06 DE DICIEMBRE DE 2013. 10:22 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. CENTRO DE COMANDO DE SHIELD. HANGAR 19. (MAÑANA SIGUIENTE)
La agente Hayle se mueve rápidamente por los pasillos arrepintiéndose de sus decisiones. Ella y Joey no tomaron demasiado, tal como prometieron, tomaron lo suficiente para no recordar porque estaban tristes y luego de tomar una aspirina el dolor de su cabeza no es más que una simple molestia. Sin embargo, incluso eso puede atrasarla en la misión, así que no fue tan buena idea.
Llega al hangar donde la espera el avión que van a usar, luego de revisarlo saca los planes de la misión para examinarlos una última vez. Los ideó en el departamento de Joey, cuando aún estaba lo suficiente sobria para hacerlo, los pulió un poco hoy en la mañana, cuando fue a recoger un uniforme extra a la Torre Stark. En ese momento se trató de convencer que ir ahí era lo lógico porque queda más cerca de SHIELD, definitivamente no tiene nada que ver con su miedo a enfrentar al soldado.
O así es como se quiere mentir a sí misma.
Una vez que Sophia se asegura que todo está bien con el plan decide recoger su cabello para que deje de parecer un nido de ratas. Su idea es hacer un moño para quitarse todo de la cara, pero luego de 3 intentos y una liga rota se da cuenta que va a ser más difícil de lo que pensaba.
Al estar ayudando a su padre en la oficina, Sophia ya no ha sido forzada a asistir a tantos eventos familiares. Lo cual es perfecto para su apretada agenda, para tener permiso de ausentarse y estar con Peggy tuvo que adelantar mucho trabajo. Aún así, ya no tiene la presión de lucir como la "hija perfecta" porque realmente no convive con nadie fuera del círculo cercano de su padre que no les molesta su apariencia porque aprecian su cerebro.
Eso sumado a que por primera vez en años tiene una dieta decente gracias a Steve, ha hecho que su cabello crezca hasta rozar su cintura. Hasta ahora el largo de su cabello no había representado un problema. Pero ahora Sophia se debate si debe aparecerse frente a Lydia, la joven esposa de su padre, para que lo obligué a darle el día libre para poder cortarse el cabello y parecer "una señorita respetable de la sociedad". Generalmente Sophia huiría de ello, pero tomando en cuenta el estado de su cabello, le parece necesario.
Hace un último intento para recogerlo, pero una segunda liga se rompe. Maldice entre dientes tomando lo que resta de la liga.
– ¿Necesitas ayuda? – pregunta una voz familiar para aparecer unos segundos después con su típico traje patriótico.
– A menos que sepas como peinar, dudo que puedas ayudarme – responde la chica evitando su mirada.
Espera que eso de por terminada la conversación, pero para su sorpresa Steve se acomoda detrás de la chica y comienza a desenredar lentamente su cabello con los dedos para trenzarlo suavemente.
En todo momento sus movimientos son lentos, dándole tiempo a la chica de quitarse si le incomoda, y evita tocarla directamente.
– Cada día me sorprendes – murmura la chica sacándole una media sonrisa al soldado.
– Bucky tenía una hermana pequeña, Rebeca. Nos obligaba a jugar con ella de vez en cuando y me enseñó a trenzar el cabello – explica separando suavemente el cabello de la chica en secciones.
El silencio se extiende mientras Steve hace la trenza francesa, con ello una pequeña incomodidad los rodea. Ninguno sabe exactamente como iniciar la conversación, sobretodo cuando ambos siguen pensando en el casi beso de la noche anterior.
Luego de volver al departamento Steve se pasó despierto toda la noche, pensando y avergonzándose de sí mismo. ¿Realmente pude haber sido tan estúpido para haber interpretado todo tan mal? Ella solo me ve como un amigo y yo me impuse en ella, se reclama.
A las 2 de la mañana, cuando contarle todo a Watson sin más respuesta que un Miau dejó de ser alentador, y consumido por su culpa e incomodidad llamó a Natasha. Escogió a la rusa porque supuso que era la que menos se iba a burlar de él, aunque no le dijo que la amiga a la que había intentado besar era Holmes, sin embargo, no le sorprendería si ella lo dedujera. Su nivel de desesperación era lo suficiente alto para que ese riesgo fuera secundario.
Luego de darle un poco de contexto, evitando cualquier dato que gritara Holmes, la pelirroja fue sorprendentemente comprensiva y alentadora. Le dijo que probablemente no mal interpretó todo, y que parecía que a ella también le interesaba. Que debía hablar solo con su amiga para dejar claras las cosas.
Aunque, ahora que por fin esta solo con ella. No sabe que decir.
– No volviste a casa – finalmente rompe el silencio Steve, dejando la pregunta flotar entre ellos.
– Fui con Joey, a asegurarme que no hablara y que no volviera a pasar algo así – responde Sophia reprimiendo el impulso de removerse incómoda.
Él asiente con la cabeza, pero queda claro que eso no es todo. Eso no llevaría más de media hora y ella estuvo toda la noche fuera. Además, con sus súper sentidos no sirve el intento de ocultar el débil olor a alcohol con perfume. Con un suspiro Steve detiene el cabello de la chica con una mano mientras con la otra saca un contenedor de pastillas. Un contenedor de plástico con 7 compartimientos para cada día de la semana.
– Supongo que no te has tomado tu medicina – dice extendiéndoselo.
Ella lo toma con nerviosismo para tragarse en seco las pastillas que corresponden a hoy.
– Gracias – murmura ella con sincera gratitud. Ambos saben lo malo que se pueden poner las cosas si ella va a una misión sin tomar su medicina.
