Capítulo 3

Los días pasaron y con ellos las semanas sin que ninguno se diera cuenta. Así como si nada pasaron más de tres meses desde la llegada de la pequeña Rachel Gardner al orfanato. Desde su ingreso no han ocurrido cambios significativos, pero si pequeños. Uno de los más importantes era su sola presencia. Aunque no lo admitieran en voz alta, los niños le temían a la rubia. Su indiferencia ante la vida misma y su apariencia frágil y delicada sumada a su altura baja la hacían parecer una muñeca de porcelana fría. Pero no cualquiera, sino una poseída. Era un recipiente vacío, pero que aún así tenía vida propia. Lo más llamativo de ella eran sus ojos estremecedores, sin brillo alguno y que te seguían si hacías algo que llamase su atención. Esa fue la razón por la que se ganó su "dulce bienvenida" apenas llegó. Aquella mañana, la niña despertó temprano junto con los demás. Los otros al verla trataron de molestarla solo verbalmente, pero al ver la falta de reacción y su forma de actuar se horrorizaron internamente, sentían que algo no estaba bien dentro de esa pequeña; sintieron que una pesada y oscura energía emanaba de su ser. Y así, en un pacto silencioso entre ellos, decidieron eliminar eso. Por otra parte, ese día descubrieron el siguiente cambio que se tendrían que acostumbrar: el monstruo protegiendo a la muñeca. Sin que pudiesen terminar de acabar con la pequeña, Zack apareció defendiéndola. Lo que para ellos era señal de peligro y alejarse de ella, para él era lo contrario, ya que desde ese hecho ese dúo se volvió inseparable. Para donde iba el castaño, iba la rubia a pesar de que le dijera que le diera tiempo solo. Esa situación les incomodaba tanto a los demás huérfanos que decidieron ignorarlos completamente. Ese fue el último cambio dentro del refugio: el exilio de Zack definitivo. Ya no se atrevían a dirigirle burlas ni golpes.

Por su parte, Zack también notó esto último, aunque nunca pudo entender la razón del cese de hostigamiento hacia él. La única respuesta que podía pensar era que se debía a que él ya no estaba tanto tiempo en la propiedad y que simplemente se aburrieron. Últimamente pasaba todos los días en el canal o en el pueblo con Ray, a quien veía como una mezcla de mascota y hermano menor. Ella casi nunca se despegaba de él y aunque trataba por las buenas que la rubia le diera de vez en cuando su espacio, al último tenía que recurrir en cargarla y dejarla en un lugar más o menos lejano para después salir huyendo lo más rápido que podía. Eso le daba cuando mucho media hora de descanso antes de que llegase como fiel sabueso a su encuentro, lo cual demostraba su inteligencia al saber leer su rastro. Aunque no era muy difícil tampoco, ya que el chico no era para nada cuidadoso y terminaba dejando un camino de tierra dispersa, plantas pisadas y ramas caídas. A pesar de ese detalle, no le resultaba molesta su presencia. Ray, por el otro lado, procuraba siempre seguirlo y estar con él sin estorbar, aunque sin darse cuenta era demasiada pegada a él. Hablaban de todo lo que pensaban o imaginaban, excepto de cómo fueron sus vidas antes de ser abandonados. Entre los temas tabú que procuraban silenciosamente no mencionar estaban las quemaduras de Zack, el estado de descuido en el que llego Rachel y qué pasaba en las noches que el chico tenía que trabajar afuera de la casa. Eso último si trató al principio la rubia de saber de la boca del muchacho, pero siempre resultaba en un cambio de tema radical o un seco "no te interesa". Eso fue el primer mes, hasta que la pequeña llena de curiosidad y cansada de no saber la razón de quedarse hasta la madrugada despiertos lo desobedeció y siguió. "Ni te atrevas en moverte de aquí, Ray" siempre decía cuando le dejaba a tres metros de donde él iba a estar, obligándola a quedarse sentada en medio de unos arbustos para que no mirase lo que pasaba. Zack pensaba que todavía la niña era demasiado pequeña e inocente para saber la cruda realidad, menos para ver cadáveres de sus antiguos compañeros. Una noche, Rachel se cansó de tanto misterio y, escondida, vio lo que realmente pasaba. Sus pupilas se contrajeron del horror y sus ojos azules se oscurecieron un poco al ver el trabajo deshumanizante que tenía que hacer el castaño, quien se encontraba absorto en sus pensamientos y trataba de enfocarse en otra cosa menos lo que estaba haciendo. La rubia no duró mucho en el lugar, se fue sin decir nada a su sitio. Cuando el niño volvió, no escuchó ningún reproche o pregunta, solo recibió un abrazo de la chica. De alguna forma, supo que ya no había secreto que ocultar.

