¡Hola, que tal!
Sí, he vuelto. Me perdí por un año entero, pero he vuelto y con una nueva historia.
Se que tengo pendientes dos historias que aún no termino (Full China Alchemist y Let's Play) pero este fanfic, a pesar de ser un long fic, será corto, aunque puede que intenso.
La portada fue dibujada por mí, espero que les guste.
Advertencias: Puede contener lemon (aunque más adelante) por lo que se recomienda discreción y que seas mayor de 18 años (si tienes menos y te descubren leyendo esto ya no es mi problema, ahre) También puede contener OoC (Out of Character)
Disclaimer: Los personajes pertenecen al gran Hideaki Sorachi (no me rompas el corazón Gori-san, se que no pusiste okikagu al final del manga pero se buenito y pon al menos una escena en la pelicula plz :'( )
Sin más que decir, comencemos.
¡Espero que les guste!
Dato: La historia está inspirada en el periodo Heian, durante las guerras Genpei.
Rivales
El castaño de largos cabellos corría por los árboles de bambú intentando buscar a su próxima víctima. El clan Okita seguía en constante rivalidad con el clan Yato, y todo por diferencias políticas al elegir al nuevo candidato para el trono imperial.
Eran los años 1183, Okita no Sougo tenía recién cumplidos los 23 años y ya había sido catalogado como el mejor espadachín de su clan, por lo que era el primero en la línea a la hora de atacar a los enemigos.
Su búsqueda por nuevos bastardos a matar era incesante, aunque cansadora y agobiante.
Había decidido descansar cerca de un río y tomar un poco de agua. Tanto tiempo corriendo le había dado sed, fue en ese entonces que sintió como algo filoso se posaba tras su cabeza.
— Así que aquí está el hombre más poderoso del clan Okita… Seguramente si le llevo tu cabeza a mi padre puede que me reconozcan como la mujer más fuerte del clan Yato. — escuchó decir a sus espaldas la voz de una mujer bastante seria pero a la vez atractiva.
Sougo se puso de pie lentamente y comenzó a darse la vuelta.
— Vaya… Dudo que puedas obtener fácilmente mi cabeza, pequeña zo… — en cuanto vio a la chica que estaba ante sus ojos, no pudo pasar por desapercibida su belleza.
Ojos azules y penetrantes, largo cabello bermellón y tez tan blanca como la nieve. Había quedado anonadado. ¿Había mujeres tan hermosas en el clan Yato?
— ¿Por qué te quedas callado, bastardo? ¿Acaso me viste y temiste por tu vida? No sabía que Okita no Sougo era un hombre tan cobarde — una sonrisa ladina y sádica adornaba sus labios.
— No dejaré que tomes mi cabeza, maldita — dirigió su mano a su katana y se dedicó a desenvainarla — Pero no me gusta matar a alguien sin saber primero su nombre — había cierta coquetería en su hablar, sin embargo, la bermellón estaba tan absorta en sus pensamientos de adquirir la castaña cabeza de su enemigo que no le tomo atención a su hablar tan presumido.
— Yato no Kagura, grábate bien ese nombre porque es el nombre de quien te llevará a la tumba — su mirada sádica no podía mostrarse más segura. Ella solo tenía una cosa en mente: volverse la más fuerte de los Yato, incluso más fuerte que su hermano Kamui y su padre Kankou.
— ¿La princesita de los Yato quiere matarme? Eso lo veremos…
Terminado de decir esto, Sougo se preparó para la batalla que se avecinaba. ¡Uff! ¡Sintió que sería la pelea más divertida de su vida!
Kagura comenzó dando una estocada cerca de la mejilla de Sougo, sin embargo, este la esquivó satisfactoriamente y se posicionó rápidamente detrás de ella.
— ¡Muy lenta! — Le dijo a la vez que atacaba con su katana. Ataque que fue esquivado pero que logró rasgar parte del kimono de la pelirroja.
Sougo se quedó viendo un rato las piernas de Kagura al ser despojadas de una fracción de la tela de su vestimenta.
— Jo… — decía el castaño — No me molestaría morir asfixiado por esas piernas…
Kagura se abalanzó con su katana en mano y comenzaron nuevamente a pelear, chocando los filos de sus armas y esquivando ataques peligrosos.
— Ni lo sueñes, hijo de puta. ¿Acaso crees que estas piernas son para el disfrute del enemigo? ¡Ja! No me hagas reír.
