente.

Y cualquiera que se interpusiera entre él y su objetivo sería simplemente eliminado.

—Estas a salvo aquí, nadie te hará daño. —comenzó otra vez, dejando libre su mano y usando un tono que aparentaba ser amistoso —¿Puedes decirme tu nombre? Yo soy Sakura.

"Que te calles"

No le interesaba nada de lo que tuviera que decirle. Pero si en algo estaba en lo cierto era en que nadie le haría daño, porque él pensaba hacerlo primero. Se desharía de todos esos idiotas que se atrevieron a mantenerlo ahí atrapado.

Y para mala suerte de esa chica, comenzaría con ella primero.

De reojo pudo ver como ella abría la boca para decir algo más, pero se contuvo a último momento y apretó los puños sobre la falda de su kimono, casi restringiéndose a si misma por lo que estuvo a punto de decir.

Bien por él, porque ya no soportaba su vocecita chillona.

Cerrando los ojos, respiró con molestia y entonces regresó la vista al techo, tratando de dirigir todo su enojo y frustración a las vigas de madera, notando por primera vez que habían cambiado de posición. Entrecerró los ojos. No, no eran las vigas, fue él, quien cambió de posición. ¿Cuándo? ¿Cómo carajos no se dio cuenta?

La ola de autodesprecio, la que había desaparecido un poco cuando notó el progreso en su recuperación, apareció otra vez, recorriendo todos los rincones de su cuerpo como una tormenta furiosa.

"¡Levántate ahora, Uchiha! ¡Hazlo!" se ordenó.

Debía aprovechar ahora que estaba solo con esa chica y eliminarla de una vez para poder escapar. Su cuerpo ya no dolía como antes y estaba seguro que podría moverse con más libertad. Ella aun estaba bastante cerca de él y parecía distraída por algo, solo tendría que incorporarse un poco y con un simple golpe dejaría a esa mocosa fuera de combate por un rato.

La observó de reojo. Sí, no le costaría problemas deshacerse de ella. No tenía armas a mano, pero… tal vez con la misma pomposa horquilla que llevaba en el cabello podría hacerle una linda incisión en el cuello.

"¡Ahora, Sasuke!"

Pero ella entonces se puso de pie y se alejó un par de pasos de él, interrumpiendo nuevamente su intento de plan de escape. Caminando hacia el otro extremo de la habitación, la vio agacharse para recoger una especie de cuenco de cerámica y luego acercarlo hacia donde él permanecía tendido.

Sasuke entrecerró los ojos al sentir un aroma diferente a los muchos que rodeaban a esa mujer extraña y miró aquel cuenco con desconfianza.

—Bueno… que descanses. —dijo de pronto, mirándolo directamente a los ojos.

Y Sasuke sintió todo su interior revolverse nuevamente al notar esa jodida miradita.

¡Basta! ¿Por qué lo miraba así? ¿Por qué parecía sentir compasión por él? Esos malditos ojos verdes mostraban tantas cosas que Sasuke apenas podía identificar, algo totalmente ajeno a él, acostumbrado a un mundo de expresiones serenas, vacías y estoicas. A veces no sabía si esa chica pensaba largarse a llorar o qué carajos, pero el pequeño dejo de empatía y compasión que veía en su mirada le resultaba igual o peor que un kunai ardiendo en la garganta.

Su cuerpo comenzó a temblar de ira. Porque nadie, jamás, se había atrevido a mirarlo así. En su mundo eso no existía. Él era un ninja, perteneciente a una importante familia de shinobis, un hombre altamente entrenado en técnicas especiales que lo convertían en una feroz máquina de eliminación. Pero ahora estaba ahí, tirado como un cachorro herido y que debía verse lo suficientemente patético como para que su enemigo comenzara a mostrar algún tipo de preocupación por él. La sola humillación que eso le provocaba era peor que sentir sus entrañas abandonar su cuerpo.

Maldita mocosa, se había ganado un lugar privilegiado en su lista de objetivos.

Cuando ella cruzó la puerta, Sasuke no pudo evitar seguirla con la mirada hasta la otra habitación en donde para su sorpresa, pudo ver al idiota rubio y al sujeto de pelo plateado sentados alrededor de una mesita de madera.

"Tsk"

Así que esos dos estaban también estaban en la casa. Ni siquiera había podido escucharlos. Al parecer su nueva posición dentro de la habitación, directamente frente a la puerta, respondía a una vigilancia constante por parte de sus carceleros. ¿Habría logrado salirse con la suya si intentaba su plan para escapar? Ya no había manera de saberlo.

Con la mirada fija hacia la habitación contigua, el Uchiha vio como la chica se sentaba a la mesa quedando de perfil hacia él y liberaba las amarras de su kimono antes de tomar una tetera entre sus manos y servir el té. El rubio recibió la taza con una enorme y estúpida sonrisa mientras hacía unas especies de señas con las manos a lo que la chica soltó una pequeña risita y el mayor negó de forma divertida con la cabeza.