Zack se encontraba sentado, dado vuelta mirando con aburrimiento un caracol que pasaba frente de él. Por su parte, Ray se estaba bañando en el canal, el chico le advirtió que tuviera cuidado con caerse y que cualquier cosa gritara. Esa era una rutina que adquirieron al mes de conocerse, siempre que la pequeña terminaba su baño llamaba al mayor para que la ayudase a salir de allí. Era algo complicado para el castaño, ya que procuraba tener sus ojos bien cerrados al momento de sacarla mientras que tenía que tener cuidado de no lastimarla. El peor accidente que tuvieron fue cuando el niño no agarró bien sus brazos, provocando que ella cayera para atrás y golpeara su cabeza. Por suerte, rápidamente la sacó de allí y esperó con preocupación hasta que despertara de su desmayo. Desde ese día, Zack tuvo miedo de que algo así pasara de vuelta y procuraba tener más cuidado.

-¡Zack!- grito la pequeña mientras extendía sus brazos. Esperó unos segundos hasta ver a su compañero tomándola con fuerza y lentamente subiéndola. -Listo.- dijo cuando ya se encontraba en la orilla. Él solo asintió y como pudo volvió a su lugar, dándole la espalda hasta que se secara y se cambiara, lo cual llevaba otros minutos más.

Rachel miraba los cabellos del chico moviéndose con la brisa. Cuando ella terminara de vestirse, el podría ir a bañarse tranquilo, siendo ella la que esperaría. Sin embargo, él no necesita de ella, lo cual la hacía sentir inútil. A pesar de todas las veces que este le dijo que no sabría que haría sin ella (de forma indirecta) cuando ideaba sus planes para asaltar a las personas y quitarles su comida, sentía que eso no era nada. El que más ponía esfuerzo siempre era Zack, ella solamente daba las indicaciones que él cumplía; eso le aterraba. Le horrorizaba el hecho de pensar que cuando creciera y se volviera más inteligente supiera que ella no es indispensable.

Por ello, se juró que eso no pasaría.

Siempre trataba de seguir aprendiendo y entrenando su mente para encontrar las mejores y más innovadoras soluciones dependiendo de su situación. ¿Era egoísta? Sí, a pesar de ser demasiado joven sabía que tanto era su egoísmo. Cuando estaba en su antiguo hogar con su familia, su madre se encargaba de recordárselo, de alguna forma podía ver que algo en su interior no estaba bien. ¿Pero que podía esperar de ella si era como una réplica de su madre? Si ella era un monstruo, su progenitora era uno peor porque ella la creo en base a sus propios defectos y errores. Rachel lo sabía, lo entendió al escuchar a su padre.

"Deja de verme así, mocosa. Me recuerdas a tu madre, no las soporto. ¿Por qué tienes que ser igual a ella?... ¡Deja de mirarme así, maldita bruja!"

Luego de esa frase se recordaba tirada en el piso, su mejilla ardía por el fuerte contacto con la palma de su padre. Cerró los ojos y movió su cabeza de un lado a otro, tratando de olvidar aquella sensación desagradable. Ahora estaba lejos de él, de su madre y de todo aquel que la haya conocido antes. Luego de la primera semana que pasó en el orfanato se dio cuenta que era mejor estar allí que en su antiguo hogar. Obviando el primer día que pasó ahí, no ha vuelto a ser golpeada o agredida verbalmente (al menos no directamente). Incluso ya no se sentía tan sola como antes, ya que estaba Zack con ella, quien a pesar de que se un chico bruto y con una inteligencia más baja que la del promedio, por lo menos intenta de protegerla a su manera tosca. Esa protección lograba que su mente y cuerpo entraran en un trance, uno tan fuerte que podría llegar a asustar a cualquiera si se enterase, más si esa persona intentaba algo para alejarla del niño. ¿Egoísta? No había duda que si. ¿Interesaba? En lo absoluto, siempre y cuando el joven este a su lado.

