03 DE DICIEMBRE DE 2013. 11:32 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. MUSEO METROPOLITANO DE ARTE. SALA DE ARTE GRIEGO Y ROMANO. (1 HORA DESPUÉS)

Peggy Carter ríe ante otra broma de Steve. Los cuatro, incluyendo a Sophie y la enfermera Dean, recorren tranquilamente los pasillos de una exposición de escultura Griega y Romana, la sala favorita de Peggy del MET que esperaba volver a ver.

Su memoria no es lo que solía ser, pero gracias a su nuevo tratamiento puede acceder a sus recuerdos más fácilmente, y una gran cantidad de los nuevos se mantienen en su mente. Por eso recuerda 5 de las 6 veces que Steve fue a visitarla. Él le contó historias que incluían a una chica llamada Holmes, con la que comparte departamento y convive constantemente, nunca supo que "Holmes" es la pequeña Sophia, o por lo menos no lo recuerda.

Sophia por su parte, le habla por lo menos una vez cada dos semanas, pero nunca le dijo de su amistad con el rubio. Peggy entiende que al hablar por teléfono hay cosas que no puede decir sin temor a ser escuchada por sus enemigos. Y si Steve tiene razón, tienen unos enemigos bastante poderosos.

Pero no puede evitar asombrarse al verlos ser amigos. La última vez que los vio juntos había una extraña tensión entre ellos, como si hubieran sido obligados a convivir y aún no estaban seguros si podían confiar en el otro.

– Tenemos un gran día planeado. Después de esto iremos por comida a ese restaurante que sirve el filete que tanto te gusta – expone Sophia tomando la mano de la mayor afectuosamente.

– Vaya, nunca te había visto tan emocionada por la perspectiva de estar en contacto con otros seres humanos – se burla Steve.

La chica le saca la lengua infantilmente a lo que él solo ríe.

Viéndolos convivir es claro que son amigos, incluso algo más. Peggy nunca había visto a Steve ser tan abierto y relajado alrededor de una chica, y el singular brillo en los ojos verdes de Sophia no lo había visto desde que ella era una niña.

A pesar de toda la felicidad que comparten en su reunión, no pueden dejar de lado que son guerreros entrenados con muchos enemigos. Los ojos de la ojiverde vagan constantemente por la sala buscando atacantes en cada esquina y sombra. Eso no le parece extraño a Peggy, la conoce lo suficiente para saber que eso es normal en ella. Lo que le sorprende es la forma en que Steve se adapta a cada una de sus reacciones, como si pudiera leer las expresiones de la castaña tan fácil como un cuento para niños.

– ¿Crees que si miras con la suficiente intensidad saldrá un atacante, querida? – pregunta Peggy con dulzura cuando los ojos se Sophia fulminan la puerta por casi un minuto.

– Eso sería increíble, pero creo que estamos a salvo aquí – responde guiñando un ojo, aunque su postura no se relaja.

Peggy puede entender la preocupación de la chica. Una reunión de ellos tres llamaría la atención de SHIELD e incluso el gobierno. Justo por eso, todo el viaje está planeado en secreto. Desde el avión privado, al hospedaje y la camioneta polarizada, prestada por Tony, con la que se transportan.

Peggy duda qué SHIELD los vaya a buscar en un museo. Pero quizás sus enemigos no tengan esas reservas. O puede que llamen la atención gracias a que un niño reconozca al grandioso Capitán América, a pesar de la gorra y lentes que Steve lleva para pasar desapercibido.

Sin embargo, nada pasa en las tres horas que dan vueltas por la exposición, admirando las obras y haciendo bromas.

A los ojos de Steve y Sophia, efectivamente Peggy está mucho más presente, aunque de vez en cuando repite cosas o olvida haber visto una escultura. En una sola ocasión se detiene por completo mirando con extrañeza a su alrededor, olvidando completamente como llegó ahí, luego de un pequeño recordatorio de la enfermera Dean parece volver a encontrarse en el presente. Pero dado el avanzado estado de su enfermedad, les parece un mal muchísimo más manejable que verla olvidar 15 años de su vida.

Deciden ir por la comida favorita de Peggy y llevarla al departamento de Steve y Sophia. Tanto para mayor privacidad como para refugiarse del frío y permitir a Peggy descansar. Disfrutan la fría tarde prendiendo el calentador y comiendo tranquilamente en la mesa de la cocina mientras comparten historias que avergüenzan a Steve porque cuentan su mala capacidad para convivir con mujeres.

Todos ríen luego que Sophia cuenta como Steve salió por una ventana escapando de un grupo de agentes nuevas que los seguían para saber donde vivía.

– La comida estuvo deliciosa. Con su permiso me iré a desempacar las maletas – anuncia la enfermera Dean levantándose de su asiento – Si necesitan cualquier cosa estaré a lado – se despide con una sonrisa.

Los demás la despiden apreciando la privacidad y discreción que les está dando. Una vez que escuchan la puerta cerrarse detrás de la enfermera las caras de los tres cambian a una de completa seriedad y concentración, demasiado distante de las sonrisas y bromas que hasta hace poco compartían.

– Llego el momento de hacer planes. Prepararé el café – anuncia Sophia con emoción.

Steve recoge los platos y envases de comida para llevarlos al fregadero y empezar a lavarlos, mientras Sophia se vuelve a la cafetera con Watson, que ha pasado toda la comida pegada a la castaña, siguiéndola de cerca.

– Que tierna gatita, ¿por qué te sigue a todas partes? – pregunta Peggy mirando con ternura a la gatita naranja.

