25 DE DICIEMBRE DE 2013. 8:34 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. TORRE STARK. HABITACIÓN DEL CAPITÁN STEVE ROGERS.

Por primera vez en mucho tiempo el capitán está soñando, a diferencia de la castaña él no suele tener muchos sueños, o por lo menos solo recuerda las pesadillas cuando despierta. Aún así el sueño es lo suficiente tranquilo y sencillo para que no dude que va a recordarlo, está mirando una puesta de sol en un barranco, con Sophia recargada suavemente en su pecho. No están haciendo nada más que respirar, pero es como si eso fuera lo único que importara.

Inhala profundamente, disfrutando el momento de paz hasta que es cruelmente arrancado por golpes en la puerta.

Abre los ojos encontrando que el peso en su pecho no es imaginario, Sophia duerme pacíficamente recargando su cabeza en él, ignorando completamente el ruido de la puerta. Cuando duermen juntos hay dos opciones, duermen lo más lejos que su cama les permite, para evitar tocarse en la noche o duermen aferrados uno al otro, para asegurarse de la presencia del otro en medio de una pesadilla. Sin embargo, Steve nota que simplemente están abrazados.

Casi como una pareja normal, el pensamiento llega a su mente con una cálida sensación. Sin embargo, no puede disfrutarlo porque alguien sigue aporrando su puerta como si su vida dependiera de ello.

Se levanta con cuidado, Steve sabe que la castaña está despierta o por lo menos lo suficiente consciente para saber que hay alguien en la puerta. Pero también sabe que ella no tiene la menor intención de atenderla, lo confirma la forma en que Holmes se acomoda buscando el calor residual en las cobijas mientras Watson se acurruca en el espacio entre sus piernas. No completamente despierto abre ligeramente la puerta. Es recibido por una pequeña explosión y mucho confeti directo a su cara.

– ¡Feliz Navidad! – grita un muy emocionado Clint Barton.

– Eh, ¿qué? – es lo único que el soldado logra pronunciar aún aturdido.

– Vamos, Capitán. Tienes que prepararte tenemos que abrir los regalos – lo incita el arquero tratando de entrar al cuarto.

A pesar de su aturdimiento, el soldado es lo suficiente rápido para detener la entrada de su compañero Vengador, pero no es lo suficiente rápido para evitar que vea la pequeña figura en su cama.

– Oh por Dios. Le debo 10 dólares a Nat, no eres tan virgen como pensábamos – exclama asombrado tratando de distinguir algo más sobre la figura del rubio.

– No es lo que piensas – responde de inmediato.

– No debes avergonzarte, es completamente normal que tengas una pareja – agrega golpeando amistosamente el hombro del rubio – Lo mejor de todo es que no estás detrás de Sophia – dice alegremente.

Confundido por la reacción, Steve se permite mirar brevemente a la chica en su cama. Gracias a que Sophia se acomodó buscando calor, se encuentra hecha bolita cubierta hasta la barbilla por las sábanas. Además, le da la espalda a la puerta haciendo que lo único que se vea es su largo cabello castaño, que aún tiene gran parte de los risos.

Vista de reojo podría ser cualquier persona.

– Eh – inicia Steve desvainando sus sesos buscando alguna excusa para sacarla sin que el arquero se de cuenta.

– No te preocupes. Me iré para que te ocupes de tu chica, nos vemos en 10 minutos en la sala para abrir los regalos – lo salva el arquero captando la incomodidad del soldado, pero malinterpretándola completamente.

– Gracias, Barton – suspira.

– Mientras iré a despertar a Sophia – dice sin cuidado alejándose por el pasillo.

Steve cierra la puerta y se vuelve a la chica que ahora esta completamente despierta y mirándolo en completo pánico.

– Mierda – dicen al mismo tiempo.

25 DE DICIEMBRE DE 2013. 8:40 A.M. NUEVA YORK, NUEVA YORK. TORRE STARK. DUCTOS DE VENTILACIÓN.

Cuando me fui a dormir con el rubio no tomé en consideración como iba a regresar a mi cuarto antes de que alguien notara mi ausencia. Supongo que una parte de mi esperaba que todos siguieran demasiado borrachos o dormidos y me pudiera escabullir de nuevo. Debí haber tomado en cuenta que el universo me odia.

Mi cuarto esta relativamente lejos de los cuartos de los Vengadores, Tony lo dejó así en un intento que el rubio y yo no nos viéramos y peleáramos. Lo cual es bueno porque Barton va a tardar en llegar, pero también significa que yo tengo que ser más rápida que el Rayo Mcqueen para llegar antes que él.

Dado que no puedo ir corriendo por la Torre porque todos se darían cuenta que pasé la noche con Steve. Mi solución es moverme a través de los conductos de ventilación hasta mi cuarto. Luego de hacer que Jarvis me mostrara un mapa de los conductos me aviento a la aventura con la confianza de un estudiante universitario que se acaba de convertir en un experto en la materia estudiando toda la noche antes del examen.

Sin embargo, ahora que me encuentro a medio camino, todo parece ir bien. Si dejamos de lado que los conductos huelen extraño y definitivamente tengo moretones en mis codos y rodillas por arrastrarme.

Después de lo que parece una eternidad llego a mi cuarto. Me hago un moño descuidado para disimular los risos que quedaron de ayer y me lanzo a la cama que sigue desordenada. Pasan exactamente 20 segundos en los que aguanto la respiración y espero no haber llegado demasiado tarde.