Sasuke frunció aun más el ceño, furioso consigo mismo por verse prisionero de personas tan estúpidas.

No pasó mucho tiempo para que el rubio se fijara en él y Sasuke fue consciente que llevaba un buen rato observándolos. O tal vez, tratando de matarlos con la mirada.

Sus músculos se tensaron al ver como el rubio se puso de pie y caminó a paso rápido hasta donde él estaba, permaneciendo en el umbral de la puerta durante unos segundos y mirándolo fijamente antes de cerrar la puerta y bloquear la visual entre ambos cuartos.

Maldiciendo entre dientes, Sasuke regresó la vista al techo otra vez y se concentró en mover su cuerpo. Con lentitud alzó el brazo derecho, flexionando y extendiendo la extremidad para reactivar sus músculos dormidos. El dolor que sentía era cada vez menos y eso era una buena señal que poco a poco fue calmando su estado alterado y furibundo. Después de un rato hizo lo mismo con el izquierdo. Sus piernas no respondían tanto como él quisiera, pero supuso que era lógico al estar tanto tiempo acostado.

Realizó un par de ejercicios con sus extremidades hasta que su corazón comenzó a latir acelerado. Disgustado por su poca resistencia, Sasuke decidió dejar sus ejercicios por el momento. No se arriesgaría a perder la conciencia nuevamente y quedar dormido durante quién sabe cuánto tiempo. Debía estar atento, afinar su oído y tratar de escuchar algo, aprender de su enemigo e intentar entender sus planes.

Y tal vez descubrir si tenían o no algún tipo de relación con los malditos de Mizuki y Madara. Porque si era así no esperaría ni un minuto más. Se levantaría en el mismo momento en que lo descubriera y juraba por su familia que acabaría con todos ellos de la manera más dolorosa posible.


El compilado de hierbas aromáticas que había dejado durante la tarde para relajarlo no había dado resultado.

Sakura no sabía si despertarlo o simplemente esperar a que se calmara por si mismo.

El solo verlo ahí, retorciéndose entre las cobijas, sudando profusamente y mascullando palabras ininteligibles provocaba que su corazón latiera acelerado y de cierta forma, sintiera el dolor que él parecía estar sintiendo. ¿Qué cosa tan terrible estaría soñando? Sakura no lo sabía. Nunca había visto a alguien sufrir entre sueños de esa forma, pues ni su padre, ni su hermano, ni Naruto o Kakashi alguna vez habían tenido pesadillas de ese tipo.

"Solo los que se avergüenzan de lo que han hecho"

La chica se estremeció al imaginar qué cosa tan terrible habría hecho el hombre frente a ella como para estar siendo atormentado de ese modo. ¿Sería por él? ¿O tal vez por alguien más?

Su mente le decía que se alejara, que debía mantener distancia entre ambos, por su propia seguridad. Era peligroso permanecer ahí, el ninja podría despertar en cualquier momento en un estado alterado y abalanzarse sobre ella para terminar lo que ya había intentado varias veces y esta vez nadie podría ayudaría. Pero su corazón, ese que guiaba gran parte de sus acciones y que generalmente la metía en problemas por ello, le decía que se quedara. El hombre frente a ella, el mismo que de día parecía emanar un aura de peligro y poseía los ojos más negros que Sakura jamás hubiera visto, ahora simplemente era un muchacho joven, aterrorizado, envuelto en una pesadilla de odio, miedo, frustración y otras cosas negativas que hicieron que un nudo se formara en la garganta de Sakura.

Quería ayudarlo de alguna forma, pero no se le ocurría cómo. Ella no sabía nada sobre él, ni siquiera había conseguido su nombre. El ninja era completamente reticente a querer colaborar con ellos y eso era un gran problema.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, impotente por no saber qué hacer para ayudarlo. Porque no importaba que él fuera un aparente enemigo, ella no podría dejar a nadie sufriendo de esa forma.

Lentamente, se acercó más hacia él y tomo su mano con cuidado, trazando suaves círculos con el pulgar sobre el dorso de su mano para después estrecharla con cuidado. Dio un sobresalto al sentir que era apretada con fuerza, casi desesperado por sentir de manera inconsciente algún tipo de apoyo. Eso hizo que el nudo en su garganta creciera y sus ojos ardieran aun más. No lo pensó demasiado cuando entrelazó los dedos de su mano con los del ninja de cabello negro y rodeando su antebrazo, lo llevó hasta su pecho para estrecharlo con fuerza, tratando de transmitir algún tipo de confianza o calor corporal o lo que se que fuera que lo ayudara a despertar o a calmar su mente de lo que sea que estuviera sufriendo.