Tocó sus brazos y al darse cuenta que ya estaba seca se puso su ropa rápidamente. Luego, se acercó al castaño para avisarle que estaba lista.

-Muy bien.- dijo el chico mientras se levantaba.- Ahora vete donde siempre y no te muevas hasta que termine.- al ver el asentimiento de la menor, se dio la vuelta y se fue para bañarse, lo necesitaba luego de la noche anterior. Otro entierro más.

...

Luego de unas horas, se encontraban en la pequeña ciudad. Estaban sentados en el mismo callejón de siempre, esta vez habían logrado robarse unos sándwiches. Rachel estaba algo desconcertada por una conversación que escuchó antes de salir huyendo.

"Esta noche habrá luna azul" ¿Luna azul? ¿Acaso va a cambiar de color? Sin duda la rubia estaba desconcertada y dudaba que su compañero sepa de lo que se trataba. Sin embargo, tenía curiosidad de ver que pasaría esta noche.

-Zack.- habló cuando terminó de tragar.- Escuche que hoy habrá una luna azul.- al ver la cara del chico de confusión supo que estaba en la misma situación que ella.- Tampoco entiendo eso, pero tal vez la luna se vuelva azul. Podríamos verla para saber que es.- sugirió, bajando sus hombros mientras volvía a comer.

-Mmhj...- dijo el niño mientras masticaba. Era raro pensar que eso podría llegar a ocurrir, pero si lo decían era por algo. No iba a mentir, pensar que eso pudiese llegar a pasar le emocionaba en el fondo.- Esta bien, enana, veremos que tal. Espero que no me estés mintiendo.- la rubia meneó la cabeza para indicar que no lo hacía, lo cual le provocó una leve risa al niño. La rareza de la chica ya hasta se le hacía graciosa.- ¿Lograste tomar alguna billetera?

-Esta vez no, perdón.- respondió con simpleza.- Pero esta vez no nos afecta, además tenemos de las otras veces.

-Si, supongo que tienes razón.- para ambos era raro que él llegase a preguntar por eso, ya que si habían logrado robar comida el dinero no les servía de mucho. Zack sintió que esa pregunta salió de la nada, ni el mismo se entendía. Lo mejor sería que ambos dejen pasar ese momento.

...

Ya eran pasadas las ocho de la noche cuando sintió el grito histérico de la mujer junto con los insultos de su esposo. Zack gruñó ante esto. ¿Tanta mala suerte tenía que después de toda una noche trabajando en la tierra, venga otra mocoso y se muera después de haber terminado? Rachel tomó su mano para ver si eso lo tranquilizaba en algo, pero solo logró que se contuviera de gritarles todo lo que se merecían. Debía aguantar si no quería tener un ojo morado por una semana como pasó la última vez que los confrontó.

-Sera un rato, Ray, luego podremos ver la luna.- habló mientras iban para el lugar. Antes de que pudiera indicarle a la rubia que se vaya para el lugar, salió el hombre. En su mirada había algo que les dio miedo a ambos niños. Detrás de él, había una chica, temblando y desorientada.

-Lárgate de aquí.- dijo el señor, empujando a la niña fuera de la residencia. Lentamente, esta comenzó a caminar.-Muñequita, ven aquí, hay algo que quiero conversar contigo.- dijo con una sonrisa que resultaba desagradable.

La mano de la menor se sujetó más fuerte con la de el castaño, quien habló en su defensa:

-Lo que le tenga que decir me lo puede decir a mi.- respondió Zack con molestia. El hombre lo miró y se acercó a él de forma autoritaria.

-Me refería a la rubia, no a ti, adefesio. Ahí está el niño de hoy, apúrate que no quiero que su olor comience a dispersarse.- ordenó, mientras tomaba el brazo de la chica con fuerza para que entrase con él. En toda esta escena, la mujer no dijo nada, solo miraba con asco a la pequeña y cerró la puerta cuando su esposo entró.

El niño se quedó mirando a la puerta, sin moverse ni decir nada hasta que escuchó la risa de la menor, entre sollozos y lágrimas.

-Ahora ella sabrá lo que es sufrir.- tartamudeó mientras se abrazaba con fuerza.- No podrás protegerla ahora, monstruo.- más lágrimas caían, pero su sonrisa no desaparecía.

-¡¿A qué te refieres, estúpida?!- exclamó en cólera, bastante preocupado de lo que iba a ocurrir.

