El sol brillaba en medio del cielo, sin una sola nube que se interpusiera en su camino. El astro se encontraba casi en su punto más alto y allí estaban ellos, corriendo con aquel calor abrasador sin atreverse a parar. El sudor les resbalaba por todo el cuerpo sin descanso y respiraban apresuradamente por la boca, sintiendo que sus narices no eran capaces de recoger el oxígeno que sus músculos demandaban.
Algunos de ellos se detuvieron al oír el golpe seco de un cuerpo chocando contra el suelo, únicamente el tiempo suficiente para echar una rápida mirada antes de volver a correr. Con la misma velocidad que se había caído, el chico volvió a levantarse y reprendió la carrera con una marca enrojecida en la rodilla.
- ¿Estás bien? – preguntó una voz con una marcada tonalidad preocupada.
- Sí, no me he hecho nada. – respondió el joven que, segundos atrás, se encontraba en el suelo.
Un pitido que les sonó a gloria hizo que todos se detuvieran de golpe, retirándose el sudor de la frente e incluso tumbándose en el césped boca arriba, cubriéndose lo ojos para protegerse del sol. Alguien mencionó las duchas y el equipo entero pareció revivir. Con las fuerzas que les quedaban, corrieron hasta el interior del edificio con la esperanza de no haber de esperar para recibir una buena dosis de agua fría.
- Hace calor, eh. – mencionó con discutible naturalidad cierto centrocampista de ojos verdes y orejas puntiagudas.
- La verdad es que sí, parece que el verano va a pegar fuerte. – respondió el defensa de cabello azulado, para gusto de su interlocutor.
- ¿A dónde vas con eso? – preguntó el número diecinueve, señalando un bote blanco y un pequeño paquete cerrado en las manos de su compañero.
- Es para Narukami, creo que se ha hecho sangre al caer y es mejor desinfectarlo. – abrió el paquete, también blanco, dejando ver una gasa en su interior.
- Debe estar duchándose. – aventuró el moreno, plenamente consciente de la falsedad de sus palabras, pues había visto al chico saliendo de la ducha hacía apenas un par de minutos.
- Bueno, supongo que puedo esperar a que termine… ¡Oh! Parece que no hará falta, está allí – afirmó el defensa, señalando con la cabeza al mencionado, quien iba con el cabello húmedo y una toalla alrededor de su cintura –. ¡Narukami! – le llamó para que se detuviera, a la vez que se acercaba a él.
- Oh, hola Kazemaru; ¿necesitas algo? – preguntó con una sonrisa, encantado de ver al chico.
- Antes me ha parecido ver que te habías hecho un rasguño, tengo agua oxigenada para curártelo. – informó, levantando el botecito para que lo viera.
- Está bien, casi no me duele y no quiero molestarte. – respondió con amabilidad, sin querer importunar al defensa.
- No es molestia, es mi deber encargarme de que todos estéis bien. – afirmó sin dudarlo, dispuesto a ayudar.
- En ese caso te lo agradezco, si me das un segundo para vestirme… - señaló las taquillas, situadas unos metros a la derecha.
- No hace falta, será mejor si tienes la rodilla al aire un rato. – dijo el de cabello azul, destapando el agua oxigenada.
- Está bien, muchas gracias. – contestó a la vez que se sentaba en un banco que quedaba justo a su espalda.
Narukami dirigió una mirada temerosa a Fudou, quien no se había movido de allí y los miraba con el ceño fruncido. Kazemaru se arrodilló frente al de cabello morado para curarle la herida y, justo entonces, se oyó al centrocampista mascullando algo antes de irse. Si le hubieran preguntado, Narukami habría jurado que había oído un "suertudo" saliendo de los labios de Fudou, pero no dijo nada porque no estaba seguro y quizás, y solo quizás, tenía un poquito de miedo de lo que le pudiera pasar si lo decía.
Que el aire acondicionado no funcionara era, sin duda, una de las peores cosas que podía pasarles en ese autobús. El equipo de Teikoku había tenido la mala suerte de jugar un partido amistoso, que por supuesto habían ganado, contra otro instituto, en campo rival. El viaje de ida había sido como cualquier otro, se les había hecho largo debido a la distancia entre ambos centros, pero nada destacable. Se habían cansado jugando bajo aquel tremendo calor, pero eso era algo con lo que ya contaban. La mala noticia llegó al momento de volver, cuando, debido a una avería, el autobús con el que iban volver resultó haberse quedado sin el tan necesario para los jugadores aire frío. Algunos empezaron a acalorarse antes de tiempo al recordar lo largo que había sido el trayecto hasta allí, y solo de pensar en hacerlo con todo ese calor acumulándose en el vehículo… Sin duda, se les haría eterno.
