11 DE NOVIEMBRE DE 2013. 01:34 P.M. CENTRO DE COMANDO DE SHIELD (3 SEMANAS DESPUÉS)
Para Sophia y Steve los días pasan en un borrón monótono: pesadillas, despertar, entrenar, misiones, análisis, dormir, pesadillas, que se repite por tres semanas. El Capitán Rogers, pensando que se encuentra en la hora de misiones, camina hacia la oficina de Fury enfundado en su característico uniforme.
– Fury – saluda fríamente entrando a la oficina.
Luego de las decenas de experiencias donde la integridad de la castaña se ha visto comprometida por orden del director, el trato que le dedica el soldado se ha convertido en más seco.
– Capitán, le tengo una invitación – anuncia con voz monótona levantándose de su escritorio. Si el director ha notado el cambio de actitud, no lo ha mencionado.
Steve frunce el ceño cuando se le es entregado una hermosa invitación a una cena que apenas necesita mirar para saber que es de alguna persona importante, como un empresario o un político.
– Es hoy – nota el rubio.
– Sí, no es pública tu dirección así que todas tus invitaciones son manejadas por SHIELD – explica Fury, aunque dada la falta de invitaciones recibidas por el soldado es claro que son rechazadas – Considero que es bueno que hagas una aparición en esta cena – dice con un tono más parecido a una orden que a una sugerencia.
– ¿Por qué? – pregunta antes de poder contenerse.
– Quien extiende la invitación es un viejo conocido que me pidió un favor – responde el director sin inmutarse. A pesar de su reputación de niño bueno, Steve no es el tipo de persona que sigue ordenes ciegamente.
Steve abre la boca para replicar, no es usual en Fury mandar a alguien solo para hacer un favor a un conocido. Pero este lo despide con un gesto para luego volcar su atención en archivos. Rogers rueda los ojos, resignado a que no va a recibir más información y sale de la oficina.
Como no tiene ninguna otra misión más que ir a la misteriosa cena, decide cambiar su ropa e irse en su moto a su departamento, al llegar es recibido por su querida gatita. Luego encuentra a Holmes desparramada en el sillón mirando la televisión, lo cual no sería tan raro si su pie izquierdo no estuviera elevado y rodeado de bolsas de hielo.
– ¿Qué pasó? – pregunta Steve con preocupación.
– Pues mira Jake y Amy aceptaron la apuesta, pero… Oh, hablas del pie. Nada importante – responde la chica encogiéndose de hombros.
– Y supongo que el hielo es porque te dio calor en el pie – dice sarcásticamente el rubio sentándose en un pequeño espacio libre a lado de la chica.
– Me lo esguincé, pero fue una estupidez – afirma Sophia haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia.
Para ella realmente fue una estupidez. Fue a una misión dónde tuvieron que recuperar a unos rehenes de un tren, logró regresar a la nave sin ningún rasguño a pesar de las miles balas lanzadas hacia ella y dos explosiones. Luego, cuando ya estaban a salvo y ella estaba consumida por sus pensamientos, se tropezó con un escalón y se esguinzó el tobillo. Pero se reconforta en el hecho que se recuperará pronto.
Se quedan mirando la televisión, Steve perdido en sus pensamientos considerando que gana Fury de que él vaya a una cena, mientras Sophia mira constantemente su teléfono. El soldado sabe que ella está revisando cualquier información sobre el paradero de Charlie. Luego de algunos intentos fallidos del padre de Sophia para ganar su atención, pasó a aislar a su sobrina. Después de 3 semanas de no saber casi nada de ella hoy es lo más cerca que ha estado de rendirse y hacer la voluntad de su padre.
– ¿Tienes planes para hoy? – pregunta nerviosamente Holmes luego de lanzar su teléfono a la mesa.
Steve lo reconoce como un intento de distraerse, así que le sigue la corriente.
– Me invitaron a una cena elegante… – inicia.
– Deberías ir – responde Sophia sin dudarlo ni apartar la mirada de la televisión.
– Pero ni siquiera te he dicho de qué es – se queja Steve.
– Este fin de semana es el Día de los Veteranos y tu eres el Veterano más importante de la 2º Guerra Mundial. Hay una cantidad enorme de fiestas que les gustaría tenerte como invitado especial – explica con obviedad.
– Pero… –
– Tu me obligaste ir a la cita horrorosa, yo te obligo ir a una cena aburrida – insiste fervientemente la chica.
– Si quiera yo te di helado – rueda los ojos el rubio.
– Está bien, mañana iremos por helado – cede Sophia con una sonrisa.
– ¿Estarás bien quedándote sola? Porque suena a que quieres deshacerte de mí – inquiere el rubio adoptando un semblante más serio.
– Estaré bien, llamaré a Mary para que venga a hacerme compañía, tomaré una siesta de 10 horas, o puede que haga un maratón de alguna serie – asegura tranquilamente.
Steve se queda callado. Ha visto demasiadas veces a la castaña fingir estar bien para alejarse de todos y sumirse en su camino de autodestrucción.
– No pienso hacer ninguna locura. Solo quiero estar sola un rato – suspira la chica cuando nota su vacilación.
– Estaré a una llamada de distancia si necesitas cualquier cosa – asegura el rubio.
– Lo sé – responde por fin viéndolo a los ojos con una sonrisa.
Steve le revuelve el cabello para ir a su habitación a cambiarse, es seguido por Watson que enseguida se acurruca en la cama del rubio. Él revisa la invitación encontrando que tiene que usar un esmoquin en lugar de su uniforme formal del ejército, lo cual le parece raro ya que es un evento de Veteranos, pero lo deja pasar.
Una vez arreglado vuelve a ver la invitación con mayor atención, hay algo que le parece raro en ella, pero no puede especificar qué. Sin embargo, sus dudas son interrumpidas por los chiflidos aprobadores que Holmes le lanza en cuanto sale al pasillo.
