Este fic es parte del #DabiHawksWeek que estamos organizando Nea Poulain y yo en twitter y tumblr chéquen el hashtag para las participaciones de los demás.
Día 1: Flower shop / Tattoo Shop AU
Pétalos de tinta
El Día de las madres era el día más ocupado para su negocio. Desde días antes empezaban a llegarle los pedidos y aunque pasaba una semana entera armando cientos de arreglos y ramos, sabía que el mero día llegarían muchos clientes desesperados buscando flores para sus madres o esposas. Pero, aunque era cansado, lo ponía muy feliz saber que alegraba el día de esas personas.
Se arrepentía un poco de haber dejado ir temprano a Fumikage, su asistente, porque la limpieza le estaba tomando demasiado. Era sorprendente el desastre de pétalos y hojas que quedaba después. La campanita de la puerta sonó al abrirse y Keigo se reprendió por no haberle puesto seguro después de que se marchara Fumikage.
—¡Ya cerramos! —gritó desde la trastienda y siguió barriendo.
No escuchó a nadie salir, así que se asomó. Parado frente al mostrador estaba un hombre, cruzado de brazos y con una expresión ilegible. Lo primero que notó respecto a él fue lo increíblemente tatuado que estaba. Desde los brazos completamente cubiertos de tinta que la camiseta sin mangas blanca dejaba ver, el cuello e incluso algunas partes de su rostro. Su cabello era negro y aparentemente despeinado —«a mí no me engaña, eso se lo hace con gel».
—Estamos cerrados, por favor vuelva mañana —le pidió amablemente, dejando la escoba recargada contra el marco de la puerta y acercándose a él.
—Véndeme una flor —su voz ronca y extrañamente suave, como un susurro, sorprendió a Hawks. El hombre lo miró fijamente. Reprimió un escalofrío al sentir la intensidad de los ojos azules de su cliente.
—Ya cerramos —señaló la puerta—, como dice el letrero.
—Necesito una flor —insistió.
Después de un silencio incómodo en el que Hawks no supo qué hacer el hombre volvió a hablar.
—Es para mi madre.
Derrotado Hawks decidió que no perdía nada en venderle una flor al extraño hombre.
—De acuerdo, ¿quiere un ramo o flores sueltas? Arreglos ya no tenemos, esos se piden con antelación.
—Sólo una flor —carraspeó el hombre, sin dejar de mirar fijamente a Hawks—, una rosa blanca. Por favor —agregó.
Hawks asintió y se fue a buscar la rosa.
—¿Cuánto es?
—Nada, déjalo así —dijo Hawks haciendo aspavientos con la mano.
El hombre tomó la rosa y parpadeó un par de veces.
—Eh… bueno, gracias.
Aún minutos después de que hubiera salido Hawks aún seguía mirando la puerta. Como si lo hubieran clavado en el piso. Finalmente espabiló y caminó para ponerle el seguro. Después volvió a la trastienda a seguir barriendo.
—Tenías que regalarle la flor —se reprimió a si mismo—.
—Era sólo una —se contestó justificándose.
Algo en la mirada del hombre al decir que era para su madre lo había conmovido y aún después de que llegó a su casa y se acostó el dolor en esos ojos azules no dejaba de atormentarlo.
Al día siguiente ni siquiera hizo el intento de pasar por el lugar de tatuajes. Dabi había dejado claro que no tenía interés en hablar con él y aunque había algo dentro de sí mismo que lo hacía querer rebelarse e ir a buscarlo se contuvo. Después de todo sólo le había regalado una flor, y eso no significaba nada.
Nunca se había fijado en el estudio de tatuajes y piercings del otro lado de la calle. Sabía que estaba ahí, tampoco era ciego, pero dado que nunca había estado en sus planes tatuarse o perforarse realmente no le prestaba atención. Pero ese día camino a la florería vio entrar al hombre de la rosa blanca.