Empezaron a subir sin replicar, puesto que sabían que sus quejas no arreglarían el aire y que era mejor salir cuanto antes para evitar las horas más calurosas del día. Al menos, eso hicieron la mayaría de jugadores, ya que Fudou se negó a ser obediente y consideró que, si tenía calor, todo el mundo debía saberlo.
- ¿De verdad pensáis volver en esa cosa con el calor que hace? Si queréis derretiros me parece genial, pero yo me niego a subir ahí después de haber estado sudando como pollos durante todo el partido. – refunfuñó a la que vio que la gente empezaba a subir al autobús.
- Haznos un favor a todos y cállate de una vez, ¿no ves que si no nos vamos ahora será peor? – obviamente, el excelentísimo capitán no iba a perder la oportunidad de discutir con el de ojos verdes.
- ¿Te atreves a mandarme callar? ¿Es que no le tienes aprecio a tu vida, ciclope? – por si no hacía ya bochorno suficiente, Fudou se calentó enseguida con aquel comentario.
- Mira, elfo alopécico, por mi como si te derrites ahí esperando, nosotros nos vamos. – y con eso, Sakuma subió al autobús con un humor peor al que tenía al bajar del mismo.
- Venga Fudou, no te hagas de rogar. – pidió Kazemaru, preocupado por si le pasaba algo a su compañero si este decidía esperar bajo el sol durante horas.
- Ugh, está bien. – no hizo falta una palabra más para que el centrocampista subiera al autobús con pose ofendida y se sentara.
Kazemaru suspiró con resignación antes de subir también y sentarse junto a Fudou para evitar que buscara más problemas, de verdad que cuando quería era como un niño.
- Toma esto – indicó el defensa tras unos minutos en silencio –. Te ayudará con el calor. – afirmó mientras le ofrecía a su compañero una botella de agua fría.
- ¿De dónde has sacado esto? – fue la peculiar manera de Fudou de darle las gracias.
- La he agarrado antes de subir, he pensado que podría ser útil. – dijo sonriendo, para después dar un leve toque con la botella en el hombro del centrocampista para constatar que, efectivamente, estaba fría.
- Ah sí… Bien pensado. – tomó la botella y, tras beberse de un sorbo casi un cuarto de su contenido, la guardó sobre su regazo.
La primera mitad del viaje transcurrió con relativa normalidad, el calor se iba acumulando y los suspiros e intentos de refrescarse iban en aumento, pero al menos no había habido ningún problema mayor. Eso fue, claro, solo hasta la primera mitad.
Kazemaru estaba tranquilamente en su asiento, odiaba el calor, aunque por suerte podía soportarlo más o menos bien. Fudou, por el contrario, no paraba de moverse y renegar, maldiciendo a, según él, el inventor del sol y el calor. De golpe, el centrocampista pareció iluminarse con una idea, brillante a su parecer, que, si no le quitaba el calor, al menos conseguiría divertirle un rato.
- Oye, ¿tienes calor? – preguntó al chico junto a él, aunque la respuesta era más que obvia.
- Sí, ¿y tú qué tal vas? – respondió con cordialidad el defensa, quien no se esperaba una pregunta tan banal viniendo de Fudou.
Sin previo aviso, el de ojos verdes agarró la mano de su compañero y se la colocó en la parte interior de su muslo, donde segundos atrás había estado la botella de agua, quizás demasiado arriba para el gusto de Kazemaru.
- ¿Qué haces? – se apresuró a preguntar alarmado el de ojos amarronados, intentando retirar su mano inútilmente, ya que el otro la detuvo a tiempo e incluso se atrevió a subirla unos centímetros más a modo de advertencia.
- ¿No has dicho que tenías calor? Está frío, ¿no? – la burla en su voz era evidente, mas no estaba diciendo nada falso; el agua había enfriado aquella zona, y eso era aún más evidente en contacto con la piel de Kazemaru.
