12 DE NOVIEMBRE DE 2013. 3:12 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. 2º PISO. DEPARTAMENTO 221.

Steve Rogers se mueve por la cocina de su departamento tratando de mantener su mente ocupada en algo. Intentó ejercitarse, pero su mente seguía perdiéndose en sus pensamientos al punto que accidentalmente golpeó la pared en lugar del saco de boxeo. Ahora, luego de limpiar todos los trastes sucios e reordenar la alacena, decide hacer café mientras espera la llegada de la chica.

Él se fue de la celebración poco después de que Sophia desapareciera por las escaleras, y a pesar de haber pasado cerca de dos horas desde entonces, la chica aún no ha llegado. Steve duda que Holmes haya huido, aunque no le parecería demasiado extraño si ese fuera el caso.

El ruido de la puerta abriéndose rompe el silencio haciendo que Watson huya al cuarto del rubio. Segundos después Holmes aparece en la cocina; su vestido es reemplazado por unos pants, su cara lavada y su cabello recogido en un moño desordenado. A Steve le parece sorprendente como es que la castaña puede transformarse de la hija perfecta a sí misma.

– Lamento la tardanza, tuve que huir por la ventana – dice como saludo mirando al suelo.

Es la forma tan rota y agotada que suena la voz de la chica que lo convence que ella necesita un minuto para componerse antes de su "discusión". Le hace un gesto para que ambos se sienten en la mesa mientras le entrega una taza del café que preparó, se quedan callados sorbiendo sus bebidas y sintiendo el peso de la situación sobre ellos.

– Así que ese es el mundo en el que creciste – inicia Steve intranquilo, cuando le parece que ha pasado el tiempo suficiente.

– Si – responde Sophia.

Pero la respuesta no le parece suficiente.

– El brillante mundo lleno de hipocresía y sonrisas falsas, donde las joyas apestan a sangre y traición – continúa con cuidado.

Sus ojos no se despegan de su taza, pero el rubio puede percibir como esas simples palabras la sacan de su agotamiento para sumirla en tensión.

– No parece tan malo – murmura Steve.

– Hoy fuiste un visitante, no un residente – sentencia Sophia mirándolo por fin directamente a los ojos – Y mi familia no fue muy amable en la cena – agrega suavizando un poco su tono.

– Solo hacían preguntas tontas – se encoje de hombros quitándole importancia.

Los ojos verdes de Holmes se endurecen mientras vuelve fijar la mirada en su taza.

– Mis tíos aseguran que todos los veteranos son inestables, hicieron una apuesta de quien podría causarte una crisis primero – escupe asqueada – Las preguntas no solo eran tontas, eran crueles –

Steve exhala bruscamente. Cada cosa nueva que aprende de la familia de la castaña es peor que la anterior, pero eso explica las preguntan tan invasivas.

– Si bueno, ya sabía que tu familia no es buena. Pero no quita el hecho que mentiste para ir – indica impaciente.

Sophia abre y cierra la boca un par de veces buscando que contestar, hasta que se rinde con un gruñido y entierra las palmas en su cara.

– Lo siento – masculla.

– ¿Sientes que me hayas mentido o sientes que te haya atrapado? –

No pasa desapercibido como sus palabras hacen que la chica se encoja avergonzada.

– Mira no me molesta que no me hayas dicho quien es tu padre, ni tu abuelo, o que hayas fingido no conocerme y obligaste a Charlie hacer lo mismo. Me molesta el hecho que me hayas ocultado tantas veces que ibas a esas reuniones – explica Steve seriamente.

Durante la cena hablaron de otros eventos de su familia, eventos a los que la chica había asistido casi religiosamente.

– ¿Ahora necesito decirte a dónde voy? – replica cínicamente Sophia.

– No, pero todas esas veces yo pensaba que estabas sana y salva en casa cuando en realidad estabas haciendo otra cosa – reclama Steve.

Sin embargo, él no es consciente de la pulsada que se clava en el pecho de Sophia al escucharlo decirle "casa" a su departamento compartido.

– Eso me hace preguntarme cuantas otras veces pudiste escaparte a hacer otras cosas – termina el rubio dejando que toda su preocupación tome el control.

– ¡No me escapó a hacer otras cosas! – replica ofendida inmediatamente la castaña con el acento británico presente en su voz.

– ¡Pues no terminas precisamente estable luego de esas cenas y no sé a donde vas después! – reclama elevando su tono.

– ¡Sabes que no hago otras cosas! Vives conmigo, idiota. Llevo meses limpia y al menor signo que algo va mal conmigo tu estas ahí apoyándome – argumenta bajando el tono progresivamente hasta que se queda callada perdiéndose en sus pensamientos.

Sus ojos verdes comienzan a analizar el rubio cuidadosamente como si intentara encontrar la parte faltante de un rompecabezas. El rubio se remueve incómodo en su asiento, está acostumbrado a ser analizado por ella, pero algo en sus ojos le hacen sentir que puede ver hasta en lo más profundo de su alma.

– Eres consciente que hubieras notado si hubiera hecho otra cosa, esto no es por eso – reflexiona Holmes – En realidad si es eso, conoces muchos de mis secretos y puedes leerme fácilmente y aún así te oculté deliberadamente mi familia y lo que hago con ella y me salí con la mía. Eso es lo que te molesta – concluye Sophia viéndolo asombrada.

Steve se queda callado evitando su mirada, pero no tiene el suficiente autocontrol para evitar que el músculo de su mandíbula resalte por la tensión.

– ¿No es cierto? – insiste ella con rudeza.

– Si, Sophia. Me molesta el hecho que me hayas mantenido alejado – sentencia crudamente.

