Renunciare por ti

1 hora…

½ día…

1 día….

2 días….

3 días….

1 semana….

Por más que hasta ese momento me había hecho la fuerte ante todos, mostrando mi mejor faceta de "Me importa un reverendo comino", cada vez que alguien tocaba el tema de Sasuke, la verdad era que había contado cada segundo desde el momento en que había salido de mi vida como un cobarde, ¿O era que yo lo había dejado ir como la cobarde?

En los pocos momentos donde me permitía ser completamente honesta conmigo misma, me confirmaba más y más cuanto había afectado la presencia del azabache en mi vida. Lo extrañaba tanto.

Si pusiera este pensamiento en palabras, lo más probable sería que aquel que las oyera pensara que era una terrible persona, pero a pesar de que lo conocía hacia pocos meses podía decir sin lugar a duda que le extrañaba más que a muchas personas que estuvieron en mi vida por años. El primer día sin su presencia me sentí más vacía que todos los días en los que Sasori desaparecía sin mayor explicación o sin importar que fuera una fecha especial.

Tenía ganas de dejar botado a un lado mi orgullo y salir corriendo a su apartamento, tirarme en sus brazos, decirle que lo amaba, que aquel beso no había sido un error, por el contrario, había sido la liberación de noches y noches soñando solo con él. Sin embargo, el dolor que me había provocado al desaparecer sin decir una sola palabra y saber que para él éramos un error ganaba terreno al momento de tomar mis decisiones.

El repique del interfono me regresó de golpe a la realidad, realidad en la cual debería estar atendiendo todo el papeleo del centro infantil en lugar de estar fantaseando con "Y si hubiera".

- Si Ran ¿Qué sucede?

- Doctora Haruno hay un hombre aquí que desea hablar con usted.

¿Un hombre? ¿Podría ser Sasuke? No, eso no era posible, Ran conocía bien a Sasuke. Lo conocía tan bien que la había atrapado más de una vez viéndolo con ojitos de borrego cuando pensaba que ninguno de los dos nos percatábamos. Ella definitivamente le dejaría pasar sin avisarme antes.

- ¿Sabes que desea?

- No doctora, me dijo que era un tema personal de suma importancia.

- De acuerdo, déjalo pasar.

Me levanté de mi lugar para apresurarme al encuentro del desconocido, para ser honesta tenía una venita de chismosa que siempre sobre salía en este tipo de situaciones.

La puerta del consultorio se abrió y atrás de Ran logré visualizar a un hombre algo entrado en años, alto. Su tez tan pálida, las bolsas amoratadas bajo sus ojos y sobre todo la mirada caída eran un mal preludió. No tarde mucho en sentir como mi corazón daba un brinco ante el miedo por lo que se avecinaba.

- Señor Fuji, por favor pase y tome asiento. – Me apresuré parar poder encaminarlo a la silla más cercana de mi escritorio. – Ran, por favor tráele un licuado de frutas y un sándwich de pavo.

- Señorita Sakura no es necesario.

- Claro que si lo es. – Volví nuevamente mi mirada a la chica. – Por favor y no tardes mucho.

- Por supuesto, con su permiso. – Mi asistente se apresuró, ella también podía intuir que algo grave estaba pasando.

- Insisto que no debió preocuparse señorita, lo que vengo a decirle es bastante rápido, no tardare mucho.

- Y yo insisto en que lo es, se nota que esta supremamente agotado.

- Ps si tengo algo de hambre, muchas gracias por la preocupación. – Levantó su mirada del piso para proseguir con su misiva. – Se imagina porque estoy aquí, ¿No es así?

- No hay muchos motivos por los cuales el mayordomo en jefe de alguien venga a pediatría tan intempestivamente, me hago una idea de que sucedió, pero creo que escucharlo de usted directamente será lo mejor para ambos.

El mayor sonrió de lado, inspiró todo el aire que sus pulmones fueron capaces, tomando algo de fuerza con ese movimiento. – La señora Chiyo a fallecido hoy por la madrugada.

Finalmente lo había dicho, aquellas palabras que llegaron como rayo a mi mente desde el momento que vi aparecer al mayordomo, las mismas que una parte de mi corazón guardaba la tenue esperanza que no fueran reales.

Mi vista comenzó a verse empañada por todas las gotitas traviesas de agua salada que se agolpaban en mis ojos luchando por salir y dejar un camino húmedo por mis mejillas. Dejé caer mi rostro entre mis manos, respirando lo más despacio que el impacto por tal noticia me lo permitió.

