CASA DEL ADA RAFAEL BARBA, BROOKLYN

Noah se aburría demasiado, su papá trabajaba todo el día en su estudio, sin importar si eran vacaciones o no, en lugar de pasarlo con él. Claro, para Matthew eso sería normal porque él lo tuvo toda la vida, pero Noah no. Se volteó sobre su cama y miró el techo, extrañando en sobre manera su techo con estrellas. ¿Por qué su papá era tan serio? ¿Por qué no jugaba con él? Como lo hacia su mamá, o sus tíos todos los domingos.

Noah no podía quejarse, las pocas horas que su papá le dedicaba eran tan vigorizantes cómo cualquier mimo. Su papá era un hombre ocupado y tenía un gran corazón. Su corazón le pertenecía a él, solo a él ... ya Matthew. Se preguntó que estaría haciendo Matthew en ese momento. Posiblemente estaba en el parque jugando.

Escucho que el celular sonaba, su papá le hablo poco después. Cuando llego abajo Noah hablo.

—Dime, papi —Rafael aún no se acostumbraba a que su hijo le volviera a decir así.

—Te habla la tía Rita ofrece su papá dándole el celular Noah lo alcanzo.

—¿Tía Rita? —Preguntó Noah.

—Espera solo un momento —escucho Noah a su tía, después escuchó ruido del otro lado de la línea como cuando pasan el teléfono a otra persona.

-¿Noé?

Noah resopló y se movió rápido a su habitación para que su papá no lo escuchara.

—¿Nos han descubierto? —Preguntó Noah sin más.

—No, claro que no —comenzó Matthew—. Bueno sí, pero solo lo saben la tía Rita y el tío Fin.

—¿Cómo?

—Es que paso algo muy malo Noah. Pero no te preocupes ellos nos van a ayudar con nuestro plan, me lo acaban de decir, la tía Rita quería que te llamara para que supieras. Va a casarse Noah —susurró Matthew apagadamente—. Mami va a casarse ...

—¿Es una broma? Porque si lo es, es una de muy mal gusto Matt ofrece Noah sin creer lo que su hermano le decía.

—Ya quisiera que fuera una broma, pero no. Lo que te digo es la verdad completa oferta Mateo con voz quebrada.

—¿En qué clase de mundo vivimos que los padres ya no toman en cuenta la opinión de sus hijos?

—En el mundo real hermano.

—Exijo un reembolso. Esto es un fraude Disney me mintió ¡tantos cuentos y películas, y todo para que sea una vil mentira! Ni en las campañas nos mienten tanto oferta Noah arrugando su nariz.

—¿Qué vamos a hacer? —Suspiró Matthew ante el dramatismo de su gemelo—. Nosotros queríamos que se reconciliaran, no que se separaran más. Y a como lo veo, a este paso no vamos a conseguirlo nuestros, ni con la ayuda de todos tíos.

Noah guardó silencio, pensando. Tenía las piernas cruzadas y estaba sentado en la cama. Frente al estaba Eddie. Tenían que actuar rápido, lo más rápido posible. Quizá si su madre ve de nuevo a su papá, olvidaría a Nevada para siempre.

—¿Ya le ha dicho la verdad?

—No, mamá no sabe nada, ya te dije que solo el tío Fin y la tía Rita.

—Tienes que buscar el modo de llevarla a Forlini. La tía Rita y el tío Fin pueden ayudar con eso.

—¿Para qué? Ahora que se casará, no se va a querer separar de ese sujeto Noah.

—Tú dile que quieres ir a comer ahí, mamá no te lo negará —respondió Noah muy serio—. Te debe once años, un capricho no es nada.

—Noah ¿Qué es lo que planeas?

—¿No te das cuenta? Estoy muy seguro de que mamá sigue enamorada de papá y si lo vuelve a ver ...

—Ya no querrá casarse con Ramírez —terminó Mateo, intentando tener esperanza—. ¡Eres un genio!

—Dime algo que no sepa.

—Qué tus ojos están muy juntos.

—¡Oye, no uses mis frases! Se serio hermano.

—La tía Rita, te va a ayudar a convencer a papá de ir a Forlini.

—Qué bueno, porque me aburro oferta Noah tirándose dramáticamente a la cama—. Y papá no me quiere decir nada, cada que toco el tema de mamá lo cambia.