Intrigado se cruzó y se acercó a la ventana de la tienda «LOV TATOOS», entre los huecos que los recortes de vinil de diferentes diseños de tatuajes —ya saben, los clásicos: calaveras con flores, corazones con «I love my mom», cráneos de animales, símbolos de infinitos o de paz…— vio como hablaba con una mujer rubia que daba saltitos animada a su alrededor mientras que él acomodaba con cara de fastidio los materiales. En el escritorio otro hombre con cabello azul claro que le tapaba el rostro se encorvaba sobre su celular.
«Así que aquí trabaja, ¿eh? »
La mujer le dijo algo y señaló la ventana. Hawks se alejó lo más rápido que pudo y se quitó para que no lo viera. Con el corazón desbocado al verse descubierto atravesó la calle hacia su florería.
—¿Todo bien, jefe? —le dijo Tokoyami alzando la ceja cuando entró aún acelerado a la florería y cerró la puerta tras de sí, asomándose.
—Sí —carraspeó y se enderezó, tomando el delantal del ganchito de la entrada y poniéndoselo—, todo bien. ¡A trabajar!
Una parte de él deseaba y temía por partes iguales que el hombre fuera a preguntarle por qué estaba espiando, pero otra sabía que no iba a pasar. Aun así, cada que sonaba la campanilla y entraba un nuevo cliente su corazón —maldito traidor— daba un brinquito anhelante.
Esta vez le tocaba cerrar a Tokoyami así que se despidió de él repitiendo las mismas instrucciones de siempre respecto a apagar y cerrar bien todo.
No pudo evitar mirar hacia la tienda de tatuajes del otro lado de la calle. Recargado contra la misma ventana por la que había espiado en la mañana estaba el hombre fumando, ojos azules se clavaron en los suyos, retándolo y exhaló una nube de humo. Hawks se estremeció y respiró hondo. Con su sonrisa más amplia atravesó la calle.
—¡Hola! —lo saludó intentando sonar animado, no nervioso, él no se ponía nervioso nunca, qué demonios—, no sabía que éramos vecinos. —Extendió su mano—, Takami Keigo, pero me puedes decir Hawks, todos lo hacen.
El hombre le dio una calada a su cigarro, recorrió a Hawks con esos ojos de hielo y sonrió depredadoramente, soltando el humo lentamente.
—Dabi —contestó con voz rasposa, apagó el cigarro contra el muro y se dio la vuelta para entrar a la tienda.
—¡Espera! —Dabi se dio la vuelta, alzando una ceja, Hawks buscó desesperado algo que decir—, ¿le gustó la flor a tu madre?
Dabi se encogió de hombros.
—Supongo.
Hawks no supo qué decir al respecto. Era evidente que Dabi no quería hablar con él, así que siguió su camino sintiéndose ligeramente decepcionado.
—¿¡Quién es él?! —gritó Toga en cuanto entró a la tienda. Ya sabía que iba a ocurrir así que estaba preparado para tapar sus oídos y protegerlos del agudo grito emocionado de su compañera—, está guapo, ¿es tu amigo? Es el que estaba viéndonos en la mañana, ¿verdad?
—Es el que vende flores allá en frente —dijo Tomura, sorprendiéndolos a ambos porque pensaron que estaba tomando una siesta aprovechando que no había clientes—, no sabía que se hablaban.
—No lo hacemos —aclaró Dabi secamente y se encerró en su parte del estudio a limpiar sus instrumentos para la última cita del día.
Sin embargo, no lograba concentrarse. Tenía que reconocer que Hawks —«qué demonios con ese apodo absurdo» pensó, seguido de un «pero tú te haces llamar Dabi, no eres alguien que pueda criticar»— era bastante atractivo. Pero Dabi no estaba interesado en salir con gente o hacer amistades nuevas. Suficiente tenía ya con Toga y Tomura molestándole todo el día. No que no los apreciara, pero llenaban su cuota de interacción humana diaria.
La llegada de su cliente lo sacó de sus cavilaciones y no volvió a pensar en Hawks sino hasta la noche, acostado en su cama.
Pensaba en la sonrisa cálida de Hawks y en lo amable que había sido, incluso el día previo a pesar de que había cerrado la florería; en cambio Dabi había sido grosero y cortante. La culpa lo empezó a atormentar. No es que quisiera ser malo con él, simplemente no había sabido cómo actuar ante lo directo que había sido Hawks, no estaba acostumbrado a sentir esa sensación rara en su estómago.
