AQUÍ YO CON UN NUEVO Y SÚPER ATRASADO CAPÍTULO :'V
Siempre tengo que ofrecer disculpas por retrasar tanto este fic. Admito que estuve distraída escribiendo algunos que ya he subido. Los invito a que pasen a leerlos :3 casi todos son fics cortos sobre Pansy, sobre Blaise también, excepto el de Si la maldición no acaba que tiene muchos capítulos y tiene como protagonista a Scorpius, pero son capítulos muyyyy cortos, lo pueden leer super rápido y sí, es el que más me ha distraído de la misión aparentemente imposible de terminar este. Lo siento u.u
Sé que no quieren seguir leyendo mi palabrería xd entonces siéntense, coman unas papitas, un juguito y disfruten de...
¡LA HISTORIAAAA!
19: NOTICIA MALA, NOTICIA BUENA
Albus despertó con toda la buena actitud del mundo, se duchó, arregló y tomó sus cosas. Al bajar del dormitorio se topó con unas chicas de séptimo.
-Hola Albus- lo saludaron. Una de ellas le pellizcó una de sus rosadas mejillas.
Al llegar al comedor se sirvió un café, tomó el pastelillo de chocolate más grande que encontró y se dedicó a comer, sonriente. Pronto las lechuzas comenzaron a traer el correo. Recibió la habitual carta de sus padres, una de sus abuelos y el diario. Después de leer las cartas y enterarse que todo estaba en orden en su familia Albus tomó el diario y lo extendió. Le gustaba estar informado, y desde que era pequeño se emocionaba al leer las notas de su madre en la sección de deportes.
No obstante, apenas vio la página principal, el pastelillo se le cayó de la mano, la boca quedó abierta y él sintió que su corazón se detenía.
-No- murmuró-, no no no- y el tono de su voz iba subiendo-. No, NO NO ¡NO! ¡NO! ¡NOOOO!
Todos lo miraron. Él simplemente se quedó paralizado en su sitio, y ni siquiera cuando llegaron sus primos y amigos a calmarlo pudieron hacerlo reaccionar.
Lo llevaron a la enfermería entre Jason y Lucas. Albus parecía haber perdido la cordura.
-No me digan que leyó el diario- dijo la enfermera apenas entraron.
-¿Cómo lo supo?
-Es el décimo que viene- luego procedió a mostrarles a los chicos y chicas que estaban en iguales condiciones; aunque algunos parecían en el mismo estado zombie de Albus, otros lloraban o golpeaban la cama desesperados-. A este paso esto se convertirá en un asilo mental. Traigan a Potter a esta cama, les daré a todos una poción para la impresión.
Y de vuelta al comedor, el trío de Slytherin entraba tan glamurosos como siempre, se sentaron, una lechuza llegó para Christian y se dispuso a leer.
-Ah, mamá está de viaje- comentó.
-Cool, ¿y tío Theodore?- preguntó Vittoria.
-Supongo que trabajando en casa. Ya sabes cómo son.
Para los que conocían a la familia Nott, sabían que Astoria y Theodore eran un matrimonio un tanto inusual. Se querían, aunque lucían algo distantes a veces; sin embargo funcionaban muy bien entre ellos, tenían una extraña química que siempre intrigó a Cassiopeia.
-Oh no- exclamó Christian cuando vio el diario.
-¿Quién murió?- preguntó Cassi indiferente.
Pero él no le respondió, le enseñó a Vittoria y ella lanzó una palabra por la que sus padres la hubieran castigado por un mes.
-¿Qué sucede?- Cassiopeia se inquieto y enfadó al mismo tiempo. No le respondían-. ¿Christian? ¿Vittoria? Respondan maldita sea, parece que han visto que se acerca el fin del mundo o...
Les arrebató el diario y se quedó callada. Sus amigos se juntaron mucho y la vieron con miedo.
Cassiopeia cambió su expresión tantas veces en segundos que era difícil decir qué pasaba por la cabeza de la rubia.
-¡CÓMO QUE SE SEPARAN!- gritó horrorizada, atrayendo la atención de todos en el comedor.
-Cassi...
-¡NO ES POSIBLE! ¡NO!
-Bonita, relájate, solo...
-¡NO! ¡NO! ¡ME NIEGO A ACEPTARLO!- Cassi tiró el diario en la mesa y se puso de pie-. ¡Esto no está pasando!
Sus ojos estaban húmedos y su rostro se ponía rojo.
-Cassi, calma, siéntate- Vittoria la tomó por los hombros-. En algún momento debía pasar.
-¿POR QUÉ?
Mientras ella gritaba y Vittoria intentaba calmarla, Goyle llegó con Christian.
-¿Ya se enteró?
-Sí- suspiró el rubio.
-Tranquilo, no es la única. Habrá una gran crisis hoy en todo el mundo.
-Eso creo. ¿Por qué tuvo que pasar hoy? Maldición pudieron esperar a las vacaciones, así nadie vería este espectáculo que está dando.
-Ya sabes, las estrellas de rock no son eternos. Llévala por una poción tranquilizante, o continuará histérica todo el día.
Nott asintió, tomó el periódico y leyó una vez más la nota, en enormes letras: "EL FIN DE LAS BRUJAS DE MACBETH: SEPARACIÓN INMINENTE". Lo arrojó al piso y procedió a tomar a Cassiopeia y llevarla a la enfermería.
Cassiopeia tomó la poción relajante dócilmente y fue cuando al fin pudo darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Se escuchaban sollozos en la enfermería, chicos abrazándose entre ellos e incluso algunos padres que ya habían llegado para intentar calmar la conmoción en sus hijos.
-¿Ya estás mejor bonita?- preguntó Christian sentándose a su lado.
Cassiopeia apenas alcanzó a entreabrir la boca cuando las lágrimas le invadieron los ojos.
-Ven aquí princesa.
Nott la abrazó justo en el momento en que la chica se ponía a llorar. Ella no quería que la vieran ni que la escucharan, pero no podía evitarlo, no se sentía en control de sus emociones en ese momento. Esa banda de rock que para muchos no era más que eso, para ella significó su infancia, su adolescencia; eran sus buenos recuerdos y eran las canciones que la ayudaban a superar los malos momentos. Hacía apenas dos años que los había conocido, habían tocado para ella prácticamente. Cassiopeia recordaba ese como el mejor día de su vida.
*FLASHBACK*
-Papi por favor- le rogaba a su solemne padre mientras lo seguía por toda la casa-. Por favor, por favor. Te juro que es todo lo que quiero. No pediré nada nunca más, lo prometo.
Iba prácticamente colgada de su brazo y túnica, su padre era tan alto. Lucius soltó una especie de suspiro gruñido.
-No hagas promesas que no cumplirás Cassiopeia. ¿En verdad eso es lo que quieres?
-¡Sería un sueño hecho realidad!
-De sueños no se vive- masculló él.
-¡Pero este sí que puedes hacer que se vuelva verdad! Escucha- Cassiopeia se paró frente a él-. Solo quiero verlos una vez en vivo, ya que nunca me han dejado ir a un concierto de verdad...
-Sabes lo que opinamos tu madre y yo al respecto.
-Sí pero esto sería diferente. Vendrían mis amigos cercanos y tú conoces a la mayoría, son los que han venido a mis fiestas de cumpleaños. Así no tendría que juntarme con gente que no esté en nuestro nivel. Y ustedes podrían vigilar que no haga "locuras". Y te aseguro que sería el mejor regalo de cumpleaños en la historia de los regalos de cumpleaños. Y todos me tendrían tanta envidia, ¡jamás dejarán de hablar de ello!
Lucius la miraba francamente aburrido, pero ella no se rendiría. Faltaban muy pocos días para su cumpleaños número 14 y ya tenían casi todo listo para su fiesta, solo hacía falta el entretenimiento principal. Cassiopeia sabía que debía ser ahora o nunca. Puso los ojitos más tiernos del mundo, mordió su lengua para hacer que se cristalizaran un poco incluso. Su padre torció los labios, señal de que estaba literalmente a punto de ceder.
-¿Tu madre qué piensa al respecto?- preguntó como si no tuviera ya el "sí" en la punta de la lengua. Aun quería parecer firme, pero siempre caía ante los caprichos de su hija.
-Ella dijo:- Cassi se aclaró la garganta e imitó el frío tono de su madre- "Lo que tu padre diga, aunque ambas sabemos qué será".
Lucius suspiró resignado.
Así, luego de varias cartas urgentes, muchos pagos de oro y algunos chantajes, Las Brujas de Macbeth llegaron para su cumpleaños el 9 de agosto. Cassiopeia en verdad se puso a gritar cuando los vio entrando al salón de fiestas de su casa. Vittoria y ella saltaron abrazadas para luego correr a abrazar a la banda. Le había pedido a su padre que los llamara a cierta hora en la que sus invitados aún no llegaban, ya que así podría hacerles las preguntas que quisiera. Vittoria, Christian y ella los acribillaron con preguntas hasta que los invitados comenzaron a llegar y como no les había dicho que la banda llegaría todos gritaban de la emoción al verlos.