—¿Te aburres? —Pregunto su hermano—. ¿Y papá?

—En su estudio, revisando el expediente de un caso alternativo Noah haciendo una mueca que su hermano no podía ver—. Papá trabaja demasiado ¿no conoce la palabra "descanso"?

—No estoy seguro de que esté en su vocabulario.

—¡Eso lo explicaría! Abuelita ha salido a no sé dónde, la tía Rita pues está contigo. ¡Soy el único sin nada que hacer!

CASA DE LA CAPITÁN OLIVIA BENSON, MANHATTAN

Aquel día, Olivia había decidido pasarlo con su hijo, como cada verano. En un par de días tendríamos que regresar a trabajar y deseaba aprovechar el tiempo con su dulce niño al máximo. Así que solo eran ellos dos. Matthew en cambio, oraba porque el tiempo pasara lo más lento posible, no quería alejarse de su mamá.

Ambos estaban en la sala, Olivia revisaba unos papeles del trabajo, mientras Matthew la observaba en silencio desde la alfombra, estaba recostado boca abajo y tenía enfrente un libro que no leía. Solo miraba a su mamá como si ella fuera lo más interesante que hubiera en el mundo, con su barbilla recargada en sus manos.

—¿Qué sucede cariño? —Preguntó Olivia.

—Nada mami —respondió Matthew, casi en un suspiro. Olivia lo miró preocupada.

—¿Te sientes mal?

—No, mami.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué? —Repitió Matthew ladeando la cabeza.

—¿Por qué me miras así? ¿Y por qué estás tan callado? ¿Y qué haces con un libro?

—Ah ... yo ...

Matthew se había sonrojado y había bajado la mirada a su libro. Olivia se preocupó aún más por su comportamiento, temiendo que algo malo le pasara y se levantó del sofá, para sentarse en el suelo frente al niño. Al sentirla cerca, Matthew sintió su corazón acelerarse y no pudo evitar sentir que sus ojos se llenaban de lágrimas, era muy sensible.

-¿Noé? —Preguntó Olivia, tomándole del mentón y alzando su mirada. Se asustó más cuando las lágrimas salieron de los ojos verdes de su hijo—. Dios, cariño ¿Te ha pasado algo malo?

Matthew negó con la cabeza y sollozó. Se levantó y se arrojó a los brazos de su mamá, enterrando la cara en su cuello mientras ella lo abrazaba.

—Cariño —le susurraba Olivia mientras trazaba pequeños círculos en su espalda, para tranquilizarlo como cuando era bebé—. Dime ... ¿Qué pasa?

—Te amo mami —sollozó Matthew—. Te amo mucho.

—También te amo, mi dulce niño —Olivia lo estrechó más fuerte y sonrió—. Lo siento ... olvide que no debo tratarte como mi dulce niño porque ya eres un niño grande ofertar Olivia en un intento de animarlo.

—No —negó Mateo con la cabeza—. Dulce niño está bien ... dulce niño me gusta. Me gusta que me abraces y que me arropes en las noches y que me leas cuentos, me gusta que juegues conmigo.

—¿Tanto me extrañaste? Solo fueron 8 semanas mi dulce niño —bromeó Olivia.

—No tienes idea —los sollozos de Matthew sonaron más fuerte, tanto que Olivia pensó que ese comportamiento no era normal en su hijo.

—¿Dónde quedó mi niño orgulloso? —Susurró Olivia—. ¿Ese que no llora por nada y que detesta que lotrate como un bebé?

—En Brooklyn —respondió Matthew que se sintió tan lleno de emociones desconocidas—. Se quedó en Brooklyn con su padre Rafael Barba.

Olivia palideció al escuchar lo que el niño dijo.

-¿Noé? —Olivia tomó los hombros de Matthew y lo alejó, él no se opuso, la miró con sus ojos cristalizados y sus mejillas rojas mientras lloraba tanto. Olivia retiró unos mechones de su frente que se pegado y acarició su cara, su cabello. Parecía que lo miraba por primera vez—. Tú no eres Noah. ¿Mateo?

El niño asintió, comenzando a llorar más. Olivia volvió a abrazarlo, esta vez más fuerte. El niño correspondió la caricia.