– ¡SOPHIE, SOPHIE! LEVÁNTATE ES NAVIDAD – grita Clint aporreando mi puerta.

A pesar del escandalo, saco un suspiro aliviado.

Doy un último vistazo al cuarto para asegurarme que parece que pasé toda la noche aquí y abro la puerta fingiendo que apenas me despierto.

– ¿Podrías no ser tan molesto tan temprano? – gruño bostezando.

– No seas una Grinch. ¡Es Navidad! – exclama tirando confeti a mi cara – Es momento de estar todos unidos –

A pesar de todos los problemas que me ha causado en las últimas 12 horas, no puedo evitar sonreír ante su desbordante entusiasmo.

– ¿Dónde estaba ese compañerismo cuando cambiabas mi libertad por alcohol? – lo molesto quitándome confeti del cabello.

– Oh, vamos. Te escapaste en media hora, además probaste el Ron… delicioso – dice lo último con un suspiro.

– Aja – ruedo los ojos.

– En fin, vístete tenemos que abrir los regalos – me apura dentro del cuarto.

Frunzo el ceño mirando mi pijama. Es simplemente una sudadera con el logo de SHIELD y un pantalón azul marino.

– ¿Qué hay de malo con mi ropa? – pregunto ofendida. Digo nunca me veo como supermodelo cuando duermo, pero tampoco parezco vagabunda. Lo cual es sorprendente en mi.

– Nada, pero seguramente Stark va a tomar un millón de fotos – me recuerda – Además, hueles un poco raro – agrega frunciendo la nariz.

Probablemente por que tuve que correr por los conductos de ventilación, me trago el comentario.

– Buen punto – murmuro removiendo mi maleta para sacar el atuendo que empaqué para hoy en la tarde. Un atuendo lo suficiente cómodo para pasar la tarde jugando, pero lo suficiente caro y pretensioso para que ni siquiera Lidia pueda decir algo malo de él.

Clint simplemente se sienta en un sillón, se mueve tan emocionado que sé que no resiste las ganas de contarme lo que acaba de presenciar con el rubio.

– Te tengo un chisme… – inicia.

Cuando llegamos a la sala del Penthouse, que ahora tiene un árbol de navidad gigante, lleno de regalos que definitivamente no estaban ahí ayer. Todos ya se han enterado de que alguien pasó la noche con Steve. Es fácil determinarlo por el eterno rojo que ahora acompaña sus mejillas y la forma sugerente en que todos lo miran.

De vieron haber contratado un equipo de limpieza y transporte para los borrachos temprano, porque ahora los únicos que quedamos son los Vengadores, Pepper y yo. Incluso Happy parece haberse ido a sus propias celebraciones navideñas. Clint tenía razón al hacerme cambiar de ropa, porque veo cámaras preparadas en todos ángulos y todos llevan ropa mucho más linda de la usual.

Natasha dice una broma sobre el ejercicio que Steve seguramente hizo anoche, haciendo que todos se rían y el se sonroje más. Finjo una risa y analizo rápidamente sus caras por si alguien me esta viendo a mí, pero nadie parece sospechar que yo era la chica en la cama del rubio. Y que definitivamente no estábamos haciendo algo semejante al ejercicio.

– Bueno iba a despertarlos un poco más tarde, pero alguien programó a Jarvis para levantarnos a las 8 de la mañana anunciando que la mitad de Nueva York estaba en llamas – anuncia Tony aún con su traje rojo, que sorprendentemente ni siquiera parece arrugado.

Todos me miran fijamente ante sus palabras.

– Ni idea quien pudo haber sido – me encojo de hombros inocentemente.

– Aja… Bueno quiero que abramos los regalos antes de que se vayan a sus celebraciones, que seguramente no serán tan buenas como la de anoche – continua Tony acercándose emocionado a los regalos.

Todos tenemos otros planes Navideños, esa es la razón principal por la que la gran fiesta de Tony se hizo un día antes. Tony y Pepper se irán de vacaciones a las Bahamas, Banner visitará a su prima en Los Ángeles, Clint y Natasha desaparecerán a donde sea que desaparecen cada año. A juzgar por las quemaduras del Sol en su piel cuando vuelven, debe ser una granja.

Tony nos entrega a cada uno una gran caja mientras le instruye a Jarvis que comience a grabar.

– Listo, ábranlos – anuncia emocionado.

Clint destroza la envoltura del suyo, demasiado envuelto en su propio entusiasmo para importarle otra cosa. Mientras los demás quitamos poco a poco el papel de regalo mirando fijamente a Barton para asegurarnos que las cajas no contienen una bomba o alguna clase de broma de mi padrino.

– ¡Genial! Nuevas flechas explosivas – exclama sacando un paquete de ellas – Gracias, Stark –

Entendiendo que sí es una bomba, pero una deseada, todos abrimos nuestros regalos con más confianza. El mío termina siendo un mameluco de hobbit, lo cual es sorprendente porque no sabía que existían y menos que los hacían para adultos, entiendo el chiste, pero la verdad parece muy cómodo. Banner saca un set de nuevas probetas, matraces y otras cosas para su laboratorio, mientras que Natasha saca varios vestidos hermosos que seguramente fueron escogidos por Jarvis. Pepper saca un conejo de peluche diminuto, al parecer es compensación por el enorme que Tony le regaló la Navidad pasada. Finalmente, Steve solo se sonroja aún más y cierra su caja de inmediato. Lo que obviamente hace que los demás queramos saber que hay adentro.

