24 DE DICIEMBRE DE 2013. 7:44 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. TORRE STARK. PISO 34. PASILLO OESTE.
Steve Rogers entiende lo que pasa un segundo después de la chica, se aleja de los estantes y comienza a aporrear la puerta.
– Oigan, esto no es gracioso. Abran la puerta – ordena.
– No se van a ir hasta que puedan comportarse como seres humanos normales. Hay demasiada prensa aquí como para que se peleen – explica Tony.
Al otro lado de la puerta, parado entre Natasha y Clint, Tony solo puede sonreír y asombrarse de lo fácil que fue realizar su plan. El billonario captó el cambio de actitud luego de la misión, cómo empezaron a actuar extraño e incomodos en compañía del otro. Al ser la fiesta un evento lleno de prensa, tanto los Vengadores como Sophia representando a los Hodge, no pueden permitirse que se muestren así, la prensa encontraría alguna forma de hacerlos enemigos públicos.
Así que tomando algo que ya ha funcionado, Tony decidió encerrarlos lejos de los demás invitados, hasta que puedan resolver sus diferencias y actuar como seres humanos normales. Bueno, su meta realmente es seres humanos decentes que no se pelean a mitad de una fiesta.
– Sabemos comportarnos – grita Sophia, claramente irritada.
– Tampoco pueden fingir no conocerse – contrataca Natasha.
Gracias a la prensa de la Cena en Honor a Veteranos de los Hodge, en la que convivieron como "amigos", ahora no pueden negar que Sophia Hodge y Steve Rogers se llevan bien. Pepper se dio cuenta de ello gracias a una revista que los mostraba en el evento, de inmediato le dijo a Tony para que tomaran en cuenta eso para la fiesta. Tony no sabe que es lo más escalofriante, las fotos donde aparecen riendo y llevándose bien, o el hecho que sus emociones parecen genuinas.
Esta vez el billonario no cuestionó a su ahijada sobre las fotos y el artículo que la denominaba la nueva amiga de Capitán América, todos saben lo mal que terminó la última vez que la acusó de algo basado en una revista.
– ¿Por qué demonios ustedes están ayudando? – inquiere Sophia regresando a la realidad a su padrino. Se puede escuchar como trata de forzar la cerradura, pero al ser una electrónica, no hay nada que puedan hacer.
– Stark nos prometió una botella de un ron importado de Cuba sí los lográbamos meter aquí – explica con simpleza Clint.
Para llevar a cabo su plan, Tony se dio cuenta que necesitaba la ayuda de dos de los agentes más habilidosos de SHIELD, que además tuvieran de motivación alcohol y molestar a Sophia y Steve.
– Se lo ganaron. Jarvis que saquen una botella de Legendario – ordena a la inteligencia artificial.
– Enseguida, señor – responde está.
– ¿Me traicionaste por alcohol? – pregunta ofendida la castaña.
– Te daré a probar – promete el arquero.
– Pero ya nos vamos, para que puedan hablar – anuncia Natasha.
Los tres Vengadores caminan ruidosamente hasta el final del pasillo, para volver sigilosamente cerca de la puerta. A pesar de que sus peleas han asustado a medio SHIELD y han destruido propiedad de la Torre, nadie puede negar que son entretenidas. Y ellos están bastante curiosos de cual es la razón de su último desacuerdo.
Sin embargo, olvidan que a quienes tratan de escuchar son agentes altamente entrenados hasta que los dos dicen al mismo tiempo.
– Podemos oír sus respiraciones –
El arquero abre la boca para hacer alguna broma, pero la rusa le hace un gesto para que se queden callados. Como sí se quedarán en silencio el tiempo suficiente, los demás ignorarán su presencia y comenzarán a hablar.
– Seguimos escuchando sus respiraciones – bufa Sophia luego de unos segundos.
Como si fuera una orden, los tres Vengadores aguantan la respiración. La chica debe haber deducido lo que sucede porque saca un suspiro exasperado.
– Vamos a hablar, pero ustedes deben irse – ordena el rubio adoptando su tono autoritario. El tono que solo Sophia puede resistir el impulso de seguir.
– Y apagar a Jarvis de aquí – agrega la chica arruinando el plan de oír su discusión por alguna pantalla.
– Bien – responde Tony ganándose una mirada resentida de sus compañeros – Nos vemos en una hora – agrega con una sonrisa burlona.
– ¿Una hora? ¡No, espera! – grita la chica.
Pero Tony ya está recorriendo los pasillos de regreso a la fiesta. Romanoff y Barton captan que quizás no van a poder oír la discusión, pero por lo menos los van a dejar encerrados una hora. La cerradura es electrónica, solo pueden acceder a ella por el exterior o con Jarvis, pero dado que pidieron apagarla… Además, la puerta es de una aleación de titanio que ni siquiera Rogers puede destruir, menos con su columna aún resentida.
El billonario esta convencido que esos dos van a tener una hora muy productiva, completamente solos, para resolver sus diferencias.
Cuando el elevador se abre mostrando la fiesta los ojos del castaño instintivamente recaen en su novia, Pepper. Ella tiene puesto un vestido dorado de manga larga que deja a la vista gran parte de su espalda, y aunque llega a sus talones, tiene una apertura que deja ver sus largas piernas. Su vestimenta es completada con su cabello rubio libre en ondas y un ligero maquillaje que la hace ver como la CEO más atractiva que ha existido, bueno fuera de él.
A los ojos de Tony, ni siquiera Natasha con su impresionante vestido rojo, puede opacar a su extraordinaria novia que ahora lo mira como si quisiera matarlo. En ese momento nota que uno de los reporteros está entrevistando a un muy incómodo Bruce Banner. De inmediato el billonario capta la indirecta. Por muy brillante que sea el Doctor Banner, definitivamente es el peor hablando en entrevistas, incluso peor que Rogers. Además, nadie quiere estresarlo al punto que cause un código verde. Tony se acerca al entrevistador y luego de hacer un par de bromas llama un mesero para que se lo lleve y le sirvan una copa de su mejor vino.
– Tony, ¿dónde está Sophie? – pregunta Pepper, su sonrisa de publicidad no flaquea ni un segundo.