- Sí, pero… - empezó el defensa, tan confuso como avergonzado.
- Pues ya está – dictaminó Fudou –. Además, también tengo las manos frías de sostener la botella.
Por supuesto, el centrocampista consideró que la mejor forma de demostrárselo era pasar lentamente la mano por la muñeca de su compañero, a veces subiendo hasta el codo y otras veces atreviéndose a usar, sin fuerza, las uñas, la cual cosa provocaba que a Kazemaru se le pusiera la piel de gallina, para divertimento de Fudou.
El de cabello azulado desvió la mirada sin decir nada; si bien notaba que su mano se refrescaba, aquella cercanía le hacía sentir que el resto de su cuerpo tenía otros planes.
Iba caminando junto con Genda, Sakuma y Kazemaru; se había quejado tropecientas veces del calor y, después del quinto comentario, habían dejado de hacerle caso. Y eso no le gustaba ni un pelo, porque nadie, absolutamente nadie, podía ignorar a Fudou Akio e irse de rositas – o ese era, al menos, su pensamiento.
Intentó llamar su atención de nuevo, suspirando y murmurado como un niño enfadado. Siguieron a lo suyo y eso lo enfadó aún más; encima que estaba haciendo el mono de feria para que le hicieran caso, esos tres tenían el valor de no dirigirle ni una mirada… De Sakuma se lo esperaba, al fin y al cabo, se pasaban el día ignorándose o como el perro y el gato – la segunda opción al menos conseguía que Fudou se riera un rato, por lo que quizás la prefería, aunque eso era algo que nunca admitiría en voz alta –. Por otro lado, Genda solía centrar toda su atención en su pequeño delantero, que por el momento parecía seguir siendo el único que no notaba los intentos del portero de acercarse más a él, así que tampoco lo molestaba excesivamente que no le hiciera caso a él, el grandioso y tremendísimo Fudou Akio.
Lo que realmente le incordiaba, era no ser el centro de atención de Kazemaru.
Había estado un buen rato intentando que le respondiera ni que fuera a uno solo de sus comentarios y, aunque quizás no había usado el método más eficaz y por eso lo estaba ninguneando, se estaba mosqueando. Bueno, para ser exactos, llevaba mosqueado un buen rato. Afortunadamente, Fudou se autoconsideraba un genio y llegó a la conclusión de que, si quería que le hicieran caso, tendría que usar métodos más… drásticos.
- Chicos… – llamó Fudou de nuevo, con tono débil esta vez, provocando que Kazemaru no suspirara por respeto, porque ganas no le faltaban.
¡Paf!
Los tres se giraron de golpe al oír aquel impacto seco, para encontrarse a Fudou tirado boca abajo en el suelo.
- ¡Fudou! – gritó Kazemaru cuando aún no había acabado de girarse, alarmado ante la situación.
El defensa recorrió en menos de un segundo los metros que les separaban y casi se echó encima de su compañero, en pánico por la preocupación. Le dio la vuelta a Fudou y empezó a sacudirlo por los hombros, suplicando para que se levantara.
- ¡Maldita sea, Fudou! – siguió sacudiéndole, notando como sus ojos empezaban a humedecerse.
- Debe ser un golpe de calor, tenemos que llevarle a la sombra. – indicó Genda, que parecía seguir en sus cabales.
El portero y el delantero se inclinaron para ayudar a Kazemaru, pero se quedaron helados antes de poder alcanzar al centrocampista. Fudou se puso a reír, pues su idea había resultado.
- ¡Os lo habéis creído! – exclamó entre risas, inconsciente de lo que sus acciones habían causado.
Un sollozo provocó que las risas del de ojos verdes se detuvieran al momento y, cuando giró la cabeza, vio a Kazemaru secándose las lágrimas.
- Kazema-… – empezó Fudou, sin poder creerse lo que veía.
- ¡¿Tú sabes el susto que me has dado?! – gritó el de ojos amarronados, que ahora más que triste parecía furioso.
Genda y Sakuma se miraron con confusión, nunca habían visto a Kazemaru así.
- ¡Serás imbécil! – volvió a gritar, golpeándole el brazo con el puño esta vez, para después levantarse e irse de allí visiblemente enfadado.