El soldado simplemente asiente y continúa haciendo la trenza. En el silencio Steve percibe como Holmes se debate mentalmente algo. Parece haber reunido el suficiente valor cuando vuelve a hablar.
– Sobre lo que pasó… – inicia.
– Wow, creí que iba a una misión no a una pijamada – los sobresalta Tony llegando de improvisto y definitivamente en el momento equivocado.
– Muy gracioso, Tony – rueda los ojos la chica, pero se mantiene quieta.
Steve continúa con la trenza esperando que el billonario se aburra y se vaya a lo que sea que vino a SHIELD. Sin embargo, la suerte no está de su lado. Justo cuando comienza a amarrar la trenza con la última liga sobreviviente el sonido de una fotografía los sobresalta.
– ¡Hey! ¿Por qué fue eso? – le grita la chica a su padrino.
– Dime quien me va a creer que los encontré trenzándose el cabello sin pruebas – alega Tony guardando su teléfono último modelo.
Ella rueda los ojos, murmura un gracias al rubio y emprende el camino hacia el avión extendiéndole el archivo del plan mientras explica a rasgos generales lo que Sharon había hecho en las misiones anteriores. Con cada paso, ambos entran en sus papeles para la misión, dejan atrás a Sophia y Steve, los inseguros amigos que no saben que significa lo que sucedió la noche anterior. Se convierten en el Capitán América y la Agente Hayle, las personas determinadas a resolver la misión de la manera más efectiva posible.
Una vez que llegan al avión Tony los alcanza y le quita el archivo con los planes a Steve.
– Esto es aburrido. ¿Por qué me hiciste venir si es tan sencillo? – suspira ojeando el archivo.
– No te hice venir. Me preguntaste "¿A dónde vas?", yo te dije que a una misión y que no me siguieras y tu respondiste "Hago lo que quiero" y viniste – reclama la chica.
Cuando Sophia iba de salida de la Torre, luego de cambiarse de ropa, se encontró con su padrino experimentando con una mejora a Jarvis justo en el elevador. Ella pensó que luego de seguirla a SHIELD iba a encontrar algo mejor que hacer y entretenerse con ello.
No que realmente la iba a seguir a la misión.
– Ahora, justo por eso debo ir – afirma Tony con una sonrisa burlona.
– Ya están hechos los planes – señala Steve.
– Seguro en alguno de los miles planes de Sophie hay uno que puede incluirme – declara arrogantemente el castaño.
– ¿Hay una razón especial por la que quieras ir aparte de porque te dije que no vinieras? – pregunta la chica.
Por mucho que le incomode, ella sabe que para resolver correctamente la misión tienen que hablar con Steve de lo casi ocurrido anoche, cosa que definitivamente no pueden hacer con su padrino a lado de ellos.
– ¿Hay una razón especial por la que no me quieren en la misión? – contrataca Tony dedicándoles una mirada sugerente.
Instintivamente verde y azul se encuentran para tener una conversación silenciosa, pero apartan la mirada cuando se dan cuenta que incluso eso puede revelar la verdadera naturaleza de su relación.
– De todos modos, ¿por qué solo el Capileta está aquí? – pregunta acusatoriamente a su ahijada. Como si él tuviera más derecho de ir que el soldado.
– Porque ambos vamos a ir – responde calmadamente la chica.
– ¿Van juntos por voluntad propia? Esto confirma que se aman – se burla Tony, mirando con un pequeño brillo de desconfianza a Steve. Esto lo distrae de la tensión que se forma en los hombros se Sophia con sus palabras.
– Vamos juntos porque es un favor para Peggy – explica simplemente forzándose a calmarse.
– Eso tiene más sentido – murmura para sí mismo el billonario.
Steve enarca una ceja por la sobre simplificación de lo que hacen, pero ella lo descarta con un pequeño gesto de la mano. Sophia sabe que Sharon no aprecia que compartan su parentesco con la antigua directora de SHIELD.
Cuando se dan cuenta que Tony tiene toda la intención de ir, deciden hacerle caso y pasar a uno de los planes que incluye una persona extra y lo modifican un poco para adecuarlo perfectamente a las capacidades del billonario. Acceden porque saben que seguir rechazándolo solo causará más sospechas. Aunque, hacen un esfuerzo extra en discutir durante toda la planeación para aparentar que aún no se llevan bien.
Tony pone al mando del avión a Jarvis para dirigirlos a un depósito "abandonado" cerca de Boston, porque todas las guaridas de los criminales tienen que ser en lugares "abandonados" y horribles. No está muy lejos, así que no tienen tiempo libre para nada más que revisar el plan.
Aún así la misión parece relativamente sencilla. Sharon ha estado siguiendo a una banda de delincuentes que parecen relacionados con venta de armas, Sophia está segura de que deben ser armas normales porque si fueran Chitauri STRIKE ya habría tomado la misión para sí. Sharon ya recabó toda la información del lugar, solo que necesariamente tienen que ir hoy porque es el día que los encargados van a revisar un nuevo cargamento.
– ¿Todo claro? – pregunta Sophia cuando acaban de dar los últimos detalles al plan de último minuto.
Los hombres asienten seriamente.
– Bueno, vamos Capitán Spandex – dice Tony dándole palmadas en la espalda al mencionado. Ambos castaños estallan en carcajadas, mientras el rubio frunce el ceño.
– Ustedes diseñaron este traje. Además, ¿por qué ella no tiene apodo? – se queja Steve.
La risa de la chica muere inmediatamente mientras su padrino le dedica su clásica sonrisa burlona.
– De hecho… – inicia.
– No, no. Lo prometiste – lo interrumpe llena de pánico.