– ¿Qué te dio? – pregunto.

– Nada que vaya a usar – responde rápidamente a la defensiva.

Intercambio una mirada con la rusa que se encuentra a su lado. En menos de un segundo ella ya le quitó el regalo.

– ¡Hey! – exclama Steve ofendido, lo cual es adorable por sus mejillas sonrojadas.

Ignorándolo abrimos la caja encontrando una enorme colección de condones decorados con su escudo y otros diseños patrióticos. Todos entendemos que es una broma, pero estamos demasiado sorprendidos por el diseño de los condones como para reaccionar.

– Es para tu Capitancito – explica Tony regresándonos a la realidad.

Todos rompemos en carcajadas mientras el soldado se remueve incómodo en su asiento.

– La buena noticia es que sí vas a usarlos – se burla Clint sumando a la incomodidad del rubio – Lo mejor de todo es que ya no tengo que proteger a la pequeña Sophie de ti – agrega abrazándome por los hombros.

– Pequeña Sophie – repito divertida.

En este punto no estoy segura si los bastardos sobreprotectores de mi vida me ven como una damisela en peligro o como un bebé que no sabe hacer nada más que babear.

El arquero simplemente me responde con un guiño.

– ¿Cómo sabes que la chica no era Sophia? – pregunta Tony llamando nuestra atención.

– La gatita de Rogers estaba durmiendo acurrucada contra la chica. Duhh – responde con obviedad Clint sin perder su sonrisa.

– Es cierto, su gata me odia – confirmo. No es una mentira, aunque no digo que Watson Jr tiene la extraña costumbre de dormir acurrucada a mí.

Sin embargo, eso no parece un argumento lo suficiente bueno para mi padrino que aún nos mira desconfiado.

– Jarvis, ¿Sophia salió de su cuarto en algún momento de la noche? – pregunta a la inteligencia artificial.

Mantengo mi cara inexpresiva aún cuando siento la mirada de pánico del rubio.

– No, señor – responde Jarvis – Ingresó a su cuarto a los 2 de la mañana y salió hasta que el señor Barton fue por ella –

Por favor, no soy una principiante. Antes de aventurarme por los conductos de ventilación hackee a Jarvis para que pusiera un bucle de mi durmiendo en su sistema y eliminé como caminé al cuarto del rubio. Aunque honestamente esperé esta clase de escrutinio de Natasha o incluso de Pepper, no entiendo porque mi padrino está tan desconfiado. Sobretodo dentro de sus sospechas no parece querer matar a Steve, como siempre que asume que tenemos una relación.

– Sabes, cuando dije que iba a tener sexo salvaje con Rogers en tu Torre fue una broma – me burlo cuando el semblante ceñudo de mi padrino no desaparece.

Tony abre la boca para responder, seguramente para refutar, pero es interrumpido.

– En fin, lo importante es el Cap tiene una nueva novia – dice Bruce tratando de distraer a Tony.

Con una pequeña sonrisa en mi dirección queda claro que sabe que fui yo en la cama del rubio, también, por la forma en que sus ojos se ensombrecen, sabe que fue por una pesadilla y no por otra cosa. Es extraño tener a Bruce de mi parte, generalmente es él por quien todos sospechan de mi. Pero en este punto, cualquier ayuda es buena.

– Yo quiero conocerla, después de todo la chica de la que me hablaste era ella, ¿no? – inquiere Natasha.

– ¡No!, es decir sí… Es complicado – tartamudea Steve sonrojándose más de lo que creía posible.

Todos la miramos sorprendidos mientras yo hago uso de todo mi autocontrol para no preguntarle de qué demonios habla. ¿Steve habló con Natasha de una chica? ¿Por qué? ¿Según yo no ha salido con nadie últimamente? ¿O sí y solo no me dijo? ¿Por qué no me dijo?

[¿Por qué te importa tanto?], se burla la voz de mi cabeza.

– ¿Por lo menos la llevaste a una cita? Tu eres un buen chico así que debes llevarlas a cenar, antes de nada – dice Tony guiándole el ojo a Pepper la cual solo rueda los suyos – Espera un segundo, ¿has ido a citas? – pregunta verdaderamente interesado.

– Por supuesto que he ido a citas – repone ofendido – En este siglo – aclara ante la mirada insegura de todos.

– Ay, nuestro capileta no es tan santo como pensábamos – ríe Clint.

– ¿La hiciste firmar un NDA, cierto? – interviene Pepper con amabilidad maternal. Luego de años siendo la asistente de Tony, sabe que es mejor prevenir que tener nudes filtradas por el internet.

– Un Acuerdo de Confidencialidad – aclaro ante la mirada confundida del rubio – No, ninguna de sus citas a firmado uno –

– ¿Tu como sabes? – pregunta de inmediato Tony.

– Yo he ayudado a organizar algunas – aclaro.

– ¿Qué? ¿Por qué? – pregunta esta vez Bruce.

– Deduje que sí tenía novia, íbamos a pasar menos tiempo peleando. Lo cual es bueno para todos – aclaro a lo que todos asienten.