-Es increíble que este sea tu regalo de cumpleaños Cassi- Terence Higgs llegó con el resto del equipo de Quidditch, llevaba una chaqueta de cuero que lo hacía ver especialmente guapo-. A mí me dieron un libro y un par de guantes de piel. Un día después porque olvidaron mi cumpleaños.
-Bueno, mi papá no me negaría nada- dijo ella ruborizada. Cuando lo invitó no esperaba que fuera en realidad, era un año mayor que ella, era popular y atractivo, muy simpático y con una sonrisa que la hacía ruborizarse como una tonta. Pero ahí estaba, ese chico que era su compañero de equipo y que francamente la traía loca-. Por cierto mis padres han decidido irse así que no deben preocuparse por ello.
-¿Se fueron?- dijo Goyle.
-No les gusta el rock en realidad.
-A los míos tampoco- dijo Higgs-. Pero qué podemos hacer con ellos- el chico le revolvió el cabello ocasionando que ella se paralizara-. Iré por una bebida, ¿te traigo algo?
Cassiopeia solo pudo negar, demasiado para su gusto, pero no sabía controlarse frente a ese chico. Él se fue y entonces Christian llegó.
-¿Sí sabes que le gustas verdad?
-¿Tú crees?- murmuró altamente esperanzada.
-¡Lo sabía te gusta!- el rubio la señaló acusatoriamente-. ¿Qué dirían tus padres de esto?
-¡Cállate tonto!- Cassi le dio un empujón-. ¡Tú no sabes nada de chicas!
-Claro que sí. Lo he aprendido todo de mis dos mejores amigas- sonrió orgulloso-. Y soy un chico, no necesito más que mis instintos para saber que babeas por Higgs y que él babea por ti. Es un iluso.
-¿Por qué dices eso?
-Porque tú no terminarás con él.
-¿Entonces con quién?
Christian se ruborizó, le dio un sorbo a su cerveza de mantequilla.
-No lo sé- murmuró-. Pero con él no. Mira ya empezarán a tocar.
Cassiopeia se quedó confundida, pero no dijo nada más. Todos los chicos, que eran como un 99% de Slytherin y quizá algún otro buen conocido de la rubia, se acercaron rápidamente al escenario que su padre había mandado a construir, con las luces necesarias para la banda. Además había un fotógrafo que su padre contrató y no solo eso, había alguien de El Profeta, ya que un concierto privado como ese era digno de cubrir en las noticias del mundo mágico.
-¡ESTO ES POR TI CASSIOPEIA!- exclamó el veterano vocalista, Myron Wagtail con el maquillaje negro resaltándole los ojos-. ¡POR TU CUMPLEAÑOS 14!
Y entonces comenzaron a tocar y todos en el salón se descontrolaron. Cassiopeia ni siquiera estaba actuando su papel de niña pulcra, refinada y snob, simplemente no había lugar para eso ese día. Cantó, gritó, saltó y bailó como loca. En cierto momento Terence la tomó de la mano y la hizo dar vueltas mientras él brincaba; Cassiopeia reía como nunca. Y fue cuando el chico, sin previo aviso, sin esperar más, y tomándola completamente por sorpresa, le dio un rapidísimo beso en los labios. Su primer beso. Higgs le sonrió más encantador que nunca y ella intentó sonreír, pero sentía que las piernas le fallaban. De repente una marea de chicos saltando los separó, Cassiopeia volvió con Vittoria e intentó hacer como si no hubiese recibido su primer beso unos segundos atrás, del chico que le gustaba, en un concierto privado de su banda favorita.
*FIN DEL FLASHBACK*
Se limpió las lágrimas y se bebió el resto de la poción.
-Lo que necesito es un vaso de alcohol, no esta mierda- masculló dejando el frasco en la mesita.
-Lo sé, todos lo necesitamos. Tengo una botella de vodka de emergencia- le susurró-. ¿Vamos por un trago?
-Haberlo dicho antes. ¡Qué esperas!
Ella se paró y comenzó a marcharse. Christian se apresuró a seguirla. Ninguno de los dos reparó en que Albus Potter estaba a solo 3 camas de ellos, encogido bajo las sábanas. Pero le pareció escuchar la voz de Cassiopeia y se descubrió, aunque al mirar a su alrededor no la encontró por ningún sitio.
-¿Estás mejor viejo?- McLaggen salió de algún lugar-. ¿Quieres otra poción?
-Quiero ir a la habitación- murmuró saliendo de esa cama-. Solo eso- dio un paso y sintió que se caía,y lo habría hecho si su amigo no lo hubiera detenido-. ¿Qué?- escuchó su voz, sonaba lenta, y lejana. Sus pasos se sentían muy pesados-. ¿C-cuántas pociones me dieron?
-La enfermera te dio una, pero como seguías muy alterado te traje otra, y una más para que hiciera efecto más rápido. De nada.
Albus apenas podía mantener abiertos los ojos.
-Jason eres un verdadero idiota.
Albus se derrumbó en el piso, completamente inconsciente.
-Oh no- murmuró el rubio al ver a su amigo tirado como muñeco de trapo, drogado y quizá hasta muerto. Lo alzó en sus brazos con facilidad, como siempre, se acercó a la enfermera-. Hola, mire a mi amigo no le sentó bien la poción. Se desmayó.
-Quizá está muy delgado para lo que tomó.
-Sí sí, debe ser eso. Justo lo que pensé- dijo seriamente-. Eh... ¿se puede morir?
-No, esa poción nunca ha matado a nadie. Solo déjalo dormir hasta que se le pase, y dale unos dulces cuando despierte.
-Perfecto, gracias- y comenzó a trotar con Albus en sus brazos.
-¡Aguarda chico a dónde lo llevas!
-¡A dormir a su cama!
-¡Con cuidado!
Estaba entrando a la sala de Gryffindor cuando se topó a Lily, intentó esconder a Albus pero ella lo vio.
-¡Qué le hiciste McLaggen!- gritó horrorizada y lo siguió.
-¡Estará bien! Solo duerme- Jason subió a toda prisa al dormitorio, dejó a Albus en la cama y le dio unas bofetadas ligeras-. Hey Al, lo siento compañero. Al, no tardes mucho en despertar o tu hermana me matara si se entera.
Cuando Lily llegó Jason estaba terminando de arropar a Albus, le dio un beso en la frente y exclamó un:
-Awww, míralo dormir, es un ángel- el chico le puso algunos de sus peluches al rededor-. Bueno vámonos de aquí, no queremos despertarlo.
Lily lo asesinó con la mirada, sacó su varita y le apuntó. Por experiencia, Jason sabía que no tenía opción con ella. La chica Potter, la hermanita de Albus, podía ser peligrosa, y sólo tenía 14 años. Suspiró y le contó lo que pasó. Al final ella le gritó, le dio una patada en la entrepierna, otra en la pierna y un puñetazo en el estomago, y luego se calmó.
-Eres un verdadero idiota McLaggen.
-Se parecen mucho ustedes dos ¿lo sabías?- él se estaba retorciendo de dolor en el piso.
-Bien dejemos que duerma entonces. Pero tú tendrás que excusarlo en sus clases ¿quedó claro?
-Lo que usted diga jefa.
-Y vendrás a vigilarlo.
-Claro.
-Y me avisarás cuando despierte.
-Por supuesto.
-Y si algo le pasa a mi hermano juro que tu lindo rostro va a quedar irreconocible, ni tampoco conservarás ni uno solo de esos dientes.
Lily Potter definitivamente parecía más la hermana mayor de Albus, además de que ella sí daba miedo cuando se enojaba, no como su hermano que solo causaba ternura.
-No lo dudo- masculló el chico, tallando su pierna a la que seguro ya le salía un moretón del tamaño de Inglaterra. -Me han golpeado dos lindas pelirrojas de la misma familia, soy un chico de lo más afortunado-.
Hogwarts mantuvo un ambiente lúgubre todo el día. Los maestros no obtenían tantas participaciones pues los alumnos parecían distraídos, letárgicos algunos de ellos. Los alumnos que tenían radios o fonógrafos o tocadiscos parecían dispuestos a rendirle tributo a la banda, pues ponían la música incluso en los pasillos. La profesora Lindeman hizo que guardaran cinco minutos de silencio en cada clase.
Cassiopeia estuvo callada todo el día, luego de la impresión del desayuno y el llanto consecuente, decidió que no podían verla cabizbaja, aunque todos sabían que ella era de las mayores admiradoras de la banda. A pesar de que se sentía un tanto distante del mundo, sí que notó que no vio a Potter en una sola de las clases; casi tuvo el impulso de preguntarle a los amigos del chico si algo había pasado, pero claramente no lo hizo así se que se mantuvo con una extraña sensación todo el día. Aunque puede que el vodka que había tomado también influyera en su estado de ánimo.
-Te dije que solo tomaras un traguito, no media botella- dijo Christian entre dientes, cuando notó que la chica casi se corta un dedo con las tijeras en herbología, así que se las quitó de la mano.
-Fue como un cuarto de botella, no exageres.