– Esta bien, solo está resolviendo sus diferencias con el Capitán – responde quitándole importancia.
– ¿Sí los encerraste? Debes empezar a notar cuando estoy bromeando – menciona Banner preocupado.
Puede que la idea viniere de un comentario de Bruce el cual dijo "¿Qué? ¿Piensas encerrarlos otra vez para que no se peleen en la fiesta?". Pero el billonario lo descarta con un gesto de la mano.
– ¿Exactamente que crees que pensará la prensa de que Steve y Sophie desaparecieron juntos por una hora? – lo cuestiona Pepper.
Como siempre es ella quien le revela las fallas de sus planes. Sin embargo, no le parece muy importante, después de todo, hay muchas personas que desaparecen en sus fiestas. Aunque la razón por la cual una pareja desaparece en sus fiestas es para… Oh.
Eso si es problemático, se da cuenta.
– Si juntamos a todos los Vengadores en otra habitación, entonces no notarán la ausencia del Capileta – concluye muy orgulloso de su idea.
Su novia rueda los ojos.
– Yo distraeré a la prensa. Les hablaré un poco de la fundación. Se supone que por eso están aquí y nos hemos tomado tantas molestias – indica transformando su cara hasta que cualquier signo de irritación desaparece de ella.
Bajo la excusa de darles el ron prometido, el billonario reúne a los restantes Vengadores en su cava privada, lejos de los ojos del público. Al arquero y la rusa les entrega una botella y un vaso a cada uno del ron Legendario, mientras que al doctor le da un mocktail (cóctel sin alcohol) preparado específicamente para que no se sienta desplazado por no beber alcohol.
– ¿Cuánto nos tenemos que quedar aquí? – pregunta Barton luego que les comentara la verdadera razón de su "reunión".
– Jarvis – llama tomando un trago de su bebida.
– Quedan 40 minutos de la hora que usted impuso, señor – responde la inteligencia con un tono ligeramente preocupado.
– No sé si los encerraste para que resuelvan sus diferencias, o para que agoten su energía peleando y no lo hagan en la cena – suspira Bruce.
– Cualquier cosa funciona – el billonario se encoge de hombros – Aunque no entiendo porque actúan tan raro. Ya deberían siquiera aguantarse – murmura más para sí mismo.
Tiene tan claro como el resto que Steve y Sophia pelean el 80% de sus interacciones. Pero durante la misión parecían más un equipo que enemigos, los vio pelear a través de la ventana del avión y era asombroso como podían predecir el próximo movimiento del otro y adaptarse a ello. Steve incluso cargó casi todo el peso de la chica durante el camino de regreso al avión, y ella no pareció incómoda en lo más mínimo ante el hecho que él la estaba tocando.
– Debieron haber peleado – reflexiona Banner.
– Ellos siempre están peleando – refuta el arquero con una sonrisa burlona.
– Una pelea en serio – aclara Banner rodando los ojos.
– Ni que fueran amigos para pelearse de esa manera – bufa Tony.
Aliados quizás, pero amigos. No lo creo, reflexiona mentalmente.
Sin embargo, Bruce cruza una mirada exasperada con la pelirroja.
– Definitivamente esos dos son amigos, ambos me han dicho que se aprecian mutuamente – dice el doctor sin cuidado.
– Si. Definitivamente son más cercanos de lo que quieren aparentar – confirma la rusa con una sonrisa de suficiencia por saber algo que los demás no.
En lugar de sorprenderse, Barton solo asiente como si eso tuviera mucho sentido.
– ¿Qué todos lo sabían menos yo? – chilla el billonario ofendido.
– ¿Cómo no lo notaste, Stark? Es como no notar que le cielo es azul, o que el Sol ilumina – gruñe Clint como si se sintiera personalmente ofendido por el hecho que esos dos sean amigos.
Aunque Tony puede entenderlo. Sophia no se vuelve amiga de alguien tan rápido.
– Todos lo saben, pero nadie lo dice en voz alta. Nadie quiere que Sophia les rompa la mandíbula – explica la rusa saboreando su bebida.
– Okay, he captado que Rogers es protector sobre ella. Nadie va a olvidar la vez que me rompió la nariz por que discutía con ella. Pero hay algo que no cuadra – reflexiona Tony.
– Puff, protector es un eufemismo. He oído que en misiones Rogers no deja que nadie se acerqué a 5 metros de ella, ha estado a punto de atacar a agentes nuevos un par de veces – dice Natasha.
– Pero incluso para algo más que una amistad eso es raro. Y es más raro que Sophia lo permita – alega Clint sumiendo a todos en una reflexión.
Bruce se remueve incómodo, lo que hace que todas las miradas recaigan en él.
– No. Mis labios están cerrados – sentencia cuando siente los ojos de todos.
– Brucie bebé – intenta Tony.
– No –
– Doctor Banner – dice seductoramente Natasha.
– Nop, solo voy a decir y que quede claro que es para que no me interroguen. Que entre ellos encontraron un amigo con el qué compartir traumas – explica bastante incómodo.
El ambiente se ensombrece de inmediato.
Encontrar una manera de alejar los traumas es algo que todos en la habitación pueden entender. Sin embargo, Tony aún se cuestiona porque su querida ahijada escogió a Rogers, él alguna vez le afirmó que él solo estaba en el momento correcto y que por eso él la apoya. Pero el instinto del castaño le indica que hay algo más detrás de ello.
Algo relacionado con el hecho que el Capitán sabía que Sophia iba a tomar terapia, algo relacionado con las genuinas sonrisas y miradas que los ha visto compartir.
Algo relacionado que la única vez que ha visto a Rogers ser agresivo, ha sido para proteger a Sophia. Tampoco puede olvidar lo frenética que ella se puso en el camino al hospital. Tony la ha visto en situaciones peligrosas, la vio justo luego de que viera morir a su madre, pero nunca la ha visto tan asustada.
Los tendrá que observar un poco más esta noche, pero si su sospecha es correcta… Bueno, no está tan de acuerdo, pero tiene un plan para acercar esos dos cabezas duras. Porque a pesar de sus constantes peleas, no recuerda haberlos visto tan felices que cuando están juntos.