Lo cual es cierto, yo fui quien le insistió que saliera más y que conociera personas. En perspectiva no creo que fuera una buena idea, decirle a quien me gusta que hiciera eso. Pero, bueno, tampoco es como que le fuera a confesar mis sentimientos.

– Con tu experiencia, ¿por qué no hiciste algo tan importante como los Acuerdos de Confidencialidad? – me regaña Pepper genuinamente preocupada.

Lo único que atino a hacer es sacar un suspiro exasperado.

– Justo por mi experiencia nunca lo sugerí. Niños de 5 años tenían que firmarlos para poder jugar conmigo. El abuelo merece una oportunidad de salir como una persona normal – argumento – Además, no creo que sea tan estúpido como para decirles que es Capitán América. Solo luce como el clásico hombre fuerte, blanco y rubio –

Nadie puede refutar mis palabras.

– ¿Entonces tu ayudaste que Steve conociera a la chica? – inquiere Natasha con picardía brillando en sus ojos.

– No, solo lo ayudé en sus primeras citas – repongo antes de que Steve tenga oportunidad de hablar. Hay más posibilidades que esto salga bien si él se niega a decir a algo de la chica y yo finjo no conocerla.

El semblante de todos cae decepcionado cuando se dan cuenta que no me pueden sacar información.

– En fin, después de esta adorable apertura de regalos… se hace tarde debo irme – anuncio levantándome – Yo fui alguien racional y les mandé una tarjeta de regalo a su cuenta de Amazon. De nada – aviso con una sonrisa de suficiencia.

– Yo no uso Amazon – bufa Tony interrumpiendo un coro de gracias de los demás.

– A ti te encargué la pintura más extraña que encontré y pedí que la instalaran en tu baño privado – le guiño un ojo.

– Que bonito que sigas manteniendo las tradiciones – responde dándome un abrazo ante la mirada confundida de todos.

La verdad no tiene mucha ciencia, solo es una broma que combina la crítica de como la gente rica compra invaluables obras de arte y las cuelga en su baño, y como Tony no entiende nada de arte, pero sí una pieza es lo suficiente cara, debe tenerla.

– Bien, me voy. Es Navidad y quiero ver a Charlie – me despido con la mano caminando al elevador.

– Me la saludas – dice Steve distraído.

Con esa simple frase me dan ganas de golpearlo por su error.

– ¿Cómo la conoces? – pregunta Tony volviendo a su ser paranoico.

– La cena de Veteranos. Los rubio se llevaron bien – explico encogiéndome de hombros para restarle importancia – Bueno, nos vemos – grito saliendo lo más rápido que puedo antes de que alguien nos cuestione.

Paso la Navidad con mi querida sobrina y un grupo de las personas más cercanas de mi padre. Como me quedo cerca de los niños, que juegan con sus juguetes nuevos, me pierdo casi toda la conversación de los adultos. Lo que hace la velada mucho más agradable, sobretodo por el interminable suministro de galletas que les dan.

Por mucho que quiera a mi pequeña sobrina, regreso al departamento lo suficiente temprano para tener una pequeña cena con Steve, nadie debe pasar Navidad solo. Mucho menos alguien cuya familia murió hace 70 años. Comemos cómodamente en pijada contando chiste y rememorando la noche anterior, luego de comer helado directamente del bote intercambiándolos cada pocos minutos Steve saca una pequeña caja de un cajón.

– Feliz Navidad, Holmes – me sonríe.

Le respondo la sonrisa y me encuentro abriendo el regalo lo más rápido que puedo genuinamente emocionada por ver su interior. Al abrirlo encuentro la edición especial de Orgullo y Prejuicio con un precioso encuadernado decorado con plumas de pavorreal y cartas escritas a mano, es tan hermoso que me roba el aliento por un segundo.

– ¿Cómo…? – inicio.

– ¿Supe que lo querías? Mencionaste que es uno de tus libros favoritos, además hablaste con 5 librerías por teléfono para saber si ya tenían esta edición. Cuando hablas por teléfono no hablas muy bajo que digamos – responde con diversión iluminando sus facciones.

– Pero estaba agotado, por eso hablé con tantas librerías – replico perpleja tocando con delicadeza el libro.

– Conduje hasta New Jersey, pero conseguí una copia – explica orgulloso de sí mismo.

– Gracias – digo sinceramente y lo atraigo para darle un gran abrazo.

– No hay de qué, Holmes – asegura dándome una pequeña palmada en la espalda.

Cuando lo suelto examino el libro con atención por unos segundos para luego recordar que yo también tengo algo para el rubio. Me acerco a mi bolsa para sacar una caja.

– Lo siento, el mío no es tan significativo – me disculpo cohibida entregándole la caja – Eres lo suficiente apto para graduarte a un teléfono moderno, ya viene cargado con los datos de tu teléfono anterior –

Ríe por el chiste y parece realmente emocionado cuando abre la caja.

– Gracias – responde sonriendo – No solo por el teléfono, sino por ser la única persona que verdaderamente me cree capaz de manejar la tecnología moderna – en su voz noto un deje de irritación.

– No hay problema. Debo decir que en verdad eres bastante inteligente – admito, porque es Navidad y la verdad quiero decir algo lindo – Y si alguien dice lo contrario siempre puedo golpearlos. Supongo que esa será la parte dos de mi regalo de Navidad – agrego porque también uso humor para encubrir el hecho que tengo sentimientos.