Tal vez para algunos mi reacción podría ser exagerada, al igual que al Uchiha tenía meses de conocer a la abuela Chiyo, ni siquiera había sido un año desde que Sasuke me la presentó. Pero al igual que con el azabache en ese tiempo fui conociendo a la anciana y tomándole mucho cariño. Ella era como una abuelita para mí. Durante mi vida no había tenido la oportunidad de convivir mucho con mis verdaderos abuelos, y al ser Chiyo una mujer mayor que tampoco tenía familia habíamos encontrado en la otra el lugar perfecto para el cariño fraternal.

Jamás podría olvidar las tardes que los tres compartíamos juntos tomando té mientras ella y yo nos burlábamos del gran hombre ante nosotras que hacía pucheros infantiles al notar que se vería obligado a tomar té en lugar de su acostumbrado y muy amado café negro. Incluso cuando Sasuke no podía yo tomaba algo de tiempo para viajar a los suburbios los fines de semana por algunas horas para poder compartir con la mayor experta en arte que había conocido, nuestra apreciación de aquellos regalos que en vida su amado esposo le había dado. Mucho menos tendría como agradecerle las palabras que me dio para que al fin logrará aclarar mi corazón respecto a Sasuke. Ella era la fan número uno de nuestra relación, solía decirnos que únicamente habían existido dos personas más perfectas la una para la otra que Sasuke y yo. Por supuesto, se refería a ella misma y su amado esposo. Ambos solíamos tomar con gracia sus comentarios, aunque muy en el fondo se me hacía un nudo en el estómago ante la "broma".

- Se encuentra bien. – el señor Fuji me sacó de mis recuerdos, por un momento olvide que no estaba sola, limpié mis lágrimas con un kleenex del paquete que guardaba en la gaveta superior del pequeño archivero a mi costado y retorne una vez más mi vista a él. – Lamento ser portador de malas noticias.

- Por el contrario, le agradezco infinitamente que se tomará el tiempo de venir hasta aquí para hacer de mi conocimiento el deceso de la abuela Chiyo. – Respiré para poder continuar. - ¿Dónde la estarán velando? Quisiera presentar mis respetos a sus familiares y estar con ella en los últimos momentos.

- Me temo que eso no será posible, mi señora pidió que el día de su muerte todo se hiciera de la forma más sencilla y rápida posible. Sus únicos parientes son unos sobrinos a los que no veía hace algún tiempo y que viven en la provincia. Igualmente, se les ha avisado, pero ellos no serán capaces de llegar hasta el jueves, por lo mismo se tomó la decisión de enterrarla sin pasar por el funeral.

- Si, entiendo. – De nuevo estaba llorando, me hubiera gustado poder decirle adiós.

En ese momento Ran llegó de vuelta con la comida que le había pedido. No dijo nada al ver nuestros rostros ensombrecidos, la chica tenía bastante tiempo trabajando conmigo y era plenamente consciente de cuanto me afectaban las muertes de seres cercanos. Ella como enfermera le parecía un poco difícil de comprender puesto que estábamos acostumbrados a lidiar con la muerte, pero respetaba mi dolor y me permitía expresarlo. Como bien me había dicho Sasuke, no era una diosa, era una humana y desde el día que escuche esas palabras me había permitido sentir el dolor con mí lado más humano.

El señor Fuji comenzó a devorar el sencillo platillo junto al licuado. Pobre hombre se notaba llevaba horas sin probar bocado, según sus palabras Chiyo había muerto en la madrugada y para ese momento ya pasaban de las cinco y media de la tarde, lo más probable es que llevará todo el día sin algo en su estómago que no fuera angustia.

El hombre tragó pesado y continuó. – Disculpe la imagen penosa que le estoy dando. El motivo para venir a verla no es solamente informarle del deceso. – Tragó otro bocado, este incluso más grande que el anterior. - Dentro de las últimas peticiones que me hizo la señora estaba que el día de su muerte no solo se les avisara a sus sobrinos, también quería que se les informará a usted y el arquitecto Uchiha que es de suma importancia puedan reunirse con su abogado.

- ¿Abogado? ¿Para qué tendríamos Sasuke y yo que reunirnos con su abogado? – Cuestione claramente confusa.

