Disclaimer: "She-Ra y las Princesas del Poder" son propiedad de Noelle Stevenson y producida por DreamWoks Animation para Netflix, siendo a su vez, un reboot de "She-Ra: The Princess of the Power" de Filmation.
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Marginados.
Acto I: Soldados De Hierro.
Regdar Blackstrand.
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7. Fuerzas Tácticas Y De Ataque (Parte II)
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Adora entra al pequeño salón proporcionado para el escuadrón, notando que todos los demás integrantes ya se encuentran ahí. Obligando a su dolorido cuerpo a moverse, toma asiento en la única silla disponible junto a Lonnie, al lado izquierdo, al derecho se sientan Scorpia y Rogelio; ella les da un pequeño saludo.
Mientras se mueve en la silla, en busca de una posición más cómoda, piensa en lo que ha ocurrido en estos últimos días. Ha pasado una semana desde que Scorpia y el capitán Darvan se integraron en el escuadrón ocho, y tal cual como dicen los rumores, el capitán ha sido brutal con ellos. Desde entrenamiento que sobrepasan los límites de su antiguo entrenamiento, hasta combates cuerpo a cuerpo con Darvan siendo su oponente, que solo demuestra el por qué él es un capitán.
Adora se estremece cuando su ojo derecho palpita, todavía hinchado por el severo puñetazo que no logró evadir a tiempo. El capitán Darvan no ha tenido misericordia, barriendo el piso con ellos con una facilidad absurda; la única que puede seguirle levemente el ritmo, es Scorpia.
Maldita sea, esa semana solo deja claro que, a comparación de los capitanes, ellos aún tienen un largo camino por recorrer si quieren tener la mínima esperanza de sobrevivir una vez sean colocados en la primera línea de ataque de la Horda.
Sin embargo, agradece el hecho de que, con su agenda tan ocupada, ya sea entrenando hasta que su cuerpo no soporte más, o siendo golpeada hasta convertirse en una sangrienta masa morada y jadeante, no ha tenido mucho tiempo para detenerse y dejar que su mente regrese al hecho de que Catra ya no está a su lado.
—Muy bien, soldados, comenzaremos con la primera orden del día —informa Darvan, entrando al salón con una tableta electrónica en su mano izquierda—. Este día descansaremos del entrenamiento y el combate —dice, ganándose un suspiro de alivio colectivo de todos ellos—, sin embargo, nos centraremos en un tema de igual importancia: las fuerzas tácticas. Para que un escuadrón sea eficiente, necesitan dominar este arte con la misma facilidad con la que combaten en el campo; de nada sirve ser un soldado competente en la lucha cuerpo a cuerpo o con armas, si no sabe crear una buena estrategia que lo guíe a la victoria.
Adora centra su atención en el alto hombre, que se acerca a una pizarra colocada en el centro, en una posición que permite que los presentes puedan ver su contenido sin mayor problema. Darvan toma una tiza y comienza a escribir, primero el título "Fuerzas Tácticas" en grande, y abajo, en letras más pequeñas "la diferencia entre una sólida estrategia y lanzarse de cara".
—Fuerzas tácticas, la diferencia entre una sólida estrategia y lanzarse de cara. Es vital que cada uno de ustedes tenga conocimientos básicos sobre la creación de buenas estrategias, incluso si el escuadrón no es de dicha área. Una mente aguda capaz de crear un plan ordenado, sólido, que sea capaz de tomar en cuenta los pros y los contras, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte—Darvan comienza a pasearse de un lado a otro, sus ojos fijos sobre ellos—. Este día, estudiaremos una clave vital que será de mucha utilidad para mejorar su agudeza estratégica.
El capitán dirige su atención a la tableta, segundos después, la pantalla se enciende. Él procede a mirar fijamente, sus ojos moviéndose cada pocos segundos.
—Tema del día de hoy: conocer a tu enemigo —declara tras un minuto de silencio—. Conocer al enemigo es sumamente importante si se quiere realizar una estrategia exitosa. Sin embargo, hoy analizaremos un enemigo invisible e impredecible: ustedes mismos.
Adora parpadea confundida, una rápida mirada le revela que los demás también se encuentran en su mismo estado. ¿A qué se refiere el capitán? ¿Por qué considera que ellos son enemigos invisibles e impredecibles?