La niña solo se dio vuelta y comenzó a caminar hacia donde estaban los demás, pero sin dejar de reírse.

-Lo sabrás cuando termine.- soltó antes de que se perdiera entre las sombras.

Los ojos de Zack comenzaron a moverse con terror, Ray era demasiado débil para protegerse sola. Un golpe en secó lo hizo volver a la realidad. Fue a dentro de la casa. Sin importarle mucho si la mujer lo veía, se adentró al lugar. Ninguno de los tres estaba en la sala. La televisión prendida estaba transmitiendo una película de terror. Él nunca había visto una en su vida, ya que cuando vivía con sus hermanos y madre no tenían TV. Se quedó hipnotizado a las imágenes que aparecían, la pareja sonriendo, siendo feliz. ¿Era justo que ellos fueran felices? ¿Por qué él no podía serlo?

De repente, los gritos de Ray se escucharon por toda la casa, creando eco.

-¡Ayuda! -gritaba desesperada.- ¡Ayuda!- repitió. Una y otra vez. Pero él no se podía mover, su cuerpo no reaccionaba. Sentía frío en su columna y un agudo dolor en su cabeza. Aún así, no despegaba su mirada de la película. Ver como aquella pareja feliz era masacrada sin piedad por un asesino enmascarado le generaba una nueva sensación.

Satisfacción. Felicidad. Venganza.

Venganza.

Venganza.

-¡Zack, ayuda!- esta vez pudo tener control de si mismo, pero a la vez sentía que sus músculos se movían por él. Fue corriendo a la cocina, buscando algo que lo pudiese ayudar con su plan. Con su deseo de venganza y proteger a la niña de lo que sea que este pasando dentro de esa habitación.

-¡Zack! ¡Zack!- pedía una y otra vez con horror y miedo, su voz se quebraba más con cada grito.

Un cuchillo para cortar carne. Grande y filoso.

Era perfecto.

Al tomarlo, fue corriendo con una gran velocidad a la habitación donde el viejo tenía a la niña. Al abrir la puerta, la pequeña estaba pálida, con lágrimas en sus mejillas, a punto de perder la conciencia del miedo.

-¡Qué haces con eso, mocoso!- gritó con enojo y miedo el hombre, a lo que Zack sonrió. -¡Aléjate de aquí!- con esta última frase soltó a Rachel, quien estaba semi-inconsciente. Su remera rasgada y su cuello marcado con los dedos del hombre. El ceño de Zack se frunció con una fuerza sobrehumana se tiro sobre él.

Lo último que escuchó Rachel fueron las carcajadas de Zack y los quejidos de dolor del hombre antes de desmayarse en el suelo. Llorando, pero con una sonrisa de alivio de que todo había terminado. De haber sido salvada.

...

Cuando despertó la niña vio al castaño, con sus vendas teñidas de carmesí y en shock. Pero aún así sonriendo. Siendo feliz. Al ver a la puerta de salida, vio a la esposa del hombre, también tirada en el suelo con rastros de apuñaladas. Seguramente habría intentado de escapar, fracasando. Con dificultad se levantó del suelo y se acercó al chico. Este seguía en trance. Sus ojos ya no eran lo mismo, uno estaba más dilatado que él otro y había una chispa roja en ellos.

-Ahora sí debes pensar que soy un monstruo. ¿No es así?- preguntó Zack, mirándola. Su voz estaba ronza, seguramente por todo lo que gritó mientras estaba dormida.

Zack miraba los ojos de Rachel. Estos seguían iguales que antes. Medio muertos. No había rastro de miedo o de asco como él había esperado ver de la niña. Su actitud era igual que la de antes. Nada cambió en ella. O por lo menos no algo que él pudiera ver directamente. Al ver que negó su afirmación sin dudarlo, lo hizo enfurecer. ¿Quién mierda estaría normal o bien sabiendo que está al lado de un asesino? ¿Quién en su sano juicio no estaría asustado por su propia vida? Odiaba las mentiras, por eso puso el filo del cuchillo en su cuello, pero sin encontrar respuesta.

-Mientes. Tienes tres segundos para escapar, si te alcanzo te matare.- amenazó.- Uno... -la rubia lo miró un poco sorprendida ante esto, pero no se movió.- Dos...- seguía sin moverse.- T... - antes de terminar, la pequeña lo abrazó como pudo. Con fuerza.

