Terryfic

Cautivada por tu Amor

Por Mayra Exitosa

Capítulo Diez

Posesión

Cuando él escuchaba la respuesta con esa emoción en sus palabras, se sentía un alto grado de satisfacción de haber logrado lo que tanto planeo, junto a Lady Mc Cloud que lo había ayudado, para saber todo lo que ese mal nacido primo de ella había hecho con tal de dejarla en la ruina, así fue que le trajo a esa tierna e ingenua mujer descobijada y abusada al intentarle quitar lo que le pertenecía por derecho de nacimiento. Que satisfecho se encontraba de tenerla en su lecho, porque ella lo gozaba, ahora dependía de él tenerla ahí, hacerla sentir cuanto podía gustarle que le brindara sus atenciones por más ocasiones consecutivas, la haría adicta a él y no dejaría que nadie le quitara ni siquiera sus miradas, mucho menos sus sonrojos.

Con esa emoción con que le había respondido, le robaba una sonrisa silenciosa de satisfacción, la atraía y la subía por un costado para abrazarla de nuevo y de solo sentir sus botones tallar un poco su piel los muy desvergonzados se mostraban listos para ser atendidos de nuevo todavía con ella agotada y él que había dormido toda la noche continua, ahora no deseaba dejarla escapar, que ni quisiera apartarse, tenían que mimarse un poco, que no sintiera dolor por haber sido tan rudo, para eso se encontraban escondidos, así que no dejaría que abriera el dosel de su lecho hasta al menos haberlo hecho un par de veces más, que ambos tenían que ajustarse de que ya era de día, pero internamente una sonrisa que nadie veía, se daba cita al tenerla por su propio pie desnudita como a él le había dicho que le agradaba, una damita complaciente sería su Duquesa y no una loca exigente como esa mujer funesta.

- Sabe que usted es mía ahora y que, si alguna vez sé de alguna salida con otro hombre, acabare con su vida. - Porque habría de hacerlo, mi Lord, si usted me cuidará y no saldré de su vista. - Eso dice ahora. - Le doy mi palabra de que, si alguien más me toca, yo misma me quito la vida.

Eso de pronto le daba mala espina y de inmediato repuso, - ¡No! si usted quiere que otro le haga esto que yo le he mostrado. - Porque he de querer a otro si lo tendré a usted a mi lado, además si me preñara ya no estaré sola, entre su sobrina y sus hijos me tendría siempre ocupada. - Bien. Esa respuesta lo tranquilizaba, ella debía estar bien custodiada. - Me he aprendido los ejercicios para hacer que su rodilla se recupere. - Me fastidiaron demasiado que deje de hacerlos, - Podría hacérselos aquí cuando estemos solos, cada noche, hasta que ya se restablezca la situación. - ¿Me hará los ejercicios, desnuda acaso? - Si eso es lo que desea. Una sonrisa se dibujaba, pero se giraba solo para probarle que de nuevo todo comenzaba.

No podía evitar degustar su boca, era algo que le atraía de ella desde que la vio llegar en aquel carruaje su cuerpo marcado en sus vestidos ajustados y ahora era completamente suya, le haría una presentación monumental, ejercería su derecho de matrimonio arreglado para que ella ya no se fuera nunca, si alguien osara quitársela, la mataría y al hombre que lo hiciera lo despedazaría, al pensarlo la estrechaba sin querer, temeroso se negaba a hacerlo, es que ella le aseguraba que no lo haría y de él no se alejaría, no le daría oportunidad y desde ya buscaría que preñada quedara a como diera lugar. - Quiero que tenga mis hijos, Candy. - Será un honor mi Lord. Le debo mucho y me ha dado un lugar que no merezco. -Si usted me es fiel, leal y complace todos mis deseos, podría hacerla mi Duquesa. - Lo aceptaría solo para que nuestros hijos no sean bastardos ilegítimos. - ¿Me dará muchos hijos, Candy? - Los que Dios nos pueda enviar.

No tardo en volver a reacomodarse lo que el tanto había querido, fue escucharla gozar y quedarse bien rendido, para luego ambos salir y darse cuenta de las horas, que él se quedara sin deseos de hacer nada, así con cautela ella inventaba un dolor de cabeza ante los sirvientes y que él le había informado que lo dejaran recuperarse del viaje, pedía alimentos para ella muy copiosos y los llevaba hasta donde él se encontraba, le acercaba de todo lo que podía ingerir y es que ella tenía energía sobrada, pero a él lo había dejado agotado, al explicarle sobre la orden que había dado y con lo que le justificaba el no salir de su habitación, el aseguraba que ya estaba entendiendo lo que ambos a solas podían disfrutar de día o de noche sin nada que lamentar, al bañarse juntos fue también igual, quería que ella fuera quien lo lavara y eso lo guardaba con su nota mental, porque no se volvería a quedar dormida y dejar pasar lo que ahora sabía que se podía perder y eso no lo deseaba olvidar.

Los días del festejo de su boda ante todo el lugar, con cartas y visitas de otros nobles que se daban cita, fueron sorpresas que no creía posible ver, resultaba que había un tratado entre el Duque y su padre del que ella ignoraba y que Lady Mc Cloud le informaba, que desde hacía mucho ella había estado comprometida, su ahora esposo había recuperado lo que le habían quitado de manera injusta y el título de Duquesa le daría al convertirla en su esposa, más los títulos de sus padres formarían parte de su dote para que sus hijos los tuvieran en algún momento según destinara su ahora esposo legal y religiosamente aceptado.

El baile que ofrecía con costosos platillos que jamás volvería a imaginar en su vida, el lujo del evento, todo aquello opulento le hacía sentir una reina que nada de eso merecía, los hombres la miraban y ella asustada recordaba como él temía que otro la tomara por pareja, así sus temores parecían habérselos pasado, cada que otro hombre la veía ya no era igual, pues ahora temía no estar junto a él y eso lo notaba cuando ella con cierto temblor de manos le tomaba para que no se alejara de su lado. La satisfacción fue mutua, aunque ya era suya, sabía que esa habitación del espejo también formaría parte de sus aposentos, y que ya no sería necesario destender la cama, más lo hacía solo para no sentirse apenada, de que con él todo el tiempo se la pasaba.

Su sobrina ahora tenía nuevos maestros a los que con mucha audacia supervisaba a distancia, pues su pequeña era una dama, más le gustaba gozar de su compañía asegurarse que ella estuviera cerca y ahora lo comprendía, al parecer era un mal de familia, ella lo había perdido todo y su marido le habían dado a saber de algunos amantes de las mujeres que fueron parte de su conocimiento, su madre, su abuela y algunos comentarios mal intencionados de los placeres de mujeres que daban el servicio a los hombres, ahí estaban comentando que podían ayudarle a ella a yacer con su marido, como podía ser posible, si él estaba siempre preocupado de que no le fuera a ser infiel, resultaba lo contrario, que el por derecho si lo podía ser.

Continuará…


Deseando les haya gustado, por el momento haré una pausa, si me presiono a terminarla sería muy corta, pero si me tienen paciencia,

les aseguro una historia del doble del tamaño de esta, porque hay mucho que explicar

sobre las dudas del Duque y la vida real de Candy, lo que sigue les gustará mas, esta historia con la seguridad de que será de su agrado,

mil gracias por sus comentarios,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa