Nos cedamus amori
- ¿Visita? – preguntó pasmado, pero Marina no iba a quitarle el suspenso.
- Que la disfrutes Erik, ahí me cuentas como salió todo – sin esperar su respuesta, Marina se dirigió de regreso al palacio con Arias para disfrutar de la noche, mientras Erik, estaba nervioso por lo que había en esa habitación sus manos sudaban con la incertidumbre de entrar o no entrar, sin embargo, sus pies se movían solos y terminó abriendo la puerta la cual estaba iluminada con pocas velas para que nadie pudiera ver desde afuera y al ajustar sus ojos a la penumbra vio a una mujer con cabello oscuro y chino.
- ¿Chr…Christine? – llamó tartamudeando, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Erik – la voz tímida y sorprendida de su esposa le volcó el corazón y ambos corrieron a su encuentro terminando en un hermoso abrazo lleno de pasión y alegría – Erik, mi cielo – sollozó Christine, mientras se aferraba a su esposo como si la vida se le fuera en ello – no puedo creer que estés aquí – Erik, la cargó y dio vueltas sin poder detener sus lágrimas de alegría y le agradeció a los dioses que finalmente lo dejaran reunirse con el amor de su vida.
- Christine, creí que no te volvería ver en esta vida – le dijo entre besos y ella respondía a ellos como si fuera la última vez que lo volviera a ver – estaba tan asustado de que Raulo, te hubiera convertido en su esclava y que jamás me permitiría entrar a sacarte de ahí.
- Estoy bien, amor mío, el Emperador me llevó ante la princesa y me convertí en su esclava, pero ella es una persona noble y nos trata bien – le explicó lo más rápido posible ya que sabía que su marido había sufrido mucho a manos de diferentes esclavos y más en Persia con un sha muy soberbio y cruel – sé que no es un ambiente ideal, pero al menos, no me enviaron a algún prostíbulo o a…. – continuó explicando, pero Erik, la interrumpió con un beso profundo y lleno de necesidad.
- Christine, mi bello ángel, sé que el ambiente de esclavos no es de mi preferencia, sin embargo, me mantiene cerca de tu alcance para poder estar contigo lo más que pueda en lo que logramos salir de aquí – sus frentes se juntaron y sonrieron mientras saboreaban de todo el tiempo que pudieran sin importar que fueran prisioneros del imperio – esposa mía, te tengo noticias, ¿recuerdas todas las historias que te conté sobre mi estancia en Nápoles y mi estadía con la reina Marina? – Christine, asintió mientras Erik le secaba las lágrimas – Pues te tengo la noticia que, ella y los reyes de Sicilia y Cartagena hicieron alianza para destruir a Palpatine y han estado disfrazados todo este tiempo para sorprenderlo – Christine, abrió los ojos de recibir tan dichosa noticia y abrazó a su esposo con alegría, lamentablemente su tiempo se había acabado y Christine, debía regresar a sus aposentos para evitar sospechas, sobre todo que andaban noticias de que Raulo, el hombre que los expuso enfrente de Palpatine, andaba merodeando por Roma para obligar a Christine a casarse con él y a seguir humillando a Erik, hasta el punto en que se muriera y así ser el triunfador del premio mayor.
- La princesa había mencionado algo sobre la reina, pero no sabía que ella estuviera justo aquí – confesó acariciando los hombros de su amado – Erik, esposo mío, creí que Raulo, te enviaría todavía más lejos de que yo pudiera soportar y que jamás te volvería a ver y por algún milagro de los dioses, ellos me enviaron a ti o al revés, porque sabían muy bien que lo que esos dos hombres hicieron es una injusticia y no iban a permitir que nos separaran….pero ten cuidado, mi guardián, hay rumores de que él está merodeando por la ciudad buscando la oportunidad de llevarme y obligarme a casarme – le advirtió temblando, lo que hizo que Erik, la abrazara con más fuerza, intentando protegerla de alguien que sabían que era muy peligroso.
- Esta vez, no voy a permitir que te arrastre a sus intrigas, además tenemos una ventaja, Raulo esperaba que el Emperador te otorgaría como su premio por haber enfrentado al monstruo, pero eso nos dio una ventaja, Palpatine, te tomó como esclava y eso no le permitirá tan fácil llegar a ti, primero deberá enfrentarse al mismo Palpatine, para poder tomarte como esposa, ya que los esclavos del Emperador son sólo para el palacio y a menos de que demuestres mala conducta o pagues tu libertad, sería muy difícil que un esclavo salga libre, no lo digo para lastimarte ni nada, amor mío pero es una ligera ventaja que tenemos en lo que Raulo intenta hacer algo y en lo que seguimos luchando por salir de aquí.