La carcajada que suelta derrite mi corazón y me hace sentir que todo lo que he dicho ha valido la pena. Es curioso su risa no es melodiosa, es mas bien rasposa y es extraño como agarra su pecho con la mano izquierda cuando ríe, sin embargo, cuando la deja salir libremente se convierte en el sonido más hermoso que he escuchado.

26 DE DICIEMBRE DE 2013. 9:40 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. 2º PISO. DEPARTAMENTO 221.

La intensidad del olor a jabón y menta me avisa que no estoy en mi cuarto. El sueño aún me retiene, empañando mis sentidos, pero no me sorprende porque siempre duermo más profundo cuando estoy con el rubio. Además, hoy es uno de esos días extraños en los que no tengo nada que hacer, así que me vuelvo a acomodar para dormir un poco más.

Aunque extrañamente no estoy sola en la cama como siempre que despierto, Steve sigue profundamente dormido a mi lado. La imagen es tan rara que lo único que puedo hacer es mirarlo, Steve siempre se levanta antes que yo. El siempre dice que es para iniciar temprano su día, pero sé que lo hace porque siente que ya ha perdido el suficiente tiempo "dormido". Despierto él siempre adopta el papel de este personaje casi mítico invencible, pero dormido puedo ver lo joven y vulnerable que es. Por alguna razón no me parece un defecto o un arma que usar en su contra, sino una razón para protegerlo.

Me recargo en mi codo para poder mirarlo mejor, la luz dorada lo baña y solo sus largas pestañas crean sombras en su cara, contengo la respiración mientras intento grabar sus facciones y su tranquila expresión en mi mente. En este momento lo envidió por la capacidad de recrear escenas así en sus dibujos. Por unos minutos nada más importa, incluso parece que la ajetreada ciudad de Nueva York se ha tomado un descanso para permitirme tener este momento de tranquilidad.

No estoy segura cuanto tiempo llevo observándolo cuando por fin se remueve y abre sus preciosas orbes zafiro. Estos inmediatamente me ubican a su lado mientras sus facciones se relajan.

– Tu no estabas aquí cuando me fui a dormir – dice con su voz ronca por el sueño.

– Mis pesadillas no recibieron la noticia de tomar vacaciones por Navidad – alego – Muy trabajadoras, sí los agentes de SHIELD trabajarán así podría tomarme más de dos días de vacaciones al año –

Él suelta un resoplido, pero no puede ocultar su sonrisa.

– Eh, mis terribles chistes sobre cosas traumáticas por fin te están haciendo reír – exclamo picando su costado.

– No es cierto. No puedes probarlo – replica ocultándose en las cobijas, pero puedo oír la sonrisa en su voz.

No puedo continuar molestándolo porque suena mi teléfono. Gruño levantándome, honestamente lo ignoraría, pero la mayoría de los Vengadores están fuera y si ocurre una emergencia no quiero ser la razón por la cual Nueva York se destruya.

– A menos que el mundo este en llamas o al borde del colapso, no me importa – digo como saludo contestando el teléfono.

– Alguien despertó de mal humor – escucho la voz de mi padrino del otro lado de la línea – La magia de la Navidad no te duró mucho –

– Me estas llamando en mi día libre. ¿Qué quieres? – cuestiono rodando los ojos.

– ¿Podrías ir a la Torre en una hora? ¿Y llevar a Rogers? – pregunta, es demasiado obvio que trata de sonar casual.

– No sé donde está Rogers – miento mirando fijamente al rubio que ahora me mira confundido por mencionarlo mientras acaricia a su gatita.

– Tengo la sensación de qué podrás contactarlo. ¡Nos vemos! – cuelga el teléfono dejándome con un montón de interrogantes.

¿Qué está planeando ahora?

Como cualquier persona con un problema de paranoia, considero seriamente no ir porque puede ser una trampa. Puede que Michael haya secuestrado a Tony y lo haya hecho hacer la llamada, o hackeado su teléfono y hecho la llamada. Aunque cada hipótesis que formulo es aún más descabellada que la anterior y la curiosidad se lleva lo mejor de mí permitiendo que Steve me convenza.

[Sí seguramente es eso y no la carita de cachorro que te puso], se burla la voz de mi cabeza.

Aun así, Steve no puede convencerme en ir en su cacharro de la muerte, a aparte sería extraño que llegáramos juntos y es demasiado inocente suponer que no vamos a ser vigilados en la Torre. Me transporto en un sospechosamente vació metro. El rubio me espera pacientemente en la recepción y una vez que llego tomamos el elevador en silencio. Cuando se abren las puertas al Penthouse lo encontramos completamente vacío. Avanzamos lentamente, es raro encontrar la Torre tan vacía, casi parece un escenario sacado de Halloween en lugar de Navidad.

A mitad de la sala la voz de Jarvis nos sobresalta, así que asumimos a una posición de defensa.

– Señorita Sophia, señor Rogers. Tienen una llamada del Señor Stark – nos avisa la inteligencia artificial.

– ¿Realmente nos hizo venir hasta acá solo para llamarnos? – bufa Steve.

– Esta bien, Jarvis – respondo, ambos intentamos relajar nuestra postura mientras esperamos.

