Nota del editor

Estimado lector,

El libro que tienes en tus manos, o, defectiblemente, inserido en tu rueda neural, es una traducción a la lengua española del "Diario de Hipo", un manuscrito encontrado en unas excavaciones arqueológicas realizadas en los alrededores de las ruinas del asentamiento vikingo de Hovgârden (Isla de Björkö, Suecia) durante el verano de 2085. El equipo de investigadores, dirigidos por mí, encontró el manuscrito en un baúl de madera ya podrida enterrado junto a un túmulo cercano a la costa. En su interior, además del texto que pronto leerás, había también varios amuletos de metal muy deteriorados por el paso del tiempo y unas joyas todavía sin determinar, de color negro azabache que, muy sorprendentemente, conservan su fulgor.

Las pruebas practicadas al manuscrito evidenciaron que en efecto se trata de un documento que data aproximadamente de finales del siglo X o principios del XI, tal y como afirma el autor, y que no es una de las muchas falsificaciones de textos vikingos, hechos muy posteriormente, que se han encontrado en los últimos tiempos en infinidad de excavaciones, sembrando la confusión y la frustración entre los especialistas.

No obstante, desde el departamento que presido puedo asegurarte, querido lector, que el manuscrito que encontramos es auténtico. Consta en total de ciento nueve hojas de pergamino frotadas con piedra pómez y ablandadas con yeso, con pequeños agujeros practicados en los bordes con un estilo muy fino para trazar las líneas de guía. Se trata, por tanto, de la misma técnica utilizada por los monjes copistas durante toda la Edad Media.

El texto está escrito mayoritariamente en nórdico antiguo mediante el Futhark joven, el alfabeto rúnico escandinavo que empezó a desarrollarse a partir del año 800. Por ello, en primer lugar, este hallazgo es de vital importancia para nosotros los estudiosos de esta época, porque la mayoría de escritos rúnicos que han sobrevivido hasta nuestros días son estructuras formulares muy simples y repetitivas exclusivamente grabadas en piedras rúnicas. Las sagas escandinavas, los cánticos vikingos y los escritos mitológicos fueron recopilados muchos años después por cronistas cristianos, en latín, hacia el 1300 o 1400, mucho después de la cristianización definitiva de Escandinavia.

El descubrimiento de este manuscrito, sin precedente alguno, revela que los vikingos también desarrollaron profusamente la palabra escrita por medio de largos compendios de textos, y que incluso tuvieron el hábito de la escritura individual en forma de diario, registrando uno a uno los acontecimientos de la vida cotidiana, formando una reflexión en torno al lenguaje y sus posibilidades de expresión que sorprende hoy en día por su modernidad.

El estilo del autor (que se denomina a sí mismo Hipo Horrendo Abadejo III) es también desconcertante, pues utiliza una disposición narrativa llena de toques irónicos, pensamientos íntimos y largas y profusas descripciones de las gentes y lugares que frecuentaba el autor. En ese sentido, el manuscrito podría ser entendido casi como una novela con carácter autobiográfico, no sólo por el uso inédito de la primera persona, sino también por el contenido psicológico y culto del propio texto. Estas características, aunque ya anunciadas en algunos poetas de la época imperial romana, son completamente impropias de la literatura medieval, y no llegarán a desarrollarse plenamente hasta los siglos XVII y XVIII.

Por si fuera poco, el texto está plagado de anotaciones y expresiones escritas en latín, por lo que se deduce que el autor conocía esa lengua y tuvo algunos contactos con las civilizaciones clásicas del mediterráneo. De hecho, el autor hace constantes alusiones a elementos cristianos y paganos, ambos interrelacionados en el texto sin que eso suponga una contradicción para el autor: durante las batallas, o en momentos de especial adversidad, Hipo no duda en pedir ayuda al Dios cristiano, a la Virgen María, a Odín o a Freyja. También escribe sobre la celebración de unas ceremonias semanales que él llama «consagración del pan», que podría ser una rudimentaria versión de la eucaristía, pero también hay muchos gestos y rituales presentes en su sociedad con una clara inclinación pagana. Por lo tanto, los especialistas han deducido que la cristianización de la isla se hallaba todavía en un progreso incipiente, y que la población local mezclaba creencias de las dos religiones sin distinguir una de la otra, percibiéndolas como un gran sistema unitario.

Sin ir más lejos, en varias ocasiones el mismo Hipo se declara a la vez «Siervo de Cristo» y «Adorador de Thor», unas denominaciones que, aunque confusas, nos dan una idea del confuso sistema de creencias que dominaba en la isla.

