¡Estoy de vuelta!

Ha pasado una eternidad desde mi último fanfic y, en medio de este encierro global, el peor pretexto que puedo inventarme es "no tener tiempo". Así que decidí que ya era momento de darme un momento a solas para escribir; que bien merecido lo tengo.

Esta idea es un poco extraña y hay una explicación: la ví en un sueño. Fue raro al principio, pero se quedó en mi cuaderno hasta hoy, que por fin la pulí y le dí vida. Está situada en una Zootopia un poco más steampunk; con artefactos modernos pero un aire de los 40's. Y no se preocupen, solo serán un par de capítulos.

Se las dejo y espero su opinión.

Y solo como una aclaración, Zootopia pertenece a Disney.


Era una noche muy oscura, una de esas que son tan profundas que ni siquiera la luna se digna a salir. Probablemente hasta el astro lunar sabía lo grave de la situación y había tomado la prudente decisión de permanecer escondido. Puede que fuese un pensamiento demasiado poético para una batalla tan brutal como la que estaban enfrentando pero, por alguna razón que ni él conocía, Nick no pudo evitarlo.

Fue muy entrada la madrugada cuando las alarmas habían despertado a todos en el cuartel. Una emergencia nivel omega se desataba en la ciudad y, como siempre sucede en la guerra, realmente era como si todos ya la hubiesen estado esperando.

-Hay un escuadrón enemigo sobrevolando la ciudad- informó Benjamín Garraza, analista táctico de las Fuerzas Armadas de Zootopia, con la mirada clavada en la computadora del radar. –Se sospecha que su carga puede ser una variedad de armas y municiones. Los de inteligencia creen haber interceptado un mensaje de emergencia, solicitando su traslado inmediato

-¿Emergencia?- el General Bogo miraba fijamente a su subordinado. -¿Qué clase de llamado de emergencia se hace por armamento?

-No sé con certeza, Señor- Ben levantó la mirada del computador. –Fue lo último que pudimos captar. Han cortado comunicaciones; están volando a ciegas.

La expresión de Bogo reflejaba su desconcierto. Definitivamente era algo grave si un escuadrón completo volaba a ciegas sobre la capital enemiga.

-Con que quieren ser irrastreables...- dijo en un tono mordaz, apretando su puño contra su escritorio. Sin embargo, al mismo tiempo soltó una aterradora sonrisa de satisfacción. –¡Y por eso cometen la más grave de las imprudencias!

Todas las miradas de los presentes estaban fijas en él.

-No importa que sea- esa voz segura y despreocupada los tomó a todos por sorpresa. Casi de inmediato, las miradas pasaron a posarse en la dueña de la misma: Judith L. Hopps, piloto estrella y la líder de escuadrón más joven que se haya conocido hasta ahora. Había sido la última en llegar a la sala de comando y había permanecido prácticamente en un rincón, completamente sumida en sus pensamientos. Pero solo uno de los presentes la había observado con suficiente atención como para notar esos detalles.

Con su acostumbrada seguridad, la piloto se acercó al General y, mirándolo fijamente, solo dijo:

-Nos haremos cargo.

Unos pasos detrás de ella Finnick Fennec, uno de los pilotos de su escuadrón, negaba con la cabeza con una sonrisa, sabiendo que la determinación de su líder era tan cuestionable como su prudencia. El General Bogo también lo sabía; solo ella iría en una misión suicida sin pensarselo ni 2 segundos, así que su mirada fue más allá de esos fríos ojos violeta y se posó en el único al que ella escucharía.

Y le bastó cruzarse con ese par de ojos verdes llenos de determinación por 2 segundos para saber la respuesta definitiva.

-De acuerdo- asintió segundos después, mirando a la piloto –Tienen permiso para despegar. ¡De inmediato!

-Sí, señor- respondieron todos al unísono, dirigiéndose cada uno a su tarea.

Los presentes en el centro de comando se dispersaron mientras Judy comenzó a gritarle órdenes a un grupo de pilotos, quienes se reunieron a su alrededor para escuchar su estrategia.

Todos los movimientos de los pilotos de la Fuerza Aérea de Zootopia estaban orientados prácticamente al 100% alrededor de su dupla estrella: Judith Hopps y su segundo al mando, Nicholas Wilde. Eran los mejores y de eso nadie tenía ninguna duda, a pesar de ser más jóvenes que la mayoría de los miembros de las fuerzas armadas. Ambos sabían manejarse ante la guerra con un temple y determinación que sorprendían a muchos y se encargaban de esas misiones a las que muchos temían y que eran consideradas como imposibles; la mayoría de las ocasiones con resultados más que satisfactorios.

