Finalmente vencieron a voldemort y para el mundo mágico aquello era motivo de felicidad y celebración, pero para ellos solo era alivio, algo que estuvieron esperando desde hacía mucho tiempo y que ahora solo podía decir que era la sensación más satisfactoria que habían experimentado.

Salieron de aquel castillo, ahora parcialmente en ruinas, en el que se conocieron y vivieron tantas aventuras juntos. Aquel sitio que por 7 años fue su casa, su refugio, donde se sentían seguros pero donde aprendieron a luchar y defenderse de la magia oscura que de a poco fue cubriendo al mundo mágico, su mundo.

Regresaron a casa, satisfechos por haber peleado y sobrevivido a penurias y a fuerzas oscura. Todo el mundo quiso celebrar su victoria, darles medallas y reconocimientos, sin embargo para ellos eso no era justo no se sentían héroes ni nada parecido, solo eran personas normales, magos jóvenes con habilidades extraordinarias que debieron aprender a la fuerza por haber tenido que cuidarse de aquel mago ruin y despreciable que los acecho por tantos años.

Aquellos 7 años solo ellos supieron lo que se sentía vivir en alerta constante y ser motivo de burla y que su credibilidad como magos y personas esté en duda, de que en cualquier instante algún mago oscuro o hasta el propio voldemort acabara con sus vidas.

Pero todo había terminado, cada uno de ellos regresaría a casa para poder abrazar a su familia o a quien los estuviera esperando para disfrutar de una vida de tranquilidad. Lo que ellos no se esperaron o no tuvieron en cuenta en ese momento era que de alguna manera sus planes cambiarían como solo la magia cambia.

Los Weasleys invitaron tanto a Harry como a Hermione a pasar los días posteriores a la madriguera, ellos estaban en conocimiento de que ambos chicos estaban solos, Harry siempre lo estuvo ya que su familia muggle nunca lo quiso pero el caso de la chica era diferente, sus cariñosos padres fueron hechizados ella misma lo hizo con el más grande dolor en el alma y el corazón se obligó a utilizar el encantamiento que borró todo recuerdo de ella de sus vidas y aquello era en ese preciso instante lo que necesitaba remediar.

La familia de Ron por su parte necesita pasar el duelo por la muerte de sus amigos pero también de su hijo amado y el mejor de los hermanos, el gemelo de George, Fred quien sacrificó su vida y su varita para evitar que los mortifagos tomaran el control de su mundo y sus vidas. Ellos dos, los bromistas de la escuela y dolor de cabeza de la casa Weasley eran los magos más valientes y excepcionales que Harry conoció y por eso sentía en lo más profundo de su corazón el mayor sentimiento de gratitud por aquellos dos.

A pesar de la insistencia por parte de Molly y Arthur Harry los dejó pasar su duelo en paz y marcharse de vuelta a la casa de Grimmauld Place después de todo su padrino se la había heredado y decidió, aunque solo, viviría allí hasta decidir qué haría ahora que no debía esconderse de nadie o que no tenía una misión que cumplir o una batalla que pelear.

Por su parte Hermione agradeció mucho a los Weasley y a su mejor amigo el que le ofreciera su hogar como refugio salvo que ella lo que más deseaba era regresar a Londres e intentar revertir su hechizo, necesitaba del abrazo cariñoso y reconfortante de sus padres, necesitaba volver y si no tenía éxito por lo menos verlos una última vez y saber que estarían bien y tal vez regresar a la escuela y terminar su último curso o al menos colaborar en la reconstrucción del viejo castillo