CASA DE LA CAPITÁN OLIVIA BENSON, MANHATTAN
Olivia ya llevaba media hora tratando de convencer a su hijo, de que la realidad de sus vidas era otra. Matthew tenía que regresar con su papá. Y Noah debía estar con ella.
—No, no quiero... por favor, mamá no lo hagas —decía Matthew, mirando a su madre con súplica.
—¿No quieres regresar con tu padre? —inquirió Olivia con un poco alarmada por la actitud de su hijo—. A caso ¿No lo extrañas?
—Claro que sí, lo extraño mucho. Pero a mi papá lo he tenido desde antes de tener uso de razón, a ti no. Tú no has estado en mi vida, en estos casi doce años.
—Cariño... yo creo que lo mejor es que vuelvas con tu padre y Noah tiene que volver conmigo. Ese es el acuerdo.
—¡No! —respondió Matthew con la frente arrugada y los brazos cruzados.
—Matt tienes que regresar con tú papá. No es justo para él.
—Tú eres a quién no he visto por once años, ¡te necesito mami! Ustedes nos separaron —a Matthew se le llenaron los ojos de lágrimas, más de enojo que de tristeza—. ¡Eso si es injusto! Para Noah y para mi —exclamo Matthew.
Comenzó a decir cosas a forma de chantaje o para que su mamá se sintiera culpable. La cara de Olivia era todo un poema, no entendía absolutamente nada de lo que Matthew decía, sabía que era el idioma secreto entre gemelos, los gemelos de Elliot lo tenían y cuando estaban en situaciones de alto estrés llegaban a hablarlo sin darse cuenta justo como estaba pasando con Matthew, Nevada llegó en ese preciso momento y se quedó parado en el umbral de la puerta.
—¿Qué le sucede a Noah?
—¡Nev! —exclamó Olivia girandose hacia la puerta—. Yo... yo puedo explicarlo.
—¿Por qué Noah está hablando en un idioma raro?
—¿Estás loco? —preguntó Matthew, ya con su idioma normal—. ¿Y este de qué está hablando? —dijo Matthew viendo directamente a su mamá, exigiendo una explicación sin opción a evasivas.
—Es Galimatías —explicó Olivia a su hijo—. Es un lenguaje secreto entre gemelos. Pero eso es imposible solo conviviste con Noah 8 semanas. Solo que —se lamentó Olivia—. Oh, Dios Entonces tú y Noah lo desarrollaron sin darse cuenta.
—¿Noah? —interrumpió Nevada muy confundido—. ¿Por qué hablas de Noah como si no estuviera aquí?
—Anda, díselo —reto Matthew a su mamá—. Dile porque hablas de Noah como si no estuviera aquí. Y de paso también me cuentas porque tú y papá llegaron a ese acuerdo tan absurdo.
—Matthew. Ahora no es el momento.
—¿Matthew? —cuestiono Nevada aún más perdido—. ¿Por qué lo llamas Matthew?
—Porque así me llamo —dijo el niño diciéndole idiota sin decirlo, imitando el tono ácido de su papá cuando hablaba con los molestos abogados defensores—. Parece que nunca es el momento para hablar de eso. Y tú, si quieres saber dile a la capitán Benson que te lo explique.
Salió de la habitación, dejando a Olivia muy alterada, recordando las escenas del antiguo A.D.A. de la UVE y padre de sus niños, Rafael Barba, el hombre había hecho eso varias veces y al parecer Matthew era muy parecido a su padre cuando se molestaba. Nevada estaba muy confundido.
—¿Olivia me perdí de algo?
—Yo... es que...
—Olivia tranquila —dijo Nevada—. Vamos a tomarlo con calma, no tenemos porque estar alterados ¿Qué tal si me lo explicas con un taza de café?
—Eso sería grandioso -suspiró Olivia, recordando a cierto A.D.A. de ojos verdes a quien ella volvía loco por sus arranques de heroísmo en el trabajo, ese hombre le incrementó su adicción con el café, pero también le desarrolló más el paladar que para su mala suerte sufría cuando no tenía modo de ir a comprar café del bueno y se tenía que conformar con la mezcla horrorosa que tenían en la estación—. ¿Cubano?
—Cubano será.
CASA DEL A.D.A. RAFAEL BARBA, BROOKLYN
En casa del intrépido fiscal, las cosas estaban casi igual, Noah no daba su brazo a torcer. Se negaba a separarse de él.
—¡Pero no es justo papi! —grito Noah.