24 DE DICIEMBRE DE 2013. 7:44 P.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. TORRE STARK. PISO 34. ARMARIO DE MANTENIMIENTO OESTE. (MIENTRAS TANTO)
Gritamos un par de veces más, en espera que mi padrino deje su ridículo plan y nos saque del armario. Pero como siempre, la suerte no está de mi parte y en verdad se han ido a beber ese estúpido ron.
– Bien, ¿ahora podemos hablar? – pregunta Steve fijando sus ojos en los míos con esa mirada que parece ver a través de mí.
– ¿Y QUÉ TAL WATSON? – grito nerviosamente.
– Literalmente vives con ella – frunce el ceño confundido.
– Lo siento, entré en pánico – admito.
Sus ojos bajan a mi pecho y noto que mi mano derecha ha estado jugando inconscientemente con mi collar. Molesta por haber mostrado ese signo de debilidad evito su mirada.
[Si, seguramente es por eso qué lo evitas], sisea la voz de mi cabeza.
Vamos concéntrate en algo que no sea él, me ordeno mentalmente. Recorro con la vista el pequeño armario buscando algo que nos ayude a abrir la puerta o salir de aquí. A pesar de que la iluminación apenas es suficiente para distinguir formas, es claro que aquí solo hay artículos para limpiar, no dudo que Tony mandó quitar todo lo que pueda ser usado como arma.
Encuentro mi solución en los conductos de ventilación que están a nivel del piso.
– Podemos huir por aquí – propongo señalándolo.
Steve suelta un suspiro. Sé que el quiere tener esta conversación, y aunque la merece, yo quiero seguir evitándola. ¿Qué le puedo decir? Creo que te amo y aunque eso es su propio desastre, ahora mismo Michael va a hacerte daño porque no me uní a su liga de supervillanos.
No, definitivamente, no. Soy pésima en los sentimientos e incluso yo sé que eso es una terrible declaración.
Ignorando el tambor acelerado que se ha convertido mi corazón por la cercanía del rubio, nos acercamos a la rendija. Sin pensarlo mucho saco uno de los cuchillos que me regaló de una correa oculta por mi vestido y lo uso como destornillador para quitar la rendija.
– ¿No es demasiado pequeño? – se queja Steve mirando con desconfianza el reducido interior.
– Como un metro cuadrado – murmuro haciendo una aproximación del espacio – Estarás un poco apretado, pero es como arrastrarte en el entrenamiento… Olvídalo necesitamos otro plan – suspiro cuando mi mirada se detiene en su figura incómodamente parada a mi lado.
– Dudo que haya otras opciones – bufa resignado, incluso intenta agacharse a mi lado, pero de inmediato lo detengo levantando las manos.
– Iré yo. Desactivaré la cerradura y apagaré a Jarvis del pasillo para que no alerte a Tony y puedas salir – propongo.
Reviso en mi mapa mental cuanto tengo que recorrer para llegar a alguna oficina en este piso. Siempre hay alguna que puede conectarse a Jarvis y dirigir todas las cosas electrónicas, si mis cálculos no fallan debe estar a 30 metros.
– ¿Por qué no dejas que vaya contigo? – frunce el ceño Steve.
Cuando me levanto a enfrentar su mirada noto su semblante herido.
– Porque aún te duele la espalda y quieres ocultarlo – respondo con obviedad.
Steve aparta la mirada. Aún a la tenue luz del armario noto como sus mejillas se tornan rosas, sé que no aprecia mostrar debilidad de ninguna forma, pero no voy a poner su integridad en riesgo para proteger su ego.
Maldita sea, eso sonó a algo que Steve diría.
La bala se instaló cerca de la columna, no hizo ningún daño que no pudiera ser resuelto con los mejores cirujanos del país y su increíble regeneración. Cualquier humano con la misma lesión hubiera tenido suerte de volver a caminar, pero ser súper soldado tiene sus ventajas.
Luego de la semana de reposo absoluto tuvo terapia física y se movía gracias a un bastón inventado por Tony que tenía toda clase de chucherías que una persona normal ni siquiera pensaría. El lunes pasado Steve optó por empezar a andar solo, sin ayuda de ni siquiera una faja que apoyara su espalda, por supuesto siendo el maravilloso Capitán América nadie cuestionó su decisión. Mi cerebro que compulsivamente busca debilidades en todo lo que me rodea notó de inmediato como, por lo menos 3 veces al día, todavía tiene que detenerse a descansar por lo mucho que aún le duele la espalda.
Por la forma en que recarga casi todo su pecho en el hombro derecho contra la pared es fácil asumir que ha estado parado casi toda la velada, hacerlo agacharse y arrastrarse a través de 30 metros de tubo quizás no lo lastime, pero sí le dolerá como el infierno mismo. Sé que por su naturaleza terca va a insistir acompañarme, pero está vez es mi turno de salvarlo de su sentido de autodestrucción.
– Prometo que yo misma te abriré la puerta, e incluso podemos hablar a través de los conductos para que no te sientas solo – aseguro en un intento de sonar reconfortante.
– ¿Vas a volver? – pregunta sorprendido.
– Por supuesto que voy a volver – respondo insultada.
– Bueno, no me sorprendería que huyas por los conductos de ventilación para escapar de una conversación sobre sentimientos – explica con una pequeña sonrisa de burla.
– ¿De qué sentimientos hablas? – intento fingir demencia, pero sus ojos zafiro me indican la seriedad del asunto.
Suelto un suspiro.
– Bien, supongo que si ya se tomaron la molestia de encerrarnos lo mínimo que podemos hacer es hablar – suelto levantándome lentamente del suelo.
Ahí quedó mi intento de evitar esta conversación. Pero como siempre, Steve tiene una forma de poder ver a través de mí.
– Me evitas, de nuevo – suelta cuando quedamos frente a frente. No hay muchas opciones, dado el reducido espacio del armario, lo más lejos que podemos estar es apenas a unos pasos.
Ni siquiera es una pregunta, pero queda implícito el hecho que pide una explicación.
