Tan solo habían avanzado un par de metros, cuando Judy cayó de rodillas tan fuerte que soltó un grito agudo y horrible. Nick se apresuró a su lado, ayudándola a estirarse y a apoyar su espalda en un árbol cercano.
-Estoy bien- decía ella, aunque permanecía con los ojos cerrados y la mandíbula apretada, obviamente por lo fuerte del dolor.
Fue ahí cuando lo sintió: una tibiez en su mano. De inmediato la levantó en alto, tratando de poder ver más claramente con a poca luz de luna. Parecía cubierta de algo espeso y oscuro.
-Sangre...- dijo. -¡Sangras!
Si antes no había estado sangrando, el retorcerse para salir de las rocas seguro había abierto alguna herida. Entró en pánico.
Rápidamente pasó la mano por su espalda, tratando de poder identificar mediante el tacto si era una herida profunda o superficial. Judy soltó un quejido, así que decidió que lo mejor ahora era moverse.
Sin saber de donde saco las fuerzas, la levantó sosteniendola por debajo de los hombros y comenzó a avanzar cada vez más rápido. Su propio cuerpo le ardía por el dolor de su heridas, pero no le importo. Recordaba esa frase que le habían dicho siempre en el entrenamiento cuando se enlisto en la milicia. Irónicamente, el mismo día en el que había conocido a Judy.
-¡Quiero que se lo tatuen de ser necesario!- le gritaba Bogo a los cadetes que se arrastraban con dificultad entre alambres de púas y lodo. -¡Quien no se mueve, muere! ¿Entendido?
-Señor, sí, señor- respondieron todos al unísono.
Nick se levantó y quitó la enorme plasta café que tenía en su cara con un solo movimiento. Soltó un gruñido que le salió de lo más profundo del pecho, que sustituía perfectamente todas las groserías que quería decir pero no podía.
-Aguanta un poco, Wilde- le dijo Finnick a su lado, en tono burlón. -Cuando estés ahí afuera, desearás que lo peor con lo que tengas que lidiar sea lodo.
Su amigo solo se había enlistado 6 meses antes y ya estaba a cargo de supervisar a los novatos, algo que no le hacía mucha gracias. Pero Finnick lo disfrutaba al máximo, en especial al encontrarse entre las filas a su amigo de toda la vida.
-Pudrete, Fin- le respondió, escupiendo al piso para quitarse esa sensación asquerosa.
-No puedes hablarle así a tu superior- él sonrió. -Si sigues así, te tendré que mandar con Hopps.
Esa era la amenaza de siempre. Si alguno de los novatos se quejaba de más o parecía tener problemas de disciplina, los cadetes supervisores "invocaban" a Hopps, quien aparentemente era "la mano de hierro" de esa división.
-¡Pues hazlo!- exclamó Nick, hartó de las amenazas de su compañero. -Puedo contra cualquiera de aquí, lo sabes. ¡Quien sea!
Su arranque de ira atrajo las miradas de sus compañeros, de los otros supervisores e incluso del General Bogo y Garraza, su mano derecha. Nick les lanzó una mirada fulminante a todos, retandolos a que alguno se atreviera a enfrentarlo.
Finnick se cruzó de brazos, y arqueó una ceja, como un padre esperando que se le pase el berrinche a su creatura. Pero Nick lo miró con especial furia, harto de todo y de todos.
-Ok, si así lo quieres- dijo, sin cambiar su pose. -Tú contra Hopps en el ring. Necesitas aprender una lección, Nicky.
Él no se dejó intimidar por esas palabras así que, sacudiendo todo el lodo que pudo, se dirigió a paso decidido a ese improvisado ring que tenían cerca de bosque, siendo seguido de cerca por muchos curiosos. Literalmente solo eran unas cuerdas amarradas a unos árboles, en el terreno más liso que pudieron encontrar en ese sucio campamento, así que Nick estaba confiado: nadie sabía de pelea callejera como él.
La gente se empezó a reunir alrededor, desatando murmullos y cruzando apuestas. Nadie creía en el novato.
De repente se hicieron a un lado, abriendo camino. Nick casi se suelta a reír al encontrarse frente a frente con la famosa Hopps. Le sacaba más de una cabeza, y su complexión era pequeña; no había forma que le ganará. Le lanzó a Finnick una mirada de triunfo y él solo puso los ojos en blanco.
Ella se quitó la chamarra y la dobló, dejándola en manos de uno de los espectadores. También se quitó los guantes de piel que tenía, mientras decía:
-Es mejor si es una pelea justa.
Nick torció los labios en una sonrisa y se lanzó sobre ella, que lo esquivo en un movimiento. Lo dejó atónito, bajo la guardia y se llevó un puñetazo directo a la mejilla.
Escupió un poco de sangre debido al impacto y ella sonrió. Eso lo hizo enojar muchísimo.
La pelea se volvió personal después de eso e incluso el mismo Bogo tuvo que intervenir para separarlos. Las apuestas no pudieron cobrarse porque nunca se supo quién ganó; ambos estaban en igualdad de condiciones: Nick con el rostro hinchado y Judy con un ojo amoratado. Se fulminaban mutuamente con la mirada mientras los llevaban a la enfermería.
-¡Están aquí para acabar con el enemigo, no entre ustedes!- gritaba el general.
Cuando Judy volteó la cara, indignada, Nick no pudo evitar dejar escapar una sonrisa de satisfacción. Pero esa sonrisa se lo borró una horas después, cuando Finnick le dijo que ella había ganado el puesto de líder y había pedido tenerlo en su escuadrón
Nick regresó a la realidad al oírla quejarse. Era una ironía pensar en lo mucho que había disfrutado golpearla aquella vez y lo mucho que ahora le preocupaba verla herida. Puso un poco más de velocidad en sus pasos, suplicando poder encontrar un refugio.
Como una respuesta a sus plegarias, a un par de metros vió una construcción a medio destruir. Una capilla abandonada quizá incluso antes del inicio de la guerra, con enormes agujeros en el techo y paredes llenas de moho. Resopló ante la ironía, pero no lo pensó 2 veces y se apresuró a entrar.
Las despostillada puerta crujió cuando la empujó, como si de un momento a otro fuese a caer a pedazos.