Después de horas de dar vueltas sin conciliar el sueño decidió que sería mucho más amable con el chico al día siguiente. Como si eso fuera lo que estuviera esperando su cerebro, por fin pudo quedarse dormido, satisfecho con su recién adquirida decisión.
Sin embargo, al día siguiente Hawks no se acercó a él, de hecho, ni siquiera lo vio. Pensó en ir a saludarlo a la florería, pero ¿qué le iba a decir? «Siento que me porté mal contigo, ¿amigos?» Resopló. Ni que tuvieran cinco años. Tampoco al día siguiente, y el domingo la florería estaba cerrada.
El lunes se decidió y armándose de valor —«¿por qué valor? Ni que fuera a hacer qué»— atravesó la calle hacia la florería. Sin darse tiempo de arrepentirse entró antes de mirar hacia adentro. Hawks estaba atendiendo a un adolescente de cabello verde que sonreía mientras que le decía exactamente qué quería mientras que Hawks anotaba. Hawks al oír la campanilla alzó la vista y lo saludó como cualquier cliente.
—Buenas tardes, en un momento estoy con usted.
Luego siguió anotando las indicaciones del chico, asegurándole que tendría el arreglo para el día siguiente.
—Puede mandarlo con Tokoyami —dijo el chico mientras sacaba el dinero para pagar—, muchas gracias, Hawks, estoy seguro de que le van a gustar —se sonrojó—, o eso espero —sacudió la cabeza y sonrió aún más—, como sea, gracias.
Salió el chico y de pronto Dabi se dio cuenta que no sabía qué decir. Iba a quedar como un tonto parado ahí nada más.
—¿En qué te puedo ayudar? —dijo Hawks, su sonrisa no era la misma que un día antes, se veía ligeramente forzada—, ¿otra flor?
Dabi carraspeó, tratando de encontrar en su cabeza alguna idea para decir algo.
—Eh… no. En realidad, venía a disculparme si me porté mal contigo ayer.
Hawks se veía visiblemente sorprendido, abriendo los ojos grandes como platos, luego se suavizó su mirada y la sonrisa se volvió genuina.
—Pues en realidad sí que fuiste un poco grosero —reconoció—, pero quedas disculpado.
Dabi sintió que algo dentro de si se relajaba, una tensión desconocida y pudo sonreír también. Aún se sentía como un tonto, ahí parado sin saber que decir habiendo cumplido su propósito.
—Gracias —dijo y se dio la vuelta para huir de ahí y dejar de hacer el ridículo.
—Espera —lo llamó Hawks—, ¿estás libre ahora? ¿quieres ir a comer algo? Mi asistente no tarda en volver de su hora de comida. ¿Te gustaría acompañarme?
Dabi hizo cortocircuito. No se esperaba eso para nada, pero algo cálido le llenó el pecho ante la perspectiva y aunque había asegurado unos días antes que no pensaba hacer nuevos amigos no pudo reprimir la emoción que lo embargaba ante la perspectiva de algo tan simple como ir a comer con Hawks.
—Justo estoy en mi hora de comida. Debo volver a las 4, porque tengo una cita. —Algo en la expresión de Hawks hizo que sintiera la necesidad de agregar:— Una cita con un cliente, para tatuarla, no ese otro tipo de cita.
Hawks soltó una risita.
—Sí entendí.
Para el alivio y salvación de Dabi llegó en ese momento el asistente de Hawks, lo reconoció por el ridículo delantal que usaban en esa florería. Le pareció curioso que debajo de eso llevara una camiseta de My Chemical Romance y a pesar del calor de mayo un suéter de cuello de tortuga rojo. Curiosamente su cabello negro le pareció muy similar al suyo —aunque seguramente ese era natural—, fue como verse en adolescente, sólo mucho más narizón y menos tatuado —ya a los 17 tenía algunos tatuajes, que fueron el motivo de que su padre lo corriera de la casa—.
