Johnny Torrio tuvo una adolescencia dura. Como muchos, y además hijo de inmigrantes italianos, se vio en la necesidad de trabajar tras la muerte de su padre, transformándose en portero y guardia de seguridad de bares locales. Fue en esos sitios donde conoció a los integrantes de una incipiente pandilla, de la que terminaría siendo su líder, The Junior Forty Thieves. La camarilla de jóvenes se dedicó principalmente a las peleas callejeras, los asaltos y las apuestas. Bajo su mando, consiguió transformarla en la banda juvenil más peligrosa de Nueva York y, con el tiempo, logró hacerse del suficiente dinero como para abrir su propio local: una sala de billar.
Apuestas y usuras aumentaron aún más su capital, llamando la atención del líder de los Five Points Gang, banda criminal que tenía el control del bajo east side en Manhattan, de donde, obviamente, sacaron su nombre. Paolo Vaccarelli, o "Paul Kelly", como se le conocía, tomó bajo su alero al joven Torrio. Lo instruyó en las artes del crimen organizado, cambiando desde su apariencia y su forma de hablar, hasta cómo llevar sus negocios. Johnny logró establecer una fachada de empresario legítimo; con el tiempo, gracias a las enseñanzas de su mentor y debido a su astucia y diplomacia, se ganó el apodo de The Fox.
Un joven Al Capone solía jugar con su padre en uno de los tantos salones de billar que poseía Johnny, llegando a ser campeón, en más de uno de los torneos clandestinos que se daban en aquel lugar. Allí conoció al gánster que, gracias a su mente rápida y reflexiva, ganó su admiración y lo buscó como mentor. Torrio lo introdujo a una de sus tantas pandillas juveniles, The Juniors Forty Thieves; Capone comenzó a ganarse la vida, ya sea con palizas o asesinatos por encargo, siendo el último, el más caro de los servicios: cien dólares pagados en efectivo. A punta de puños y pistola comenzó a forjar su futuro. Con el tiempo, su maestro lo llamó para ser parte de los Five Points Gang. Donde se mantuvo hasta la partida de Torrio a Chicago.
Colosimo lamentaba, cada vez más, que el joven Leagan no fuera italiano. Archie mostraba un temple de acero, agudeza mental y, si bien no por opción del propio joven, una fidelidad a toda prueba; y varias había puesto en su camino. Muchas veces se planteó no seguir los mandamientos de la Cosa Nostra y hacerlo su sucesor, su sottocapo. Pero, no se atrevía a tanto, su posición en Chicago ya era difícil como para ponerse en una situación de vulnerabilidad innecesaria. Por lo demás, él ya contaba con un sucesor.
Sumaba más de cien burdeles, cuando La Mano Negra puso su atención sobre él y, cómo en sus inicios había trabajado para esta organización, ellos decidieron que era hora de beneficiarse a costa suya, extorsionándolo. Su mujer y socia, Victoria, siempre le hablaba de su sobrino, John The Fox Torrio, asegurándole que él podría hacerse cargo de la situación. Así pues, mandó a llamar a su sobrino desde Nueva York para que le ayudara con los problemas que tenía con quienes le cobraban deudas pasadas.
Johnny se mostró realmente eficiente, no sólo se encargó de sus enemigos, sino que también puso en orden sus negocios. Los burdeles generaban ganancias, pero la vida útil de las meretrices era corta, apenas cinco años antes de contraer alguna enfermedad venérea. Gracias a su sobrino, a Colosimo nunca le faltó reemplazo, dedicándose además a la trata de blancas. Traían engañadas a chicas pueblerinas, entre quince a dieciocho años, llenando sus mentes con burdas fantasías.
Dado que el joven demostró tener dotes gerenciales, depositó en él buena parte de la expansión de sus negocios, era su sucesor natural. Entre ambos supervisaban los prostíbulos, gestionaban los sobornos a políticos y policías. Las cosas iban tan bien, que hasta se animó a extender el negocio al pago de protección. Pero, lo bueno no dura para siempre, y sus problemas maritales comenzaron a tensionar las relaciones con su sobrino. En más de una ocasión tuvo que llamarlo a terreno, recordándole el juramento y a quien debía su lealtad más allá de la sangre.
"Caro Giacomo,
Ho mandato il mio uomo di fiducia, il mio consigliere, William McGregor, come segno che considero la vostra richiesta importante. Pertanto, credo che la questione debba essere affrontata faccia a faccia.
Vi aspetto nella mia umile dimora, tra un paio di settimane, se accettate. Maggiori dettagli con il mio consulente.
Saluti fraterni
G. Morello."
Giacomo leía y releía la misiva con la no respuesta, escrita de puño y letra, del Capo di tutti capi. Tratando de no mostrar su desazón ante el hombre que tenía sentado al frente, William McGregor. Don Giuseppe Morello le invitaba a su mansión, donde discutirían su situación cara a cara.
-¿Qué le contesto a don Morello?- el abogado se mostraba impaciente y con cara de pocos amigos.- La carta no es muy extensa, ni tiene un mensaje cifrado, como para leerla tanto ¿no cree?
Colosimo se removió molesto en su asiento.
-Ciertamente- fingió tomarse el comentario a chiste. -No es que pueda rehusarme a semejante honor, ¿o si?- respondió.
-Podría, si considera que ya no necesita de nuestra ayuda. Al fin y al cabo, la celebración se realizará para que nuestro señor conozca los pormenores de su situación, y así evaluar si involucrar a nuestra familia o no.
-Pero yo pensé que…
-No creerá que moveremos a parte de nuestra gente, así como así ¿verdad? - le cortó. – Hay que ver los pros y los contras ¿Cuál es el beneficio para nosotros?
-Le puedo asegurar…
-A mí no tiene que asegurarme nada- McGregor volvió a interrumpirlo, gozando, internamente, la molestia reflejada en el rostro de Colosimo. – Su caso, lo tiene que exponer ante don Giuseppe… aunque mi opinión es igualmente importante.
Giacomo apretó los puños, consciente que no podía responder de una forma que molestara al hombre que tenía enfrente. Tenía que ser inteligente y tratar de endulzar sus oídos, para que las palabras de éste fueran favorables a él ante don Morello.
-Por cierto- sonrió. – Si me permite, me gustaría invitarlo a cenar esta noche en mi hogar. Ahí podremos conversar más a gusto.
-Encantado- respondió cortésmente. – Pero antes me gustaría pasar por el hotel, para poder descansar y refrescarme.
Giacomo junto con aceptar, ofreció con una simple cortesía, transporte para la forzada visita, el cual, por supuesto fue aceptado.
El abogado comenzó a levantarse, mientras que Colosimo se dirigió a la puerta e instruyó a uno de sus hombres para que trajera a los compañeros solicitados.
-¿Qué debo responderle entonces a Don Morello?- McGregor volvió a la carga una vez Giacomo se giró para encararlo.
-Ahí estaremos- le aseguró. – Llevaré a mi sobrino y a un pequeño grupo de hombres.
-¿Sobrino? No sabía que tuviera hermanos- mencionó el abogado, dejando en claro que lo habían estudiado.
-Por el lado de mi mujer, Victoria. Quizás haya oído hablar de él, Johnny "The Fox" Torrio.
-¿Por qué debería sonarme?- preguntó.
-Solía ser parte de los Five Points Gang, hasta que lo traje a trabajar conmigo, claro.
-La Familia de Vaccarelli.
Tras golpes en la puerta, los hombres de Colosimo entraron. McGregor recibió un apretón de manos en señal de despedida.
-¿Tendremos a su sobrino compartiendo con nosotros esta noche?- preguntó el hombre antes de irse.
-Vere que así sea- aseguró Giacomo.
El brillo en los ojos del abogado no pasó desapercibido para el gangster, la inquietud se le instaló en el pecho. Lo cierto era que ya no confiaba en su sobrino. Bien le hubiera gustado llevar a Archie con él a Nueva York, pero, necesitaba a alguien que se hiciera cargo de sus negocios mientras él se encontraba fuera. Dejaría Chicago en manos de su Consiglieri y del joven Leagan.
OoOoOoO
El teléfono sonó en la mansión de los Morello. Terry leía en la biblioteca, como ya era costumbre desde hacía años, cuando la mucama llamó a la puerta. Autorizó la entrada sin levantar la vista del libro.
-¿El señor?
La joven buscó en el interior con la mirada, evitando encontrarse con los ojos turquesa. Terrence sonrió ante la tímida muchacha, era claro que preguntaba por su abuelo. Se levantó del sillón, dando rápidos trancos para quedar a pocos centímetros de la empleada.
-Yo… ¿no te sirvo?- contestó bajando su voz varias octavas.
-NO- la mucama se echó para atrás. – Perdóneme señor…
-¿Cosa credi di fare, ragazzo?*-Morello hizo notar su presencia. Intentó disimular una sonrisa al tiempo que irrumpía en la biblioteca.
-Señor… su abogado está al teléfono- dijo la muchacha mirando al suelo. -llamó al número de su despacho.
Eso le bastó a Morello para entender que lo que tenía que decir su abogado era sólo para sus oídos, junto con lamentar la presencia de su nieto, maldijo el no haber estado presente cuando la mucama lo buscó. Terry no era nada de tonto y sabía muy bien el significado de esa llamada privada.
-Adelántate y dile que me espere- le ordenó a la sirvienta, antes de limitarse a avanzar hacia su despacho.
Ni siquiera hizo en intento de persuadir a su nieto para que se quedara atrás, menos cuando estaba al tanto que McGregor se encontraba en Chicago con Colosimo. En su oficina, tomó de las manos de la mucama el teléfono.
-Alberto…- saludó a quien estaba al otro lado de la línea.
Terrence, que por supuesto siguió a su abuelo, se quedó en silencio observando atentamente el rostro del cabeza de familia. Ni un cambio significativo cruzó el semblante del anciano mientras hablaba con McGregor.
-¿Sobrino di Giacomo?...Di La famiglia Vaccarelli… e vero…- continuó Giuseppe.
Fue sólo una fracción de segundo, pero Terry pudo notar el cambio en la voz de su Nonno. Recordó las palabras del consiglieri tratando de no evidenciar su desasosiego. "…nada de eso fue al azar. Pero no tenemos una certeza, hay más de una familia involucrada. Sólo están esperando el grito de guerra, pero Morello ha sido más inteligente que estas mierdas no dándoles en el gusto".
A pesar de las constantes peleas y requerimientos de su abuelo, él había iniciado su propia investigación respecto de la muerte de su padre. No había sido fácil, ya que nadie estaba muy dispuesto a desobedecer al Padrino. Su estrategia de vincularse solapadamente, con las familias que se sospechaba se oponían a la propia dio algunos resultados. McGregor tenía razón, existían muchos interesados en ver a los Genovese por los suelos. El camino de sangre trazado por su abuelo había dejado huellas difíciles de borrar. Ninguna herida estaba cerrada para los deudos, y seguían atados a los recuerdos, llenos de sed de venganza. Muchos no se alzaban ya sea porque estaban siendo extorsionados, por ser minoría, o por temor a represalias. Sin embargo, Los Bonanno y los Five Points Gang, eran nombres que se repetían en el bajo mundo. Para muchos, los únicos capaces de hacerle frente a los Genovese, tanto en número de soldados como en armamento. Joseph Bonanno y Paolo Vaccarelli, respectivos líderes de ambas familias, querían acabar con Morello. Más ninguno se atrevió, abiertamente, a ir en contra de su abuelo. O al menos eso creía. ¿Era posible que un integrante, de una de esas familias, estuviera trabajando para Colosimo?
-¡Caro!
Su abuelo lo sacó de la línea de sus pensamientos.
-Perdóname, ¿qué te dijo William? - preguntó.
-Alberto viaja mañana mesmo, e poi tendremos una reunión, donde nos dará más detalles. Necesito que traigas a Roberto, ricorda que tú y él estarán a cargo del evento quella sera.
-Sí, voy por él.
Morello vio al muchacho que tanto amaba salir por la puerta, un dolor se instaló en su pecho. El miedo apresó su corazón. Los años estaban, por fin, haciendo mella en su fachada, no pudo evitar impresionarse ante la mención de McGregor sobre la familia de Vaccarelli. Se dejó caer sobre su sillón, indignado consigo mismo. Siendo muy consciente de los pasos que su nieto estaba dando, pues el maldito rasgo familiar lo marcaba; tan parecido a su madre. Fue por ello que solicitó la ayuda de Robert Hathaway. Necesitaba distraerlo, sacarlo del camino que estaba transitando. Como él, la debilidad de su heredero eran las faldas, y el director de teatro conocía a las mujeres más bellas del país. Cerró los ojos por un momento, dejando que la angustia avanzara sólo por unos segundos. Si su pequeño llegaba a enterarse de lo que él ya sabía, las cosas se iban a salir de control. El destino estaba jugando con él, mas no estaba dispuesto a perder, pues nunca lo hacía. Así tuviera que involucrarse directamente con la familia que despachó a su yerno.
CONTINUARÁ…
NOTAS AUTOR.
Aquí estoyyyy después de 3 años, la musa esquiva llego a resolver el problema que tenia con la continuación de esta historia.
Agradecer a quienes han esperado tanto por el siguiente capítulo, en especial a CANDY GRANDCHESTER, que me deja un actualizaaaa como review vez que puede XD aquí estoy querida! ya no voy a desaparecer. Otra mención se lleva Barbara Topacio que siempre me hace barra en facebook. Un abrazo a ambas.
A mi querida Only D, gracias por ser mi beta y alimento de ideas cuando creo que se me seco el cerebro. Vamos por más querida mía/ Aviso de utilidad pública, si alguna lee historias de Lady Oscar, en su bio tendrán excelentes historias...
Nos vemos en el siguiente cap...
Traducciones del italiano:
Estimado Giacomo,
He enviado a mi hombre de confianza, mi consejero, William McGregor, como muestra de que considero vuestra petición importante. Por lo mismo, creo que este asunto debemos tratarlo frente a frente.
Los espero en mi humilde morada, dentro de un par de semanas, si aceptan. Más detalles con mi consejero.
Saludos fraternales
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¿Qué crees que estás haciendo muchacho?