Cuando llegaron lo primero que hizo el soldado fue presentarle la gatita. Ellos suponen que le agradó Peggy, porque Watson no huyó e incluso se dejo acariciar. Pero eso no evitó que pasará toda la comida a los pies de Sophia o siguiéndola en cada ocasión que se levantaba.

– Es de Steve y ni idea porque me sigue. Antes ni siquiera se acercaba a mí – bufa Sophia prendiendo la cafetera – De hecho, no me quiere –

Para acentuar su punto la chica se mueve hacia Watson que simplemente maúlla asustada y corre al regazo de Steve que acaba de sentarse en su asiento.

– Recuerdo cuando eras niña y querías una gatita – murmura Peggy para sí misma.

El comentario hace sonreír abiertamente al rubio. Tanto por el hecho que Peggy parece recordar más cosas y porque otra persona ha confirmado ese pequeño detalle de la infancia de Sophia, lo que seguramente usará como argumento si Charlie y él encuentran otro gatito en la calle en busca de un hogar.

– Al parecer todos recuerdan esa etapa – Holmes hace una mueca como sí pensar en los gatos de su infancia no fuera un buen recuerdo.

Él le ha preguntado por ello, pero ella cambia el tema y le dice que ya tienen a Watson y que no insista. El rubio sabe que aún le cuesta bajar sus escudos, no la juzga por ello y ella ahora sabe que él estará ahí cuando decida bajarlos.

– Pero en serio, lleva toda la comida cuidándote como un perro guardián – ríe Peggy extendiendo su brazo para acariciar la cabecita de la gatita.

– Si, que extraño – responde demasiado rápido Steve.

Al instante tiene dos pares de ojos inspeccionándolo con cuidado. Él solo atina a sonreír lo que espera parezca inocente, y ocultarse acariciando a Watson.

– Bueno, el plan – dice tratando de sonar casual cuando Sophia parece a punto de interrogarlo.

Ambas mujeres se concentran inmediatamente en todos los problemas de SHIELD y olvidan su extraña reacción. Steve suspira aliviado.

Hace unos meses, cuando Holmes empezó a tomar terapia se dio cuenta que no puede protegerla todo el tiempo, no es como que ella lo necesite, pero a él le gustaría poder hacer algo más para alejar las pesadillas de la chica.

Un día después que ella volviera a quedarse dormida luego de despertar gritando por uno de sus demonios, él quería salir por un poco de té y chocolate para reconfortarla cuando despertara. No se sentía cómodo dejando a la chica sola, pero simplemente no sabía que más hacer para hacerla sentir mejor. Así que tomó a Watson y le dijo que cuidará de la chica. Cuando volvió encontró a la gatita a lado de Holmes, como si la estuviera protegiendo. Hizo esa petición como un hombre desesperado tratando de ayudar a una persona que le importa, nunca pensó que la gatita realmente hiciera algo.

Se emocionó tanto que le dio una galleta como premio, lo cual hizo que Watson comenzará a proteger más a Holmes buscando recompensas. Luego de algunas semanas, Watson lo comenzó a hacer por costumbre, quedándose a lado de Sophia mientras ella duerme una siesta, como si estuviera vigilando que nadie la molestara.

Además, cada vez que alguien extraño entra a su departamento Watson se queda cerca de Holmes. Sobretodo cuando entra alguien en quien Watson no parece confiar, se queda pegada a Holmes como si la protegiera, o con la "persona desconfiable" como si supiera que si mantiene su atención en ella no le van a poner atención a la castaña.

A lo largo de las semanas mantener la razón del comportamiento de Watson lejos del conocimiento de Holmes ha sido más difícil. Sobretodo cuando la gatita ha empezado a dejar pájaros muertos en el cuarto de la chica. Pero Steve prefiere dejarlo así, todavía no está seguro si ella va a reaccionar bien cuando se entere de la verdad.

– ¿Steve? – pregunta Sophia sacándolo de sus pensamientos.

En ese momento nota que el café ya está listo e incluso servido en una taza frente a él, las dos mujeres lo miran expectantes desde sus asientos.

– Lo siento, me distraje. ¿Qué pasa? – responde forzándose a concentrarse.

– Tres lugares extra, todos en distintos puntos opuestos de la ciudad. Dos para cada uno y uno supuestamente donde ambos vivimos. Suena lógico – explica Sophia.

En sus ojos solo está la fría determinación de cuando hace un plan.

– ¿No son demasiados? – cuestiona el rubio repasando el plan en su mente.

– No importa, mientras más lugares menos se darán cuenta que seguimos aquí – responde ella con tono cansado.

– Además, entre todas las cosas que tienen que hacer. No tendrán el tiempo de investigar todos al mismo tiempo sin llamar la atención – agrega Peggy con una sonrisa orgullosa.

– Entonces supongo que está bien – dice Steve.

Holmes saca su teléfono escribiendo con rapidez en el, seguramente dando instrucciones para iniciar el plan.

– Bien, si eso está resuelto. Quisiera tu opinión en un par de misiones – dice dejando la pregunta implícita.

A pesar de que fue un largo día, Peggy sonríe y asiente. El siguiente par de horas pasa en un suspiro mientras las mujeres debaten planes y las ventajas o desventajas de ciertas ideas. Para sorpresa del rubio, son bastante amables con la otra, incluso cuando no están de acuerdo, lo cual no pasa seguido. De vez en cuando piden su opinión, pero parecen tan seguras de sus planes que no parecen necesitar a otra persona.

