—Esto es el colmo —dijo Rafael dando vueltas por el restaurante como león enjaulado—. No sé qué pretenden lograr con esta estúpida broma —exclamo girándose con los brazos cruzados hacia los tres adultos que al parecer tenían mucho que ver con lo que estaba pasando—. Ustedes tres, mucho mejor que nadie saben que ella no me quiere cerca, me lo dejo muy en claro hace doce años en la corte de lo familiar —declaro mirando a su mamá y a Rita.

Rita le tomó de los hombros, haciendo que la mirara.

—Por Dios, eres Rafael Barba. El Tiburón de los tribunales de Manhattan y Brooklyn, de todo Nueva York, no eres cualquier inepto —comenzó ella forzándolo a no separar la mirada de ella—. También eres un dolor en mi trasero, pero eres el mejor abogado de todo Nueva York, la fiscalía de Manhattan no quería dejarte ir Rafael. McCoy te está rogando porque decidas regresar, te esta ofreciendo al puesto de E.A.D.A. (Asistente de Fiscal Ejecutivo de Distrito). ¿Eso te dice algo?

—Rita, eso no me sirve de nada. McCoy no es importante en esto. Ella me detes...

—Olivia no te detesta, Barba. No sabes la cantidad de veces que Noah me pregunto quién era Rafael y porque su mamá le hablaba en sueños. Así que no seas cobarde, porque nunca lo has sido, demuestra porque te llaman "El Tiburón", hombre.

—Yo no soy ningún cobarde, Tutuola —bramo el A.D.A. fulminando al sargento con la mirada.

—Rafi —intervino Lucia—. Rita y Fin tienen razón, si quieres recuperar a tu familia debes hacer todo lo que este en tu poder, Rafael tus hijos no merecían lo que les hicieron. Depende de ti arreglar las cosas.

No pudieron seguir hablando, los niños y Olivia estaban entrando. Rafael solo podía ver un sueño roto, sus hijos y la mujer que nunca dejaría de amar entrando al restaurante que tenía tantos buenos recuerdos. Un sueño que le fue arrebatado hace casi doce años.

—¿Por qué estamos aquí niños? —les pregunto su papá molesto por la trampa—. Noah, Matthew espero una respuesta.

—Tranquilo Rafael —dijo Calhoun, empujando la puerta de un privado mientras los niños jalaban la mano de sus progenitores con Fin detrás de ellos en caso de que alguno intentara irse—. Ya llegamos.

El A.D.A. y la capitán mirando el lugar con asombro puro y un poco de incomodidad. Tanto a Olivia como a Rafael los golpeo el recuerdo de cuando se creían el uno para el otro, ambos recordaron lo que ocurrió en ese lugar que estaba decorado de una forma muy parecida a como lo estuvo hace casi 12 doce años en el cuarto año de Olivia. Una pequeña mesa cuadrada estaba en el centro, decorada con velas y rosas. La luz era tenue. Ambos notaron que solo había dos puestos en ese lugar. Y no cuatro.

—¿Y esto? —preguntó Olivia.

—Es una sorpresa de parte de sus retoños —exclamó Fin. Olivia y Rafael, los miraron con una ceja alzada los niños les devolvieron sendas sonrisas idénticas—. Está bien, nosotros tres los ayudamos. Solo un poco, casi nada.

Una sonrisa divertida se asomó en los labios de Rita, Olivia y Lucia, en contraste con el ceño fruncido de Rafael Barba.

—¿Por qué solo hay dos lugares? —cuestiono Rafael fulminando con la mirada a los tres adultos.

—Bueno... —dijo Matthew captando la atención de sus padres—. Esa... esa es la otra sorpresa.

—Nosotros no cenaremos con ustedes —añadió Noah—. Estaremos con los tíos y abuelita.

Rafael arrugó levemente la nariz, queriendo solo unos segundos con las dos mujeres a un lado del veterano sargento. ¿Qué creían Rita y su mamá estaban jugando a las casamenteras o qué? Nunca se esperaba algo así de parte de Fin.

—Pero... ustedes dijeron que... —intento decir Olivia con dificultad.

—Bueno, bueno —se apresuró a decir Matthew—. Nosotros nos retiramos. Disfruten la cena.

Y salieron los cinco, cerrando las puertas y dejándolos, mirando la entrada con consternación. Esos niños eran peor que Lucifer mismo.

—Esperemos que funcione —dijo Matthew esperanzado—. Es nuestra última oportunidad, si esto no funciona no sé qué lo hará.

—Ten fe —intento animarlo Noah.