- No estoy facultado para responder a su pregunta, esos asuntos solo eran tratados entre la señora y el licenciado Takashi. – Dio el último sorbo que quedaba del licuado, limpió las comisuras de sus labios y prosiguió. – El abogado los recibirá a ambos el jueves a las nueve treinta de la mañana.

- ¿Pasado mañana? ¿Ambos?

- Así es, pasado mañana y en cuanto al arquitecto ya me reuní con él, está enterado de la situación y confirmó su presencia.

Sasuke iría, podría verle ¿Podría arreglar las cosas con él?

- Esta bien, confirme también mi asistencia.

Con toda la elegancia que lo caracterizaba, Fuji se puso de pie haciendo una leve inclinación en forma de agradecimiento.

- Una cosa más señorita.

- Si Fuji dime.

- No tengo forma de agradecerles a ambos por todo lo que hicieron por mi señora en estos últimos meses.

- ¿Pero qué dices Fuji? Nosotros no hicimos nada extraordinario.

- Se equivoca. La señora había estado muy triste desde que el señor se fue. Cuando ustedes llegaron a la mansión fue como si llevaran con ustedes de nuevo vida para mi señora, ella era muy feliz cuando sabía que llegarían a verla, era como una niña emocionada porque sus amigos llegarían a jugar. De nuevo sonrió, retomó el gusto por el arte, volvió a vivir. – Volvió a hacer una reverencia. – Muchas gracias, señorita.

Con ese último agradecimiento el mayordomo abandono las instalaciones. Pese que estaba realmente triste de saber que la abuela Chiyo ya no estaba más con nosotros, una parte de mi se sentía orgullosa y feliz de haber podido alegrarla. Sasuke nos había traído a ambas un motivo más para sentirnos en familia.

Los días pasaron sin muchas emociones más, había llegado el jueves. Me dirigía a la dirección que el señor Fuji había dejado para nuestra reunión con el abogado, me sentía invadida de dos emociones poderosas. Anticipación por saber que vería a Sasuke y miedo de pensar que las cosas no salieran bien y termináramos aún peor.

Me apresuré a la oficina 505, iba exactamente dos minutos atrasada. Odiaba la impuntualidad, pero no esperaba encontrarme con un accidente en el camino. Toqué el timbre y una suave voz pidió mis datos para finalmente permitirme el acceso.

- Señorita Haruno por favor pase, el señor Takashi los entenderá en un momento.

¿Nos atenderá? Eso quería decir que Sasuke estaba ahí. Mi corazón comenzó a correr, no que digo, comenzó a galopar hasta que la silla de la derecha se movió permitiéndome apreciar a su ocupante.

- ¡Sakura-chan, Hola!

Una mata rubia despeinada y unos brillantes ojos azules me dieron la bienvenida. Pero ¿Y Sasuke?

¿Dónde estaba Sasuke?

- Naruto, hola. – Intente creo de forma no muy exitosa ocultar mi clara decepción. - ¿Qué haces aquí? No esperaba encontrarme contigo.

- Supongo que no. – El rubio rasco su cabeza en clara pose de incomodidad. - Sasuke teme, tenía planeado asistir a esta reunión. Pero, ayer por la noche me llamó para pedirme que atendiera yo a la reunión como su representante. Al parecer a Kakashi se le hizo buena idea avisarle a última hora que debería cubrirlo en el cierre de un nuevo negocio al sur de Tokio. Salió de viaje hoy a las cuatro de la mañana.

- Lo más probable es que no quería encontrarse conmigo, usa el trabajo como excusa y a ti como tapadera.

- No, no, no. – Mi amigo movía frenéticamente sus manos por delante de su rostro. – No digas eso Sakura-chan, él sería incapaz de hacer algo así, sabes tan bien como yo lo comprometido que es. Simplemente esta vez le fue imposible no atender sus responsabilidades, compréndelo por favor.

Mis ojos empezaban a picarme por nuevas lágrimas. – Si comprendo Naruto.

Nuevamente el rubio se rasco desesperadamente la cabeza, estaba aún más incómodo, se agachó y dijo en un tono algo alto para mi gusto. – Por favor, Sakura-chan perdóname por mi comportamiento la última vez que nos vimos, no tenía ningún derecho a hablarte de la forma en que lo hice. Te pido que me comprendas, tú sabes que el teme es como un hermano para mí y me molesté al verle en el estado que estaba. Dije cosas que no debía, que realmente no creía, que no creo y estoy profundamente arrepentido.