—Oh mi Dios, eres tú. Mi bebé —Olivia sollozó de alegría—. De verdad eres tú ... Mi niño, mi dulce bebé ... mi hermoso Matthew —Olivia lo alejó nuevamente y pegó sus frentes—. No puedo creerlo ... eres tan hermoso. Ya, ya ... no llores mi niño.

—Pe ... Pero —comenzó Matthew—. ¿Por qué me abandonaste mami? ¿No me querías?

—Oh, no, no cariño —Olivia se apresuró a respondedor, besando su frente, sus ojos, sus mejillas y su nariz—. Te amo con todo mi corazón, siempre lo hice. Dejarte ir fue lo más difícil que hice en mi vida, todos los días te he pensado y añorado. Te amo tanto como amo a Noah, es solo que tu padre y yo ...

—¿Por qué no te quedaste con nosotros? —Preguntó Mateo inflando las mejillas—. O tan siquiera me visitaste, no es como que estamos en diferentes países o estados —Olivia dejó escapar una risita que sonó un poco ahogada por las lágrimas y lo sentó en su regazo.

—Tu padre y yo, no acabamos en buenos términos —le explicado Olivia—. Yo estaba muy enojada con tu padre. Todo sucedió demasiado rápido. Cuando tú y tu hermano nacieron fue como mirar el cielo, eran la luz de mis ojos. Y me dolió que tu papá y yo tuviéramos que separarlos. Lo siento tanto.

Matthew miró a su mamá llorar y, con sus pequeñas manos, secó sus lágrimas, tal y como su papá solía clean the suyas, using los pulgares.

—No te preocupes mamá —le dijo Matthew con dulzura—. No llores ... te amo y siempre te voy a amar ... sin importar qué. Es solo que me hiciste mucha falta todos estos años. Necesitaba a mi mamá.

—Gracias —sonrió Olivia, orgullosa de que Matthew entendiera—. Eres tan dulce.

—Supongo que lo saqué de ti suministra Matthew comenzó a reír dejando de llorar—. Porque de papi lo dudo.

—Eso no es del todo cierto —rio también Olivia, contagiándose de su sonrisa—. Cuando lo conocí, tu papá era muy sarcástico. Tu papá es un buen hombre, puede ser un niño a veces, sobre todo cuando está discutiendo con Rita Calhoun. Pero también puede ser un amargado cuando se lo propone.

—Además, es muy dramático.

—Sí, es cierto —coincidió Olivia recordando todo lo vivido con el padre de sus hijos—. Tiende a ser muy dramático a veces.

—Aja. Tengo otro testigo de carácter. Ahora papi no tiene como negarlo. Si lo llevo a juicio yo ganaré.

Olivia abrazó una vez más a su hijo y besó sus mejillas con amor. Luego de que lo estrechara en sus brazos, fue que la comprensión le llego de golpe.

—¿Mateo?

—¿Sí mami?

—¿Dijiste que Noah está en Brooklyn?

CASA DEL ADA RAFAEL BARBA, BROOKLYN

Rafael Barba se encontró en la cocina, preparando uno de los platillos favoritos de su hijo. Lo que más le gustaba de estas fechas era que podía darse un tiempo de su apretada agenda para disfrutar de su pequeño niño. Hoy tenía planeado hacer su niño con una Medianoche, que en términos generales era un sándwich cubano.

—¿Podrías pasarme el comino, mijo?

Noah asintió y miró los ingredientes dispersos en la barra de la cocina, dudoso. Se lo pensó un minuto y luego tomó un polvo naranja que le pareció que sería el correcto.

—Aquí tienes —le entregó el frasco. Rafael lo miró y sonrió.

—Este no es Matty, es el café claro.

—Oh, es que todos lucen iguales —murmuró Noah por lo bajo, con las mejillas rojas.

—¿Qué dados? Pero si sabes distinguirlos perfectamente, siempre me ayudas a cocinar y más este platillo —Rafael enarcó una ceja—. ¿O me dices que ya se te ha olvidado cocinar? En estas 8 semanas.

—No, no —negó Noah con la cabeza y las manos—. Es que ... estoy algo cansado eso es todo.

—¿Cansado? Pero si tiene dormido más de lo normal.

