Corazón Salvaje
XX
El joven Dalton, dispuesto a impresionar a nuevo administrador, logró conseguir a Thom y con toda diligencia lo conduce hasta una barranca semiderruida, mucho más allá de las últimas caballerizas. Dentro estaba Thom, sucio y harapiento, echado en el suelo cubierto de paja como una más de las bestias de carga de aquella hacienda. A duras penas puede Gale reconocer a su fiel ayudante, pero entusiasmado se acerca a él, lo levanta y lo abraza, ante la estupefacta mirada del mozo.
―¡Thom! ¡Hasta que te encuentro…!
―¿Gale? ―pregunta entre sorprendido y aliviado― ¡No puedo creer que seas tú!
―¿El manco y Rory están aquí también? ―se preocupa Gale.
―Están en esta misma cuadrilla, pero hoy los mandaron muy temprano a otro lugar, como comprenderás tampoco es que nos den muchas explicaciones. ¿Cómo supiste que estábamos aquí?
Dirigiendo una mirada de soslayo e indica en voz baja: ―Primrose te vio… ―Luego dirigiéndose a Dalton: ―Por favor, quítale los grilletes.
―Sí, patrón.
Gale nota el respingo y la mirada asombrada de Thom al escuchar al mozo de cuadras y sin mayor preámbulo le explica:
―Peeta Mellark me nombró su administrador. Pero ya te platicaré. ¿Sabes qué fue de Annie?
―No. Esos miserables soldados nos separaron en cuanto llegamos al fuerte de Saint Peter.
Peeta había decidido pasar a visitar a su madre, con la intención de limar asperezas y conseguir su aprobación de la presencia y contratación Gale. Pero su madre no da su brazo a torcer, a la primera mención del marinero monta en cólera, pues está ya harta de tanta tontería por parte de su hijo y desea abrirle los ojos a como de lugar.
―Yo no voy a compartir la mesa con un sucio marinero ―restalla―. ¡Y es mi última palabra, Peeta! Si pretendes que regrese a la mesa a departir con nuestros invitados haz que se vaya de una vez por todas. De lo contrario no saldré de nuevo de esta habitación.
―Me estás haciendo las cosas muy difíciles, madre. Le permití a Gale comer a la mesa con nosotros desde que llegó, si ahora le digo que no puede se va a ofender.
―¿Y qué pretende ese hombre? Que se le rinda pleitesía como a…
―Él tiene su orgullo…
―La gente de esa calaña no tiene orgullo sino terquedad… y no tiene caso que insistas, no saldré de esta habitación mientras ese hombre continúe viviendo en esta casa― Sentencia la anciana mujer, zanjando la discusión. Peeta tendría que decidir y estaba segura que la balanza pronto se inclinaría a su favor.
Más tarde, mientras Thom se daba un merecido baño en los aposentos de Gale, Don Noel y este último platicaban sobre la situación de Rory, Chaff y Thom, ante la atenta y curiosa mirada de Vick, que aprovecha también para comer algunas frutas.
―No entiendo, si hubo un juicio en contra de ellos, tuve que enterarme ―Reflexiona el notario, verdaderamente preocupado de lo que se esta cociendo en las cárceles de Saint Peter.
―Tal vez no hubo juicio… ―sugiere Gale, dando una larga calada a su cigarro.
―Sin juicio no pudieron ser enviados aquí, con condena firme a trabajos forzados… ―observa de nuevo el notario.
―¿Y quien se encarga de esas contrataciones? ―Inquiere Tresh.
―Peeta, supongo, o Brutus en todo caso…
―¿Y ese Cato? ¿Qué hace aquí? ―Cuestiona Gale.
―No lo sé, supongo que es un invitado distinguido de Peeta. No creo que esté inmiscuido en el manejo de la hacienda.
Minutos después Thom se incorpora a la reunión, al fin adecentado. Gale le señala una fuente de comida, para que se sirva mientras continúan compartiendo sus impresiones.
