La noche estaba roja: los servicios de emergencia se habían movilizado para extinguir los fuegos que los bombarderos dejaron, tanto en la ciudad como en los límites de la misma. Era un escenario agitado pero, tristemente, nada nuevo.
-¡Fennec!- la voz del General casi provocó que el piloto diera un salto en aire. Se giró, saludándolo. -¿Por qué no te has reportado en la base?
-Con todo respeto, Señor- comenzó a responder Finnick -, creo que es más importante ayudar de este lado. No podemos solo dejarles todo el trabajo a ellos.
Apuntó con el pulgar por encima de su hombro, en dirección a donde bomberos y rescatistas se movilizaban entre los árboles caídos. El General Bogo observó la escena y Finnick sintió que él estaba más preocupado de lo que quería admitir.
-¿Han encontrado algo?- preguntó, sin mirar al piloto.
-No, Señor- respondió, bajando la mirada. -No han encontrado nada. Ni un rastro; pero tampoco ningún cuerpo.
Bogo suspiró. Finnick solo se le quedó mirando, sin saber que hacer o decir.
-¡Aquí hay alguien!- se escuchó gritar a uno de los bomberos.
De inmediato todos se movilizaron en dirección del grito y, tanto el General como su subordinado, comenzaron a sentir un sentimiento que se agitaba en su estómago. No los dejaron aproximarse demasiado, por lo que Finnick soltó un resoplido al tratar de tener una mejor vista de lo que estaba sucediendo.
-¿Quién es?- preguntó Bogo sin rodeos, como era su costumbre.
-El piloto del bombardero enemigo, Señor- le respondió uno de los rescatistas que estaba más cerca. -Al parecer está muerto.
El General suspiro, nadie supo con certeza si por fastidio o alivio.
-¿Y mis pilotos?- preguntó, sin que su tono de demanda desapareciera.
-Nada. O lograron saltar antes del impacto, o simplemente se calcinaron.
Finnick no pudo evitar tragar saliva al escuchar eso. Sin embargo, él seguía guardando la esperanza. Los conocía demasiado bien y, como suelen decir, "hierba mala nunca muere".
-Gracias- dijo el General. El rescatista asintió y se retiró, para continuar con sus labores.
A pesar de toda la actividad en los alrededores, un silencio los invadió. Bogo comenzó a avanzar para volver a la base y Finnick supo que no le queda opción más que seguirlo. Soltó un suspiro, pensando en sus compañeros.
-Mas les vale estar a salvo- se dijo en su mente, esperando que el mensaje les llegará.
Los pulmones les ardían y tosían con mucha fuerza. Conocían mejor que nadie lo que se podía esperar de la explosión de una bomba, así que agradecieron esa horrible sensación ardiente en sus gargantas; por lo menos era una señal de que seguían con vida.
Nick escuchaba la tos de su compañera, pero era incapaz de saber en que condiciones estaba. El humo levantado por la tierra le impedía ver con claridad.
-¡Judy...!- trato de llamarla, pero su voz estaba demasiado seca y rasposa. Su intento solo consiguió que el ataque de tos se intensificara.
Se apoyó contra la pared de roca, buscando mantener el equilibrio, pero el polvo de tierra era demasiado. En su interior sabía que, sin aire limpio, ambos morirían en cuestión de minutos. Mientras pensaba en una alternativa, la respuesta le vino de repente al escuchar un golpeteo de rocas en la distancia: Judy debía estar escarbando por su vida.
-Es una idea suicida...- fue lo primero que su cerebro le dijo.
Gastar las pocas fuerzas que les quedaban en tratar de cavar hacía el exterior era una locura. Su lado racional le decía que lo mejor era esperar, recuperarse un poco y pensar un mejor plan porque, en realidad, no tenían ni una idea de remota de que tan densa podía ser esa pared de roca. Bien podrían ser unas cuantas; pero también podrían morir en el intento.
Y ese último pensamiento era el que su lado más emocional defendía. Cada maldito día de los últimos años había sido una constante pelea por la supervivencia; había mirado a la muerte a la cara en tantas ocasiones que dejarse vencer por unas rocas sonaba como la más deshonrosa forma en la que podría ser derrotado.
Cuando menos se dio cuenta, ya se encontraba escarbando con todas sus fuerzas.
No sabría decir cuánto tiempo estuvo moviendo rocas en la oscuridad pero, de repente, una corriente de aire fresco le dió esperanzas. Con fuerzas renovadas se aferró a esa esperanza hasta que la oscuridad se hizo menos densa y la luz comenzó a entrar por un hueco hecho en lo más alto de una enorme pila de rocas. Tomó una gran bocanada del aire nocturno, impregnado con el humo de un fuego feroz que ardía en la distancia. No entendía cómo había podido ser tan asquerosamente afortunado, pero supuso que algo había hecho bien en la vida para merecer esa oportunidad.
Pero dejo de saborear ese momento glorioso en cuestión de segundos, al escuchar el sonido de alguien que continuaba escarbando no muy lejos de su posición. Aguzo el oído y se alejó de la luz, repitiendose a si mismo:
-Nadie se queda atrás.
Tras unos segundos su ojos se adaptaron a las escasez de luz y vió una sombra moverse con desesperación. A diferencia de él, Judy parecía escarbar por la parte más baja de la pila de rocas, lo que lo alertó de inmediato.
Descendió lo poco que había escaló con desesperación.