Sin embargo, Steve se da cuenta de un pequeño detalle, Holmes no solo esta buscando la opinión de la antigua directora de SHIELD, que en sí es un hecho sorprendente que busque la opinión de alguien más, también está analizando como reacciona Peggy. Como si estuviera midiendo que tan bien está funcionando el tratamiento.

– Muchas gracias – dice Sophia cuando parece satisfecha.

Peggy asiente poniendo a un lado su taza de café, llevan tanto tiempo hablando que él se tuvo que levantar y hacer otra jarra para todos e incluso esa ya lleva tiempo de haberse acabado. Al ver todo vacío Peggy se levanta a llevar las tazas al fregadero.

– No, nosotros lo hacemos – exclama Sophia tratando de detenerla mientras Steve hace lo mismo del otro lado.

– Por favor, es lo mínimo que puedo hacer. No había estado tan entretenida desde hace mucho – responde quitándole importancia.

Aún a regañadientes, ambos regresan a sus asientos. El rubio aprovecha que la mayor está distraída y le extiende la mano con las medicinas del día a Sophia, él siempre es quien le recuerda tomarlas. Sobretodo luego que ella olvidó tomarlas un par de veces y la encontró teniendo algo parecido a un ataque de asma en la esquina del gimnasio a la mitad de su entrenamiento.

A pesar de que es discreto, el pequeño movimiento no pasa desapercibido para Peggy.

– ¿Qué es eso? – pregunta inmediatamente sin siquiera voltearse.

– Vitaminas – responde Sophia inocentemente.

– No te atrevas a mentirme, Sophia Hodge – regaña la mayor dándole todo el peso de su mirada.

La chica se encoge ligeramente al escuchar su nombre completo.

– Mis pulmones no funcionan muy bien y esto ayuda – explica entredientes.

– ¿Te ayudan a recuperarte? – inquiere seriamente.

El rubio abre la boca para explicar que en realidad solo es para mantenerla cómoda hasta que los pulmones fallen y puedan regenerarse ellos solos. Antes de que pueda emitir algún sonido un golpe en la espinilla lo detiene.

– Si – sonríe Sophia dedicándole una pequeña mirada.

En ella ve que, no es que no confié en Peggy para decirle la verdad, sino, que no quiere preocuparla. No pasa mucho para que se den las buenas noches y cada uno se vaya a su cuarto.

Al siguiente día Peggy tiene un mal día, encontrarse en un lugar completamente desconocido no le ayuda mucho. Así que pasan el tiempo adentro atendiéndola, recordándole quienes son o fingiendo que solo vienen a ayudarla. Es difícil, pero es manejable gracias a la ayuda de la enfermera Dean y el nuevo tratamiento que hace que solo olvide un par de años en lugar de décadas.

El tercer día de la estadía por fin pueden hacer el plan secreto de Steve. Ir a un club de baile con la temática de los 40's. Un pequeño lugar que guarda un pedazo del pasado y que les permite recrear su bien merecido baile, aunque sea 70 años después.

Peggy y Steve pasan lo que parece una hermosa eternidad bailando suavemente. Quisiera concentrarse en ello, pero luego de un rato, Steve no puede volver la mirada cada pocos minutos a una Holmes que se encuentra muy concentrada ideando planes en su teléfono. Seguramente bajo mandato de algún superior en SHIELD.

Peggy sigue su mirada hasta que encuentra a la chica.

– Lo lamento – dice Steve bajando la mirada avergonzado – Se supone que pidió un par de días libres – explica señalando con su cabeza a la ojiverde.

Para su sorpresa la mayor solo saca una carcajada.

– Sabes, a los demás les gusta decir que ella se parece a Athena, su madre. Porque ella solía ser una gran agente, increíblemente inteligente y eficaz. Pero en realidad se parece demasiado al adicto al trabajo de su padre, Harold – sonríe como si pudiera recordar los viejos tiempos donde convivía con la pareja.

– Lo sé – murmura él, percibe la duda en los ojos de Peggy – Lo conocí en un evento – musita nervioso.

– Habrás notado lo idénticos que son cuando están con él otro – continua la mayor.

Él suelta un bufido mientras le da una pequeña vuelta.

– Tienen la misma expresión, mirada e incluso postura. Además, ambos son igual de implacables cuando quieren algo – agrega recordando sus parecidos.

– Aunque ella es más amable. Por eso te gusta – indica Peggy mirándolo con sus cálidos orbes cafés.

– Yo... – tartamudea nerviosamente.

– No puedes engañarme, la miras como si ella fuera la obra de arte más hermosa que alguna vez hayas visto. Ella te mira como si fueras el acertijo más interesante que ha encontrado – explica mirando de reojo a la ojiverde ocupada en su teléfono – Pero la cosa es, tu no solo la miras porque es hermosa y ella no solo te ve porque eres interesante – sonríe regresando la mirada a sus ojos azules.

Steve la mira completamente atónico, incapaz de hablar por la sorpresa o el pánico.

– Está bien, Steve. Lo que nosotros tuvimos ocurrió hace una vida, yo me enamoré e hice mi vida. Es momento que tu también hagas la tuya – le asegura Peggy.

A pesar de todas las dudas que plagan la mente del soldado, poco a poco una sonrisa comienza a formarse en su cara.

05 DE DICIEMBRE DE 2013. 08:15 P.M. NUEVA YORK. 70 W 36TH CALLE NEW YORK, NY 10018. THE RAG TRADER & BO PEEP COCKTAIL AND HIGHBALL STORE.

