—Los personajes son de Masashi Kishimoto, la historia es lo único que me pertenece y hago esto sin fines de lucro.


Ámame otra vez


Capítulo I
Mentira


—Te amo, Naruto — dijo tiernamente la peliazul después de separarse de su amado cuando terminaron su beso.

—Yo también, Hinata.

Su mirada no tenía comparación, sus hermosos orbes perla profesaban un infinito amor al rubio, como si fuera lo más precioso en el planeta.

Dos personas se encontraban discutiendo en una elegante habitación, al parecer de un hotel muy caro.

—¡En serio Naruto, no sé cuánto más podré soportarlo! — hablaba con un gran desprecio aquella chica.

Sí, era definitivamente muy hermosa. Cabello rubio, ojos lila, esos ojos denotaban una atractiva seguridad y claro, no podía faltar su perfecta figura, pero es que se veía tan irresistible con aquel vestido negro que llegaba hasta su rodilla y se ceñía perfectamente a sus atributos.

—Por favor, te pido más tiempo, te juro que hago lo posible por alejarla.

—¡Te la pasas diciéndome eso!, dime ¿Cuánto tiempo ha pasado?, ¡Llevas 2 años casado con ella!

—Por favor, amor — esta vez el rubio se paró del sillón donde se hallaba sentado para abrazar fuertemente a la hermosa rubia por la espalda. — Sabes que sólo deseo estar contigo.— dijo susurrando sensualmente en su oído.

La chica se estremeció ante su contacto, pero claro, no le desagradó, se giró para mirarle, rodeó su cuello con sus brazos y se pegó más a él.

—Naruto, yo ya no puedo seguir esperando más, ya no quiero ser tu segunda opción, es humillante. — Y pronunciar aquello le causaba dolor en su corazón.

—Tú no eres mi segunda opción, preciosa.

—Sí, claro— por un momento la chica se quedó en silencio meditando muy bien aquello que iba a decirle. —¿Te sigues acostando con ella?

Eso definitivamente lo tomó por sorpresa, ya que dio un respingo. Seguido de eso, él bajó la mirada.

—Sabes que lo hago por ti.

—¡Vaya, tan sacrificado mi caballero! — dijo apartándose de él.

—Shion—habló profundo el ojiazul. —No te miento, no siento nada cuando estoy con ella.

—¿Entonces por qué no la dejas?, ¿Qué te detiene cariño? — dijo volviendo hacia donde se hallaba el rubio, abrazándolo y hundiendo su rostro en su pecho.

—Aunque no la ame... sí la aprecio. — hizo una pausa, parecía que le iba a costar decir lo que pensaba— Tengo mucho tiempo de conocerla, ella no es una mala persona, ha hecho demasiadas cosas por mí, ella merece a alguien mejor que yo... —Estoy dispuesto a estar contigo, sólo dame tiempo, no quiero que la noticia sea devastadora para ella.

Ella hizo una mueca de desagrado, sin embargo, le habló de nuevo.

—Nunca la has amado, ¿no crees que es peor si vas dejando pasar más tiempo?

—Yo... mi intención nunca ha sido herirla. —dijo mientras su mirada se ensombrecía.

—Yo lo sé cariño, pero date cuenta, ella sufrirá más si la sigues ilusionando, le romperás su mundo de ensueño. Debes decírselo, eso sería bueno para todos— dejo de hablar para plantarle un suave beso en los labios, no fue tierno, fue más bien con la intención de provocarle. —Piénsalo, ella no sufriría más, ni tú, ni yo...— se vio interrumpida, ya que él la besó con ansiedad, deseoso de que ella le correspondiera. —P-prométeme... que... se lo di-dirás.—pronunció entre gemidos.

—Te lo prometo— dijo cegado por el placer.

¡Dios!, pero es que ella se sentía la mujer más feliz del mundo.
¿Cómo no iba a estarlo?, tenía un esposo al que amaba más que a su vida y que le correspondía, no podía desbordar más felicidad.

