HABITACIÓN 462, HOTEL PARK LANE, 36 CENTRAL PARK SOUTH NY 10019, MANHATTAN

Olivia iba a tener que correr a darse una ducha helada, si continuaba viendo una figura desnuda en la cama, la cual estaba extrañamente sin sábanas, almohadas, absolutamente nada, solo era el colchón. Tenía sensaciones que nunca espero volver a sentir por el cuerpo desnudo frente a ella.

—Deja de mirarme, Benson cerca Rafael con un tinte de incomodidad en la voz, intentaba cubrirse pudorosamente con cualquier cosa que tuviera, pero Fin y su mala amiga Rita no le dejaron nada en absoluto, el colchón no tenía sábanas o almohadas, su ropa estaba extraviada también—. ¡Olivia! Que dejes de verme.

Ella pasó saliva dificultosamente, su garganta estaba repentinamente seca y se sintió sus piernas temblar. Rafael gruñó ante la insistente mirada de su exesposa.

—Si, yo lo si ... siento.

Comenzó a quitarse la gabardina, ahora fue el turno de Rafael de no poder despegar la mirada del cuerpo frente a él, enfundado en un vestido rojo pasión entallado que mostraba las curvas. Olivia le ofreció la prenda Rafael cubrió parcialmente su desnudez con ella. Barba tenía un leve rubor en las mejillas, esa situación era por demás hilarante y vergonzosa.

¿Qué rayos hacía Rafael completamente desnudo en la habitación?

—¿Rafael? Ofrecer tontamente Olivia sin creer aún lo que sus ojos veían, mirando a su exesposo con asombro, el sonro comenzójo que formar parte de su rostro al ver esos ojos verdes y terminó mirando al piso nuevamente, antes de cometer alguna locura.

—No, Olivia soy el vecino. Es obvio que soy yo —ironizó a Rafael poniendo los ojos en blanco.

—¿Cómo ...? —Murmuró Olivia aún sin salir completamente de su estupor—. ¿Co ... cómo es que terminaste así?

—Rita y Fin.

Y todo tuvo sentido. Olivia pensó que quizás ese par había enloquecido finalmente. Dudaba mucho que sus hijos tuvieran algo que ver con esto. Ella sabía que esta broma pesada tenía el nombre de Rita y Fin por todos lados. Eran los únicos allegados a Rafael que no se amedrentaban ante su carácter y no tendrían ante las consecuencias de sus actos.

—¿Qué vamos a hacer? Disponible, volteandose hacia la puerta y tratando de abrirla sin ningún éxito—. No podemos salir.

—Quizá podamos salir por las cornisas, tu habitación y la de Noah es la de al lado oferta Rafael acercándose al balcón. Sabía por Matthew que su tía Rita les había dado habitaciones contiguas para que los niños podrían ver todo el tiempo, palabras textuales de su amiga, aunque claramente Rafael no le creyó ni media palabra.

—¿Piensas salir desnudo? Solo llevas mi gabardina. Y dudo mucho de tu coordinación para hacerlo con una sola mano.

Hablo Olivia sintiendo como él se le acercaba, ella se giró hacia él, Rafael se tropezó, provocando que el peso de ambos rompiera la puerta y ambos cayeron fuera en la estancia de la habitación.

Olivia jamás se imaginó que esa noche acabaría de esa forma, sintiendo el duro pecho de Rafael oprimir con un placentero peso. Olivia no se quejaba en lo absoluto, a pesar de que el golpe en su espalda dolía un poco. Rafael en cambio, profirió algo parecido a un gemido, la pierna de Olivia pareció haber quedado en un lugar estratégico entre las suyas. Olivia se aventuró y deslizó las yemas de los dedos a través del pecho de su exesposo, el cual conocía de memoria.

Rafael sintió el tacto de Olivia era cómo como lo recordaba suave. Él también sintió aquella añoranza. En la oscuridad de la sala, los ojos de Olivia parecían brillar cómo hacía tiempo no los veía hacerlo. ¿Cómo he estado así? Odiándose a muerte.

Olivia siguió su camino y rozó los bíceps, justo como hacía antes de cada vez que estaban así de cerca. Rafael ni se movió quizá por añoranza. Quedaron frente a frente, sus alientos se entremezclaban, haciéndoles conscientes de la cercanía de sus rostros. Con mucho cuidado, cautelosamente, Olivia cerró los ojos y lentamente se acercó a esos labios que extrañaba. Sus labios se encontraron. Las olas de calor y pasión viajaron a través de ellos y ambos quedaron en blanco, se dejaron llevar por la pasión y el deseo. Las manos de Olivia se deslizaron de los brazos de Rafael hacia el cuello, enterrando las manos en el espeso y sedoso cabello.

Los labios de Olivia eran más suaves y cálidos de lo que Rafael recordaba, el sabor dulce y terso de aquella boca tenía el poder de hacer perder la razón. Rafael le acarició suavemente la mejilla, sintió como Olivia tembló ante aquella caricia, como siempre, él lograba hacerla estremecer bajo su tacto y eso nunca cambiaría. Rafael apoyó la cabeza en el hombro Olivia, ella lo escuchó gemir de dolor.