A pesar de que amo el arte y bailo desde la infancia, nunca esperé que ver dos personas bailando fuera tan hermoso. Los veo bailar cada momento que tengo fuera de mi teléfono. Hay algo alentador en verlos juntos, bailando, a pesar de todo lo que vivieron y después de todos los años que estuvieron separados.

El sonido de una nueva notificación me hace apartar la vista por décima vez en la velada justo cuando los veo enfrascarse en una conversación profunda. Toda la tarde he estado recibiendo mensajes de SHIELD para ayudar a ciertas personas, tomé dos días de vacaciones para que me molestaran lo menos posible y lo único que conseguí es que llamaran a mi teléfono en lugar de mi oficina. Lamentablemente he gastado muchos de mis días de enferma en el hospital o teniendo crisis nerviosas, así que no pude tomar uno de ellos.

Además, trabajar desde la mesa donde están nuestras cosas me dio una excusa para no levantarme mucho, todos llevan horas bailando, incluso la enfermera Dean esta bailando en algún lugar del salón con un desconocido de 70 años. Pero yo estoy adolorida de todas las misiones que me hicieron hacer y mi "brillante" decisión de tomar clase de ballet después.

Saco mi teléfono encontrando un mensaje de Sharon avisándome que lamentablemente sigue ocupada en su misión. Le envío una corta respuesta proponiendo una solución.

Vuelvo mi mirada a Peggy y Steve pensando en lo mucho que ha pasado desde que Sharon y yo éramos unas pequeñas niñas jugando en la oficina de la antigua directora. Desde que crecimos hemos sido más aliadas que amigas, sobretodo porque nunca hemos trabajado juntas a excepción de un par de misiones. Pero ambas sabemos que podemos contar con la otra.

Razón por la cual no compartirle mis sospechas de SHIELD me hace sentir culpable. Sobretodo ahora que Peggy lo sabe. No me puedo seguir lamentando porque regresan con los brazos entrelazados.

– ¿Todo bien? – pregunto.

Me enderezo inmediatamente y analizo todo el lugar en busca de cualquier peligro que no haya visto. No espero un ataque, pero buscar enemigos se ha convertido en mi segunda naturaleza.

– Perfecto, querida. Solo ya no tengo la resistencia de antes – confiesa Peggy suavemente. Tiene su impecable postura, como siempre, pero sé que le falta el aliento por la forma en que su pecho se mueve.

Busco los ojos del rubio para confirmar que todo este bien, sin embargo, estos me evitan. Lo único que percibo es un brillo que realmente no se definir. Tampoco puedo cuestionarlo a él porque aparece la enfermera Dean, alertada por el regreso a la mesa de Peggy.

– ¿Hora de irnos, señora Carter? – pregunta formalmente.

– Descansemos aquí un poco – sugiere ella.

Nos acomodamos en la mesa mientras todos damos un trago a nuestra bebida. Ellos porque tienen sed luego de bailar tanto, yo porque no quiero ser la única rara que no lo hace.

– ¿Cómo vas con tu ingreso al doctorado de leyes? – pregunta casualmente Peggy cuando parece haberse recuperado lo suficiente.

Me ahogo con mi bebida por la sorpresa.

– ¿El doctorado de qué? – cuestiono completamente confundida.

– Me pidieron una recomendación para ti para Yale. No estudié derecho, pero conozco al decano – explica frunciendo ligeramente el ceño.

Mi mente trabaja al 200% en busca de cualquier explicación a esto. Aunque solo hay una persona lo suficiente determinada para pedirle una carta de recomendación a Peggy para un doctorado que ni siquiera he aplicado.

Mi padre dejó de acosarme no porque este cooperando, sino porque me quiere meter en ese doctorado. Con toda la información que tiene de mí, ya sea porque se la di para hacer mi asociación con él legal o la que investigó ilegalmente, puede fácilmente haber hecho una solicitud. Con mis antecedentes es improbable que me rechacen. Aún más con la carta que Peggy afirma haber dado.

Siento la ira recorrer mi cuerpo en segundos. Mi padre necesita un experto en leyes para un proyecto que está haciendo, me hizo determinar que características debería tener el candidato, yo concluí un doctorado en leyes con experiencia en ciencias. Yo tengo un doctorado en medicina militar y biofísica, además de una maestría en leyes. Para ser la candidata perfecta solo tengo que hacer el doctorado.

Ese maldito aún piensa que puede manipular mi vida a su antojo porque es lo que le parece cómodo. Ese...

Una cálida mano aprieta la mía para mostrar apoyo. El pequeño detalle me trae de vuelta a la realidad, veo como todos en la mesa me miran con preocupación. Inhalo para calmarme, no es momento de mostrar mi ira.

– Todo va bien en el proceso, gracias por ayudar – consigo decir forzando una sonrisa.

Captan la indirecta porque no insisten, Steve desvía la conversación hacia lo poco que visitaba estos sitios en los 40's contando historias y dándome tiempo para que recupere la compostura. A mitad de su historia suelta mi mano para gesticular y siento un extraño frío en la mía por su ausencia.

– Miren la hora, ya es hora de irnos – dice Peggy luego de que ella nos cuente que iba a más a estos sitios por misiones que por diversión.

Es claro que está cansada, así que nos levantamos sin chistar. Recogemos nuestras cosas en silencio y en menos de 5 minutos ya nos encontramos en la calle a punto de subirnos al auto.

– Querida, si eres tan amable. ¿Podrías comprarme una crema Ponds azul? Olvidé traer suficiente para todo el viaje – me pregunta Peggy.

