Dos visiones

Quien suelta un amor

Para no perder la costumbre el lugar estaba a reventar. Debía admitir que lo más práctico hubiera sido aceptar encontrarnos en el café bohemio que tanto me había comentado en otras ocasiones. Pero, este era nuestro lugar, habíamos pasado tantos momentos memorables entre estas paredes, que tenía la esperanza de lograr establecer una conexión tan fuerte, que con solo ver el local automáticamente sus pensamientos viajaran a mí, a nuestros momentos juntos. Por eso nunca aceptaba reunirnos en cualquier otro sitio, siempre tenía que ser nuestra cafetería de la segunda avenida, mesa 27.

Tras una breve inspección por las mesas logré visualizar a mi objetivo, sentado al fondo del lugar. Sin detenerme a pensarlo mucho me apresuré para acortar la distancia.

- Vaya, te ves terrible.

- Tan mordaz como siempre. – Dirigió su cansada mirada especialmente atormentada hacía mí y luego al asiento disponible frente a él, era su manera de invitarme a hacerle compañía. – ¿En serio me veo tan mal?

- Sasuke, mal se queda corto. – Apunté mi índice a las enormes ojeras que se acentuaban bajo sus negros ojos. – Te ves horrible. – Qué gran mentira, aun con ese aspecto desalineado y medio de vagabundo, seguía siendo el hombre más guapo que hubiera conocido. – Deberías estar descansando en lugar de haber venido aquí solo para tomar un café con tu vieja amiga.

- Por el contrario, creo que esto es lo que necesitaba, entre el trabajo y la galería no he tenido tiempo de más nada.

Empujó una taza de chocolate caliente en mi dirección, cuando el delicioso aroma invadió mis fosas y reconocí aquella bebida, me sentí agradecida por aquel detalle para mí, al menos en ese momento sus pensamientos y él eran míos.

- Mmm chocolate con menta, mi favorito, como siempre sin fallar. – Intentó esbozar una sonrisa sincera, aunque para ser honesta, se había quedado a medias. – Insisto deberías descansar. Si quieres podemos ir a tu apartamento y cocino algo para ambos.

- Y yo insisto que necesito tomar algo de aire.

- Está bien, está bien no diré más al respecto, así que cuenta ¿Cómo va el proyecto de la galería? ¿Tienes buenos avances?

- Todo va bastante bien, calculo que en 8 meses más o menos todo estará listo para la inauguración de la galería de arte Akasuna.

- Vaya, estoy consciente que siempre eres muy dedicado a todos tus proyectos, pero admito que me sorprende cuanto de tu tiempo y esfuerzo le estas invirtiendo a tu "pasa tiempo".

- Era lo que Chiyo quería, solo cumplo con su última petición.

- ¿Y es solo por eso?

- No, no es solo por eso. – Tomó un sorbo de su bebida y dejó salir un prolongado suspiro. – También está mi inmensurable amor por el arte.

- ¡Oh vamos Sasuke! – Ese hombre sabía como desesperarme sin siquiera intentarlo. – Es obvio que también lo haces por Saku…

- Karin, no te atrevas a terminar esa frase.

Pese a haber utilizado un tono de voz ligeramente más grave al que estaba acostumbrada, quedaba claro para mí que no era por molestia. Todo lo contrario, era por angustia, era una forma desesperada de intentar acallarme y seguir evitando el tema, como si con eso fuera a desaparecer mágicamente.

- ¿O qué? ¿Qué harás si termino la frase?

- Me iré y te dejaré sola aquí.

- No juegues al malvado, ambos sabemos que eso no te va, no eres así. – Tomé otro sorbo de mi chocolate, mantenía mi actitud más serena, esperaba así lograr que él también se calmara.

Los hombros de Sasuke cayeron con rendición. – No quiero hablar de eso y lo sabes.

- Lo sé, no has querido hacerlo desde la inauguración del centro para niños. – Me aferré a su mano, entrelacé nuestros dedos. - No hablas conmigo o con Naruto, pasas tus días ahogándote entre trabajo y la galería como si por estar al tope de tus capacidades pudieras olvidarte de ella.

Sasuke intentó apartar sus ojos de los míos fingiendo que miraba con interés algún punto distante a través de la ventana, con la mano que tenía libre tomé su barbilla y lo obligué a enfocar sus ojos ónix en los míos, a mis rubies no les iba a ganar.