-No me pidas que me vaya porque no lo haré.- confesó la niña.- Siempre estaré contigo, no me importa que hayas matado o si lo sigues haciendo. No me interesa nadie más que vos, Zack.

Silencio. Zack no podía reaccionar ante tales palabras de Ray. Sus ojos estaban mirándose mutuamente. No había señal de mentira. Incluso, había un brillo especial en los ojos azules de la niña. Aunque aún le costaba creer que ella estaba siendo sincera, sabía que sus palabras eran honestas.

-Nunca te mentiría, Zack.- dijo la chica con una leve sonrisa en sus labios.

Y por primera vez desde que se conocen, Zack correspondió a su abrazo.

...

Era media noche cuando decidieron descansar un rato de su huida. Antes de salir de la casa, tomaron lo que sabían que necesitarían en su viaje. Un par de buzos y remeras, una mochila, algo de comida, dinero y un arma que Rachel había encontrado debajo del suelo, el cual le llamo mucho la atención ya que sabía como debía usarse gracias a su padre, quien era policía. Luego, fueron donde habían estado escondiendo el dinero y sin más comenzaron a correr hacia la ciudad, llegando a la plaza que a Rachel le gustaba estar. Allí decidieron tomar un respiro, ya que debían ser rápidos antes de que los niños conozcan lo que hicieron. Si iban a llamar a la policía o no era incierto, pero ante la duda era mejor prevenir.

Se fueron hasta un árbol y allí se quedaron. Gracias a la oscuridad, ninguno de los peatones se daba cuenta del par de niños que estaban ahí, con sangre en su ropa y manos.

-No se ve azul la luna.- dijo con desilusión la niña, quien esperaba también al igual que el mayor ver algo más espacial.

-Es una basura.- susurró el otro con enojo, pero en vez de regañarla por creer lo que los demás dicen, decidió alentarla un poco.- Pero es más grande que otras veces. ¿No?

Rachel miró al cielo con atención. Lo que decía era verdad. Estaba enorme a comparación de su tamaño habitual. Esto la sorprendió un poco, tal vez Zack era más inteligente y sensible de lo que aparentaba. Y tal vez un día no la necesitaría más. ¿Qué haría ella después? Antes de que pudiese seguir con su negatividad, sintió la mano de él golpeando su cabeza.

-Deja de poner esa cara, es deprimente.- reclamó el castaño.- Deberías estar feliz, escapamos de esa mierda de lugar.

-Sí.- respondió.- Zack.

-¿Y ahora qué pasa?

-Quiero que hagamos una promesa.

Ante esta frase, el chico pensó que la pequeña le haría prometer que nunca se separarían o alguno otra estupidez de ese estilo, pero lo siguiente lo sorprendió.

-El día que ya no te sea útil, mátame.- expresó la menor, haciendo que el otro se sorprenda.

-¿Pero que dices?- exclamó sin saber que pensar.- ¿Por qué quieres que te mate?

-Porque el día que ya no me necesites, me volveré un estorbo y no tendré otra razón para vivir.- sonaba como una mujer con la tonalidad de su voz y lo que decía que daba miedo.- Y pude ver que cuando matabas eras feliz. Por eso, el día que ya no quieras estar conmigo déjame cumplirte un último favor. Por favor, Zack.

No sabía que decir. ¿Cómo una niña de tres le estaría pidiendo algo semejante? Y recordó: era una mocosa. Una pequeña que lo más probable al crecer se le olvide esta absurda promesa. Porque para él era absurda, ya que sentía que nunca podría estar sin ella ahora. Además, había mucha otras personas que podría matar tranquilamente, ella sería la última de sus opciones. Inclusive antes se mataría él. Pero ahora no tenía deseos de razonar con ella y Ray parecía que no iba a cambiar de opinión a lo que dijo. Aceptaría, pero sabía que eso nunca iba a suceder.

-Esta bien, Ray. Cuando me aburra de ti, te matare. Pero mientras tanto, nunca más menciones esa promesa. ¿Quieres?- la rubia sonrió y asintió, acomodándose más en el pecho de Zack. Hacía frío y a pesar de que podía ponerse uno de los buzos, prefería estar así.

-No te vayas a dormir, enana. En un rato tenemos que seguir con nuestro camino- ¿A dónde? Ni él sabía, tampoco le interesaba mientras que ellos dos estén juntos.

...Fin...