Me parece tan extraño que me quedo paralizada por unos segundos pensando que está bromeando. Podríamos pasar por la crema todos juntos o incluso pedir que alguien la lleve al departamento. Busco la mirada de la enfermera Dean, ella simplemente se encoje los hombros dándome confirmación que todo es plan de Peggy.

– Si, claro – respondo cuando me queda claro que es en serio.

– Pero no me gustaría que salieras sola tan noche – exclama como si apenas se hubiera dado cuenta. Peggy era una espía, es tan buena actriz que pudo haber ganado un Oscar, por eso su mala actuación me parece tan extraña.

– Literalmente puedo matar a alguien en 5 segundos – intento.

– ¡Steve! No te molesta acompañarla, ¿cierto? – continúa ignorando mi comentario.

– Por supuesto que no – responde tranquilamente.

Peggy sonríe complacida mientras comparte una mirada con el rubio, es tan corta que si hubiera parpadeado no la hubiera visto. Toda la situación me parece increíblemente extraña, mi mente lucha por encontrar una explicación y llega a la conclusión que Peggy quiere un poco de tiempo libre.

O quizás se vaya a escapar a algún lugar y Steve la está ayudando, urge la parte paranoica.

O quizás solo quiere ver la ciudad sola, me insta la parte más lógica. De todos modos, no se quedará sola porque la acompaña la enfermera Dean, me consuelo. Como diría mi terapeuta, solo estoy viendo problemas y enemigos donde no hay ninguno.

Nos despedimos de las mujeres después de que Steve le entrega a la enfermera Dean las llaves del auto. Nos encaminamos a nuestro pedido avanzando por las frías calles de la ciudad. A pesar de haber pasado miles de horas a su lado, por alguna razón el ambiente es extraño, además, es la primera vez en los últimos días que en verdad hemos estado solos. Incluso mientras hemos dormido no hemos ido a la habitación del otro, una parte del mí teme que si hago eso Peggy nos descubrirá a la mañana siguiente. La otra parte se burla por lo estúpido que es preocuparme por eso.

– ¿Todo bien? – me saca de mis pensamientos la voz del rubio.

– Si... solo la actitud de Peggy fue extraña – admito. En este punto ni siquiera me sorprendo de lo fácil que fue decirle la verdad a la primera pregunta – Pero supongo que quería un poco de tiempo sola – suspiro.

Una casi imperceptible tensión de los hombros de Steve se libera con mi comentario. Estoy a punto de preguntarle cuando de la nada exclama.

– ¡Amo ese juego! – señala un montón de personas congregadas en una cabina.

He estado tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta de que terminamos a lado de una calle cerrada en la que hay una feria, aunque en mi defensa siempre hay muchas personas en las calles de Nueva York como para que eso me alerte de algo.

– ¿Qué es eso? – pregunto. Podría deducirlo, pero hay demasiadas personas que me tendría que subir en Steve para tener una vista clara de la cabina.

– Es el juego donde tiras unos discos en unos tubos – explica como si fuera la cosa más normal en el universo.

– ¿Para qué? – enarco una ceja.

– ¿Es en serio? – su mirada se vuelve de golpe hacia mi, como si esperara que bromeara.

– A lo que entiendo, estas cosas son básicamente una estafa – me encojo de hombros.

– Es solo por diversión. Una vez Bucky gastó 20 dólares para ganar un oso de peluche para una chica, estuve dos horas burlándome de él mientras intentaba ganar – ríe con el brillo que acompaña las conversaciones del pasado presente en su mirada.

Sin embargo, frunzo el ceño, la estupidez humana nunca dejará de sorprenderme. Parece captar mi desacuerdo porque pregunta.

– ¿Qué nunca has estado en una feria? – niego con la cabeza – ¿Ni siquiera de niña? – insiste.

– Fui una niña genio. Supongo que estaba ocupada – argumento.

Pasé mucho tiempo en museos, laboratorios e incluso hospitales, pero ferias comunes no formaban parte de mi horario.

– ¿Nunca has ido a Conney Island? – pregunta Steve y se muestra personalmente ofendido cuando niego con la cabeza – ¿Ni siquiera con Charlie? ¿Qué clase de horrible infancia es esa? – insiste horrorizado.

Creo que se vería menos molesto si le dijera la vez que accidentalmente pisé la cola de Watson.

– He ido a Disneyland o alguna clase de feria privada que organizan las campañas de mi padre. Pero no son así, hay menos personas – respondo quedamente, de las muchas terribles historias de mi infancia, el hecho de no ir a ferias no pensé que fuera la que más lo horrorizara.

Justo cuando siento que me va a soltar uno de sus interminables sermones, suelta una carcajada.

– Quizás si tengas un poco de esnob dentro de ti – ríe con sus ojos zafiro brillando.

Me ofende tanto que ignoro sus hermosos ojos y le lanzo una mirada de muerte.

– No era un insulto – exclama levantando las manos en signo de rendición – Pero a veces es bastante claro que te criaste en una mansión –

Ruedo los ojos, y continuó caminando. Lo tengo bastante claro, aunque no precisamente me enorgullezca de haber crecido en básicamente una burbuja de lujo.

– Ven. Te enseñaré a jugar esto – sonríe el rubio tomando mi mano para guiarme por el montón de personas.

No me permito detenerme a pensar en la familiaridad con que tomó mi mano, aún cuando lo hizo lento para permitirme quitarme si quería hacerlo. Tampoco me permito pensar en lo sencillo que fue para mí dejarme guiar. Sobretodo no me dejo pensar que no es porque alguien me esté guiando, sino porque es él.