Antes de que su mente pueda procesarlo por completo, su brazo se alza, captando la atención de Darvan.
—¿Dime, Adora?
—Uhm… ¿a qué se refiere con analizar a nuestra propia persona? —pregunta con nerviosismo, aún no acostumbrada a lo imponente que es el hombre. Shadow Weaver podrá tener su magia, pero Darvan se lleva el premio a intimidación visual.
Hay un momento de silencio, y ella está a punto de empezar a disculparse por cruzar una línea, cuando la voz de Scorpia la interrumpe.
—Analizarse a sí mismo, así como al resto de los miembros del escuadrón, ayuda a elaborar una estrategia mas sólida y realista. Conocer tus habilidades y vulnerabilidades, puntos fuertes y débiles, hacen que seas consciente de cuáles son tus limitantes, lo que puedes hacer y lo que no. Así evitas ponerte en una situación estúpida en la que sólo acabarás lastimada.
Darvan le da una leve sonrisa a Scorpia.
—Exactamente. Tal como dijo Scorpia, antes de conocer a tu enemigo, tu objetivo, primero debes conocerte a ti mismo. ¿Alguno de ustedes es bueno con las armas que permiten el combate física o prefieren las armas de largo alcance? ¿Prefieren la fuerza o la inteligencia? ¿Alguno tiene dotes de liderazgo? ¿Pueden ser sigilosos o se les da fatal? ¿Son lentos o rápidos? ¿Son capaces de trabajar en equipo o buscan un entorno más solitario? Esas son algunas de las preguntas que deberían hacerse —comenta, acercándose a un escritorio lleno de papeles, saca algunas hojas en blanco junto con unos lápices y camina hacia ellos para entregarle una a cada uno—. Por ahora, quiero que piensen, analicen y anoten sus fortalezas y debilidad, habilidades y aquello que se les de mal. Sean honestos, recuerden que este estudio personal pueden ser vital si desean sobrevivir en está guerra, hagan eso mientras yo me encargo de algunos asuntos.
Darvan sale del salón, dejando al resto del escuadrón a solas, el silencio roto por el sonido del grafito rascando el papel. Adora mira a su izquierda, observando como Scorpia no pierde tiempo en hacer lo que el capitán les ha pedido, una de sus tenazas agarra con delicadeza el lápiz mientras, con una inesperada destreza, escribe con facilidad en el papel.
Regresa su mirada a su propia hoja en blanco, las palabras del capitán se reproducen en su mente, encontrando la lógica en ellas. Realmente, conocer sus propios límites podrían evitar hacerla caer en una situación para la que no está preparada. Además, saber cuáles son sus debilidades, la ayudarán a ver en qué debe de enfocarse.
Si no puedes reducir tus debilidades, trabaja con tus fortalezas.
Esas fueron las palabras que Catra le dijo hace tres años atrás, cuando empezaron su entrenamiento más avanzado y Adora descubrió que, sin importar cuanto lo intentara, no podía ser sutil.
Catra.
Adora aprieta sus manos en puños hasta sentir que las uñas se clavan en su piel, en un intento por mantener a raya la ira que brota desde lo más profundo de su ser ante el recordatorio de que Catra ya no esta. Qué Catra le fue arrebatada por dos princesas, Glimmer y Frosta, dos nombres que se han grabado con la fuerza del fuego, quemando su alma ante el constante recordatorio.
Esas dos princesas le arrebataron su mundo.
El fuego ruge en su ser, alimentando la rabia ardiente que amenaza con devorarla y que la tienta a cometer una estupidez. Cuánto desearía marchar hacia Brightmoon y el Reino de las Nieves, con el único objetivo de mostrarle a esas dos princesas todo el dolor que le han causado al haberle quitado lo más valioso de su vida.
—¿Adora? —la voz de Lonnie la regresa a la realidad, voltea su cabeza hacia su compañera, quien le da una mirada preocupada, al lado de la morena, mirando por encima del hombro, Rogelio también la observa—. ¿Te encuentras bien?
Estoy bien.
Es lo primero que aparece en su mente, pero su garganta se niega a dejar salir esa asquerosa mentira. Ella lo sabe, no está bien, no lo ha estado desde el día en que Darvan dio la horrible noticia de la muerte de todo los soldados del contingente, de la muerte de Catra y Kyle.