– Técnicamente solo mantengo un poco mi distancia… – ofrezco, pero el argumento es tan malo que mejor decido callarme.
En serio extraño los momentos donde podía fingir ser un monstruo sin sentimientos, me quejo mentalmente mientras enfoco mi mirada en el suelo como si se hubiera convertido en la cosa más interesante del mundo.
Escucho como suspira, pero en lugar de decir algo deja el silencio alargarse entre nosotros. Mi mente trabaja al 1000% buscando excusas, debatiendo sí decirle la verdad, tratando de crear mentiras para protegerlo. Pero todo se detiene cuando la cálida mano de Steve me toma por la barbilla.
Con ambas manos acuna mi cara, subiéndola suavemente hasta que conecto con sus zafiros que me miran con tanto cariño que no puedo crear que alguien pueda mirar así a otra persona.
– Sophia, por favor dime la verdad – su voz es apenas audible, pero estamos tan cerca que lo escucho perfectamente.
Esas palabras rompen la pequeña resistencia que aún se mantenía en mi mente. Aquella que juraba que si mantenía toda mi mierda lejos de Steve de alguna manera lo podía mantener a salvo.
Exhalo todo el aire de mis pulmones tratando de encontrar valor para hablar.
– Sé que ambos estamos involucrados en lo que pasa en SHIELD, sea lo que sea. Y aunque mi padre es horrible y las cosas que hace son honestamente mi problema… Entiendo que quieras ayudar – hablo mirándolo directamente a los ojos – Pero lo que sea que Michael este tramando… No sé si yo voy a salir con vida, y no quiero arriesgarte – termino suplicante.
– Soy un soldado. Y yo te seguiré a cualquier batalla, tengo claro cual pueden ser las consecuencias – sentencia con tal seguridad, que me hace envidiar su determinación.
– Aún así, no te voy a guiar hacia una masacre – replico toscamente quitándome de su agarre.
– Sé los riesgos. He estado en la guerra y he visto como muchos no regresan – su voz se rompe y de inmediato sé que esta recordando a Bucky – Aún cuando te digo que no tengo problema luchando a tu lado, continúas haciéndome a un lado – va subiendo el tono de su voz a medida que la ira comienza a llenarlo.
– Mierda, Steve. ¡Entiende que sí te llega a pasar algo, me va a destrozar como nada me ha destrozado! – suelto desesperada.
Se queda callado al notar el acento británico en mi voz. Por lo menos sabe lo mucho que me asusta perderlo.
– Nada me va a pasar – responde con un hilo de voz.
– Prometimos no mentirnos –
Nos volvemos a sumir en un silencio, está vez él sopesa mi resistencia a incluirlo, mi intento de protegerlo. Tengo la esperanza que me deje hacerlo. Subo la mirada lentamente, pero cuando sus ojos se conectan con los míos solo encuentro la misma determinación de un soldado preparándose para una batalla en la que, aunque no sabe si va a ganar, no se piensa rendir.
– Sé que tengo tu apoyo, pero eso no significa que te voy a cargar todos mis problemas y esperar que tu los resuelvas. Sobretodo porque no tengo idea del alcance de Michael y no planeo descubrirlo cuando termines lastimado – hablo suplicante en un último intento de mantenerlo a salvo.
– No pienso resolver tus problemas. Pero tampoco tengo intensiones de dejarte sola – responde seriamente.
– Eres un maldito terco… – gruño presionando mis cienes para evitar tallar mis ojos y destruir mi maquillaje.
– Y por eso me quieres – una leve sonrisa cruza por sus facciones.
– Y por eso estas siendo atacado – repongo mirando de reojo la forma en que aún recarga su peso a la pared.
– Si te hace sentir mejor, de todos modos, ya estaba siendo atacado. Además, he sido atacado por aliens y el mismo Dios del Engaño y sigo aquí. Luego de haber sobrevivido 70 años congelado, por cierto –asegura tomando mis manos – Espero que por fin te quede claro que no importa lo que pase, no te voy a abandonar –
Sus palabras me dejan atónica. Sé que alejo a las personas antes de que ellas puedan rechazarme, es algo por lo que he tenido largas pláticas con mi terapeuta. Pero nadie puede negar que Steve ha trabajado más duro que nadie en quedarse a mi lado, aún con mis intentos de estar sola.
[¿Lo estas alejando por qué no quieres que se lastime o por qué no quieres cargar con la culpa de saber que si le pasa algo es por ti?], sisea la voz de mi cabeza.
No, para bien o para mal él es un soldado. Él ha decidido pelear esta batalla, aún cuando yo lo aleje de mi escuadrón él encontrará una forma de pelear, la determinación comienza a embriagarme cuando la seguridad de mis palabras me consume.
¿Entonces por qué tengo tanto miedo?
[Porque cuando las personas se alejan de ti, es por tu culpa]
Con el sonido de la voz me llegan oleadas de recuerdos. Mi padre alejándose de la casa en un auto lleno de maletas, mis hermanos encerrándome en mi cuarto para que no los molestara, mi madre dejándome en su oficina por horas hasta que me quedaba dormida en la alfombra. Amigos dejándome en visto luego de desaparecer dos meses, decenas de voces diciéndome que no hago un esfuerzo lo suficiente bueno.
[No olvides los cientos de personas que han muerto por tu culpa. Como tu madre]
Me llegan fragmentos de misiones que salieron mal. Explosiones, disparos, cuerpos cayendo y cubiertos de sangre. Yo cubierta de sangre ajena en un cuarto lleno de cadáveres. Fragmentos de misiones en las que no fui lo suficiente inteligente para ver todos los peligros. El último fragmento me roba el aliento, yo corriendo hacia el cuerpo inerte de mi madre hasta que un brazo de metal me detiene.
[No puedes proteger a nadie, y menos a él]
– No – gruñe Steve tomando mi cara – No dejes que tus voces envenenen tus decisiones. Estoy aquí y me quedaré contigo – afirma con severidad.