—¿Listos mis niños? —los llamo Lucia.

Los niños se voltearon a ver a sus tíos y su abuelita. Ambos sonrieron y se dejaron llevar por sus tíos Fin y Rita. Seguidos de su abuelita.

—¿Podremos ver todo? —pregunto Noah esperanzado.

—Pero claro que si —le respondió su tío Fin—. En primera fila y con cena incluida. Ya está todo arreglado.

—Odafin ¿Qué hiciste? —le pregunto Calhoun sorprendida de lo que escuchaba.

—Nada, algo simple, solo le dije a Morales que colocara unas cámaras en la habitación, le dije que era para un caso de alto perfil para que no me hiciera tantas preguntas.

—Oh bien, eso es algo que como abogado defensor me puede llegar a ser útil —bromeo Calhoun—. Un sargento de la policía de Nueva York, utilizando los recursos de la ciudad para un asunto enteramente personal.

—Muy graciosa, te recuerdo que eres cómplice, tú y yo somos igualmente culpables en esto, si me denuncia diré toda la verdad.

—Oh de acuerdo, no dire nada —dijo Calhoun poniendo los ojos en blanco. Ganándose una risa de parte de los tres Barba que estaban con ellos.

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EN EL PRIVADO

Olivia miró de reojo a Rafael, que hizo lo mismo y enseguida ambos desviaron la mirada, luego suspiró. Se volteó hacia el A.D.A. y sintió algo que no esperaba volver a sentir, pero al verle lucir tan elegante y apuesto como la última vez que estuvieron en ese preciso lugar. El aspecto del lugar y la cercanía de Rafael le hacía latir su corazón, como si esos doce años no hubieran pasado.

—Si quiere, me puedo ir capitán —ofreció Rafael, sabiendo que ella no quería estar cerca de él, no desde el incidente que los separó—. No es necesario todo esto.

—¿En serio Barba crees que todos ellos se tragaran ese cuento? Para nuestra mala suerte tanto los niños como sus conspiradores son más listos de lo que aparentan —respondió Olivia con evidente resignación—. Además, se nota que Calhoun ha gastado una buena cantidad de dinero cerrando todo el lugar y no sería correcto rechazar su obsequio.

Rafael solo asintió, un poco sorprendido de que ella no estuviera en esos momentos tratando de derribar la puerta, o que le estuviera gritando a los tres adultos para que le abrieran la puerta, para alejarse lo más posible de él, tanto como la ciudad se lo permitiera, tal como lo estaban desde hace casi doce años.

—Eh, esta bien. Entonces... hagámoslo.

Rafael comenzó a caminar hacia la mesa, donde esperó a que Olivia le alcanzara. Olivia se quitó la gabardina negra un poco dudosa, dejando ver su atuendo. Rafael se estremeció. Olivia llevaba un vestido borgoña ajustado en los lugares correctos. Olivia estaba más apetitosa que la cena. Ella colocó la gabardina en el respaldo de su silla y se sentó a un lado de Barba.

—Y bien... ¿Qué ha sido de tu vida, Barba? —Olivia intento romper el silencio incómodo, algo que nunca había ocurrido entre ellos, ni siquiera cuando recién se conocieron, él inmediatamente bajo la mirada a su cena.

—Nada realmente interesante. Simplemente regrese a la oficina del fiscal en Brooklyn en mi antiguo puesto. ¿Matthew se ha portado bien? —Rafael intento mover la conversación al tema de los niños, esperando que fuera un tema tranquilo.

—Más que bien, es un ángel —Olivia se mordió el labio inferior levemente—. Eh de admitir que Noah está un poco influenciado por Carisi y Elliot.

—Siempre supe que Carisi no era una buena influencia. En cuanto a Stabler no puedo decir mucho de él, no llegue a convivir mucho con él.

—Irónicamente estas en un error, Sonny no es la mala influencia, aparte Noah no necesito mucho para volverse así —suspiró Olivia—. Es un niño con mucha inventiva y creatividad. A veces Carisi tiene que frenar la creatividad de Noah, en cambio Elliot lo motiva a no dejarse derrotar, lo que Noah tomo como una razón para no hacerle mucho caso a Carisi.

—¿Estas segura que has estado al pendiente de Noah?