Justo antes de desaparecer por la puerta que lo llevaría hasta su vehículo, Nick le dirigió una significativa mirada a Judy. Le parecía extraño verla ahí, desempeñándose en su rol de líder con tanta naturalidad después de tanto tiempo, manteniendo la misma sonrisa del primer día en que se conocieron. Era como si todos estos años no hubieran pasado, como si esas batallas no hubiesen ocurrido; no tenía miedo y mucho menos duda. No era como él, que pasaba todo el tiempo deseando que esta situación terminase pronto y pudiesen volver a cómo eran las cosas antes.

Suspiro. No; claro que nunca volverían a ser como antes. Porque antes todo lo que hacía era vagar por las calles de Zootopia ideando estafas y ahora peleaba en una guerra; porque su vida ahora solo transcurría entre entrenamientos y peleas, y no había tiempo que perder en sueños o fantasías. Porque antes no miraba a su líder por lo que parecían horas, deseando que ella le regresará la mirada al menos una vez.

-¡Hey, Wilde!- la potente voz de Finnick lo despertó de su ensoñación. Lo miró inexpresivo y él, con una media sonrisa, le indicó con un movimiento de cabeza que debían moverse.

Fue como si todo se volviera borroso a partir de ese momento. Y ahora aquí estaba, dejando que su mente pensara cursilerías mientras un escuadrón enemigo se encargaba de hacerlos trizas.

-¡A tu izquierda!- el gritó de Finnick en el comunicador en sus oídos lo hizo reaccionar, permitiendo que hiciera una maniobra evasiva justo a tiempo para evitar morir calcinado. Solo pudo escuchar una explosión a sus espaldas, mientras sacudía su cabeza para enfocarse de nuevo en la batalla.

-¡Ojos al frente, Wilde!- no podía entender como la voz de Judy podía seguir tan calmada. -¿O qué acaso no quieres volver a casa en una pieza?

-Puede que no sea tan malo- respondió, soltando una sonrisa de lado. -Solo piensalo Zanahorias; podría conseguir el doble de dinero si me faltara un brazo o una pierna.

Se oyó su resoplido y él amplió su sonrisa. Ella odiaba ese apodo. Si hubiera estado ahí, seguro le habría soltado un golpe.

-Siempre buscando el lado bueno...- al oír el sarcasmo en su voz casi pudo verla poniendo los ojos en blanco.

-Ya me conoces. Soy un espíritu positivo.

Por un segundo le pareció que a Judy se le escapa una risa y un calidez lo llenó por completo. Si tan solo no estuvieran en una situación de vida o muerte, sería un momento perfecto.

-¿Quisieran dejar de coquetear por un segundo y ayudarme?- la voz de Finnick interrumpió sus pensamientos. -Algunos queremos estar completos cuando este maldito conflicto termine.

-Tranquilo Fin- dijo Nick. -No hay nada que pueda pasar que yo no pueda...

Apenas iba terminando la frase cuando, muy cerca de él, se escuchó un estallido terrible. Se giró, viendo como una parte de la ciudad comenzaba a arder como el infierno.

-¡Una bomba!- exclamó.

-Lo sabía...- escuchó que Judy decía, apretando los dientes. -Solo un montón de cobardes atacaría en la oscuridad...

El escuadrón a ciegas había sido solo una distracción. El verdadero objetivo era claro: debilitar a la capital de Zootopia y vencerla de una vez por todas. Nick sintió como apretaba los controles con toda la fuerza de su ira; esto era demasiado.

-Hay que cubrir el mayor perímetro posible- se escuchó la orden de Judy. -Alejarlos de la ciudad es nuestra prioridad.

Pero era obvio que no sería sencillo. Ambos escuadrones aéreos se encontraban en fuego cruzado, buscando derribar al otro para lograr su cometido. Defender o morir; fue el único pensamiento que cruzó la mente de Nick. Sin embargo, una sombra que le pasaba por encima logró atraer su atención.

-¡Viene otro!- exclamó al ver al enorme bombardero, que volaba a mayor altura del conflicto para lograr su horrible cometido.

-¡Cubranme!- la voz de Judy lo dejó helado ante la anticipación.

Como si estuviera en una pesadilla, vio cómo el avión de ataque de su compañera hacía un giro extremo y se lanzaba en picada contra el bombardero. En el comunicador se escuchó a todos en el escuadrón hacer una expresión de sorpresa.

-¡Hopps, regresa!- el General Bogo los seguía desde tierra, pero no habría hecho falta un comunicador para escuharlo con lo potente de su grito. -¡Retoma la formación en este instante!