– Siempre he intentado alejar mi familia de mi vida personal. ¿Por qué te molesta ahora? – pregunta

– No lo sé, tal vez porque pensé que en verdad ya confiabas en mí en lugar de darme verdades a medias y ocultarme cosas – suelta Steve frustrado – Creí que ya habíamos pasado la etapa donde dudas de mí – suspira.

La chica exhala sonoramente, se levanta incapaz de quedarse quieta otro segundo y camina un par de minutos por la cocina mientras juega con su collar buscando las palabras correctas. Steve simplemente la sigue con la mirada esperando una respuesta.

– ¿Recuerdas lo asustada que estaba el día de mi cumpleaños? Tuviste que llamar a Pepper para asegurarme que mi familia no iba a ir a la fiesta de Tony– explica conectando con los ojos azules. El asiente con la cabeza – Ese miedo, ese odio, es algo que no quería que estuviera contigo –

Ella exhala en un intento de calmar la revoltura de sus pensamientos para luego volver a su lugar en la silla.

– Confío en ti. No sabrías absolutamente nada de mi familia, no sabrías cuando tengo discusiones con ellos o no conocerías a mi sobrina sí no confiara en ti. Pero, me preocupas tanto que no quería que te vieras involucrado con ellos – continúa tomando las manos del rubio.

Verde y azul se encuentran cuando Steve le dedica una mirada herida a la chica.

– Mierda, tienes razón. No siento lo que hice, siento que me hayas atrapado. Pero si mentirte es lo que hace falta para mantenerte a salvo de ellos no dudaré en volverlo a hacer – afirma fervientemente.

Ella suelta el aire intentando recuperar la compostura cuando el inicio del acento británico se vuelve a oír en su tono.

– Conociste a mi familia. Viste que son un puto desastre. Y no en el sentido son un desastre porque me avergüenzan o algo así – agrega con un poco de humor, pero al ver la cara seria del rubio continua – Van a aprovechar cualquier excusa para lastimarte porque saben que te quiero

Sigue un silencio estupefacto cuando ambos comprenden el alcance de esas pequeñas dos palabras. Ambos se han dicho muchas veces que se aprecian, que se preocupan por el otro y han demostrado que se apoyan casi incondicionalmente, pero nunca se han dicho que se quieren. Y, a pesar de que no es una confesión romántica, es lo suficiente intimo para asombrarlos.

– ¿Qué? – pregunta Steve aún aturdido.

– Eh, en … eh. Bueno no te hagas el sorprendido es claro que te tengo mucho aprecio – balbucea ella soltando sus manos y evitando su mirada.

– Sí pero nunca me lo habías dicho – responde – No así – agrega reclamando su atención al volver a tomar sus manos.

A pesar de que esta parte de la discusión ha terminado Sophia siente como su corazón sigue acelerado, golpeando contra su pecho cada vez más rápido. Ella se niega a considerar que es porque acaba de decirle a Steve que lo quiere.

– Bueno ahora que hemos aclarado eso y nuestra complicada amistad no está en peligro, debo ir a recoger mis cosas – rompe el ambiente Sophia levantándose de golpe.

– ¿Qué? ¿por qué? – cuestiona Steve siguiéndola por el pasillo.

– Ya te puse en el suficiente peligro. Si no quiero que vuelvan a hacer eso me tengo que alejar de ti. Sin contar que seguimos en la mira de SHIELD – argumenta la chica caminando hacia su cuarto.

El rubio siente una furia que empieza a formarse en su pecho.

– Después de todo lo que hemos pasado juntos aún quieres alejarte para resolver todo sola – reclama Steve siguiéndola por el pasillo.

– No lo entiendes, Rogers – chilla frustrada con voz ronca.

– Una vez me reclamaste que no eres una damisela en peligro que necesita ayuda, pues yo tampoco lo soy – dice bloqueando con la mano la puerta del cuarto de la chica – Quieres un soldado que luche a tu lado, pues a aquí me tienes. No tienes que hacer todo sola – agrega suplicante.

Sus ojos vuelven a encontrarse y está vez Steve trata de transmitir todo su apoyo incondicional a Sophia.

– ¡Joder! – grita ella lanzando los brazos al aire en un gesto desesperado – ¡¿Por qué eres tan malditamente valiente y noble?! No tienes ni idea lo que sacrifiqué para mantenerte… – su voz es interrumpida por un ataque de tos.

En un parpadeo cae al suelo del pasillo mientras su boca se abre buscando oxígeno.

– ¡Holmes! – chilla el rubio corriendo a ayudarla.

El trayecto al hospital pasa como un borrón. Steve recuerda la vaga sensación del peso de la castaña en sus piernas, su mano izquierda aferrada a la chica mientras la derecha conducía su moto, el viento revolvía su cabello, pero no sofocaba los sollozos de Holmes en busca de aire.

El rubio llega al hospital gritando por ayuda. De inmediato es rodeado por un grupo de médicos que se llevan a la chica en una camilla, una enfermera se queda a su lado preguntándole que sucedió y Steve apenas reconoce su voz cuando responde que la chica simplemente colapsó y no podía respirar. Esta vez ningún médico le asegura que ella está en buenas manos cuando es conducido a una zona de espera.

O quizás si lo hacen, pero lo único que el puede oír en su cabeza es la voz de Holmes repitiendo una y otra vez "Porque saben que te quiero". El único otro pensamiento que tiene es lo mucho que eso le recuerda a la conversación que tuvo antes de salir de la gran mansión de la familia Hodge.

Luego de ver a la castaña desaparecer se quedó unos minutos en la entrada. Los invitados seguían retirándose y el cedió 3 taxis a otras personas, esperaba que pareciera un simple gesto de amabilidad, pero él quería estar cerca en caso de que la castaña regresara.

– ¿Todo bien, Capitán Rogers? – preguntó una mujer de semblante amable, curvilínea y con algunos mechones blancos.

Él la reconoció como la misma mujer que llamó a Holmes.

– Perfecto, gracias – respondió forzando una sonrisa – Solo… ¿todo bien con la señorita Sophia … Hodge? – preguntó incapaz de contenerse.

– Debo decir que no entiendo – respondió la mujer con calma.

– No parecía muy feliz cuando se fue, me preguntaba si había recibido una mala noticia – dijo él en un intento de sonar casual.

Los perspicaces ojos de la mujer estudiaron con detenimiento al rubio que hizo lo posible para parecer despreocupado.

– No todos pueden leerla con tanta facilidad – sonrió ella.

– Es un don – alegó nerviosamente evitando sus ojos.

Pero la señora lo único que hizo fue ensanchar su sonrisa.

– La conozco desde que era una bebé, muchacho. Hace años que no veo la sonrisa que te dedica – explicó sorprendiéndolo.

– Debe estar confundida, la acabo de conocer esta noche –

– Puede que no tenga un poder especial para analizar como ella o tu don, pero no soy tonta muchacho – lo interrumpió dedicándole una mirada cómplice.

Steve, al ver sus ojos, se dio cuenta que no podía ocultarle su amistad con Holmes. Y recordando algunas historias de la castaña se dio cuenta que está era la mujer que la había criado.

– Hay una luz especial en sus ojos que solo se enciende cuando hace algo que ama, o habla con alguien que quiere como su sobrina Charlotte… o tu – continuó la mujer haciendo énfasis en sus últimas palabras – Todos dicen que ella cambió cuando regresó de la guerra. Pero la luz de sus ojos se extinguió mucho antes de que ella fuera – agregó mirando melancólicamente una imagen cercana.

Steve siguió su mirada para encontrar un retrato de toda la familia, en él estaba una Sophia de 10 años con la expresión de cuidada indiferencia que tanto la ha visto usar alrededor de personas en las que no se siente cómoda.

– Yo… – balbuceó el rubio inseguro de qué responderle.

– Oh, no tienes porque decir algo. Solo soy una vieja entrometida que se preocupa por Sophie – alegó ella saliendo de su melancolía para dedicarle una sonrisa.

El sonido del claxon alertó que un nuevo taxi había llegado, está vez no quedaban más personas a quien cederles el auto.

– Bueno, un placer conocerla, señora… – inició el extendiendo su mano cordialmente.

– Hudson – respondió la mujer estrechando su mano.

Steve no pudo contener una sonrisa. A pesar de todo Holmes en realidad es parecida a Sherlock Holmes, pensó divertido.

– ¿Qué pasa, muchacho? – inquirió la señora Hudson frunciendo el ceño.

– Nada – alegó recuperando la compostura – Es un hermoso nombre – dijo con una sonrisa.

– Bueno, ahora veo porque Sophie te mantiene cerca – rio la ama de llaves ruborizada – Un placer conocerte, muchacho. Y por favor… cuídala mucho –

En ese momento se subió al auto sin responder. Pero ahora, sentado en la sala de espera, tiene una respuesta.

Eso intento.

12 DE NOVIEMBRE DE 2013. 07:07 A.M. NUEVA YORK. HOSPITAL PRESBITERIANO DE NUEVA YORK. EMERGENCIAS.

Abro lentamente los ojos encontrando que Steve está sentado a mi lado en lo que debe ser un cuarto privado del Hospital Presbiteriano. Intento hablar, pero me doy cuenta de que tengo una mascarilla de oxígeno cubriendo mi nariz y boca, me muevo pesadamente para quitarla lo que alerta al rubio de que estoy despierta. En lugar de ayudarme sale corriendo en busca de una enfermera.

No entiendo muy bien que sucede, pero por la forma en que mis pensamientos pueden hilarse con facilidad sé que no me pusieron anestesia, aunque sí un analgésico porque todo está ligeramente borroso. Por lo menos puedo estar segura de que no tuve una cirugía. Me toma unos segundos más recordar como llegué aquí, poco a poco los recuerdos llegan en oleadas.

La celebración de Veteranos, Steve, mi padre, la discusión, no podía respirar.

No puedo ahondar más porque el rubio regresa con una enfermera que reconozco como la primera que me revisó cuando mis riñones fallaron. Luego de asegurarse que no tengo ninguna contusión por haberme caído y que puedo respirar con normalidad, me quita la mascarilla. Sin embargo, la deja cerca y le enseña al rubio como ponérmela en caso de una emergencia.

Al ver que me encuentro bien la enfermera se va prometiendo ir a buscar al doctor. Esta vez no le dedica miradas extra a Steve, lo cual no considero tan extraño cuando capto el brillo de un anillo en su mano izquierda.

– Por más bonito que seas, tu cara no es lo que quiero ver cuando despierto en el hospital – bromeo roncamente cuando nos quedamos solos.

– Entonces, por favor, no termines en el hospital – suplica Steve demasiado serio para que sea una broma.

Centro mi atención en él, no está tan deshecho como en otras ocasiones que he sido hospitalizada, pero las ojeras y la preocupación de su mirada es inconfundible.

– En mi defensa, está vez no tengo idea que pasó – alego aún ronca.

Entrelazo las manos sobre mis piernas sintiéndome un poco culpable de siempre estarlo preocupando.

– ¿En serio no tienes ni idea? – pregunta pasándome un vaso con agua.

Con el popote sorbo el agua agradecida sintiendo mi garganta humedecerse antes de contestar.