- Vamos Sasuke, habla conmigo. Hemos sido amigos de toda la vida, siempre hemos compartido cosas que en presencia de otras personas ni siquiera nos atreveríamos a pensar, ¿A caso ya no confías en mí?

Esta vez fue él quien hizo el agarre de nuestras manos más fuerte, mostrando por fin un poco de la desesperación que realmente le invadía.

- ¡Por supuesto que lo hago! Eres mi mejor amiga, Naruto y tu son como una familia para mí. Pero estoy consciente de tus… bueno de tus sentimientos, lo que menos quiero en esta vida es herirte.

Auch, había dicho familia. No es que fuera novedosa la comparación, simplemente en todos estos años no llegaba a acostumbrarme a saber que mis sentimientos jamás serian correspondidos.

- ¿Herirme? Ja como si pudieras. Así que no me hagas repetirlo. Entonces hermano, comienza a hablar antes que deje caer dramáticamente este delicioso chocolate sobre tu cabeza mientras salgo corriendo del local gritando "Eres el peor ¿Cómo pudiste hacerme eso?", mientras todos los comensales te ven de mala manera y cuchichean cosas feas de ti.

- Jajaja más que hermano prefiero pensar que somos primos.

- Si, si lo que sea.

El azabache tomó aire, dejó pasar unos cuantos segundos que supongo fueron para ordenar sus ideas. Volvió a apretar la mano que yo tenía aprisionada, entornando su fuerte mirada a mí.

- Sakura está embarazada.

Agradecía a Dios no tener ningún tipo de líquido en la boca, de otra forma probablemente ante tal confesión hubiera hecho todo un espectáculo escupiendo sobre mi acompañante.

- ¿Cómo que embarazada? ¿Qué hiciste Sasuke?

- No, no, no… entendiste mal. Por supuesto que no he hecho nada, sería incapaz de hacer algo así con una mujer comprometida. – Sus mejillas se habían vuelto rojas y su frente se perló por el sudor típico que trae el nerviosismo, era obvio que si hubiera podido lo hubiera hecho, pero preferí guardar ese pensamiento solo para mí.

- Entonces explícate que casi me da una embolia por tu mal hábito de dejar la información a medias por tus pausas dramáticas.

- Trataré de hacerte la historia lo más corta posible.

- Oye, pero soy mujer vivimos por el chisme y los detalles sucios.

- ¡Karin!

- Ya, ya. No seas sensible y mejor continúa.

- Empiezo a arrepentirme de contártelo.

- Es tarde, así que continúa.

- Después de conocer a Sakura y pasar tiempo con ella, me di cuenta de que me había enamorado, había caído más rápido que un hablador. El día en que Sasori le propuso matrimonio estaba dispuesto a simplemente callar mis sentimientos y quedarme a su lado como un amigo más. Sabía que sería difícil pero realmente quería seguir en su vida de alguna manera. Me mantuve lo más alejado posible los días previos a la inauguración utilizando como excusa la "Prohibición" que Kakashi nos había dado, en serio pensé que con un poco de espacio entre nosotros lograría calmar mis ganas de tenerla a mi lado. Pero ya sabes como es la vida, si puede darte una patada en el trasero ten por seguro que lo hará y con todas sus fuerzas. – Su sonrisa era cansada pero honesta. - Cuando la volví a ver la quería aún más, quedé embelesado ante ella, estaba más bella que la última vez, si eso era posible. Mi plan había resultado contra producente, el tiempo lejos solo hizo que el reencuentro me hiciera añorarla más. Durante el tiempo que no estuvimos en contacto había aprovechado para trabajar en su oficina así que estaba ansioso por mostrársela y que me dijera qué le había parecido.

El silencio que se instaló entre nosotros era pesado, él no quería continuar, yo tampoco quería escuchar más. Sin embargo, era lo que ambos necesitábamos. Sasuke necesitaba quitar ese peso de sus hombros y yo necesitaba ver mis ilusiones completamente rotas para ser capaz de renunciar a mi amor no correspondido.

- ¿Y le gustó?

Volvió a sonreír, un poco más sincero. – Si, sin duda alguna le encantó. Estaba tan feliz de verla disfrutar de su oficina que no pude contenerme, había comprado una cadena para ella….

- ¿Por la inauguración de la clínica? No tiene sentido eso.