-Claro eso en la mañana, pero luego te colaste a mi dormitorio a robarme el otro cuarto- le reprochó haciéndola sonrojar-. Deja esto, yo haré el trabajo sucio hoy.
-Odias el trabajo. Y la suciedad.
-Pero no dejaré que mi rubia favorita se rebane uno de sus preciosos dedos. ¿Cómo tocarías el violín, o el piano eh?
-Ya es la última hora, en un rato estaremos disfrutando de la cena, tú de una buena siesta y mañana todos nos sentiremos mejor- Vittoria estaba encargándose de hacer los dibujos de la práctica-. ¿Se parece esta flor a esa flor?
-Definitivamente lo tuyo es cantar preciosa- se burló Christian.
-Pues disculpa por no haber recibido educación en bellas artes- le dio un golpe con su cuaderno.
-Te perdono. No todos nacen con los dones con los que yo nací.
-Haz tú el dibujo entonces, da Vinci.
-Corta tú las raíces.
-Lo haré.
-Pues hazlo.
-¡Eso dije!
-¡Bien!
-¡Bien!
Cassiopeia, que estaba recargada sobre su mano, rio lentamente.
-Yo creo... que ustedes sí que se van a casar.
-¡ESO JAMÁS!- contestaron al unísono. Los dos se miraron y se ruborizaron, para luego concentrarse en sus nuevas tareas.
-No me molestaría- dijo Cassi-. Tienen mi bendición. Vittoria es la única por la que aceptaría que me cambiaras Chris.
-Oh gracias por darme el segundo lugar- masculló la morena entre risas.
-No hay suficiente Christian Nott para todas.
Acto seguido ambas chicas le arrojaron un puñado de tierra.
Cassiopeia entró al comedor con sus amigos, volteó hacia la mesa de Gryffindor pero notó que Potter no estaba entre su grupo de amigos y se detuvo.
-¿Saben qué? No tengo hambre, iré a dormir.
-Solo no robes más cosas de mi dormitorio- le advirtió Christian.
La chica se fue directo a la Torre Astronómica, tan digna como pudo, mirando sobre el hombro a los estudiantes que pasaban a su lado, guiñándole el ojo a algún chico guapo para hacer enfadar a sus novias, o dándole leves empujones a otros. Luego cuando llegó y lo vio parado mirando a la luna, este volteó y ella no pudo contenerse más: se puso a llorar como una bebé.
Albus escuchaba entre sueños que alguien lo llamaba. ¿Quién podría ser?
De repente sintió que se elevaba de la cama sin esfuerzo, sus pies no tocaban el piso tampoco, era casi como si volara.
-Albus... Albus...
Alguien seguía llamándolo. ¿De quién era esa voz? Ni siquiera podía decir si era de un hombre o una mujer, solo sabía que le hablaban, que lo necesitaban. Sintió miedo porque ni siquiera podía ver nada ¿qué le pasaba? Algo tocó su rostro, apretando sus mejillas, le hacía cosquillas. Luego sintió golpes leves, ¿qué es lo que querían con él? Y luego el frío.
-¡AHH!- gritó Albus, sintiendo el rostro empapado.
Con dificultad abrió los ojos, sentía como si hubiera dormido una semana completa, lo cual nunca había hecho obviamente pero él imaginó que así se sentía. Veía un tanto borroso pero cuando al fin consiguió enfocar vio a sus amigos hablándole, aunque los escuchaba algo lejos. Luego apareció Lily, que lo tomó por los hombros y le decía muchas cosas que él escuchaba muy lejanas. Alguien lo tenía sujeto por debajo de los hombros, de no ser así seguramente estaría en el piso. Lily le dijo algo a Jason, este asintió y tomó un vaso.
¡SPLASH!
Albus casi se ahoga con el agua que le arrojó su amigo.
-¡Idiota te dije un chorrito no un litro!- gritó Lily a McLaggen-. ¿Albus puedes hablarme?
-Sí... sí... ¿por qué no?- murmuró Albus, cuyos sentidos se agudizaban ligeramente, pero aún sentía su cuerpo flácido, tanto que ni siquiera podía mantener la cabeza erguida y sus ojos apenas se abrían-. Tengo sueño...
-Ya no te duermas por favor- Lily le alzó la cabeza, él parpadeaba muchas veces para intentar mantenerse despierto-. Albus has estado en cama todo el día.
-¿Me morí?- escuchó que alguien reía.
-Diría más bien que tu idiota amigo casi te mata.
-Oye ya me he disculpado.
-¡Míralo cómo está! ¡Está igual que cuando James se escapó a ese club muggle! Albus y yo tuvimos que meterlo a rastras a la casa porque James había probado no sé qué droga muggle y no podía ni estar de pie ni dejar de reírse.
-James dijo que... que me llevaría un día- murmuró Albus-. ¿Ya fuimos?
-Merlín- exclamó Lily.
Albus dio una cabezada y volvió a quedarse dormido. Lily no dejó que le echaran más agua, solamente lo acomodó en la cama y se sentó junto a él.
-¿Quieres pasar la noche aquí?- preguntó un avergonzado Jason-. Los chicos y yo buscaremos dónde quedarnos.
-Oye pero...- comenzó a replicar Joshua, pero luego de que su compañero lo fulminara con la mirada masculló-. Podemos irnos al otro dormitorio.
-Quédense si quieren- Lily se encogió de hombros-. Pero no me iré hasta asegurarme de que despierte.
-Descuida Lils, nos iremos a dormir con los otros chicos- dijo Lucas, que tomaba ya su mochila-. Vamos chicos.
Lily se quedó sola con Albus, el cual al menos parecía más vivo que hace un rato, pues ya se movía un poco más entre sueños. Albus murmuraba algo pero ella no le entendía, también parecía querer agarrar algo con la mano, ella lo sostuvo para tranquilizarlo.
-No te preocupes Al, aquí me quedo.
-Mmm.
-McLaggen fue muy estúpido al hacer eso, pero es buen amigo, apenas terminaban sus clases corría para venir a verte.
-Mmm.
-Aunque si fuera tú no confiaría mucho los medicamentos en él, definitivamente no sería buen sanador.
-Debe... triste...- murmuró Albus.
-¿McLaggen? No lo creo, solo un poco angustiado supongo.
-No... él no- Albus se dio la vuelta sobre un kelpie de peluche-. Ella... su banda...
-¿Quién? ¿Por la banda que se separa o a qué te refieres?
El brazo de Albus colgaba a un lado de la cama.
-No puedo...
-¿No puedes qué?
-De-decirte... no...
-¿No me puedes decir qué?
-Ella... no puedo.
-¿De quién estás hablando Al?
-No... no...
Y Albus no le respondió más a su hermana, porque por muy inconsciente que estuviera, sabía que decir su nombre significaría cavar su propia tumba.
-¡Y JAMÁS PUDE IR A UN CONCIERTO DE VERDAD!- lloriqueaba Cassiopeia aun, después de haberle explicado a Draco todo lo que pasaba-. ¡JAMÁS ME DEJARON! ¡Y AHORA NUNCA PODRÉ IR!
Draco en realidad no sabía cómo manejar la situación. La chica parecía una niña pequeña sufriendo por un juguete perdido o algo así, y él nunca supo tratar con niños. Su primer idea fue darle palmaditas en la espalda, pero se dio cuenta de que no podía y descartó la idea. Luego intentó hablarle pero Cassiopeia estaba tan ocupada llorando como una mocosa que nunca lo escuchó. Optó por dejar que se calmara sola, se sentó frente a ella, cruzó las piernas y esperó.
Casi se quedaba dormido cuando ya no la escuchó, abrió los ojos y ella ya se estaba secando los suyos.
-¿Ya terminaste?- dijo harto de la situación.
-Sí- murmuró ella, haciendo un morrito que le derretiría el corazón a cualquiera.
-Gran berrinche eh. Yo dejé de hacerlos cuando tenía como 6 años.
Cassiopeia se puso roja hasta el cabello y bajó la mirada con vergüenza.
-Está bien, te hacía falta desahogarte, ¿ya te sientes mejor?
-Eso creo- tomó un pañuelo y se limpió la nariz con delicadeza. Draco notó su gesto idéntico al de Narcissa-. Ya.
-Bien. ¿Quieres decirme otra cosa o ya terminaste de quejarte también?
-Creo que ya.
La chica parecía una niñita regañada. Draco no se podía imaginar cuán consentida estaba su hermana menor. Él siempre fue un niño consentido claro, un chico malcriado al que le cumplían el mínimo capricho... pero por las actitudes de Cassiopeia ¡Merlín! No podía creer que existiera alguien peor que él. Pero ahora la tenía frente a sus ojos; una versión femenina de él, más caprichosa, más llorona y más infantil. Notó que el cabello le estaba creciendo a la chica, específicamente el fleco, que lo hacía a un lado para que no le tapara los ojos, que en ese momento estaban rojos e hinchados. Algunas personas se veían horribles luego del llanto, pero no era el caso de la rubia, a quien al parecer todo le sentaba bien.
-Deja de mirarme así pervertido.
-¿Así cómo?
-¡Así! Siempre me miras... demasiado- ella se sonrojó.