Honestamente quede sorprendida por la explosión verbal de Naruto, habló tan rápido que no estaba segura si había logrado comprender todo el mensaje que quiso transmitirme. Lo bueno era que la idea principal si había quedado clara.

- No tienes nada por que pedir disculpas, no dijiste nada que no fuera cierto. – Bajé mi mirada hasta mis manos que jugaban con el dobladillo de mi blusa azul. – Actué mal y la consecuencia fueron tres corazones rotos.

- Te equivocas, no tiene por qué ser así. – Me tomó por los hombros para luego moverme levemente haciendo que mis ojos volviesen a toparse con los suyos. – No tiene por qué ser así, después de hablar con Sasori me queda claro que él erró en su relación, que te perdió y que los sentimientos ya no están más. Pero con el teme es diferente Sakura, él te quiere… No, es más que eso. Habla con él arreglen las cosas, dense la oportunidad que ambos se merecen para ser felices.

- Naruto, ¿Sasuke sabe que el compromiso con Sasori fue roto?

- No, no estaba seguro si yo era la persona correcta para contárselo. De igual forma lo intenté, pero cada vez que sacaba a colación el tema con él, me pedía que no lo mencionara más.

- Esa es la respuesta, Sasuke no quiere saber más de mí. Él no fue capaz de dejarme explicarle lo que estaba sucediendo, prefirió huir.

- No huyó. – Se apresuró a defenderlo. – Intentó hacerlo fácil para ti.

- Es lo mismo, se fue… Me dejó.

- Pero, escúchame Saku-

La conversación fue interrumpida de golpe por la intromisión de la persona por la cual nos encontrábamos reunidos ese día.

- ¡Buenos días, señorita Haruno y señor Uchiha! – Nos ofreció un apretón de manos en forma de saludo. – Es un gusto conocerlos, mi hombre es Tetsuo Takashi, abogado y representante legal de la señora Chiyo y su difunto marido.

- El gusto es nuestro. – Naruto fue el primero en tomar el control de la conversación. – Permítame presentarme soy Naruto Uzumaki, vengo en representación del señor Uchiha.

- Tenía entendido que ambos interesados se presentarían hoy. – El tono del abogado cambio de uno amable por otro más inquisitivo.

- Así es, pero debido a otro tipo de actividades que surgieron a último momento, tendremos que prescindir de su presencia, al menos por hoy.

Mi amigo manejaba la situación con maestría, pese que el hombre ante él era una persona con más experiencia y por ende con una presencia aplastante. Naruto en ningún momento retrocedió o perdió el temple ante la situación.

El rubio saco algo de su billetera que no alcance a reconocer en primera instancia. – Le entrego mi tarjeta de presentación y si lo necesita puedo enviarle el formulario para autorización de terceras personas con la firma del señor Uchiha.

Al parecer al veterano le había gustado la actitud de su colega, relajo su mirada y nos ofreció que tomáramos asiento.

- Bueno como ya es de conocimiento de ambos. – Inició el abogado de Chiyo. – La señora Akasuna falleció recientemente y como también saben tanto ella como su marido no tenían mayores familiares consanguínea, así que quiero leer el siguiente documento para ustedes.

11 de noviembre del año 20XX

En la notaría 2511 ubicada en la prefectura de Tokio siendo las tres de la tarde con cuarenta y cinco minutos del día 11 de noviembre del año 20XX, yo Akasuna no Chiyo de ochenta y tres años de sexo femenino, y estado civil viuda domiciliada en la 1ª avenida 6-74 distrito Konoha, poseedora del número de identidad 1020 35489 0101, estando en plenas facultades físicas y mentales actuando en mi nombre y representación sin ser coaccionada certifico ante los testigos que: una vez fallezca se entreguen y transfieran de manera inmediata todos los derechos sobre: Todas las piezas de la colección artística registradas bajo el nombre Akasuna, conformada por 56 pinturas y 32 esculturas según nombres y periodos históricos listados en el anexo correspondiente. Así como el inmueble registrado ante el Registro de la Propiedad en el libro 2498 folio 25 ubicada en la 1ª avenida 6-75 distrito Konoha, a Sakura Haruno y Sasuke Uchiha en partes iguales quienes por este documento son nombrados los únicos herederos de los bienes previamente citados.

A través de la presente certifico que la información que he suministrado es cierta, además solicito que se expida una copia de este certificado por parte de la notaría. Sin más que añadir, firmo el documento junto al testigo y la autoridad correspondiente.