—Claro que sí, paso mucho tiempo con él, procuro no quedarme mucho tiempo en la oficina en la noche y cuando no tengo como escaparme de la oficina Lucy lo cuida otras veces está en casa de Elliot con Kathy. A veces pasa tiempo en casa de Amanda ya sea con ella o Carisi, cuando tenemos un caso grande y cuando todos estamos en el precinto Lucy cuida a los niños de Amanda y a Noah. Así que, si Barba, si estoy al pendiente de mi hijo, no tendría por qué darte explicaciones, pero te lo diré, todos en el equipo vamos al parque los domingos, cuando el clima lo permite, llevamos a los niños para que jueguen, incluso Elliot lleva a sus hijos.

Por un buen rato estuvieron charlando sobre trivialidades, relatándose anécdotas de sus hijos. Al menos eso es lo único que tenían en común. Un instante después, apareció Anthony con el postre, pero rápidamente cerró la puerta antes de que alguno de ellos pretendiera salir. Cosa que ninguno de ellos intento.

—Al parecer Rita no ha escatimado en detalles —comentó Olivia, mirando su plato, era tiramisú el postre favorito de ella y los gemelos—. Esto se ve muy bien y costoso.

—Creo saber quién está detrás de este postre —comento Rafael mirando el postre con emociones encontradas.

—¿Sí?

—Ajá, cierto mesero entrometido llamado Anthony —dije él con completa seguridad. Anthony sabía que ese postre en particular era el predilecto de Olivia. Rita no lo sabía y Fin mucho menos. Su madre no tenía idea, así que todo apuntaba en dirección a Anthony.

—Oh.

Olivia llevó una cucharada a su boca y la explosión de sabor le hizo tomar otra rápidamente. El gesto de placer en su rostro provocaba que Rafael la mirara fijamente. La capitán llevó la cuchara a su boca, en un gesto desbordante de provocación para Rafael.

"¿Tiene que hacer esas muecas?" —Pensó Rafael, apretando la cuchara de más. Olivia dejó caer su cuchara en un golpe de realidad, ésta fue a dar al suelo. Olivia se agachó para recogerla, Rafael hizo el mismo movimiento, ambos se quedaron frente a frente.

El aroma que provenía de Olivia le inundó los sentidos, estaban a unos centímetros del otro y sus respiraciones se mezclaban. Ambos se perdieron en la profundidad de los ojos del otro, que demostraban el anhelo oculto de años. Olivia comenzó a acercarse de forma inconsciente, su cuerpo se movía en automático en ese momento. Rafael admiró cada facción de ella, parecía que el tiempo no hacía mella en su belleza, los últimos 12 años solo consiguieron hacerla ver más hermosa.

Rafael había soñado y anhelado ese momento, el momento de volver a estar así de cerca de la mujer que le nublaba los sentidos. Le golpeó el recuerdo de las tantas noches en que se dejaban llevar por el deseo, deseo que seguía allí, vivo aún después de tantos años, aun después de lo ocurrido esa fatídica noche. Después de todo lo que ella le dijo en la corte de lo familiar.

Cuando sus labios se rozaron, Olivia volvió a soltar la cuchara, el ruido que hizo al tocar el suelo provocó que Rafael saliera del hechizo de los ojos chocolate que tanto amaba, se aclaró la garganta y se alejó rápidamente. Olivia lo imitó. Por unos minutos todo se sumió en un silencio incómodo en el que Olivia recordó que estaba comprometida y que ahora Nevada debía ocupar su mente por completo, no Rafael Barba. El A.D.A. no podía formar parte de su futuro, tal y como lo habían decidido tiempo atrás, cuando acordaron no volver a verse.

—¿Y ahora qué haremos con los niños?

Rafael levantó la vista del plato y la miró. Sabía que ella necesitaba una respuesta, asique que le contestó con la pura verdad.

—Ahora que se conocen no los podemos mantener separados.

—Si es verdad, yo puedo tenerlos la mitad del año y tú la otra mitad, creo que es justo.

—Pero no pueden estar cambiando de escuela cada año. No suena nada lógico. Y dudo mucho que sea bueno para ellos.

—Entonces, pueden quedarse conmigo un año —insistió Olivia—. Y tú los tendrás otro año —al ver lo estúpido de su sugerencia añadió—. Y por esto es qué se llegó al acuerdo que ya teníamos.

—¿En serio? Yo creí que era porque habías decidido no volver a verme —dijo Barba tratando de no sonar como un reproche.

—Sabes que no fue solo por eso —dijo Olivia mirándolo con evidente dolor. No hallaban que más decirse, todo era tan confuso—. ¿Cómo descubriste que era Noah?

—Su nariz —Barba sonrió—. Arruga la nariz como yo lo hago, Matt nunca lo hace. Eso y tengo que admitir que le tendí una trampa. Admito que me sentí mal al principio por hacerlo, pero valió la pena.

