27 DE DICIEMBRE DE 2013. 02:45 P.M. CENTRO DE COMANDO DE SHIELD. HANGAR 22.

El equipo del agente Coulson tiene exactamente 7 minutos de haber aterrizado en el Comando Central de SHIELD en Nueva York. Phil Coulson lo sabe porque ha mirado su reloj cada 20 segundos como si de esa manera Sophia Hayle pudiera llegar más rápido. Sin embargo, no está seguro como es que va a llegar la chica, la conversación que tuvieron por teléfono para "planear" esta "misión" fue de 10 segundos.

– Necesito un aventón a un lugar – dijo Sophia con un tono aparentemente calmado – Podría ir sola, pero el autobús parece una buena opción – continuó usando el apodo del gran avión.

– El Autobús es excelente opción – respondió simplemente Coulson – Te avisaré cuando esté cerca –

Luego colgaron el teléfono y no volvieron a hablar, ni siquiera en Navidad. Desde entonces un pequeño sentimiento de incomodidad ha acompañado a Coulson. Su preocupación surge de la incapacidad de Sophia para pedir ayuda, es cierto que de vez en cuando colabora con otros agentes o pide alguna opinión en algo. Pero es bastante extraño que le pida directamente ayuda y sin explicación de porque necesita ir en su avión. Aunque, su equipo ya tenía planeado pasar por Nueva York por provisiones y han roto dos docenas de reglas desde que iniciaron sus viajes, así que aceptó. Además, Sophia nunca hace nada sin razón, así que, aunque no lo vea debe de tener sentido.

Las provisiones ya los estaban esperando cuando aterrizaron, así que con ayuda de todos comenzaron a subirlas mientras esperaban a la castaña. Cerca de los 10 minutos de su llegada unos pasos lo alertan que alguien entró al hangar. Coulson se asoma un poco hasta que visualiza a Sophia caminando tranquilamente.

– Coulson – grita dejando caer su mochila en la entrada del avión antes de correr a abrazarlo.

– Sophia – saluda estrechándola luego de varios meses sin verse.

A pesar de su alegría el mayor no puede evitar sorprenderse por el estado de la chica. Es claro que tuvo que llegar apresuradamente luego de su llamada, pero la chica se ve como si apenas hubiera dormido en las últimas semanas, lo cual conociéndola es bastante probable. Además, todo rastro de brillo ha sido eliminado de sus ojos verdes.

Coulson espera que solo sea por sobretrabajo.

– ¿Cómo sigues de tus riñones? – pregunta alejándose un poco para verla a la cara.

Por un segundo ella lo mira confundida, luego recuerda que la última vez que lo vio fue cuando sus riñones colapsaron.

– Mejor, gracias – sonríe – Lindo lugar – agrega ansiosa de cambiar el tema.

– Bueno, muere 10 segundos y tendrás un lugar igual de bonito – bromea Coulson con un guiño.

– Fueron solo 5 – lo corrige una voz seria.

– May – grita la chica corriendo a la agente mayor con rasgos asiáticos.

Alertados por el ruido de una voz extraña, dos personas salen del laboratorio. Una combinación de tres acentos distintos se escucha a toda velocidad cuando los científicos se encuentran y se abrazan todos al mismo tiempo. Luego Sophia se vuelve hacia el agente Ward al que simplemente saluda estrechando su mano, no pasa desapercibido para nadie las sonrisas poco características de ambos. Y no pasa desapercibido para May y Coulson como la chica se tensa ligeramente al acercarse al agente.

Al ver los ojos verdes de la chica recaer en una desconocida Coulson se acerca.

– Sophia. Te presento a la más nueva integrante de nuestro equipo, Skye – presenta señalando a la mencionada. Una chica castaña, joven y sonriente.