―Ahora el asunto es revisar los papeles. Si existió un proceso, cosa que dudo, mientras exijo la revisión tanto Thom como Chaff y Rory tendrán que quedarse aquí… También urge saber que ha sido de Annie.
―El único que puede decir es el Capitán Treath.
―Pero no te aconsejo que vayas con él, Gale.
―¡Como que no! Por supuesto que voy a ir…
―No ―Insiste Don Noel―. Eres demasiado arrebatado y no conseguirías nada. Déjamelo a mi. Además, tú tendrás que hablar con Peeta la situación de Thom y los demás, no olvides que hasta que se aclare todo, ellos siguen siendo reos y deben ceñirse al régimen impuesto en la hacienda.
Katniss y Peeta coinciden en el camino al comedor para tomar el almuerzo, a leguas nota la muchacha que su cuñado está apesadumbrado, por lo que solícita le pregunta si algo marcha mal con su madre.
―¿Ya está mejor mi madrina?
―Sí, pero no quiere comer con nosotros ―Aprovecha para comentar Peeta, ya que aun no se les unen el resto de los comensales―. Está furiosa con la idea de que Gale sea el nuevo administrador. ¿Tú que opinas, Katniss, crees que debería hablar con él, decirle que lo siento mucho y pedirle que se vaya?
―No lo sé, parece poco delicado ―señala pensativa―. Además, ahora que estás de vuelta en Campo Real, eres tú quien debe decidir lo mejor para la hacienda. No te digo que no escuches a tu madre, pero si has decidido emplear a Gale, no debe ser por un capricho de ella que lo eches. En lugar de eso, ¿por qué no mandas a Prim y a tu mamá a Saint Peter por una temporada? A lo mejor con el tiempo mi madrina lo acepta o él decide irse. Siendo un hombre de mar, tal vez se canse del campo. Y como nosotras también iríamos, ellas no se sentirán tan solas. ¿Qué dices?― Soslaya Katniss, tratando de menguar las posibilidades de que Prim deshonre a Peeta.
―La verdad, no me agrada la idea de separarme de Prim, apenas hemos pasado tiempo juntos desde nuestra boda, pero en parte creo que tienes razón… Te prometo que lo voy a pensar.
Brutus se dirigía a comer a la casa grande cuando divisa a Rose jugueteando con otros niños por los jardines e inmediatamente va a reclamarle a Chancey que sigan en las tierras de los Mellark. Los ancianos le dan cuenta de que por orden de Gale no se han marchado. Brutus, furioso ya por la intromisión del recién llegado, va a buscarlo y discuten álgidamente.
―Esas decisiones ya no las tomas tú, Brutus. Yo ordené que se quedaran.
―No pueden pasar una noche más en la hacienda… Tienen que irse.
―¿Por órdenes de quién? ¿Lo ordenó Peeta? Ahora mismo aclaramos esto…
―No ―lo detiene el capataz―, de la señora… fueron órdenes de Doña Sophie.
―Ahora mismo arreglaré este entuerto, sal de mi camino…
Mientras tanto Johanna le sirve el almuerzo en la habitación a Doña Sophie, refiriéndole que ni Don Noel ni Gale comieron con los demás invitados, al contrario se hicieron servir una copiosa comida en los aposentos del último. Doña Sophie se alegra al concluir que Peeta le ha hecho caso.
―Vaya, al fin mi hijo reaccionó. Es inconcebible que uno deba compartir la mesa con esa clase de gente y la verdad no lo diigo por Don Noel, sé bien que fue un fiel servidor de mi marido, pero ese…
Ambas se sobresaltan cuando golpes apremiantes a la puerta interrumpen la tertulia. Un tanto ofuscada, Doña Sophie da la orden para que Johanna abra la puerta. Sin esperar autorización para entrar, Gale sortea a la joven, con mirada fiera y sonrisa ladina indica:
―Creo que tenemos que hablar, señora. ¿O prefiere que lo haga con su hijo?