—Lo lamento ... ha sido mi culpa —susurró Olivia con dificultad e intentó levantarse. Rafael se lo impidió.

—No te muevas Olivia.

A los oídos de Olivia, esa voz sonaba a puro pecado. Ella estaba comprometida con otro, tenía un compromiso con Nevada Ramírez, pero no podía importarle menos con el cuerpo semidesnudo de Rafael tan cerca del suyo. Olivia se sintió expuesta y vulnerable. Ella no podía controlarse, anhelaba que aquellas manos le recorrieran nuevamente cada rincón.

De solo pensarlo, una descarga recorrió su espalda y su cuerpo se arqueó levemente ante la anticipación. Pudo sentir cierta dureza contra a su muslo izquierdo y Rafael volvió a gemir. En ese momento Olivia entendió la petición que Rafael le había hecho. Rafael no quería que se moviera para que no pudiera notar la excitación que se estaba formando en él.

—Demonios, Olivia —murmuró Rafael molestó, lo cual fracasó ante el leve temblor de su voz—. Te dije que no te movieras.

Olivia sonrió, Rafael la deseaba tanto cómo ella a él. Decidido a provocarlo un poco más, acercó su cabeza y sopló cerca del lóbulo de la oreja de Rafael, el aliento chocó con ese sensible lugar e hizo estremecer a Rafael. Como muchas otras veces.

—¿Qu ... qué haces Olivia?

Los labios de Olivia atraparon el lóbulo y ejerció una pequeña presión. Rafael suspiró, intentando controlar las sensaciones que Olivia le provocaba.

—Olivia. Liv.

La risita divertida Olivia sonó, mientras llevaba sus manos a las mejillas de un vulnerable Rafael Barba y comenzaba a besarlo nuevamente. Rafael en ningún momento hizo por alejarse, en cambio, le correspondió el beso. Se estaban comiendo la boca. Olivia forcejeaba contra Rafael, que ahora quería ejercer dominio en esa caricia inhumanamente placentera. La pierna traviesa de Olivia comenzó un suave movimiento, rozando la entrepierna con delirante lentitud.

En la nebulosa que se había convertido su mente y el suelo, Rafael se encargó de despojar a Olivia de su vestido, mientras ella hacia lo mismo con la única prenda que él poseía. Cuando ambas pieles se acoplaron, era como si hubieran llegado nuevamente al lugar al que pertenecían. No supieron ni cómo llegaron a la cama, parecían desesperados por volver a ser uno solo. Olivia rodeó con sus piernas la cintura de Rafael, ansiando que la poseyera en aquel momento. La petición fue aceptada Rafael se acomodó entre ellas e irrumpió en ella con suavidad y placentera lentitud. Eso era algo que le gustaba a Olivia, Rafael era suave y amable con ella aun estando completamente excitado, siempre era suave y apasionado. Nunca se dejaba llevar por sus instintos, ella siempre era su prioridad.

—Raf ... Rafael —jadeó Olivia, apoyando las manos en sus hombros. El ADA esbozó una tenue sonrisa que Olivia no pudo ver.

Ambos estaban sumidos en un vaivén que conocían a la perfección, tenían un ritmo único que solo ellos conocían. Cuando estaban a punto de llegar al clímax, Olivia atrajo a Rafael contra ella, besando sus labios con suavidad. Rafael no pudo aguantar más, aquel beso hizo arder cada fibra de su ser y su sangre latina pareció convertirse en lava. Rafael se recargó sobre el pecaminoso cuerpo que tenía entre sus brazos, aun temblando y jadeando. Olivia acarició su cabello con amor.

—Te extrañé —murmuró Olivia tan bajito que Rafel otro no alcanzó a escuchar. Sintió que Rafael salía de su cuerpo y ella se quejó levemente.

—Olivia ... —susurró Rafael, aún encima suyo—. Olivia esto está ...

Olivia le miró y sus cejas se juntaron.

-No. Cállate —se adelantó Olivia—. No te atrevas a decirlo.

—Olivia te vas a casar. Estás comprometida con Ramírez.

—Lo sé, pero ...

—¿Pero? ¿Qué peros hay en la infidelidad? —Murmuró Rafael con pesar—. Tú mejor que nadie deberías saber que ...

-¡Perder! —Grito Olivia, empujándolo con mucha suavidad e incorporándose—. Lo sé ... sé que no ha estado bien, pero yo ...

—La última vez ... la última vez pagué un precio muy alto, no quisiera que volviera a pasar ¿entiendes?

—¿Un precio muy alto? —Inquirió Olivia, levantándose para ponerse la ropa—. Nuestros hijos no son un precio alto Rafael.

—No, es eso de lo que hablo. Olivia yo no ... yo no quise decir eso.

—¿Entonces qué es lo que querías decir? Porque yo no te entiendo.

—Los separamos desde que nacieron y ellos sufren.

