Epílogo

A través de una ventana entra la vista de un atardecer una mujer arrulla a un bebé hasta dejarlo en el cunero de la blanca habitación.

En el centro de otra habitación iluminada por velas en lo que parece ser un recinto sagrado se encuentra una sacerdotisa de largos cabellos azabaches con un kimono de finas y largas telas en color blanco con flores y hojas en tonos rojos y marrones y labios en el mismo tono se encuentra rezando fervientemente.

—Colmillo de Acero protege a nuestras tierras, a todos aquellos que rezan estando bajo tu protección y a nuestro fiel servidor quien te empuña en batalla. Escucha los rezos de tu sacerdotisa... (un presentimiento detiene los rezos de la agotada sacerdotisa)—Un rugido se escucha junto con el sonar de una explosión, y el llanto de un bebé comienza a resonar en la casona.

Un fornido hombre de cabellera plateada sujeta en una coleta baja, vestido en un traje rojo con armadura negra que cubre su torso y hombros entra en por el umbral de la mansión. Sus orbes dorados buscan por toda la sala mirando entre los sirvientes que vienen a recibirle hasta que da con la sacerdotisa que esperaba ver.

— Mi señor ha llegado con bien.

Inuyasha quien ya se ve algo mayor al igual que su mujer que ya muestra los encantos de una preciosa dama de 20 años con voz profunda e inclinándose frente a ella desenvainando su espada pide— Por favor bendice mi llegada sacerdotisa de Musashi.

La azabache procede a juntar sus manos y comenzar una oración haciendo que el Colmillo de Acero brille, mientras que el oijidorado se levanta y vuelve a guardar al colmillo de acero entregándosela a la sacerdotisa quien la coloca dentro de su recinto espiritual.

—Bienvenido a casa mi señor. (Inclina un poco la cabeza e Inuyasha toma un mechón de su largo cabello para oler el aroma a jazmines que despide el cabello color ébano).

Acto seguido todos los sirvientes dan la bienvenida a su lord, a lo cual el asiente en gesto de saludo —¡Preparen todo para la cena!

—¡Si señor!—responden entusiasmados ya que su región se encuentra segura nuevamente gracias a sus señores.

La sacerdotisa se retira y se dirige hacia la habitación donde se encuentra el pequeño bebé siendo cuidado por la misma mujer de antes, mientras su esposo le sigue.—Sayuri, muchas gracias yo me haré cargo de Inu-no.

—Si Señora!, permiso Señor— al salir de la habitación la cara de Inuyasha por fin se destensa y se echa en el suelo.

—¿Estás agotado verdad?

— ¡Keh! ¡No me ha costado nada!

—Te olvidas que soy yo quien reza por tu seguridad en combate, se perfectamente cuando una batalla es dura para ti, y esta lo ha sido para ambos.

El peliplata se acerca con rostro de preocupación a su mujer que mira con devoción el cunero frente a ellos— Kagome... perdóname ... he sido yo quien te ha hecho esforzarte demás, he debido acabar con él antes... discúlpame— dice con un dejo de dulzura en su ronca voz mientras toma entre sus brazos a su pequeña mujer.

— Inuyasha, mi deber es proteger tus tierras y a ti también...

—Pequeña insolente, nunca aprenderás a ser menos temeraria, sabes que debes descansar después del parto de Inu-no, tan solo eres una humana que ha tenido que parir a un fuerte hanyou— decía con tono de regaño pero a la vez no pudiendo evitar sonreír con orgullo ante la mención de su primogénito.

—¡Pero Inuyasha...!— le contesto como solía hacer cuando eran más jóvenes, pero pronto fue callada con un beso de su peliplata.

— Tonta...—susurra separando sus labios— entiende de una de una vez que tú eres lo más importante que existe en mi vida , si te pierdo no sería capaz de seguir viviendo.

Kagome se sonroja completamente y sonríe dulcemente sin dejar de ver a su amado—Inuyasha...

— Adoro que jamás has sido capaz de dejar de sonrojarte cuando estoy a tu lado— dice posando su mentón sobre la cabeza de ella.

—¡ Tonto!— le da un leve golpecillo en el pecho.

—¡Auch!...

— ¡Lo sabía!, lo ves, te han dado una paliza!.

—Kagome... yo le he dado la paliza ¿ese demonio esta muerto y yo vivo no es así?

—Pues sí... ¡pero debí haberte curado las heridas llegando, pero eres un testarudo!— el pequeño Inu-no de también cabellera plateada y orejitas como las de su padre, comienza a llorar con el grito de su madre— ¡Y ahora has despertado a mi pequeño Inu!

El padre orgulloso suelta una estruendosa carcajada— ¡Pero si has sido tú mujer!

— Inuyasha... ahhh, que haremos con tu padre mi querido Inu... no puedo esperar a que crezcas para que le patees el trasero a tu padre.

El pequeño bebé comenzó a hacer pucheros y a reír causando las sonrisas de su padre y de su madre llenando de alegría la habitación. Se escucha un golpe en la puerta e Inuyasha permite la entrada.

—Mis señores la cena está servida.

—En seguida vamos.

La mujer hizo una reverencia y espero a que sus señores salieran para ir detrás de ellos y cuidar del pequeño príncipe. uando la noche cayó y la luz de la luna inundo el cuarto en el cual InuYasha reposaba con su amada esposa, suspiró y mentalmente dio gracias a quien le hubiese dado tanto en su vida, su preciada Kagome, su amado hijo, buenos amigos por los cuales seguía velando al igual que las tierras de la región de Musashi que los aldeanos le habían entregado a cambio de su protección y la de la sacerdotisa que había destruido al temible Naraku y la terrible perla de Shikon.

Ahora tenía una familia a la cual proteger, un lugar al cual llamar hogar y por fin dejar todos los momentos difíciles y duros por los cuáles habían tenido que pasar para poder estar al fin juntos. Aún no entendía como Kagome le repetía y le juraba que volvería a pasar por toda su vida sin cambiar nada con tal de estar a su lado. Pero por ella daría su vida.

FIN.

Nota de la Autora: Chicas, chicos! Lectores silenciosos! Aquellos que me regalaron su valiosa opinión, quienes me han acompañado desde el año pasado con esta historia! Muchísimas Gracias! Espero nos leamos luego.

Cariños y un beso!

Moon Skin.