—Y ¿Exactamente qué no es justo Noah? —el rostro de Rafael estaba impasible, mientras le miraba desde su lugar en el sofá. Noah estaba completamente enfurruñado.
—Me separaron de mi hermano y me separaron de mi padre —dijo Noah, apretando los puños—. ¡Eso es lo injusto aquí! —exclamo Noah. Comenzó a decir cosas a forma de chantaje o para que su papá se sintiera culpable. Noah tenía problemas en que su papá lo entendiera no entendía ni jota de lo que su pequeño le decía—. Matthew y yo hicimos esto porque queríamos pasar tiempo con ustedes ¿y de qué ha servido? ¡De nada!
—Noah —hablo Rafael tratando de explicarle a su hijo—. Tú estás...
—¿Estoy qué? —pregunto Noah volviendo a hablar normal—. No quieras cambiarme el tema, esto es...
—¡No te entiendo! —dijo Rafael—. ¡No entendí nada de lo que dijiste! Estabas hablando Galimatías. De todo lo que pudieron desarrollar ustedes como gemelos, fue esto. O pudiste haber heredado lo testaruda de tu madre —gruñó Rafael.
—No sé, de qué me estás hablando —dijo Noah—. Al menos estoy feliz de no haber heredado tu enorme ego.
—Según estudios científicos, los gemelos don capaz de desarrollar un lenguaje secreto que es conocido como Galimatías. Matthew también lo ha desarrollado y ahora esta con la insensata de tu mamá.
—¡Mamá no es insensata!
—Claro que lo es. Ya que nunca quiso escuchar mi parte de la historia. Debió dejarme la custodia de ambos.
—Tú... —gritó Noah exasperado y se dio media vuelta, moviéndose a su habitación o más bien a la de su hermano.
—¡Noah!
—Ese hombre es imposible —se quejaba Noah yendo de un lado a otro de la habitación—. Que mamá tambien debió darle mi custodia.
Salió del cuarto solo para agarrar el teléfono, tenía que avisarle a Matthew que su papá había descubierto todo y pensaba devolverlo con mamá al día siguiente. No era una mala idea si lo pensaba, extrañaba a su mamá y su hermano.
Marco el número que se sabía de memoria desde los 5 años con enojo y esperó.
INICIO DE LA LLAMADA
—¿Noah? Noah es...
—Lo siento. ¡Juro que no fue mi culpa! —dijo el niño con temor—. Papá me puso una trampa y yo caí redondito.
—¿Qué? ¿De qué hablas Noah? —indagó Matthew confundido, él iba a decirle a su hermano lo que había pasado con mamá.
—Qué lo arruiné Matt, papá sabe todo —sollozó Noah—. Lo siento.
—¿También lo sabe papá?
—¿Cómo que también? ¿Mamá lo sabe?
—Sí, se lo confesé ayer.
—¡Matthew!
—¡Oye! ¡Tú también se lo dijiste a papá!
—¡Pero yo fui engañado! Papá me puso una trampa, me siento estafado. Me entrampo como a uno de sus acusados en la corte. Ni el tío Fin sería capaz de eso.
—¡Es lo mismo Noah!
—¡Eres un tonto!
—¡Tú lo eres, te dejaste engañar por papá!
—Te recuerdo que papá es fiscal, no es cualquier abogado incompetente. Y tú solo se lo dijiste a mamá porque quisiste. Yo no tuve esa opción. ¡Traidor!
—Aún así, eres un iluso.
FIN DE LA LLAMADA
Ambos hicieron su gesto característico, Noah arrugó la nariz y Matthew infló una mejilla. Ambos estaban molestos con sus padres, con su hermano y con ellos mismos.
CASA DE LA CAPITÁN OLIVIA BENSON, MANHATTAN
—Entonces... ¿Son dos? Y ¿Tú estuviste casada con Rafael Barba? ¿El Tiburón de los tribunales de toda Nueva York? Uno de los mejores fiscales que hay en el estado. ¿Ese Rafael Barba?
Olivia asintió, mirando su taza de café.
—Si, estuve en una relación con Rafael por casi dos años y nos casamos, pero eso no duró mucho. Él obtuvo la custodia de Matthew y yo la de Noah... Jack McCoy abogo por él, sin que Rafael se lo pidiera, McCoy lo hizo sabiendo que nadie podría tocar a Rafael si él intervenía, la juez Linden nos dijo que Rafael podía escoger que niño llevarse, porque al parecer por los métodos legales con nuestros abogados no podíamos llegar a un buen acuerdo —Nevada no dijo nada la dejo continuar, necesitaba más información—. Sé que suena horrible, sin conocer todo el contexto, pero bueno la juez lo dijo no había otra opción. Rafael y yo nos casamos por amor, pero nos separamos en muy malos términos.
