CASA DE LUCIA BARBA, BRONX
Luego de la comida Lucia, Rita y Fin estaban en la cocina, dándoles un poco de privacidad ah Rafael y Olivia, ambos tenían que hablar con los niños.
Los tres adultos estaban molestos por lo que les dirían. No estaban de acuerdo con las decisiones de Rafael y Olivia.
—Bien ... yo creo ... creo que es hora de irnos Noah oferta Olivia viendo a su hijo quien estaba aferrado a su hermano.
Habían pasado al rededor de seis horas desde el interrogatorio con Yelina Muñoz y todo había vuelto relativamente a la normalidad, excepto por el hecho de que Olivia y Rafael seguirían separados y por ende igual sus hijos.
Noah agarro la mano de su hermano, mirándolo con melancolía, luego abrazó a su papá y hundió la cara en su pecho aspirando su aroma. Ni Rafael o Noah dijeron nada, separarse era tan doloroso para ambos.
Barba y Olivia sigue acordado seguir con el acuerdo de la corte, aunque Barba creyó que Olivia le daría una oportunidad, ya que el nunca la engañó.
Ninguno había hablado con los niños respecto a lo que descubrieron en el interrogatorio. Eso solo lo sabían los cinco adultos.
Matthew le envió una mirada triste a su mamá, reprochándole por aquel acuerdo injusto. Olivia estaba haciendo un esfuerzo descomunal por no derramar lágrimas. La mirada de Matthew le laceraba el corazón.
Noah no se quedaba atrás, ambos niños mostraban su descontento con las elecciones de sus padres.
—Te voy a extrañar mucho hermano. Ojalá pudiéramos cambiar el resultado —murmuró Matthew para que solo lo escuchara su hermano.
—No dejes que nos vuelvan a separar Matty —susurró Noah a Matthew en un tono algo tembloroso, justo como el de su hermano—. Por favor, Matt. No lo permitas.
Barba se recargo en el librero que estaba en la sala de la casa de su madre. Le dolía tanto o más que a sus hijos la separación, pero él no podía hacer nada. Ya le había dado las pruebas a Olivia, pero a ella parecía no importarle en lo más mínimo.
A Olivia le rompió el corazón ver a sus hijos aferrándose uno al otro.
Los niños se separaron y Matthew asintió. Noah tomó la mano de su mamá. Matthew describe cómo su mamá y su hermano salían por la puerta principal.
Una vez cerrada, Matthew miró la puerta por unos minutos, con una mirada completamente triste, al igual que su papá. Matthew frunció el ceño y subió las escaleras para ir a su habitación. Barba lo siguió de cerca, sabía a donde hiba su hijo, pensó que le cerraría la puerta en la cara. Pero no, el niño dejó la puerta abierta de par en par.
Barba entró también al cuarto del niño, vio como Matthew agarró su maleta de viaje, la abrió sobre su cama y comenzó a arrojar sus cosas dentro.
—Matthew ¿Qué haces mijo? —Preguntó Barba confundido por las acciones de su hijo.
—¿Qué no es obvio? Me voy papá.
-Oh. ¿Y a dónde vas exactamente Matty?
Matthew se encogió de hombros y apretó el contenido mal acomodado de su maleta para poderla. Tenía un plan de respaldo, en caso de que su papá no lo dejara salir de la casa.
—A Manhattan, con mamá y Noah. Y si no me quieres llevar, le diré a tío Fin y tía Rita que me lleven, cuando se vayan —contestó Matthew, haciendo que el pecho de Barba doliera ante las palabras de su hijo. Matthew sabía a quién recurrir para lograr su cometido. Barba sabia que incluso su mamá lo llevaría.
-No. Por supuesto que no, tú no vas a ningún lado Matthew. No le dirás a nadie que te lleve a ningún lado. Y es mi última palabra.
—Oh, claro que sí me voy papá. Y por supuesto que les diré a tía Rita y tío Fin —aseguró Matthew—. No puedes impedirme estar con mamá y Noah, yo quiero vivir con ellos. No estoy dispuesto a dejarlos que se alejen, ni ella ni Noah, no nuevamente. Antes Noah y yo no pudimos hacer nada para impedir que nos separaran, pero eso fue solo porque éramos unos bebés, ahora ambos podemos hacer las cosas bien. Ojalá tú y mamá pensaran igual que todos nosotros. Papi, no deberías dejar que mamá y Noah se alejen de nosotros otra vez.
Rafael sabía que su hijo tenía razón. Igual que los tres chismosos que estaban en la cocina. Aunque a juzgar por los sonidos a sus espaldas tal vez uno o todos los chismoso estaban detrás de él.
—Al parecer ninguno de ustedes se puede quedar al margen de las cosas —reprocho Rafael esperando encontrar un trío de chismosos.
Se giro para ver sólo a Rita en el umbral de la puerta, al parecer no creían necesario el estar los tres para hacerlo entrar en razón.
—Rafi, sabes que Matty tiene razón.
—Lo sé, pero esto nunca ha sido mi elección —argumento Barba sin apartar la mirada de su amiga de años.
—Sé que no, pero puedes hacerla cambiar de opinión. Solo tú puedes lograr ese milagro Rafael Barba ofrece Calhoun tratando de incitar a su amigo de correr detrás de la otra mitad de su familia. Pero Barba seguía parado frente a ella, como si estaba clavado literalmente al suelo.
—Papi, por favor.
Barba se sintió entre la espada y la pared.