Ninguno de los tres había asimilado lo que acababa de pasar. Para empezar, habían visto (o al menos intuido) a Kazemaru llorando, lo que ya era raro. A parte, le habían oído insultando a Fudou, y eso sí que era un hecho insólito. Nunca, ni una sola vez, habían oído una palabra como aquella saliendo de su boca, ni siquiera cuando llegó a Teikoku y actuaba fríamente con ellos; en ese entonces hablaba poco con ellos y era estricto, pero, ¿insultos? Eso era lo nunca visto.
- Has metido la pata… – empezó Genda.
- …Y del todo. – acabó Sakuma.
El agua le llegaba casi a la nariz, pero eso no parecía importarle; él seguía con el ceño fruncido, los brazos cruzados y cara de pocos amigos. Se había pasado la mayoría de tiempo viendo como el otro ni siquiera le miraba y eso le ponía de muy mal humor. Era consciente de que lo que había hecho no estaba bien y, a decir verdad, se sentía culpable por ello, pero su ego le obligaba a pensar que aquella situación no era justa y que realmente no había para tanto; en otras palabras, que Kazemaru era un exagerado.
- Aunque le mires todo el día no va a venir; lo sabes, ¿verdad? – la voz de Sakuma le sacó de su constante estado de indignación.
- ¿Te he pedido tu opinión? – respondió el centrocampista sacando la cabeza del agua, lo que le daba más rabia era que el delantero se hubiera dado cuenta de lo que le pasaba, el muy cabrón siempre se daba cuenta.
- Encima que venía a ayudarte… – suspiró el del parche – Bueno, supongo que prefieres seguir así. – se encogió de hombros, sabiendo que sus palabras tendrían efecto.
- ¿Ayudarme? – de repente, Fudou sonaba interesado – ¿Cómo?
- Fácil, pídele perdón. – normalmente, el capitán le habría hecho rogar un poco, pero sabía que esa situación también afectaba a Kazemaru y no quería que su amigo lo pasara mal por culpa del desastre de Fudou.
- ¿Perdón por qué? – era plenamente consciente de a qué se refería Sakuma, pero no quería reconocerlo como si nada.
- No te hagas el tonto, el otro día le diste un susto de muerte y es normal que esté cabreado contigo. Da gracias de que ha decidido venir aun sabiendo que estarías aquí. – el delantero cruzó los brazos sobre el pecho, en un intento de dejarle claro que iba en serio.
- Vale, vale, tienes razón… – acabó reconociendo Fudou – Pero, ¿aquí? ¿con todo el mundo mirando? – por supuesto, su orgullo no soportaría una disculpa en público.
- Hazlo donde y cuando quieras, pero piensa que, como más tardes en disculparte, más va a tardar él en perdonarte. – Sakuma consideró que aquel era un buen momento para irse, pues quizás Fudou se decidía a actuar de una vez.
¿Dónde estaban? Pues resulta que, a modo de recompensa por los últimos partidos y para combatir el calor, desde el club se había organizado una salida a la piscina, lugar en el que se encontraban en ese momento.
Kazemaru no había saludado a Fudou ni tampoco se había sentado con él en el autobús, como era ya usual, sino que había pasado por delante suyo sin siquiera mirarle y había seguido avanzando hasta sentarse junto a Narukami. La situación no había mejorado una vez en las piscinas, porque el defensa había ido de un lugar a otro, hablando con todo el mundo a excepción de Fudou. Aquel era el motivo que hacía que el centrocampista se hubiera pasado el día de morros, hasta que llegó Sakuma a intentar solucionarlo, le aconsejó y se volvió a ir, para dejarle plantado en el agua, dándole vueltas al tema.
Acabó llegando a la conclusión de que, efectivamente, debía disculparse, y cuanto antes mejor. El problema era que no podía hacerlo con todo el equipo mirando, debía encontrar un momento donde estuvieran los dos solos.
Afortunadamente, la ocasión no tardó demasiado en presentársele.
Unos diez minutos más tarde, oyó a Kazemaru diciendo que estaría un rato fuera de la piscina y le vio saliendo del agua – imagen que guardaría siempre en su cabeza – e irse a por su toalla. Fudou esperó todo lo que su paciencia le permitió, es decir, unos veinte segundos, antes de salir también del agua dispuesto a ir detrás del defensa.
