Ni el recuerdo los puede salvar. Ni el mejor orador conjugar

26 DE DICIEMBRE DE 2013. 12:15 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. 2º PISO. DEPARTAMENTO 221.

– Romanoff. Lo arruiné, verdaderamente lo hice. Colosalmente. ¡Tipo la cagué intensamente! – vomita verbalmente Steve Rogers a través del teléfono.

Han pasado un par de horas desde que confesó sus sentimientos a Sophia, horas donde la incertidumbre y ansiedad han tomado lo mejor de él. Luego de irse del restaurante recorrió la mitad de la ciudad buscando a la chica. Pasó por librerías, bares, el club nocturno que ella es dueña e incluso 4 hospitales. Intentó llamarla después de la primera hora, solo para asegurarse que estaba bien, pero la llamada fue directo a buzón.

Ahora, lleva 20 minutos de vuelta en su departamento tratando de pensar en que hacer a parte de perder la cabeza y lamentar seriamente sus decisiones.

– ¿Rogers? ¿Qué sucede? – responde por el teléfono la voz de la espía confundida. Un tono poco común en ella.

El rubio abre la boca para contestar, pero es interrumpida por la voz de una niña pequeña llamando a la infame pelirroja "Tía Nat". La situación le parece tan extraña que incluso olvida su pánico por unos segundos para contener una risa nerviosa. Justo el tiempo que le toma a la pelirroja en cambiar de habitación a un lugar donde esté sola.

– No oíste nada – ordena seriamente.

– Tú guardas mi secreto y yo guardaré el tuyo – propone el rubio.

La respuesta de la espía es sacar un gruñido resignado. Con esa pequeña afirmación, el pánico rodea de nuevo al rubio.

– Les mentí, la chica en mi cama sí era Sophia, también es la chica de la que te hablé. Pero creo que ahora sí lo he arruinado – suelta de golpe. Tanto es su pánico que ni siquiera hace la pequeña aclaración que verdaderamente estaban durmiendo y no haciendo fondue en su cuarto.

– Me sorprende más que lo admitas a que la chica sea Sophia – responde simplemente Natasha - ¿Qué sucedió? –

El rubio le cuenta lo que pasó en la cena. La forma en que la castaña entró en completo pánico cuando él le dijo sus sentimientos, su sugerencia de cómo "sacarla de su sistema", sus intentos de alejarlo afirmando que no vale la pena, algo que le rompió el corazón por la forma en que no se da cuenta lo verdaderamente maravillosa que es ella. Finalmente, como huyó del restaurante y ahora no puede encontrarla.

– Ay, Sophia Hayle. Huyendo de los sentimientos como si fueran la peste negra – suspira con humor la espía.

– No estas ayudando – gruñe el rubio tallando su cara.

– Lo siento, pero me parece increíblemente claro lo que sucedió – aún a través del teléfono puede oír su sonrisa de suficiencia.

– Confesé mis sentimientos a alguien que no siente lo mismo y ahora arruiné nuestra amistad – jadea el rubio.

– No –

La pelirroja se queda callada dándole tiempo a la mente del rubio para resolverlo, pero él está demasiado alterado para pensar con claridad, así que también guarda silencio hasta que ella se rinde con un suspiro.

– Solo hay una razón por la cual ella debió de huir así. Es obvio que tu también le gu… – la voz de la pelirroja es cruelmente cortada por una llamada entrante.

Steve aleja el teléfono de su oreja para poder colgar y regresar a su llamada con Natasha. Pero su mente se queda en blanco cuando ve quien le está llamando.

– ¡¿HOLMES?! – prácticamente grita contestando el teléfono y asustando a su pequeña gatita en el proceso.

– Hola, ¿eres amigo de Sophia Hayle? – responde del otro lado de la línea una voz amable y ligeramente preocupada.

– ¿Qué pasó? ¿Dónde está? – pregunta ya levantándose y buscando las llaves de su moto.

– Oh, no te preocupes. Ella esta bien, solo… – en el fondo se escuchan risotadas, un vidrio rompiéndose y la inconfundible voz de la castaña cantando desafinadamente a todo pulmón – Creo que alguien debería venir por ella –

– Voy en camino – responde Steve memorizando la dirección.

Llega en tiempo record saltándose media docena de semáforos rojos y ganándose 12 insultos en el camino. En cuanto distingue el letrero del bar corre a el y entra a trompicones. No sabe exactamente que esperaba encontrar, pero el ambiente festivo del lugar lo desconcierta por un segundo.