—¡Por tu culpa! —Grito Olivia—. Es tu culpa Rafael. Por tu culpa separamos a nuestros hijos. Todo esto que estamos viviendo es por tu maldita culpa.

—¿Mi culpa? No me dejaste vivir tu embarazo —contraatacó Rafael—. Ni la infancia de Noah.

—Y yo no viví la de Matthew. Dime ¿qué querías que hiciera? —Exclamó Olivia—. Me engañaste. Me traicionaste a Rafael. Rompiste nuestros votos.

—Eso no es cierto Olivia. Tú fuiste quien se precipitó a sacar conclusiones, en ningún momento me dejaste explicarte —soltó Rafael—. Nos obligaste a ir a juicio. Me alejaste de uno de mis hijos. Como te dije el día que me llevé a Mathew, toda tu infinita compasión y comprensión solo la disfrutan las víctimas que entran al precinto. Porque para mí nunca existieron.

—Yo no me apresure a sacar conclusiones, se lo que vi, estabas en tu departamento, en tu cama con otra mujer en los brazos completamente desnudos —respondió Olivia con voz ahogada, sus ojos se cristalizado—. No había nada que explicar a Rafael. Me engañaste. Tú, el hombre del que me enamore como una completa estúpida, el que me dijo que nunca me lastimaría. Me traicionaste con una mujer que me habías asegurado era parte de tu pasado, alguien sin importancia. Confié en tu palabra, no dude de ti ¿y que conseguí de eso? Separar a mis niños. Noah y Matthew no se merecían lo que nos hiciste.

—Olivia, yo en ningún momento te traicione. Nunca sería capaz de traicionarte de esa manera, Liv. Nunca.

—Rafael no nací ayer, era más que evidente lo que había pasado en la cama que tantas veces compartimos. Te revolcaste con esa mujer. Traicionando los votos que habíamos hecho. Tú destruiste a nuestra familia. Me enseñaste a odiar lo que tanto amaba.

—Si tanto me amabas ¿Por qué no me dejaste explicarte? —Escupió Rafael—. Y ¿Si tanto me odias para qué seguiste el embarazo? Aún recuerdo todo lo que me gritaste en las reuniones de Langan y Rita ¿Por qué llevaste a término el embarazo si tanto me odias?

—No te atrevas a hacerme ver como la mala de la historia de Rafael Barba —le advirtió Olivia dolida—. Yo no sabía que estaba embarazada, ambos sabíamos que era una probabilidad del 9.8% el que pudiera quedar embarazada, el doctor nos lo dijo. Además, yo no soy quien decidió largarse a los brazos de otra persona. Nunca te habría hecho algo así. Noah y Matthew son mi vida y lo más importante. Jamás me arrepentiría de haberlos tenido, así que no pongas palabras en mi boca, Rafael.

La mirada de Olivia se tornó dura, como si estaba años guardando todo lo que estaba diciendo.

—Yo no te engañe, Rafael —susurró Olivia—. Fuiste tú. Y he de felicitarte porque logróste lo que nadie había logrado, me rompiste, rompiste a la gran detective Olivia Benson, me rompiste el corazón. Ese día demostraste porque eres el Tiburón de los tribunales ofrecidos Olivia sin gota de humor en la voz, lo único que dejaba ver era todo el dolor que tenía dentro—. Yo te amaba, como nunca había imaginado amar, pero tú preferiste olvidarte de todo lo que estuvimos construyendo. Al parecer yo solo fui quien calentaba tu cama, te quedaste conmigo todo ese tiempo por miedo a estar solo, eso era algo que tú gran ego de bronce no se hubiera permitido sentir, miedo. Y cuando ella regreso a tu vida no dudes en meterla en tu cama.

—No, Olivia, te equivocas —intervino Rafael tratando de acercarse a ella, pero cada paso que él daba Olivia lo retrocedía—. Yo nunca te vería de ese modo. Nunca fuiste alguien que calentaba mi cama, Olivia yo te amaba y te seguiré amando sin importar nada. Jamás te hubiera traicionado de ese modo. Te amo como jamás pensé llegar a amar a nadie, Yelina no se compara contigo. Tú eres mil veces mejor que esa mujer, siempre te lo dije. Tú y los niños son lo mejor que me pudo pasar.

—Esa noche no pareció importante todo el amor que ahora dices tenerme, la preferiste a ella, Barba.

—Aunque no me creas ni ahora ni antes, te juro que nunca te engañe con ella. Por Matthew y Noah te lo juro.

—No te atrevas a mentirme usando los niños ofrecidos Olivia con tristeza—. Acepta tus errores Barba, no trates de mentirme más.

No sé cómo, pero algún día te darás cuenta del error que estás cometiendo y cometiste hace doce años.

—Di lo que quieras —sentenció Olivia caminando hacia la puerta—. Yo me largo.

Rafael la miró alarmado. Su primer impulso era seguirla, más su ego se lo impidió, como esa fatídica noche, de la que no tenía recuerdo alguno.