Firma de quien otorga los bienes

Akasuna no Chiyo

Firma del notario o abogado

Tetsuo Takashi,

Firma del testigo

Nakamura Fuji

Por unos breves instantes el silencio reinó en aquella oficina. Mi cerebro, del cual siempre me había jactado por su poder deductivo y de análisis, en este momento estaba tan aturdido que no terminaba de captar que era lo que estaba pasando, pese que estaba más que claro.

- ¿Chiyo nos ha heredado? – Pregunté sin importarme quedar como lenta por lo obvio de la situación.

- Así es señorita Haruno, todas las piezas de arte que se encontraban en posesión de la pareja ahora les pertenecen a ustedes. La mansión pasará a manos de los familiares más cercanos que tenían, pero, la casa de enfrente también era propiedad de los señores Akasuna y es esa la que debemos pasar a sus nombres.

- Pe-Pero ¿Por qué? – Perfecto, justo ahora mi viejo habito de tartamudear volvía, así de sorprendida estaba.

- No lo sé, eso solo lo sabía mi clienta. – De la gaveta del escritorio sacó dos cartas, hizo entrega de una para Naruto y la otra a mí. – Lo único que me comentó en su momento es que ambos sabrían exactamente qué hacer con todo lo que dejaba en sus manos.

Me quede firmando todos los documentos que se necesitaban para concretar el traspaso de bienes y escuchando las instrucciones para poder recolectar las piezas de arte y las llaves de la propiedad. Por su lado, Naruto recibía toda la documentación que necesitaría hacerle entrega a Sasuke para cumplir también con su parte.

Estaba emocionada, conforme había conocido a Chiyo y me contaba las aventuras que ella y su marido habían tenido que vivir para poder hacerse de cada pieza me iba enloqueciendo más con todas, era como sí dejaran de ser piezas históricas para volverse el reflejo de la historia, pero del amor entre dos almas gemelas.

- Bueno Sakura-chan, hemos terminado por hoy.

Naruto había insistido en acompañarme hasta el lugar donde se encontraba aparcado mi vehículo.

- Antes que te vayas Naruto, quisiera pedirte un favor.

- ¡Claro el que tú me pidas!

Estiré mi mano haciéndole entrega de todos los documentos donde constaba que ahora era la heredera de Chiyo.

- Naruto, haz todos los trámites necesarios para que tanto las obras como la propiedad queden única y exclusivamente a nombre de Sasuke.

- ¡Estas loca! ¿Qué dices?

- Justo lo que escuchas, quiero que todo quede a nombre de Sasuke.

- Pero…

- Sin peros, sabes amigo. – Suspiré. – Cuando Sasuke y yo solíamos ir a pasar las tardes en fin de semana con Chiyo, ambos le decíamos a la abuela que con toda el arte que la rodeaba podría hacer una de las galerías más grandes y espectaculares, que el mundo merecía conocer y apreciar tanta belleza. – Otro suspiró escapó. – Su respuesta era sencilla, ella ya no tenía la fuerza y quería disfrutar de poder caminar por su casa recordando a su amado esposo en cada una de las obras.

- No entiendo tu punto.

- Chiyo nos dejó a ambos la misión de dar a conocer el arte que guardó tan celosamente por años. Y no tengo la menor duda que Sasuke es la persona perfecta para esta tarea, conoce del tema y es apasionado como nadie. Quiero poder ver algún día la galería que los tres soñamos y quiero que sea él quien lo haga.

- Pero tu podrías ayudarle con esa tarea, ¿No te parece?

- No, por ahora no soy capaz de estar a su lado.

- Sakura, ¿Lo amas?

- Si, Naruto lo amo como a nadie. – Mis ojos dejaron soltar dos únicas lágrimas, las últimas que dedicaría a el azabache.

- Él merece saberlo.

- No, al parecer para él todo fue un error.

- Lo que paso solo fue un malentendido entre ustedes, pueden arreglarlo y estar juntos. – Se aferró desesperadamente a mis manos. – Él te ama.

- Si me ama Naruto, ¿Porqué se fue sin luchar?

- Entiende Saku-

- Eso es todo Naruto, no quiero hablar más de él, ¿Cumplirás con mi petición?

El rubio libero un cansino suspiro y dejó caer sus manos a los costados. – Por supuesto, déjalo en mis manos.

- Gracias amigo.

Esa era la mejor decisión que podía tomar.