La ve recargada a lado de la barra cantando desafinadamente con un grupo de desconocidos y, luego de horas preocupado y imaginándola en la sala de emergencias, nada importa más que verla sana y salva. Sus ojos se encuentran a través del cuarto y la cara de la castaña se descompone. Corre a un lado, intentando huir, pero se tropieza con el banco y cae de cara, Steve corre a ayudarla, pero la mesera ya está a su lado levantándola y teniendo una conversación intensa en susurros.

– Además, puede que puedas pagarlo, pero no te vas a beber todo el alcohol de este bar – le dice la mesera ayudando a estabilizarla cuando el rubio está lo suficiente cerca para oír la conversación.

– Bien, compraré el bar y seré tu empleada y no me podrás decir que hacer – grita Sophia arrastrando las palabras y confundiéndolas en el proceso.

– Holmes – intenta Steve.

Ella se voltea hacia él, evita su mirada y sonríe forzadamente.

– Esto es una fiesta, Rogers. Te la presento, pero tu no estas invitado. Así que adiós, bye-bye, Sayunara – dice atropelladamente sacudiendo su mano.

– ¿Qué tanto has bebido? – pregunta demandando su atención

– Estoy bien excelente. Mira puedo decir alifasgilistico – afirma en un pésimo intento de decir califragilístico, lo cual de por si es preocupante porque ni siquiera es una palabra.

– Completamente borracha, de acuerdo – suspira el rubio.

Sophia suelta una risotada restándole importancia e intenta escapar caminando a la barra.

– Holmes, vamos a casa – pide el rubio tomando suavemente su hombro.

La castaña se detiene por un momento, parece que está a punto de rendirse, pero luego corre con renovada energía hacia la barra subiéndose a ella y tomando un vaso solitario lleno de alcohol.

– Un brindis, por los idiotas que nos enamoramos de nuestros mejores amigos cuando sabemos que no somos buenos para ellos – grita llamando la atención de todos los presentes.

– Salud – responde alegremente todo el bar, demasiado borrachos para entender lo que pasa, pero felices de tener una razón para seguir bebiendo.

Steve hace un esfuerzo en no mostrarse afectado por sus palabras. Entiende que fue su culpa por enamorarse de ella, pero nunca pensó que ella lo usara en su contra. O que realmente se sintiera triste con esa información.

Pronto se da cuenta que su esfuerzo de ocultar sus sentimientos no fue bueno cuando la chica mira en su dirección. La expresión de la castaña se contorsiona a una expresión de preocupación, pero retoma su semblante despreocupado tan rápido que se pregunta si realmente cambió. Sin perder otro segundo apura todo el contenido del vaso a su boca.

– Sophia… – intenta de nuevo Steve cuando ella baja de la barra.

– En serio creo que deberías irte. Antes de que arruine la poca dignidad que aún tengo contigo – escupe la chica sonando pasablemente consciente, pero también increíblemente triste.

– No te voy a dejar aquí sola. Estas claramente afectada… y es… y es mi culpa. No se que puedas hacer en este estado – balbucea.

La chica solo gime enterrando su cara en sus manos. Luego de unos segundos levanta la cara, un brillo verde y frenético se enciende en su mirada cuando lo mira por primera vez a los ojos. Toda su postura cambia radicalmente a algo mucho más arrogante.

– Vete, niño bueno. Quiero divertirme – sonríe como un gato cheshire.

Sophia intenta huir de nuevo, mientras Steve trata de convencerla de ir a casa, lo que provoca una discusión que escala cuando un tipo trata de seducir a Sophia y alejar a Steve. Jura que él pensaba dejarla ir, porque si eso es lo que ella quiere él debe respetarlo. Pero luego de avanzar un par de pasos a la salida vio como todo el cuerpo de la castaña se tensó y le lanzo una mirada de pánico. Se siente orgulloso que la confrontación con el hombre terminó con un par de palabras. No se siente particularmente orgulloso de lo que hizo después, pero en el momento cargarla y llevársela del lugar fue lo mejor que se le ocurrió.

Aunque en cierta manera funciona porque 20 minutos después los dos cuerpos entran a trompicones al departamento, principalmente porque la chica todavía hace esfuerzo de escapar, sacando de balance al rubio y haciendo que se estrelle constantemente contra las paredes.

– Vamos, déjame ir. Seré buena – gimotea la chica haciendo un puchero.

Steve se rinde poniéndola con cuidado en el sofá para tomar asiento en un sillón cercano que cubre la salida. Aún en su estado no duda que la castaña aprovechará cualquier oportunidad para escapar y seguir tomando decisiones lamentables.

– Si fueras buena te irías a dormir ahora mismo – gruñe el rubio sobándose las costillas, las cuales recibieron una buena cantidad de golpes.