-Creí que te gustaba que te miren- él ladeó una sonrisa.
-¡Pero no de esa forma!
-¡Es que no entiendo de qué forma!- exclamó Draco entre risas-. Yo solo te veo y ya.
-No, no es cierto.
-Claro que sí. Sé que soy hermosa pero no tienes por qué taladrarme con los ojos. Como si quisieras ver bajo mi ropa o algo parecido.
-Tal vez pueda hacerlo.
-¡Claro que no!
-¿Tú que sabes? No eres un fantasma- Draco arqueó su ceja y compuso una expresión ladina y misteriosa, suficiente para que Cassiopeia abriera mucho los ojos e inconscientemente se abrazara el pecho.
-Yo lo sé- masculló, pero ya no tan segura de sí misma.
-Solo estoy jugando muñeca.
-Eso es obvio, no soy estúpida- se soltó, y luego jugó con su cabello.
-Claro que no. ¿Y las cosas con tu novio cómo van?
-¡Potter no es mi novio!
-¿Y yo cuándo mencioné a Potter?- arqueó una ceja-. Tal vez me refería a Nott o a Higgs.
-Yo...
-Te has delatado tú misma ¡hahahaha! Ya admite que ese niño te trae loca.
-Me vuelve loca querrás decir- se quedó pensativa unos segundos-. No lo vi hoy en todo el día. Pobre, debe estar más devastado que yo por lo de Las Brujas de Macbeth. Seguro se quedó en cama todo el día.
-¿También es fan?
-Un gran fan. ¡Oh no te conté! Hicimos algo él y yo.
Las mejillas de Draco se opacaron y poco a poco fue sonriendo cada vez más grande, una sonrisa que Cassiopeia supo interpretar a la perfección.
-¡ESO NO IDIOTA!
El fantasma se puso a reír a carcajadas. Cassiopeia sentía la cara ardiendo. -¡Estúpido muerto! ¿Cómo se atreve a pensar que Potter y yo... que Potter y yo hicimos... ESO? Maldito degenerado eso es. ¡Hacer eso por Merlín! No lo he hecho con nadie y este cretino pensando que fue con Potter-.
-Por tu reacción asumiré que jamás "lo has hecho" con nadie. ¿No es así?
Cassiopeia apretó su falda en sus manos.
-¿Y si así fuera qué? ¡Apenas tengo 16! ¿Acaso tú a los 16 ya habías...?
-Muñeca, lo hice desde los 15- aclaró el chico, guiñándole un ojo.
-¡Pero si eras un niño!- se escandalizó.
-Cara de niño, cuerpo de hombre- contestó altivamente, haciéndola ruborizar-. Sabes a lo que me refiero.
-Eres asqueroso.
-Cuando lo hagas sentirás de todo, pero asco jamás. Te lo prometo.
-Estabas...
-¿Qué?
-No, nada.
-Dime, en este momento estoy dispuesto a responder todas tus dudas sobre ese tema tan especial.
Cassiopeia tomó valor.
-¿Estabas enamorado?
-Mmm- Draco miró al piso unos segundos, torció los labios y asintió-. Sí, supongo.
-¿Supones?
-Bueno sí, sí lo estaba- él tronó sus fantasmales dedos-. Fue mi primer novia, mi primer amor creo. Estaba enamorado, aunque no fue tan fuerte en realidad. Quizá tanto como lo puede estar alguien que estuvo con la misma persona desde los 13 años.
-¿Fueron novios desde los 13?
-No, desde los 14. Me refería a que siempre estábamos juntos. Era mi mejor amiga, ya te había dicho algo sobre ella.
-Ah sí, lo recuerdo. Entonces ¿fuiste novio de tu mejor amiga? ¿Cómo resultó? ¿Cómo fue cuando terminaron?
-Sí lo fui, y fue bastante agradable en realidad. Ella y yo éramos muy parecidos- él sonreía, recordando a cierta chica pálida, de cabello negro y expresivos ojos verdes-. Compartíamos muchas opiniones, intereses no muchos, pero era divertido estar juntos. Nadie se sorprendió cuando comenzamos a salir oficialmente. Estuvimos juntos hasta los 16... yo terminé con ella. Aunque no quise al principio... digamos que tuve que hacerlo. Seguimos siendo amigos hasta el final, por si te preguntabas eso.
-¿Cómo es eso?
Draco se encogió de hombros.
-En fin luego salí con otra chica... mientras tenía una relación complicada con otra. Al final... bueno, ya te hablaré de ello algún día.
-¿El amor es complicado siempre?
-Creo que amor y complicación son sinónimos.
-Estoy de acuerdo.
-Pero basta de hablar de las desventuras de este fantasma. Cuéntame lo que me ibas a decir.
-¡Ah claro!
Procedió a contarle sobre la broma que planeó Albus y lo exitosa que fue. Draco se rio bastante aunque hubiera querido verlo. Y luego le dijo sobre su apuesta con el mismo chico, y que él no le había dicho lo que quería.
-Apuesto a que quiere un beso tuyo- Draco sonreía con picardía-. No esperes otra cosa.
-¿Y quién dice que lo besaré?- exclamó ella enojada.
-Es una apuesta Cassi, debes cumplir.
-¿Y quién dice que él ganará?- ella se cruzó de brazos-. Me aseguraré de esta vez conseguirlo. No admitiré la derrota. Estuve entrenando en vacaciones también. Ahora soy más veloz. Y ahora tengo una mejor motivación.
-¿La cuál es?
-Quitarle esa sudadera de gato. Y no besarlo.
Draco sonrió de lado. -Se muere por besarlo, se le nota en los labios-. Pero no le dijo nada.
-Veré tu partido muñeca. Solo no me busques o te distraeré con tanta belleza.
-Belleza, claro- masculló entre dientes-. ¿Qué tal si dejas de alardear y me cuentas un poco más de tu historia?
-No es mí historia.
-Bueno pero tú me la estás diciendo. Así que es tuya de cierta forma.
-De acuerdo- Draco se acomodó la capa sobre su brazo izquierdo, que amenazaba con asomarse de más-. Ok, el chico comenzaba sufrir los estragos de tener a marca. A veces le dolía durante las clases, o en cualquier lugar. Él se contenía tanto como podía, pero a veces era muy evidente que algo le pasaba, y temía que se dieran cuenta de que su repentino dolor.
...
Draco estaba nervioso. Esa sangre sucia lo había visto al borde del llanto por el ardor de la marca. Si ya sabía que esos tres idiotas lo miraban de más, ahora sabía que la maldita Granger no le quitaría los ojos de encima. Faltaba saber si les había contado a la comadreja y al cara rajada lo que había visto en la biblioteca. Ya tenía suficientes cosas de las qué preocuparse como para agregar a su lista ir a darle otra advertencia a la cabeza de arbusto.
Decidió no preocuparse tanto por ella, seguramente le estaba dando más importancia de la que se merecía; y preocuparse más por el hecho de que el maldito armario no cooperaba con él. Había usado todos los hechizos reparadores que conocía, pero nada daba resultado. Lo único que había logrado era que ciertas partes del mueble, que estaban o astilladas o quizá algo chuecas, se pusieran en su lugar; pero mejorarle el aspecto no servía de nada si no cumplía su verdadero objetivo. Por fuera el armario evanescente lucía mejor que nunca, podría pasar por uno nuevo, pero no era suficiente. Ya le había escrito a Borgin para pedirle su ayuda, lo más pronto posible o habría consecuencias. Ahora solo estaba esperando su respuesta, pero claro que no se iba a quedar de brazos cruzados.
Estaba en la biblioteca, tuvo que arrastrar a Crabbe y Goyle con él, y decía arrastrar porque ambos idiotas parecían alérgicos a tomar un libro. Draco solo recordaba haberlos visto leyendo comics y algunas revistas. ¿Cómo podían aprobar las clases? Incluso para él seguía siendo un misterio. -Suert de idiotas, supongo-.
-¿Draco por qué vemos libros de muebles?- preguntó Goyle-. ¿Quieres hacer muebles ahora? ¿Es lo que has estado haciendo?
-Ya que te seguimos ayudando al menos deberías contarnos- Crabbe lucía molesto, últimamente lo estaba mucho, y hacía más preguntas de las que debería-. Pero nunca dices nada.
-Solo hagan lo que les digo. Nunca han tenido problema con ello- Crabbe estaba a punto de replicar, pero el rubio lo detuvo-. O lo hacen o no les paso las tareas de Snape.
Así se callaron ambos grandulones. Siguieron buscando un buen rato en los estantes que Pince les había sugerido. Eran libros efectivamente sobre muebles mágicos, muebles encantados, encantos para muebles, maldiciones para muebles, cómo quitarlas o cómo ponerlas, cómo limpiar ciertos artilugios, y lo que él buscaba, cómo repararlos.
-¡Esto es una completa mierda!- espetó entre dientes.
Una hora después no habían encontrado nada. Draco solo había conseguido una nariz irritada por el polvo de los libros.
-Draco debemos ir a clase, toca transformaciones- le recordó Crabbe.
-Vayan ustedes, yo me quedo aquí- contestó de mala gana mientras hojeaba otro libro inútil.