– ¡Que guapo! Ahora ve, diviértete y consigue una madre para Watson Jr – ordena la chica.
Steve decide que llegar en su moto no es tan buena idea para mantener su traje y cabello presentable. Así que toma un taxi que lo lleva a las afueras de la ciudad a una enorme mansión llena de luces, invitados y decenas de banderas de Estados Unidos y el ejército.
Entra sin llamar mucho la atención disfrutando los benditos segundos de anonimato antes de que comiencen a reconocerlo y rodearlo como una bandana de buitres tratando de ganar su simpatía. En ese momento agradece a Fury por haber ocultado las invitaciones para otras fiestas.
A pesar de que nadie está en uniforme, la postura de varios invitados deja claro quienes son los veteranos. O quizás solo es que él ha pasado demasiado tiempo con Holmes y ha comenzado a ver las cosas desde su perspectiva.
Saludando a la multitud de invitados, sobretodo a decenas de generales y coroneles del ejército Steve se hace una pregunta ¿Qué estoy haciendo aquí? No es alguien que precisamente disfrute estar en fiestas, menos en fiestas de alta sociedad, y mucho menos fiestas cuyo propósito es idolatrarlo. Tuvo suficiente de ellas en los 40's.
Holmes necesitaba espacio sola, se recuerda. Pero si en verdad necesitaba dejarla sola pudo haber ido a un café o salir a dar una vuelta en su moto. No venir a esta fiesta. Aunque en el fondo sabe que lo que en realidad lo motivó fue la curiosidad de por qué Fury quería que fuera. Qué tipo de conocido tendría el suficiente poder como para llamar a Nick Fury, pedir a Capitán América y que Fury aceptará.
Su respuesta es contestada cuando un hombre mayor se abre paso en la multitud. No necesita saber su nombre para saber que es el anfitrión por la forma en que se mueve saludando a todos con amabilidad y firmeza por igual, mientras los demás lo miran llenos de respeto y un poco de envidia.
Se detiene a un par de pasos del rubio y con su llegada el grupo de personas que lo rodea se dispersa. De cerca puede percibir que sus ojos grises lo analizan de una forma que le recuerda a Holmes. Además, todo en él impone poder. Desde su cabello castaño y ligeramente canoso, hasta su traje y zapatos perfectamente cuidados.
– Es un honor tenerlo aquí, Capitán – lo saluda estrechándole la mano con una sonrisa aparentemente cálida.
– Es un placer, tiene una hermosa casa – responde amablemente.
– Gracias. Cada año hago esta cena en honor a los veteranos, mi padre estuvo en el ejército al igual que mi hija más pequeña – dice con orgullo – Mi padre, de hecho, fue compañero suyo en los 40's. Gilmore Hogde – agrega.
– Por supuesto – suelta Steve sorprendido.
Mirándolo detenidamente puede ver el parecido en la forma de la cara, algunos rasgos como la nariz y la constitución de su cuerpo.
– Es un gran soldado – decide decir el rubio.
Aunque no hay muchos halagos que pueda decir de su ex compañero del ejército. Ambos eran candidatos para el suero y Gilmore era el favorito por su habilidad para seguir ordenes a pesar de ser un bullie, sin embargo, Steve terminó recibiéndolo por ser un "buen hombre".
– Era. Lamentablemente falleció hace dos años, cáncer – explica el anfitrión adoptando un semblante sobrio.
– Lo lamento – musita bajando la mirada.
– Gracias, hablaba mucho de usted y de su tiempo en el ejército. Tanto que inspiró a mi hija más pequeña a seguir sus pasos – dice recuperando su tono orgulloso – De hecho, ya debe de haber llegado – agrega volteando para buscar a su hija. Steve sigue la mirada de su anfitrión pasando por la multitud.
Entonces la ve.
La seguridad con la que se mueve es lo primero que nota. Luego el hecho que tiene un vestido índigo claro y largo, demasiado simple comparado con los vestidos del resto, pero de alguna forma eso solo la hace ver más elegante. El vestido es de manga larga y oculta los músculos de su espalda y brazos, aún en un lugar lleno de veteranos la definición, fuerza y cicatrices de ellos llamarían la atención.
Completa su imagen con el cabello en un medio recogido que deja caer rizos a sus hombros, su confiable cruz descansa en su pecho y su cara está cuidadosamente maquillada haciendo que sus ojos verdes se vean más luminosos.
Hermosa, es el único pensamiento coherente que logra formular Steve.
Luego recuerda que dejó a Sophia descansando en el departamento con el tobillo esguinzado. Sus ojos recorren a la chica buscando cualquier diferencia, pero los ojos verdes de la chica estudian su entorno fríamente mientras su rostro se mantiene una expresión de estudiada indiferencia. Además, puede percibir la vacilación cada vez que recarga su pie izquierdo.
– Sophia ven un momento – la llama el hombre arrogantemente – Te quiero presentar a nuestro invitado especial –
Ella voltea mirando al soldado, por sus ojos pasa una oleada de pánico que desaparece tan rápido que Steve se pregunta si en verdad la vio.
– Un gusto Capitán, soy Sophia Hodge – se presenta extendiendo su mano con una sonrisa.
Al oír el nombre completo la mente del Capitán viaja a cuando los riñones de la chica fallaron. "¿Hodge? Sé que no te apellidas Holmes, pero creía que tu apellido era Hayle" "Familia adoptiva, ¿recuerdas?". Ese apellido es el que vio en la invitación, era la cosa extraña que no podía ubicar.
Maldición, siempre olvido ese apellido.
Pero eso quita cualquier duda que esta es su compañera.
– Steve Rogers – responde aún aturdido.
Se estrechan la mano, ella pone una fuerza extra instándolo a no hablar.