Una luz ilumina la mitad de la sala mostrando un holograma de Tony en ropa de playa y pareciendo demasiado orgulloso de sí mismo.

– ¿Estas libre en la tarde? – me pregunta directamente.

– Si, supongo – digo confundida – ¿Vas a ve…? –

– ¿Tu? – me interrumpe brutalmente señalando a Steve.

– Creo… – responde también aturdido.

– Yo no, así que háganme un favor y salgan a este restaurante a las 5 – termina cortando la transmisión y dejando un holograma del nombre del restaurante.

– ¿El acaba de…? – pregunta inseguro de como continuar.

– Seguramente ya tenía la reservación y algo surgió – supongo sin poner mucha atención.

Es Tony de quien hablamos, ese hombre es su propio tipo de raro. Podría haber hecho la reservación y no haberse dado cuenta que iba a estar en las Bahamas hasta que llego allá. Sin embargo, Steve no parece muy convencido. En su defensa, Tony también es conocido por sus bromas y la memoria de él planeando encerrarnos para que no peleemos todavía está fresca.

– El lugar parece real, no perdemos nada yendo – propongo luego de Googlear el nombre del restaurante.

El rubio simplemente se encoje de hombros aceptando. Nos dirigimos al elevador, pero de nuevo la voz de Jarvis no sobresalta.

– De hecho, el señor Stark les tiene una sorpresa en sus respectivos cuartos –

Ambos compartimos una mirada recelosa.

– ¿Qué tipo de sorpresa? – interrogo.

– Sólo diré que tanto la señorita Potts como yo no estuvimos precisamente de acuerdo con su idea. Pero no es peligrosa – responde Jarvis y casi parece como si nos estuviera pidiendo una disculpa.

– ¿Qué dices? – suspiro mirando al rubio.

Steve parece reflexionarlo unos segundos, pero simplemente se encoje de hombros.

– Eh, ¿por qué no? Si quiera va a ser una buena historia – exclama.

– A veces olvido que tu sentido de autopreservación es peor que el mío – gruño – Pero tienes razón. Vamos –

Nos separamos en el elevador para ir a nuestros respectivos cuartos, con forme voy llegando escucho la algarabía de varias personas, inmediatamente saco mi cuchillo. Aunque cuando llego a la puerta el inconfundible olor a spray para el cabello y perfume me confunde. No bajo el cuchillo mientras abro lentamente la puerta.

26 DE DICIEMBRE DE 2013. 4:03 P.M. NEUVA YORK, NUEVA YORK. CALLE AFUERA DE LA TORRE STARK. (4 HORAS DESPUÉS)

No es la primera vez que Tony contrata a un grupo de estilistas para arreglarme, mierda, ni siquiera es la primera vez que me secuestra para que un grupo de estilistas me arregle. Aunque sí es la primera vez que lo hace sin una razón aparente y que además contrata a un grupo de guardias de seguridad para asegurarse que no escapé. Hay que reconocer que el equipo de estilistas ni siquiera se inmutó con mi cuchillo ni con la pelea de 20 minutos antes de que me apresaran en una silla.

Tres horas después estoy en una limosina recién maquillada y peinada de una forma delicada que me hace ver honestamente bellísima y que nunca en mi vida podría replicar con mi limitado conocimiento de belleza. Además, estoy en un recién comprado vestido de Chanel negro que llega hasta mis pantorrillas. Lo único bueno es que pude ocultar mi cuchillo en un arnés de mis piernas.

Steve entra poco segundos después de mí arreglado en un traje azul marino hecho a la medida que lo hace ver guapísimo. Primero nos sumimos en un silencio incómodo en espera que la limosina se mueva o ocurra algo, como que se acabe el mundo. Pero una vez que sus ojos conectan con los míos rompemos a carcajadas por lo estúpido de la situación.

– Esto es ridículo – exclama mirando su ropa.

– Eh, la ropa no es tan mala y mientras no salgan strippers, no será el peor regalo que me ha dado Tony – replico recordando lo desastroso que fue ese regalo de cumpleaños – Al parecer los regalos de navidad no fueron suficiente –

En mi mente lo único que tiene sentido es que esto es una parte de su regalo. Un retorcido, innecesario y atrasado regalo de Navidad.

– ¿No crees que planeó una cita? – pregunta el rubio evitando mi mirada.

– No, haría muchas bromas, pero definitivamente no ponernos juntos en una cita – respondo de inmediato. Mi padrino es sobreprotector con mis relaciones, no me pondría en una cita con alguien y menos alguien que el no aprueba como Steve.

El viaje dura más de lo que pensaba por el tráfico de la ciudad, pero Steve y yo encontramos una manera de hablar y convivir. Por supuesto no revelando nada y teniendo cuidado en caso de que alguien más este grabando la conversación. Honestamente, anhelo el día en que no tenga que fingir que lo odio.

Llegamos al restaurante poco antes de la hora, primero esperamos ver el resto de los Vengadores o alguien más, pero a pesar de lo ajetreado que está por las fechas, nos damos cuenta de que solo estamos nosotros.

Yo le resto importancia y simplemente me formo para hablar con la host. Sin embargo, Steve mira a su alrededor con incomodidad, él no está acostumbrado a lugares tan caros y casi parece sopesar con que tenedor acuchillarse para salir de la situación.

– Hola venimos por parte de Stark… – digo cuando finalmente llegamos al inicio de la línea.