– Cuando era niña… – trata de nuevo su padrino.
– No, Stark. NOO – grita intentando cubrir su boca.
– La primera vez que la vi… – su voz sale amortiguada por las manos de la chica.
– Anthony Edward Stark – demanda molesta con su característico acento británico.
Tony suelta un suspiro pareciendo rendirse, Sophia quita tentativamente su agarre mientras el mayor se aleja. Pero cuando queda a una distancia segura simplemente vuelve la mirada con un brillo de diversión en sus ojos.
– ¿Sí?, pequeña Hobbit – responde para resguardarse de un golpe seguro de su ahijada.
Ahora es el turno del rubio de romper a carcajadas.
– Hobbit – repite sin aliento Steve – Es qué si estas bien pequeña – afirma entre risas mientras el billonario huye de su ahijada.
– ¿Tú de donde conoces a los Hobbits? – inquiere ofendida Sophia.
– Leí el libro – responde el rubio aún divertido.
– ¿En serio? – pregunta la chica realmente sorprendida. No recuerda haberlo visto con ese particular libro, ni recuerda haberlo visto en el pequeño librero en la habitación del rubio.
– Sí, en 1937. Cuando se publicó – agrega con obviedad
– Hey, ¿por qué demonios no me dijiste que lo habías leído? – exclama Sophia golpeando ligeramente le brazo del rubio con una sonrisa.
Una de las primeras conversaciones que tuvieron, en las que no se gritaron, fue acerca de cosas de cultura general. Ella le preguntó si había visto ya las películas de varias cosas, e incluso le preguntó por El Señor de los Anillos, aunque olvidó completamente que su precuela, El Hobbit, fue publicada cuando el soldado aún no se unía al ejército.
Un interminable número de preguntas surgen en la mente de la chica, ¿cuál es tu personaje favorito? ¿ya viste el último remake? Sin embargo, todo se corta de golpe cuando nota la mirada recelosa de su padrino. Él sabe que esos temas le apasionan, pero piensa que ella no se lleva lo suficiente bien con Steve para hablar de ellos.
– Es decir, ni siquiera sabía que sabías leer – dice la chica tratando de sonar casual.
– Llegaremos a la ubicación en 20 minutos – interrumpe Jarvis. Quien conectado para manejar el avión puede comunicarse por las bocinas.
Todos agradecen la interrupción.
– Vamos, Rogers. Tenemos trabajo que hacer – dice Tony adoptando un tono más duro.
06 DE DICIEMBRE DE 2013. 03:45 P.M. MIDDLETON, MASSACHUSETTS. CARRETERA 114. PROPIEDAD PRIVADA (3 HORAS DESPUÉS)
Un día voy a encontrar quien se encarga de dirigir el universo, especialmente mi vida, y le voy a dar un golpe del tamaño de todas las cosas malas que me ha hecho soportar. El cual, por el momento, es del tamaño de Júpiter.
Es decir, sí muchas yo me las busqué, pero NO TODAS. Y definitivamente no esta.
Mis pasos suenan secamente en el pavimento mientras corro a toda velocidad por el lugar. Los disparos resuenan en la lejanía mientras hago uso de todo mi cerebro para asegurarme que no me va a salir algún atacante de las sombras mientras revisó que no estemos olvidando nada. El dolor de cabeza por el alcohol de anoche no es más que un débil recuerdo alejado por la enorme cantidad de adrenalina que corre por mis venas.
– No puedo entretenerlos mucho tiempo aquí afuera – advierte Tony por el comunicador.
Su armadura aísla el ruido de la batalla, pero escucho el cansancio en su voz.
– Aguanta un poco, casi he terminado de revisar esta zona – respondo con la voz acelerada por la corrida y el estrés.
– ¿Sino sigo el plan B? – pregunta medio en broma mi padrino.
– En este punto estamos en el plan G – resoplo revisando una esquina antes de correr a toda velocidad al otro lado del pasillo.
– ¿Cuántos planes hiciste? – inquiere.
– Varios – gruño.
Justo porque sé que nada nunca sale bien.
– ¿Hiciste un plan M? – se ríe a pesar de la situación, al igual que yo usa el humor para encubrir cuando las cosas van mal.
– Rogers muere en el plan M – respondo siguiéndole el juego.
– Me gusta ese plan – afirma solemnemente.
– ¡Hey! – se queja el soldado. Pero puedo oír la sonrisa en sus palabras.
Soltamos una pequeña risa para disolver la tensión, luego volvemos al silencio y a concentrarnos cada uno en su trabajo.
Como la mayoría de las cosas, la misión inició bastante bien antes de que se fuera al demonio. Vigilamos el lugar por una hora, esperando el momento correcto y lo conseguimos porque cuando decidimos atacar, en menos de 30 minutos ya teníamos a los líderes y guardias capturados. Estábamos en el proceso de revisar las armas para que coincidieran con los datos de Sharon cuando un refuerzo básicamente se materializó del aire.
Al vernos superados en número, decidimos que Tony va a luchar contra ellos, ya sea para eliminarlos o mantenerlos entretenidos, mientras Steve mantiene la salida libre para sacar los presos y armas, y yo hago un último recorrido al lugar para asegurarnos que no olvidemos nada. No puedo olvidar la misión en Escocia donde usaron refuerzos para distraernos del verdadero cargamento de armas.
Steve quería ir conmigo, pero una mirada fue suficiente para indicar que a) no tenemos tiempo para discutir y b) discutir por el hecho que aún me cuesta pelear cuerpo a cuerpo frente a Tony nos llevará a una conversación que aún no estoy preparada de tener con mi padrino. Así que con una última mirada de "Por favor, cuídate" me fui a revisar el edificio.