La chica frunce la boca adorablemente. Un nuevo fuego se enciende en sus ojos verdes cuando se levanta.

– Está bien, puedo divertirme aquí mismo – ronronea acercándose decididamente.

– ¿Qué estás haciendo? – pregunta nervioso el rubio cuando Sophia se sienta a ahorcadas en su regazo.

– Pensé que esto era lo que querías, tenerme – dice seductoramente en su oído dejando pequeños besos en su cuello.

Todo el cuerpo del rubio se tensa. A pesar de lo mucho que sí desea a la chica, está bastante seguro de que es por la incomodidad.

– Dije textualmente que esto no era lo que me refería – responde tratando de poner distancia entre ambos.

Antes de que pueda seguir discutiendo los labios de la castaña se estrellan con los de él. La mente de Steve se vacía hasta que lo único que queda es la suavidad de su boca y la vaga sensación de la chica jugando con su cabello. Aún así, sabe que esto no está bien.

Por mucho que lo desee, esta no es la manera.

Esta sensación de alerta y malestar solo se intensifica cuando la chica deja de jugar con su cabello y comienza a desabrochar su camisa.

– Sophia, estás borracha – dice seriamente logrando separarse del beso y levantarse, cargando a la chica y dejándola de nuevo sobre el sofá.

– Aún con todo el alcohol en el mundo soy más inteligente que el 80% de la humanidad – ríe ella tratando de acercarse.

– No creo que esto sea inteligente –

– Vamos, Rogers. Sé que lo deseas igual que yo – ronronea atrapando sus labios en un beso.

– Sophia, detente… – la corta extendiendo sus brazos para poner distancia entre ellos – No voy a dejar que te acuestes conmigo solo porque estás borracha y crees que así te voy a superar. Mucho menos porque es tu primera vez –

– Ahora me dirás que no te alejarás el momento que te des cuenta de que nunca te daré otra oportunidad así – ríe burlonamente la chica.

– Creo que para este punto te deberías haber dado cuenta que no importa lo que hagas, no voy a alejarme – responde Steve seriamente – Te amo – admite – Pero te amo tanto que sí lo único que quieres es mi amistad, asumiré ese papel con gusto porque sé que eso te hará feliz –

El rostro seductor de la chica cae para mostrar uno completamente frío y calculador que lo observa con un poco de admiración.

– Vaya, ahora entiendo porque Sophia te aprecia – dice simplemente.

Luego cae completamente perdida en el sillón dejando a un muy confundido Steve reflexionando sus últimas palabras.

27 DE DICIEMBRE DE 2013. 08:32 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. 2º PISO. DEPARTAMENTO 221.

Abro los ojos al Sol quemando mis córneas y un intenso dolor de cabeza. Todo mi cuerpo quema cuando hago el menor esfuerzo de moverme, pero estoy tan desorientada que me fuerzo a sentarme en la cama en caso de que no este en un lugar seguro. Cierro los ojos tratando de recordar como llegué aquí cuando el débil olor a jabón y menta me indica que estoy en casa.

Los vuelvo a abrir lentamente mirando mi cuarto completamente vacío a excepción de Watson que ronronea a la mitad de mi cama. Las preguntas pasan a gran velocidad por mi cerebro, pero el alcohol me aletarga al punto que la rapidez de las preguntas me provoca náuseas y tengo que aferrarme a mis sábanas para sentir algo más que asco.

En un intento de estabilizarme bajo la cabeza, notando mi ropa. Con ello es como si un tapón que guardará todos los recuerdos de anoche se destapará dejándolos fluir.

Luego de caminar (correr como si me persiguiera el diablo) por 10 minutos entré al primer bar cerrado en el que había pocas personas para notar cuando llegara alguien, pero las suficientes para pasar desapercibida. Los presentes me dieron un par de miradas raras al notar mi elegante vestuario, pero los ignoré hasta llegar a la barra donde una chica joven, pelinegra y bonita estaba atendiendo.

– ¿Cuánto tengo que pagar para tener la ropa de cosas perdidas? – pregunté directamente.

Me estudió inmutablemente por un segundo. Recorriendo mi vestido y mi cabello que parecía un desastre luego de correr por Nueva York.

– No está a la venta – respondió tranquilamente.

– Eres una estudiante universitaria ahogándose en préstamos, además, no te pagan lo suficiente para que te importe. Pagaré por la ropa y a ti por las molestias – insistí.

La chica me estudió de nuevo, con curiosidad en su mirada. Si mis palabras le sorprendieron no lo demostró, cualquiera podría hacer la suposición tomando en cuenta su edad, el detalle que tenía una computadora con una lectura a lado de ella y el hecho que la mayoría de los universitarios están quebrados.