Mentir, ella se está mintiendo a sí misma y a los demás.
Es como un círculo vicioso, mentira tras mentira, todos, de una manera u otra, mienten. Lonnie al poner esa actitud fría, pero que cuando cree que nadie la ve, la tristeza se apodera de ella, Rogelio buscando ser indiferente cuando en realidad se preocupa por los demás, Kyle, fingiendo que no le afectaban las críticas… Catra, ocultando todo su malestar en aquella actitud altiva, fría e indiferente.
Y Adora… volteando hacia otro lado, fingiendo no darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor, creyendo ingenuamente que mientras lo ignorara, todo seguiría bien. Tan estúpida e ingenua que se cegó a sí misma para protegerse de la realidad, ¿habría cambiado algo si no hubiese sido tan ciega como para darse cuenta de lo que Shadow Weaver le hacía a Catra?
—Estaré bien —responde con una leve sonrisa, agradecida por la preocupación.
Lonnie la mira por unos segundos antes que un suspiro escape de sus labios, extiende su brazo y le da un par de palmadas en la espalda. Rogelio mueve sus manos, diciéndole "estamos aquí para ti, si necesitas hablar, te escucharemos" en el lenguaje de señas.
—Gracias, chicos.
Ambos le dan un pulgar arriba antes de regresar su atención hacia sus propias hojas de papel, comenzando a escribir lo que el capitán les había pedido. Adora lanza un pesado suspiro, tomando el lápiz y el papel que yacen aún en su regazo, una única palabra escrita en la parte superior que se apresura a tachar y empezar a escribir con determinación.
Quince minutos después, Darvan regresa, luciendo cansado y un tanto irritado, aún así, logra mantener su rostro inexpresivo mientras pide que le entreguen las hojas con sus respectivos estudios personales. Adora no lo nota al principio, pero cuando él se acerca a ella, ve unos cuantas chispas rojas que pasan por el brazo del hombre, imperceptibles para el ojo no entrenado.
Pero ella está demasiado entrenada en ese aspecto, habiendo visto esa misma reacción cada vez que Catra era castigada por Shadow Weaver. Esas chispas rojas son los rayos de la magia de la comandante, rastros dejados cuando son usadas para paralizar o electrocutar a sus objetivos, lo que la hace llegar a una sombría conclusión.
El capitán Darvan ha sido víctima de la magia de Shadow Weaver.
Se queda en silencio, sin saber cómo sentirse acerca del hecho de que incluso los capitanes no están a salvo de la hechicera. Así que simplemente observar en silencio los movimientos un tanto rígidos del hombre, entonces, él toma de nuevo la tiza y comienza a escribir los nombres de los reinos más importante de Etheria: Brightmoon, Plumeria, Salineas, Reino de los Nieves, Reino Viento del Sur y Dryl.
—En Etheria existen muchos más reinos, pero estos seis son los más importantes, así como el hecho de que estos fueron los fundadores de la "La Alianza de las Princesas" —el hombre se para al lado derecho de la pizarra, su dedo índice señalando conforme avanza en su explicación—. Brightmoon tiene de regente a la Reina Angella, apoyando por la heredera, la Princesa Glimmer. El reino de Plumeria es gobernado por la Princesa Perfuma, Salineas por la Princesa Mermista, el Reino de las Nieves por la Princesa Frosta y el Reino de Dryl por la Princesa Entrapta.
Lonnie levanta la mano, deteniendo la explicación del capitán.
—¿Si, Lonnie?
—¿Qué pasa con el Reino Viento del Sur?
Darvan da una siniestra sonrisa.
—Ese reino, anteriormente dirigido con las Princesas Spinnerella y Netossa, cayó hace aproximadamente siete años, fue uno de los primeros planes de Shadow Weaver como Comandante que resultó ser un éxito. Desde entonces, el lugar funciona como una de las bases de la Horda. Según tengo entendido, ahora ambas princesas se ocultan en Brightmoon —explica—. Ahora bien, el hecho de que ellas no tengan un reino, no significa que deban de tomarse a la ligera, ambas son los suficiente competentes para ser un peligro.