—¡Tokoyami! Qué bueno que llegas. —dijo Hawks quitándose el delantal y dejándolo a un lado—. Iré a comer. Ahí te encargo el changarro.
Dicho eso se fue hacia la puerta, asegurándose que Dabi lo siguiera.
—Hey —lo llamó el chico justo antes de salir—, cool tattoos.
—Gracias.
Hawks lo esperaba ya afuera, prácticamente vibrando de la emoción.
—¿Qué quieres comer? —preguntó hablando más rápido que de costumbre mientras caminaban—, yo pensaba ir a uno de los puestos de comida de la calle de allá —dijo señalando—, o al KFC, ¿te gusta el pollo frito? Es mi favorito.
—Pollo frito está bien —contestó. Hawks era adorable, se notaba que estaba algo nervioso, pero solo porque Dabi era muy perceptivo, quizás otro no lo habría notado.
—¡Bien! —Hawks dio un pequeño brinquito de emoción, golpeando el cielo con el puño.
Mientras comían Hawks le contó muchas cosas sobre él. Siempre había querido tener una florería, pero las personas que lo habían criado —no habló mucho de eso— querían que fuera policía o abogado. Al final los había convencido, pero a cambio habían cortado lazos con él. Empezó trabajando en florerías del mercado y poco a poco ahorró para poner su propio negocio.
—¿Y por qué «Alas rojas»? —lo interrumpió Dabi después de que le contara cómo había conseguido un crédito apenas había cumplido 18 y con eso había puesto su negocio. Aunque podría parecer un tema aburrido la verdad es que Dabi se sentía bastante entretenido, Hawks tenía una manera de contar las cosas que incluso lograron sacarle una sonrisa o dos.
Hawks se sonrojó.
—Es una tontería, en realidad —río nervioso—, pero es que una vez soñé que tenía alas rojas y volaba por todo Japón en ellas, y desde entonces pienso en ese sueño y me pareció un buen nombre. Aunque no tenga que ver con flores ni plantas.
Dabi sonrío y Hawks se relajó al ver su reacción.
Su celular comenzó a vibrar y angustiado vio que era una llamada de Toga. Notó también que eran las cuatro y quince.
—¡Debo irme! Son más de las cuatro —dijo levantándose con tanta fuerza que la charola donde habían puesto su comida cayó al suelo. Afortunadamente ya no tenía nada encima.
Hawks palideció.
—¡Yo también! —no porque tuviera una cita, pero la hora de comida era eso, una hora, y ya llevaban más que eso, seguro Tokoyami se estaba preguntando por qué no volvía.
Corrieron de regreso a sus respectivos trabajos, Hawks riendo a carcajadas mientras volvían.
—Gracias por la comida —le gritó antes de meterse en su florería mientras que Dabi llegaba a su trabajo.
Adentro lo esperaba Toga, con una sonrisa que le recordó a un tiburón hambriento, o a alguna bestia salvaje. Esos colmillos eran aterradores.
—Llegas tarde —le dijo. Dabi supuso que no le dijo nada más porque ahí estaba su cliente, con el cual se disculpó.
Como había adivinado, la chica lo acosó con preguntas en cuanto el estudio quedó vacío.
—¡Tomura! Dabi tiene un cruuuuuuuuuuush —gritó a todo pulmón. Dabi se alegró de no ser propenso a sonrojarse. ¿Era eso? ¿Un crush? Ciertamente se la había pasado bien con Hawks, y desde el principio se había autorizado a reconocer que era atractivo. Era ameno en su plática y su risa resonaba en los huesos de Dabi.
Tomura ni siquiera alzó la cabeza, concentrado en el videojuego como estaba.
—Ajá, ya sabíamos, ¿no? No me distraigas.
Toga siguió molestando a Dabi el resto del día, pero curiosamente, a Dabi no le molestaba tanto.