– 200 dólares – decidió.

– Hecho – respondí poniendo el dinero más 50 dólares extra en la barra.

Junto con mis cuchillos, escondí mi cartera y mi teléfono en el arnés. Nunca sabes a quien necesitarás sobornar ni cuando necesitarás tu teléfono. Aunque este estaba apagado para evitar llamadas del rubio.

La chica cuyo nombre aprendí es Dona, me trajo una caja llena de ropa. La llevé al baño conmigo, donde escogí la ropa que menos olía a sudor y a alcohol, terminó siendo unos jeans grandes y una playera ligeramente chica. Que hoy definitivamente huelen a alcohol y sudor.

– 2 Tequilas, por favor – le pedí a Dona cambiada a mi nuevo atuendo.

Me senté en la barra completamente enfocada en beber hasta olvidar mi propio nombre, porque la vida es una mierda y no quería sentir nada más que el dulce calor del tequila en mis venas.

– Así qué… ¿Cuál es tu historia? – preguntó Dona entregando mis bebidas.

– ¿La gente realmente se sienta aquí y te cuenta sus tristes anécdotas? – me burlé tomando de golpe ambas bebidas para luego indicarle otras dos.

– Tengo curiosidad por la chica que llegó en un vestido de Channel definitivamente huyendo de algo. Además, nadie toma esa cantidad de alcohol porque está bien – contratacó sirviéndome más.

Me debatí unos segundos, porque mi instinto siempre es desconfiar de todos. Pero, a la mierda. En ese momento pensé que mi vida es demasiado desastrosa y contarle mi historia no lo podía arruinar más.

– Bueno, mi historia es la más típica y ridícula de la existencia. Chica ama chico, chico sorprendentemente ama chica. Pero la vida no es tan sencilla – terminé tragando el nudo que se formó en mi garganta.

– ¿Por qué? Generalmente lo más complicado es que chico no ama chica, o viceversa – preguntó genuinamente interesada.

– Bueno, sí nos amamos y mantenemos una relación probablemente mi hermano va a literalmente matarlo y mi padre va a manipular toda la relación para sacar publicidad a su conveniencia – explico antes de ahogar mis palabras con más alcohol – Claro, todo es suponiendo que no lo asuste con todo lo que le oculto –

Dona me miró desconfiada, como si pensará que estuviera hablando en alguna clase de código o bromeando. Pero al ver la seriedad en mi mirada simplemente soltó un chiflido y me sirvió más alcohol.

– Tú, verdaderamente tienes mala suerte – exclamó haciendo un brindis conmigo.

En ese punto mi mente se puso un poco borrosa, así que recuerdo vagamente hablar de mi vida, animada por cada nuevo trago. Además de unirme a unas cuantas despedidas de soltera bailando y cantando terriblemente.

Justo cuando no recordaba nada y la vida no parecía tan deprimente, reconocí a cierto rubio entrando apresuradamente al bar. Mi primer instinto fue huir, aunque un banco salvaje que definitivamente no estaba ahí un momento antes interrumpió mi hazaña haciéndome caer al piso. Ni siquiera la mafia Rusa tuvo tanta suerte deteniéndome.

Dona fue la primera en acudir a mi ayuda.

– Traición. Te dije la verdad y tu solución fue traerlo – le reproché hablando entre susurros.

Noté hace 30 minutos que mi teléfono no estaba conmigo y que la chica lo había tomado, llegué a la conclusión que lo había robado para pagar sus deudas universitarias, que la verdad no me molestó. Pero al parecer hizo algo peor que ello.

– ¿Él es el hombre de quien me hablaste? ¿Steve? Llamé a tu número de emergencia, el cual está guardado como John Watson – se defendió genuinamente arrepentida – ¿Cómo iba a saber que son la misma persona? –

En ese momento recordé que guardé el número del rubio de esa manera para diferenciar su número personal, el nuevo teléfono que está cifrado y puedo enviar mensajes, a su número de SHIELD, el cual se supone que no debo contactar porque no somos amigos.

Bueno, aprendimos la lección, abre tu corazón a un extraño y definitivamente termina la noche en un desastre. Moraleja, no confíes en nadie. Especialmente cuando te dan alcohol.

– Es un apodo – explico entre dientes.

– Ups – exclamó genuinamente arrepentida – Además, puede que puedas pagarlo, pero no te vas a beber todo el alcohol de este bar – dijo ayudando a levantarme.

Intenté con todas mis fuerzas alejar a Steve, con mis palabras, con mis acciones. Pero cada vez que me tocaba o acercaba estaba un instante más cerca de caer rendida en sus brazos. Mandar al demonio todo y fingir que podemos estar juntos, aunque sea una noche. Lamentablemente este sigue siendo el mundo real, un mundo que parece odiarme.