—Eh ... —Noah tartamudeo—. Es ... es por los cambios de horario.

—Nunca ha tenido problema con eso. Ni cuando eras más pequeño y viajábamos a Miami cada navidad.

Noah suspiró derrotado ... ¿Es que Matthew tenía que ser tan perfecto? Mamá siempre le animaba a hacer lo que quisiera y le decía palabras de aliento cuando pensaba que no podía hacerlo, además de que le corregía amorosamente. El ADA que tenía enfrente, enfrascado en la elaboración de una receta de cocina de la que supuestamente conocía todos los ingredientes, pero no era cierto, era algo diferente. Entendía en cierto punto porque su hermano era tan callado. Su padre realmente era igual. Cómo extrañaba a su mamá.

—¿Sucede algo? —Preguntó el ADA, notando que su hijo se había tirado sobre la barra de la cocina, mirando a la nada con repentina melancolía. El niño le miró sin levantar la cabeza del mármol negro.

—¿Por qué eres tan serio?

—¿Cómo corta en dados a Matty? —Su papá frunció el ceño—. ¿Por qué lo dados?

—Eres muy callado ... la mayor parte del tiempo estas en tu estudio revisando expedientes de los casos —explicó Noah aun con la mirada clavada en la mesa—. No te gusta jugar conmigo.

—Jugamos ajedrez ayer. Y hoy vamos a jugar Scrabble.

—Pero el ajedrez es aburrido y Scrabble también, no puedo ganar Noah frunció la nariz, justo como él lo hacía.

Y fue entonces que Rafael se dio cuenta, conocía todos los gestos que hacía su hijo y por historias que le contaban Rita y Fin sabia que Noah hacía algunos iguales a su gemelo, excepto por el hecho de que cuando Matthew se molestaba por algo infla las mejillas justo como Benson y al parecer Noah arrugada la nariz tal cual él hacía. Rafael no podía creerlo, pero al parecer su pequeño Noah estaba frente a él, no sabía cómo, pero así era. Decidió jugar una táctica para sacarle la verdad a su hijo sin que este lo notará, como si estuviera en los tribunales frente a un sospechoso.

—¿Y a qué quisieras jugar, Noah? —Preguntó Rafael con suavidad, sentándose a su lado.

—Pues ... no lo sé. ¿Qué tal "ve a pescar" con las cartas o póker? —Propuso el niño—. O quizás ... ¿Te gusta el Beisbol? A mi me gusta mucho.

—No mucho —respondió su papá sonriendo enternecido, al notar que su hijo no se dio cuenta de su jugada.

—¿En serio? ¿No te gusta el Beisbol? —Exclamó Noah muy sorprendido—. ¡Pero si es muy divertido! A parte de que es el deporte nacional.

-¿Si? Bueno, hace mucho que no juego ningún tipo de deporte mijo, pero podríamos intentarlo.

-¡Genial! —Aplaudió Noah y en ese momento recordó una jugada que le había enseñado su tío Elliot—. Te enseñaré una jugada que aprendí hace un tiempo.

—Me gustará aprenderla ofertar Rafael, acariciando la cabellera rizada de su hijo. Muy opuesto a Matthew que casi siempre solía llevarla acomodada con gel. Noah se sonrojó y sonrió tímidamente. Rafael se preguntó cómo no lo había notado antes, las diferencias eran más que notorias. Decidió dar por terminada su jugada.

-¿Noé?

—Dime papi.

Barba sonrió de lado y enarcó una ceja. A Noah le cayó el veinte de sopetón y miró a su papá horrorizado.

—Eh ... yo ... —balbuceó Noah sin saber qué hacer. Había metido la pata, el plan estaba arruinado completamente, su papá no debería saber la verdad antes de tiempo—. Yo...

—¿Me dejas abrazarte mi niño?

Noah abrió mucho los ojos, sorprendido de que no hubiera regaños ni nada por el estilo. Solo atino por asentir torpemente y su padre le atrajo hacia su cuerpo con mucha delicadeza, abrazándolo por primera vez consciente de quién era. Noah le rodeó carbonatado con brazos y piernas.

—Mi niño —susurró Barba besandole los rizos y apretando más sus brazos al rededor del cuerpo de su hijo—. Mi pequeño Noah.