Mis pasos me llevan a la última habitación que debo revisar, un pequeño cuarto en la esquina Este del cuarto piso. Unos parches extraños de polvo me indican que hay alguien adentro, probablemente varias personas. Preparo mi arma en caso de que sea un enemigo.
[Estas en una base enemiga, ¿quién crees qué es? Tu abuela], me reclama la voz de mi cabeza, no digo nada porque tiene razón.
Disfruto lo que serán seguramente los últimos segundos de tranquilidad y entro al cuarto con la pistola en alto. La habitación conecta a otros dos cuartos por dos corredores oscuros, hay un montón de cajas que parecen no haber sido tocadas en años y una silla a mitad del lugar, en ella está un hombre en un traje elegante que parece fuera de lugar y que lamentablemente reconozco.
– Hola, hermanita – saluda el estúpido de Michael levantándose con tranquilidad.
Por un segundo considero seriamente dispararle en la cabeza, pero necesito respuestas y por primera vez no esta Steve aquí para ser torturado en caso de que algo salga mal. Apago el audio de mi comunicador, lo que sea que pase aquí no necesitan oírlo y bajo lentamente mi arma, pero no la guardo. Aún no olvido que él es el responsable de lo que pasó con el idiota de los ojos grises.
– ¿Me pusiste un GPS o qué demonios? ¿Por qué me sigues encontrando? – gruño verdaderamente molesta. No me había pasado esto desde que Steve se encontraba siempre conmigo cuando recién nos conocimos.
– Es nuestro parentesco lo que me atrae a ti – tiene el descaro de contestar.
– Eso tiene que ser lo más estúpido que haya oído – respondo secamente – Si nuestro ADN nos permitiera encontrarnos ya lo habría usado para encontrarte y patearte el trasero –
– Así que aceptas que somos hermanos – sonríe complacido.
Reprimo una maldición. En sus ojos similares a los míos, veo como sabe que lo investigué. Que traté de buscar cualquier tipo de información sobre él o nuestros padres, y como fallé en ello.
– Te considero el familiar extraño que nadie quiere y que de vez en cuando intenta matarte – indico forzándome a permanecer imperturbable – No siento ningún tipo de conexión contigo ni con "nuestra familia" –
– ¿En serio? ¿Entonces por qué usas el apellido Hayle? – inquiere arrogantemente.
– Necesitaba un nombre nuevo, con ese apellido el papeleo era más fácil – me encojo de hombros como si fuera lógico.
– ¿Entonces por qué sigues usando esa cruz? – pregunta mirándome intensamente a los ojos.
La mentira que planeaba se queda atorada en mi garganta, mi cruz de oro quema en mi pecho y hace falta cada gota de mi autocontrol para no tocarla. Le devuelvo la mirada con la misma intensidad, pero cargada de odio. Sin embargo, eso solo causa que su postura se vuelva aún más arrogante. Me encantaría borrarle esa sonrisa de un plomazo.
– Ven conmigo – habla Michael sorprendiéndome.
Con movimientos lentos extiende su mano en un gesto cordial.
– Sorprendiendo a absolutamente nadie, diré que no – respondo secamente.
– Hay un helicóptero esperándome afuera. Es imposible que me captures, como ya lo has comprobado, y yo soy tu mejor opción para saber la verdad. Tanto de tu pasado como de lo que ocurre en SHIELD – dice persuasivamente.
Su tono me recuerda a un depredador extendiendo su hermoso pelaje e hipnotizando a su presa con su canto antes de matarla. Yo no soy ninguna presa.
– Se que la verdad no es tan encantadora como la quieres hacer parecer, y eso es suficiente para mí – respondo seriamente.
En lugar de molestarlo mi respuesta lo divierte, yo parezco divertirle. Aprieto suavemente la pistola en espera que ello y la fantasía de dispararle si intenta algo, me tranquilicen.
– Deberías dejar de luchar e ir conmigo. Yo puedo hacer todos tus sueños realidad – canturrea paseándose enfrente de mí.
– ¿Qué sabrías de mis sueños? – bufo incrédula.
El mismo imbécil que me abandonó de bebé y que nunca hizo un esfuerzo de comunicarse conmigo hasta que le sirvo de algo. Si seguramente sabrá mucho de mí, me burlo mentalmente.
[Sabrá lo filoso que es el cuchillo que use para matarlo], gruñe la voz de mi cabeza. Inhalo profundamente, no puedo permitir que lo mate por puro ataque de ira. Me encantaría hacerlo por todo lo que nos ha hecho pasar a Steve y a mí, pero sé que me perdería de mucha información si lo hiciera.
– Sé que cuando eras pequeña soñabas en ser una gran científica y ayudar a las personas – responde retomando su sonrisa petulante.
Es un obvio intento de mostrarse como alguien que me ha estado cuidando desde la distancia todos estos años.
– Cualquiera que haya visto un discurso de mi padre apoyando la comunidad científica en los últimos 15 años sabría eso, es más creo que uno de esos discursos lo puedes buscar en internet – respondo rodando los ojos.
Pienso que se va a rendir, pero mi respuesta no hace más que ensanchar su sonrisa.
– Ah, tu padre. Es inteligente, pero sé que no forma parte de tus sueños. Por ejemplo, se que quieres a tu querida sobrina fuera de las garras de tu padre. Yo lo conseguiré – explica con simpleza.
Su argumento me toma por sorpresa, por alguna estúpida razón suponía que mi persona favorita en el mundo estaría a salvo de toda la mierda de mi vida. Como si al mantenerla alejada de mí estos últimos meses la pondría en una burbuja protectora donde nada malo le ocurriría. Una furia protectora me golpea con sus palabras, aunque no sé si es de proteger a Charlie de él o de mi padre.