―No ―se apresura a responder, casi muda por el sobresalto de verlo tan campante en su alcoba―, pase. Puedes irte, Johanna.
La joven, también tomada por sorpresa, no logra sino balbucear una despedida y sale a prisa de la habitación.
―¿Qué se le ofrece? ―Inquiere en cuanto se encuentran a solas.
―La verdad, muchas cosas.
El desagrado y desprecio de Sophie va incrementándose ante la irónica respuesta del joven marino, sin disimularlo en modo alguno replica:
―¿Y no le basta con lo que mi hijo le ha dado? ¿No cree que se le está tratando hasta mejor de lo que le corresponde?
―¿Le parece?
―Sólo a Noel Undersee se le tuvieron tantas consideraciones y, a diferencia de usted, él es licenciado.
―Yo no seré licenciado, pero soy el hijo mayor de su difunto marido.
―¿Cómo se atreve?― Se indigna la mujer, dejando caer la servilleta sobre la mesa.
―Señora, por favor… dejémonos de hipocresías, si no lo sabía antes, lo cual dudo mucho… ahora que me vio tuvo que haberse dado cuenta. Dice Don Noel que soy el vivo retrato de mi padre. Porque Antony Mellark fue mi padre. Aunque no le guste, y no crea que me siento orgulloso de un perro que seducía mujeres decentes…
―¡La mujer que se deja seducir no es precisamente decente! ―Masculla ya iracunda.
―¡Mejor dejemos ese tema, si no quiere verme realmente enojado! ―Amenaza ufano― Además no vine a verla para discutir sobre mi origen…
―¿Y qué es lo que quiere?
―Que no se ponga en mi contra y que controle a su capataz… antes de que pierda la paciencia.
―¿Quien se ha creído que es?
―¡El nuevo administrador! Escogido por su hijo… Aunque no espero su agradecimiento, ya que me estoy portando como un caballero al venir directamente con usted, sólo le pido que imagine lo que habría ocurrido si hubiese ido con Peeta. ¿Qué explicación le iba a dar para correr a los trabajadores que conocieron a su marido? ¿O piensa decirle la verdad? Que los echa porque me parezco demasiado a él. Además, señora, no hay porque ensañarse con esa pobre gente, con decirles que no hablen y darles unas pocas monedas será suficiente.
―¡Escúcheme bien! Usted no es nadie aquí para amenazar, ni para dar órdenes.
―Tan solo soy el bastardo de su marido… se lo decimos a Peeta y satisfechos los dos… ―La anciana se estremece y Gale lo nota enseguida― ¿No, verdad? Ya que están aclaradas las cosas me retiro. Ah ―aspotilla con sus ojos brillantes y pícaros antes de salir de la habitación―, no se quede todo el tiempo encerrada, con un poco de aire y de sol se vería más hermosa.
Abajo, en la cocina Johanna un tanto nerviosa, busca el consejo de Sae para decidir si le cuenta a no a Doña Sophie lo que sospecha de Prim y su sirvienta.
―Es que todo es muy raro, hubiese visto la cara de Doña Sophie cuando ese se metió a su cuarto… Ese hombre tiene una altanería, como si fuera otro patrón.
―No te metas en líos de los patrones…
―Escúcheme, Sae, porque hay algo todavía más raro… ―susurra en confidencia la joven― Yo no quería contarle a nadie, pero no logro encontrarle explicación y la verdad ya tengo miedo… El día de la boda, aquí en la cocina estaba la señorita Primrose con Clove y la señorita le ordenaba que escondiera algo en el cuarto del retrete. Al día siguiente, cuando estábamos preparando el desayuno para todos y Clove no quiso ayudarnos porque tenía un encargo de su ama, yo la seguí hasta el patio de atrás y la vi tirar algo en la basura, esperé a que se fuera y fui a revisar. Era un frasquito envuelto en un pañuelito fino, lo recogí y lo llevé a mi cuarto. Cuando más tarde lo revisé vi que tenía sangre…
Santiguándose la anciana cocinera le pregunta:
―¿Será brujería?―
―Es lo que yo pienso… Desde que recuerdo Doña Sophie me había platicado que el joven Peeta se casaría con la señorita Katniss. Pero, apareció la señorita Primrose y de pronto el casorio fue con ella, eso está muy raro, ¿no cree usted?
