EN ALGÚN LUGAR DE NUEVA YORK

La casi nula iluminación en la gran estancia dejaba ver dos siluetas que se dibujaban con la escasa luz amarilla, una en un asiento, mientras la otra se encontraba mirando complicemente. Una mujer con ojos café oscuro miraba al hombre con diversión.

—Mira nada más. Se lo tenían muy bien guardadito —siseó con furia la mujer—. Quién lo diría.

El hombre no respondió, sola la miraba con una sonrisa siniestra.

—Me emocionas demasiado con esta información, todo va de acuerdo con el plan. ¿Ya has hecho lo que te tocaba?

—Por supuesto, todo va conforme a lo planeado —respondió el hombre—. Fue más fácil de lo que esperaba.

—Excelente, sigue así. Ahora bien, debemos traerlos antes de que inicien las clases, será más difícil traerlos si están en lados diferentes del estado.

—Aquí los tendremos. Ese par nos lo dejaron más fácil, les van a hacer una fiesta de disfraces en un hotel, con tantos niños alrededor será mucho más fácil sacarlos. A pesar de todos los policías que habrá. No podrán notarnos, se como van a disfrazar a los gemelos tenemos eso de nuestro lado.

—Bien, tendremos que aprovechar esa gran ventana de oportunidad que nos han dejado abierta.

El hombre se levantó, caminando fuera de la estancia. Sus ojos mostraban determinación y su expresión era de completa satisfacción.

CASA DE LUCIA BARBA, BRONX

El regreso a clases estaba casi a la vuelta de la esquina y con ello la inminente separación de los niños. Noah y Matthew sentían que ya no podían recordar cómo era la vida antes de conocerse, no entendían cómo sus padres pudieron estar tanto tiempo lejos, en esos momentos para los gemelos era impensable volverse a separar. Por lo que habían optado por querer quedarse en casa de su abuelita, que era hasta cierto punto un lugar neutral, cosa que no les había gustado a sus padres. Claro que sus padres evitaban verse más de lo estrictamente necesario lo cual era principalmente por las noches, después de que dejaban de trabajar.

La habitación de Noah y Matthew tenía en el medio un tapete de Twister, que había sido un obsequio de navidad de Matthew de parte de su tía Rita. Juego que él jugaba con ella y el tío Fin. Su papá por lo general jugaba con ellos cuando su hijo insistía mucho.

—Pie izquierdo, verde —dijo Noah, los gemelos veían como Nevada y su mamá se contorsionaban. Los niños habían durado cuarenta y cinco minutos jugando, así que los adultos planeaban superar el récord. Matthew volvió a girar la manecilla, que esta vez cayó en el rojo—. Mano derecha, rojo.

La puerta se abrió, más ninguno de los presentes se percató de ello. En ese momento, Nevada resbaló provocando que Olivia cayera encima de él. Los niños comenzaron a reír, hasta que vieron que Nevada aprovechaba para robarle un beso a su mamá, eso ya no les había gustado para nada.

—Hey —se quejó Noah como tantas veces que ellos lo hacían, antes de conocer a su hermano—. Hagan eso en otro lado.

—Esa sería una buena idea —susurró Ramírez a Olivia en el oído. La cara de ella enrojeció—. ¿Convencerían a su mamá de salir a cenar esta noche por mí, niños?

Unas risitas divertidas se escucharon cuando Olivia intentó levantarse, pero el abrazo del hombre no se lo permitió, Ramírez los giro en el suelo, quedando sobre Olivia y estaba a punto de besarla de nuevo. Un carraspeo llamó la atención de los cuatro.

Olivia palideció al ver a Rafael parado en la puerta, pero Rafael no la miraba, el A.D.A. le estaba mandando una mirada asesina a Ramírez. Noah y Matthew se miraron con espanto. Ramírez en cambio, miraba con inocencia al hombre.

—Buenos días. Lamento interrumpir sus juegos, capitán —dijo Rafael por lo bajo, Olivia lo conocía tan bien que sabía todo el coraje que el hombre intentaba contener, él seguía enviando con los ojos verdes a Nevada al peor infierno de Dante—, pero he venido por mis hijos. Vamos a nuestra casa.

—¿Para? —preguntó Noah extrañado.

—¿No puedo convivir con ustedes? ¿Necesito una excusa para pasar tiempo con mis hijos? ¿No quieren pasar tiempo conmigo? —inquirió Barba—. Bien. Entonces me retiro.

Barba se dio la media vuelta, Matthew se levantó de un saltó. Noah no supo que hacer ante el tono que ocupó su papá.