Al poco tiempo el soldado se vuelve a ver rodeado de personas, está vez de gente que quiere hablar con el gran político Harold Hodge y su brillante hija Sophia. Steve se queda callado tratando de poner coherencia a todo lo que conoce de la familia de la castaña. Se supone que están peleados, se supone que hace 3 semanas que no habla con ellos, ella estaba tan molesta que la vio consumir media cajetilla de cigarrillos en dos horas.
Antes de hacerle caso a la parte que sugiere que volvió a hacer manipulado recuerda otra cosa que Holmes le dijo: "Sigue siendo mi padre, lo sigo amando y generalmente hago todo lo que dice sin oponer resistencia. De la misma forma que el me ama y concede mis caprichos"
Se supone que parte de su terapia incluía poner límites con su padre, al parecer el progreso con el contacto humano va incluso mejor que eso.
Aunque viéndolos interactuar puede ver lo complicada que es la relación. Cada vez que alguien elogia a Sophia, sobretodo sobre un comentario acertado que ella hace, la mirada de Harold se enciende con orgullo, y cada vez que pasa eso aparece una sonrisa de satisfacción en la castaña. Su padre parece feliz de que ella sea tan inteligente y ella parece feliz de recibir su aprobación.
Además, si él no supiera que Sophia es adoptada no dudaría que es su hija. Va algo más allá de su similitud física, cuyo único parecido es que ambos son castaños. Ambos comparten la misma fría mirada de indiferencia que dedican al resto del mundo, la postura altiva y arrogante con la que ambos se paran e incluso levantan la ceja al mismo tiempo cuando alguien dice algo estúpido.
Pero lo que Steve no entiende es porque Sophia decidió ocultarle esto. Sí solo iba a esta reunión de veteranos, ¿por qué le mintió? Y la pregunta que más ronda en su cabeza es ¿si pudo mentir sobre esto sobre que otras cosas habrá mentido?
11 DE NOVIEMBRE DE 2013. 04:22 P.M. PROPIEDAD HODGE. AFUERAS DE NUEVA YORK. SALÓN PRINCIPAL.
¿Qué hace aquí?, me cuestiono viendo a Steve de reojo, de inmediato regreso la mirada al senador que nos está hablando de su perro y forzo una sonrisa. No soy lo suficiente ingenua para pensar que su presencia es una simple casualidad. Todo debe ser un plan cuidadosamente formulado, ¿pero para qué?
Solo puedo culparme a mi misma por dejarnos caer de lleno en esta trampa. El me dijo que tenía una cena y yo estaba demasiado sorprendida de mi buena suerte como para cuestionarme de quién era la invitación. Para este punto ya tendría que quedarme claro que no tengo buena suerte.
Mis ojos vuelven a recorrer el lugar buscando cualquier vestigio de mi pequeña sobrina. La única razón por la que estoy aquí, y si no viene todo este desastre habrá sido para nada.
Por fin vislumbro una cabecita de cabello rubio perfectamente peinado. Dejo de ver al senador para llamar la atención de Charlie, en cuanto me ve ignora a su madre y corre a mis brazos. Nos envolvemos en un abrazo, por unos segundos nada importa sólo el pequeño peso de su cuerpo y el calor que envuelve mi pecho.
– Te extrañé mucho, tía Sophie – exclama apretándose más a mí.
En estas tres semanas las imágenes de ella siendo encerrada en mansiones completamente sola o enviada a internados del otro lado del mundo han llenado mi cabeza, lo cual no es lo peor que podrían hacer si recordamos que mi padre accedió que experimentaran conmigo a los 11 años. Aún así tengo que reprimir las lágrimas de verla sana y salva.
Nos deshacemos del abrazo y ella ve que Steve está a mi lado. Su cara se ilumina y se vuelve para abrazarlo a él también. Sin embargo, tengo que detenerla, si se supone que no conozco a Capitán América no hay razón por la que ella también lo conozca.
– Charlie, este es el Capitán Rogers – digo con un tono de confidencialidad.
Los ojos azules de mi sobrina se encienden con entendimientos y ajusta su postura.
– Un placer conocerlo, yo soy Charlotte Adams – se presenta con una sonrisa adorable.
Sin embargo, cuando vuelvo mi mirada al rubio, encuentro su cara descompuesta. Seguramente no aprueba lo fácil que Charlie entendió mi mentira y se adaptó a ella. Sus ojos buscan los míos en busca de una explicación, pero no me permito dársela, no cuando somos el centro de atención de tantas personas y estoy segura de que mi padre observa todos mis movimientos.
Finalmente, Steve suelta un suspiro y sonríe cándidamente, la única sonrisa verdadera que le he visto hacer en toda la tarde.
– Mucho gusto, puedes llamarme Steve. ¿Quieres ver las fotos de mi gatita? – pregunta agachándose para quedar a su altura.
Charlie asiente energéticamente mientras Steve saca su teléfono.
– ¡Que lindo una gatita! – exclama mi hermana Elena, que llegó en algún punto mientras abrazaba a Charlie– Recuerdo que una vez Sophia encontró una gatita en la calle y la trajo a casa –
– ¿Qué? – exclama el par de rubios deteniendo sus movimientos en seco.
– Yo no recuerdo eso – me defiendo rápidamente cuando cuatro ojos azules me miran con reproche por oponerme cuando ellos hicieron lo mismo.
– Claro que sí, tenias como 5 años y estabas desesperada por tener una mascota – se burla – Pero nuestra madre la hizo liberarla porque soy alérgica –
Vaya, ese si es una memoria que reprimí profundamente. Seguramente porque estaba desesperada en tener un amigo y porque cuando mi madre se deshizo de la gatita lo hizo con una bolsa y agua. Maldición, Rogers tiene razón todas las historias de mi infancia son horribles.
– La cena se servirá en 5 minutos, favor de pasar a sus lugares – anuncia un mesero abriendo las puertas que conducen al patio.
En el se puede apreciar una enorme carpa iluminada por lámparas finas y cubierta de más decoraciones patrióticas. Dentro hay por lo menos 30 mesas distribuidas.