―¿Se lo dirás a la patrona?
―No sé, Sae… Con el joven Peeta aquí y tan enamorado… Lo mejor sería mantenerme de buenas con la señorita Primrose. Pero… no se me hace justo… Y Doña Sophie siempre ha cuidado de mí, yo creo que se lo debo…
Primrose y Peeta comparten, finalmente unos minutos en su alcoba conyugal, la joven apenas contiene la preocupación por la presencia de Thom en la hacienda y prefiere tener a Peeta a su lado, para evitar que se pueda enterar de lo que no debe. Gale no le ha dado ninguna noticia sobre el particular, y la tonta de Clove menos aun. Hablan de muchas cosas, aunque es poca la atención que ella pone a la plática, hasta que él señala:
―Estoy considerando el consejo de Katniss, tal vez tú y mi mamá deberían irse a Saint Peter durante una temporada para que las cosas terminen de encauzarse.
―¿Por qué debes escuchar los consejos de mi hermana?― Reprocha, de inmediato exaltándose su carácter ante una nueva intromisión de Katniss en su vida.
―Serénate, mi amor ―la aplaca él―. No te ofusques, la verdad también necesitaba aclarar algo, tanto tú como Cato me han metido en la cabeza que puede estarse gestando una relación entre tu hermana y Gale.
―¿Cato te dijo eso?
―Parece que los ha visto platicando varias veces y teme que Gale pueda estarla enamorando…
―¿Gale? ¿Interesado en Katniss? Por favor…
―Lo grave sería que ella le correspondiese y lo sugeriste apenas anoche. Por eso estaba interesado en conocer lo que opina sobre Gale, al final como ella fue quien propuso que se fueran todas a Saint Peter, me he tranquilizado, si estuviera interesada en él, preferiría quedarse.
―Tienes razón. Ahora escúchame a mí, cariño, no quiero ir a Saint Peter, ya no nos veríamos…
―No es tan lejos, puedo ir cada tercer día.
―¿Cada tercer día? Por lo que más quieras no me alejes de ti… Si la presencia de Gale disgusta a tu mamá que se vaya ella ―rebate con aquella coquetería que desarma y convence a Peeta―, con mi mamá y con Katniss, claro, para que le hagan compañía.
Y concluye su ruego con un apasionado beso.
Gale espera en la biblioteca a Peeta, hace ya un buen rato que le han anunciado que vendría, pero el amo de Campo Real brilla por su ausencia. En cambio aparecen por allí los expectantes ojos de Katniss, que al notar la presencia del marinero, se anima a entrar.
―Si está buscando a Peeta, está entretenido en la alcoba con su esposa.
Ignorando la insidiosa observación, Katniss le pregunta, un tanto precipitadamente:
―¿Ya habló con él? ¿O con mi madrina? Déjeme ocuparme de eso, ha sido mi culpa que usted se involucrase…
―¿Sabe cuál es su problema, Santa Katniss…? ―la interrumpe él, y sin dejarla responder añade:― Que tiene alma de mártir… Está dispuesta a enfrentarse a Doña Sophie para librarme de un problema. Y soporta mis desplantes y mi presencia con tal de salvar a Peeta de la vergüenza de saber que se casó con una cualquiera. ¿No se da cuenta que los demás pueden aprovecharse de usted?
―Pero…
Antes de que la joven pueda responder, aparece un poco precipitadamente Peeta, y los dos guardan silencio y se separan un poco; ella sobresaltada y con un poco de vergüenza, Gale con una sonrisita socarrona.
―Disculpa mi tardanza, Gale.