Hawks estaba el séptimo cielo de felicidad. La comida con Dabi había sido muy agradable, aunque ahora que lo pensaba se la había pasado hablando de él, mientras que el otro sólo escuchaba. Esperaba que no le hubiera hartado o que lo considerara narcisista o poco interesado en él. Era solo que cuando estaba nervioso no podía dejar de hablar, era su manera de parecer casual y tranquilo, bromear y decir tonterías cuando por dentro era un remolino de vergüenza, nervios y anticipación.
Sentía las mejillas calientes de sonrojarse, y ahora sabía con certeza que el desconcierto y decepción ante el rechazo inicial de Dabi era porque le gustaba. Nunca hubiera pensado que alguien con tantos tatuajes y con pinta de chico malo le fuera a gustar, pero, así pasaba.
Tokoyami evidentemente sabía que algo pasaba, pues sólo lo había mirado con su sonrisilla sabionda y no le había dicho nada.
Salir a comer se volvió una especie de costumbre entre los dos. No siempre se podía, porque el horario de citas de Dabi era extraño, y a veces pasaba todo el día en el estudio tatuando a una sola persona y comía ahí mismo.
Poco a poco se fue enterando de algunas cosas de él. Aunque era bastante cerrado para hablar de su vida personal más allá de su trabajo y de anécdotas divertidas sobre sus compañeros y clientes. Sabía que Dabi tenía tres hermanos, pero que hacía tiempo que no los veía. Que no sabía si a su mamá le había gustado la flor porque no se la había entregado él directamente —no había querido dar más detalles al respecto—, que se había hecho su primer tatuaje a los 14 y que su padre lo había golpeado por ello, y que luego a los 17 lo había corrido por no apegarse a lo que se esperaba de él como el heredero. Hawks había interpretado por ello que era de una familia rica, pero Dabi no había dicho nada más y prefería no indagar más para no ahuyentarlo.
Con cada día que pasaba su crush iba convirtiéndose en algo mucho más intenso. Sus manos anhelaban tocar a Dabi y sus labios le picaban pensando en besarlo. Sus ojos azules, intensos, eran como un imán y Hawks a veces deseaba no tener que dejar de verlos. Pero le daba miedo. No sabía si Dabi se sentía de la misma manera que él. Nunca habían hablado de relaciones, más allá de cuando Hawks le contó a Dabi de su ridículo intento de salir con su mejor amiga Miruko y como había resultado que ambos preferían salir con alguien de su mismo sexo. Había sido la manera sutil que Hawks había ideado para indagar sobre la sexualidad de Dabi y saber si tenía oportunidad, pero Dabi no había dicho nada.
Eso era lo único que amargaba la alegría de Hawks. El temor a dar un paso en falso y arruinar todo con Dabi. Era un hombre cerrado, y poco comunicativo. Lucía amenazante con sus cientos de tatuajes y cara de pocos amigos, pero Hawks había descubierto que compartían el mismo humor ácido y gusto por el pollo frito. Que era en realidad bastante amable y que a pesar de lo mucho que se quejaba de ellos estimaba genuinamente a sus compañeros de trabajo —a los que se negaba a llamar amigos, pero Hawks sabía que lo eran—. Así que prefería tragarse todos esos sentimientos y esas ganas de besarlo, de recorrer sus manos por su espalda —lo había visto sin chaqueta y casi le había dado un ataque cardiaco al ver su espalda musculosa— y sus brazos, de descubrir si tenía más tatuajes en partes poco visibles. Era más seguro.
Dabi ya sabía que Hawks era homosexual, así que tendría alguna posibilidad. Pero no sabía si él le gustaba. Fuera de Toga, su novio Jin y Tomura no tenía a nadie más y a ellos los había ganado como efecto secundario de empezar a trabajar en ese estudio. Así que no sabía cómo navegar esa nueva amistad, menos cuando sentía esas cosas que no sabía cómo controlar.
Su padre había taladrado en él ideas de que eso estaba mal, que la atracción por otros hombres era algo enfermo y dañino. Y aunque sabía que su padre se equivocaba en eso y muchas otras cosas, no podía evitar sentir culpa cada que se despertaba sudando y completamente excitado después de soñar con Hawks.