—No soy pequeño —se quejó Noah, aunque no sonaba enojado, más bien estaba feliz.

—Lo sé, has crecido mucho.

—Y lo he hecho sin ti ...

El ADA lo soltó poco a poco. Noah evitó mirarle, reteniendo las lágrimas.

—Lo siento mucho mi niño externo Rafael.

—¿Sabes lo malo que es crecer sin tus dos padres? ¿Crecer sin tu papá? Debería saber lo mismo que Matthew de cocina, y Matthew lo mismo que yo de Beisbol y otras cosas. Debía saber que tenía un hermano con quien compartir y con quien hablar cuando me sentí triste. No me quejo de mamá, ella me ha cuidado muy bien, pero también necesito de ti papi, quizás así sería lo que tú esperas.

Rafael sintió que su corazón se oprimía con esas palabras. Se reprendió mentalmente por no mostrar tanto afecto hacia su hijo como lo merecía y quiso golpearse al darse cuenta de que era de la misma forma con Matthew.

—No mijo, no hay nada por lo que debas disculparte —le dijo el ADA, tomándole el mentón—. Tú eres perfecto tal y como eres, eres listo, gracioso y tienes un corazón muy grande. No pienses en llenar mis expectativas —se acercó y besó su frente—. Tú y Matthew son todo lo que podría desear, ambos son más de lo que podría esperar, ustedes le dan felicidad a mi egocéntrico y frío corazón.

—Tú no eres frío ni egocéntrico papi ofrece Noah, una lágrima cayo de su mejilla y esta vez no le importó—. Eres muy bien parecido y cálido ... ahora sé de dónde sacamos Matthew y yo nuestro atractivo.

Rafael sonrió ampliamente avergonzado, la verdad era que ellos eran tan hermosos como Olivia. De él solo tenían los ojos.

—Y también ahora sé porque mamá está enamorada de ti.

Automáticamente la sonrisa en el rostro de Rafael se borró, mientras se acomodaba la ropa y su miraba verde se endurecía.

—No mi niño, eso ya no es así ...

—¿Qué cosa papi? —Inquirió Noah confundido.

—Tu madre ya no está enamorada de mi, Noah. Ahora lo único que tu madre siente por mi es odio, en su estado más puro —respondió Rafael con pesar.

—Estas en un grave error papi. Claro que mamá te ama —exclamó Noah, frunciendo el ceño y rodó los ojos por las ideas de su papá y agregó—. Además ... —se acercó a su papá y le susurró en tono confidente—. Mamá siempre susurraba tu nombre cuando dormía, siempre me pregunte quien era "Rafael" o "Rafa". Ella nunca me quiso decir, y tampoco los tíos Amanda, Sonny y Fin. Nadie me dijo quien era la persona a la que mamá llamaba en sueños.

—Te agradezco que intentes animarme mi niño —le sonrió, divertido por la expresión ceñuda de Noah—. Pero yo sé de lo que hablo.

—Siento discrepar contigo —negó con la cabeza—. Pero bueno, no es como que tengo evidencia de esas veces para que me creas. Adultos tenían que ser. Todo lo complican.

Una risa brotó de los labios de Rafael, quien abrazó a su hijo una vez más. Luego se levantó, tomándole de la mano.

—Bien pequeño, hoy empiezan tus lecciones de cocina.

—¡Siiii! —Sonrió Noah.

—A proposito de Rafael y Noah lo miró interesado—. Estás castigado.

-¿What? ¿Por qué? No he hecho nada malo.

—¿Te parece poco mentirme? ¿A tu tía Rita ya tu abuelita? Incluso a tu madre ¿Estar aquí cuando deberías estar con tu madre en quien sabe qué lugar de Manhattan? Y por sobre todo ... ¿Decirme aburrido?

—¡Pero si eres aburrido papi!

-Oh yes. Ya verás quien es el aburrido, pequeño demontre —sonrió Barba, mientras comenzaba a hacer cosquillas a su hijo, quien reía divertido pidiéndole que parará. Unos segundos después, ambos corrían por toda la casa entre risas, olvidándose de los papeles y la comida por un rato.

Para Noah no pasó desapercibido el hecho de que su padre usara el apodo que su tío Fin le había puesto cuando tenía seis años. Al parecer su papá sí se interesaba por él.