—Pero Olivia... son hermanos. ¿No había otra forma de hacerlo?
—Soy muy consciente de eso, pero como te dije no teníamos más opciones. La juez nos obligó a este acuerdo, que cada uno se fuera con uno de los niños para no tener que volver a vernos, eso lo decidió también por el comportamiento de Barba y el mío en la corte de lo familiar, no podíamos estar ni cinco minutos sin querer arrancarnos la cabeza. No me mal entiendas Rafael sería incapaz de ponerme una mano encima, principalmente era yo quien quería volver las peleas en algo físico —dijo Olivia—. Soy la peor madre del mundo, por permitir este absurdo trato.
—No —Ramírez se apresuró a decir, posando su mano sobre la de ella—. No lo eres Olivia, intuyo un poco por lo que debiste pasar, aun así, te mantuviste fuerte por Noah, eso es admirable. Pero, ahora ven las consecuencias, sus hijos tienen una idea equivocada y creen que no pensaron en ellos al aceptar ese acuerdo.
—Pero todo esto se hizo por ellos —murmuró Olivia—. Barba y yo no podíamos seguir juntos, no después de lo que él hizo. Aunque nunca tuvo sentido que él estuviera conmigo, en primer lugar.
—¿Cómo puedes estar segura de eso? —preguntó con una tenue sonrisa.
Ella lo miró a los ojos. Aún no entendía que era lo que Nevada veía en ella y cómo podía tenerle tanta paciencia. Entendía y la aceptaba de todas las maneras posibles que era increíble imaginar que no sintiera alguna clase de enojo por haberle ocultado algo tan importante o porque aún no se lo había dicho después de tres meses de relación. No creía ser merecedora de algo así. ¿Sería Nevada un santo?
—Sí, estoy muy segura —dijo Olivia—. No tenía sentido que Rafael Barba se hubiera fijado en mi desde un principio, nunca tuvo lógica. Barba es el mejor abogado del estado de Nueva York, hasta ahora es el mejor abogado que a pisado la oficina de la UVE de Manhattan, es una persona preparada en Harvard, fue el mejor en su examen de la barra, ni más ni menos. Nuestros círculos sociales siempre fueron muy diferentes, él conoce gente con suficientes recursos financieros, como para tener yates, viajar al extranjero, ir un fin de semana a los Hamptomes. Y al parecer se dio cuenta de que ya no valía la pena estar conmigo, después de casarnos —Nevada rio abiertamente, sorprendiendo a la capitán—. ¿Qué es gracioso?
—¿Te das cuenta de lo que dices, Olivia? —dijo Ramírez sonriente—. ¿Quién no se fijaría en ti? Es imposible ignorarte, Olivia. Tú atraes la atención de todos, tanto hombres como mujeres. Créeme que es imposible tratar de ignorarte.
Un sonrojo se apoderó de las mejillas de Olivia, algo así le habían dicho sus amigos. En ese entonces no estaba con Nevada y los hombres la seguían como moscas a la miel. Una vez Ed Tucker le insinuó la posibilidad de una relación, el odioso detective de Asuntos Internos le había enumerado las mil y un razones por las que todos desearían estar con ella, a pesar de tener a Noah. Luego, cuando se enteraron de su relación con Nevada, debido a que llegaba a buscarla siempre con algún regalo y su sonrisa, la mayoría de sus amigos la habían animado a corresponderle argumentando que no tenía por qué seguir sola toda la vida.
—No soy la gran cosa Nev —murmuró Olivia.
—¿Qué? Pero si tú eres Olivia Margaret Benson. La capitán de la UVE de Manhattan, que dicho sea de paso es la mejor división de tu distrito. Una de las mejores detectives que ha visto el estado de Nueva York, sino es que eres la mejor.
—Eso no es un buen argumento. Alguien tiene que hacer el trabajo.
—Si, eres la mejor detective de Nueva York, Olivia.
—Eso es debatible.
—¿Cuándo comenzaras a verte como realmente eres Olivia? —cuestiono Ramírez acariciándole la mejilla—. Olivia... tú eres una mujer extraordinaria, muy valiente... una excelente madre y una gran persona, y sobre todo eres una de las mejores detectives de la ciudad, soy muy afortunado de que me hicieras caso. Y aceptaras casarte conmigo.
—Yo soy la afortunada. Estas conmigo a pesar de que tengo un hijo y un pasado que desconocías por completo —dijo Olivia.