―No te preocupes, Santa Katniss muy amablemente me estaba haciendo compañía ―Guiña Gale.
―Les dejo, con permiso.
La joven sale de la habitación y Peeta se apresta a atender la solicitud de Gale, todavía empeñado en aclarar la situación que se presenta entre aquellos dos, sobre todo tras la escena que acaba de presenciar.
―Es muy linda Katniss, ¿verdad?
―Sí… y con muchas otras cualidades, además.
―¿Te parece?
―¿A ti no? Claro, supongo que no tantas como tu esposa… ―apostilla con mal disimulada amargura.
Peeta sonríe y le confiesa:
―Primrose es una mujer única, sé que no tiene el carácter dulce de Katniss, ella es más voluntariosa, hasta caprichosa, pero yo la adoro tal como es…
―Todos los hombres enamorados hablan así de sus mujeres.
―Supongo que sí… Y tú, Gale, ¿no te has enamorado?
―Para mí las mujeres no valen la pena, todas son interesadas y traicioneras.
―Parece que has tenido una mala experiencia ―apunta, notando el amargo rencor que destila en las palabras del marinero.
―Sí. Muy mala, pero te aseguro que no volverá a ocurrir.
―Entiendo, Gale. Y lo lamento mucho, en estos casos sólo el tiempo tendrá la última palabra. Pero, ¿de qué querías hablarme?
Gale pronto se sacude de las remembranzas que las palabras de Peeta han traído a su memoria y va de inmediato al asunto que le ha hecho solicitar aquella entrevista.
―¿Cómo consiguen a los reos que trabajan en tus tierras?
―Cato se ha encargado de eso ―responde extrañado―, ¿por qué?
―Porque acabo de enterarme que tres de mis amigos están aquí bajo esa condición. Me gustaría ver la documentación que respalda tan agradable estadía.
Sophie, que no cabe en sí de la indignación, ha hecho llamar a Brutus para ordenarle atemorizar a los empleados que querían echar e incluso le exhorta a ser educado y amable con el nuevo administrador.
―Pero, ¿por qué, señora? ―Pregunta molesto y desesperado― ¿Él la amenazó? ¿Sabe que es hijo del patrón?
―¡Cállate! No digas una palabra y obedece.
―¿Cree que si el joven Peeta se enterase lo recibiría aquí como su hermano?
―Mi hijo es un sentimental, noble y de buen corazón, aún sin saberlo le ha abierto las puertas de esta casa sin reservas, y ese infeliz se adueñaría de todo si se le dan más oportunidades. Ya puedes irte…
―Señora…
―Vete, yo sé lo que hago.
Primrose, que no ha tenido ninguna noticia de Gale en todo el día, decide dar un paseo por la casa, creando la oportunidad de enterarse qué pasó con Thom, pues ni siquiera Clove le ha ido a dar noticias. Afortunadamente se encuentra con Gale, cuando este sale del despacho de Peeta en busca de Don Noel.
―Vaya, hasta que nos encontramos. ¿Debo suponer que ya arreglaste la situación de Thom?
―La noble dama no debe temer por su honor.
―¿Sigues enojado conmigo?
―¿Y tú qué crees? ―musita―. Ante los ojos de mi gente me he revelado como un completo imbécil.
―¿Imbécil? ¿Por qué? Después de todo es a ti a quien quiero ―Oyen pasos que se acercan y Primrose soslaya: ―¿Podemos vernos en tu cuarto antes de la cena?
Gale sigue su camino sin responderle y ella furiosa debe reprimir su ira.
Tresh les informa a Don Noel y a Gale que con las cuadrillas que han regresado de los campos no volvieron Chaff y Rory. Preocupado, Gale le pide que busque a Brutus para aclarar dónde están y junto al notario se dirigen al despacho de Peeta, donde ya les espera Cato para la revisión de los documentos de los reos.
Peeta ha ubicado y está revisando los papeles de los reos, notando a la primera que faltan algunos documentos.
―Falta parte de la documentación.