—De acuerdo Hinata, ya todos sabemos que estás feliz— dijo burlonamente una bella ojijade.

La ojiperla se sonrojó al ser descubierta y sonrió.

—Lo siento Sakura, es sólo que no puedo evitarlo.

La pelirrosa soltó una risa y la miró con ternura.

—Me alegra que no puedas evitarlo, mereces ser feliz, Hinata.

—Gracias por pensar eso, Sakura.

—¡Yo deseo que sea así, mi Hina!

Las dos amigas rieron y siguieron conversando animadamente en aquella cómoda cafetería, era muy sencilla, pero mantenía un agradable ambiente hogareño, se había convertido en el lugar preferido de aquellas dos, de hecho, prometieron que ese lugar era tan especial que no podían llevar a nadie más, no compañeras, no amigas, sólo ellas, sólo ellas que tenían un lazo tan fuerte. Bueno, había una excepción... sólo llevarían al que creyeran que iba a ser el amor de su vida.

¿Cómo describir el lazo entre Sakura y Hinata?, bueno, ellas eran amigas prácticamente de nacimiento, en verdad, sus madres eran grandes amigas y, por lo tanto, ellas crecieron juntas. Siempre estuvieron ahí la una para la otra.
Sakura se podría decir tuvo una vida feliz, pero Hinata era otra historia, ella sufrió mucho desde que su madre falleció, a partir de eso su vida pareció destrozarse.
Sakura siempre la apoyó y Hinata también, nunca dejaron a la otra sola, no importaba cuales fueran las circunstancias, nada importaba cuando se necesitaban.
Ellas eran hermanas, hermanas hijas de diferente madre, así de grande era su vínculo.

—Esa expresión en tu rostro se ve muy linda, esposa. — sonrió la pelirrosa.

Tenían una extraña costumbre de llamarse de esa forma, cuando la gente las escuchaba las veían de forma rara, ellas sólo se echaban a reír.

—¡Es la expresión del amor! — suspiró Sakura.

—Yo en verdad lo amo, Sakura— dijo con las mejillas sonrojadas y con esa mirada perdida e iusionada.

Hinata preparó la cena como todas los días para recibir a su marido, siempre ponía todo su amor en cada comida, quería que a él le gustara, que la viera como a una mujer capaz, linda.

Escuchó la puerta abrirse y se dirigió hasta la entrada a recibir a su esposo como siempre.

—Estoy en casa.

—Bienvenido a casa. —dijo sonriéndole y dándole un tierno beso en los labios. — La cena está casi lista, cariño, ¿quieres tomar un baño primero?

—Si, gracias.

La vio alejarse, seguramente para preparar su baño y seguir cocinando.

Él se dirigió hacia el baño, el cuerpo le pesaba, realmente quería relajarse, no seguir pensando en qué haría, le había prometido a Shion que se lo diría, ya no podía seguir aplazándolo más tiempo.

Suspiró pesadamente.

—¿Sucede algo? — se notaba la preocupación en la voz de su esposa.

—No es nada, es sólo que estoy cansado, ya sabes, mucho trabajo en la oficina.

Le estaba costando en serio verla a los ojos, ya no podía soportar la culpabilidad.
Era cierto lo que Shion le había dicho, era mejor ya no ilusionarla.

Una vez en la cocina se encontraban cenando, eso sí, la Hyuuga notó que su rubio estaba muy serio, él no solía comportarse así. Se quedó viéndolo un momento, hasta que el blondo se percató de su mirada.

No lo habían notado, pero desde hacía un rato ambos habían dejado de comer.

—Hinata, debemos hablar. —el tono con el que articuló la frase fue sumamente serio. Había sido frío y cortante, en toda su relación jamás se había dirigido a ella de esa manera, fue ahí cuando pensó que no vendría nada bueno, sintió un miedo alojarse en su pecho a la vez que un escalofrío le recorrió la espalda.