– Tengo 8 hipótesis, pero hasta que lleguen los resultados de los exámenes nada está confirmado – explico encogiéndome ligeramente de hombros.

La ligera luz solar que se filtra por la ventana indica que son cerca de las 7, lo que significa que tuvieron el suficiente tiempo para hacerme análisis de qué provocó mi falla respiratoria. No se si Steve se da cuenta que lo deduje así, pero no parece sorprendido que haya llegado a esa conclusión.

– ¿Estás segura de que no hiciste nada para provocarlo? – inquiere seriamente.

– Claro Steve, puedo ordenarles a mis pulmones cuando deben dejar de funcionar para salir de una discusión – respondo sarcásticamente.

Pero al ver directamente a sus ojos serios me doy cuenta de que no es una broma.

– ¡Ay por Dios! Realmente no puedo hacer eso – exclamo indignada.

Soy una excelente mentirosa y una mejor actriz, pero no he llegado al punto donde simplemente puedo ordenarles a mis órganos que dejen de funcionar a mi conveniencia y estos me hagan caso.

Aún sin creerme completamente revisa la tabla a lado de mi cama como distracción.

– Aquí te tienen guardada como Sophia Hodge, espero que eso no sea un problema – dice monótonamente.

– Asocian el apellido Hodge conmigo y con mis donaciones, mi padre no tiene poder aquí – digo quitándole importancia – De todos modos, espero que nunca me tengan que ver con mi familia – murmuro más para mi misma.

– Hay algo que no entiendo, te he visto despertando de cirugía, te he visto en pleno ataque de pánico, te he visto llorando, te he visto casi desnuda y he visto tus cicatrices. ¿Por qué verte con tu familia sería diferente? – pregunta Steve seriamente.

– Cuestión el hospital, simplemente no quiero que mi familia este quejándose de todo y estresándome más – explico.

Puedo imaginarme claramente a Lydia amenazar con demandar el lugar si no cambian la iluminación porque la hace ver pálida. Y ella sería la menos problemática de mi familia.

– Y tu me has visto en mis momentos más vulnerables y no me has juzgado, en su lugar me has protegido. No puedo agradecerte por ello lanzándote a unos tiburones como mi familia – argumento. Intento tomar su mano, pero al incorporarme tan rápido me mareo y tengo que tomar el barandal de la camilla para evitar desplomarme.

– Bueno, con eso está claro. No te vas a ir del departamento, no puedes estar sola – anuncia Steve ayudándome a acomodarme en la camilla.

– Joder, estoy tratando de proteger… – gruño deshaciéndome de su agarre.

– No me dejes solo – me interrumpe suplicante.

Sus manos se cierran en puños y a pesar de que baja la cabeza puedo distinguir como el músculo de su quijada resalta por la tensión.

– No voy a estar lejos, te voy a seguir molestando constantemente – digo suavemente. Estiro el brazo para rozar mi mano con la suya, está vez teniendo cuidado de no levantarme.

– No es lo mismo y lo sabes. Además, ¿qué vas a hacer cuando tengas pesadillas? ¿Conducir hasta mi departamento para asegurarte que sigo vivo? – replica con voz rota y queda.

¿Qué va a hacer él con sus pesadillas?, surge la pregunta en el fondo de mi mente.

[Llorar hasta quedarse dormido en este nuevo extraño mundo, o puede que el Capitán haya aprendido algo de ti y decida hacer una estupidez], sisea la voz de mi cabeza.

Fuerzo mi mente a trabajar tan rápido como puede para encontrar una solución que lo mantenga a salvo, una forma en que todo salga bien. Una manera en que pueda protegerlo a la distancia. Pero la verdad me cae como un balde de agua fría, nunca va a estar a salvo. Es un Vengador y una persona que arriesgaría su integridad sin pensarlo si eso ayuda a alguien, y es mejor que estemos juntos donde yo puedo estar a su lado y protegerlo si es necesario.

– Aggg. Te odio tanto – gruño tallando mi cara – Tendremos que reforzar las medidas de seguridad y mover algunas cosas, como encontrar al equipo de mi padre y enviarlo por pistas falsas por toda la ciudad. Pero tienes razón – me rindo.

Steve me mira cautelosamente, como si aún no quisiera emocionarse en caso de que rompa sus esperanzas.

– Eres un soldado a mi lado y vamos a luchar juntos– afirmo dedicándole media sonrisa.

– ¿No vas a irte? – pregunta con voz estrangulada.

– Viéndolo fríamente fue una decisión precipitada – admito – Probablemente ya lo sabes, pero no soy muy buena con los sentimientos. Es mas, tengo la sensibilidad de… –

– Una motosierra. Lo has mencionado – termina Steve con una sonrisa.

– Exacto, el punto es que esa decisión… em… puede que fuera impulsada… por lo que te dije – balbuceo nerviosamente.

– ¿Qué dijiste? – pregunta Steve.

Al ver el brillo de diversión en su mirada le doy un golpe en el brazo.

– Si Steve, me preocupo por ti y de hecho te quiero. Pero no estoy acostumbrada a querer y preocuparme por las personas así que es un poco intimidante – suelto de golpe. Todas las personas que quiero son un pequeño grupo que he conocido y querido por años, y agregar a alguien más a la lista tan rápido es extraño en mí.

El rubio suelta una pequeña risa que solo me hace verlo mal. Uno aquí exponiendo sus sentimientos y el otro riéndose. Sin embargo, toma mi mano derecha con suavidad.

– Si te hace sentir mejor, yo también te quiero – dice penetrando mi alma con esos ojos zafiro.

