Anime: Satsuriku no Tenshi/Angels of Death
Sumarry:
Una noche de luna azul, en medio de toda oscuridad, un niño abrazaba fuertemente a una pequeña para darle calor. Quien diría que desde ese momento sus caminos se unirían en uno carmesí.
Prólogo
Un golpe en seco contra la pared hizo que saltara un poco sobre su lugar mientras abrazaba con fuerzas su peluche de conejo. El siguiente hizo que cerrara más fuerte sus ojos. Sabía muy bien que el clímax se acercaba, por lo que se escondió más entre las sábanas. Espero a escuchar la puerta cerrarse y los llantos ahogados de su madre para salir de su cama.
Pero algo era diferente.
La salida de su padre al trabajo se escuchó, sin embargo los sollozos no. Esperó unos segundos antes de comenzar a bajar las escaleras para ver qué ocurrió esta cuidado de no cortarse con los vidrios de las botellas que yacían en el suelo. Al llegar a la cocina, se encontró con el cuerpo inmovil de su madre tirado en el suelo. Sus ojos se llenaron de miedo al ver esto. Lentamente caminó hasta ella y le tocó el brazo Para su sorpresa, la cabeza de la mujer rápidamente se giró a su dirección para luego reírse ruidosamente. La pequeña se asustó aún más, pero a los pocos segundos sus ojos se mostraron inexpresivos como usualmente eran. Lo siguiente que sintió fue un dolor horrible en su mejilla y la dureza del suelo. Sin siquiera poder analizar lo que le pasó, sus lágrimas comenzaron a mojar el suelo. No se molestó en levantar su mirada, solamente la clavó en las patas de la mesa.
La mujer, quien se había incorporado para darle la cachetada a la menor, comenzó a reír otra vez, pero esta vez más tranquila.
-¡Vaya, me alegra que por lo menos tengas otra expresión! ¡Pensaba que tenía una muerta por hija!- comenzó a hablar con frialdad mientras se reincorporaba. -¿Sabes? La única razón por la que estoy en este infierno es por tu culpa. Lo mínimo que esperaba de ti es que fueras como una niña normal. -un silencio de breves segundos hubo antes de que continuara- Ver tus malditos ojos es una tortura para mi. No soporto escuchar a tus maestras decir que no tienes empatía por nadie. ¡Mucho menos la mirada de los demás al ver al monstruo al que estoy atada! -la pequeña se tapó los oídos al escuchar como los platos que habían estado en la mesa se estrellaban contra el suelo. Uno de los pedazos de cerámica chocó contra ella, provocandole un corte.
Pasaron los minutos. Luego de esa escena no se escuchó nada más. Su madre simplemente se fue. La pequeña seguía en la misma posición, pero ya no lloraba, simplemente estaba acostada, sin fuerzas para siquiera moverse. Cuando sintió que su madre se aproximaba solo cerró los ojos. Sintió como con brusquedad su madre la tomó del brazo y se la llevaba casi a rastras de la casa. Esta vez sí tuvo la valentía de mirarla a la cara. Su ojo izquierdo se encontraba morado y su labio inferior partido. Su ojo derecho estaba sano, pero con una mirada perdida, sin brillo, como si estuviera muerta.
La niña se percataba de la mirada preocupada de las personas al ver el estado de su madre y el de ella. No sabía si la mujer se había percatado de que no tenía zapatos en sus pies y que todavía seguía con su vestido blanco que usaba para dormir, pero no se animó a hablar. Al cabo de un rato llegaron a la estación de tren, el cual no demoró en llegar. A jaloneos la hizo entrar deprisa al vagón. Allí siguieron las mismas miradas, pero esta vez algunas personas se animaban a preguntar a la señora si estaba bien. En ningún momento su madre se dignó a prestarles atención, era como si su mente estuviera en todos los lugares posibles menos en ese.
Cuando encontraron unos asientos libres, la menor se percató que su madre llevaba una pequeña maleta. De ese modo se dio cuenta que ya no volvería a su casa, por lo tanto sería un viaje largo, así que solo cerró sus ojos para dormir un rato, procurando no apoyarse en su progenitora.
Cuando despertó se dio cuenta que ya no estaba la luz del día. Para ese entonces reinaba la noche. No tuvo mucho tiempo para procesar eso ya que fue tironeada para salir del tren. Al salir de la estación finalmente su brazo fue liberado del agarre agresivo de la mujer, la cual sin mirarla entró a una estación de servicio. Ella la siguió como pudo, pero al llegar su madre había terminado la breve conversación que tuvo con el joven trabajador. Nuevamente fue tomada, pero esta vez no por el brazo, sino que fue cargada después de mucho tiempo por la adulta. Ante esa acción, sintió una mínima calidez en su pecho mezclado con la preocupación de que podría significar ese gesto.
Esa comodidad no duró mucho, ya que luego de haber caminado un par de cuadras por la avenida principal de aquella pequeña ciudad se tomaron un taxi. Al sentarse en los asientos traseros, escuchó el nombre de un lugar, el cual no logró escuchar bien por su cansancio. La cuestión es que vio por la ventanilla como el número de casas iba decreciendo a medida que se alejaban de allí.
El trayecto no fue tan corto como hubiera imaginado la infante, pero se sorprendió al ver cómo en medio del campo se encontraba una gran casa de aspecto lúgubre y viejo.
-Espereme aquí, no tardaré.- dijo la mujer mientras se bajaba del vehículo con su hija en brazos.
Al llegar a la entrada, tocó la puerta con insistencia hasta que fue recibida por dos adultos, los cuales le dieron una mala sensación a la niña.
-Vine aquí para dejar a mi hija.- dijo sin dar rodeos. La pareja se sorprendió un poco ante lo directa que fue al decir eso, pero luego volvieron a su estado de antes.
-No es tan sencillo como eso, para eso tiene que firmar unos documentos y dejar un incentivo para que nos la quedemos.- expresó el hombre mientras miraba con disgusto a la niña.
-No hay ningún problema.- sentenció la mujer mientras bajaba a su hija.
Lo siguiente fue difuso para ella, solo podía ver como su madre sacaba un fajo de dinero de su bolso y firmaba unos papeles que le entregaron. La sonrisa de la mujer estremeció a la infante, pero más la mirada extraña del hombre. Cuando parecía que todo había terminado, la pareja la tomó por los brazos y la obligaron a entrar a la casa.
-Muy bien, Rachel, bienvenida.- dijo el hombre sonriéndole, ganándose una mirada de desagrado de su esposa.
Rachel se giró a mirar por última vez a su madre, quien se fue sin mirar atrás ni por un segundo y con pasos seguros. Lejos de rogar como lo haría cualquier otro niño, comenzó a llorar en silencio de amargura al confirmar lo que no se animaba a decir en voz alta.
No tengo a nadie.
Luego de esa última vista, la puerta se cerró, comenzando una nueva etapa en su vida. Una muy complicada etapa.
Notas de la autora: ¡Hola! La verdad, hace mucho que no escribo, así que siento que se me fue un poco la práctica. Pero hace un tiempo vi "Angels of death" y se me ocurrió esta pequeña historia. No se cuanto vaya a durar, pero espero que les guste. Prometo ir mejorando a medida que practique un poco más.
Sin más que decir, les deseo lo mejor. ¡Adiós! :3