Veía su cabellera azul moviéndose en dirección a las puertas marrones del fondo y, por supuesto, él iba detrás, a la distancia suficiente como para que el defensa no lo notara. Kazemaru abrió una de aquellas puertas marrones i entró en la pequeña sala que se encontraba tras esta. Fudou podría haberse hecho una idea de qué era exactamente esa habitación si se hubiera parado a pensarlo durante un segundo, pero tenía la cabeza demasiado ocupada como para hacerlo.
El ruido que lo rodeaba le impidió escuchar el sonido que provenía de detrás de esa puerta y la abrió sin pensar, encontrándose algo que, si bien no se esperaba, era mucho mejor que cualquiera de las situaciones que hubiera podido imaginar. Se encontró a Kazemaru bajo el agua que caía de una ducha fija, con el cabello chorreando y solo vestido con el bañador. Tenía las mejillas sonrosadas por el calor del agua, y ese mismo calor fue el que empezó a sentir Fudou.
Como si viviera en cámara lenta, el centrocampista pudo ver como el agua se detenía y su compañero se daba la vuelta mirándolo sorprendido, sin entender qué hacía él ahí. Vio también como su ceño se fruncía y su rostro adquiría aire de enfado antes de hablar:
- ¿Qué haces aquí? ¿No has visto que estaba ocupado? – evidentemente, Kazemaru seguía molesto por lo que había pasado y su voz no dejaba lugar a duda.
Fudou no contestó, estaba demasiado ocupado admirando al defensa como para procesar sus palabras.
- ¿Es que no me has oído? – volvió a hablar el peliazul.
- Yo… lo siento mucho. – alcanzó a decir el de ojos verdes, todavía medio perdido en su imaginación.
- Pues si lo sientes sal de aquí, que me estoy duchando. – cruzó los brazos sobre el pecho para intentar sumarse autoridad.
- No, eso no – claro que no, lo último que sentía haber hecho era entrar en esa ducha, estaba más que encantado con lo que había encontrado dentro –. Siento lo que pasó el otro día… No quería preocuparte, de verdad.
Kazemaru pareció sorprenderse durante unos segundos, no se esperaba una disculpa viniendo de Fudou; y por eso mismo, pensó que no debía ir en serio, que solo quería volver a reírse de él.
- ¿Preocuparme? ¿Estás de broma? Nada de lo que tenga que ver contigo me importa, solo quería asegurarme de que no bajara el rendimiento del equipo, una lesión sería problemática.
El de ojos verdes se quedó con la boca abierta, sabía que no era verdad, pero dolía igualmente.
- Acuérdate de lo que acabas de decir. – sentenció el centrocampista antes de salir de ahí con la sangre hirviendo.
Iba a marcharse directamente y a meterse con cualquiera que le hablara para sentirse mejor, pero una duda apareció en su mente, ¿y si era verdad? Estaba seguro de que Kazemaru lo había dicho porque estaba enfadado, pero…
Cabía la posibilidad de que, en el fondo, hubiera dicho la verdad. Y Fudou necesitaba confirmar que no era algo que el defensa pensara realmente y se le ocurrió una manera de hacerlo que, por supuesto, no incluía pensar en las consecuencias.
Había dado ya varios pasos cuando se dio la vuelta y volvió a las duchas, haciendo un estruendo considerable al entrar en la que estaba el defensa.
- ¿Qué haces aquí otra vez? – preguntó el peliazul, que no se explicaba por qué había vuelto Fudou.
El centrocampista no dijo nada, simplemente se acercó más a Kazemaru, acortando la distancia entre ellos en cuestión de segundos.
- ¿Se puede saber qué-…? – empezó el defensa.
No pudo acabar la frase, ya que la mano de Fudou golpeó la pared junto a su rostro.
- Mírame. – exigió el ojiverde.
- ¿Qué…? – preguntó el defensa, sin entender las intenciones del otro.
- Mírame. – repitió más lentamente, usando un tono algo amenazante.
Kazemaru obedeció sin siquiera saber por qué, encontrándose directamente con los ojos de su compañero y sintiendo como su corazón retumbaba en sus oídos, tan rápido que le asustaba.
- Ahora repítelo. – siguió ordenando el centrocampista.
- ¿El qué? – preguntó con un hilo de voz.
- Repite que no te importo.
Silencio.