– Claro que me quieres. Soy increíble – argumento volteando a cualquier otro lado mientras siento mis mejillas sonrojarse.

Steve vuelve a reír, pero esta vez lo hago con él.

– Bueno, tenemos que iniciar a oscurecer las ventanas y poner una lámina para que no puedan tomar fotografías – digo tanto para cambiar de tema como para repasar el plan recién formado en mi mente.

– ¿No crees que eso es un poco excesivo? – pregunta frunciendo el ceño.

– Mi padre decidió invitarte porque se dio cuenta que compartimos departamento. Luego decidió insistir a todas las mujeres de acosarte porque tomaron una fotografía de mi levantándome de tu cama mientras tu seguías dormido – explico fríamente – Cualquier persona supondría que nos acostamos juntos –

– Oh – exclama volviéndose tan rojo como el traje de Ironman – Pero seguíamos teniendo ropa, ¿por qué supusieron eso? – pregunta confundido.

– No dejo que las personas me toquen. Dormir a mi lado es un nivel de intimidad que solo tu y Charlie han alcanzado – respondo.

No podemos continuar nuestra conversación porque entra un doctor que reconozco de cuando hice un análisis en todo el personal del hospital, Doctor Bruno Mendoza. Ni siquiera se ha presentado cuando Steve ya lo está atiborrando de comentarios.

– No pudo respirar quizás el mejor tratamiento sea poner broncodilatadores, los antinflamatorios y antibióticos pueden ayudar, pero con sus riñones no es muy seguro que pueda soportarlos. En caso extremo también está la cirugía turbinada, pero tendrían que hacerle más estudios – explica sin siquiera tomar aire entre cada oración.

El pobre Doctor Mendoza parpadea sorprendido.

– Me dijeron que el paciente era médico, pero supongo que es usted – sonríe estrechando la mano del rubio.

– Nop, yo soy la médica. Él sólo pasó las últimas horas leyendo Wikipedia – explico ganándome una mirada de muerte de Steve.

– Oh – exclama el Doctor Mendoza asombrado.

Luego baja su mirada para comprobar mi expediente, por el grueso de él deduzco que tienen los resultados de mi análisis. Se remueve ligeramente como si no supiera como iniciar la explicación, lo que significa que los resultados no tienen buenas noticias.

– ¿Es el corazón? – inquiero directamente.

– ¿Por qué supone eso? – pregunta despegando la vista del archivo.

– Bueno hace unos meses estuve aquí y unos estúpidos me causaron un paro cardiaco. No debe preocuparse no fue su personal – aseguro al ver su mirada asustada – El punto es que mi corazón pudo quedar resentido, y como sabe es vital para bombear el oxígeno por el organismo. Además, si mal no recuerdo usted pertenece al departamento de cardiología, Doctor Mendoza –

Me mira atónico por unos segundos, pero los demás doctores y enfermeras deben de haberle hablado de mí porque se recupera rápido de la sorpresa.

– Es un buen análisis, pero no. Me cambié a Neumología hace casi un año – responde está vez sorprendiéndome a mi – Sus pulmones son el problema –

– ¿Mis pulmones? – repito confundida.

El doctor me explica que están comenzando a fallar, lo cual es perfecto porque lo único que me faltaba para que mi vida fuera más complicada y por ende más interesante era que alguno de mis órganos comenzara a fallar. Yuppi.

Por lo menos asegura que aún funcionan en su mayoría y que con medicación, tratamiento y un poco de terapia puede pasar un gran tiempo antes de que fallen por completo. La razón por la que tuve el ataque probablemente fue causada por estrés, ya sea mi trabajo en SHIELD, la cena con mi familia, el hecho que el soldado estaba ahí y mi discusión con él.

– Tu archivo dice que también tienes lastimado tu tobillo izquierdo – dice el Doctor Mendoza volviendo a revisar mi expediente.

– No – sentencio al mismo tiempo que Steve dice que sí.

Como es usual en nuestra amistad, nos enfrascamos en una pequeña pelea de miradas para mostrar autoridad sobre el otro.

Como siempre tienes una nula preocupación por tu salud, me dicen sus ojos.

Mira quien lo dice, señor me tiro encima de una granada, le responden los míos.

– No es nada grave, lo siento mucho mejor – le aseguro al doctor sin despegar la vista del mar de los ojos del rubio.

– Si, pero ya estas aquí. Así que voy a revisar – anuncia el doctor.

Sin darme tiempo de replicar comienza a examinar mi tobillo. Al instante que siento sus manos todo mi cuerpo se tensa, en menos de un segundo Steve ya está a mi lado sosteniendo mi mano y llenándome de su familiar olor a menta y jabón. Al igual que en nuestros intentos de abrazos me concentro en su olor, esperando que ese aleje el recuerdo de otras manos y dejando que el olor me envuelva y me recuerde que estoy a salvo.

– Todo está progresando bien, no es necesario enyesarlo, pero mandaré a una enfermera a ponerle un vendaje – explica el Doctor Mendoza por fin alejándose.

– Gracias – respondo entre dientes sintiendo mi cuerpo resentido por la tensión sorpresiva.

El doctor se queda en la puerta, como debatiéndose si debiese decir algo más. Al ver mi mirada expectante por fin habla.

– Hay una pregunta más, señorita Hodge – alterna la mirada entre Steve y yo mientras se remueve incómodo – Quizás debería hacérsela en privado –

– Está bien, puede hacerla – respondo sin mucho interés.

Para bien o para mal para este punto no hay mucho que Steve no sepa de mí si tiene que ver con mi salud.

– Una sobredosis de opioides puede haber causado la insuficiencia respiratoria. Su rápido organismo pudo haberlo desechado por lo que no aparecerían en los exámenes, pero dado su historial… quisimos preguntar – dice con cautela.