-¿Te importa más esto que la clase?
-¡Todo me importa más que las endemoniadas y ridículas clases!- dejó el libro de golpe y tomó otro.
-¿Y si McGonagall pregunta por ti?- Goyle dejó el último libro.
-No lo hará. Yo no soy uno de sus adorados niños Gryffindor.
-¿Y si lo hace?- insistió.
-Sólo dile que no saben dónde estoy, ¿entiendes? Ahora vayan si tanto les importa esa estúpida clase.
Los dos se miraron y se fueron. Draco olvidaba que ellos no entendían ni el sarcasmo ni las indirectas. Recargó la cabeza unos segundos contra los libros, cerró los ojos y suspiró. Seguiría buscando, aunque para el final del día lo único que había obtenido fue una alergia horrible.
-¿Te he dicho que siempre he adorado cómo estornudas Draco?- le dijo Pansy mientras cenaban.
-Unas mil veces- contestó, ella se le estaba pegando al brazo pero él no se sentía de humor-. Me voy a la cama- anunció y la dejó allí.
Al día siguiente recibió una carta que lo hizo ponerse de mejor humor, tanto que sus amigos lo notaron.
-¿Por qué sonríes tanto Draco? ¿Acaso es por mí?- Pansy le dio un beso en la mejilla, él se dejó pero torció los labios.
-Pansy ya hablamos de eso- masculló.
-No recuerdo que me hayas dicho que ni siquiera puedo darte un beso- ella frunció el ceño pretendiendo ser adorable, lo cual no le sentaba.
-Solo... no puedo- le respondió-. Ya lo discutimos antes de volver a Hogwarts. ¿Recuerdas?
-¿Y si me ayudas a hacer memoria?- ella le puso la mano en la pierna. Draco estuvo tentado a dejarla, pero la apartó.
-Luego, ¿ok?
-Cuando quieras.
Draco sonrió de todas formas. No era como si Pansy ya no le gustara; no se negaría a tener un buen y largo tiempo a solas cuando todo terminara y su plan saliera a la perfección, pero aún no era el momento. Tomó una manzana verde y se despidió de sus amigos, les dijo que iba a aprovechar su hora libre para ir a hacer una tarea atrasada, pero en realidad se fue corriendo hacia la sala de los menesteres, no obstante descubrió a unos chicos hablando casi frente a la puerta. Chasqueó la lengua, ¿qué demonios hacían ahí? ¿Por qué no se iban? Draco esperó escondido unos minutos pero esos infelices parecían no querer irse. Así que recurrió a su viejo método.
Se irguió en toda su altura, la cual ya era bastante; compuso su mejor mirada de superioridad, combinada con una buena mueca de asco más su altanera forma de caminar, y avanzó hacia la dirección de la sala, arrojando su manzana hacia el aire y atrapándola. Los muchachos lo escucharon y voltearon, parecían de tercer o cuarto año y cuando se dieron cuenta de quién era sus miradas se tornaron nerviosas. Draco hacía como si no los viera, como si estuviera muy ocupado en sus asuntos, algo que se le daba terriblemente bien. Siguió avanzando lentamente, esperando, acercándose... Entonces los miró, posó sus fríos ojos grises en los chicos, los fulminó sin descomponer sus otros gestos, arqueó una ceja y dejó de lanzar la manzana. En ese momento los niños se fueron casi a trote, Draco aguardó a dejar de escuchar sus pasos y sonrió de lado. Aún tenía el toque.
Unos segundos después estaba entrando a la sala, siguió arrojando la manzana. Al llegar junto al armario sacó la carta de su bolsillo. Era la respuesta de Borgin, allí le daba un antiguo hechizo que, según él, todos los fabricantes y reparadores de armarios evanescentes habían utilizado por siglos. Le dio las instrucciones más específicas que pudo, pero también le decía que no era una garantía que sirviera al cien por ciento, no al principio al menos. Parecía que los armarios eran demasiado caprichosos, incluso con los hechizos diseñados para ellos.
Draco chasqueó la lengua. -Un armario caprichoso, cómo no- leyó nuevamente el hechizo-. Solo debo recitarlo, apuntar directamente sin movimientos bruscos, y hacer pruebas de vez en cuando. ¿Cómo es que el mismo Borgin dice que es sumamente complicado? He realizado hechizos para recoger mis cosas más complicados que esto-. Respiró profundo y guardó el papel, sacó su varita y dijo en una voz suave y con cierto ritmo:
-Harmonia nectere passus.
El armario parecía haber reaccionado, como si despertara ante la magia que era específicamente para él. Draco sonrió, eso sería más fácil de lo que imaginaba. Tomó la manzana que tenía en la mano y la metió al armario, lo cerró y esperó. El mueble dio una sacudida muy fuerte, luego se calmó. Draco abrió la puerta y observó decepcionado que la manzana seguía ahí. La sacó e intentó de nuevo el hechizo. -Bueno estaba básicamente roto, un solo intento hubiera sido demasiada suerte-.
-Harmonia nectere passus.
Metió nuevamente la manzana, esta vez el armario volvió a estremecerse, pero Draco escuchó algo al interior. Al abrirlo descubrió que la manzana se había caído. No sabía si alegrarse o no, pero volvió a intentarlo.
-Harmonia nectere passus- dijo con más decisión.
En el tercer intento la manzana desapareció. Draco se sentía orgulloso de sí mismo, cerró la puerta y esperó. Si llegaba a Borgin y Burke's, el viejo Borgin se daría cuenta. No obstante, cuando escuchó algo dentro y abrió la puerta, la manzana estaba prácticamente seca, como si en el viaje hubiera perdido todo: el color, el agua que contenía, todo. Draco sabía que eso no lo había hecho Borgin, tenía instrucciones específicas de que cuando él consiguiera arreglar el armario debía contestarle con un mensaje, no en otra forma y así ambos sabrían que funcionaba a la perfección. Draco tomó la manzana por la pequeña ramita que tenía y esta se separó al instante, la vio caer a sus pies, y la aplastó con furia. Debía escribirle al viejo inepto ese enseguida, el hechizo no funcionaba correctamente.
Draco pateó lo poco que quedaba de la manzana y se dirigió a la puerta. Estaba abriendo cuando escuchó las voces de algunos alumnos y vio sus siluetas acercándose, cerró inmediatamente.
-¿Escuchaste algo?- dijo alguna chica.
-¿Fue una puerta o algo así?- le respondió otra.
-No se ve nadie por aquí- comentó un chico-. Debió ser un fantasma.
-¿Una puerta fantasma o qué?
-O quizá Peeves.
-¡Oh no me quiero topar con Peeves si está por aquí! La última vez que lo encontré me enredó un regaliz en el cabello.
-Esperemos un poco, si escuchamos algo más sabremos que es él. Y así sabremos por dónde no pasar.
Draco puso los ojos en blanco y golpeó su frente contra la pared. Estuvo como diez minutos escuchando la conversación de esos 3 tarados hasta que se fueron. Luego esperó un poco más para asegurarse de que no viniera nadie y al fin pudo salir. Mientras corría para llegar a su clase pensó en lo que acababa de suceder -Necesito apoyo. No puedo arriesgarme a que me descubran estando ahí. Pero no puedo tener solo a Crabbe y Goyle, sería demasiado evidente que estoy ahí si alguien los ve rondando. Necesito más personas-. Draco sabía que no podía valerse únicamente de sus compañeros de curso, ya que sería lo mismo que si solo tuviera a Crabbe y Goyle cerca, pero tampoco podía contarles qué estaba haciendo y porqué necesitaba vigilantes. Entonces pensó en alguien, alguien de quien jamás sospecharían y que siempre estaba dispuesta a ayudar... aún cuando fuese involuntariamente.
...
-Recapitulando- Cassiopeia entornó los ojos-. Este chico quería arreglar el armario para dejar pasar a los mortífagos a Hogwarts.
-Sí.
-Pero nadie habla de ello actualmente.
-Así es.
-Es extraño ¿no crees? Ni siquiera mis papás me dijeron que así fue como entraron ese día. ¿Por qué habrán ocultado la verdad?
Draco estaba pensando qué mentira decirle, cuando ella chasqueó los dedos.
-Ya sé. Seguro se avergüenzan de esa terrible falla en el sistema de seguridad de Hogwarts. Yo también estaría sumamente humillada si alguien entrara bajo mis propias narices al que se supone es el lugar más seguro de todo el mundo ¡ha!
Draco tuvo que fingir una risa, luego aclaró la garganta y prosiguió.
-El chico no perdió el tiempo y le escribió en seguida a la persona que lo ayudaba con el armario. Pero solo obtuvo una respuesta que lo hizo ponerse colérico...
...
"Ese es el hechizo y es el único que existe. Le advertí, señorito Malfoy, que debido a a volubilidad de estos artefactos los encantamientos no funcionan a la perfección desde el primer momento y siempre hay una posibilidad de que no lo hagan. Aunque también depende de la habilidad del mago en cuestión."