Recuerdo haber hecho un brindis estúpido reprochando el hecho de que me enamoré de él. También recuerdo como su dulce cara se descompuso pensando que, hablaba de como él se enamoró de mí y no al revés. Y como una cobarde, no lo corregí.

Recuerdo haber perdido el control por unos minutos, porque estaba tan desesperada en alejar el dolor de mi corazón que la voz de mi cabeza parecía muy persuasiva. Cuando lo volví a retomar estaba en los brazos de un hombre desconocido que me llamaba "dulzura" y me trataba de conducir fuera del bar.

La firmeza con la que tomaba mis hombros me llevó a recuerdos de otras manos tocándome en contra de mi voluntad. Antes de dejarme sumir en el pánico mis ojos buscaron los zafiros inmediatamente pidiendo ayuda, los encontré adoptando una dureza poco característica a la forma en que siempre me mira. Pero la mirada no era dirigida a mí, sino al hombre a mi lado, el cual luego de una agitada conversación con el rubio, desistió sus intentos y se fue.

Antes de que pudiera procesar las repercusiones de mis acciones el rubio me levantó y echó sobre su hombro como si no fuera más que un saco de patatas. Estaba demasiado intoxicada para luchar contra él, incluso en la moto. Así que simplemente me dormí en el camino. Recuerdo haber rogado por volver salir, pero fuera de eso mi mente está en blanco.

Lo que me lleva a mi situación actual, sentada en mi cama con una resaca con la potencia de 50 soles. Considerando seriamente no volver a salir de mi cuarto para no enfrentar al rubio.

En este momento sería lindo que el mundo se acabara. No pido tanto, el mundo siempre está al borde del colapso.

Escucho al rubio moverse por el departamento, un par de veces se detiene en mi puerta, pero siempre sigue avanzando como si se arrepintiera de abrirla en el último momento. Mierda, luego de lo que probablemente le hice pasar anoche no merece que lo evite de esa manera.

Con ropa limpia mi apariencia no cambia tanto, supongo que tener la cara de un zombie es bastante determinante para lucir horrible. Pero sí quiera hago el esfuerzo de no lucir como la basura que fui anoche. A punto de abrir la puerta de mi cuarto, reúno valor inhalando profundamente y recordando que sí todo sale mal siempre puedo huir del país y criar cabras en Holanda.

Por los ruidos al moverse deduzco que el rubio está en la cocina así que me encamino ahí haciendo un poco de ruido en el trayecto para anunciar mi llegada. Encuentro a Steve sentado en la mesa bebiendo café y sorprendentemente con un cigarrillo encendido. Debe estar verdaderamente nervioso.

– Estas despierta – comenta apagando el cigarrillo en el cenicero luego de haberse levantado de golpe.

– Sí – respondo insegura de que más decir.

Mis ojos viajan de un lado al otro del cuarto buscando como iniciar una disculpa.

– ¿Tienes que ir a SHIELD? – pregunta amablemente.

– No, mis vacaciones terminan mañana – explico aún evitando su mirada.

El silencio nos rodea acompañado con una incomodidad que nunca se había visto en nuestras conversaciones. También hay otra cosa, una tensión estática que nunca he sabido definir.

– Sobre anoche… – murmuro mirando fijamente el suelo.

– ¿Sí? – pregunta con un inconfundible tono esperanzado.

Sin embargo, como siempre el universo me odia y cuando por fin tengo el valor de hablar soy interrumpida por las alarmas de proximidad activándose. Enseguida corremos a la pantalla de las cámaras encontrando a Tony Stark intentando desmantelar el sistema de seguridad del pasillo.

– Stark, ¿qué estas haciendo? – sale Rogers corriendo a detenerlo.

Entran rápidamente al departamento, lo que me hace alegrarme que no tengamos vecinos en este piso porque hubiera sido muy complicado explicar toda la situación.

– ¿Qué tal, tortolitos? Disfrutaron su velada. El restaurante me dijo que se fueron en un apuro – comenta entrando con una sonrisa de suficiencia.

Cuando sus ojos encuentran mi deplorable imagen suelta un chiflido.

– Vaya, el Cap es de verdad bueno ¿eh? No te dejó dormir nada – ríe.

Por el rabillo del ojo veo como Steve se tensa tanto que parece al borde de romperse mientras su cara se torna de un intenso color carmín. Sí no estuviera tan cansada y drenada de energía, ya le hubiera dado un golpe a mi padrino.

– No puedo creer que sea la décima vez que te lo diga. Por favor no hagas comentarios de mi vida sexual – gruño apretando mis puños.