―¿Qué? ―finge estar sorprendido Cato, mientras internamente maldice que Gale haya descubierto lo de sus amigos― ¿No están los detalles del delito y los años de condena?
―Sí, pero faltan los datos del juicio.
―Pero, ¿eso es necesario? Tal vez sea información confidencial.
Don Noel y Gale llegan al estudio a unirse a la revisión, Peeta les indica sin mayor preámbulo lo que está ocurriendo.
―No tengo buenas noticias, al parecer nos enviaron la información incompleta.
―¿Me permites? ―Solicita Don Noel, quien inmediatamente acota: ―Efectivamente, falta la constancia del juicio.
―Debe haber sido algún descuido de un funcionario de penal, seguramente ―Insiste Cato, pensando con rapidez la forma en la que sortear el predicamento en que se haya.
―Tal vez no hubo juicio, Thom nos ha dicho que nunca lo llevaron ante el juez ―acota Gale.
―Sea como fuere es algo que se debe aclarar a la brevedad, yo tengo que regresar a Saint Peter a resolver algunos asuntos urgentes, por tanto iré a investigar.
Cato suelta una risilla nerviosa y luego se trata de lavar las manos:
―¿Será posible que nos estén mandado a reos que no han sido debidamente juzgados?
―No le veo la gracia ―apostilla furioso Gale ante la actitud indolente de Cato―. Y si le hubiese tocado a usted, tampoco se estaría riendo.
―Sucede Gale, que la maquinaria burocrática y la negligencia de agunos empleados permiten que ocurran estas cosas ―acota Peeta―. ¿Por qué regresa al pueblo, Don Noel?
―Tengo un par de asuntos de importancia que atender. Pero vuelvo, hijo, estaré de regreso tan pronto tenga respuesta. Me llevaré, con tu permiso, estos documentos para hacer las averiguaciones pertinentes.
―Por supuesto.
Tras la partida del notario, Peeta nota la mirada airada que Gale le dedica a Cato, e intenta interceder por este último:
―Por favor, Gale, no vayas a culpar a Cato por esto.
―¿A mí? Evidentemente no soy responsable de la ineficiencia de nuestros funcionarios… ¡En manos de quienes hemos caído!
Repentinamente Brutus llega al estudio, bastante azorado, con noticias que empeoran la situación.
―Don Peeta, vengo a informarle que dos reos se escaparon.
Súbitamente exasperado, Peeta vuelca sus reproches en el amigo al que acababa de defender:
―Ya ves por qué no quería hacerme cargo de ese tipo de gente, Cato. Se escapan y ahora hay que mandar a buscarlos…
―¿También tú vas a culparme de los males de este país?
―¿Cómo se llaman?― Inquiere Gale de inmediato, temiendo que se trate de sus amigos.
―Sus nombres son Chaff y Rory. Voy saliendo a emprender la búsqueda.
―Son mis amigos. Yo también voy.
Apresuradamente Gale les avisa a Don Noel y a los demás que Brutus ha traído la noticia de que sus amigos se han escapado y sin perder tiempo se va a encabezar la búsqueda de Rory y Chaff.
―Es mentira ―señala Thom, totalmente extrañado―, ellos no se fugarían dejándome atrás.
―Pienso lo mismo, pero por lo pronto poco podemos hacer, más que confiar en que Gale los encuentre. Tresh tú vienes conmigo, voy a necesitar tu ayuda para iniciar la búsqueda de Annie en el pueblo, mientras yo me entiendo con Thread para encontrar los papeles de los muchachos. Tú, Thom, recomiéndale a Gale que no haga locuras, dile que piense dos veces antes de hacer cualquier cosa y mantén un ojo sobre este pequeño revoltoso para que tampoco se meta en problemas―concluye señalando a Vick.
NdA: ¡Hola! Sí, aunque parezca mentira he vuelto, como el cometa Halley... Espero que les haya gustado el capítulo. Y… Nos seguimos leyendo.
