Capítulo 1
Prioridades claras, decisiones fáciles.
Miro a su alrededor una vez más preguntándose si estaba haciendo lo correcto y suspiro al escuchar el llamado para abordar.
-Es nuestro vuelo.
Le informo su acompañante tocándole el hombro al notar su indecisión.
-Sí, vamos.
Tomo su bolso y comenzó a caminar con poco interés de su alrededor, hacia tanto tiempo que no lo veía y aun así se preguntaba la razón que la hizo aceptar aquello.
-Ryusaki-chan, es por aquí.
Le señalo su asiento el hombre de cabellos negros y tez morena.
-El vuelo durara alrededor de 12 horas así que puedes dormir.
Acepto de inmediato la recomendación masculina apoyando su cabeza en el respaldo y cerrando sus ojos casi en el acto, no era que tuviera sueño, simplemente no tenía ganas de comentar nada al respecto, pues sabía que si alguna palabra salía de su boca en esos momentos muy posiblemente se volvería sobre sus pasos a su hogar.
-Si te sientes incomoda con el despegue puedes tomar mi mano.
Ofreció el joven recibiendo una negativa cordial.
-Gracias Momo-sempai, pero estoy bien.
Los despegues y aterrizajes siempre le habían causado incomodidad y pocas eran las personas que lo sabían fuera de su familia, por ejemplo su amiga Tomoka era una de ellas, y Tezuka quien había compartido en alguna ocasión asiento con ella, pero no recordaba que Momoshiro estuviera al tanto de aquello pues era la primera vez que viajaban juntos.
-Él me lo conto hace algún tiempo.
Dijo notando su cara de extrañeza luego de darse cuenta de lo que probablemente estaba pensando.
-¡Oh!
Fue el único sonido que emitió su boca cerrando sus ojos nuevamente cayendo esta vez en un profundo sueño. El vuelo finalizo sin inconvenientes y tras recoger su equipaje se dispusieron a encontrarse con la persona quien los guiaría a su destino.
-Bienvenida pequeña Sakuno-chan.
Comento un hombre bastante alto con chaqueta de piel mientras sonriéndole tomaba sus pertenencias, recibiendo una inclinación en respuesta por parte de ella.
-Gracias por convencerla.
Agradeció por lo bajo junto a Momoshiro mientras caminaban tras Sakuno.
-Debía apostar por nuestra última carta.
Expreso con sonrisa melancólica sintiéndose un tanto culpable con la joven por pedirle aquello después de todo lo ocurrido.
-Pasaremos a casa de mis padres.
Informo el hombre de cabellos verdosos mirándola por el retrovisor del auto perdida en sus pensamientos, escuchando únicamente respuesta por parte del amigo de su hermano menor.
-creo que no tardaremos mucho en llegar.
Escrutaba cada movimiento de la castaña en cada oportunidad, hacia bastante tiempo que no la veía, y sintió una punzada en su pecho tras percatarse la mirada pérdida que tenía mientras veía las gotas de lluvia caer fuera del automóvil; entendiendo lo egoístas que eran al pedirle venir después de alejarse de ella por tanto tiempo.
-"Sigue tan linda como siempre".
Pensó recordando su primer encuentro cuando ella tenía dieciséis. Lo cierto era que Sakuno no había crecido demasiado en estatura luego de todos esos años, pues a sus casi veinticuatro años no medía más de un metro con sesenta centímetros, sin embargo, y para sorpresa de sus allegados había decidido despojarse de sus características trenzas soltando su ya no tan larga cabellera, la cual, topaba con la parte baja de su espalda.
-Mi madre estaba muy emocionada cuando supo que vendrías.
Comento el joven captando la atención de Sakuno quien se encontraba perdida en sus pensamientos.
-Han pasado algunos años, pero no deja de mencionarte cada que tiene oportunidad.