- Te entiendo cariño, no te preocupes por eso, sólo espero que no intente hacer algo estúpido en el proceso y que nos termine matando a ambos – suspiró molesta de tan sólo pensar en lo que Raulo, los hizo pasar antes de conocer a Erik y durante su matrimonio.
- Christine, cuando nos casamos te hice la promesa de que te protegería hasta que la muerte nos separara, le pedí a los reyes que si encontraban a Raulo, que me dieran la oportunidad de lidiar con él….ya que él te hizo daño durante nuestro noviazgo y matrimonio, hasta el punto que usó su carisma para convencer al Emperador de que yo era un monstruo y cuando Palpatine, vio detrás de la máscara no le quedó duda y nos separó pensando que para siempre, sin embargo, los dioses nos han dado la oportunidad de encontrarnos y no voy a permitir que ni Raulo ni nadie se atreva a separarnos de nuevo – le prometió con un beso en la boca – ahora, anda, nuestra reunión ya llegó a su límite y no quiero que los guardias imperiales empiecen a pensar que te escapaste ¿ok? – le dijo sin dejar de abrazarla – Te prometo que haré lo más que pueda para visitarte ahora que soy guardia en el palacio también.
- Lo que te hace ver cada vez más guapo aún, mi amado caballero, tú siempre has estado ahí para protegerme y con este uniforme me hace sentir aún más segura – le bromeó coqueta a lo que provocó un sonrojo en su marido.
- Christine, sabes bien que no soy nada atractivo para nadie – le dijo avergonzado, aunque ya no era lo mismo como antes.
- Shh…mi ángel, para mí eres el hombre más hermoso que haya pisado el mundo y ni siquiera los dioses se pueden comparar contigo, no me importa lo que los demás digan – le confirmó con otro beso antes de dirigirse a la puerta – tú eres mi Erik, con o sin deformidad y nadie va a cambiar eso – Erik, le dio un beso en la mano y así, ella se dirigió a sus aposentos con una gran sonrisa en los labios mientras Erik, se recargaba en la puerta de sus aposentos intentando no despertar a su compañero – descuida mi amor, no volveremos a estar solos nunca más – susurró Christine, cuando estaba dentro de la seguridad de su cama. A la mañana siguiente, la princesa Padmé y Susanna, estaban caminando con Lucinda y Christine, alrededor de los jardines platicando, pero justo cuando iban pasando por los árboles, Christine, vio a la persona que menos quería ver en este mundo – Raulo – suspiró.
- ¿Qué dijiste, querida? – preguntó Susanna, cuando escuchó la voz de Christine y al verla pálida, se preocupó - ¿Qué pasa, Chris?
- El hombre que nos separó a mí y a mi marido está ahí adelante – todas las mujeres voltearon y efectivamente, justo atrás de unos árboles se encontraba Raulo de Babilonia, hablando tranquilamente con el Lord de Iliria, Christine, se escondió lo más pronto posible para evitar que el hombre la viera e intentara hacer algo antes de que pudiera recuperar su vida con Erik - ¿por qué? ¿Por qué justo cuando estoy recuperando mi vida y a mi esposo tiene que aparecer él? – se quejó intentando no llorar enfrente de las nobles.
- Descuida, él no podrá llevarte, no lo permitiré – le aseguró Padmé, quien estaba tratando de cubrir su embarazo con vestidos un poco gruesos, aunque aún no se notaba, no quería arriesgarse a que cualquiera pudiera notar alguna diferencia en su abdomen y avisarle a Paolo – además, estando en el palacio, no puede tomarse esas libertades sin pasar por encima de Palpatine o de Paolo, no quiero sonar cruel, pero como esclava de Roma, le perteneces a Roma y mi suegro no permitirá que le falten al respeto.
- Eso no me preocupa, my lady – le contestó preocupada – el problema es que Raulo sabe cómo manipular una situación a su favor y lo que quiere es quedarse conmigo en venganza a que no me quedé con él, ya logró convencer a Palpatine, de que mi esposo era un monstruo peligroso por sólo ser deforme y porque sabe mucho de estrategias tanto de guerra como de asesinar gente, gracias a su tiempo en Persia….si logró hacerlo una vez, cómo podré estar a salvo cuando Palpatine, sea quien dé la orden de que me vaya con él – Padmé y Susanna, se miraron angustiadas, sabiendo que lo que decía era correcto, una vez que Palpatine diera la orden de que Raulo, se la pudiera llevar, no habría fuerza que pudiera hacerlo cambiar de opinión.