Supongo que le dio pánico el acusar a uno de sus mayores inversores de ser una drogadicta, mucha gente no lo toma bien.

– Está bien, suena lógico. Aunque he estado limpia desde hace algunos meses, excepto la vez que usaron morfina cuando mis riñones fallaron – explico con tranquilidad.

– Oh, de acuerdo. Entonces eso es todo – responde el Doctor Mendoza aliviado para luego salir rápidamente.

No pasan ni cinco minutos cuando regresa la enfermera y me pone un vendaje en mi tobillo izquierdo, gracias a sus gentiles y rápidas manos mi mente no entra en pánico. También ayuda que Steve mantiene la conversación activa y dice muchos chistes malos para distraerme. Cuando termina de vendarme me da una bolsa con medicinas para mis pulmones y me explica que ya me agendaron una cita con un neumólogo en un par de semanas.

– Steve, asegúrate que se las tome, por favor – pide la enfermera con amabilidad.

– Yo puedo encargarme eso – repongo, pero solo gano dos pares de miradas escépticas.

– No hay problema, yo me encargo – asegura Steve con una sonrisa amable – Gracias por todo, ya nos iremos a casa –

– Espero no verlos pronto, excepto para la consulta – dice medio en broma la enfermera.

– También lo espero, gracias – me despido. Con todo lo que he pasado, paso demasiado tiempo en el hospital para alguien normal.

[Tu no eres normal], responde la voz de mi cabeza y no puedo hacer más que darle la razón.

– Entonces, ¿iremos a casa y todo estará bien? – pregunto rompiendo el silencio luego que la enfermera nos deja solos.

Steve parece meditarlo algunos segundos hasta que por fin asiente con la cabeza.

– Si, supongo que todo estará bien – suelta en un suspiro.

Se que eso no significa que todo está olvidado, sino, que ahora que sabemos las dificultades es momento de trabajar en ellas. Pero su fácil rendición me lleva a darle un pequeño golpe en la cabeza.

– Auch, ¿por qué fue eso? – exclama sobando su cabeza.

– Confías y perdonas demasiado rápido – explico desaprobatoriamente.

– ¿Eso está mal? – inquiere ofendido.

– Para ti si, pero para mi que cometo muchas estupideces. Es perfecto – le sonrío lo cual solo le hace sacar una carcajada.

Entro al baño para poder cambiar la ropa del hospital e irnos a casa, salgo unos minutos después en el mismo pants que anoche. Generalmente tengo una maleta llena de ropa de emergencia y otros artículos necesarios cuando paso la noche en el hospital. Pero por el calor del momento y su mente consumida en pánico, Steve no pensó en traerlo con nosotros. Tampoco puedo culparlo porque me estaba ahogando y me trajo a tiempo.

Discutimos para idear como regresaremos al departamento. Al parecer Rogers me trajo en su cacharro de la muerte, y por suerte mi mente ha suprimido ese recuerdo, pero no me quiero volver a subir mientras estoy consciente. Así alegando que tenemos una bolsa enorme con mis nuevas medicinas y que no puedo estresarme demasiado, yo tomo un taxi mientras el me sigue en su moto.

– ¿Me pasas mi teléfono? – pregunto subiendo las escaleras hacia el segundo piso de nuestro edificio.

Steve siendo sobreprotector una vez que salí el auto tomó todas las bolsas, una de medicinas y otra con mis objetos personales que me quitaron en urgencias, para que no tuviera de cargar nada.

– ¿Para que? – pregunta cauteloso.

Seguramente piensa que me voy a poner a trabajar o algo desde mi teléfono, probablemente porque me ha visto trabajar docenas de veces desde mi teléfono cuando acabo de salir de la enfermería. Sin embargo, hoy hay otra razón.

– Bueno mi padre piensa que estoy dormida en su casa y se va a llevar una gran sorpresa cuando despierte – explico.

– ¿Por qué te quedaste ahí? – pregunta pasándome mi celular.

– Técnicamente no trabajaré para él, pero básicamente sí voy a trabajar para él. Se supone que iba a iniciar hoy – anuncio con cuidado.

– ¿Por qué? – pregunta completamente serio.

– Porque esa fue la condición para mantenerse alejado de ti – suelto sin atreverme a verlo.

Puedo sentir el desacuerdo por la forma en que me mira, pero todo es momentáneamente olvidado cuando leo mis mensajes.

– Oh, vaya Thor vino a la Tierra – anuncio revisando los cientos de mensajes que me llegaron la madrugada de Joey, Coulson, Clint y Hill.

– ¿Qué? ¿Dónde está? – exclama escaneando mi pantalla en busca de información de su compañero Vengador.

– Fue unos días a Londres, ya volvió a desaparecer – aclaro llegando al final de los mensajes.

– ¿No deberíamos ir o algo? – inquiere Steve llegando a nuestro piso.

– No hay problema Coul… digo un agente ya se está encargando de eso – rectifico rápidamente y miro por el pasillo nerviosa.

Sus ojos se entrecierran dejando claro que no me cree.

– No quiero mentirte, así que toma esta tonta explicación – le ofrezco.

Suelta un suspiro, pero la acepta. Abre la puerta de nuestro departamento la cual ahora tiene un post con una B, por lo que se lee 221B, he decidido dejarla porque Steve sonríe cada vez que la ve.

– Se que no vas a estar de acuerdo. Pero quiero ir a casa de mi padre a asegurarme que Charlie esté bien – anuncio sentándome en una silla de la cocina.