—Sí, Noah hace eso —dijo Olivia esbozando una sonrisa—. Y Matthew infla las mejillas.

—Justo como tú cada que te negaba las órdenes que pedias sin fundamentos para sustentarlas —añadió Rafael sonriendo, olvidando por un momento que la mujer que tenía enfrente una vez casi lo quería matar por un completo malentendido.

—Sí, es cierto. ¿Barba? —lo llamo Olivia con duda en la voz.

—¿Sí? —dijo Rafael un poco sorprendido por la evidente duda en Olivia. Ella jugueteaba con sus dedos sobre la mesa y evitaba mirarlo.

—¿Hicimos lo correcto?

—¿A qué te refieres? —añadió Rafael sin comprender.

—Hicimos lo correcto al separarlos. Matthew está muy molesto por eso. Admito que no entendí una palabra de lo que decía, pero lo deduje por su lenguaje corporal. ¿Somos buenos padres? A pesar de lo que hicimos.

—¿Somos? —añadió Rafael con tono acido—. No se usted capitán, pero yo he criado a mi hijo cómo se debe.

—¿Noah no te recrimino nada? ¿No estaba molesto?

—Solo puedo decir, que Noah estaba molesto —respondió receloso—, pero no logré comprender nada de lo que me dijo.

—¿También te habló en Galimatías?

—Bonita cosa —dijo Rafael como si fuera culpa de Olivia.

—Lo dices como si fuera mi culpa. Sigues siendo igual de insoportable, Barba —se defendió Olivia—. No puedes ver más allá de tu gran ego de bronce.

—Si hablamos de egos, no te quedas atrás Benson.

Ambos se desviaron la mirada.

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Mientras tanto fuera del privado.

—¿Qué rayos paso? —dijo Noah confundido, viendo a sus padres a través de la pantalla de la computadora de su tío—. Todo iba tan bien.

—No entiendo nada —murmuró Matthew igual de confundido que su hermano—. En un momento se están besando y al otro están a punto de matarse. Que suerte que mamá no trae su arma.

—Nosotros sabemos un poco del problema entre ellos —comentó el tío Fin—. Pero eso es platica para otro momento. Y prometo que se les explicará todo.

—Creo que ya es hora de que vuelvan antes de que terminen matándose uno al otro —los apresuro su tía Rita.

—Estoy de acuerdo con su tía —habló su abuela—, mejor corran niños.

Ambos niños asintieron y corrieron para llegar con sus padres. Abrieron la puerta y vieron cómo sus padres estaban sentados mirando a la pared contraria.

—De seguro nos extrañaron —curioseó Noah, subiendo al regazo de su papá, Matthew lo imitó con su mamá—. ¿Verdad papi?

—Claro, que si mi niño —contestó Rafael sonriendo y abrazándolo—. Los extrañamos mucho.

—¿Se divierten? —sondeó Matthew, abrazando a su mamá.

Los adultos se miraron y se forzaron a asentir.

—¿Les gustó la cena? Yo ayudé a la tía Rita a convencer a Anthony para que cerrara el lugar.

—Eres bueno convenciendo a la gente —sonrió Olivia mirando a su hijo en el regazo de su padre, se forzó a no levantar la mirada a los ojos penetrantes de Barba—, eres muy persuasivo mi dulce niño.

Ese comentario le hizo dirigir su mirada a cierto A.D.A. quien era el mejor abogado de la ciudad. Olivia no podía evitar mirar a Barba impresionada, se veía demasiado bien en su papel de padre, nunca se lo había imaginado en ese papel, pero "el Tiburón" de los tribunales, era extraordinario como padre, y toda evidencia de eso estaba en su regazo su pequeño Matthew.

Una vez terminada la cena todos se encaminaron a la salida, Noah y Matthew se tomaron de las manos de sus padres. Se sonrieron uno al otro, ahora sí que parecían una familia. A lo lejos, cuatro personas observaban la enternecedora escena. Desde la puerta del restaurante, Lucia Barba, Fin y Calhoun se enviaban una mirada cómplice, al parecer las cosas estaban saliendo bien por el momento. Los adultos sonrieron al ver que los niños entrelazaban las manos de sus padres, que desviaban la mirada.

A su vez, desde la ventana de un taxi, Nevada Ramírez quería desearles buenas noches a su prometida y a los niños, así que había decidido ir solo para eso, más no podía despegar la mirada de aquella linda escena. Solo hablo para decirle al taxista que lo regresara a donde lo encontró.