Draco hizo una bola el pedazo de pergamino y lo arrojó al fuego de la chimenea de la sala común. Bien podía ponerse a gritar mil y un maldiciones contra el anciano aquel, pero se controló ya que no estaba solo, a pesar de que era de noche. Se sentó en un sofá y frotó el puente de su nariz. ¿Qué demonios debía hacer? El maldito hechizo era el único en el mundo que lo podía ayudar, pero no estaba dando resultados tan rápidos como esperaba. Comenzaba a sentir una extraña sensación sobre él, como algo pesado, y no le gustaba para nada.
Alzó la vista justo en el momento en que entraba un grupo de niños de cuarto año y, en medio de todos ellos, la persona en la que estuvo pensando todo el día. Ella debió sentir la mirada de él sobre ella, porque volteó y se ruborizó al verlo, pero sin dejar de hablar con sus amigos. Draco alzó la mano un poco a modo de saludo y compuso una sonrisa relajada, no quería espantarla. Los chicos avanzaron por la sala, Draco se puso de pie cuando ella estaba por pasar a su lado.
-Astoria.
La niña se detuvo y lo miró.
-Hola Draco- dijo sonriente.
Sus compañeros le hicieron esas burlas propias de su edad; Draco estaba molesto pero aún así las risitas de los de 14 años le sacaron una sonrisa. Podía ser un cretino, un brabucón y quizá podía robar cosas a veces, pero con los de su casa era distinto; a veces le agradaban de verdad y en algunas (muy raras) ocasiones incluso los ayudaba, a los menores sobre todo. El grupo se fue sin dejar de ver a Astoria con picardía, la niña se acomodó sus rizos rubios.
-Tú... ¿n-necesitas algo?
-Solo saludaba- se encogió de hombros-. ¿Cuándo he necesitado una excusa para hablarte?
Astoria sonrió nerviosa. La pequeña rubia era hermana menor de Daphne, la conocía hace años, desde antes que entrara a Hogwarts y siempre le agradó. Astoria era extrovertida, nunca temía dar sus opiniones, era inteligente y quizá algo extraña, pero extraña en una forma que Draco encontraba tierno. Definitivamente ella era la única persona a la que un joven como Draco podía encontrar tierna, pero jamás lo diría en voz alta, ya que aun le causaba cierto conflicto interno pensar eso. ¿Por qué pensaba eso de Astoria? ¿Desde cuándo él pensaba esas cosas sobre alguien? Como sea, Astoria jamás perdía una oportunidad para saludarlo, y él no tenía problemas en detenerse a charlar un rato. Theodore siempre le recordaba que la pequeña Greengrass era dos años menor, pero Draco siempre recalcaba que él no buscaba nada más con ella, a pesar de que sabía perfectamente que Astoria tenía un crush con él, eso la hacía más simpática y linda. Probablemente de haber sido otra persona, Draco ya hubiera sacado provecho de la situación, como lo había hecho antes. Pero con Astoria era diferente, no solo porque era la hermana menor de una de sus amigas cercanas, sino porque la rubia en realidad le agradaba, algo que no podía decir de muchas personas. Astoria era... pues Astoria.
-Oye te noto preocupado- Astoria siempre hacía esos comentarios, de hecho a veces podían ser inoportunos, pero la chica jamás lo hacía con mala intención, simplemente así era ella-. ¿Sucede algo?
-No estoy preocupado- él le sonrió de lado.
-Yo no me equivoco- objetó frunciendo levemente el ceño y parando ligeramente los labios. Esa era como su expresión particular.
-Algún día lo harás- Draco le revolvió el cabello, era una costumbre que había adquirido desde que la conoció cuando era más niña-. Bien estoy algo preocupado por las clases. Nadie dijo que sexto año sería tan terrible.
-No.
-¿No qué?
-¿Es otra cosa verdad?- dijo ella en tono confidente.
Draco siempre supo que a Astoria no se le pasaba nada, pero no podía dejar que supiera sobre sus planes, sería sumamente arriesgado involucrarla.
-Tranquilo no debes decirme- ella sonrió-. Pero cuando quieras hablar, soy buena escuchando.
-Lo tendré en cuenta- mintió Draco.
...
-¿Y el objetivo de hablar con ella fue...?
-Siempre queriendo ir al grano, ¿no es así?- Draco rodó los ojos-. El chico solo buscó a esta niña para robarle algo que podía ayudarlo.
-¿Robarle?
-Sí. Ella lo iba a ayudar, pero no le diría que lo haría.
-Explícate ya.
-Le robó un cabello.
Cassiopeia pareció unir los puntos en su cabeza y exclamó un gran Oh de asombro.
-Para esto el chico había robado poción multijugos del profesor. Te lo digo, a pesar de que él tenía todo lo que quería, siempre tuvo manos rápidas para tomar cosas sin permiso- soltó unas risitas-. Era como su talento innato y completamente innecesario, pero le funcionaba todo el tiempo.
-Entonces ¿a quién le dio la poción?
-A sus amigos que siempre lo acompañaban. También decidió que necesitaba no solo el disfraz de una niña, sino el de otros. Le resultó muy fácil tomar unos cuantos cabellos más de las amigas de la niña. A decir verdad muchas chicas estaban tras él, así que estar lo suficientemente cerca de alguna de ellas jamás le dio problemas.
...
-¿Y quién se supone que seremos?- Goyle miraba con asco y curiosidad a los frasquitos de pociones que Draco preparaba en su dormitorio.
-A veces alguien, a veces otro alguien. Ni siquiera yo sé los nombres de todas las niñas. Solo de Astoria.
-¿Astoria la hermana de Daphne?- preguntó Crabbe.
-Ella misma.
-¿Accedió a esto?
-Obviamente no lo sabe Crabbe- Draco suspiró exasperado.
-Oh. Espera- exclamó el chico-. ¿Y si nos topamos con las verdaderas niñas?
-Aha- concordó Goyle.
-No lo harán.
-Pero si...
-¡No pasará! Y si llega a pasar solo corran y listo.
Ambos grandulones se miraron.
-Podríamos usar máscaras- dijo Goyle-. O unos sombreros.
-Claro así no resultarán nada obvios- masculló Draco sarcásticamente.
-¡Exacto!- exclamó Goyle como si hubiera tenido la idea del siglo. Draco estaba por replicar pero se dijo a sí mismo que no podría hacerlos entrar en razón así que dejó la discusión.
Terminó de vaciar las pociones a los frascos más pequeños que encontró y repartió los cabellos. La poción adquirió diferente color de acuerdo al cabello, casi todas lucían bien, solo una se veía como agua de pantano, y la de Astoria lucía de un precioso y brillante color verde, idéntico al de sus ojos. Draco se sintió ligeramente culpable al saber en qué estaba involucrando a Astoria, aunque fuese indirectamente. Quitó de su mente esos pensamientos y procedió a explicarles el plan a sus amigos.
-Van a vigilar la entrada de la Sala de los Menesteres. ¿Recuerdan dónde está no?- los dos asintieron-. Bien. Solo necesitaré a uno de ustedes por turno, no quiero sospechas. Lo que busco con esto es que me mantengan informado sobre lo que sucede afuera. Apenas casi me descubren saliendo de allí, y obviamente eso no debe suceder.
-Y si viene alguien entramos a decirte- concluyó Crabbe.
-¡NO!- Draco frotó su nariz-. Tenerlos afuera es justamente para evitar que vean que alguien está utilizando la sala. ¿Entienden?
-¿Entonces cómo te avisaremos?
-Van a tener que conseguir cosas que hagan ruido.
-¿Como una trompeta?
-Sí Goyle una trompeta ¡claro que no idiota!- Draco cada vez tenía menos paciencia, no solo con ellos, sino con el mundo en general-. Algo discreto como un frasco o algo de metal que puedan llevar fácilmente, algo que parezca que pueden usar en clases por ejemplo; y si alguien viene lo deben dejar caer. Ese será un ruido suficiente como para que yo esté alerta y sepa que no debo salir en ese momento. Si es algo que se puede romper solo lo arreglan con un Reparo y listo. Cuando yo quiera salir tocaré la puerta, seguro que sí escuchan, y si es seguro ustedes guardan silencio; si no es seguro dejan caer el objeto. Llevarán una poción de repuesto por si el efecto se les acaba.
-Es algo complicado- Goyle se rascaba la cabeza.
-Es lo mejor que se me ha ocurrido y que no parezca tan sospechoso. ¿Quieren repasar el plan?
-Sí- contestaron al unísono.
Draco conocía algunos métodos más fáciles de comunicación, pero al tratar con esos dos tarados sabía que los planes debían tener ciertos límites intelectuales. En verdad se preguntaba cómo habían sobrevivido tanto tiempo sin tener un manual de cómo hacer cada cosa paso por paso.
Ese mismo día Draco recibió una pequeña carta cuando estaba en el patio. Últimamente le gustaba salir a caminar solo, en lugares donde preferentemente nadie lo viera. Sentía que así despejaba su mente de todo lo que lo acongojaba: de su padre en prisión, su madre temerosa y sola en la mansión, la loca de su tía, el estúpido Snape y sus miradas de lástima, del patético trío que lo acosaba, de su maldita misión que no iba por buen camino... Bien, puede que caminar sí lo hiciera distraerse, pero también podía ponerlo a pensar demás. Sin embargo como estaba solo podía pensar mejor, incluso podía maldecir o quejarse en voz alta sin atraer miradas inquisidoras.