Kazemaru no se vio con el valor suficiente, abrió la boca como si fuera a hablar, pero las palabras se le quedaron en la garganta. Se sentía expuesto y observado y le daba miedo ser transparente hasta el punto que Fudou pudiera ver a través de él, a través de su corazón. Aquellos ojos verdes le contemplaban tan intensamente que tuvo que apartar la mirada, mas no le sirvió de nada en cuanto sintió una mano bajo su barbilla, levantándole nuevamente la cabeza.
- ¿No vas a decir nada? – volvió a hablar Fudou, sonriendo con cierta malicia al ver sus intenciones satisfechas.
Kazemaru tragó con dificultad, inspirando profundamente en el vano intento de calmar su respiración, pues el aroma del otro solo lo alteró más.
- Yo no… – trató de decir el peliazul, pero se quedó al principio de la frase cuando sintió el cuerpo del centrocampista aproximándose más a él.
Ante la atónita mirada del defensa, Fudou acerco el rostro a su cuello y le olfateó muy lentamente, tanto que consiguió que le diera un vuelco el corazón. Después, llevó los labios junto a su oído y susurró:
- ¿Y bien?
Kazemaru no sabía qué hacer, simplemente se quedó congelado y tieso como un palo ante las acciones de su compañero; al notarlo, el ojiverde dejó escapar una leve risita.
Y fue aquello lo que le hizo reaccionar.
- ¡No! – exclamó repentinamente el de ojos amarronados, consiguiendo que Fudou se alejara de golpe – Me importas, ¿vale? Y me diste un susto de muerte el otro día. Supongo que te divierte verme así, ¿no? Debe encantarte ver que puedes jugar conmigo cuando te aburres. Pero, ¿sabes qué? Ya te he entretenido suficiente.
Y era verdad, porque en alguna ocasión se habían, digamos, "entretenido" mutuamente. Como aquella vez en la que debían hacer un trabajo juntos poco después de que Kazemaru entrara en Teikoku, cuando fueron a la biblioteca y dejaron los libros de lado para perderse el uno en el otro entre los pasillos repletos de estanterías, para acabar… Bueno, dejémoslo en un trabajo por hacer y un recuerdo que nunca mencionaron.
- ¿De verdad crees que solo eres un juego para mí? – preguntó el centrocampista evitando el impulso de acercarse de nuevo.
El peliazul no lo creía o, al menos, no quería creerlo.
- ¿Es que me equivoco? – respondió con otra pregunta, sin querer afirmar o desmentir nada.
- Si fueras un juego no te habría dejado marchar ese día en la biblioteca, no habría respetado las distancias para no incomodarte ni mucho menos me aguantaría las ganas de besarte cada vez que te veo – había hablado de más debido a la emoción del momento, pero ya no había marcha atrás, era ahora o nunca –. Te quiero, ¿me oyes? Llevo enamorado de ti tanto tiempo que he perdido la cuenta.
Kazemaru se quedó a cuadros, no se esperaba una confesión tan sincera viniendo de Fudou, y por nada del mundo se hubiera imaginado los sentimientos que decía albergar por él su compañero.
- ¿Lo… lo dices en serio? – no quería hacerse ilusiones antes de tiempo, y era mejor prevenir que curar.
- Por supuesto que lo digo en serio… Kazemaru, me vuelves loco. – dijo esa última parte en un tono más bajo, algo avergonzado de reconocerlo.
- Oye Fudou – dijo el peliazul después de que un pesado silencio se instalara entre ellos durante unos instantes – Tu también me gustas, ¿sabes? Realmente me gustas… mucho.
Aunque no tuvo el valor de decirlo con la cabeza levantada, el ojiverde se las ingenió para que le mirara cuando fue su turno de hablar:
- Ya es tarde para arrepentirte de lo que acabas de decir…
Toda distancia entre ellos desapareció con un simple gesto que terminó en un suave y pausado beso. Ambos empezaron a redescubrirse, disfrutando de una faceta nueva del otro y con el deseo de no tener que separarse.
Fudou dejó parte de su peso sobre Kazemaru, y eso provocó que la espalda del segundo se apoyara en el botón que accionaba el agua, afortunadamente caliente, que empezó a caer sobre ellos.
No podían respirar con el agua encima, pero a ninguno de los dos le importó. Se separaron lo justo para verse y sonrieron, despejando cualquier duda que pudieran albergar, sabiéndose realmente amados.