- No, más bien porque ese día también era su cumpleaños.

- Oh, si comprendo, eso tiene más sentido.

- Como sea… Después de reprimirme por meses, cometí un desliz y la besé. – Soltó mi mano y tomó un trago de su café, o al menos lo intentó. – Al principio se quedó inmóvil, pensé que me había equivocado enormemente, creí que se había molestado y que la había perdido incluso como amiga.

- ¡Vaya! Alguien rechazó al gran Uchiha.

- Creo que eso hubiera sido lo mejor. Pero no, ella correspondió a mi beso, fue la mejor sensación del mundo, por un instante llegue a soñar que era mía, no existía Sasori y menos un hijo.

- Aclárame lo del hijo, es primera vez que escucho eso.

- No seas impaciente, a ese punto intento llegar. Hinata nos interrumpió para decirme que me estaban buscando. Antes de salir prometí volver ya que según ella tenía algo importante que decirme… - Bufó medio divertido y medio dolido. – Y ya supones que era.

- Punto número uno, deja de llamarla ella y llámala por su nombre "SAKURA" y punto número dos ¿Ella te lo confesó?

- No, no le di la oportunidad de hacerlo. Cuando regresé a su oficina la escuché hablando con Hinata del gran error que había cometido y del embarazo. Al final decidí irme sin hablar con ella.

- Con S-A-K-U-R-A.

- No me presiones Karin…

- ¿Ella no ha intentado hablar contigo desde ese día?

- No.

- Comprendo, sí que es una situación complicada. Lo que no entiendo es, porqué correspondió a tu beso.

- Con la misma pregunta me he estado devanando los sesos. No sé, quién quite sus hormonas enloquecieron por el embarazo, tal vez entro en un lapsus o simplemente es tan amable que no supo como rechazarme. Aunque, ninguna de esas explicaciones suena a algo que ella haría.

- ¿Eso crees?

No estaba del todo segura de que la reacción de la pelirrosa fuera solo por hormonas locas. Pese que nunca la había tratado a fondo tenía varios años de conocerla por mi primo. Y tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos la forma en la que miraba a Sasuke, su mirada mostraba el mismo anhelo que la del mismo Uchiha. También platiqué con Sasori sobre su ruptura y los cambios que quería hacer en la casa ahora que ya no era futuro hogar de una pareja sino el recinto de un soltero. Nunca mencionó nada de un bebé ni cosa que se le pareciera.

- Como sea… - Sasuke rompió el hilo de mis pensamientos. – Naruto me contó que hoy te ibas a juntar con Hinata, así que… Quería pedirte un favor.

- Claro dime.

- Podrías entregarle esto a Hinata. – El azabache metió su mano dentro de la chaqueta y sacó un sobre sellado. – Es para "Ella" - Aclaró.

- ¿SAKURA?

Bufó con algo de molestia. – Si, para Sakura.

- Ves, no paso nada porque mencionaras su nombre. ¿Le mandas una carta de amor o de despecho?

- Ninguna de las dos.

- Es de Chiyo para ella, venía entre todos los documentos que me entregó tu primo relacionados a la galería, lo más seguro es que se traspapeló.

- Deberías dársela tu.

- ¿Puedes ayudarme con eso o busco a Naruto?

- Que sensible estas, ya no te enojes. – Metí la carta dentro de mi bolso, tenía que admitirlo, molestar a Sasuke era doloroso, pero también muy divertido. – Yo me encargo que la florecita reciba su carta.

Sasuke cambió rápidamente de tema a algo mucho más agradable para ambos, nuestra obsesión por el trabajo. Así pasamos el resto de nuestro encuentro, no volvimos a mencionar a Sakura. Por unos breves instantes estaba junto a mi amigo, el de siempre, el que no estaba sumido en la tristeza de su primer corazón roto. Que irónica era la vida, en esa mesa, en ese preciso momento había dos corazones destrozados luchando por lucir lo menos quebrados posibles.

Después de mi encuentro con Sasuke, volví a mi apartamento para cambiarme y recoger algunas revistas que había comprado para Hinata sobre bodas. Me mencionó que tenía una sorpresa para mí, que ingenua era. El hecho que se iba a casar con el cabeza de chorlito de mi primo ya no era una sorpresa para nadie, pero haría mi mejor esfuerzo por poner mi mejor cara de "Sorpresa" posible.