Con cada palabra una parte de mi cerebro se aleja de mis pesadillas y vuelve al presente. Noto la calidez de sus manos, su pulgar acariciando suavemente mi mejilla, su olor a menta y jabón, la absoluta determinación en su mirada y el cariño con el que mira mis facciones.
– Lo sé – cuando lo digo sé que Steve no va a desaparecer mágicamente un día porque se dio cuenta que no valgo la pena.
El acerca lentamente su cara mientras una estática electrizante nos rodea. No puedo definirla, pero la recuerdo de la noche luego del club con Peggy. El recuerdo de todo lo malo que sucedió después me golpea sacándome del momento,
No puedo mantenerlo alejado de esta pelea, pero lo mínimo que puedo hacer es no ponerle un blanco aún más grande al acercarlo a una relación conmigo.
– Tenemos que salir de aquí – hablo cortando la estática.
– ¿Tienes prisa? – sonríe Steve renuente a alejarse o soltar mi cara.
– No, es puro principio. No puedo mostrar que me pueden encerrar así de fácil – le guiño un ojo.
Por fin me suelta, pero distingo decepción en sus movimientos. Amargamente me recuerdo que es mejor que este decepcionado a lastimado.
Nos acercamos al conducto de ventilación, me agacho agradeciendo que mi vestido verde tiene una apertura en la pierna, lo cual me va a permitir gatear más fácil.
– Voy y regreso, es pan comido – aseguro.
Steve asiente, aún un poco renuente al plan, se sienta a lado de la apertura. Lo cual le permite recargar su espalda en la pared y estar lo suficiente cerca para poder hablarme a través de los conductos.
Le doy una última revisada a mi mapa mental antes de internarme.
– Solo no me veas el trasero – bromeo adentrándome más en el conducto.
Cuando estoy lo suficiente lejos para que no me vea me reprendo pegándome en la frente con la palma de mi mano.
No me veas el trasero, ¿qué clase de frase es esa? Estúpida
– ¿Holmes? ¿Estas bien? – me regresa de golpe la voz de Steve.
– Perfecta – canturreo forzándome a enterrar mi incomodidad en el fondo de mi mente y seguir avanzando.
Cumplo mi promesa y hablamos de cosas banales en caso de que alguien nos pueda escuchar, le cuento que mi amiga de danza, Mary, tiene un nuevo novio que estoy segura le está mintiendo sobre su trabajo como contador. Él me cuenta de un rumor que afirma que me curo rápido porque como bebés recién nacidos de China. Realmente no hay necesidad que continuemos hablando, está claro que no voy a huir. Pero es la primera vez que en verdad hablamos luego de casi 3 semanas, así que, a pesar de lo incómodo que es arrastrarme por los conductos y oír la voz distorsionada de Steve, agradezco la conversación.
Tardo exactamente 5 minutos y 34 segundos en dar con la oficina, y tan solo 2 minutos más en entrar al sistema, desactivar a Jarvis del pasillo y abrir la cerradura. También pongo una alarma para que despierten a Tony, Clint y Natasha a las 8 de la mañana alertándolos de algún problema falso como venganza por encerrarnos.
Los pasillos siguen completamente solos cuando regreso por Steve. Al cruzar la última vuelta descubro que ya abrió la puerta y salió al pasillo. Lo primero que noto es que el elegante traje negro le queda como guante, debieron hacerlo a la medida, ahora en la luz puedo ver que su corbata tiene detalles dorados que iluminan sus ojos y lo hacen 10 veces más guapo, algo que no creí que fuera posible.
– Vaya, te vez hermosa – dice notando mi presencia. Su mirada tiene algo que no puedo definir, sobretodo cuando estoy hipnotizada por lo hermosa que es su sonrisa.
– Tu no luces nada mal, Capitán – respondo honestamente causando un leve rubor en sus mejillas.
Con eso emprendemos nuestra travesía hacia la fiesta y a restregarle en la cara a Tony que pudimos escapar. Luego de asegurarnos que en verdad estamos solos y que Jarvis está apagada, decido contarle al rubio mi plan.
– Tengo una idea para obtener más información de donde sea que Michael trabaja – digo, Steve me mira expectante instándome a continuar – Logramos sorprenderlos cuando tomamos la misión de Sharon. Si hacemos más cosas de improvisto, con personas que no estén precisamente reguladas, podemos sacar más información – explico caminando.
– ¿Quieres hacer algo ilegal? – pregunta inmutable.
Muchos olvidan que él rompe las reglas más veces que las horas que duerme, pero como parece inocente siempre lo dejan pasar.
– No realmente, un amigo me debe un favor. Así que nos llevará en su avión – anuncio.
Coulson no me negaría un viaje en su nuevo avión, mucho menos cuando sepa quien es el invitado especial que llevaré conmigo, pero se lo tendré que decir en el último momento posible para evitar fugas de información. Además, tengo la sensación de que él también quiere algunas respuestas que SHIELD no quiere dar.
– Eso suena ilegal – murmura, aunque la parte ilegal parece ser un motivante – ¿Quién es tu amigo? – pregunta un poco más serio
– Es parte de SHIELD. Solo que su equipo no sigue precisamente las regulaciones – explico sopesando si debiese decirle ahora que es Coulson, alguien que él piensa que está muerto – De hecho, lo conoces solo… Va a ser un poco complicado de explicar todo. Pero somos un equipo, así que iremos juntos – termino.
– ¿Ahora estas convencida que somos un equipo? – me sonríe con complicidad mientras me pega ligeramente con su codo.
– Bueno, luego de confirmar que aún tienes un deseo suicida y que eres casi indestructible. Estoy segura de que nunca dejamos de serlo – suspiro siendo completamente honesta.
– ¿Esa es la verdadera razón por la que te alejaste? – pregunta perplejo – ¿No querías que yo, un súper soldado, saliera lastimado? –
Casi puedo ver como los engranes de su cerebro se mueven tratando de entenderlo.
– Si no te quedó claro mi monologo de hace 10 minutos. Por supuesto, ¿por qué otra razón pensabas? – está vez es mi turno de verlo confundida.