- Entonces tendremos que asegurarnos de que Raulo, jamás logré convencerlo – confirmó Susanna mirando en dirección a Raulo y al otro lord, que estaban caminando hacia el otro lado hacia el palacio – descuida, Christine, no voy a dejar que este tipo se salga con la suya y menos ahora que tu esposo y tú tienen la oportunidad de estar juntos nuevamente, descuida mis hermanos y yo, no dejaremos que eso pase – le prometió segura, mientras Padmé, también se las ingeniaba para darle una mala impresión a su suegro.
- Necesitaremos pruebas en su contra, no podemos llegar con nadie diciendo cosas sin probar lo que decimos….bueno, sí podríamos, pero al final, podríamos ser descubiertas y quedaríamos mal enfrente de todos, Christine, ¿existe algo que pudiéramos usar en contra de tu ex prometido? – le preguntó mientras volvían a dar el recorrido a lo largo de los pasillos, teniendo cuidado que nadie las escuchara hasta que estuvieran seguras en sus aposentos.
- Hay muchas cosas majestad – contestó Christine susurrando – pero no creo que sirva de mucho.
- ¿Por qué no? – inquirió consternada Lucinda.
- Raulo, tiene muchas influencias y aunque sigue intentando conseguir la confianza del Emperador, él tiene a mucha gente a su disposición y puede hacer parecer que él es inocente y los demás somos los responsables de cosas que él hizo – respondió rendida, sabiendo cómo hizo lo mismo con su esposo hace meses.
- Bueno, para eso estamos nosotros, al igual que él nosotros también tenemos a mucha a gente a nuestra disposición que está dispuesta a buscar respuestas en contra de las personas corruptas que sólo buscan su propio beneficio y con esa información, lograremos esparcir rumores sobre todo lo que nos tengas que decir y eso, lo espantará porque a él seguramente sólo tiene interés en su reputación ¿no es así? – Christine, asintió intentando no llamar la atención – Pues mientras lo que tú nos digas sea cierto, entonces nuestros informantes hallarán todo rastro escondido que él haya ocultado y lo haremos escarmentar de miedo por todo eso para que sepa que no va a salirse con la suya fácilmente – le prometió y Christine les contó de lo que sabía y que también su esposo había descubierto antes de que ella decidiera irse con él.
(La noche anterior en el muelle)
- Todos en posición – la voz de Salvatore dirigiendo a sus hombres se escuchaba levemente en el bosque, los guardias que vigilaban el muelle se encontraban alerta pero descuidados ante el peligro inminente que estaba por ocurrir.
- Los hombres de Maul, ya están cerca de los guardias en tierra – le informó un soldado que estaba a su lado y Salvatore asintió en silencio, esperando a que los germanos atacaran con rapidez. En menos de dos segundos, los dos guardias cayeron inconscientes de un solo golpe y al no haber hecho ruido ninguno de los vigilantes se inmutó ante la conmoción.
- Avancen en silencio, no queremos dar alerta a los demás – la legión rebelde se fue acercando paso a paso cuidando de no pisar ni una sola rama u hojas para prevenir a los romanos – escuadrón águila, comiencen el asalto al este, escuadrón Beta al sur, todos los demás vigilen la retaguardia, no vaya a ser que alguien llegue de improviso y advierta a los vigilantes – los hombres obedecieron sin dudar y actuaron como lo mejor de lo mejor del Imperio y los demás seguían guardando silencio en lo que uno a uno los romanos iban cayendo inconscientes, mientras que el resto de los guardias seguían sin tener una idea de lo que pasaba, Maul iba lidereando a sus hombres atacando de la misma manera y hacía que varios de ellos intercambiaran armaduras para que nadie sospechara nada – Siberius, mantén el frente posterior si alguien llega, disparen con discreción y no permitan que haya soplones, ¿entendido? – el hombre nombrado asintió y su grupo se dispusieron a distribuirse a lo largo del bosque en busca de visitas inesperadas. Mientras tanto, el resto de los soldados siguieron a Salvatore hacia el resto del muelle, uno a uno los guardias originales iban cayendo mientras los rebeldes ganaban terreno hasta que llegaron a la tienda del comandante del muelle – Señor, tenemos un problema aquí – habló de forma urgente para hacer que el oficial saliera de su cómoda morada.
- Y ¿ahora qué sucede cayo? – salió cansado, pero al ver de frente a su oponente sus ojos casi se le salían de su cabeza - ¿quién eres tú? – preguntó sin saber lo que había transcurrido.