Forcejeaban con sus katanas y la técnica de ambos era tan buena que ninguno de los dos podía acertar en sus ataques. ¡Pero qué clase de mujer era con la que estaba batallando! Nunca había sentido tal satisfacción al pelear con alguien. Era incluso más excitante que cortarle la cabeza a un enemigo.
Ya eran incontables las horas que habían avanzado mientras peleaban. El tiempo había pasado volando y sus cuerpos cansados ya lo sabían.
Se distanciaron un poco y se vieron el uno al otro, todos sucios y sudorosos por la pelea, sin embargo, a Sougo aún le quedaba un último aliento.
Sin que Kagura se diera cuenta, el castaño se posicionó detrás de ella y la chica solo atinó a darse la vuelta para quedar cara a cara con la muerte.
El chico, en un movimiento rápido, posicionó su katana en el cuello de la pelirroja y la miró atentamente mientras ella jadeaba cansada.
— ¿Qué? ¿No me vas a matar? — Le decía ella al ver que su oponente no hacía más movimiento que la lectura que le estaba dando a su rostro con esos carmines ojos.
— ¿Preferirías que te matara al verte tan derrotada por mi espada? — Inquirió con tono burlón y un poco juguetón.
— No cantes victoria, Okita no Sougo. Estás tan derrotado como yo. — Ella le mostró una sonrisa altanera y él solo se rio de aquello.
Retiró la hoja del blanquecino cuello y envainó su katana mientras cerraba sus ojos en una expresión serena. Kagura no sabía que estaba ocurriendo.
— Realmente no puedo entender qué está pasando, Yato — La bermellón arqueaba ambas cejas al escucharlo — Pero no pienso asesinarte, por lo menos no ahora.
— Un samurái no debería compadecerse de su enemigo — declaró la de azules orbes mientras observaba con desconfianza a su contraatacante.
— No estoy compadeciéndome de ti, no me malentiendas — caminó a un lado de la chica y se posicionó a sus espaldas — realmente estoy manifestando mi debilidad.
— ¿Qué quieres decir con eso? — Kagura se dio la vuelta nuevamente y se encontró a Sougo a solo unos centímetros de su rostro.
— Peleemos de nuevo en otra ocasión, Yato no Kagura. Si me concedes ese deseo, te perdonaré la vida.
— Sería una deshonra ser perdonada por mi enemigo. Mátame ya — No entendía para nada este juego, ella solo podía mantenerse seria.
— No hay necesidad de sentirse deshonrada, Kagura.
— ¡¿Kagura?! ¡¿Qué te crees al llamarme con tanta confianza, eh?! ¡Bastardo! — La pelirroja estuvo a punto de dirigir su espada nuevamente a su enemigo, no obstante la voz del chico la detuvo.
— Mantengamos esto en secreto — Su sonrisa altanera se manifestaba con grandilocuencia en su rostro. — Me gustó pelear contigo, Yato. ¿A ti no?
Kagura envainó su katana y cerró sus ojos dando un suspiro.
— No pienso simpatizar con mi enemigo. Si peleo nuevamente contigo será para matarte. — Sougo solo sonreía ante esto
Kagura se arregló el kimono el cual estaba un poco desordenado y se retiró de allí mientras la luna se reflejaba en sus curvas que se tambaleaban al caminar y el castaño adoraba el espectáculo que veía.
Sonreía triunfante, sentía que había ganado más de lo que había perdido al no asesinar a su rival.
Sougo había llegado a altas horas de la noche a la aldea de su clan. Las mujeres preparaban la cena mientras los hombres afilaban sus katanas para la siguiente batalla.
— ¿Dónde andabas? — escuchó una voz detrás de sí seguido del detestable hedor a tabaco de un kiseru.
— A ti no te importa.
— Eres el siguiente a la cabeza del clan Okita, claro que me importa. No permitiré que mi cuñado ande por malos pasos. — El chico de cabellos negros se acercaba a Sougo mientras fumaba a la vez que se daba cuenta de lo maltratada que estaba la ropa del castaño. — ¿Qué te pasó en la ropa?
— No te metas donde no te llaman, Hijikata. — El chico se dio la media vuelta y quedó cara a cara con el hombre que tanto detestaba. — No quieras controlar mi vida.