– Señorita Hayle y señor Rogers, los esperábamos. Por aquí – nos sonríe la host sin perder un segundo.

– ¿No te parece raro? – pregunta el rubio dándome una mirada significativa.

– Seguramente llamó para cambiar el nombre – respondo para convencerlo tanto a él como a mí misma, aunque mis manos rozan el cuchillo en mi pierna. Aún no descarto la posibilidad que esto puede ser una trampa.

Ambos nos movemos recelosos por el restaurante, la host nos conduce alegremente a una sala privada. En ella solo se encuentra una mesa para dos personas, mostrándonos que efectivamente somos los únicos que asistiremos, y como sí no pudiera ser más obvio está decorada con flores y velas que suman a la atmósfera romántica.

– El desgraciado nos organizó una cita – concluyo ofendida, aunque me aseguro de decirlo en un susurro para que solo Steve pueda oírme.

– ¿Deberíamos irnos? – pregunta él sonrojado.

Lo considero seriamente por un segundo. Una parte de mí quiere mandar al demonio a Tony, y la otra solo quiere quedarse a disfrutar una cita con Steve, aún cuando esta sea falsa.

– Disculpe, ¿la cuenta ya está pagada? – le pregunto a la host.

– Sí, el señor Stark dejó una tarjeta platino para pagar por la cena – responde sin modificar su sonrisa de una manera un poco preocupante.

– Yo digo que disfrutemos la cena y pidamos el vino más caro – le digo al rubio.

El solo ríe, deteniendo mi corazón en el proceso.

Nos sentamos aún un poco incómodos y pedimos el vino más caro antes de que incluso nos den la carta. No hemos terminado de revisar el menú cuando ya tenemos nuestro vino servido, que excelente servicio. Steve opta por dejarme elegir la cena, ya que según él tengo más experiencia en estos lugares.

Una vez que pedimos nos quedamos con sólo la música instrumental de fondo como compañía. Sería el momento más romántico de mi vida, si esto fuera una cita en serio. De nuevo, cuando nuestros ojos se encuentran lo único que podemos hacer es romper en carcajadas.

Poco a poco dejamos de lado la incomodidad y hablamos de cualquier cosa, gracias a un aparato que bloquea las señales de aparatos electrónicos, podemos hablar tranquilamente. No tardan mucho en traernos nuestra comida, un delicioso filete de carne y ensalada mixta. Comemos en silencio, pero gustosos por la deliciosa comida.

La forma celestial en la que la carne se deshace en mi boca me hace perder todo el enojo contra Tony. Además, aunque el vino es definitivamente demasiado caro, es bastante bueno y acompaña perfectamente la comida.

– Bueno, salud por una buena comida gratis – digo como brindis elevando mi copa.

– Salud – responde Steve chocando su copa con la mía.

Dejamos de hablar unos minutos, demasiado ensimismados por la comida. Ahora entiendo porque mi padrino nos obligó a venir aquí.

– Si este es el segundo regalo de Navidad de Tony, tendré que llevarte a Japón para superarlo – digo a medio bocado.

– Pero ya me diste un regalo de Navidad – enarca una ceja.

– La verdad me siento un poco mal, tu me conseguiste un regalo genial y yo solo te di un teléfono – admito tomando un poco más de vino.

– Un teléfono de cientos de dólares, además con instrucciones específicas de como usarlo – replica con obviedad.

Ruedo los ojos, ninguno de los dos necesita el recordatorio que yo tengo dinero de sobra. Además, como buena hija de mi padre, mi forma de mostrar mi cariño es con regalos caros en lugar de regalos detallistas.

– Tu condujiste a New Jersey por mi regalo – argumento dando otro bocado a mi comida.

– Tu seguramente hiciste un análisis profundo de qué teléfono necesitaba – suspira.

– Eso no cuenta, yo hago un análisis profundo de todo –

Steve sonríe, pero su cara cambia completamente cuando inhala en una forma que sé es para tomar valor. Incluso deja de lado su deliciosa comida, lo que inmediatamente me indica que sea lo que sea que va a decir, es realmente serio.

– Bueno, puedes compensarlo no riéndote de mí – pide nerviosamente.

Lo miro confundida, pero me quedo callada instándolo a continuar.

– Holmes… – inicia seriamente – Tienes una cara – en cuanto las palabras dejan su boca sus ojos se cierran en frustración.

Aunque su comentario me sorprende tanto que lo único que atino es parpadear.

– Si, tengo una cara – repito.

– Quiero decir, tienes una bonita cara – tartamudea evitando mi mirada.

– Gracias, creo – murmuro.

Steve se queda estático mirando fijamente la mesa mientras yo me debato si quizás este vino puede emborracharlo, y quizás ya tomó demasiado. O la comida es tan buena que de alguna forma lo llevó a un éxtasis en el que su cerebro ya no funciona bien.

– Podrías simplemente aceptar mi intento de halagarte. Me intimida mucho – gime realmente avergonzado.

– Gracias, Steve. También tienes una bonita cara – respondo dedicándole una sonrisa conciliadora.

El la responde, pero no parece que su ansiedad haya disminuido en lo más mínimo.

– ¿Por qué te pones nervioso? Solo te pones nervioso cuando te gusta… – entendimiento me golpea como una bofetada – Espera un segundo, ¿estas coqueteando conmigo? –

– Llevo un mes intentándolo, pero gracias por notarlo – dice con una sonrisa tímida.