Por un breve segundo, Adora ve que el capitán luce reflexivo, como si acata de darse cuenta de algo que no había notado antes, pero pasa tan rápido, que cree que lo ha imaginado.
Las siguientes horas se pasan entre explicaciones respecto a los reinos, sus tácticas defensivas y ofensivas, así como lo que se sabe respecto a su infraestructura, siendo el Reino de las Nieves y Dryl como los dos únicos reinos de los que no se sabe casi nada. Y Adora se promete a sí misma que una vez sea ascendida a las filas principales, hará que eso cambie, ya que, el Reino de las Nieves ahora está en su punto de mira.
[…]
Existen dos motivos por los que a Entrapta no le gusta la idea de participar en las reuniones de la Federación de Dryl. La primera y más importante, es por el hecho de que casi nadie la toma enserio, la mayoría más enfocados en sacar a relucir sus defectos sin siquiera tener una base sólida para ello. La segunda, por la simple y sencilla razón de que tiene que dejar atrás su ropa habitual a favor de usar las vestimentas reales.
—Realmente odio esto —murmura con pesar, permitiendo que Zarkhil le ayude colocarse la chaqueta. Tyra, en cambio, sostiene la capa en su brazo izquierdo mientras busca las albardillas que la mantendrán sobre sus hombros—. ¿En verdad no puedo ir con mí ropa habitual?
Tyra suspira, agarrando las albardillas en su mano derecha. Él le lanza una mirada exasperada y divertida al mismo tiempo.
—Princesa, es parte del protocolo real que, en las reuniones de la Federación en las que el monarca esté presente, éste use el traje real. Ahora, normalmente debería de estar usando el vestido, pero como sabemos de su oposición a usarlo, le permitimos usar el traje —Tyra sonríe—. Solo será mientras dure la reunión, además, el traje le queda bien, princesa.
Entrapta suspira, resignada a tener que enfundarse en ropa elegante y que, sinceramente, no cree que quede bien con ella, por mucho que Zarkhil, Tyra y Jérka digan lo contrario. Siendo honesta consigo misma, le encanta el traje real: las botas y los pantalones negros, el cinturón blanco, la camisa manga larga bizantino, la chaqueta negra con tirilla de algodón blanco en el cuello, la capa blanca sujeta por la albardilla en cada hombro, los cuales tienen unos fleco de color bizantino.
Sencillo, elegante y que demuestra la posición de poder de la persona que lo porta, con el único inconveniente de que deja sus manos desnudas para que el resto del mundo las vea. Fija sus ojos en ellas, llenas de cicatrices y callos, la mayor parte de su mano izquierda de un tono mucho más oscuro debido a la quemadura que sufrió su piel tiempo atrás.
Casi salta cuando siente la mano de Tyra en su hombro para colocar las albardillas para luego conectarlos al extremo superior de la capa y así asegurar de que se mantendrá. Una vez lo hace, él asiente con aprobación antes de pararse frente a ella.
—Muy bien, ya estás lista, Entrapta —declara Zarkhil, quien también usa una capa blanca sobre su uniforme habitual—. Sin embargo, me sorprende que quieras hablar con la Federación. ¿Algo que debamos de saber?
Ella les da una brillante sonrisa.
—Solo confíen en mí.
Ambos mueven la cabeza en un gesto afirmativo, y tras una última inspección de que todo esté en orden, los tres salen de los aposentos de Entrapta para comenzar su camino hacia el Salón de Guerra. Tal como lo esperaba, cuando las puertas se abren con un chirrido, todos los ojos de los miembros de la Federación que ya están ahí, se posan sobre ella.
Por un segundo, todo su cuerpo le grita que salga de ahí, pero ella se niega a dar un paso atrás. Es su reino el que estará en juego si no hacen nada al respecto, por lo que plantará cara.
—Buenos días, gracias por venir —saluda, dirigiéndose hacia su respectivo asiento. No sé pierde la mirada de envidia que un par de personas le envían cuando la ven sentarse en la silla tipo trono, con el escudo de Dryl estampado en la parte superior, el lugar del monarca.
—Princesa, es un gusto tenerla con nosotros por una vez —habla una mujer de la cual no recuerda el nombre, su comentario casual lleno de acusaciones—. ¿Puedo preguntar la razón por la que nos honra con su presencia?