– Imagina un mundo donde no tengas a ese supuesto padre controlando cada una de tus respiraciones – continúa antes de que tenga oportunidad de amenazarlo.
– Déjame adivinar, en su lugar estarías tú – escupo con la ira calentando mis venas.
– No – ríe como si fuera una suposición tonta.
Como sí él no hubiera manipulado a miles de personas para acercarse a mí.
– Es una pena que no conocieras a nuestro padre – retoma su discurso con verdadera lástima en su voz. Eso o es un excelente actor, me inclino a creer lo último – Él siempre me apoyó en todo y me dejó tomar mis decisiones, y también sabía que lo más importante es la familia –
– Y sus enseñanzas te llevó a abandonarme – gruño, no puedo detener el tono envenenado por los años de resentimiento.
Continúa paseándose frente a mí, pero cuidando de no estar lo suficiente cerca como para que pueda atacarlo.
– Sabía que estarías mejor sin mí, y mira lo bien que estás ahora. Creciste a lo que tenías que haberte convertido… –
– No tomes crédito de quien soy – lo corto fulminándolo con la mirada.
– Bien, entiendo que no me quieres cerca. Pero si te unes a mí puedes tratar con muchas otras personas, personas que incluso conoces – dice lo último como si me revelara un gran secreto.
Y la verdad, está admitiendo que agentes de SHIELD, personas con las que he trabajado e incluso puede que me agraden, en realidad están en su bando. Admitir eso solo confirma mis suposiciones, no me da ganas de unir también a él. Sobretodo porque todavía no estoy segura a quién me uno realmente.
Michael confunde mi silencio con interés y continúa proponiendo soluciones a los "problemas" de mi vida. Promete que me conseguirá un departamento en cualquier parte del mundo, uno que sea tan secreto que nadie sepa que viva ahí y no tenga a nadie vigilándome, pero por la forma en que lo dice no parece saber donde vivo actualmente, el plan de Peggy es un éxito. También me promete que si me uno a él, nadie cuestionará mis ideas ni me hará menos por ser más joven o mujer.
Poco a poco pierdo el interés en sus promesas y me concentró en analizarlo a él. Por primera vez lo puedo ver en la luz, aunque los focos le dan un tono enfermizo a su cara. Lo primero que me atrapa es lo similar que sus rasgos son a los míos, siendo adoptada nunca he experimentado eso con mis hermanos.
Me fuerzo a dejar los sentimentalismos de lado y prestar atención a cosas que puedan servirme. A pesar de su postura, su cara luce cansada, sus ojos verdes se ven más apagados que los míos, lo cual es decir mucho. A primera vista su traje caro luce impecable, pero prestando más atención encuentro marcadores que se lo puso a toda velocidad y luego trató de arreglarlo.
No nos esperaba aquí, lo tomamos de sorpresa, me doy cuenta. No le dije a nadie, excepto a Joey, que iba a venir porque quería evitar explicaciones de porque venía con Steve. Sharon y yo íbamos a esperar hasta el informe para avisarle a Fury del cambio de liderazgo para evitar reprimendas.
Con esa conclusión me llega otra tan clara como el cristal. Todo lo que me ha dicho son mentiras para mantenerme entretenida mientras su equipo me rodea.
– Estas son suficientes tonterías por un día – anuncio apuntándole con la pistola. Quizás estaba equivocada y en realidad su conocimiento no vale tanto como él muerto donde no pueda causar más daño.
– ¿Quieres para ti a ese perro de América? Te lo daré. Incluso podrán estar juntos sin tener que preocuparse por SHIELD o el gobierno – suelta de golpe.
Bajo su tono calmado capto lo frenético que es la propuesta. Aunque es lo suficiente sorpresiva para que me quede estática en el lugar.
– Estarán a salvo. Será como si fueran dos personas normales en el mundo – anuncia Michael más seguro.
Aún cuando sé que está mintiendo, es tan tentador que por un segundo me permito imaginarlo. Un futuro donde no tenga a nadie persiguiéndome, dónde Steve no tiene la presión de ser el grandioso Capitán América. Un futuro donde Charlie, Steve y yo podemos estar juntos, en la manera que sea, a salvo de cualquier problema. Es tan hermoso.
[Pero nada real puede ser tan bueno], dice la voz de mi cabeza. Está vez, su tono suena roto.
He visto la maldad del mundo, pero incluso eso ha sido un maestro. Steve y yo no seriamos las personas que somos sin ello, y definitivamente no pueden pretender que nos convirtamos en personas normales ahora.
– No le puedes vender sueños a alguien que ha caminado por pesadillas – respondo y me sorprende lo dura que sale mi voz.
La cara de Michael se descompone por la ira, pero se recupera rápidamente a una sonrisa cálida.
– ¿Preferirías ver como destruyen todo lo que amas? Estoy haciéndote un favor, estoy interviniendo e incluso te estoy ofreciendo cosas. Podría haberte secuestrado y borrar una y otra vez tu mente hasta que olvides tu nombre. He visto como lo hacen y créeme no es bonito – explica, está vez capto algo más en su tono.
Miedo.
Decido no quedarme a averiguar a que es lo que tiene miedo. Disparo el arma, Michael rueda por la estancia esquivando las balas con sorprendente agilidad y ocultándose en las cajas hasta que tengo que recargar. Con cada paso me acercó más a la salida.
– Bien, lo intenté por las buenas – suspira como si en verdad estuviera decepcionado.