– Un gusto, Capitán. Con permiso, llevaré a Charlie a su mesa– me despido huyendo lo más rápido que puedo tomando de la mano a mi pequeña sobrina.
La dejo en una mesa especial para los niños y me quedo hablando con ella por unos minutos para asegurarme que ha estado bien las últimas semanas. Me tranquiliza diciéndome que las pasó con sus tutores e incluso se reunió con algunas amigas suyas. Tengo que reprimir un suspiro de alivio, Charlie no es el tipo de niña que sobreviviría ser puesta en aislamiento.
Cuando noto que todos ya se están dirigiendo a sus lugares me despido y me dirijo a la mesa que tengo asignada. Mi esperanza de estar lejos del soldado se acaba cuando veo a mi hermana colgada del brazo de Rogers caminando a nuestra mesa. No hay duda de que es bajo la sugerencia de mi padre.
– Elena, estoy segura de que el Capitán tiene su propio asiento en la mesa principal – inicio amablemente – Después de todo es el invitado de honor –
– Claro, pero ¿para qué quiere sentarse en esa aburrida mesa cuándo puede sentarse con nosotros? Aparte ya recibí permiso de papá – explica emocionada.
Steve está tenso por la proximidad de mi hermana, pero antes de que alguno de nosotros pueda objetar ella lo arrastra al asiento entre el de ella y el mío. Se supone que ese pertenece a su esposo, pero no lo veo en ningún lado.
Todos los de la mesa, que se constituye principalmente por mis tíos y primos involucrados en la política, están encantados que el grandioso Capitán América vaya a cenar con nosotros. Antes de que sirvan la sopa lo llenan de preguntas indiscretas sobre los 40's y la invasión Chitaurri, al punto que tengo que desviar las preguntas un par de veces porque percibo la incomodidad del soldado a mi lado.
Aun así, noto lo enojado que está por la forma en que dice Sophia cada vez que se refiere a mí. Es claro que no puede llamarme Holmes sin revelar que nos conocemos, pero ni siquiera usa el "Sophie" de mi familia. Aparte su Sophia tiene oculto el tono decepcionado y preocupado que usa cuando está molesto conmigo, algo que pasa demasiado seguido como para que pueda identificarlo con facilidad.
Pero con todas las preguntas apenas tiene oportunidad de hablame. Incluso me alegra el hecho que toda la atención sea dirigida a Rogers porque la quita de mí y de mis constantes faltas a las reuniones familiares. O por lo menos hasta que sirven el plato principal: carne de puerco bañada en salsa de tamarindo y puré de papa.
– ¿Por qué esa cara? No me digas que vas a empezar con tus payasadas de lo que puedes o no comer – resopla molesta mi tía Ivonne.
Reprimo el impulso de rodar los ojos, cuando digo que no puedo comer algo suele ser porque el órgano que se encarga de procesarlo acaba de fallar, no porque soy quisquillosa con la comida. Aunque el caso es que soy alérgica al tamarindo.
– Seguramente es porque le comenté que quería probar esto – interrumpe Steve con una encantadora sonrisa.
Con movimientos seguros y cuidadosos cambia su plato por el mío poniendo frente a mí un filete de carne y ensalada. Una de las sutiles formas de mostrar el dinero de mi padre es tener varios platos principales pues triplica el precio del caterring. Aunque solo hace que sea más raro que me hayan dado ese plato, mi padre sabe que soy alérgica al tamarindo.
Busco a mi padre en la mesa principal y encuentro sus ojos grises mirando a Steve con curiosidad, esto era una prueba. Una que fallamos terriblemente pues muestra que Steve conoce mis alergias o se preocupa lo suficiente por mi como para cambiarme el plato.
– En Navidad sirvieron un delicioso mousse de tamarindo. Por supuesto que lo comiste – alega mi tía, lo que me hace volver mi atención a la mesa.
– Ivonne, ella no estuvo en la fiesta de Navidad – explica su esposo.
– ¡Pero que barbaridad! – exclama indignada – ¿Pero en dónde estabas? –
Abro la boca para responder, pero soy interrumpida.
– Estaba en un hermoso pueblo de Sudamérica que no tenía internet – responde mi hermana, pero el tono que usa es más una burla que una verdadera respuesta.
– Viaje a Sudamérica, así que ahora así le dicen – dice con desdén mi tía Ivonne causando que casi toda la mesa se ría entre dientes.
– ¿Por lo menos sabremos el nombre del muchacho? – pregunta otra tía.
– Les aseguro que no hubo ningún muchacho – respondo secamente. Lo único divertido que hice con un hombre en ese periodo fue asesinarlo para escapar, pero dudo que quieran esa historia.
Todos comienzan a murmurar en desacuerdo.
– Creo que me enteré de eso, fuiste a una beneficencia para el agua, ¿no? – interrumpe Steve con amabilidad.
– Si, era una comunidad que no tenía gran acceso a agua potable – explico.
Cuido mi expresión para no mostrar sorpresa que haya recordado esa excusa, debí habérsela comentado una vez hace meses. Pero no puedo evitar una pequeña sonrisa. Ese es el Steve que conozco, a pesar de que está enojado no puede evitar ayudarme cuando estoy en aprietos., algo que le estoy eternamente agradecida.
Elena reclama su atención enumerando todas las beneficencias que ha ayudado en la empresa de su esposo y pronto todos comienzan a presumir cualquier hecho de caridad que han hecho en su vida dejando mi desaparición de Navidad en el olvido.
Cada pocos minutos examino discretamente la carpa para encontrar los ojos de alguno de los matones de mi padre analizando a Steve, seguramente bajo mandato suyo.