—Espera papi —el abogado se detuvo y miró a su niño—. Yo voy contigo.

Se despidió con la mano de los demás y salió detrás de su papá. Al salir al patio de la casa de su madre, Rafael se cruzó de brazos y no pronunció palabra alguna.

—Papi ¿Estas molesto? —pregunto Matthew al ver el comportamiento de su papá, sabía que estaba molesto ya lo había visto así cuando regresaba del trabajo y las cosas no salían bien.

—No.

El niño suspiró, sabía que su papá mentía.

—¿Y ese hombre qué demonios hacía en su habitación?

—Jugábamos Twister.

—¿Eso era jugar? La última vez que jugué contigo, Rita y Fin, ellos nunca hicieron algo así —ironizó Barba caminando frente a su hijo.

—¿Eso qué tiene de malo? —dijo Matthew—. Las parejas hacen eso... ¿No?

—¿Qué?

Barba giró tan rápido el cuello hacia Matthew, el niño se preguntó si no le habría dolido hacerlo, su ceño se había fruncido.

—Papi, Nevada Ramírez es pareja de mami.

—¿Cómo que pareja? ¿De qué estás hablando Matt?

Matthew suspiró derrotado, esta vez no podían mentirle a su papá, ninguno de sus planes había funcionado, así que los planes de su mamá y Nevada seguían intactos.

—Papi, mamá va a casarse con ese sujeto.

Al escuchar esas palabras Rafael sintió que algo se rompía en su interior, la había perdido por completo, ella nunca le creería y aunque lo hiciera no volverían a estar juntos, porque ella pensaba casarse con el niño bonito que está dentro de la casa con ella y su otro hijo.

CASA DEL SARGENTO ODAFIN TUTUOLA, MANHATTAN

Un sonido en la puerta se escuchó, Fin se extrañó, no esperaba a nadie, Rita estaba en la Corte peleando un caso contra el A.D.A. Cox, Amanda y Carisi estaban en el trabajo y Olivia debería estar de vacaciones como todos los veranos. Fin se acercó y visualizó la cara sonriente de su mejor amiga. Eso era raro.

—Hola Liv —exclamó con una sonrisa.

—Hola Fin —le saludó su casi hermana—. ¿Me permites pasar?

—Pero por supuesto.

Abrió la puerta invitándola a pasar, ella entro enseguida, pero no cerró la puerta.

—¿Qué haces aquí? —preguntó su amigo, extrañado ya que ese día él descansaba y si Olivia lo necesitaba en el precinto simplemente le habría llamado al celular.

—Pues...

Olivia se volvió a la puerta de donde, en ese momento, entraba otra figura. Nevada Ramírez le sonrió amigablemente a Fin, quien arqueó las cejas.

—Hola Tutuola —saludó Nevada—. Qué bueno volver a verte.

—Hola Ramírez. ¿Qué les trae por aquí? —dijo Fin tratando de disimular su recelo hacia Ramírez, mirando a ambos. Fin vio como Ramírez entrelazaba su mano con la de Olivia, para mayor incomodidad de Fin.

—Verás... venimos a invitarte a nuestra boda, será en octubre. Queremos hacerla antes del cumpleaños de los gemelos. Y también antes de Navidad.

La mandíbula de Fin cayó al piso. Una vez que Olivia y Ramírez se fueron, corrió por su departamento buscando su celular tenía que hablar con Rita inmediatamente. La fecha de la boda estaba muy cerca. Tenían que hacer algo para evitarlo.

CASA DEL A.D.A. RAFAEL BARBA, BROOKLYN

Olivia dejó escapar un gemido de exasperación cuando debajo de la chaqueta de su traje había un chaleco y debajo de este sus acostumbrados tirantes— ¿Alguien le ha dicho alguna vez que usa demasiada ropa abogado?

—No, no recientemente, teniente.

Él captó su mirada y ella entendió; no había estado con nadie más en mucho tiempo. Debido a lo que sentía por ella.

—¿Tal vez deberíamos llevar esto a un lugar un poco más cómodo? —Olivia sugirió, sus dedos acariciando su estómago, sus uñas rastrillando sobre la tela tensa de la camisa sin duda cara como todo el guardarropa del abogado.

—¿Estás segura? —Rafael respiró. Besarse y tocarse en el sofá era una cosa, ir a su habitación era otro paso. Tenía que saber que esto era definitivamente lo que ella quería.

Ella sonrió cálidamente— No lo habría sugerido si no fuera así —ella se levantó de su regazo y le tendió una mano—. Quiero esto Rafa, te quiero a ti.