Acababa de sentarse en una banca solitaria y algo sucia, cuando una sombra apareció sobre él. Era la lechuza gris de Brogin, que le tiró una carta en las manos, él la abrió sin pensarlo.
"No tengo otro hechizo, pero aquel otro objeto que te interesó sigue disponible si lo quiere. Podría serle de utilidad para lo que planea, y con este tengo su efecto totalmente garantizado".
Draco observó que la lechuza estaba junto a él, como esperando la respuesta. El chico sacó una pluma de su maletín y contestó en el mismo papel:
"Envíelo a mi casa inmediatamente"
Le devolvió el pergamino a la lechuza y esta emprendió el vuelo. Draco la miró con una ligera sonrisa en los labios. No era lo que planeó en un principio, pero si no podía reparar el maldito armario más rápido, necesitaba más planes. Esos planes incluían una pronta visita a Hogsmade.
...
-Creo que es momento de parar por hoy- dijo Draco-. Ya es tarde y te recuerdo que sigues castigada.
-Uy lo siento papá- Cassiopeia se puso de pie-. Bien, vendré pronto. Esto se vuelve mucho más interesante. Ese chico es, era muy listo. Me sorprende.
-¿Lo crees?
-Sí. Bueno ya sé que ayudaba a Voldemort, pero vaya planes ingeniosos- miró la hora de su reloj-. Ups, tengo que irme corriendo. Mis amigos piensan que ya me dormí.
-Cuídate muñeca. Si no te veo antes de tu partido, te deseo suerte desde ahora.
-Gracias. Ganaré, esta vez en serio lo haré.
Cassiopeia le sonrió y se fue corriendo. Draco se giró sobre sí mismo, fue al barandal y se recargó. ¿Cómo decirle a Cassiopeia que eso que encontraba interesante para él había sido una tortura?
Jason volvió al dormitorio apenas se despertó. Había pasado una buena noche con los otros chicos, todos se rieron de él y lo que le hizo a Albus. Al abrir la puerta se encontró con Lily fuera de la puerta del baño.
-¿Albus?
-Ya se pudo parar, gracias al cielo- le respondió la pelirroja-. Se está bañando.
-Deberías asegurarte que no se suicide con la regadera.
-Estará bien, ya se le pasó tanto el efecto de la poción como la tristeza. Bueno eso espero.
-Lo siento, de nuevo- admitió sonrojado.
-Discúlpate con él Jason. ¿Puedes encargarte? Debo ir a prepararme para las clases.
-Claro, nos vemos.
Jason se cambió y esperó a que Albus saliera. Cuando lo hizo corrió a abrazarlo.
-¿Qué te pasa?- Albus se asustó-. ¡Suéltame me vas a matar!
-¡Creí que te había matado ayer!- Jason lo soltó.
-Pues creo que casi lo haces, pero agradece que sí pude despertar- Albus se compuso el cabello-. ¿Estás... llorando?
-¡Claro que no!- pero el rubio se contradijo al secar sus ojos.
-Oh Jason, no pasó nada. Mira, estoy bien y me siento bien. Creo que todas esas horas de sueño me hacían falta.
-Perdóname Albus, sé que soy un tonto a veces pero esta vez me comporté más estúpido que nunca. ¿Cómo podré compensártelo?
-Solo no lo menciones. Mucho menos que me puedes cargar con un solo brazo.
-Es que eres tan ligero, como un muñeco de felpa.
-Y no vuelvas a decir eso- Albus tomó sus cosas y miró hacia su puerta, donde justamente tenía un poster de las Brujas de Macbeth-. Ojalá fuera una pesadilla.
-No podían ser estrellas de rock toda su vida Al.
-Lo sé pero...- negó con la cabeza-. Vayamos a desayunar, muero de hambre.
-¿Quieres darme tu mochila?- dijo McLaggen mientras salían-. ¿O prefieres que te lleve?
-¿QUÉ?
-Anda, puedes subir a mi espalda.
-¡Ya olvídalo McLaggen!
-No me cuesta nada, anda déjame llevarte.
-Solo cállate ya- Albus bajó las escaleras a toda prisa.
-¡Te puedes caer!- gritó Jason siguiéndolo, Albus prácticamente corrió para escapar de él.
A pesar de que tenía hambre pronto se dio cuenta de que no tenía mucho ánimo. La notica sobre su banda favorita lo había devastado. Estaba sirviéndose unos panqueques cuando al alzar la vista vio a Cassiopeia sentada casi frente a él, en su respectiva mesa obvio. La rubia debió sentir su mirada pues pronto hizo contacto visual. Los ojos grises de la chica parecían preguntar algo, él estuvo tentado a pararse e ir directamente con ella, pero con un pequeño movimiento de su dedo indicó que hablarían más tarde. Ella pareció comprenderlo.
Efectivamente más tarde durante la clase de transformaciones, Albus se acercó discretamente a la rubia cuando esperaban su turno para que la profesora McGonagall evaluara su trabajo.
-¿Nos vemos en las escaleras del otro día?- le preguntó.
-Claro- respondió Cassiopeia simplemente. Albus observó el trabajo de la chica.
-Tu cofre brilla mucho más que el mío- comentó al comparar las joyas que ambos cofres tenían incrustadas.
-Si lo pules con cera quizá McGonagall no lo note- respondió ella, causando que el chico riera.
Ambas risas no pasaron desapercibidas por los demás, más de un alumno volteó para verlos; ellos dejaron de mirarse pero sin dejar de sonreír. Tras ellos Christian Nott acribilló con la mirada a Albus, imaginando que con el poder de su mirada la cabeza del chico explotaba.
-No le volarás la cabeza con la mirada- Vittoria le dio un golpecito en la cabeza.
-Yo no pretendía eso.
-Claro que sí, cuando haces eso pones esta cara- lo imitó inflando la mejillas y abriendo mucho los ojos pero frunciendo el ceño a la vez-. Solo que tú te pones rojo, yo no.
-No sabes de lo que habla Zabini.
-Creí que eso de los celos estaba controlado Nott. Sabes que a Cassi no le agradas cuando te pones así. Y si la quieres tanto de esa forma, ¿por qué no solo se lo dices y ya?
Christian no contestó nada.
-Se ven bien juntos ¿no crees?- comentó Vittoria.
A Christian le pesaba admitir que sí.
Más tarde Albus llegó a las escaleras y se sentó a esperar. Desde donde estaba era difícil ser visto por alguien, era un buen sitio para reunirse. Jugueteó con los pines de su mochila, que eran de todas formas y colores, incluso tenía unos de las Brujas de Macbeth, y un par de botones de la banda, al lado de un parche con forma de guitarra. Al recordar la razón por la que empezó a tocar la guitarra se le escapó una sonrisa.
*FLASH BACK*
Estaban comenzando su cuarto año, era la primera semana de clases, y aunque ya habían pasado tres días todos seguían preguntándole a Cassiopeia sobre cómo fue tener a Las Brujas de Macbeth en su casa. Iban a clase de Transformaciones, faltaban unos minutos para y todos los chicos que podían se reunieron en la entrada del salón y acribillaban a Malfoy con preguntas sobre la banda.
-¿Qué canciones tocaron?
-¿Pudiste tocar sus instrumentos?
-¿Son muy viejos?
-¿Son guapos?
-¿Se quedaron a cenar?
Y Cassiopeia lucía encantada por supuesto, con tanta atención sobre ella. Les mostraba fotos de ella y sus amigos estando con la banda, las cuales todos se pasaban de mano en mano impresionados.
Albus, que no podía pasar gracias a todos los chicos, se quedó ahí afuera esperando a que el área se despejara. Ni siendo tan bajito y delgado como era podía pasar entre la masa de alumnos que se formó en torno a la rubia.
-Me dejaron mostrarles cómo toco el piano- presumía la rubia-. ¿Verdad Vittoria?
-¡Oh sí!- afirmaba la entusiasmada Zabini-. Luego de eso invitaron a Cassi a tocar una parte de una de sus canciones en el teclado. Les gustó mucho, mucho, mucho. Y Cassiopeia incluso tocó la guitarra de Duke- Duke era el guitarrista principal de la banda.
-No sabía que también tocaras la guitarra Cassi- comentó un chico impresionado.
-Eh- la rubia se sonrojó-. No realmente. Por supuesto me encanta, y adoro a los guitarristas, pero madre no me permite tocarla, es muy ruidosa para ella. Vittoria se refiere a que Duke me dejó sostenerla.
-¡Ohhhh!- exclamaron impresionados.
-Aquí está la foto.
-¡Woowww!
Albus miró de lejos la foto de Malfoy con Duke. Efectivamente la rubia estaba sosteniendo la guitarra del famoso, y lucía tan radiante de alegría que Albus ni siquiera la reconocía. -En verdad adora a los guitarristas eh-.