Intento bromear recibiendo apoyo de Momoshiro quien fungía como copiloto y el cual no faltaba a las celebraciones cuando era invitado.
-Claro que el más emocionado era el viejo, siempre ha sido muy fanático tuyo.
Seguía diciendo Ryoga a pesar de no tener respuesta de la joven quien se limitaba a contemplar la nada. Tras unos minutos más de recorrido finalmente llegaron a la residencia Echizen, la cual poseía una hermosa fachada de dos plantas estilo occidental y un amplio jardín con rejas al frente.
-No ha cambiado.
Dijo al fin la joven haciendo sonreír a sus acompañantes ya que finalmente la escuchaban emitir sonido. Con habilidad Ryoga y Momoshiro sacaron las maletas de la cajuela del auto agradeciendo el cese de la lluvia.
-¡Sakuno-chan, me alegro tanto de verte!
Dijo con emoción Rinko abriendo la puerta y dándole un fuerte abrazo, siendo correspondido por la castaña con duda.
-Bienvenida pequeña, me alegra verte al fin.
Festejaba Nanjiro acariciando su cabeza.
-Deben estar cansados después del largo viaje, la comida ya está lista ¿qué les parece si comemos y después subes a darte una ducha y dormir?
Ofreció Rinko obteniendo solo un movimiento de cabeza afirmativamente por parte de su visitante.
-Yo debo irme, estoy preocupado de que solo haya una persona con él y seguramente ya le arrojo algo.
-Yo iré contigo, de todas formas mis cosas se encuentran allá.
Comentaron Ryoga y Momo despidiéndose tras dejar las maletas en la entrada y saliendo nuevamente hacia el auto.
-Vamos, la comida ya está servida.
La llamo la mujer mientras la guiaba al comedor y le ofrecía asiento.
-¿Cómo has estado?
Intento hacer tema de conversación al notar el largo silencio que comenzaba a formarse.
-Bien, mi tesis fue aprobada y ahora solo me queda esperar respuesta de mi asesor para mi graduación.
Compartió la joven con voz calmada.
-¡Oh!, eso es maravilloso. Y dime ¿Cómo se encuentra Ryusaki-sensei?
-Está muy bien, dice que posiblemente este sea su último año dando clases pues ya desea retirarse.
La charla prosiguió amenamente girando en torno a la vida que llevaba la joven en esos días así como recordando ciertas cosas del pasado que vivieron juntos cuando aún residían en Japón.
-Aún recuerdo como sufrió Nanjiro por no conseguir una tarta de manzana tan rica como la que preparas.
Reía Rinko por las quejas de su marido ante la escases de postres hechos por la joven.
-Sakuno-chan.
La llamo la mujer con voz seria provocando que su relajado cuerpo volviese a tensarse.
-Sé que toda esta situación es egoísta de nuestra parte, especialmente después de lo que ocurrió, pero ahora Ryoma simplemente está en un pozo sin fondo y ya no sabemos que hacer. Sé que ya no están juntos y no tienes ninguna responsabilidad con él, pero…
Rinko se inclinó desde su posición frente a la joven siendo seguida por Nanjiro en el acto de súplica.
-Por favor, al menos por un tiempo préstanos tú fuerza; Ryoma nunca ha sido más feliz que cuando estuvo contigo.
Pedía la mujer aguantándose las lágrimas. Sakuno los miro un momento recordando una escena familiar cuando Momoshiro toco la puerta de su departamento hacia unos días y de una manera casi idéntica le hizo la misma petición.
-No tienen que inclinar la cabeza, si no estuviera dispuesta a ayudar no estaría aquí ahora.
Ante su respuesta sincera ambos padres sonrieron con expresión culpable pues sabían que la presencia de la joven podría ser su último rayo de esperanza, pero posiblemente quien sufriría más seria ella.
-Muchas gracias.
Dijo la mujer tomando las manos de la castaña con dulzura brindándose toda la confianza y afecto que ya conocían la una de la otra.