En menos de un segundo un grupo de guardias aparecen de las sombras, no me molesto en parecer sorprendida. Sabía que estaban aquí incluso antes de entrar y he estado planeando mi plan de escape desde que empezó a hablar. Los esquivo haciéndolos chocar entre ellos y me escabulló por el pasillo de la izquierda que sé es la ruta más rápida al exterior.
– Necesitamos huir. Es una trampa – grito por el comunicador acelerando el paso.
– ¿Trampa? ¿Quién nos pondría una…? Oh, no. ¿Está…? – pregunta Steve captando quien sería la única persona que interrumpiría nuestra misión y me haría huir de inmediato.
– Si – interrumpo antes de que mencioné al idiota que me acaba de atacar, en el fondo escucho como sus hombres comienzan a perseguirme por los pasillos.
– ¿Quién está? – pregunta Tony confundido. Un tono poco usual en él.
– ¡Nadie! – gritamos al unísono el rubio y yo.
Pierdo un par de veces a mis seguidores, pero pronto me doy cuenta de que no puedo correr más rápido que ellos para siempre. Mis medicinas ayudan que no me ahogue haciendo ejercicio, pero luego de correr a toda velocidad por varios minutos un dolor pulsante molesta mi pecho.
Además, estoy consciente que no han intentado dispararme porque les soy más valiosa viva e ilesa, pero no van a tardar en preferir disparar a alguna de mis piernas en lugar de perderme. Sobretodo si saben de mi capacidad de regeneración.
– Tony, ¿dónde estas? – grito medio ahogándome por el comunicador.
– Lado Sur – responde mi padrino inseguro.
– Prepárate para recibirme en 10 segundos – advierto entrando a toda velocidad a una habitación llena de ventanas.
– ¿Qué? ¿De dónde? ¡SOPHIA! – grita frenéticamente.
Disparo dos veces a la ventana para después lanzarme con los pies por delante para evitar llenarme de vidrio. Cierro los ojos en cuanto noto el viento rugir en mis oídos y desordenar algunos cabellos que han salido de la trenza.
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Siento el duro agarre de la armadura de mi padrino deteniéndome tan repentinamente que me roba el aliento.
– Justo a tiempo – murmuro abriendo los ojos y encontrando con rojo y dorado.
Descendemos rápidamente hasta que me deja en el piso casi tirándome. Dado que básicamente me lancé a él, decido que estamos a mano. Sé que tengo que levantarme, pero una vez que me he detenido casi no puedo respirar por el dolor de mi pecho.
Tienes dos segundos más, luego tienes que seguir corriendo, razona la parte de mi cerebro que no se está muriendo de dolor. Intento ponerme de pie, pero sin oxígeno apenas tengo fuerzas de levantarme en mis brazos.
Unas manos firmes me levantan por los hombros cargando casi todo mi peso mientras me conducen a la salida. Es justo en ese momento que noto lo cerca que estamos de donde dejamos el avión.
– Concéntrate en respirar – me susurra al oído Steve.
Su voz es sorprendentemente calmada a pesar de estar corriendo y cargándome casi por completo.
Sigo su orden. Logro regularizar mi respiración lo suficiente para seguir adelante. El dolor no se va a ir, pero he completado misiones con más lesiones.
– Tenemos que apresurarnos – comento apenas audible.
– Entonces apúrate, pequeña Hobbit – responde con una pequeña sonrisa.
No tengo tiempo de contestar porque acelera la velocidad con sus manos aún en mis hombros. Llegamos al claro donde dejamos el avión, lamentablemente en lugar de poder huir felizmente lo encontramos rodeado de 20 guardias.
– Su momento de entretenerlos, pareja dinamita – escucho a Tony a través del comunicador.
Una mancha roja volando al avión es suficiente para indicar que mi padrino no tiene ninguna intención de ayudar luchando. Frunzo el ceño con lo estúpido que es su plan. Steve se encargó que los criminales capturados y armas recuperadas estén en celdas dentro del avión, así que cualquiera de nosotros podría haber preparado el avión para salir huyendo mientras Tony nos cubre con la protección de su traje, incluso los tres podríamos luchar y pedirle a Jarvis que él preparé el avión. Comparto una mirada exasperada con Steve, que está pensando lo mismo, aunque de inmediato nos concentramos en los hombres decididos a matarnos.
O no les llegó la orden de no lastimarme, o eso ya no es importante.
Entramos en una clase de trance de batalla, los meses de práctica en el gimnasio entran por instinto, Steve y yo peleamos como uno solo. Avanzamos lentamente enfrentándonos a los atacantes, yo me encargo de los lejanos disparándoles incesantemente con dos pistolas, Steve entra en peleas cuerpo a cuerpo con cualquiera lo suficiente estúpido para acercarse demasiado.
A pesar del claro instinto de bastardo sobreprotector que detecto en su plan, lo paso de alto porque es una forma efectiva de dividirnos los atacantes y porque con el dolor de mis pulmones dudo que dure mucho en una pelea cuerpo a cuerpo. Además, lo bueno de que Tony está entretenido en el avión es que no tenemos que explicarle como nos hemos convertido en tan buenos compañeros.
– Tu primero. Yo te cubro – grita Steve protegiéndonos de los disparos con su escudo.
Hemos vencido a 18 de los atacantes cuando por fin llegamos al avión. Mi pecho quema tanto que decido no discutir. Básicamente me dejo caer a la protección del interior, pero continúo disparando, dándole tiempo a Steve de entrar.
– ¡Jarvis! Cierra la puerta y sácanos de aquí – grito a la Inteligencia Artificial.
– En seguida, señorita Sophia – responde.
Las puertas comienzan a cerrarse lentamente, Steve se lanza al interior del avión. Me dedica una sonrisa aliviada, pero algo capta mi atención en la cornisa de mi ojo.