Llegué hasta el hospital, la vida en ese lugar sí que era corrida para todos. Mientras yo podía descansar tranquilamente en fin de semana, mi futura prima tenía que pasar la mayor parte del día trabajando como si no hubiera mañana. Solo de ver a las enfermeras y doctores corriendo de un lado para el otro me sentía mentalmente agotada.

Cuando finalmente Hinata pudo dejar de correr un rato nos encontramos en la cafetería del hospital. Definitivamente no era el mejor lugar para una sorpresa, pero era lo más que podía aspirar la ojiperla en un día con tanto trabajo como parecía ser ese.

- Bueno Hinata, ahora si ¿Cuál es la gran noticia?

El rostro de la chica ante mí se iluminó de una forma que hasta parecía inhumana ¿Tanto le alegraba casarse?

- Karin, eres la tercera persona en enterarse, queríamos contarles a ti y a Sasuke al mismo tiempo, pero ha sido imposible poder ponernos de acuerdo con ambos. Prométeme que no le contarás nada

- Jajaja, ¿Tan lengua floja me crees?

- Con Sasuke… Por supuesto que sí.

- ¡Me ofendes!

- Vamos, prométemelo.

- Lo prometo, lo prometo.

No terminaba de entender porque tanto misterio, insisto con tantos años juntos y la forma asquerosamente melosa como se trataban ya todos sabíamos que ese año no terminaba sin que hubiera al menos propuesta de matrimonio, con la promesa que en menos de seis meses hubieran unido sus vidas con todas las de la ley.

Hinata suspiró de tal forma que llegué a pensar sus pulmones estallarían. - ¡Naruto y yo estamos esperando nuestro primer hijo!

Ahora entendía todo el drama y exceso de emoción, mi cerebro había explotado con la noticia.

- ¡Por Dios Hinata! ¡Felicidades! – La abracé con fuerza, hasta que me asustó poder hacerle daño y aflojé mi agarre, llevé mi mano derecha a su vientre dándole cariño a mi sobrinito o sobrinita que venía en camino. – No puedo creer que el cabeza de chorlito va a ser papá, en definitiva, el bebé tiene suerte de tenerte como madre para equilibrarlo. ¿Cuánto tiempo tienes ya?

- Gracias Karin, estoy sobre la semana trece.

- Mmm ósea tres meses y una semana, ¿Por qué las embarazadas no pueden hablar como personas normales? ¿Qué es eso de decir todo por semanas? Me confunden.

- Jajaja es la forma que se va midiendo el tiempo del embarazo, los cambios en el cuerpo de la madre y en el propio bebé son constantes. En semanas se evidencian mejor que si lo hicieran en meses.

¿Para qué le pregunto esas cosas a una enfermera? Boba Karin.

- Ya imagino lo feliz que ha de estar Naruto. No puedo creer que logrará ocultarnos esta noticia por más de tres meses, con lo hablador que es, hubiera jurado se le escaparía por lo menos con Sasuke.

- Por eso tiene prohibido verlo hasta la próxima semana que nos reunamos para contarle.

- Y ahora todo tiene sentido, aún que insisto aguantó mucho tiempo.

- No, de hecho, Naruto se enteró la semana pasada. Quise contarle hasta que pasara el primer trimestre y ver que el embarazo evolucionaba bien. Fue el segundo en enterarse.

- ¿Segundo? ¿Quién fue el primero? Dudo que se lo dijeras a tus padres.

Mi comentario llegó en mal momento, sabía que la familia Hyuga no aceptaba la relación entre ellos, quería meterme una patada por lo imprudente y tosca que podía llegar a ser.

- No lo fueron, ni siquiera he reunido el coraje para hablar con ellos. La primera en saberlo fue Sakura.

- Me ofende saber que le contaras a la pelos de chicle antes que, a mí, que soy casi tu prima. – Podía sonar a broma mi comentario, pero era totalmente en serio. ¿Esa mujer acaso era el ombligo del mundo?

- No te ofendas, Sakura se enteró por casualidad. El día de la inauguración del centro para niños casi me desmayé en su oficina y ella ha estado siguiendo mi estado de cerca. Sakura no solo es una gran amiga también es una gran médico.