Steve es el primero que se mueve, camina hacia Tony el cual se hace un lado instintivamente en caso de que el rubio decida ser agresivo. Aunque simplemente pasa a su lado y abre la puerta de la entrada.

Ese es el momento que noto que su vestimenta es la apropiada para salir en su moto, cosa que hace cuando algo lo molesta o las emociones lo sobrepasan. Algo que definitivamente pasó anoche.

– Steve – intento llamarlo. Porque a pesar de todo no quiero que este solo mientras se encuentra en este estado.

– Volveré en un rato – sentencia sin siquiera mirarme.

El ruido que hace la puerta al cerrarse resuena secamente en mi corazón rompiendo una pieza. Todo es mi culpa.

Sin embargo, no estoy tan cómoda mostrando vulnerabilidad frente a mi padrino, así que me guardo las emociones en una caja en el fondo de mi mente.

– ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar disfrutando la playa? – inquiero monótonamente moviéndome a preparar café y encontrando que hay una jarra recién hecha.

Mira con sorpresa las paredes y decoración del departamento, notando las pinturas, dibujos y fotografías, lo bueno es que está demasiado lejos para notar que salgo en algunas con el rubio. Sus ojos escanean la cocina deteniéndose en el cigarrillo recientemente apagado en el cenicero. Aunque no parece particularmente feliz por él, seguramente asumiendo que es mío, lo deja pasar.

– Pepper tenía una junta de emergencia en Nueva York y yo vine a ver si mi plan funcionó, por lo visto funcionó mejor de lo que esperaba – explica con una sonrisa de suficiencia.

– No es lo que piensas, tu pequeño plan salió terrible. Lo último que recuerdo es embriagarme en un bar – gruño mientras me debato sí tengo suficiente energía para golpearlo o tengo que esperar después del café.

– ¿Y cómo terminaste en el departamento del Capitán? Ya que afirmas que no conociste a su capitancito – pregunta genuinamente confundido.

Ruedo los ojos ante su comentario. Al parecer pudo determinar donde vive Steve, pero no el hecho que es mi edificio, o que vivimos juntos.

Podría decir que Dona se equivocó y le llamó para que me recogiera del bar, pero no estoy de humor para seguir hablando.

– Es una larga historia – decido decir sirviendo el café.

– Tengo tiempo – afirma acomodándose en la silla de la cocina.

– Pero yo no tengo paciencia. Acabo de despertar – lo corto extendiéndole una taza en una indirecta a que se calle.

– Bien, ignoraremos el hecho que despertaron en el mismo lugar. ¿Podrías decirme porque saliste corriendo del restaurante? Ya que queda claro que no era para otra cosa – pregunta resignado a que no me va a sacar más información de la que estoy cómoda en darle.

– Una parte de lo que supongo era tu plan salió como lo planeabas. Me dijo que le gusto. Así que hice la única respuesta lógica. Huir – comento sardónicamente dejándome caer en la silla frente a él.

– ¿Por qué? – bufa.

Siento todo mi intento de humor desaparecer al mismo tiempo que todos mis miedos, recriminaciones y posibles futuros devastadores se arremolinan en mi mente oscureciendo aún más mi actitud.

– Por favor, Tony, me conoces y lo conoces. Yo solo lo destrozaría – todo mi semblante cambia y me muestro tan destrozada como en verdad me siento.

– A él probablemente le gustaría eso – murmura intentando alegrarme. Ruedo los ojos ante la clara referencia de las tendencias del rubio a ponerse en peligro.

– Aún así no voy a hacerlo. Agradecería que no interfieras en mi vida amorosa – sentencio recuperando mi fachada impenetrable.

Los cálidos ojos de mi padrino se suavizan cuando entiende lo mucho que yo también quiero al rubio si pretendo renunciar a él. Ignoro sus ojos tomando la mitad de mi café de un solo trago.

– ¿Sabes que mereces ser amada? Mereces cosas buenas, no solo una vida de peligro y roces con la muerte – comenta sin su característico tono de burla, realmente está tratando de reconfortarme.

– Mira quien habla – señalo burlonamente, automáticamente uso mi primera línea de defensa, humor – Además, ¿qué pasó con amenazarlo de muerte? Me gustaba más esa faceta tuya – bufo cruzando los brazos.

– Aunque quieras negarlo, el Capileta es bueno para ti – explica encogiéndose de hombros.

– No lo dudo. Pero eso no significa que yo sea buena para él – musito secamente.

– Tienes razón – responde ganándose mi mirada de muerte.

Aún cuando sé que no necesariamente soy buena influencia, no significa que quiero escucharlo de otras personas.