-¡Judy, no!- exclamó. -Harás que nos caiga encima.
Ella había pasado todos esos minutos presa de la desesperación. La falta de luz y aire la habían hecho entrar en pánico, e hizo lo primero que se le ocurrió a su mente. Solo despertó de ese horrible trance al escuchar la voz de su compañero, hablándole en la oscuridad.
-¡Nick!- exclamó, deteniendo su inútil empresa. Sin embargo, de inmediato se escapó un quejido terrible de entre sus labios.
En cuestión de segundos, Nick estuvo a su lado. Apenas y podía distinguirlo, la oscuridad era muy densa y la poca luz que entraba parecía hacer todo un tanto irreal
-¡Judy!- la voz de su compañero delataba su preocupación. -¿Qué te duele?
-Es el abdomen- sonaba débil. -No puedo saber que, pero se que no siento ninguna herida sangrante.
Nick trató de tomarla cuidadosamente entre sus brazos, pero sus fuerzas tampoco eran muchas. Terminaron apoyándose el uno en el otro, caminando medio a rastras hacia el rincón con más luz de toda esa oscuridad.
-Estamos vivos- dijo Judy, un tanto jadeante mientras se dejaba caer contra el suelo. -No sé para que, pero aún nos necesitan en este mundo.
-Para ver el final de esto- dijo Nick, con la espalda apoyada contra la superficie rocosa.
El silencio se apoderó de ambos, evidenciando lo destruidos que estaban en realidad. Era imposible conocer con certeza el estado de sus heridas con tan precaria iluminación, pero por lo menos una corriente de aire frio les ayudaba a mantener la conciencia.
-¿De verdad crees que esto terminara?- la pregunta de Judy lo sobresaltó.
La miró, viendo como mantenía la mirada fija en el pequeño hueco entre lo alto de las rocas.
-No lo creo- dijo, haciendo que ella volteara a mirarlo. -Estoy seguro.
-Quisiera compartir tu optimismo- soltó un suspiro.
Le pareció tan raro su comentario pesimista que no puedo evitar insistir:
-Sé que así será, ya lo veras- miró hacía el techo de la cueva. -El día en que todo esto termine, volveré a casa y dormiré por días en mi confortable cama. Luego iré al centro, al restaurante de Philip, y pediré uno de cada cosa que hay en el menú. Tendrán que sacarme de ahí a rastras.
Ella no pudo evitar reírse y eso lo hizo a él sonreír. Esa era la Judy que el conocía.
-¿Y tú?- le preguntó
Judy tomó unos segundos antes de responder.
-Iré a casa y abrazaré a mis padres- dijo. Su tono delataba el nudo que comenzaba a formarse en su garganta. -Eso es todo lo que necesito. Sería más que suficiente llegar al final de esto con vida.
Nick la contempló en la oscuridad, pensando. Tuvo el impulso de decirle que eso también lo quería, pero que más le importaba ella. Que daría su propia vida porque ella tuviese la oportunidad de vivir la suya.
Eso lo motivó. Con todo su esfuerzo se puso de pie y comenzó a subir de nuevo a las rocas, hasta ese pequeño hueco que daba a la oscuridad de la noche. Comenzó a empujar las piedras hacía afuera con desesperación, tratando de hacer el mayor espacio posible.
-¿Pero qué haces?- dijo Judy, poniéndose de pie con debilidad. Se quedó apoyada contra la pared de la cueva, sintiendo la debilidad de sus piernas. -¡Dijiste que nos aplastarán!
-¡Prefiero morir intentando!- decía Nick. -No hay forma en que nos encuentren aquí; y me rehusó a morir de esta forma. No será aquí. No será hoy.
Ella no era capaz de responderle. Su complexión, por más que lo detestara, era más pequeña y frágil para algunas cosas; pero èl tenía razón. Usó toda su voluntad para soportar el dolor y subió a ayudarlo, y ambos empujaron lado al lado, luchando por sus vidas.
Finalmente el hueco fue lo suficientemente grande para que pasara uno, y Nick empujó a su compañera hacia el exterior sin pensarlo 2 veces.
Ella, por su debilidad, salió y rodó por encima de las rocas hasta el suelo, golpeándose. Fue imposible reprimir los gritos de inmenso dolor.
Nick se apresuró a salir por el hueco, preocupado por ella. La vió en el suelo, retorciéndose de dolor y prácticamente se deslizó hasta quedar a su lado. La tomó entre sus brazos, revisando sus heridas. Si tuviera un poco de agua, podría hacer mucho por ella.
-Dejalo...- escuchó que ella le decía con voz débil, como si pudiese leer sus pensamientos. -Estamos vivos. Es lo que importa.
No pudo evitar dejar escapar una media sonrisa. Solo ella podía leerlo de tal manera, adivinando su pensamientos incluso en una situación como esta.
-Vamos- le dijo con esa dulzura que normalmente trataba de ocultar. -Hay que movernos.
Él habría deseado levantarla entre sus brazos, pero estaba tan débil que era prácticamente imposible. Pero ella lo sorprendió de nuevo, poniéndose en pie a pesar del inmenso malestar y apoyándose contra su hombro. Él la rodeó por la cintura para darle soporte y ella soltó asintió en agradecimiento, aún quejándose ligeramente. Comenzaron a avanzar lentamente hacia el interior del bosque, dejando lo que aún alcanzaba a percibirse del fuego a sus espaldas.