— Me sorprende que el mejor espadachín del clan tenga una actitud tan deshonorable. No sería raro si un día de estos tengas que cometer seppuku. — El joven se mantuvo en silencio y solo observó indiferente a su cuñado — Mitsuba te estuvo buscando durante la tarde, le dije que no sabía dónde estabas. Es mejor que vayas a verla.
— No es necesario que me lo digas. Iba a ir a verla por mi propia cuenta.
El castaño se retiró molesto y se dirigió a la habitación de su hermana. La presencia del pelinegro se le hacía tediosa y prefería salir del mismo espacio cuadrado en cuanto antes.
Su hermana yacía en su habitación sentada a un lado de la pequeña mesa en donde tomaba té verde y saboreaba cada sorbo de esa cálida y reconfortante bebida.
Sougo se le acercaba, tratando de limpiar un poco sus ropas para que su hermana no se preocupara de él, pero era inevitable. La cantidad de cortes que tenía en su kimono y los restos de barro le indicaban que el castaño se la había pasado todo el día peleando.
— Veo que encontraste un rival, Sou-chan — La agudeza de las percepciones de la castaña era sublime. Con solo ver su rostro cansado pero feliz y las pintas que traía, ya había sacado una de las más acertadas conclusiones.
— Aneue*, no es eso. Sabes que mi tarea es seguir batallando junto al clan y eso hice. — le ocultó la verdad, después de todo, era un secreto entre él y Kagura —aunque la pelirroja no haya estado del todo satisfecha—.
— Sou-chan — le sonreía amablemente, como siempre lo hacía — el clan volvió hace algunas horas y tú no venías con ellos. Dime la verdad. ¿Te divertiste batallando con alguien?
— No es eso, Aneue.
— ¿Entonces estuviste con alguna chica? — Le decía entusiasmada su hermana — Si eso es así, sería un buen momento para tener una prometida, Sou-kun. Ya tienes 23 años. — Al escuchar esto, el castaño se sonrojó un poco y la dama notó esto — ¡Entonces es eso! Dime quien es, ¿es de la aldea? ¿Es Nobume-dono? Nobume-dono es una buena chica y muy fuerte. ¿O quizás Soyo-dono? Ella es tu prima, puedes mantener nuestro linaje con ella, Sou-chan.
— No, Aneue. No estuve con ninguna chica, simplemente me distraje cerca del río. Ya sabes, batallé con tantos enemigos que quedé exhausto y me quedé dormido. No es nada del otro mundo. — le decía manifestando seguridad, aunque con esto su hermana se había preocupado más aún.
— No hagas eso… ¿Sabes lo peligroso que es que te duermas en cualquier lado? El clan enemigo puede encontrarte con la guardia baja. — Tomó una pausa y luego siguió — Debes cuidarte mucho, he escuchado rumores de un guerrero poderoso dentro del clan Yato.
— ¿Un guerrero poderoso? — Inquirió el chico mientras se servía una taza de té verde.
— Sí. Muchos lo han visto. Se dice que posee largos cabellos rojos como la sangre y sus ojos son tan azules como el mar. Su piel blanca como la nieve resplandece bajo la luz de la luna y siempre se le ve cerca del río.
— ¿No sabes cómo se llama esa persona, Aneue?
— Yato no Kagura. Quienes se han topado con ella, nunca regresan con vida. — Sougo se le quedó mirando y no pudo evitar esbozar una sonrisa.
— No creo que esa mujer sea tan fuerte como los rumores dicen — expresaba burlón e incrédulo, lo que llamó la atención de su hermana.
— ¿Cómo lo sabes, Sou-chan?
— Simple intuición. Nunca me he topado con alguien más fuerte que yo. — Dijo con firmeza y confianza — Aunque sí con alguien igual de fuerte que yo… — terminó por pensar, recordando la gratificante batalla que había tenido esa tarde con la bermellón.
— Solo cuídate, Sou-chan. Me sentiría muy triste si algo llegara a pasarte.
— Tranquila, Aneue. Nada me pasará. — Terminó de tomar su té, se levantó de la mesita y prosiguió — Iré a dormir, estoy cansado. Buenas noches — se despidió cariñosamente de su hermana dándole un beso en la frente.
— Buenas noches.
Sougo se sentía de cierta manera satisfecho y esperaba con ansias el combate de mañana para poder verla. ¡Qué divertido será batallar con ella nuevamente!
*Aneue: Hermana mayor
¡Espero que les haya gustado este primer episodio y esperen con ansias el siguiente!
¡Se les quiere!