Nuevamente escuchó un nombre escapar de su boca, pronuciado con tanto dolor que Sakura estuvo segura que se trataba de alguien cercano a él, familia tal vez, que había partido de ese mundo. Lo sabía porque ella había llamado a su padre y su hermano de la misma manera durante las noches posteriores a su muerte.

Era algo que al menos tenían en común. Aunque viéndolo ahora, mientras su respiración poco a poco iba calmándose, Sakura no veía el supuesto demonio del que todos hablaban, veía a alguien mucho más humano que la mayoría de los hombres que la rodeaban, acostumbrados a no demostrar nada, sometidos por un estricto código moral.

Y cuando el chico al fin logró abandonar el estado alterado en el que estaba y su pecho comenzó a subir y bajar a un ritmo acompasado, Sakura dejó escapar el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta. Con manos temblorosas, apartó los cabellos que caían desordenados sobre su cara y se quitó su propio haori para acomodarlo por encima del resto de las cobijas, asegurándose de cubrirlo casi completamente. Le tocó la frente con cuidado para acomodarle el cabello una última vez y permaneció mirándolo por varios segundos, admirando lo perfilado de su nariz y las facciones de su rostro, que incluso a través de la escasa luz de la vela, mostraba una ligera palidez.

Satisfecha, Sakura respiró profundamente y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. Podía sentir la ligera capa de sudor que los nervios habían formado sobre su frente y usó la manga de su yukata para secarla. Una nueva respiración y se dio un par de golpecitos contra las mejillas. Bien, ya estaba todo bien ahora. Mañana sería otro día, uno que esperaba fuera mucho mejor.

Ya se había levantado y estaba a pocos pasos de la puerta cuando las campanas colgadas en la entrada de su aldea resonaron estrepitosamente, enviando un escalofrío desde la base de su columna hasta su cabeza.

—¡¿Qué…?!

Su corazón comenzó a latir acelerado. Era una señal de alerta, algo había pasado. Las manos comenzaron a temblarle y el estómago se le apretó en un nudo.

Casi de inmediato volteó a ver al ninja que estaba a su cuidado, descubriendo unos ojos negros que brillaban en la oscuridad, clavados directamente sobre ella. Estaba despierto. Estaba despierto y la miraba fijamente, casi atravesando su cabeza, ni siquiera parecía parpadear. ¿En qué momento se despertó?

Pero entonces Sakura escuchó unos pasos acercándose a ellos y sin siquiera pensar apagó la vela y se dejó caer junto al ninja de cabello negro. Sus rodillas golpearon pesadamente el suelo de madera y se deslizó un poco sobre la superficie pulida, pero los nervios le impidieron sentir algún tipo de dolor. Sin perder ni siquiera un segundo, gateó hasta llegar al muchacho y le cubrió la boca con una mano, mientras que el resto de su cuerpo estaba casi recargado contra él, buscando evitar que se moviera o hiciera algún ruido.

Podía sentir su intensa mirada sobre ella, aun en la completa oscuridad de la habitación parecían arrojar un brillo rojizo, pero se obligó a ignorarlo. Su cabeza martillaba con el ruido de las campanadas que resonaban por toda la aldea, la algarabía de los pobladores y los pasos que cada vez se acercaban más hacia ellos.

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso ahora los estaban atacando a ellos? ¡¿Pero cómo?!

El corazón latía acelerado, sentía los intentos de su huésped para quitársela de encima, pero Sakura había conseguido un perfecto agarre de hierro sobre él y no pensaba moverse. Debían permanecer ocultos el mayor tiempo posible hasta que alguien fuera por ellos.

"¡Naruto… Kakashi-san…!"

Solo rogaba porque estuvieran bien, no podría soportar si algo les pasara a ellos. Shikamaru vivía con su familia, estaba segura que con su padre se protegerían entre ambos y estarían fuera de peligro, pero sus otros amigos vivían solos. Si se trataba de alguna emboscada entonces…

"¨Por favor… por favor"

Los ojos comenzaron a arder por la desesperación de no saber qué pasaba y estuvo a punto de levantarse para investigar, pero entonces una voz resonó en la oscuridad y el alma de Sakura regresó a su cuerpo.

—¡Sakura-chan!


chan chan! ¿Quién es el que apareció al final? Jjaja, bueno, creo que es obvio. :P Bien, espero que les haya gustado. Trataré de actualizar mis demás historias ahora que el bichito de la actualización me picó, jiji.

Un abrazo y cuidense todos.

Matta ;)

Como he dicho, la cosa irá lentita aquí, los dos son de mundos diferentes y se conocieron en la peor de las circunstancias, así que no esperen que el amor arda con la intensidad de mil soles tan rápido, jajaja. Pero en el siguiente capítulo ya hay más interacción SS, Sasukito ya se podrá levantar por fin y deambular por ahí, esperemos que no con fines malvados.

Bye byee