-¡Qué hacen aquí todos!- gritó Macgonagall-. ¡Señor Rogers usted ni siquiera es de esta clase! ¡Ni ustedes señoritas! ¡A sus salones, rápido! En cuanto a los que sí pertenecen aquí entren rápido.
-Cassiopeia nos mostraba fotos profesora- dijo una chica.
-¡Sí! Su padre consiguió que las Brujas de Macbeth tocaran en su cumpleaños, en su casa.
-¿No es impresionante?
Macgonagall miró una de las fotos, y luego otra.
-Quizá sea algo impresionante, pero no tanto como para cancelar las clases. ¡Fuera todos! ¡Usted no señorita Zabini!
-Oh.
*FIN DEL FLASH BACK*
-Y para navidad pedí una guitarra. Y para el próximo verano ya la dominaba bastante bien. Y de cumpleaños pedí la eléctrica. Todo porque en mi mente aún escuchaba a Cassiopeia decir que adora a los guitarristas- pensaba Albus-. ¿Cómo pude ser tan idiota en ese momento? Era obvio que desde entonces me gustaba Cassiopeia, y yo ni siquiera podía pensar que eso fuera posible. ¡Vamos! ¡Solo un loco enamorado aprende a tocar el instrumento favorito de la chica que le gusta! Pero solo un tonto como yo ni siquiera sabe reconocer que estaba enamorado. Claro que debí estarlo. Es más, quizá siempre estuve enamorado de ella. Siempre terminaba buscándola con la mirada a pesar de que ella me lanzara maleficios. Siempre quise estar sentado cerca sin razón alguna, aunque sabía que me iba a insultar tarde o temprano. En verdad no hay nadie más bobo que tú Albus Severus-.
-¡Potter!
-¡AAHHH!
Albus se fue para atrás con el susto. Cassiopeia reía a carcajadas.
-Lo-lo sientooo- dijo ella roja por la risa-. Te vi tan pensativo que no pude evitarlo.
La chica se sentó a su lado y recogió sus piernas. Permanecieron en silencio un momento.
-¿Es una mierda no crees?- dijeron al mismo tiempo.
Los chicos se voltearon a mirar, hicieron contacto visual más de lo esperado y cada uno observó cómo el otro se ponía rojo hasta el cabello. Volvieron la mirada al frente. Albus tragó saliva y Cassiopeia abrazó ligeramente sus piernas. Soltaron risitas nerviosas hasta que pudieron volver a su frágil normalidad.
-No puedo creer que después de años se acabe- dijo Albus refiriéndose a la banda-. No quiero creerlo.
-Ni yo- suspiró la rubia-. ¿Sabes cuántos buenos recuerdos tengo de su música?
-Al menos pudiste conocerlos en persona. Yo solo los vi de cerca una vez en uno de sus conciertos. Me tomé una foto, me firmaron unos discos y ya.
-Bueno tú fuiste a un concierto. Juro que cambiaría el que hayan ido a mi casa por un concierto de verdad.
-¿Qué? ¿Por qué?- Albus estaba incrédulo-. Morgana, Cassiopeia viviste el sueño de todos. ¡Mi sueño!
-Sí pero... Siempre he querido vivir esa experiencia- confesó a una banda en el escenario de verdad, estar entre el público como si no importara nada más- se encogió de hombros-. No lo sé, quizá siempre quiero lo que no puedo tener. Mis padres jamás me permitieron ir a un concierto de ellos, ni de alguna banda en sí. No es "apropiado" para alguien de mi clase.
Apretó los labios sintiéndose idiota por decir eso, pero Albus asintió sin juzgarla.
-Quizá cuando seas mayor- dijo para animarla.
-Sí, quizá- ella sonrió con tristeza-. Ayer no te vi en todo el día.
-¿Entonces me estuviste buscando?- Albus compuso una sonrisita, pero por dentro estaba verdaderamente eufórico.
-Sí Potter, te estuve buscando todo el día porque no tengo nada más que hacer excepto acosarte.
-Lo supe desde siempre- Albus sentía las manos sudorosas-. Tuve un pequeño... accidente.
-¿Otra vez?
-Soy propenso a sufrir heridas, contusiones y maleficios, qué te digo. El peligro corre por mis venas. Te contaré lo que pasó solo porque no tengo otra cosa qué hacer y estoy dispuesto a que te rías de mí.
Unos minutos después, contrario a lo que el chico pensaba, Cassiopeia estaba boquiabierta.
-¿Y sigues considerándolo tu mejor amigo?- exclamó con un tinte molesto.
-Pues sí- murmuró.
-¡Pudo matarte Albus!
-La enfermera dijo que no...
-Porque seguramente ni siquiera le dijo cuánta poción te dio. Esas pociones pueden usarse incluso para matarse a uno mismo.
-¿Qué?- Albus perdió el color.
-Lo que escuchaste. Con la cantidad suficiente... es una forma menos cruel que los venenos. Solo duermes y duermes, hasta que tu ritmo cardiaco baja demasiado al igual que tu respiración.
Albus sentía que podía vomitar.
-Afortunadamente parece que McLaggen solo te produjo un efecto como embriagante.
-No esperaba que mi primera vez ebrio fuera así- Albus mordió su labio-. Maldición, ahora estoy francamente asustado.
-Lo siento. Al menos no pasó a mayores. Es decir ya fue algo grave pero...
-Sí sí- Albus sonrió de lado-. No es la primera vez que estuve cerca de la muerte.
Al día siguiente apareció una noticia en todos los diarios del mundo mágico, una notica que hizo que saltaran de felicidad y que hasta soltaran lágrimas. Albus y Cassiopeia se miraron y esa vez no pudieron evitar salir corriendo para hablar.
-¡ES FANTÁSTICO!- gritó Albus, rojo por la emoción.
-¡No puedo creerlo!- Cassiopeia sostenía aun la página del diario entre sus manos, sin dejar de sonreír-. ¡Esto es maravilloso!
-¡NO ME LO PUEDO PERDER!- gritaron los dos, con enormes sonrisas.
-Encontraré la forma de que me dejen ir- Cassiopeia no podía con tanta alegría, era tanta su dicha que ni siquiera parecía recordar las estrictas reglas de sus padres-. Tengo que convencer a mi papá, tengo que hacerlo. ¡Es mi última oportunidad Albus!
Los dos se miraron como si de repente se hubieran transformado en unicornios rosas con alas.
-P-Potter- tartamudeó la rubia, cuyo rostro parecía a punto de estallar. Jamás se había ruborizado tanto-. Potter, quise decir.
Albus sintió que los nervios eran más fuertes que la misma alegría que sentía, así que aunque quería decirle que estaba bien, no pudo. Su lengua lo traicionó y no lo dejó hablar. Más tarde se golpearía la cabeza contra su almohada decenas de veces repitiéndose lo estúpido que fue.
-Voy a escribirle una carta inmediatamente- Cassiopeia quería irse corriendo de allí. La vergüenza que sentía no la dejaba ni pensar-. Justo ahora, sí. Inmediatamente- mascullaba rápida y ansiosamente-. Eh... Nos vemos.
-Sí- contestó Albus con un hilo de voz. Sentía que podía desmayarse.
Cassiopeia le devolvió el diario, pero apenas se fue él lo soltó. No tenía fuerzas ni siquiera para eso; de hecho se quedó parado un largo rato allí en ese pasillo, con la voz de Cassiopeia en su cabeza, repitiendo su nombre una y otra vez. Albus caminó cual autómata, sentía que sus pies ni siquiera tocaban el piso.
No era casualidad que dos fantasmas de dos apuestos jóvenes estuvieran observando. Hermione y Draco salieron de su escondite y miraron a Albus alejarse.
-Estos chicos me volverán loco si no lo admiten de frente- Draco se cruzó de brazos.
-Hey, que la del problema de negación es tu querida hermanita- Hermione se acercó para mirar el diario.
-Quizá si Potter se confesara ella ni siquiera tendría que abofetearlo y simplemente lo aceptaría.
-Bueno, creo que esto les da una nueva oportunidad para acercarse- Hermione le sonrió y señaló la hoja del periódico. Draco leyó y no pudo evitar sonreír.
-Los planetas se alinean en su favor- Draco giró su anillo de serpiente como siempre-. Es perfecto.
En primera plana, en letras enormes y estilizadas se leía: "LAS BRUJAS DE MACBETH: ÚLTIMO GRAN CONCIERTO EN HOGSMADE" y bajo ello se veía una fotografía de la banda, así como los puntos de venta de las entradas para el gran concierto de despedida, que prometía ser el más épico de su carrera.
¿Qué ocurrirá con nuestros héroes? ¿Cassiopeia ganará el partido de Quidditch? ¿Conseguirá convencer a sus padres para asistir al concierto?
Draco cuenta cada vez más cosas sobre su pasado y lo que hizo en su sexto año. ¿Cómo se involucra Hermione en esto?
SPOILER: Albus hará algo alocado para ganarse el afecto de su amada ;) ¿Qué creen que sea?
Dejen sus reviews ya saben dónde y no se desesperen mucho con esta pobre mortal :'v
Los quiero gente bonita
XOXO