– ¿Por qué tu padre lastimaría a Charlie? – pregunta Steve confundido acariciando a Watson que ahora ronronea frotando su cabecita contra su mano

– Por que aparte de ti, sabe que Charlie es una buena forma de motivarme o castigarme. Algo que va a hacer cuando se de cuenta que me escapé por la ventana – explico secamente – Además, Elena hace lo que mi padre le manda, y si no le produce dinero a su esposo no le importa. Nadie va a detenerlo – digo asqueada.

– ¿Realmente es capaz de lastimar a su nieta? – me mira con sus ojos zafiro llenos de preocupación por mi pequeña sobrina.

Me gustaría consolarlo y decirle algún cuento que las cosas van a estar bien y que las personas nunca lastiman a los niños, pero yo soy el claro ejemplo que eso no es verdad.

– Me quería obligar a casarme y obligó a mis hermanos a hacerlo, no cometas el error de subestimarlo – digo disgustada – Sobretodo porque ahora está convencido que no quise porque estoy enamorada de ti en lugar de saber que nunca he querido casarme – agrego ganándome una mirada atónica de su parte.

Eso zanja la conversación el tiempo suficiente para irme a cambiar de ropa. Cuando salgo encuentro que Steve ha sacado pan tostado para desayunar. Debería irme de inmediato para revisar a Charlie, pero estoy muerta de hambre, además mi familia no va a despertar por lo menos en otra hora y 37 minutos. Así que me siento a comer.

– Tengo algunas preguntas de tu familia, por ejemplo, el hecho que no mencionas a tu abuelo – inicia Steve acariciando distraídamente a su gatita.

Generalmente no respondería nada referente a mi familia, pero Steve está demasiado involucrado con ellos y luego de como me ha apoyado en las últimas 24 horas, merece algunas respuestas.

– ¿Qué con él? Ya murió – respondo tomando un bocado de pan.

– Entrenó conmigo en los 40's – explica con obviedad.

– Ah claro, a veces olvido que tu eres Capitán América – exclamo haciéndolo reír – Es decir, sé que eres Capitán América. Pero olvido que eres el mismo Capitán América que conocieron mi abuelo y Peggy – rectifico rápidamente.

Sin embargo, eso solo lo hace reír más fuerte al punto que tiene que soltar a Watson.

– En mi defensa no lo asocio contigo, mi abuelo casi no hablaba del ejercito – me defiendo cruzando los brazos.

– ¿En serio? – frunce el ceño.

– Si… Mi padre te dijo que hablaba siempre de ello y eso me inspiro a enlistarme, ¿verdad? – inquiero.

– Si – responde secamente.

Suelto un bufido.

– Esa es la historia que le gusta contar – replico rodando los ojos.

Ese es mi padre, aprovechando cualquier oportunidad para hacerlo lucir mejor.

– Que tal tu hermano. John, ¿no? ¿Por qué no fue ayer? – pregunta el rubio interesado. Está vez ni siquiera me sorprende que recuerde su nombre.

– Mi hermano no va a esos eventos – respondo sin darle importancia agarrando otro pedazo de pan.

– ¿Por qué? – pregunta frunciendo el ceño.

– Porque no giran en torno a él – declaro medio masticando.

Steve rueda los ojos haciendo su cara decepcionada como cada vez que hablo de mi familia.

– No te pareces mucho a tu hermana. Si tienes ese complejo que te crees superior a los demás, pero solo porque eres más inteligente – reflexiona en voz alta.

La pregunta implícita de porque no me parezco a ellos queda suspendida en el aire.

– Ellos crecieron rodeados en su privilegio y con la seguridad que les pertenecía todo el mundo. Yo crecí con los constantes comentarios de mis tías sobre lo agradecida que tengo que estar por ser adoptada a esa familia – escupo con resentimiento.

Nada amarga más a una niña que decirle que no seria absolutamente nada sin haber sido elegida.

– Decían que de otra manera hubiera crecido a una drogadicta que no consiguió nada. Lo cual es irónico porque ninguno de mis logros es conocido por el publico y bueno… ya sabes – respondo susurrando la última palabra.

Los ojos de Steve se endurecen, está vez no estoy segura si es por mi comentario de mi familia o por mi comentario referente a mis problemas con las drogas. Sin embargo, en sus ojos solo capto preocupación en lugar de desaprobación.

– Hablando de eso, es hora de tu medicina – anuncia revisando el reloj.

Gimo enterrando las manos en mi cabello.

– Vas a ser un pesado cuidando que sea sana, ¿verdad? – pregunto.

– ¿Esperabas otra cosa? – dice con media sonrisa.

– Honestamente, no – respondo devolviéndosela.

15 DE NOVIEMBRE DE 2013. 8:02 P.M. NUEVA YORK. TORRE STARK. GIMNASIO PRIVADO.

Tres días después convencí a Elena que lo mejor para Charlie es estar en California en este momento, eso la deja lejos de mí, pero también lejos de las garras de mi padre. He revisado una docena de proyectos para él, unos referentes a invertir en alguna compañía y otros referentes a investigar a ciertas personas.

Todo lo que hago por mantener a las personas que quiero a salvo, suspiro. Pero nada ha sido lo suficiente malo para arrepentirme de mi decisión.

Ahora acomodo unas pesas y empiezo a estirar un poco mis músculos para terminar mi entrenamiento del día. Mis pulmones hacen un trabajo decente, y gracias a las medicinas puedo hacer ejercicio pesado sin que estos los resientan. Pero eso no evita que cierto rubio sea un bastardo sobreprotector de vez en cuando. Por ejemplo, que cada vez que decida ejercitarme me acompañe para asegurarse que no me pase nada.