Era como si el mundo estuviera conspirando para que yo uniera las piezas de un rompecabezas, como dijo Sasuke esa misma mañana "Ya sabes como es la vida, si puede darte una patada en el trasero ten por seguro que lo hará y con todas sus fuerzas." Mi intuición me decía que acababa de descubrir algo grande.

Era casi irrisorio, ¿Sería posible que la descabellada teoría que estaba formando en mi mente fuera real? ¿A caso dos personas que son para todos "tan inteligentes", en verdad fueran dos completos idiotas? Tenía que averiguarlo.

- Oye Hinata, ¿Cuándo dices que se enteró la pelos de chicle?

- El día de la inauguración, el 28 de marzo para ser específica.

- ¿Y casi te desmayas?

- Si, Sakura estaba muy consternada. Me regañó por que aún no comenzaba con las prenatales.

- ¿De casualidad dijo algo relacionado a error?

- Si, en un momento mencionó algo de errores mientras armaba un gran drama marca Sakura Haruno.

- ¿Naruto sabe lo que ocurrió entre Sakura y Sasuke?

- No, solo tiene unas cuantas palabras confusas dichas por Sasuke. No terminamos de comprender que pudo suceder, un momento estaban bien y al siguiente todo había explotado. ¿Por qué tantas preguntas Karin? Empiezo a preocuparme.

¿Sería posible esto? ¿Yo sería la persona que podría arreglar un tonto malentendido con el hombre que había amado por tanto tiempo y la mujer que él amaba? Tenía en mis manos la posibilidad de simplemente irme y dejar que todo continuara con su marcha o darle un pequeño empujón.

- Jajajaja aaah Hinata, te iba a pedir de favor que le entregaras algo a Sakura, pero cambié de opinión...- Me levanté de mi asiento sin importarme la comida que estaba a medias, igual dejar burlada la comida de hospital no es que fuera una gran pérdida. - Podrías llevarme con Sakura.

Con cada paso que dábamos mi determinación iba flaqueando, esta era mi oportunidad… ¡Que mentira! ¿A quién quería engañar?

Entonces una pálida figura entro en mi campo de visión. Conocía a Sakura hacia algunos años ya, siempre sonriente al lado de Sasori o Naruto, siempre perfecta e implacable… ¿Qué le había pasado? La mujer que en ese momento se encontraba sentada bajo un cerezo ya sin flores se veía débil, vulnerable, cansada pero no del tipo de cansancio que conlleva horas de estar en acción continua en el trabajo.

Necesitaba hablar con ella, una palabra, tan solo una confirmación era todo lo que necesitaba para hacer lo que era correcto.

- Sakura-chan. – Hinata gritó llamando la atención de la pelirrosa.

La aludida buscó con su mirada a Hinata y al notar mi presencia a un lado, el puchero torcido que formó dejó en claro que la animadversión entre nosotras era mutua. El gesto duró unos pocos segundos, ella recompuso su rostro tan sereno y profesional como siempre.

- ¡Hinata, hola! Karin buenas tardes.

Un escueto hola fue todo lo que logré expresarle.

- ¿Qué las trae por aquí?

- Pues Karin quería hablar contigo.

La expresión de incredulidad y molestia que se apoderó de Sakura era de lo más divertida, no podía ni imaginar cuantas cosas podrían estar pasando por su mente en ese momento. Sin embargo, tenía una idea clara de porque yo no era santo de su devoción, la razón tenía nombre y se apedillaba Uchiha.

- ¿En qué te puedo ayudar Karin? Tienes algún problema de salud.

- No, no nada de eso. Resulta que hoy en la mañana mientras Sasuke tomaba su taza de café matutina, me pidió que te entregara algo.

Si, ya sé que se suponía estaba intentando hacer mi buena acción del día… Que digo del día, del año. Mi lado cruel salió un momento, dije aquella oración con toda la intención que se pudiera mal interpretar y vaya que lo había conseguido, esos ojos jade normalmente serenos refulgían con odio dirigido exclusivamente a mí. Si las miradas mataran, a mí me hubieran enterrado dos metros bajo tierra, desenterrado y vuelto a mandar directo al fondo.

- No sé qué pudo darte, pero te aseguro que no me interesa.

- ¿Segura? - Su vacilación duró un parpadeo, pero eso era todo lo que yo necesitaba, aquella duda y la ira en sus ojos eran la confirmación que mi amigo era correspondido, con esa acción mi determinación volvió. – No es un encargo precisamente de Sasuke, al parecer son las últimas palabras de una amiga en común que se traspapelaron.