Respecto a la localización exacta de Isla Mema, los especialistas no logran ponerse de acuerdo, y lo cierto es que estamos a años luz de descubrir cualquier indicio vagamente aclaratorio. Hipo no nos da pistas de su posible ubicación, señalando simplemente que se encuentra muy lejos de las costas noruegas y bastante cerca del círculo polar, por lo que hemos deducido que la isla se encontraba al norte de las Feröe, al oeste de Islandia y al este de Noruega. La ausencia absoluta de tierra emergida en esa región desmiente categóricamente esta hipótesis, pero no descartamos que Isla Mema fuera sepultada bajo las aguas en algún momento posterior a los hechos narrados, cosa que explicaría por qué no aparece en ningún registro de la época. No obstante, ahora lo único que podemos hacer son conjeturas.

Los nombres cómicos con los que el autor designa a algunos lugares y personajes (su propio nombre, el de la isla o los de sus amigos) podrían ser invenciones del propio Hipo, hechas para ridiculizar a las personas sobre las que escribía, algo así como una broma privada. Desde luego, la clase de nombres que encontrará el lector en el texto no eran en absoluto comunes durante la época vikinga.

Por otro lado aparece la cuestión de los dragones. Son muy mencionados a lo largo de todo el texto, y de hecho, uno en particular tiene un protagonismo más que relevante. Según las descripciones del autor, su apariencia es similar a la imagen tradicional de estas bestias mitológicas: enormes reptiles alados con cabezas triangulares que son capaces de escupir fuego por la boca. Desconocemos en absoluto si su presencia es meramente alegórica o si en efecto Hipo está escribiendo sobre dragones reales, en cuyo caso estaríamos ante la primera prueba histórica de la presencia de dragones en la tierra, un descubrimiento que, no obstante, debe ser cautelosamente analizado por la comunidad científica antes de clamar su certidumbre. Pero es innegable que, a pesar de los numerosos intentos, jamás se han encontrado restos de dragones de ninguna clase, y que sería biológicamente imposible que un animal tan pesado fuera capaz de volar. ¿Son únicamente producto de la imaginación de Hipo, o realmente existieron? Las inúmeras referencias colectivas a ellos nos hacen inclinarnos hacia la segunda hipótesis. Sin duda, las investigaciones continuarán su curso.

También es destacable mencionar que Hipo no hace referencia alguna a la presencia de esclavos en la isla, y que de hecho afirma explícitamente que su sociedad ha dejado de lado la práctica puramente vikinga de hacer incursiones en los reinos medievales europeos y saquear y asesinar a sus habitantes. Los especialistas apuntan a este cambio de mentalidad por la influencia del cristianismo, y también debido a la infatigable lucha contra los dragones, que al parecer no les dejaba tiempo a los coetáneos de Hipo en pensar en mucho más, como él mismo se queja en varias ocasiones.

En la traducción del manuscrito hemos decidido conservar algunas palabras del nórdico antiguo que hacen referencia a conceptos y tradiciones de la sociedad vikinga que no tienen una traducción directa a nuestro idioma. Asimismo, hemos señalado con la cursiva los pasajes escritos en latín en el manuscrito original.

Por último, me queda señalar una extraña coincidencia. El argumento de la obra está lleno de correspondencias y desconcertantes paralelismos con una película de producción americana de principios de siglo, Cómo Entrenar a tu Dragón (2010), dirigida principalmente al público juvenil. El film, a su vez, está basado en la novela homónima escrita por Cressida Cowell en 2003. En diversos análisis lingüísticos y semióticos se ha percibido que la coincidencia entre los tres argumentos es destacable, pues aparecen los mismos personajes, ubicaciones, situaciones, y en ocasiones incluso los mismos diálogos. Se trata de un misterio más que se suma a los miles que atesora este enigmático manuscrito, que confiamos, querido lector, que nos ayudes a desentrañar.

El "Diario de Hipo" es la historia de un joven, un joven peculiar que descuella entre sus semejantes, y no precisamente por sus virtudes en el combate. Es un relato de autoaceptación, superación y grandeza humana y… ¿Dragonesa? Por desgracia, nuestra lengua aún no dispone de un adjetivo semejante.

En cualquier caso, sólo me queda desearte en nombre de todo el departamento una feliz lectura, y que Hipo, ese personaje que se levanta desde las brumas más lejanas de la historia, te aporte tanto conocimiento y verdad como lo ha hecho a nosotros.

Calhan Ellery

Director arqueológico del Departamento de Historia Nórdica

Universidad Central del Rin

Septiembre de 2089