Esta vez vamos a la Torre para poder usar los equipos ultramodernos, ordené varios equipos para el gimnasio comunal de nuestro departamento, pero aún no han llegado. Sin embargo, no podemos entrenar juntos como usualmente lo hacemos porque tenemos la compañía de Barton y Romanoff.

Para evitarle estrés a Jarvis, todos nos concentramos en nuestros propios entrenamientos y no discutimos más de lo usual. Por lo menos hasta que terminamos nuestros respectivos entrenamientos y nos damos cuenta de que estamos sudorosos y caóticos, excepto Steve que luce como si solo hubiera tomado un paseo en un día caluroso en lugar de entrenar vigorosamente por 3 horas.

– Lo odio, siempre luce bien. Seguramente es de esas personas que despiertan luciendo perfectas – gruñe Natasha para sí misma fulminando con la mirada el punto donde Steve y Clint acaban de desaparecer para tomar una ducha.

Me rio mentalmente.

Nop, despierta con la almohada marcada al cabello y marcas de saliva en sus cachetes.

– ¿Qué? – mi imagen mental es cruelmente arrancada por la imagen de Natasha mirándome atónica.

Mierda. ¿Por qué siempre lo digo en voz alta?

– No es lo que piensas, no es lo que piensas – repito intentando evitar que la rusa corra a contarle a todos los Vengadores.

– ¿Entonces como es? – pregunta dándome una sonrisa sugerente.

– Compartimos un cuarto en SHIELD, les dije que a veces lo usamos al mismo tiempo, aunque no es muy seguido – explico secamente con lo primero que se me ocurre.

– Aja, claro – responde ensanchando su sonrisa lo que deja claro que no me cree.

– ¿Por qué tanto afán de emparejarnos? – gimo cansada sentándome en el borde del ring de boxeo.

– Parecen buenos para el otro – la rusa se encoje de hombros.

– No sabía que pelear constantemente se había convertido en un signo de una sana relación – bufo.

Ella suelta una pequeña risa, sin embargo, cuando sus ojos se vuelven a centrar en mí están cargados de un semblante serio.

– ¿Nadie te ha dicho como reaccionó cuando te dispararon? – pregunta acomodándose a mi lado.

– Corrió a ayudarme y luego estaba preocupado – respondo quitándole importancia – Si conoces a Rogers sabes que siempre se preocupa por todos –

– Cierto, cuando llegaste al hospital estaba muerto de la preocupación. Luego, saliste de cirugía y nos dijeron que tenías un traumatismo craneal del que no sabían si te recuperarías. Él simplemente perdió la cabeza y fue a hacer locuras que lo dejaron cubierto de sangre ajena – explica seriamente sin despegar sus perspicaces ojos de los míos.

Suelto un bufido tratando de sonar casual, es claro que quiere medir mi reacción. Pero internamente me alegro de que no ha hecho la conexión del estúpido de Moriarty y la sangre sobre Rogers.

– ¿Cuándo Rogers no ha hecho locuras? – decido responder.

Natasha suelta una carcajada.

– En eso tienes razón, pero la última vez que hizo algo tan impulsivo fue para salvar a su mejor amigo en la guerra – indica – No por todos hace cosas tan impulsivas – termina regresando a su sonrisa.

Nos sumimos en un pequeño silencio en el que soy escrudiñada por su mirada. Rápidamente mi mente se concentra en considerar todas las opciones que tengo para sacármela de encima, no me puedo permitir que investigue más mi relación con Steve y se de cuenta que somos amigos porque investigamos a SHIELD.

– Puedo admitir que he llegado a apreciarlo un poco – cedo incómoda – Pero, lo que tenemos definitivamente no es amor, no es romántico y menos sexual. Simplemente nos sentimos cómodos al lado del otro – alego esperando que eso aclare las cosas en la cabeza de la rusa.

Sin embargo, su mirada se suaviza con mi declaración.

– Hay gente que afirma que eso es amor. Además, ¿cómo estás segura de que no se sienten atraídos por el otro? – inquiere. Está vez su tono es maternal, como si le explicara a una niña pequeña el funcionamiento del mundo.

– Bueno yo soy demisexual y el… – intento.

– Ya admitiste que lo aprecias un poco, lo que significa que has llegado a convivir más con él. Lo que significa que lo has conocido más a fondo, así que técnicamente podrías sentirte atraída por el – replica.

– Podría… al igual que podría sentirme atraída por Clint o Joey. Pero simplemente no lo hago – refuto, aunque no puedo evitar admirar su argumento bien estructurado.

– ¿En serio no hay ninguna ocasión en la que te sentiste atraída por él? – pregunta mirándome intensamente, como si quisiera ver hasta lo más profundo de mi corazón.

– Por supuesto que no – alego inmediatamente.

Natasha solo me dedica una mirada sugerente antes de salir, dejándome perdida en mis pensamientos y cuestionándome todo. Lo cual, seguramente era su plan.

No puedo negar que Steve es hermoso, pero eso es simple atracción estética. Por ejemplo, cuando despierto antes que él, veo como el Sol ilumina su cabello y lo hace parecer tan dorado y sedoso que resistir la tentación de tocarlo es casi imposible. O cuando termina de entrenar y tiene está aura de energía y confianza que lo hacen parecer un dios griego. O la sonrisa que me dedica cuando esta tramando algo, que siempre viene acompañada con cierto brillo en su mirada que ilumina sus facciones.

O el tacto de sus manos callosas tomando las mías que ayuda a calmarme o cuando me consuela acariciando lentamente mi espalda haciéndome estremecer, pero en un buen sentido. O sus dulces labios que probé en aquella misión o…

– Mierda – suelto en un susurro.

Natasha tiene razón.