La arruga de su frente se suavizó (Vaya, nunca había notado que tenía una frente tan grande.) e incluso podría decir que tenía un toque de agradecimiento. En todo el tiempo de conocerla jamás me di cuenta cuantas expresiones diferentes podía llegar a mostrar. Era una persona completamente trasparente, me quedaba claro porque Sasuke se había enamorado.

- ¡Gracias! Por Dios, había estado buscando esa carta como loca.

- Según dijo Sasuke, Naruto se la entregó junto con todos los documentos de la galería. – La simple mención del nombre volvía a colocar un velo nebuloso en los ojos verdes.

- Dile que se lo agradezco, por favor.

- Díselo tú… No soy ninguna paloma mensajera.

Dudó por unos instantes – Creo que lo mejor es que alguien más se lo diga.

Estaba cansada de estos dos. – No comparto tu opinión, pero has lo que quieras. – Llevé mis manos en jarra hasta mis caderas, me coloqué en mi posición más altiva posible. – Definitivamente tú y yo no somos amigas, pero me tomaré esta única molestia por ti. El orgullo puede hacerte perder lo más valioso por la confusión más idiota. Deberías dejar a un lado tu maldito orgullo o puede que cuando te des cuenta de tú error simplemente sea tarde.

Esperaría un poco de tiempo para que las ideas cayeran en esa cabecita, ayudaría a que Sasuke fuera feliz. Al finalizar mi misión, podría deshacerme en lágrimas hasta quedarme dormida.

Quien guarda una última esperanza

No sabía exactamente como reaccionar ante el arrebato que acababa de desplegar Karin. Al parecer no era la única, Hinata se disculpó con rapidez para posteriormente salir corriendo de tras de su futura prima.

Un suspiro cansino brotó de mis labios. – Vaya familia la que te has conseguido Hinata.

Regresé mi atención al sobre que la explosivamente loca pelirroja me había entregado, si antes de su intempestiva aparición la cabeza me dolía, ahora definitivamente sentía que me iba a estallar. Era horrible pensar que Sasuke había tenido la carta todo este tiempo, y era peor que ni siquiera fuera capaz de traerla él mismo, tenía que enviarla a ella.

No es que yo odiara a Karin, para nada. Nunca tuve la oportunidad de tratarla mucho así que mi concepto de ella era bueno a cecas. Como una tonta había descargado toda mi frustración por todo el asunto con el azabache con ella.

Quise dejarme de torturar pensando en el pésimo comportamiento que acababa de exhibir. Me quedaban exactamente 20 minutos para que terminara mi hora de almuerzo y tuviera que volver a mis labores, tiempo más que suficiente para leer la carta de Chiyo. Desde su partida vaya que la había extrañado y quería sentir que no se había ido del todo, ese pedazo de papel contenía palabras escritas directamente para mí, mismas que podría atesorar por el resto de mi vida.

Mi Querida Sakura,

Si estas leyendo estas pocas líneas significa que llegó el día, finalmente pude reencontrarme con mi amado esposo. No estes triste por mí, estoy bien.

Después de la partida de mi compañero de vida, por mucho tiempo me sentí triste y sola, hasta que cierto arquitecto guapo hizo su aparición en mi puerta junto a una hermosa mujer. Aquella jovencita mostraba la misma expresión por mi colección de arte que un niño en la mañana de navidad por los regalos dejados por Santa. Me provocó algo de diversión y ternura observar como los ojitos verdes brillaban de emoción.

Gracias a ustedes volví a tener una ilusión en mi vida, esperaba con ansias cada que sabía alguno de los dos llegaría a verme, sentimiento que se duplicaba cuando llegaban juntos, dos era siempre mejor que uno. Las pláticas sobre arte eran un aliciente para esta anciana. Pocas personas compartían conmigo mi amor por el arte como lo hizo en algún momento mi esposo. Eso es algo que jamás podré pagarles ni con la mayor fortuna del mundo.

A estas alturas estoy segura ya sabes dejé en sus manos mi colección de arte. Conozco las capacidades de Sasuke y tu aprecio infinito por ellas. Era más que claro no existían mejores personas para cuidarlas que ustedes. Sin embargo, no fue ese el motivo que me impulsó a finalmente tomar está decisión.