El sarcasmo que gotea de cada palabra la eriza, incluso si para estas fechas debería de estar acostumbrada, aún causan que algo se renueva en ella. Reprime las ganas de decirle a la mujer que si tanto le molesta su presencia, que haga su maldito trabajo como se debe en lugar de solo sentarse y esperar que algo mejore.
—Hay una situación preocupante que se debe de abordar lo más pronto posible —habla tras una larga respiración.
—¿Una situación preocupante? —Tyra parece pensativo—. ¿Esto tiene que ver con nuestras tropas?
Ella asiente.
—Si. Tal parece que nos hemos enfocado tanto en mantener actualizada nuestras defensas, que nos hemos olvidado de la ofensa del reino —saca la tableta que está sobre la enorme mesa, con unos cuantos clic, las pantallas de las demás tabletas colocadas en cada puesto se iluminan—. Hice un análisis exhaustivo para evitar caer en un error, pero todo indica que no tenemos soldados en el área de Fuerzas Tácticas y de Ataque, todos los recuerdos, vivos y tecnológicos, se han destinado a las defensas de Dryl. Básicamente, el área táctica y de ataque se encuentra inhabilitada, lo que, a futuro, podría acarrear muchos problemas.
Tyra y Zarkhil se apresuran a leer el informe detallado que aparece en sus pantallas, el resto de los integrantes de la Federación también lo leen, algunos enviándole miradas de desdén cada ciertos segundos. Durante diez minutos, el silencio desciende sobre ello, cada uno de ellos centrado en el informe que indica, que Dryl está indefenso en esas dos áreas.
Un hombre de cabello y ojos marrones se levanta bruscamente de su silla, golpeando sus manos contra la mesa, con la suficiente fuerza para hacer vibrar la superficie.
—¡Esto es absurdo! —exclama—. Dryl es una fortaleza impenetrable, no hay necesidad de redirigir recursos a un área que claramente no necesitamos. ¡No hay forma de que la Horda pueda penetrar las defensas! —con un gruñido, la señala con el dedo—. ¡Esta es solo otra prueba más de que no sirve para gobernar!
—¡Silencio, Arc! —gruñe una mujer de largo cabello azabache y ojos negros—. En está ocasión, la princesa tiene un punto muy válido.
—¡¿Qué?! ¡¿Estás de acuerdo con esta estupidez, Gardenia?! —Arc se voltea hacia otro hombre sentado a su derecha—. Tú no está de acuerdo, ¿verdad, Sparks?
—Lo estoy.
El Salón de Guerra estalla en una avalancha de gritos y exclamaciones, las voces mezclándose unas con otras, haciendo que todo sea inentendible. Entrapta se queda en silencio, observando su alrededor con tranquilidad, habiendo anticipado que esto pasaría.
Por el rabillo del ojo ve que Zarkhil, Jérka y Tyra siguen sentados en sus sillas, con sus ojos fijos en sus tabletas. Por supuesto, confía en que ellos serán los racionales en todo esto.
—¡Silencio! —el estridente grito femenino corta la acalorada discusión. Una mujer de corto cabello gris, con una furiosa expresión en sus rasgos faciales, sus ojos azules mirándolos a todos, su cola y orejas erguidas en rabia contenida—. ¡Cierren la maldita boca por un segundo! ¡Estamos hablando de algo serio aquí, así que cállense y usen sus pocas neuronas para analizar lo que está escrito en ese elaborado informe! —golpea el puño contra la mesa—. ¡Dryl no es infalible, no existen las defensas impenetrables, los ataques de hace diez y cinco años atrás debería de ser prueba suficiente!
Arc se burla.
—Tú opinión es irrelevante, Spy, solo eres un soldado lisiado que no puede aportar nada más al reino, la única razón por la que sigues en la Federación es por un tecnicismo tonto.
—¡Cerraré tu puta boca metiendo mí bastón en tu cu-!
—¡Suficiente! —grita Tyra, interrumpiendo rápidamente la discusión antes de que se convierta en un ataque físico—. Hablamos de la seguridad del reino, este es un tema serio, así que les pido que sean profesionales.