[Detente], me advierte la voz de mi cabeza cuando llegamos al puesto.

Como siempre, decido concentrarme en lo que tengo enfrente en lugar de mis sentimientos. Hecho que molestaría a mi terapeuta, pero que me hace ganar tres peluches medianos. Ahora entiendo porque juegan este tonto juego, cuando ganas el nivel de serotonina y dopamina que entra a tu cerebro es incomparable.

Iniciamos jugando con un grupo de personas, pero terminamos jugando un par de rondas solo Steve y yo cuando los demás se dan cuenta que no pueden vencernos, él gana otros 5 peluches. Como es la primera vez que juego no me siento mal de perder un par de veces, sobretodo luego que lo destrocé 3 veces. Finalmente decidimos irnos cuando comienzan a llegar niños y nos parece demasiado cruel seguir ganando.

Aún es relativamente temprano, así que Steve me muestra los pequeños placeres de las ferias, como los juegos de azar y mecánicos. El fondo de mi mente se mantiene alerta de cualquier peligro, pero por primera vez en mucho tiempo me dejo verdaderamente disfrutar la experiencia, es sencillo cuando tengo la seguridad de Steve a mi lado.

Luego de un rato me muestra la zona de comida donde compramos suficiente comida chatarra para alimentar una familia numerosa. Terminando, incluso para el metabolismo acelerado de Steve, estamos demasiados llenos para algún juego así que decidimos descansar en la noria.

La fila es corta y en menos de 5 minutos ya estamos acomodados en nuestros asientos dentro del juego.

– Disfruten el viaje, pequeños tortolos – dice el operador para accionar enseguida la palanca que nos hace subir. Ni siquiera tenemos tiempo de decirle que no somos pareja.

Sin embargo, nos han dicho eso tantas veces hoy, en casi todos los juegos, que ya ni siquiera nos incomoda. De todos modos, no pienso mucho en eso porque conforme vamos subiendo la vista me roba el aliento.

Por la forma en que ubicaron la noria, el paisaje se puede ver a través de los edificios e incluso podemos ver parte del Río Este. Realmente es hermoso Nueva York con todas sus luces brillando en la oscuridad de la noche y como estas se reflejan en el agua, incluso los ruidos de la ciudad se sienten reconfortantes estando tan arriba. Nos sumimos en un silencio cómodo disfrutando la vista.

– Quería preguntarte... ¿estas dispuesto a ir a una misión? – rompo el silencio cuando casi hemos llegado a la cima.

– ¿Misión? – Steve enarca una ceja volteándose en el reducido espacio para poder verme de frente.

– Sharon, la sobrina de Peggy, está ocupada en una misión y ya que Peggy no va a quedarse mucho tiempo quería ver si querías ir conmigo a completarla –– explico volteándome como puedo para verlo de frente también.

Generalmente, Sharon no daría una misión para que alguien más la completara, ni siquiera a mí. Pero supongo que Peggy nos hace actuar raros a todos. Como dejarla ir sola con una mala excusa.

– ¿No sería extraño si vamos los dos? – inquiere Steve un poco inseguro.

Debo reconocer que es una buena pregunta, aunque es una que ya me había hecho.

– Fury sabe que Peggy está aquí y su parentesco con Sharon. De hecho, te lo pido a ti porque así podemos ir solo los dos y ahorrarnos explicaciones a un equipo – explico.

– Ah, es una misión sencilla – suelta aliviado.

Luego de todas las misiones que también le pusieron a hacer a él para mantenerlo entretenido, supongo que también espera algo sencillo.

– No realmente, pero tú vales por 5 personas y yo por 7 – bromeo – La cosa es que es mañana – agrego recelosa.

– ¿Mañana? – repite sorprendido.

– Peggy se va en dos días y quería darle un día completo a Sharon. Si quieres puedes quedarte con ellas, yo puedo ir a la misión... –

– No, esta bien – me interrumpe con completa seguridad.

Escaneo sus ojos en busca de cualquier duda, pero solo encuentro determinación. Incluso su postura ha cambiado para adoptar la propia de "Capitán América".

– Perfecto – sonrío complacida dando por terminada la conversación.

Llegamos a la cima y ambos nos quedamos hipnotizados admirando la vista.

Sin embargo, ni siquiera ahora el universo puede permitirme un buen momento. Al estar tan alto, el frío casi invernal se siente más profundo. Mi atuendo está pensado para salir a divertirme en lugares con aire acondicionado y transportarme por auto, así que mis jeans y chaqueta no son lo suficiente gruesos para protegerme. Me encojo un poco en mi lugar para guardar mi calor.

– ¿Tienes frío? – pregunta Steve.

No me moví mucho, pero el espacio es lo suficiente pequeño para que lo haya notado.

– Sobreviví Escocia en invierno. Estaré bien – aseguro quitándole importancia.

Ni siquiera pasa un segundo cuando Steve ya se está quitando su chaqueta para entregármela.

– No es necesario. Te va a dar frío – intento advertirle.

De alguna manera logra quitarse su chaqueta en el pequeño espacio y me extiende la prenda mientras me dedica una media sonrisa.

– Soy un súper soldado, no tengo frío – declara arrogantemente.

– Bien, alguien de SHIELD o algo podría vernos. Y te recuerdo el revuelo que pasó la última vez que acepté tu chaqueta – argumento. No espero que estén aquí, pero si algo me enseñaron es a no dar por hecho nada.

– Bueno, ya le dijiste a Fury que somos pareja y qué clase de novio falso sería si no te diera mi chaqueta – bromea.

