"No llores porque terminó, sonríe porque sucedió"
Gabriel García Márquez
Olivia y Noah se detuvieron frente a la herrería de la casa, al cruzarla no habría marcha atrás. Olivia sintió que su corazón se apretaba al sentir la duda de su hijo a alejarse de su hermano, su papá y su única abuela.
Olivia suspiró y jalo a Noah para salir y entrar al vehículo antes de que se enfermaba, el clima era inusualmente lluvioso y el agua estaba muy fría. A los oídos de los Benson llegó el sonido de pasos acercándose a ellos desde atrás, ambos voltearon para encontrarse con lo que Olivia no esperaba, pero los niños deseaban. Dos de los tres Barba dentro de la casa, corrían hacia ellos.
—Olivia. ¡Esperen, no se vayan! —Grito Barba a la otra mitad de su familia. Antes de que entraran al vehículo.
Barba respiraba agitadamente mientras Olivia lo miraba intrigada. Los Benson estaban empapados de pies a cabeza, al igual que los dos Barba frente a ellos. A un costado del muy agitado abogado estaba Matthew con una sonrisa radiante marca Barba, en las manos el niño llevaba la libreta legal de su papá, se la lanzó a Noah, quien la atrapó sin ningún problema y la abrió, en la última hoja.
Noah sonrió al ver lo que decía, y luego la giró para que su papá la leyera, tenía la elegante letra de Rita Calhoun.
—Olivia ¿Qué ... —leyó el fiscal aún agitado por su apresurada carrera. Su mirada pasó de la libreta, con gotas marcadas en la página, a Olivia, de Olivia a Noah y de Noah a Matthew, reconoció de inmediato la letra de Rita, pero él ignoraba por completo como es que los niños sabían eso, al ver la sonrisa en sus caras— qué vas ... a hacer cuando ... tengas 85?
Olivia se quedó quieta y sus ojos se llenaron de lágrimas, al recordar la tarde en que Rafael le había hecho esa misma pregunta. De igual forma recordaba perfectamente la respuesta que ella le dio y lo que Rafael le había respondido de vuelta. Recordaba eso y la sonrisa de medio lado, muy característica de Barba. Aunque también recordaba que en esos días, Catalina Díaz, la abuela materna de Rafael, había perdido la vida. Es algo que nunca se podría olvidar.
—Oli ... —comenzó articular Barba, el cabello de Olivia se le estaba pegando al rostro debido a la lluvia.
-No. No. No, yo ... ya no quiero ... no quiero más de esto —habló Olivia casi en un susurro y cruzando los brazos frente a ella a modo de protección para su frágil corazón—. Ya basta. Matthew, Noah, esto ... esto no es cómo piensan niños, no es como sus tíos les hicieron creer. Este tipo de cosas no son como en los cuentos que les leíamos de bebés.
—Liv ...
Barba se acercó los pocos pasos que quedaban entre ellos y pidiéndole permiso con la mirada, para poder tocarla, la estrechó en sus brazos, terminando de mojarse el frente de la ropa. Ella llevaba tenis, lo que la hacía dos centímetros más baja que Rafael. Él la besó en la frente.
—Yo lo ... lo siento mucho, Liv —susurró Barba aspirando el aroma embriagador y tan conocido que desprendía su champú, aún con la lluvia persistente cayendo sobre ellos, luego se alejó para mirarla a los ojos—. Jamás debí dejar que me alejaras, Olivia. Nunca, nunca debí dejar que me alejaras. Se que debí haber luchado para que me escucharas. Me equivoqué una vez al no luchar por mi familia, Rita y mi madre tenían toda la razón al estar furiosas conmigo cuando accedí a separar a nuestros hijos recién nacidos, ya no quiero volver a equivocarme.
Unas inconfundibles lágrimas bajaron por las mejillas del capitán, que fueron a parar en los dedos de Barba. Las lágrimas no dejaban de salir de los ojos color chocolate.
—Siempre voy a vivir con el pesar de que por mi gran ego de bronce perdí a la mitad de mi familia por casi doce años. Por mi estúpido orgullo, mis hijos crecieron separados, yo los orille a llevar a cabo su loco plan, solo porque querían conocernos. Me volviste un mejor hombre, me diste la dicha de saber lo que es ser padre de dos hermosos niños y te estoy completamente agradecido. Me diste el mejor regalo que un hombre podría pedir, me demostraste que sin saberlo yo quería ser padre, ser un mejor padre del que tuve y te estoy inmensamente agradecido.
Por un momento pareció que Olivia solo lloraría y no diría absolutamente nada.