Es una misión, tan solo es una misión. La forma de mantenernos vivos es fingir que no nos conocemos. Se amable, pero usa esa fría indiferencia con la que tratas a los extraños. Aunque es mil veces más sencillo convivir con los amigos de mi padre que con mi familia, son más fácil de manipular sólo hablas un poco de ellos y ellos continúan hablando por horas.
– ¿Qué se sintió cuando entraste al hielo? – pregunta mi tío Will ignorando el escalofrío que le produce a Steve su pregunta.
– ¿Se enteraron de que el vaticano está debatiendo sobre las parejas homosexuales? – interrumpo inmediatamente.
– Nena, ¿no ves que estamos hablando con el Capitán? – pregunta irritada mi tía Ivonne.
– Si, Sophie. Por favor lee la conversación – replica Elena rodando los ojos.
– Tu mejor concéntrate en bailar, querida. Esta conversación es de adultos – dice otra tía causando que todos rían. Porque según mi familia, lo único que hago bien es bailar.
Pasa una hora con más preguntas impertinentes e intentos de no mostrar que nos conocemos bajo la mirada de mi padre y los demás invitados. La cena termina y pasamos al interior de la casa, tanto para resguardarnos cuando comienza a bajar la temperatura como para mostrar el poderío de mi padre en forma de adornos caros.
Me muevo de un lugar a otro manteniendo distintas conversaciones y encantando a los invitados tal como se espera de mí, aunque esquivo cualquier intento por hacer contacto físico. Además, aprovecho cualquier oportunidad para hablar más con Charlie. En una esquina veo como un grupo de personas, principalmente mujeres y veteranos, rodean a un muy incómodo Rogers, así que intento mantenerme alejada de ahí.
Camino por más agua, paso cerca ignorando la mirada de ayuda de unos ojos azules porque una mujer peliroja se encuentra a su lado riendo tontamente y tocando su brazo cada oportunidad que tiene. Del otro lado se encuentra mi padre con sus ojos grises analizando mi reacción.
– Sophia, ven querida – me llama con una sonrisa envenenada.
Mantengo una cara neutral y voy a su encuentro. No se que tipo de reacción espera que tenga al ver a Steve ser acosado, probablemente alguna forma de celos, pero llevo tanto tiempo burlándome de él que apenas me afecta.
– ¿Qué sucede? – pregunto con delicadeza.
– Quería hablar con el Capitán Rogers de la diferencia que fue en sus tiempos a como es la guerra ahora – dice sin despegar sus ojos de mi cara.
– No hay tanta diferencia, los soldados seguimos teniendo el mismo espíritu americano, simplemente con más tecnología – respondo con las palabras que he usado miles de veces para encantar a viejos coroneles.
– ¿Cuál diría usted que es el espíritu americano? – pregunta Rogers seriamente, pero puedo ver el brillo de diversión en su mirada. Lo que solo significa que pretende provocarme por haber dicho algo tan estúpido.
Lo maldigo internamente por poder ver a través de mi fachada de perfecto soldado tan fácilmente. Sin embargo, fuerzo una sonrisa.
– La esperanza de un futuro mejor y de proteger a todos los que amamos – respondo llevando las manos a mi pecho en un gesto teatral.
Steve contiene una carcajada tomando más de su vaso de champagne.
Los demás en el grupo, incluyendo la esposa de mi padre Lydia, simplemente asienten esperanzadoramente. Sin embargo, lo más cerca que han estado de un campo de batalla fue la invasión de Nueva York y aún así ellos estaban protegidos en sus mansiones a las afueras de la ciudad.
– Bueno ha pasado demasiado tiempo desde tus días en Afganistán – suspira dramáticamente Elena – Claramente – agrega señalando mi cuerpo de forma despectiva.
– Creo que deberías empezar a acompañarnos al gimnasio – dice Lydia compartiendo una sonrisa falsa con mi hermana.
Ignoro la pulsada de pánico que golpea mi pecho. Tu cuerpo está bien, tu cuerpo está bien, me repito. Generalmente su comentario no me afectaría, pero hoy no estoy muy estable. Además, ya tengo demasiadas cosas de que preocuparme como para agregar una recaída en mis problemas alimenticios.
– Yo creo que te ves bien – indica Steve con una sonrisa amable, aunque es inconfundible la preocupación que veo en sus ojos – Tus músculos lucen musculosos – bromea lo que, a pesar de todo mi autocontrol, logra sacarme una sonrisa.
– Mal entendió nuestro comentario, querido Capitán – alega Elena tomando su brazo para reclamar su atención, alejando a la mujer pelirroja y ganándose una mirada de muerte.
– Sí, solo me gustaría que nos acompañara al gimnasio – añade Lydia batiendo inocentemente sus pestañas.
Eso hubiera engañado a cualquiera, pero Steve conoce demasiado de mi problema con mi cuerpo y la razón de ello para creerles. Sin embargo, ambos lo dejamos pasar y la conversación continúa dirigida por mi hermana y mi madrastra, cuidando de no incluirme más de unos pocos segundos.
– He oído que le interesa el arte, tenemos una hermosa colección de Matisse – presume mi padre con tranquilidad, como si tener cuadros caros fuera usual – Sophie, ¿serias tan amable de enseñársela al Capitán? – pregunta sorprendiéndome.
– Sería un placer para mí – comenta Elena dando un paso al frente antes que pueda responder.
– Me encantaría. Adoro la manera en que Matisse rompe lo establecido de hacer cuadro-ventana – responde Steve genuinamente emocionado.
La seguridad de Elena vacila ante el comentario. Su buena voluntad proviene de la ilusión de estar sola con Steve, no de la ilusión de hablar de arte.
– Creo que la adecuada de hablar de arte es Sophie – habla sin reparos Lydia.
Elena la fulmina con la mirada, pero Lydia la ignora sonriéndole al soldado. Es curioso pensar que tan solo unos segundos antes ellas estaban unidas contra mi, pero Lydia traicionaría al mismo Diablo si eso complacería a mi padre.