– Le dije que nos acostábamos, no que éramos pareja – protesto.

El mueve la mano para quitarle importancia mientras me extiende su chaqueta. Estoy a punto de volverlo a rechazar cuando una ráfaga de aire frío me arranca el aliento.

– Lo voy a tomar, pero que quede claro que no estoy de acuerdo – refunfuño cubriéndome con la chaqueta y sintiendo el inmediato calor que desprende.

Sólo la acepto porque es estúpido que me muera de frío cuando puedo usar su chamarra, no es como que la mitad de SHIELD no piense que salimos de todos modos.

[Sí, no tiene nada que ver que adoras estar rodeada de su aroma], se ríe la voz de mi cabeza.

Ignoro la voz, pero no pasa desapercibido para ninguna la forma en que mi cuerpo automáticamente se relaja cuando el olor me envuelve. Podría atribuirlo al calor que proporciona la chaqueta, pero ni siquiera yo soy tan buena mentirosa.

Estamos a mitad del recorrido hacia el piso cuando Steve rompe el silencio.

– ¿Qué pasa con el doctorado? – pregunta incómodo.

No tengo que voltearlo a ver para saber que esa pregunta le ha rondado la mente las últimas horas. Aunque estoy segura de que sabe que quién planeo esto fue mi padre, no yo.

– No lo sé – respondo honestamente.

Por supuesto, él no está satisfecho con mi respuesta porque su mirada sigue quemándome por su intensidad.

– Quizás sea buena idea – admito con un suspiro – Podría servirme si lo enfoco en leyes internacionales. Sabría los límites que tengo con SHIELD y como evadirlos o defenderme si pasa algo, lo cual en nuestra línea de trabajo es bastante bueno – digo expresando el plan que se ha formado en el fondo de mi mente desde que dejamos a Peggy.

– ¿Te irías? – pregunta Steve, por su tono es claro que le preocupa.

A pesar de lo molesto que se pone cuando es un bastardo sobreprotector, su preocupación en este caso me parece encantadora.

– No te desharás fácil de mí, Yale está a solo dos horas – le sonrió en una forma que espero sea tranquilizadora – Aparte, ya he estado en Yale, mi maestría es de ahí. No me tomará mucho hacer el doctorado –

Él saca un bufido incrédulo.

– ¿Un doctorado en leyes no te tomará mucho tiempo? – pregunta dudoso.

– Bueno, si me meto de lleno a la universidad. Que es lo que generalmente hago, tardaré como 8 meses – explico completamente honesta.

Steve frunce el ceño entre perplejo y desconfiado.

– Tengo que completar la curricula y lo que califican es el examen final, solo estudio mucho y tomo turnos para presentar los exámenes finales de todas las clases – indico con un guiño.

– Soy más inteligente que apostar en contra tuya – dice finalmente.

– Vaya, detrás de todos esos músculos si tienes cerebro – bromeo lo que solo le hace rodar los ojos con una media sonrisa.

Bajamos de la noria, aún recibiendo miradas sugerentes del operador. Al ver la hora, casi medianoche, decidimos que es momento de volver a casa. Comenzamos a caminar hacia el metro alternando entre silencios y hablar sobre cualquier cosa, también hay bromas luego que me tropiezo con un pedazo de banqueta y Steve tiene que agarrarme antes de que caiga al suelo.

Conforme nos vamos acercando a la estación de metro percibo como Steve se va tensando cada vez más. Lo cual me parece extraño pues yo soy la que suele estresarse y esperar un ataque.

– Sophia – dice Steve luego de un silencio particularmente largo donde lo veo debatirse en su nerviosismo.

– ¿Sí? – respondo de inmediato.

Si está usando mi nombre de pila significa que lo que sea que le preocupa en realidad es serio.

– Yo... Es decir, nosotros. Bueno, más bien yo... Pero si tú – dice atropelladamente.

No puedo contener una pequeña risa al verlo tan nervioso, aún en las sombras de la calle puedo ver como su piel se torna roja. No entiendo realmente que lo tiene tan nervioso, pero ya estoy acostumbrada a que me sorprenda. Puede bien ser de algo relacionado con SHIELD como de que volvió a recoger un gatito de la calle.

– ¿Quieres un minuto para ordenar tus ideas? – pregunto mordiendo mi labio inferior en un intento de contener mi sonrisa.

Él suelta un suspiro para ayudar a calmarse. Cuando vuelve a mirarme en sus ojos veo una renovada determinación.

– Sophia – repite tomando mis manos y reclamando mi vista con sus orbes azules. Por alguna razón mi nombre parece música en sus labios.

Una clase de estática indescriptible nos rodea en un latido. Siento el calor emanando de su cuerpo y su olor rodeándome completamente, tanto por lo cerca que está como por su chaqueta que me cubre.

Por unos segundos nada importa más que él y yo.

Algo en el fondo de mi cerebro me alerta de peligro. Callo esa voz y cualquier otra de mi cerebro, he dejado demasiado tiempo que las voces me comanden.

Lentamente acerca su cara a la mía, sumida en alguna clase de trance hago lo mismo al punto de levantarme ligeramente en la punta de mis pies para compensar la diferencia de altura. Quedamos tan cerca que su respiración se mezcla con la mía y nuestros labios están a punto de rozarse.

Veo una figura moverse por la cornisa de mi ojo y enseguida siento el cambio en el ambiente que indica que alguien nos está cazando.

– Espera – exclamo poniendo una mano en el pecho del rubio para detener nuestro acercamiento. Ni siquiera estoy segura de que sucede, solo que algo va a pasar.