Antes de que pueda analizar el rubor de sus mejillas una sombra y los ruidos de pasos por el pasillo nos alertan. En menos de un segundo el cuchillo se encuentra en mis manos mientras Steve adopta una pose defensiva a mi lado, lo hacemos más por instinto que por verdaderamente pensar que estamos en peligro. Los pasos se acercan haciendo que nos tensemos en espera de una pelea.
Por fin da vuelta en nuestro pasillo una figura que reconozco al instante.
– ¿Happy? – llamo ligeramente confundida.
– Ah. Hola, Sophie. Capitán – saluda con un asentimiento de cabeza manteniendo su semblante formal.
– ¿Qué haces aquí? – pregunto guardando el cuchillo.
Me conoce de tanto tiempo, y ha pasado demasiado de ese con Tony, que no tiene ninguna reacción al respecto al arma en mis manos.
– Tengo que patrullar para que nadie entre a este piso. De hecho, ustedes no tendrían que estar aquí – explica. La última frase la hace sonar como un regaño.
Aunque eso significa que la gran seguridad luego de Jarvis es tan solo Happy, a quien puedo convencer de que encerrarnos es estúpido o escabullirme.
– ¿Por qué aceptaste perderte la fiesta para hacer de niñera? – pregunto.
– Bueno, mi trabajo es ser jefe de seguridad y Tony me dio este increíble ron de Cuba – explica emocionado.
– A todos sobornaron con ese ron – murmura Steve. En su tono puedo captar el resentimiento que yo misma siento.
Aunque tomo nota de comprar botellas de algo similar. Al parecer la forma de conseguir que los Vengadores y Happy hagan algo, es ofreciéndoles alcohol especial como recompensa. Son capaces de incluso traicionarme.
Al final Happy concuerda que encerrarnos para no pelearnos es estúpido, y dado que Tony le dijo que no dejara que nadie bajara de la fiesta a ese piso, técnicamente no estamos rompiendo las reglas sí subimos del piso 34 a la fiesta.
Entramos de vuelta al Penthouse, antes de que si quiera salgamos del elevador Pepper se apura a recibirnos y nos conduce a la cava privada donde encontramos el resto de los Vengadores reunidos. Deduzco que mi padrino se dio cuenta que no era tan buena idea que la prensa, e incluso algunos agentes de SHIELD que no dejan de hacer chismes, se enteraran que Steve y yo desaparecimos juntos. También deduzco que fue Pepper quien le dijo eso.
– ¿No todavía quedaba media hora? – pregunta Tony sin estar particularmente sorprendido.
– Por favor, como si una puerta fuera a detenernos – bufo.
Tanto mi padrino como Pepper nos dedican miradas preocupadas.
– La integridad de la puerta esta bien – responde Steve.
– Te dije que media hora, paga Barton – dice alegremente la rusa mientras Clint saca su cartera.
En este punto me sorprendería más si no hubieran apostado.
No nos quedamos mucho, pues ya no hay excusa para seguir en la cava. Sin embargo, el rubio y yo mantenemos nuestra distancia tanto para que no vuelvan a pensar en encerrarnos por empezar a discutir como para pasar desapercibidos bajo los perspicaces ojos de Natasha.
Luego de un anuncio de Jarvis, todos los invitados bajamos al piso 37 a la cena. Para mi desgracia los lugares ya están establecidos. Aguanto la respiración hasta que encuentro mi lugar en una de las mesas principales, el único atisbo de suerte en la velada es que en mi mesa están Happy, un par de altos mandos de Stark Industries y el lugar vacío de Rodey, que esta resolviendo alguna emergencia. Los Vengadores tienen su propia mesa en el centro de todo, pero eso significa que estoy lejos de Steve a los ojos de la prensa, así que no me quejo.
La cena pasa tranquila para estándares de Tony, lo que significa que Pepper planeó está parte de la velada. Durante el postre una docena de niños, de parte de la fundación que se supone están apoyando está noche entra al salón. La fundación apoya el estudio de las enfermedades poco comunes en niños, fue creada cuando tenía 11 años y mis órganos comenzaron a fallar de forma inexplicable. Ahora yo financió el 50% de la fundación mientras Pepper la dirige.
Como cualquier niño normal en seguida van hacia los Vengadores y les hacen toda clase de preguntas mientras conviven con ellos. Los niños fueron especialmente seleccionados para que lucieran bien en las fotos, así que traen su pijama de súper héroes y sueros o medicinas por intravenosa, a pesar de que la mitad de ellos no los necesitan. Pero eso ablanda los tiesos corazones de las personas ricas y los hacen dar una jugosa donación a la fundación.
Tony, aún con su extravagante vestuario de Santa Claus se mueve de un lado a otro dando a los niños juguetes y algunos robots miniatura. Como es de esperarse Clint y Steve son increíblemente buenos con los niños, jugando con ellos y riendo, incluso veo a Steve jugar con un niño el videojuego de zombies que Charlie ama. Natasha es seguida a todas partes por dos niñas que la miran embelesadas y, por último, Bruce le lee un cuento a un par de niños.
Me quedo con Pepper admirando la escena mientras la prensa corre de un lugar a otro tomando fotografías de cada detalle.
– ¿Qué pasa entre tu y el Capitán? – pregunta con tranquilidad.
– La mitad del mundo piensa que nos odiamos, la otra mitad que nos amamos. La verdad es que nos toleramos bastante bien – me encojo de hombros quitándole importancia.
Me da una mirada incrédula mientras sonríe tiernamente.
– A veces no entiendo porque tu y Tony se empeñan en mentirse a ustedes mismos – suspira un momento antes de adaptar su sonrisa de publicidad y encaminarse a su novio a evitar que acepte llevar de paseo por los aires a los niños en su traje.
Sus palabras me sorprenden un poco. Ella generalmente no puede ver tan fácil a través de mis mentiras, pero sí ella lo vio quizás personas que no estén de mi lado también lo hagan.
Debo tener más cuidado, me digo enterrando la cálida sensación que se formó en mi pecho al ver a Steve convivir con los niños. Hago uso de toda mi fuerza de voluntad y me uno a los pocos amargados que dejan el salón para regresar al Penthouse. Abajo está la zona familiar donde la prensa se debe de quedar, así que arriba inicia la fiesta llena de excesos típica de Tony Stark.