– Están en el segundo piso. Si es tan amable de seguirme, Capitán – anuncio monótonamente.
Enseguida los demás encuentran la idea de ver arte encantadora y se unen a nuestra pequeña excursión. Excepto mi padre, que como buen anfitrión tiene que quedarse con el resto de los invitados. Aunque comparte una mirada significativa con mi hermana antes de desaparecer en la multitud.
Subimos al segundo piso y comenzamos a caminar hasta un cuarto que funge como galería. Voy dando una pequeña descripción de quien fue Matisse con algunos comentarios de Rogers, que ahora es rodeado por 5 mujeres.
Casi hemos llegado a la galería cuando algo atraviesa mis pies haciéndome perder el equilibrio, mis reflejos me ayudan a recuperarla rápidamente, solo tengo un segundo para respirar cuando algo se estrella contra mi tobillo izquierdo. Me precipito al suelo, pero soy detenida por dos fuertes manos.
– Pero que torpe, me he tropezado – exclama dramáticamente Elena siendo sostenida por uno de los amigos de mi padre.
Sé que ella me pateó apropósito, fuera de ello soy incapaz de formular otro pensamiento o palabra por el dolor que ahora irradia por toda mi pierna. Un dolor tan intenso que me causa nauseas y me hace aferrarme al brazo de quien me sostiene.
– Bueno, bueno. Tampoco hay que exagerar solo fue un golpecito – ríe Lydia dándome una palmada en el brazo cuando no me levanto.
Con esto provoca que pierdan la atención en mi y la mayoría continúa su camino hasta la galería excepto un par de personas que se quedan a mi lado, el sonido de las risas lejanas es lo que me hace consciente que no puedo derrumbarme frente a ellos.
– Iré por un poco de hielo – murmuro lográndome incorporar.
Avanzo cojeando por el pasillo, cada paso es una batalla contra el dolor y las nauseas. Una vez que giro y quedo fuera de su vista abro la primera puerta y entro dando tumbos hasta el bote de basura más cercano. Me dejo vencer en el suelo y la deliciosa carne de la cena sale por mi boca. Cuando termino me recargo en la pared tratando de regularizar mi respiración.
– Así que no fingiste lo del tobillo – dice una voz grave.
Volteo para ver al soldado recargado en la puerta.
– Si vienes a molestarme o darme un sermón, voy a vomitar encima de ti – suelto haciendo una mueca de dolor al mover mi pie lastimado.
Veo pasar preocupación por sus ojos, así que le hago un gesto y él pasa cerrando la puerta a su espalda.
– Teníamos una regla, puedes tener secretos, pero no puedes seguir manipulándome – susurra seriamente caminando hasta que queda a unos pasos de mí.
– No te manipulé – respondo con un hilo de voz.
– Creo que mentirme para que me fuera y que tu pudieras venir aquí cuenta como manipulación – objeta enojado.
– Entiendo que estés molesto conmigo, y que tenemos un historial de dejar que nuestras discusiones interfieran en misiones, ¿pero podríamos tener esta conversación en un lugar en el que no nos vigilen? – suplico aún recuperando el aliento.
Sus ojos se cargan de pánico e inmediatamente comienzan a analizar el cuarto en espera de cualquier cosa oculta.
– No te preocupes no hay cámaras o micrófonos, pero si hacemos ruido alguien puede venir a buscarnos – lo tranquilizo.
– ¿Qué es este lugar? – pregunta cauteloso.
Es una habitación ligeramente grande. Tiene una cama gigante, un armario, un escritorio lleno de material científico y un librero lleno de libros y trofeos, todo el mobiliario está pintado en colores pasteles e inmaculadamente limpio.
El cuarto pertenecía a una niña pequeña que hacia exactamente lo que pedían sin cuestionar nada y que pensaba que lo tenía todo en el mundo, una niña pequeña que murió hace tiempo.
– Es el cuarto de mi infancia – suelto en voz baja.
Las facciones de Steve se tiñen con sorpresa y parece olvidar que está enojado conmigo porque su vista recorre la habitación con asombro. Parece reconocer partes de mi en la simpleza del cuarto, en los materiales científicos y en los cientos de libros.
– ¿Por qué tus trofeos están aquí? – pregunta acercándose a verlos con curiosidad.
No debió de pasarle desapercibido que en el salón central hay una vitrina llena de trofeos de mis hermanos mayores.
– El psicólogo de mi hermana pensó que mis trofeos influían en su depresión – respondo agradecida por el cambio de tema – Como viste, no soporta el hecho de no ser el centro de atención, así que los pusieron aquí y me intentaron mandar a un internado para que no la molestara – termino acomodándome en el piso.
– Eso es horrible – responde consternado.
– No tanto, así terminé viviendo con Tony por un año – explico quitándole importancia.
Logro levantarme recargándome en el escritorio y poniendo la mayor parte de mi peso en el pie sano y mis brazos. Sin embargo, eso no evita que una nueva oleada de nauseas me rodee.
– Si en verdad estás lastimada, ¿cómo puedes mantenerte de pie? – inquiere acercándose al ver mis brazos titubear.
Levanto un poco mi vestido revelando que mi tobillo izquierdo está cubierto por una clase de tobillera de metal que sostiene mi peso y anestesia mi pie. Una de las extrañas y mágicas tecnologías de SHIELD. Aunque ahora tengo que arreglarlo porque mi hermana le dio de lleno al control.
– ¿Me pasas el desatornillador que está en el primer cajón? – pregunto dejándome caer en una silla.
Todo en su postura denota que está molesto, pero me hace caso y me entrega el desatornillador. Enseguida acomodo el pie en el escritorio, quito la tapa de la tobillera y comienzo a mover los cables para que vuelva a funcionar. La tobillera sigue sosteniendo mi peso, pero dejó de adormecer mi pie así que cada movimiento me causa gran dolor.
– ¿No era más fácil decirles que te lastimaste? – inquiere mirándome trabajar.