Cuando su nuevo amigo y crush le había contado esa historia con su amiga había sentido celos, y después cuando había contado el desenlace no había podido reír con la naturalidad. Su estómago hecho un nudo ante la revelación tan libre de Hawks, como si fuera una broma. En ese momento quiso decirle que él también, que a él también le gustaban los hombres, que le gustaba él. Pero no pudo. No se atrevió.
Pero sabía que tendría que hacer algo pronto. Porque cada vez era más difícil controlar esas ganas de estar con él, de besarlo, de acariciar su cabello que parecía ser tan suave, de decirle todo, de revelar todo lo que sentía.
La oportunidad perfecta se presentó a mediados de julio.
Habían contratado los servicios de la florería para una boda importante: el actor y conductor de radio Yamada iba a casarse con su novio desde la secundaria. Le habían encargado cincuenta arreglos florales para las mesas, y otros veinte para decorar diferentes partes del salón de eventos. Debido a eso Hawks estaba más ocupado que nunca y no tenía tiempo para salir a comer. Así que Dabi resolvió llevarle de comer algo y acompañarlo y ayudarle mientras tanto.
La mirada de agradecimiento de Hawks valió la pena, junto con la sonrisa que hizo que todo su interior decidiera convertirse en un circo de repente y hacer piruetas.
Después de comer Dabi se quedó a ayudarle a armar los arreglos. Le había pedido a Toga que no aceptara citas ese día.
—Eres mi salvador —le dijo Hawks suspirando de puro agradecimiento—. Normalmente Fumikage me ayudaría en esto, o a veces su novio Shoji viene a ayudarnos, pero justo tuvieron un viaje de estudios en la escuela y no vuelven sino hasta la próxima semana. Hablando de mal timing, ¿eh?
Dabi asintió, cortando con cuidado los tallos de las flores del mismo tamaño como le había indicado Hawks. Se sentía increíblemente complacido ante el agradecimiento recibido y haber pensado en ello.
—No es nada —aseguró—, tú harías lo mismo en mi lugar.
—Excepto que yo no sé tatuar a nadie —río Hawks bromista—, así que no sería de mucha ayuda.
Dabi se río al imaginar el desastre que eso sería. Hawks se río con él. Cuando pudieron calmarse un poco se hizo un silencio absoluto. Dabi miró a Hawks, sus ojos dorados brillaban de una manera peculiar. Dabi tragó saliva.
—Hawks.
—Dabi.
Ambos hablaron al mismo tiempo.
—Tú primero —dijo Hawks.
El miedo volvió a apoderarse de Dabi. ¿Y si estaba mal? ¿Y si Hawks lo rechazaba? Tendría que quedarse con todo ese trabajo él solo. Mejor se esperaba.
—Me gustas.
O no.
Hawks lo miró boquiabierto. Dabi sintió una punzada de pánico, ante la falta de respuesta y decidió apresurarse a decir cualquier cosa. Pero fue interrumpido por Hawks antes de poder decir nada.
—Tú a mí.
Los dos se miraron sin saber que hacer. El corazón le latía tan rápido a Dabi que se planteó la posibilidad de que se le saliera del pecho. Ojos dorados contra los azules, sorprendidos y emocionados. Nerviosos.
—Oh —logró decir, provocando en Hawks una risa. Dabi adoraba ese sonido.
Hawks se acercó a él, y antes de que pudiera pensar en lo que estaba pasando lo besó. Al principio Dabi no supo que hacer, los labios de Hawks eran suaves y calientes, pero solo estaban encima de los suyos, expectantes. Por fin reaccionó y respondió al beso, inclinando ligeramente la cabeza para acomodarse mejor. Sintió la lengua de Hawks y le provocó un escalofrió, al abrir la boca esta se introdujo y fue como si algo dentro de Dabi estallara de pura emoción. Soltó las flores y con ambas manos sostuvo el rostro de Hawks, profundizando el beso, usando la lengua él también. Se sentía arder por dentro, en todas partes. Quería sentir eso para siempre, pero la falta de aire hizo que se detuvieran. Ambos respirando entrecortadamente.
Hawks río de genuina felicidad, haciendo que Dabi sonriera también y lo besó de nuevo.