– Solo lo he visto ser agresivo cuando es algo relacionado contigo. Debo admitir que no me daba el vibe de posesivo. Supongo que las apariencias engañan – dice, aunque más parece que está pensando en voz alta – Como ustedes dos, realmente pensé que se odiaban – agrega recordando que estoy con él.

– Nos odiamos al principio. Luego compartimos traumas y nos dimos cuenta de que somos tan distintos que si nos miras con atención te darías cuenta de que somos iguales – admito, ya no tiene sentido ocultarlo. Ni siquiera a mi misma.

Asombro pasa por los ojos chocolates de mi padrino, me mira atentamente de una forma que parece que puede ver a través de mi resignación. Además, conoce lo suficiente de ambos para saber que es verdad. Cuando recién nos conocimos todos supusieron que nos íbamos a llevar bien por nuestras características parecidas. Mismas que nos hicieron, y aún nos hacen chocar cuando tenemos un desacuerdo.

– ¿Qué clase de trauma hizo que te protegiera tan fervientemente? Porque yo tengo varios y quiero saber si esos sirven de algo a parte de darme pesadillas – medio bromea.

Bueno, si ya estamos siendo honestas con todo quizás podemos decirle también, murmura una parte de mi cerebro. Inhalo profundamente para tomar valor.

– Alguien intentó… sobrepasarse conmigo en una misión… Steve lo detuvo – explico mirando mi taza como si fuera la cosa más interesante del mundo.

La confesión viene acompañada con el recuerdo de las manos toqueteando mi cuerpo. Cierro los ojos con fuerza mientras me recuerdo que ahora estoy a salvo. Que el idiota de los ojos grises se encuentra en una cárcel de máxima seguridad siendo torturado. Pero lo que verdaderamente me calma es el débil olor de Steve que aún se mantiene en el ambiente.

– Mierda – exclama mi padrino tirando una parte del café a su camisa por la sorpresa.

– Entenderás porque no se lo dije a nadie – murmuro cuando encuentro mi voz de nuevo.

Luego de inhalar una vez más el aroma del rubio abro los ojos.

– Lo siento – dice Tony, la verdadera pena contorsionando sus facciones – Vaya, por eso él no deja que nadie se te acerqué… ni siquiera yo. Sophia realmente lo siento mucho. Y tuviste que pasarlo sola – continúa tallando su cara con la mano mientras sus ojos se envuelven cada vez más en pánico.

– Tu estabas ahí – le aseguro – Siendo sobreprotector y molestando, pero estabas ahí. Además, la terapia realmente me ha ayudado a entender que no fue mi culpa y que no estoy sola – digo y me sorprendo al descubrir que no me cuesta tanto ser completamente honesta.

Asiente con la cabeza sopesando mis palabras, siendo igual de malo en asuntos emocionales y delicados, simplemente extiende su mano para tomar la mía. Una parte de mi cerebro capta que, aunque la calidez del gesto es reconfortante, no se puede comparar con la calidez que me rodea cuando Steve lo hace.

– ¿Alguna posibilidad que la terapeuta también te haya hecho entender que mereces amor? – pregunta regresándome a la realidad.

Ruedo los ojos.

– Esto no es por mi. Steve merece alguien mejor que yo, alguien que no le guarda secretos oscuros y peligrosos– explico soltando su mano luego de darle un apretón amistoso.

– Desde que he notado que el anciano estaba interesado en ti lo he estado midiendo y probando. Nadie merece mi aprobación tan fácilmente. Pero él en verdad te quiere, y creo que tu también lo quieres – dice Tony dedicándome una cálida sonrisa.

Lo observo tratando de comprender sus palabras. Todas las veces que nos dejó solos, las misiones, el encierro en el armario e incluso la "cita" fueron pruebas de Tony. ¿Hay alguien en mi vida que no me pone a prueba para ver si Steve me importa?, pienso molesta.

– En serio. Deja de tratar de meterte en mi vida amorosa – sentencio ahora irritada.

Esto es un nuevo nivel para él, incluso tomando en cuenta su título como bastardo sobreprotector.

– Me preocupo por ambos. Y supuse que las personas con la cabeza más dura que conozco apreciarían un poco la ayuda – comenta con humor.

– No –

– Con todo lo que ayudaste con mi relación con Pepper, quería devolver el favor – continúa ignorando mi comentario.

– Solo lo empeoraste – lo corto bruscamente.

El enarca una ceja midiendo mi reacción.

– ¿Temes que Rogers se vaya cuando se entere de todo? ¿O quizás temes que alguien verdaderamente te acepte? – pregunta siendo tan acertado en algo que no me había dado cuenta.