– Crees que es coincidencia que Elena haya pateado el pie que tengo lastimado – bufo conmovida por su ingenuidad.
Él suelta un gruñido pasando la mano por su cabello. Sin siquiera mirarlo sé que sus ojos están cargados de desaprobación.
– Además, esperan que baile con grandes dignatarios, que salude a todos con una gran sonrisa y que parezca fuerte y sana como un buen soldado. Sobretodo hoy que estamos celebrando a los veteranos – explico secamente.
– ¿Por qué harías esto? Odias toda esa diplomacia – me le quedo viendo, enarcando una ceja, dejando que él conecte los puntos – Oh, Charlie – exclama.
Asiento lentamente.
– A mí mi padre me convenció diciendo que podía ver a Charlie si venía y ti seguro te convencieron con alguna artimaña – explico terminando de acomodar los cables.
Ajusto la tapa de la tobillera y presiono un pequeño botón. Soltando un gemido de satisfacción siento como la anestesia comienza a adormecer mi pie.
– De hecho, solo me lo pidió Fury – anuncia Steve.
– Eso es extraño. Aunque debo confesar que ignoré que había 9.7% de probabilidades que la fiesta a la que te invitaron fuera la de mi padre – reflexiono en voz alta.
Mis pensamientos son interrumpidos por unas carcajadas femeninas provenientes del pasillo. Mis manos vuelan a los cuchillos que tengo ocultos en mi pierna y Steve adopta una postura de pelea, oímos las voces alejándose por el pasillo, pero no nos relajamos hasta que se dejan de oír.
– Deberíamos salir. No tardaran en buscarnos, después de todo eres el invitado de honor – murmuro probando poner peso en mi pie – Sal tu primero, ve a la galería y alega que querías asegurarte de que yo estaba bien – sugiero.
– Sí vine a ver si estabas bien – confirma el rubio con obviedad.
– Exacto muy convincente – bromeo haciendo que ruede los ojos – Llama a algún mesero y envíalo aquí con hielo. No lo necesito, pero justificará porque no salimos juntos –
El asiente mirándome caminar un par de pasos para asegurarme que la tobillera funcione.
– Nuestra discusión no ha terminado – asegura adoptando un tono más sombrío.
– Conociendo nuestras discusiones, ni siquiera ha empezado – suspiro – Ahora, ve y mantente lo más lejos que puedas de mi el resto de la noche –
Luego que me quedo sola, no tengo que esperar mucho hasta que la señora Hudson llega con hielo. Bajo su mirada y regaños por mi descuido me quedo sentada poniendo hielo a mi pie derecho, ya que no le puedo enseñar la tobillera, y sólo hasta que me da su aprobación me deja volver a la cena.
Vuelvo a mis rondas de encantar a los distintos invitados y aprovechar el tiempo con Charlie que se mantiene aferrada a mi mano mientras caminamos por el salón. Steve se queda alejado de nosotras, aunque sigo sintiendo la mirada de los matones de mi padre tanto en mí como en él, tomando nota de todos nuestros movimientos.
Pasada la medianoche los invitados comienzan a retirarse poco a poco, cerca de la 1 acuesto a Charlie en uno de los cuartos de invitados. Una vez que estoy segura de que va a estar bien me dirijo a la puerta con toda la intención de salir lo más rápido posible. Llego a la entrada donde veo a Rogers recoger su abrigo también listo para irse, se que viene una pelea, pero cualquier perspectiva es mejor que pasar otro momento aquí jugando a ser la hija perfecta.
– Señorita Sophia, su padre quiere verla – anuncia alegremente la señora Hudson llegando a mi lado.
El hecho que todavía quedan invitados viendo es lo único que me detiene de gritar "NOOOO" y salir corriendo. Sin embargo, la señora Hudson me conoce demasiado para saber que no quiero ir, así que su mirada se suaviza.
– Se que ya es tarde, pero entre más rápido vaya más rápido termina – me anima dándome una afectuosa palmada en el hombro.
Le dedico una sonrisa en agradecimiento y comienzo a caminar. Siento la mirada confusa del rubio cuando me ve subir la escalera, pero no me permito devolverle la mirada, no cuando está tan cerca de salir de aquí. Además, para quitar a Steve de las garras de mi padre, tengo que enfrentarlo. Y la señora Hudson tiene razón, entre más rápido vaya, más rápido va a terminar.
Esta vez cuando llego a la puerta de su oficina no me detengo a tocarla, simplemente entro tranquilamente. La petulancia del cuarto es lo primero que me recibe, como siempre mi padre está sentado detrás de su escritorio y a pesar de la hora no muestra ningún signo de estar cansado.
– Espero que te hayas divertido, después de todo está fiesta es en tu honor – dice dedicándome su sonrisa envenenada.
Pero lo sorprendo dedicándole una sonrisa exactamente igual.
– Ambos sabemos que está noche fue para tu diversión – respondo.
– No tan divertido como encontrar donde vives – alega – Primero encontré tu departamento oficial, pero luego de vigilarlo me di cuenta de que no pasas tiempo en el –
No le doy la satisfacción de ver algo más que indiferencia en mi rostro.
– Debo admitir que descubrir donde duermes, fue complicado – continúa sirviéndose un vaso de Whisky – Tuve que poner un chip en la mochila de Charlotte, se desactivó antes de llegar a tu edificio, pero nos acercó lo suficiente – explica orgulloso.
Luego de que el idiota de Alexei fue a mi departamento, era lógico suponer que mi padre sabe donde vivo. Así que dupliqué la seguridad y le dije al portero que no dejara pasar ningún visitante a mi departamento a menos que yo lo hubiera dicho expresamente. Aunque, ahora tengo una confirmación verbal para alegar a mi terapeuta que toda mi paranoia y la compra de tanto material para bloquear transmisiones es justificada. Pero para ser honesta esas precauciones eran para SHIELD y no mi padre.