Un hombre de traje entrando al claro con una semiautomática, aún a la distancia sé distinguir a la última familia biológica que me queda. Apunta directamente al interior del avión donde las puertas siguen cerrándose.
Steve está de espaldas a la puerta, él piensa que ha vencido a todos los atacantes y que nada puede lastimarlo en la seguridad del avión y definitivamente no puede ver a Michael. Intento quitarlo del camino, pero soy demasiado lenta.
Veo a Steve caer antes de escuchar el disparo.
– ¡STEVE! – el grito desgarra mi garganta.
En un segundo ya estoy a su lado tratando de detener la sangre que sale de su espalda. Con la mano libre levanto mi pistola para llenar de hoyos la cara de Michael, pero las puertas ya se han cerrado. Demasiado tarde, no puedo evitar pensar.
– ¡Rogers! – exclama Tony llegando a mi lado.
– ¡Llévanos a un maldito hospital! – grito desesperada centrando toda mi atención a la herida en la espalda baja del soldado.
– Pero… –
– ¡Ahora! – chillo empujando al castaño.
Una parte de mi mente capta la marca de mano carmesí que se queda en su armadura.
– Holmes… – dice con un hilo de voz Steve.
– Estoy aquí, Steve. Solo necesito que te mantengas conmigo – digo lo más cariñosa que puedo abriendo su traje para poder ver la herida.
– No siento mis piernas – murmura.
Sus palabras me dejan inmóvil y me tengo que recordar que Steve también tiene súper regeneración.
– Todo va a estar bien – afirmo tanto para él como para mí.
No me doy cuenta de que estoy llorando hasta que las lágrimas comienzan a caer oscureciendo su traje manchado de sangre.
– Vamos, Steve. No puedo perderte –
24 DE DICIEMBRE DE 2013. 10:22 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. TORRE STARK. ELEVADOR. (3 SEMANAS DESPUÉS)
El elevador sube sin que tenga que dar ninguna orden. Aprovecho los últimos minutos que tendré sola para arreglar un poco mi cabello, aunque con la cantidad industrial de productos que tienen los risos que ahora me llegan a la mitad de mis omóplatos, dudo que puedan moverse más de un centímetro. Lo único bueno de esta fiesta es que por fin logré cortarme el cabello.
Mis ojos se detienen en un adorno de Capitán América vestido de Santa Claus mientras un frío comienza a asentarse en mi estómago. Las imágenes de la hora que pasé en el avión recuperando la bala que quedó en su espalda me llegan antes de que pueda detenerlas. Logramos llevar a Steve a un hospital de SHIELD en tiempo record, por supuesto llegué gritando órdenes después de haber controlado la hemorragia de su espalda.
Aunque, no me dejaron estar a su lado mucho tiempo. Al parecer no tomar mi medicina a tiempo, sumado a correr, la adrenalina de la misión y el estrés de la herida de Rogers, le provocó a mis pulmones algo parecido a un colapso. Me internaron con solo 15 minutos de diferencia al rubio. Pero un bastante crudo Joey me mantuvo al tanto del estado de Rogers. Haberle dicho la verdad tiene sus ventajas. Además, junto con Sharon, se encargó de procesar las armas recuperadas y los criminales encarcelados.
En las horas que pasé sola en mi habitación del hospital me quedó algo claro: Por mucho que ame a Rogers, no puedo tenerlo. Su trabajo es lo suficiente peligroso como para que yo le sume más riesgos. Si Steve no fuera importante para mí, Michael no le hubiera disparado, y tampoco estaría en la mira de mi padre.
Decidí alejarme, pero en mi maldito egoísmo no tuve el valor. Aunque tampoco me parece justo quitarle mi amistad sólo porque fui lo suficiente estúpida de enamorarme de él. Así que pasé las siguientes semanas tratando de ayudarlo en su recuperación, y manteniendo una distancia emocional que me ganó un sermón de 20 minutos de mi terapeuta cuyo mensaje principal fue lo buena que soy para autosabotear mis relaciones.
Ambos estuvimos internados 5 días en el hospital, por razones obvias no nos vimos en ese tiempo. Para empeorar todo, como estuvimos internados no nos pudimos despedir de Peggy. Una vez volvimos a nuestro departamento trate de fingir que todo estaba bien y evité cualquier mención a la noche anterior a nuestra misión, aún cuando eso me matara por dentro.
La cosa es que cuando decides que debes dejar de amar a alguien, no despiertas al día siguiente y mágicamente has dejado de sentir cualquier atracción hacia esa persona. Sobretodo cuando ese alguien es Steve, quien a pesar de estar en reposo por la bala que lastimó su columna, se aseguró que estuviera siguiendo todas las recomendaciones para mis pulmones.
No dudo que Steve notó el cambio en mis acciones, pero siendo el maldito maravilloso ser humano que es, me da tiempo para resolverlo. Aunque también ayuda que una vez más, en cuanto salimos de nuestra licencia médica de una semana, somos llenados de trabajo y misiones para que no investiguemos más las cosas extrañas que están pasando en SHIELD. Llegamos al punto que, si nos vemos más de 5 segundos, es un milagro.
Sin embargo, hoy en la legendaria fiesta de Noche Buena de Tony Stark, es seguro que nos veamos. Hay prensa invitada al evento para darle difusión a una fundación de ayuda de Stark Industries, así que no puedo mantener la excusa de que no soy amiga de Steve porque asisto como Sophia Hodge y se supone que ella tiene una relación cordial con el Capitán Rogers.