– Yo... lo siento... Lo malinterpreté – habla Steve frenéticamente.

No llego a decirle que no me refería a eso porque una explosión nos tira al piso.

05 DE DICIEMBRE DE 2013. 11:32 P.M. MANHATTAN, NUEVA YORK. 165 DUANE ST 10013. DEPARTAMENTO DE JOEY WARREN, 3º PISO.

– ¡¿Qué mierda, Joey?! ¡Te dije que no me atacarás! – reclamo furiosa en cuanto abre la puerta.

Luego de vencer a los agentes principiantes que entrena y envió Joey, cosa que hicimos en menos de 10 minutos porque yo estaba furiosa y encantada de lanzar toda mi ira en alguien. Les di algunos comentarios porque sino su ataque habría sido en vano, vine directamente al departamento de Joey a reclamarle.

¿Debería haberme ido con Steve? Probablemente.

¿Ir con Joey fue una huida cobarde? Sí.

¿Si no nos hubieran atacado nos hubiéramos besado? Definitivamente.

¿Cómo me hace sentir eso? No tengo ni idea.

– Me dijiste que no lo hiciera en tu nuevo departamento, al cual por cierto no me has invitado ¡¿Cómo iba a saber que estabas en una cita con Capitán América?! – pregunta más asombrado que avergonzado.

Se hace un lado permitiéndome entrar a su departamento para no gritarle en pleno pasillo y asustar a sus vecinos, cosa que he hecho antes. Entro al departamento tipo estudio, a pesar de que todo está abierto también está perfectamente acomodado dando la ilusión de que es más grande.

– No era una cita – gruño.

– Tienes su chamarra – indica señalando la chaqueta de cuero café que aún me cubre.

– Tengo que volver a explicar que hacía frío y que Rogers es un perfecto caballero – digo con obviedad. Pero no puedo afirmar que el seguir teniendo su chaqueta fue una decisión consciente.

– Pasaron por una feria, incluso tenían peluches – responde. Tiene la decencia de no mencionar en que posición nos encontraron los agentes, aunque no dudo que le dijeron.

– Estábamos comprando una crema para Peggy, la feria solo estaba de camino – argumento indignada dejándome caer en un sillón a mitad del lugar.

– Aja, ¿y la crema? – inquiere enarcando una ceja.

– Ese no es el punto – respondo de inmediato cuando me doy cuenta de que en ningún momento nos acercamos a comprar la crema.

Me remuevo en el sillón hecha una furia. Mi amigo se sienta en un puff en frente de mi pensativo.

– Bien, lo siento – levanta las manos en signo de rendición – Me aseguraré de que no haya papeleo y que ninguno de los agentes hable – promete.

Asiento insegura. Si algo me ha quedado claro de SHIELD es que los rumores se esparcen más rápido que pólvora. Aunque también, lo primero que nos enseñan es a no revelar ciertos secretos.

– Bien, ¿qué pasa contigo y el Capitán? – pregunta emocionado.

– ¡No te voy a decir! – exclamo.

– Oh, vamos. Así evitaré enviarte escuadrones en plena cita – insiste poniendo ojitos de cachorro que le funcionan con la mayoría de las mujeres.

– No estábamos en una cita – respondo no cayendo en ellos – De todos modos, tu fuiste quien insistió en que no saliera con nadie del trabajo incluido Rogers – le recuerdo.

Su mirada se ensombrece.

– Si bueno, tenia la esperanza que lo negaras – admite.

Todo su semblante cambia a uno mucho más oscuro y decaído.

– Llevo negándolo desde que entré – gruño.

Una sonrisa aparece en sus facciones.

– Si no estuvieran saliendo me hubieras gritado por el teléfono – dice.

Intento negarlo, pero tiene razón. Si no hubiera sido tan importante solo le hubiera gritado por teléfono por haber puesto en peligro a los agentes al enfrentarse a Capitán América, no hubiera reclamado por haberlos enviado.

Considero decirle toda la verdad, pero le he mentido tanto tiempo que revelarle la verdad en este punto podría hacer más daño que bien. Además, aún no estoy segura de que no tiene nada que ver con nuestros enemigos.

– He desarrollado sentimientos hacia él – admito simplemente.

La sorpresa no cruza por sus facciones, tampoco me pregunta como desarrollé esos sentimientos o por qué, ambos sabemos que no respondería.

– ¿Eso es tan malo? – pregunta Joey en su lugar con suavidad.

– Si – mi voz sale rota.

– Nuestro trabajo es complicado – admite él cansado.

No puedo evitar pensar en las miradas que ya no comparte con Jacobs, y en lo vacío que tienen sus ojos cada vez que estos se encuentran.

– Su trabajo también lo es. Si lo juntamos tenemos una receta para desastre – gimo enterrando mis manos en mi cara.

– Bueno... mierda. ¿Quieres beber alcohol hasta que olvidemos porque estamos tristes? – pregunta luego de unos segundos de quedarnos pensativos, lamentando todas las decisiones que nos trajeron a este momento.

Considero negarme, mañana tengo la misión y debería irme a dormir pronto. Pero un frío se a formado en mi pecho por la separación de Steve y la incertidumbre de que, aún cuando esté enamorada de él y él de mi, puede que no podamos estar juntos. Un frío que espero desaparezca con el calor del alcohol.

– Por eso somos amigos – asiento con la cabeza sonriendo.

Él me corresponde con la misma sonrisa rota y desesperanzada mientras se levanta por vasos y botellas.