Sabes mi niña, cada pieza en esa colección es un recuerdo de mi marido, de nuestro matrimonio, de la felicidad que compartimos uno al lado del otro. Cada una fue una aventura que nos hizo amarnos un poco más, incluso cuando creíamos que ya no era posible sentir más amor.

Verlos juntos, entre sonrisas y miradas cómplices, me hacía recordar como nos sentimos nosotros mismos en los primeros años de matrimonio. Puedo ver en sus ojos el infinito amor que desbordan uno por el otro, de la misma manera que nosotros lo hicimos hasta el último día que compartimos nuestra vida terrenal.

Tengo la esperanza que esa colección continue creciendo, que a nuestras expresiones de amor se vean sumadas las vuestras. Que esa galería de la cual fantaseamos tanto los tres mientras compartíamos una taza de té, se vuelva una oda al verdadero amor.

El camino suele ser muy difícil, olvídate de las películas románticas donde todo es perfecto, cada cosa se arregla por el poder del amor y viven felices para siempre. La vida real es muy distinta a eso, habrá momentos malos, muchos más de los que quisiéramos admitir. Pero, si decides recorrer ese camino con la persona correcta, cada instante, cada vivencia valdrán la pena e incluso en esos momentos malos encontrarán fuerza para continuar. No tengo la menor duda que ustedes encontraron a esa persona en el otro. Luchen por ustedes, a traviesen todas las adversidades siempre de la mano.

Puedo asegurarte sin el menor ápice de equivocación, que al final del día todo vale la pena. Un esfuerzo más, un te quiero más, una caricia más.

Pequeña, les deseo todo el amor que el mundo puede ofrecerles y una vida plena siempre uno al lado del otro.

Pd. Cuiden de la galería por nosotros.

Con amor, Chiyo Akasuna

Unas cuantas gotitas habían caído sobre la carta haciendo que la tinta se corriera en ciertos lugares. No estaba segura en que momento había comenzado a llorar, extrañaba a Chiyo, a sus consejos y esa forma tan única que tenía de comprender los sentimientos ajenos. Fue toda una romántica hasta el final y se fue dando una salida espectacular.

Tantos pensamientos y sentimientos se arremolinaban dentro de mí, pero había uno que predominaba por sobre la tormenta que se iba acrecentando en mi interior, "Necesidad", necesitaba salir de ese lugar, necesitaba buscarlo, necesitaba a Sasuke y sus brazos como loca. Si me detenía a pensarlo con calma sabía que mi cobardía y orgullo terminarían ganando terreno y desistiría de la idea que se estaba comenzando a cimentar en mi testaruda cabeza.

Salí corriendo en busca de Ran, confirmé que no tenía más citas para esa tarde. En unos pocos minutos puse todo en orden para que por unas horas nadie necesitara de mí y mi teléfono no fuera a sonar. Tomé solo las cosas más esenciales y aceleré el paso hasta el aparcamiento. Iría por Sasuke, iría a buscarlo. Tenía que hacerlo entrar en razón, que comprendiera que nada en nosotros podía ser un error.

Cuando finalmente estuve al lado de mi vehículo quise darme una patada, por salir corriendo había dejado las llaves en el cajón de mi oficina y de todas formas ¿A dónde iba con exactitud? ¿Dónde estaba él en esos momentos? ¿En casa, en el trabajo o en cualquier otro lugar de la ciudad?

- No importa, aún si tengo que recorrer cada rincón necesito encontrarlo.

- ¡Oye pelos de chicle! ¿Acaso te has vuelto loca y por eso hablas sola?

Reconocí la voz al instante, era Karin.

- Lo siento Karin, voy de salida en este momento no puedo ayudarte.

- Te ves en aprietos rosita. – Se estiró hasta el asiento del copiloto para abrirme la puerta. – Si vas con Sasuke sube, yo te llevo.

Esto era lo más extraño que podría pasarme, pero tampoco estaba para ponerme difícil en ese momento. Primero debía encontrar a Sasuke ya después pelearía con ella por ver quien era mejor para él. Me monté en el carro sin más dilaciones.

- Eso fue fácil, pensé que tendría que rogarle un poco más a la princesa.

- Admito que esta no es la carroza que esperaba, pero será suficiente para llegar a mi destino, estoy segura de que es mucho más confiable que cualquier vehículo con GPS. – Apretaba tan duro el dobladillo de mi falda que empezaba a verse arrugada. - ¿Sabes dónde está Sasuke ahora?

