PRECINTO DE LA 16ª, MANHATTAN, NUEVA YORK
Después de casi doce años Rafael Barba jamás pensó en volver a poner un pie en ese lugar, donde su relación se comenzó a formar, donde comenzó a luchar por las víctimas porque era lo correcto y no solo por acumular más victorias en su historial.
Todo ocurrió cuando comenzó a trabajar con la detective Olivia Benson, ella le ayudó a recordar porque había decidido estudiar leyes en primer lugar. Ella le había abierto el corazón, su vida antes en blanco y negro, comenzó a tener diferentes tonalidades de gris, verdes, azules, rojos y amarillos.
Olivia lo había cambiado, desde su primer caso juntos ella hizo lo que ningún detective había hecho, lo presionó, lo cuestiono y atacado, Olivia era la primer persona que no se dejó amedrentar por su lengua afilada y sus comentarios sarcásticos, ella era la única que había podido derribar sus barreras, su motivación, pasión y entrega por cada víctima, eso fue algo de lo mucho de ella que lo atrajo como una polilla a la luz.
Recorrió los pasillos familiares, cuando el elevador se detuvo y las puertas se abrieron Barba tomó una enorme bocanada de aire, sabía que lo que pretendía en ese lugar sería una gran batalla, también sabía que llevaba todas las de perder ya que ella lo echaría en cualquier momento o que le daría la orden a alguno de sus detectives.
Rápidamente entró a la sala del escuadrón, pudo ver que Rollins y Carisi brillaban por su ausencia, el único presente aparte de Olivia era Fin quien estaba saliendo de la oficina de su capitán.
—¿Barba? ¿Ocurrió algo con los niños? ¿Están todos bien? —cuestiono Fin acercándose al abogado, después de lo acontecido en la fiesta de los gemelos todos en el equipo estaban demasiado alterados. Se suponía que hoy Barba estaría con los niños en casa de Lucia. Fin y Olivia pasarían por Rita para comer en casa de Lucia, ya que a ella nadie le decía que no. Aunque nadie se negaba a la comida de un Barba.
—Tranquilo. Todo está perfectamente bien sargento. Los niños están con mi mamá, ayudando con la comida, por cierto Rita me pidió que te recordara que tú y Olivia van a pasar por ella, para llegar a la comida. Vengo a tratar algo con su capitán. Podrías hacerme el favor de que no nos interrumpa nadie.
—Por supuesto no se nos olvida, y no te preocupes hombre, nadie se va a acercar a la oficina.
—Gracias —hablo Barba antes de entrar a la oficina de Olivia y cerrar la puerta, ella levantó la mirada y se sorprendió de verlo.
—¿Qué puedo hacer por usted abogado? ¿Algún caso del que no sepa? —cuestiono ella quitándose las gafas y levantándose de su silla.
Rafael no le respondió se movió para cerrar todas las persianas, para darles un poco de privacidad, una vez que termino la encaró.
—Deja las formalidades Olivia, sabes muy bien porque estoy aquí. Estuviste en esa habitación conmigo, así que no te hagas la que no sabe. Quizá los niños no entendieron nada de lo que Yelina Muñoz dijo, pero tú y yo, sí.
—Bien, si no me dices en este momento que es lo que quieres Barba, me encargaré de que alguno de mis oficiales te saque de aquí —dijo ella con voz seria. Barba en todo el tiempo que tenía conocer a Olivia, no se había amedrentado en ningún momento por sus amenazas.
—Me conoces mejor que eso Olivia, tus amenazas vacías no me van a alejar. Yo no lo hice. Nunca te engañe. No sería capaz, estábamos felizmente casados, queríamos formar una familia. Recuerda lo que siempre te dije, contigo es con la única mujer con la que quería tener una familia —dijo Barba acercándose lentamente a ella y una vez que estuvo lo suficientemente cerca se quedó sosteniéndole el brazo.
—Eso no te importo en lo más mínimo Barba, esa noche —señaló Olivia quitando su mano de manera brusca.
—Te lo probare. Te demostrare que yo no lo hice. Solo necesito que me acompañes. Solo eso.
Olivia que caminaba hacia la puerta decidida a decirle a Fin que acompañará a Barba a la salida, se detuvo abruptamente.
—¿Qué es lo que quieres ahora Barba?
—Olivia te lo dije una vez hace casi doce años, yo nun...
—Ah y cómo puedes recordar, yo te dije que no te esforzaras en querer demostrar lo indemostrable Barba.
—Por una vez en tu vida ¿podrías dejar que te explique?
—Pues no puedo, a diferencia de ti estoy muy ocupada y...
—Solo eso te pido Olivia. Acompáñame, por favor. Si lo haces te prometo que no insistiré nunca más.
Olivia podía ver la súplica en su verde mirada, una parte de ella le decía que abriera la puerta y le hablara a Fin, para alejarlo de su vista, pero había una diminuta parte que le imploraba por dejarlo hablar.
—Bien habla rápido, tengo trabajo que hacer y a diferencia de ti no me puedo dar el lujo de perder el tiempo.
—No vamos a hablar aquí, en realidad ni siquiera hablaremos.
—¿A que estas jugando Barba? ¿Qué se supone que vamos a hacer? —cuestiono Olivia cruzándose de brazos.
Barba camino nuevamente a la puerta— Vamos Olivia —dijo al ver que ella no se movía de su lugar—. Por favor, vamos.
—Aún no me dices a dónde vamos.
—Iremos a Rikers. Pedí algunos favores y conseguí que nos dejaran hablar con Muñoz.
—Oh Yelina —dijo Olivia con evidente desprecio—, no será que quieres ver a tu aman...
—Olivia detente —Rafael la interrumpió tomándola del brazo sin ser brusco—. Me estas juzgando de algo, de lo cual no soy culpable.
—Yo sé lo que vi —susurro ella molesta, tratando no no llame la atención de su equipo fuera de la oficina—, estabas en nuestra cama desnudo y tenías entre tus brazos a Yelina Muñoz.
—Pareciera que no me conoces Olivia —susurro Barba dándole una mirada dolida—. Tu error fue creer en lo que viste y no investigar.
—¿Y cuál fue tu error? —preguntó Olivia furiosa, sosteniendole la mirada.
—Eso es lo que quiero saber —murmuró Barba bajando la cabeza—, pero escucha bien yo nunca te hubiera engañado. Olivia yo te amaba, te sigo amando, nunca estaría con alguien más. No recuerdo nada de esa noche.
—Es lo que yo creía, ilusamente. Que equivocada estaba. No trates de engañarme fingiendo las cosas.