Nick la conocía lo suficiente como para saber que había apagado su comunicador, sabiendo perfectamente lo que hacía. Vió al avión apuntar directo al bombardero y supo que debía intervenir. Prácticamente por inercia, movió los controles y giró su vehículo, siguiendo a su compañera.

-¡Wilde!- el gritó del General retumbó en sus oídos. -¡Detente en este instante!

Era una locura; una idea completamente suicida. Pero no podría vivir con él mismo si la dejaba sola.

Todo pasó en un instante: el avión de ataque de Nick empujo al de Judy, a una velocidad tal que ambos vehículos se estrellaron contra el bombardero. Los 3 aviones se prendieron en llamas y comenzaron a perder altitud, cayendo sin control hasta perderse en el espeso bosque de los límites de la ciudad.

Se veían las columnas de humo a la distancia y Finnick sintió esperanza por un segundo. Sin embargo, tras unos minutos, el bombardero y su carga finalmente estallaron, lejos de la ciudad pero cerca de los vehículos de Nick y Judy.

Todos contuvieron la respiración. Sabían que la guerra era así, pero aún así dolía bastante.


Judy se jactaba de no haber dudado de ninguna decisión jamás en su vida. Tenía determinación y valentía (su madre decía que también algo de locura), y eso la había llevado a unirse a la fuerzas armadas apenas había escuchado del inicio del conflicto. Nadie había confiado en una pequeña coneja, pero había probado que ser ágil y pequeña era de gran utilidad, en especial en una situación de tal magnitud. Amaba a Zootopia y la defendería, en especial por todos los inocentes que no tenían la oportunidad de hacerlo.

Mientras caía en picada hacía el bombardero, sabiendo lo fatal de su destino, ese era el único pensamiento que le cruzaba la mente. La guerra es sacrificio; y uno de los más terribles. Sin embargo, el ver el avión de Nick ir directo hacia ella la distrajo de sus fatales "pensamientos finales".

-¡¿Qué diablos haces?!- gritó, a pesar de que sabía que él no la escuchaba.

Su avión llegó a su lado y ambos impactaron el bombardero. Comenzaron a dar vueltas de forma enloquecida, en una confusión de las alarmas y luces de emergencia. Comenzó a buscar entre su asiento, guiada solo por el tacto, hasta encontrarse con la palanca de eyección.

-Más vale que leas mi mente, zorro idiota...- dijo para sí, sintiendo un nudo en el estomago al pensar en su compañero.

Segundos después estaba en el aire, aferrada a su asiento que era llevado sin dirección gracias al viento en el paracaídas. Para su alivio, no muy lejos de ella notó a un zorro en las mismas condiciones. Él volteó a mirarla y le sonrió, mientras una herida en su frente le llenaba el rostro de sangre; sintió una alegría inexplicable pero sólo pudo fulminarlo con la mirada.

Apenas tocaron el suelo ambos sabían que solo contaban con segundos antes de que la carga del bombardero hiciera explosión. Prácticamente aún en el aire, Judy se quitó el cinturón de seguridad y saltó, corriendo con todas las fuerzas que sus piernas le permitían para alejarse de la que podría ser su muerte. No muy lejos de ella, escuchó que otros pasos se unían a su huida.

-¿Una carrera, Zanahorias?- dijo Nick en un tono ahogado y ella no pudo evitar poner los ojos en blanco.

-¡Solo muévete!- le respondió en un grito rasposo, mirando ligeramente por encima de su hombro. La columna de humo aún se veía muy cerca.

Se detuvo. En el estado en el que estaban no era posible que lograran alejarse del radio de la explosión. Miró a su alrededor buscando opciones; en ese bosque no había mucho donde refugiarse.

-Debemos ir bajo tierra- le gritó a Nick, quien estuvo a su lado en un par de segundos.

-¡Imposible!- respondió él. -En el bosque no hay refugios anti-bombas...

Ella seguía mirando desesperadamente a su alrededor, frustrada por no ser poseedora de visión nocturna.

-¡Una cueva!- gritaba, moviéndose y mirando hacia cualquier dirección. -Debe haber una por aquí... ¡Busca!

Una terrible migraña limitaba la concentración de Nick, pero sabía que debía hacer un esfuerzo. Su visión nocturna era la única remota oportunidad de supervivencia que tenían.

-¡Por ahí!- exclamó y Judy se lanzó en la dirección indicada en menos de 3 segundos, con él pisándole los talones.

Apenas habían dado unos pasos dentro de la cavidad rocosa, un horrible estruendo los lanzó al interior. Escucharon las rocas caer a su alrededor y Judy solo cerró los ojos, dejándose llevar por la oscuridad.