- En el mismo lugar donde ha estado las últimas semanas, en la galería. – Se detuvo un momento por la luz roja del semáforo, a pesar de que yo no quitaba los ojos de ella, en ningún momento volvió su mirada a mí. – Hacia ahí nos dirigimos.

- ¿Por qué haces esto? Pensé que me odiabas.

- ¿Qué si te odio? Por supuesto que te odio, odio tu buena suerte y odio que robaras el corazón de Sasuke, especialmente odio que después se lo rompieras, pero sin lugar a duda lo que más odio es aceptar que eres la única que él desea lo repare.

- Pero tú lo amas y estoy segura sabes que yo también.

- Precisamente porque lo amo es que hago todas estas locuras, quiero verlo feliz. Estoy consciente que esa felicidad no la tendrá conmigo. – Pude notar como sus ojos se volvían un poco cristalinos, pero con toda su fuerza como una guerrera contuvo sus lágrimas y se recompuso. – Sakura, el amor no es egoísta, así como Sasori renunció a ti. Yo renuncio a mis ilusiones por Sasuke, se dé sobre manera que de su lado no hay, no existe otro sentimiento que no sea amor fraternal, dolerá, pero lo superaré y aprenderé a quererte como lo hace mi primo, después de todo nos volveremos más cercanas ahora que estarás con Sasuke. – Apretó fuertemente el timón, tanto que sus nudillos comenzaron a tornarse blancos, era claro que le dolía en el alma. – Quien quite, incluso Hinata, tu y yo hagamos un frente para torturar a los chicos.

El resto del viaje lo hicimos en silencio, la tensión era palpable. Pero, el ambiente era más amigable, no mucho por supuesto, pero al menos los suficiente para aguantar estar juntas en el espacio reducido.

Aparcamos frente a la propiedad que el testamento describía, era la primera vez que entraría, sin embargo, en lugar de correr a la puerta me había quedado paralizada del miedo. Hasta ese momento no me había detenido a pensar en la posibilidad que ahora él no quisiera saber ya nada más de mí.

- Jajajaja respira que te estás poniendo morada.

- ¿De qué te ríes, Karin?

- De lo idiotas que pueden llegar a ser algunas personas. Ya deja de hacerte bolas y vete, creo que lleva meses esperándote.

No tuve que escuchar nada más, en un acto reflejo que ningún a de las dos esperábamos la abracé con fuerza. – ¡Gracias!

Sin más me adentré en la galería, supongo que sería un lugar bonito. No tenía ni la menor duda de eso, pero no me detendría a observar cada detalle, mi prioridad era encontrarlo. El sitio era más grande de lo que hubiera imaginado. Por lo que notaba todos los pasillos llevaban a un salón central, probablemente ahí se exponía la obra principal, a lo lejos noté la luz encendida, ese debía ser el lugar donde estaba Sasuke.

No era posible lo que acababa de encontrar, en el centro del salón estaba expuesta la pintura que Sasuke había restaurado para Chiyo, esta era la primera vez que la veía. Sasuke nunca me lo había permitido ni siquiera cuando rogué porque me mataba la curiosidad de su trabajo artístico. Era yo, la chica de la pintura era yo, el ramo de flores silvestres que la pintura original llevaba habían sido remplazadas por un ramo de tulipanes, como el que Sasuke me había obsequiado el día que conocí a Chiyo. No solo eso, alrededor había muchos cuadros más pequeños de mi en diversos ángulos, todos firmados con SU en el borde inferior derecho.

Las paredes blancas estaban decoradas sutilmente con pétalos de flores de cerezos que habían sido pintados cuidadosamente a mano, de tal forma que pareciera estuvieran danzando al compás del viento. Era como si ese lugar hubiera sido diseñado para darme la bienvenida a mi hogar.

Estaba tan embelesada con el ambiente de aquella habitación que no me percaté de la imponente presencia a mi espalda hasta que era muy tarde.

- ¿Sakura?

Era él, estaba segura. Era su voz, sonaba tan agotado como la mía misma, aun así, no había perdido su tono cálido. Giré sobre mis zapatos con la cabeza baja intentando no encontrarme con su mirada.

- Sakura, mírame.

¡Sasuke!