—¿Solo eso? Después de todo lo que nos dijimos en la corte y fuera de la corte. ¿Solo te disculparas y ya? Supongo que ahora esperas que me tiemblen las piernas y me tire a tus brazos histericamente diciendo: yo sabía que esto pasaría, ahora nuestra relación será maravillosa ya que veremos crecer a nuestros hijos juntos —Barba abrió los ojos algo asombrado, no podía negar que esperaba una respuesta diferente—. ¿Cómo se supone que debo responder? —Siguió Olivia alejándose de su agarre, el cuerpo de Rafael desprendía mucho calor, calor que en esas circunstancias era más que bienvenido, pero le nublaba los sentidos y en ese momento ella necesitaba la mente clara—. ¿Debo decirte que sí, que te perdono? ¿Qué cómo después de todos estos años te sigo amando? ¿Qué ahora que por fin se la verdad podremos ser felices y tendremos un final feliz cómo en los cuentos de hadas? ¿Qué podremos tener una gran vida feliz con nuestros hijos y los hijos de nuestra gran familia?
Noah y Matthew se miraron sin entender lo que sucedía. Los rizos de ambos niños estaban igual de mojados que los cabellos de sus padres.
—Liv, se que no podremos tener una vida feliz como en los cuentos de hadas, pero ...
—¿Yo ... yo perdonas? —Susurro Olivia con voz quebrada y bajando la mirada, sabiendo que ella tenía la culpa de todo lo sucedido en esos casi doce años—. ¿Por caer en la trampa de Nevada y Yelina? ¿Por no escucharte hace doce años? ¿Por dudar completamente de ti? ¿Por ser una estúpida al creer que eras el peor hombre del mundo?
Rafael le subió el rostro para que ella viera la verdad en sus ojos.
—Liv, ya no tengo nada que perdonarte. Te perdone cuando aceptaste ir conmigo a Rikers para averiguar la verdad. No puedo estar enojado con usted teniente Benson, disculpa capitán —sonrió Barba besandole la frente—. Tú, Olivia Margaret Benson fuiste y siempre has sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Tú y nuestros hijos.
—¿De verdad?
—Por supuesto que si. Y si a alguno de ustedes se les ocurre decirle a Rita y mami que acepte que ellas tenían razón. Lo negaré, incluso bajo juramento. No me importa cometer perjurio.
Se acercó a Olivia y besó sus labios para confirmar de esa forma que hablaba que en serio, en cuanto a lo de perdonarle todo lo vívido esa noche en su departamento y todo lo dicho en el juzgado. Y que no planeaba dejarlos ir a ella y Noah nuevamente.
"A veces la vida separa a las personas para que puedan darse cuenta de cuánto significan el uno para el otro" Paulo Coelho
Matthew y Noah gritaron "¡SI!", Apretaron el puño y lo dejaron en lo alto.
¡Finalmente lo hemos logrado!
Los niños notaron que no eran los únicos viendo a sus padres reconciliarse. Desde la puerta de la casa, unas Lucia y Rita llorosas los miraban con enorme satisfacción, Fin trataba de consolar a las mujeres en sus brazos, tanto Rita como Fin estaban felices de que sus amigos por fin reaccionado. Rita le dio una enorme sonrisa a Fin, que le sonrió con complicidad.
—Lo logramos oferta Rita mientras se alejaba de Fin.
Este le devolvió la sonrisa.
—Tienes razón cariño, por fin lo logramos —fue todo lo que dijo el sargento.
—Por fin tendré a mis dos nietos juntos, como siempre debió ser oferta Lucia limpiándose las lágrimas con uno de los pañuelos de su hijo—. Pero será mejor que vayan por ellos, no quiero que se me enfermen. Sabemos cómo se ponen dos de ellos cuando se enferman. No queremos que eso pase así que apurense niños.
Tanto Fin como Rita se movieron para buscar los paraguas que en ese punto de la situación ya no eran necesarios, los cuatro ya estaban mojados por completo, pero tenían que hacer que ellos entraran, se quitaran esas ropas y tenían que meterse a bañar antes de tener a los cuatro enfermos.
Los niños no recibieron problema, si se enfermaban, pero Rafael y Olivia recibieron un caso completamente diferente, cuando enfermaban eran más necios e irritables de lo normal.
Y como les dije en el capítulo anterior ya estamos en el final. Pronto les pondré el epílogo y me despediré de esta hermosa experiencia.
Ame cada segundo que pase haciendo esta fantástica historia.
Nos leemos pronto, espero.
PD: les dejo un vídeo corto
ISP