Mi instinto de venganza me lleva a robar una de las botellas del Ron Legendario. Aunque no estoy segura de que es lo que me motiva a tomar 3 vasos de golpe antes de que terminen de convivir con los niños. Pero me niego a pensar que tiene relación con el par de ojos zafiro.
Luego no puedo dejar de pensar en los ojos zafiro y cuando los distingo entre la multitud me veo irremediablemente atraída hacia ellos.
– ¿Holmes, estas bien? – me pregunta con su voz grave cuando me tropiezo en mi camino hacia él. Por suerte sus reflejos de súper soldado me agarran antes de que caiga al piso.
– Perfecta – exclamo con la sonrisa más grande que puedo.
Veo la confusión y preocupación pasar por sus hermosas facciones. Tan lindas que no resisto la tentación de tocarlas.
– Bup – digo picando su nariz para romper en risas.
– Vamos a conseguirte agua – dice amablemente tomando mi mano para conducirme a la barra.
Una parte de mi cerebro, ahogada por el alcohol, está consciente que no debería ir tomada de la mano de Steve. Pero la calidez de su mano es tan reconfortante que no me importa.
El rubio me hace consumir agua en tiempo record, también me consigue una bandeja entera de canapés y me hace comerlos. En 20 minutos ya estoy lo suficiente sobria para saber que definitivamente no debería estar a su lado mientras él luce así de preocupado, pero sigo lo suficiente borracha para que su presencia sea lo suficiente reconfortante para que no quiera irme. Además, luego del evento con los niños, la prensa se ha ido y los agentes de SHIELD que están presentes, ya piensan que somos pareja.
– Estoy bien, Rogers. Solo exageré un poco con el Ron – repongo cuando me pregunta por 5º vez si tengo problemas respirando – Es bueno, pero no "Traicionar a tus amigos bueno" –
– Me voy 5 minutos y logras ponerte más borracha que Tony – regaña, pero distingo la media sonrisa que acompaña sus palabras.
– ¿Qué puedo decir? Mi compás moral estaba distraído, así que aproveché para hacer algunos desastres – respondo siguiendo el juego.
Rueda los ojos fingiendo irritación, pero ambos compartimos una sonrisa.
– Uy están bajo el muérdago, saben lo que significa – nos sobresalta Hill extendiendo una maraña verde sobre nuestras cabezas.
– ¿Eso es cilantro? – pregunto.
– Creo que es perejil – afirma el rubio.
– No, es muérdago – repone molesta Maria, pero aleja la planta lo suficiente para que no podamos ver los detalles.
Bueno tampoco es como que sepa distinguir el cilantro del perejil.
La agente nos insiste por otros 5 minutos, gracias a que mágicamente el camino de salida esta lleno de gente, tampoco podemos huir. Por la cornisa de mi ojo veo a todos los agentes de SHIELD, incluida Natasha, mirándonos y levantando "discretamente" su cámara de teléfono hacia nosotros.
Finalmente me desespero, tomo la cara de Steve y le planto un beso en la mejilla dejando marcado un poco de mi labial. Todos los que tenían cámaras a nuestro alrededor sueltan un suspiro decepcionado cuando me muevo demasiado rápido como para que puedan tomar una foto.
– Eso no es un beso – reclama Hill.
– Es lo más que vas a conseguir sin que esos dos maten a Rogers – respondo señalando con la cabeza a mi padrino y al arquero que ahora mismo fulminan con la mirada al rubio.
Esto lo tomo como señal y finalmente me alejo de Steve. Ignoro el sentimiento de vacío que se forma en mi estómago en su lejanía, aunque me decepciona el no poder volver a tomar tanto alcohol como para olvidarlo. Puedo culpar al alcohol de porqué fui amable, pero dudo que esa excusa me funcione dos veces en la misma noche.
Así que me muevo a la mesa de dulces para tratar de llenar mi estómago y recuperar mi sobriedad. Lleno un pequeño plato de toda clase de pasteles y galletas navideñas hasta que la inconfundible presencia de Natasha se impone a mi lado.
– ¿Por qué están tan amigables? – cuestiona y de alguna manera logra hacerlo sonar como la cosa más sugerente del universo.
– ¿De qué hablas? – inquiero mordiendo un panquecito.
Me dedica una mirada exasperada antes de señalar al soldado que ahora mantiene una animada conversación con Hill.
– Hace dos días ustedes estaban matándose – agrega tomando un sorbo a su Ron Traiciona Amigos.
– Literalmente nos encerraron para que no nos peleáramos. Además, los tiempos cambian – me encojo de hombros para poner otra galleta en mi plato.
– No tanto, hace 20 minutos le gritaste que preferirías besar una serpiente que pasar otro segundo en su presencia – replica con una media sonrisa.
Hace 20 minutos estábamos manteniendo una conversación sobre el Hobbit y El Señor de los Anillos, películas que el soldado acaba de ver. Él dijo que no creía que Legolas estuviera tan guapo, yo reaccioné como cualquier persona racional hubiera reaccionado. Aunque viéndolo en perspectiva no veo motivos para continuar ofendida, por lo menos no hasta que tengamos una buena conversación sobre lo hermoso que es Orlando Bloom.
– Es un milagro Navideño – replico dramáticamente.
– Aja – bufa rodando los ojos.
Finalmente dejo de lado mi comida para encararla.
– ¿Qué ahora no es suficiente decir que estoy atraída a él? Dime, ¿lo amo profundamente? – me burlo.
El lugar de darme su típica sonrisa sugerente o molestarme con otro comentario, Natasha se sume en un silencio reflexivo.
– Lo quieres – afirma con tal seguridad que solo puedo verla confundida.
– Él está roto – continúa mirando de reojo Steve, quien ahora finge una sonrisa para un grupo de agentes que le hacen preguntas – Pero no lo quieres porque deseas arreglarlo. Si no, porque está tan roto como tú – habla lentamente.
Abro la boca para contradecirla, pero simplemente me hace un gesto para detenerme y sigue hablando.