Una parte de mi cerebro grita como niña de secundaría emocionada, otra está completamente confundida y congelada en su lugar intentando procesarlo. La última grita como una alarma indicándome peligro.

– Espera, ¿qué? – chillo. En lo más profundo de mi confusión, escucho el acento británico en mi tono.

– Sophia, cuando nos conocimos no me agradaste – inicia seriamente.

– Lo sé –

Un nudo se instaura mi estómago, provocando que mi comida ya no parezca apetitosa.

– Y cuando pasé más tiempo contigo, la verdad mi opinión no mejoró – ríe secamente.

– Me acuerdo. Yo también estaba ahí – respondo aturdida.

Esto debe ser un sueño. Esto no puede estar pasando.

– Pero a pesar de lo desesperante que puedes llegar a ser cuando alguien no esta de acuerdo contigo, no pude evitar admirar tu tenacidad… – dice conectando sus ojos con los míos.

Al ver sus hermosos ojos zafiro es como si me sacará de una ensoñación y me indicará que esto, lamentablemente, es el mundo real.

– No, no, no. NO – me levanto mientras una ola de calor y pánico me envuelven revolviendo aún más mis sentimientos.

– ¿No qué? –

– No puedes… Mmm ya sé, nos acostaremos juntos. Con eso lo superarás – ofrezco mientras me desvaino los sesos buscando una solución.

– ¿Qué? – exclama volviéndose completamente rojo.

– Sí, tengo entendido es una práctica común cuando sientes atracción sexual hacia alguien. Lo importante es que superarás lo que sea que es esto, saldré de tu sistema como dicen – explico caminando frenéticamente de un lado al otro de la pequeña sala.

– Holmes… – intenta.

– Sí, nada dice adiós atracción sexual y estética como dormir juntos… creo – comienzo a desvariar.

– Sophia – dice tomando mi mano que enseguida me hace centrarme en él. Ni siquiera me di cuenta cuando se levantó – No quiero acostarme contigo, es decir… Mmm no quiero hacerlo solo porque piensas que eso va "sacarte de mi sistema" –

– Bueno, es una solución. No es como que estés enamorado de mí para complicar más las cosas, ¿cierto? – cuestiono.

Su cara se descompone dándome mi respuesta.

– No, no puedes están enamorado – escupo zafándome de su agarre para volver a mi lugar en la mesa.

Mis piernas tiemblan tanto que temo no podrán sostenerme por más tiempo. Puedo amarlo desde la distancia, pero no puedo permitir que él me ame. Eso solo lo pondría en la línea de peligro.

– ¿Por qué? – pregunta suavemente tomando su lugar en frente de mi. Su mirada no se despega de mi ni por un segundo.

– Solo te causo problemas. Mi hermano, mi padre. Tony – trato de razonar evitando sus ojos.

[Eso, dile todas las razones por la cual eres un asco. Un caso perdido que no merece amor] me insta la voz de mi cabeza.

– No son problemas – me interrumpe.

– Creo que cualquiera diría lo contrario. ¿Cuántas veces has terminado lastimado por mi culpa? – reclamo.

El le quita importancia con un gesto, lo que solo me hace ponerme más frenética.

– Cuidarme es un trabajo de mierda – suelto. No puedo permitir que el pierda su tiempo amando y cuidando a alguien que hace el mínimo esfuerzo en seguir viva.

Su mirada se suaviza al mismo tiempo que una oleada de determinación la rodea.

– No lo es, no si es por ti – afirma tomando mi mano.

– Hay tanto que te oculto – mi voz sale rota.

– Entonces hay nuevas partes a las que puedo amar – afirma con una pequeña sonrisa que rompe y derrite mi frío corazón.

Intento protegerte de todas las cosas malas, negras y retorcidas que tengo y con las que convivo, tu luz es demasiado hermosa como para ser extinguida por mi oscuridad, intento decir, pero el nudo de mi garganta me impide hablar más de unas cuantas palabras.

– Mierda. Estoy tratando de decir que no soy una buena persona, Steve – logro pronunciar quitando mi mano.

Su cara se suaviza aún más transformándose en una expresión tranquila que sé oculta tristeza.

– Esta bien, sé que no sientes lo mismo – dice lentamente – No tienes que decir todas estas cosas para intentar alejarme. Sólo quería que supieras la verdad –

Trato de convencerme que podemos olvidar esta conversación y volver a la extraña relación que teníamos antes. La cual no tenía límites entre amistad platónica y algo más y podíamos fingir que eso era normal.

– La verdad es que yo te a… – habla.

No puedo. No puedo fingir que no lo amo cuando él está haciendo algo tan sorprendente como diciendo que corresponde mis sentimientos. Pero lo amo tanto que sé que no puedo tenerlo.

– Para, para, por favor – suplico conteniendo las lágrimas enterrando mis palmas en mis ojos. Intento decir algo, romper su corazón para que pueda olvidarme, porque incluso no tenerlo sería mejor que lo que sea que está pasando ahora – Mierda, Steve. Era más sencillo amarte cuando podía fingir que tu no me amabas –

Es lo único que digo antes de levantarme y huir lo más rápido que puedo.

[Cobarde], la palabra resuena en mi cabeza y realmente, no puedo negarla.