Que tan horrible tengo que estar para que Rogers decida rechazarme, a pesar de todo lo que hemos vivido juntos. Que tan egoísta tengo que ser para mantenerlo si es que acepta esa parte de mí.

– Hay cosas que ni siquiera tu sabes, Stark – escupo con asco de mi misma.

– Lo sé – responde con tristeza – Pero también sé que Rogers sabe muchas de ellas y aún así decidió quedarse –

Aparto la vista para evitar ver la compasión en su mirada.

– Piensa un poco en ello, por favor Sophia – pide amablemente levantándose y saliendo.

Mi mente me consume en una pelea. Una pequeña parte, que ha ganado fuerza a lo largo de los meses con Steve, lucha por mantenerlo en nuestra vida, por buscar una opción donde podamos estar juntos, por buscar nuestra felicidad. La voz de mi cabeza grita para alejarnos de todo, para hacer locuras, para dejar los sentimentalismos de lado y volver a nuestro camino de autodestrucción.

La parte que controlo conscientemente simplemente se siente tan triste y desganada que no le importaría que las demás partes la hagan pedazos. Tal como hace mi cuerpo físico solo se queda ahí.

No estoy segura cuanto pasa, pero me quedo en la misma posición. Reflexionando. Llenando de más temores, tratando de consolarme, buscando rutas de escape, formas de confesarme a Steve. Pero es tanto, incluso para mi mente sobre estimulada, que solo me quedo paralizada en mi lugar, dejando mi mente pelear.

Lo único que logra sacarme de mi trance es el ruido del soldado regresando. Me paro inmediatamente y no puedo evitar compararlo a como se levantó él cuando entré en la mañana. Corro a recibirlo encontrando sorpresa en sus ojos, sí es porque yo misma vine a buscarlo o por el simple hecho que sigo aquí, no estoy segura.

– Steve – inicio – Sobre anoche… Yo… – balbuceo arrepintiéndome de no haber formulado alguna clase de dialogo que seguir en lugar de haber peleado conmigo misma.

– No pienso acostarme contigo – dice apresuradamente, casi a la defensiva.

– Okay – respondo confundida.

Ósea ni siquiera pregunté eso, y su comentario tan seco es un poco grosero.

– Es decir, no planee toda nuestra amistad o te dije de mis sentimientos para poder meterme en tu cama. Es decir, meterme no relacionado a pesadillas – balbucea.

– Okay – repito insegura de que otra cosa contestar.

– Mis sentimientos son hacia a ti, no tu cuerpo. Es decir, tu cuerpo es bonito… no que piense mucho en él, pero es objetivamente lindo. Digo… –

Mi teléfono suena indicando que tengo una llamada entrante, la ignoro decidida a darle al rubio mi completa atención. Pero su expresión se relaja un poco al oír mi tono.

– Puedes contestar – dice más como una petición. Como si esperara que el transcurso de mi llamada le permitiera ordenar sus ideas.

Suspiro, un poco decepcionada. Pero al notar quien me está llamando respondo inmediatamente.

– ¿Sí? – digo como saludo.

– Iré a hacer mis compras navideñas en Times Square. Un poco atrasado, pero no hay momento como el presente – la voz de Coulson suena del otro lado de la línea.

Es un código, viene en camino a Nueva York.

– Comprarás para toda tu familia, ¿cómo 60 personas? – pregunto calculando el tiempo.

– 30 en realidad – me corrige con un tono apenado.

Dudo un momento, porque eso es muy poco tiempo, hay mucho que hacer. Y sorprendentemente quiero tener esta conversación con Steve. Pero no hay forma en que tengamos otra oportunidad como esta.

– De acuerdo – cuelgo – Empaca tus cosas, vamos a una misión – le digo al rubio que me mira con curiosidad.

– Creo que ya habíamos dejado claro que ir a misiones para evitar conversaciones de sentimientos no era la mejor idea – suspira enarcando una ceja.

– No estoy tratando de evitarla, sorprendentemente en serio quiero tenerla. Pero el amigo que nos va a llevar a descubrir los sucios secretos de SHIELD llega en 30 minutos. Realmente no tenemos tiempo – explico suplicante. Tratando de trasmitir mi misma desesperación de la situación.

Veo en su expresión como se debate entre el deber de resolver este misterio y lo importante que es para salvar vidas, y entre quedarse a resolver esto conmigo. Para bien o para mal, su sentido de deber y hacer el bien común es más fuerte que su sentido de buscar su felicidad.

Aún así, no puedo evitar sentirme decepcionada que decidió anteponer la misión con lo que sea que es nuestra relación.

Este va a ser un viaje interesante.