- Digamos que he venido a suplantarlo…..permanentemente – Salvatore, le contestó serio y sonriendo sarcástico.
- ¡Guar…! – intentó gritar, pero Savage fue más rápido y le puso una mano en la boca para que no pudiera gritar.
- Sh, sh, sh, sh no grite oficial, porque no queremos hacer una escena aquí y menos cuando todos sus hombres han cambiado de turno – le advirtió irónico y el comandante no captaba lo que le estaba queriendo decir su enemigo – de ahora en adelante, el puerto principal estará bajo la protección de mi legión y de los germanos y ni siquiera intente hacer nada, comandante…porque tenemos ojos y oídos en todos lados y si uno de sus hombres intenta advertir al imperio, no sólo él morirá de inmediato sino que usted y el resto de sus hombres ¿me entendió? – el comandante intentó zafarse del agarre de Savage, pero el germano era más fuerte que el romano.
- No le servirá de nada señor, nuestros hombres han superado a su legión y ahora, su bello imperio se encuentra indefenso ante algún ataque – le dijo Savage, quien esperaba a que uno de los guerreros terminara de encadenar al oficial – oh y si estaba pensando en usar el cuerno de alerta, le advierto que yo mismo me encargué de él – los hombres se rieron y el oficial empezó a sentir pánico finalmente.
- ¿Por qué haces esto? ¡Estás traicionando a tu nación a tu Imperio, traidor! – le escupió a Salvatore quien no se inmutó por su acto infantil.
- Se equivoca, comandante, el Imperio no es mi nación y por lo tanto, voy a vengar a las personas que su dichoso Imperio, mató por querer conquistar más tierras y sobre todo, su amado Emperador, ya tiene los días contados porque no tiene ni la menor idea de que está apunto de ser traicionado por sus seres más cercanos y usted ni sus hombres podrá impedirlo – eso último se lo dijo de frente lo más claro que pudo – los dioses ya se cansaron de las estupideces del Emperador y el tonto de su hijo y le dio el poder de destruirlos a su pueblo….pero debemos asegurarnos de que su misión sea completada – describió irguiéndose – llévenlo y a sus hombres a diferentes partes del imperio lo más lejos posible de Roma, no los quiero juntos, a él pónganlo sólo, sin su comandante los legionarios pierden toda iniciativa y lo primero que harán es que si logran escapar deberán encontrar a su líder y esperar a que él les de indicaciones – explicó mientras sus hombres empezaban a llevarse a los hombres inconscientes.
- ¿Cómo sabes tú eso? Mis hombres son los mejores – le refutó fastidiado – nunca vencerán al Imperio, óyeme bien, su plan jamás triunfará y el Emperador les cortará la cabeza y yo seré el más afortunado de ser quien se las quite.
- Oh, pero en eso te equivocas, amigo – habló Maul por detrás de Salvatore – el Imperio ya cayó, porque en el momento en que se adentró en la trampa de los dioses, su arrogancia y soberbia serán sus peores enemigos y su perdición ya está escrita – le habló con sutileza lo que hizo enfadar más al comandante – y te aseguro que si los dioses son los que predisponen el final del tirano, le aseguro que ni él ni nadie podrá salvarlo de su destino ¡DUÉRMANLO! – ordenó con las manos en su espalda – y llévenlo a Mempfis, ahí hay alguien que lo está esperando con gusto – dijo sardónico y sin tardanza, los germanos dejaron inconsciente al romano y se lo llevaron a una carroza para trasladarlo al barco – debo reconocer que sus tácticas son bastante buenas, centurión….ahora lo que falta es asegurarnos de que los barcos lleguen sin ningún problema y preparar todo para el viaje de huída.
- Cierto, mientras tanto, tus hombres como los míos mantendremos el muelle vigilado hasta dentro de unas semanas, el día del torneo deberá pasar sin problemas para poder lograr escapar – ambos asintieron y con eso Maul, se retiró con sus hombres hacia su campamento para hacer los preparativos finales del ataque y revisar los movimientos del tal Nerón – Daniel, iré a la capital para dar el informe a sus altezas, hasta el día del torneo, todos ustedes estarán a cargo de la vigilancia del puerto, en caso de que alguien los cuestione, muestren este documento firmado por el Emperador, eso nos dará ventaja hasta que el ataque finalmente se consolide – todos los hombres asintieron y se dirigieron a sus puestos, finalmente la misión está en marcha y muy pronto la libertad del mundo estará al alcance de todos.