—Bueno, ¿quién soy yo para negarle a una dama lo que quiere? —él tomó su mano regalándole su media sonrisa, como cuando compartían una broma en la oficina de alguno de ellos y se puso de pie, permitiéndole guiarlo por el pasillo, a su habitación. Rafael dudo solo un segundo cuando entraron en la habitación de Liv. Pero cedió, sin fuerzas para seguir negando lo que deseaba, mientras Olivia gemía desesperada en su boca, sus manos se enredaban en su cabello atrayéndolo más si eso era posible. Tanto tiempo han deseado este preciso momento.

Rafael abrió los ojos, había comenzado a recordar cosas innecesarias mientras miraba la foto que ocultaba celosamente en el cajón de su escritorio en su estudio, era una foto de él y Olivia en la gala de uno de los tantos bailes de la policía, la cual fue antes de su abrupta separación.

Quizá la cercanía con Olivia le estaba afectando nuevamente, ese era un capítulo ya estaba completamente cerrado en su vida.

¿Verdad?

CASA DE LA CAPITÁN OLIVIA BENSON, MANHATTAN

Las manos de Rafael bajaron temblorosas por los costados del cuerpo de Olivia, mientras su lengua se perdía en mi boca. Olivia le devolvió el beso con desesperación. La erección de Rafael. Se apretaba contra el vientre de Olivia, y el deseo se volvía casi una necesidad para ambos. Olivia se sentía mareada.

Rafael alcanzo el cierre del vestido y lo bajo sin dejar de besarla, hasta apoderarse de sus senos, apretándolos. La sensación hizo que Olivia gimiera, pero Rafael ahogo el gemido con otro beso, tan urgente que casi dolía.

—Olivia... —lo oí murmurar, haciendo que se le erizaran todos los vellos del cuerpo.

—Rafael —dijo entrecortadamente mientras bajaba las manos a su miembro. Jadeo al sentirlo entre mano duro y caliente como jamás lo imagino. Rafael era grande lo había visto en la sala aun con el pantalón, pero no era lo mismo que sentirlo, era muy bien dotado

Una vez que estaban completamente desnudos y Rafael encima de Olivia sin ropa se volvieron a besar, mientras las manos de Rafael seguían acariciando su cuerpo. El frio ya no era tal en la habitación. Ambos estaban cubiertos de una fina capa de sudor, tratando de tocarse desesperadamente.

La boca de Rafael bajo por el cuello de Olivia hasta llegar a su pecho y capturando uno de sus pezones. Con la otra mano se apodero del otro seno, estimulando. Las manos de Olivia bajaron de su cabello a su espalda y delineo el contorno de sus músculos. Se mordió el labio para no gemir alto.

Aquella había sido la mejor noche de su vida y aun sin saberlo fue la última en que ellos estuvieron juntos como una pareja felizmente casada. De ese último encuentro habían resultado sus bellos angelitos. Lástima que solo había sido eso, solo un sueño.

—¿Piensas en mí? —preguntó la voz de Nevada con un tono pícaro. Olivia abrió los ojos y sonrió.

—¿Tú que crees?

—Qué me estabas esperando despierta para que nos quedemos toda la noche en vela.

Nevada se puso arriba de Olivia, cercándole con sus brazos y uniendo sus labios a los de él. Olivia no opuso ninguna resistencia y correspondió al beso, más no cerró los ojos como Nevada. Trazó con la mirada cada facción de Nevada, enumerando las diferencias con las de Rafael.

Este se separó después de un momento y le sonrió, radiante.

—Creo que mejor nos vamos a dormir —dijo Olivia—. Estoy algo cansada por el caos de hoy.

—Está bien, amor —aceptó Nevada, recostándose a su lado, abrazándolo.

Se acurrucó a su lado y cerró los ojos en su pecho, muy lejos de pensar en el calor que ese cuerpo le daba. Nevada era muy bueno con ella, bueno en la cama y muy bueno en todo, quizá demasiado bueno. Tenían poco tiempo de comenzar a salir, pero Nevada ya le había propuesto matrimonio, cosa que había aceptado sin dudar para olvidarse de una vez por todas de aquel otro hombre que aún hacía acelerar su corazón, tal y cómo lo había comprobado durante la cena que tuvieron. Pero ahora que sus hijos se conocían y no pensaban separarse, la situación se estaba complicando, no podía simplemente dejar de ver a Rafael Barba, era el padre de sus niños después de todo.

—Buenas noches hermosa —le susurró Nevada cuando notó que su respiración era tranquila, no estaba dormida, pero tenía los ojos cerrados. Realmente no podía sacar de su cabeza las manos de Rafael Barba. Jamás pudo hacerlo y jamás podría.