Se abren las puertas revelándome el Penthouse completamente decorado para la fecha. Gracias al frío y la nieve, todos están adentro donde han quitado el mobiliario usual para dejar en su lugar varios sillones verdes, rojos y mesas con chocolate caliente y alcohol. Como siempre he llegado un poco tarde, así que ya hay muchas personas disfrutando de la fiesta, aunque es fácil distinguir a mi padrino porque está vestido como un Santa Claus joven con un traje caro rojo.
Me acercó con cuidado de no llamar mucho la atención, pero todos están demasiado ocupados en sus cosas. Solo Pepper nota mi presencia una vez que llego a su lado.
– Me alegra que hayas venido – dice como saludo mientas me abraza.
– No como en Thanksgiving que nos dejaste plantados – bufa Tony, pero también me envuelve en sus brazos y me aprieta tanto que me duelen las costillas.
– ¿Por qué iba a celebrar el inicio del genocidio de los pueblos indígenas? – gimo una vez que quedo libre de su abrazo de boa constrictor.
– Vaya eso es demasiado oscuro, pensé que ibas a decir que eres británica – responde Tony haciendo una mueca.
Ruedo los ojos.
– De todos modos, me gusta tu ropa – decido decir.
– Lo sé – responde en una respuesta muy suya – Quise convencer al Capileta de disfrazarse, ya que tiene la edad adecuada y con el bastón que usaba sí parecía viejo – explica haciendo referencia al bastón que Steve usó por una semana en lo que sanaba completamente su espalda – Pero no pude, eh… quizás el próximo año – continúa encogiéndose de hombros.
La mención del rubio me cae como un golpe en el abdomen, pero mantengo mi expresión en estudiada indiferencia. Genial, solo tengo que soportar 10 horas más así.
No paso mucho tiempo con mi padrino porque Clint viene al rescate. Clint Barton y Sophia Hodge no se conocen mucho, pero a partir del último año han desarrollado una buena amistad gracias al constante contacto en las fiestas de Stark, o por lo menos eso es lo que publican las revistas. Pero como eso me permite pasar tiempo con Clint cuando hay prensa, nunca lo he negado.
Nos quedamos juntos bromeando un rato, me "presenta" a algunas personas de SHIELD que Sophia Hodge no conoce, como Maria Hill o Charlotte Adams. Joey no pudo venir porque todos los años pasa estas fechas en Los Cabos, pero siquiera tengo al arquero para hacerme compañía.
Luego de una hora en la que por milagrosa suerte no me he encontrado con Steve, principalmente porque me he quedado en la misma esquina del Penthouse, Clint decide emprender una odisea para conseguir el postre antes de que lo sirvan.
No tengo nada mejor que hacer, y no se me ocurre mejor idea para evitar a cierto rubio. Así que no le cuesta mucho convencerme de acompañarlo.
Tomamos el elevador y caminamos por los pasillos solitarios hacia donde el arquero asegura tienen guardada la comida antes de llevarla al piso 34, que al parecer han decorado para que tomemos la cena ahí. Al seguir caminando no puedo evitar notar la falta de meseros o personas en general. Tampoco puedo ignorar como Clint mueve el dedo meñique contra su pulgar, algo que solo hace cuando está nervioso.
– Estas actuando raro – digo dejando la pregunta de lo que verdaderamente sucede implícita en mi tono.
Barton suspira. Lo miro fijamente dejando claro que no puede mentirme.
– No se te escapa nada – murmura frotando sus ojos – Bien, no vamos por postre. Hice una apuesta y necesito tu ayuda –
Me detengo a observarlo bien, tiene todos los indicadores corporales que está diciendo la verdad. Pero también tiene todos los indicadores que no me está diciendo todo. Sin embargo, dudo que haya planeado algo verdaderamente malo para Noche Buena.
– ¿Por qué no simplemente me lo dijiste? – cuestiono.
– Porque estábamos en un salón con decenas de reporteros – responde con obviedad.
Me sigue pareciendo extraño. Pero Clint y Natasha son conocidos por hacer extrañas apuestas, sobretodo cuando hay prensa y el punto es que sus locuras pasen desapercibidas por el público general. Una vez consiguieron cambiar todas las bebidas por jugo de manzana, incluidas las botellas cerradas. Ni siquiera yo sé como lo lograron.
– Me tendrás que pagar con un postre, pero ¿qué tengo que hacer? – suspiro resignada a que probablemente me arrepentiré de ayudarle, pero que puede que se convierta en una buena anécdota.
– Necesito que revises unas luces de navidad extra. Las necesito para mi plan, pero no funcionan y no sé como repararlas. Tu sabes, ¿no? – pregunta esperanzado.
– Seguro, no debe ser complicado – me encojo de hombros.
– Perfecto – dice con emoción.
Sin perder más tiempo me conduce por los pasillos hasta que llegamos a uno que solo tiene una puerta de un armario.
– Las luces están ahí adentro, iré por una caja de herramientas para repararlas. Pero tu deberías echarle un vistazo – indica señalando una puerta.
Sin darme tiempo de responder se va. Una vez sola me debato unos segundos si debería olvidar el plan, que parece directo a fracasar porque ni siquiera me ha dicho de que va la apuesta, y seguir disfrutando la fiesta. Pero la curiosidad puede conmigo obligándome a darle un vistazo a esas luces.
Entro a un pequeño armario de cosas encontrando que no estoy sola. Hay un hombre alto subido en una escalera y revisando el fondo de un estante.
– Romanoff, ¿eres tu? No encuentro ningunas decoraciones extra – pregunta Steve sin siquiera voltear a verme.
– Soy Holmes – respondo comprendiendo la trampa un segundo antes de que la puerta se cierre con seguro detrás de mi.