– Lo quieres a pesar de que él decide cargar el mundo entero sobre sus hombros. Él te quiere a pesar de que tus manos están llenas de sangre. Que curiosa pareja hacen – en sus ojos veo algo similar a anhelación.
Con una última mirada Natasha desaparece entre la multitud antes de que pueda formular una palabra.
Mis ojos viajan automáticamente a Steve, quien al sentir mi mirada rompe su máscara del imperturbable Capitán América para dedicarme una pequeña sonrisa. La calidez que se instala en mi pecho es suficiente respuesta para las palabras de la rusa.
24 DE DICIEMBRE DE 2013. 4:45 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. TORRE STARK. PISO 34.
La fiesta pasa como cualquier fiesta. Hago un especial trabajo en combinar el beber alcohol hasta que no recuerde porque estoy triste, en honor a Joey, y mantenerme lo suficiente sobria para mantenerme alejada de Steve a los ojos de los demás. Luego de la conversación con la rusa, mi humor no es el mejor, así que me voy a la cama antes de que la fiesta se descontrole.
La combinación de alcohol y cansancio de las semanas me adormece al punto que caigo dormida antes de tocar mi almohada. Sin embargo, no hace mucho para alejar las pesadillas de Steve muriendo lentamente en mis brazos.
Despierto buscando la figura del rubio del otro lado de mi cama, luego recuerdo donde estoy. Me hago bolita tratando de controlar mi respiración, pero la persistente duda del estado de Steve se convierte en un grito cada vez más fuerte dentro de mi cabeza. Comienzo a levantarme antes de detenerme en seco.
– No, no tengo miedo – suena como un gemido estrangulado, pero consigo decirlo en voz alta.
¿Qué clase de persona soy si a la menor pesadilla voy corriendo a los brazos de Rogers como una clase de infante?, se queja una parte de mi cerebro que sorprendentemente no está sumida en pánico. Esa parte es lo suficiente fuerte para obligarme a regresar a la cama.
Exhalo profundamente, relajando todos mis músculos. Sin embargo, cuando cierro los ojos solo veo cientos de imágenes de Steve muriendo de una forma peor que la anterior.
A la mierda, si tengo miedo y MUCHO
En menos de 5 minutos llego a la habitación cerrando silenciosamente la puerta a mi espalda, los más rezagados de la fiesta están medio dormidos o lo suficiente borrachos para que no sea difícil evitarlos. Por fin encuentro a Steve durmiendo en su cama, el suave movimiento de su pecho me confirma que sigue vivo.
Suelto un suspiro tembloroso.
Justo cuando he encontrado paz en la tranquilidad del soldado algo a mi derecha se mueve catapultándome a una posición de defensa. Sin embargo, es solo Watson que parece haber captado mi presencia y que sorprendentemente se me acerca. Se queda un metro de distancia mirándome fijamente a los ojos.
¿Es posible que un gato te juzgue? Porque siento que Watson puede ver todos mis pecados, sabe que no debería estar aquí. Deduzco que va a abrir su pequeña boquita, así que junto mis manos en un ruego silencioso.
Vamos, pequeña. Te daré salmón por dos semanas y te dejaré dormir en mi ropa recién sacada de la secadora, aunque la llenes de tu pelo. Lo único que tienes que hacer es dejarme salir sin hacer ruido, intento transmitirle con los ojos.
Pero la pequeña gatita es brutalmente leal a Steve así que maúlla despertándolo y alertándolo de mi presencia. A diferencia de mí, el rubio no salta a una posición de combate en cuanto despierta, pero sus ojos zafiros me miran de inmediato como si tuviera un GPS que le avisara de mi ubicación antes de despertar.
– ¿Qué haces? – pregunta con la voz aún ronca por el sueño.
– Nada – respondo inocentemente.
– Verme dormir como acosadora – decide luego de analizar el cuarto y determinar que no hay ninguna amenaza.
– No te creas el centro del universo, vine a acariciar a Watson – bufo para intentar tocar a la gatita, pero como siempre huye de mi tacto.
Luego te preguntas porque no te dejo dormir en mi ropa.
– ¿A las 5 de la mañana? – pregunta revisando el reloj en su mesa de noche.
Sus zafiros se quedan fijos en mí rompiendo mi fachada de seguridad.
– Bien, soñé que morías y vive a ver que estabas bien – cedo en un murmuro.
Lamentablemente, para nosotros esa es una excusa bastante lógica.
– ¿Cómo entraste? – pregunta tallando sus ojos.
– Creo que hoy quedó claro que una cerradura no me detiene – replico con un bufido.
El silencio con el que generalmente nos sentimos tan cómodos nos rodea sumiéndonos en incomodidad.
– Bueno… veo que estas vivo, así que… me voy – tartamudeo tropezando con todo hasta llegar a la puerta.
Toco la cerradura justo cuando él habla.
– ¿Cuántas veces has venido? – pregunta suavemente.
– Cálmate, esta es la primera – digo intentando meter un poco de humor.
Se me queda viendo completamente inexpresivo.
– De hoy – murmuro.
Con un movimiento fluido simplemente abre la sábana lo suficiente para que pueda entrar.
– Estoy bien – digo forzando mi máscara de fortaleza.
– Sí, y estarás mejor si no tienes que viajar media torre para asegurarte que sigo vivo –
Hay algo más en su semblante. Esto es una ofrenda de paz, no solo para mis pesadillas. En las últimas semanas he estado tan estresada que he tenido el doble de pesadillas, si eso es posible, aún así no quise correr el riesgo que Michael o alguien más nos viera por la ventana, otra vez. Así que lidié con ello igual de siempre, encerrada conmigo misma y enterrando mis sentimientos en lo más profundo de mí.
Steve captó la indirecta porque él tampoco se acercó a mi cuando él tenía una pesadilla. Por eso este pequeño gesto significa tanto ahora, he dejado de lado mis tendencias de querer resolverlo sola y estoy activamente involucrándolo, porque entiendo que él ha decidido no dejarme.
La parte que me aconseja que siga protegiendo a Steve me grita que vuelva a mi cuarto. Pero en un loco arranque de valentía me meto a la cama a su lado.