– ¿Por qué tantas molestias para saber dónde está tu hija? – resoplo ocultando mi admiración por un trabajo de investigación tan bien hecho.
– Oh, ¿no te he enseñado nada querida Sophia? – pregunta con falsa ternura.
Lo ha hecho, todo es para manipularme. Para usar mis debilidades en mi contra.
– ¿Por qué él? – pregunto la duda que ha rondado mi mente toda la noche – Pudiste haber usado a muchas otras personas para intentar lastimarme, y de hecho al inicio lo hiciste –
– Tenía que ir por lo que más amas – dice con desdén admirando su Whisky, como si la conversación comenzara a aburrirle – Lamentablemente tu madre no te enseñó como ocultar amantes – agrega dándome una breve mirada.
Bueno el ejemplo que tu me diste no fue realmente bueno, pienso, pero me contengo antes de decirlo. Las cosas no van a terminar a mí manera si le hecho en cara que se casó con la mujer con la que engañó a mi madre.
– El Capitán Rogers no es mi amante – respondo en su lugar.
– Es lo suficiente cercano para que lo dejes tocarte – infiere – Últimamente no me dejas ni a mí tocarte – murmura para sí mismo.
– No lo dejé tocarme – aseguro.
Fui especialmente cuidadosa de eso, con todos los ojos mirándonos sabía que era lo primero que iban a buscar. Eso explica por que lo sentó a mi lado durante la cena, comer hace que las personas se relajen y cuando se relajan cometen errores. Aunque olvidó que ponerme cerca de mi familia no crea un ambiente relajado.
– Cuando tu hermana te dio ese pequeño golpe en el pie, él fue el primero en sostenerte y tu no te apartaste – explica haciendo énfasis en las últimas palabras.
– Tu argumento es basado en que me deje agarrar porque otra persona me golpeó el pie que tengo esguinzado. Lamento desilusionarte, pero estaba demasiado concentrada en el dolor como para ver quien me sostenía – respondo sin interés.
Sin embargo, eso significa que mi hermana me pateó por orden de mi padre. Debí suponerlo, ella generalmente usa métodos más discretos cuando está molesta conmigo como enterrar sus uñas en mi brazo o tirar agua en mi vestido para que tenga que irme.
– No me molesta que estés con él, Sophia. De hecho, esto puede ser muy bueno, esa es la clase de publicidad que no puedes comprar – dice y como para confirmarlo me dedica una sonrisa verdadera que lo único que hace es incomodarme más.
Un signo muy claro que estoy haciendo algo mal con mi vida amorosa es que mi padre lo aprueba. Espera un segundo, ni siquiera salgo con él. Esa no es mi vida amorosa.
[Aunque si quieres a ese patriótico de pacotilla], me sisea la voz de mi cabeza que había estado inusualmente callada toda la velada. Probablemente disfrutando de mi sufrimiento.
– … Luego pondremos a los medios de comunicación en su relación, todo aprobado por mi publicista claro – continua mi padre regresándome a la conversación –Tendremos que modificar un poco las misiones que él acepte de SHIELD, rechazar las que no vayan con nuestras políticas. Fury será difícil de convencer, pero tu te encargaras de eso –
– ¿Disculpa? – pregunto.
Desde cuándo mi trabajo es hablar con Fury para que las misiones a las que vaya Steve sean de acuerdo con la política de mi padre.
– Parece que se lleva bien con Charlie así que hará proyectos de beneficencia, podemos involucrar a Elena en ello – sigue ignorando mi pregunta – Su vida será más pública, así que contrataremos un publicista solo para él. Tendrá que trabajar en como habla en público, todavía puede mejorar. No estaría mal que empiece a dar conferencias de su lucha en los 40's o con los Vengadores –
No deja de hablar dando ideas, posibilidades o compartiendo planes previamente formados. Pronto las palabras se confunden unas con otras, pero estoy segura de una cosa. No puedo dejar a Steve atravesar esto, no lo puedo dejar convertir en una marioneta.
Steve con sus brillantes ojos azules, con la serenidad en la que resuelve todos los problemas. Steve quien aún continúa adaptándose a este siglo, pero intenta salir adelante con cada centímetro de su testarudo cuerpo. Steve, quien sigue atormentado con sus demonios y aún con su poca aparición pública siente el peso de fingir que todo está bien en él.
– No – sentencio antes de poder contenerme.
Interrumpo a mi padre a media oración, sus ojos grises se fijan en mí, mirándome como un león acechando una pequeña gacela.
– ¿Cómo podrías convencerlo? No somos pareja – aclaro apelando a su lado lógico.
– Si algo me di cuenta hoy es que el Capitán siempre ayuda a otros, pero está particularmente dispuesto a ayudarte a ti – explica y algo en la forma que lo dice hace sonrojar mis mejillas – Además, como pudiste comprobar, tengo mis medios para llegar a él –
– No, no lo permitiré – lo reto.
– Entonces, sería una pena que la pequeña Charlotte se vea afectada – responde fríamente.
– ¿Qué quieres? – escupo.
No soy tan inocente para pensar que no lastimaría a su propia nieta si eso lo ayudaría a conseguir más poder. Aislarla del mundo no es lo más extremo que le podría hacer si eso significa que tendría mi cooperación.
– Sabes exactamente lo que quiero – responde enarcando cada palabra.
– No voy a trabajar para ti – decreto con seguridad.
Sin embargo, la visión de Steve ser rodeado por todas las arpías que también llamo familia y que no dudarán en lastimarlo si es necesario, regresa a mi mente. A pesar de mi necesidad de mantenerme serena saco un suspiro cansado.
Mierda Steve, lo que hago por protegerte.
– Busquemos un punto medio – cedo mirándolo directamente a los ojos.
Mi padre adopta una postura aburrida, pero puedo ver el brillo de interés en su mirada.