A regañadientes, todos vuelven a sentarse, luciendo tensos, pero sin que nadie haga algún intento de comenzar otra discusión. Entrapta piensa que seguramente es debido a lo intimidante que puede llegar a ser Tyra, ella le da una sonrisa agradecida, la cual es devuelta por el hombre.
—Esto es serio —habla Zarkhil, con sus ojos aún en la pantalla de su tableta—. Incluso conociendo el problema, no creo que podamos encontrar una solución a corto plazo.
Eso llama su atención.
—¿A qué te refieres?
—Todos nuestros soldados han sido entrenados para ser la línea de defensa central de Dryl. Ellos son muy buenos defendiendo los muros y controlando la tecnología defensiva… pero me temo que en un mano a mano, serían derrotados sin problemas —informa Tyra, siendo el que tiene el mayor rango en las filas militares del reino—. Podríamos intentar entrenar a los cadetes más jóvenes en el área táctica y de ataque ya que apenas empiezan con el entrenamiento, y Zarkhil y yo podemos volver a tomar el manto de las Fuerzas Tácticas y de Ataque, aunque eso la dejaría sin protección, Princesa.
Entrapta hace una mueca. Realmente no le gusta la idea de tener protección, a pesar de que Zarkhil y Tyra son muy amables con ella. Pero tomando en cuenta de que es Entrapta quién hace en persona las entregas de materiales y equipo con sus dos socios comerciales, lo que significa que tiene que salir del reino, lo que la ha llevado a sufrir varios incidentes que han concluido con una nota sangrienta.
Entrapta es excelente en la tecnología, y sabe lo básico de la defensa propia, lo que no es suficiente para protegerse a sí misma y al valioso cargamento.
Mierda, no puedo quedarse sin escoltas, pero la seguridad del reino es más importante.
Si Zarkhil y Tyra se enfocan en entrenar a los cadetes, posiblemente puedan habilitar las Fuerzas Tácticas y de Ataque entre cuatro a seis meses, a cambio de que ella se quede sin protección. Caso contrario, dividiendo el tiempo de ellos dos para ser sus escoltas en sus salidas comerciales, el tiempo podría alargarse a un año.
Demasiado tiempo. Nunca se sabe cuándo atacará la Horda, necesitan estar preparados.
Los murmullos son solo ruidos de fondo mientras su mente se acelera en busca de una solución factible. Si tan solo pudiese encontrar a alguien que reemplace a Zarkhil y Tyra…
El recuerdo de las dos personas que yacen en la enfermería, recuperándose después de casi ser asesinados por la Horda, llega a ella con fuerza.
Su mente hace click.
¿Podría…?
Desde que ambos recuperaron el conocimiento, Entrapta ha estado manteniendo conversaciones breves, algunas veces con el tiempo suficiente para durar más de cinco minutos. Puede decir que esos dos chicos no son malas personas, solo tuvieron la mala suerte de criarse en un entorno equivocado.
También, está el hecho de que, cuando Catra y Kyle creen que nadie les presta atención, hablan en voz baja sobre lo que harán una vez estén completamente curados. Por lo general, trazan planes para sobrevivir debido a que no tienen un lugar al cual regresar.
Solos, valiéndose por sí mismos.
No es ingenua, sabe que que esta idea podría volver a morderle el trasero, pero igualmente, podría ser su mejor apuesta.
Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.
—¿Tiene algo en mente? —pregunta Tyra, siendo él y Spy, los únicos que no se han integrado a la serie de discusiones —que por fortuna, son más civilizadas—, y que ahora la miran—. Tiene esa cara de, tengo una idea.
Entrapta se ríe con nerviosismo.
—Si, tengo una —una pausa—, pero sé que no te va a gustar ni un poquito.
Tanto Tyra como Spy levantan una ceja, más no dicen nada, esperando a que ella hable.
—¿Qué hay de Catra y Kyle? Ellos podrían ser nuestra solución al problema de escolta.
Todas las voces se apagan, dejando un rotundo silencio en el Salón de Guerra. Entrapta estaría orgullosa de haber callado a todos los de la Federación, no obstante, tomando en cuenta lo que pasará a continuación, la resignación es su único sentimiento.
—¿Qué? —indaga Tyra, pálido y luciendo como si fuese a desmayarse.
Entrapta gime, sabedora de que esta reunión será muy larga. Ya extraña sus guantes y su overol.