– Uh, tiene sentido. Eres hacker y tienes desarrollada tus habilidades sociales, wow eres toda una anomalía – murmura más para sí misma luego de un pequeño análisis – Aunque creo que no puedes deshacerte de tu lado revolucionario. Déjame adivinar, no te deslindaste de la Marea Creciente – agrega detectando su brazalete que restringe su acceso a internet por haber roto la confianza de su equipo.

– Wow, ¿eres psíquica? – pregunta Skye abriendo mucho sus ojos. Aunque los demás conocen lo suficiente a Sophia para mantenerse inmutados.

– Sólo extremadamente observadora – responde cohibida por su admiración.

Coulson les explica a todos, más a Skye que es la única que no conoce a la chica, que Sophia Hayle es una agente de SHIELD de rango 8 que básicamente fue criada en SHIELD, razón por la cual lo conoce a él y a May, asistió a la academia de combate desde los 14, dónde conoció a Ward entrenando. Además, que es brillante y también asistió a la academia de Ciencias donde conoció a Fitz y Simmons.

– Básicamente soy un genio adicta al trabajo y sin vida social. No te dejes sorprender por sus halagos – interrumpe Sophia algo cohibida de lo bien que la hace sonar Coulson.

– Ya cargamos todo. Supongo que podemos irnos – anuncia formalmente Ward que había terminado de subir las ultimas cosas mientras Coulson hablaba de Sophia.

– De hecho… – inicia la chica mirando a los lados con actitud incómoda – Una persona más viene a acompañarme – admite.

– ¿Quién? – pregunta May con su típica mirada seria. Tal como la castaña haría, ya está planeando todos los problemas que una persona más podría incluir.

– No se preocupen. Les va a gustar esta sorpresa – afirma Sophia tratando de reprimir una sonrisa – Ahí viene, de hecho –

El soldado fue a su habitación compartida de SHIELD por algunas cosas para la misión. Con gran pesar dejó atrás su preciado escudo y su traje, pero supuso que necesitan pasar desapercibidos para realmente obtener información.

Una parte de él está decepcionada por tener que ir a la misión en lugar de resolver su complicada relación con Holmes, otra parte esta relativamente aliviado que puede poner en pausa todo eso y disfrutar lo que supone serán los últimos días "normales" en que pueda convivir con la castaña. Y una muy pequeña parte sigue esperanzada, pues los rechazos de la castaña y su actitud comienza a tener menos y menos sentido.

A pesar de todo no se arrepiente de haberle dicho que la ama, sí algo tuvo que aprender de ser congelado por 70 años, es a no desperdiciar el tiempo. Pase lo que pase está seguro de que lo podrá resolver y salir adelante, pero nada podía iniciar si seguía ocultando sus sentimientos.

Sin embargo, todo eso tendrá que esperar hasta luego de la misión. Si la chica tiene razón esta es la mejor manera, sino la única, en que puedan conseguir la información de lo que sea que está pasando en SHIELD.

Camina al hangar que le dijo Holmes mirando con asombro el enorme avión negro y armado hasta los dientes, lo reconoce como su medio de transporte porque es el único en todo el hangar. Conforme se va acercando las formas de las personas dentro comienzan a verse más nítidas. Reconoce inmediatamente a Coulson, y aunque la chica ya le había dicho que por casi un milagro llamado tratamiento experimental, sobrevivió, aún lo asombra verlo vivo.

En cierta manera él es la razón por la que realmente se unieron los Vengadores.

El agente, que hasta el momento había estado escuchando a Sophia voltea en el momento justo en que la sombra de Steve se puede visualizar al inicio del avión.

– Capitán Rogers – musita estupefacto reconociéndolo al instante.

Sorpresa y admiración pasa por el rostro del resto de los presentes cuando conectan el nombre que dijo su líder con la figura que cada vez se acerca más.

– Agente Coulson. Me alegro de que siga vivo – dice Steve como saludo con un pequeño asentimiento de cabeza hacia su más grande admirador.

Comienza a caminar hacia Sophia, pero a medio camino se arrepiente y se queda a lado de Coulson. Acercarse a la chica se ha convertido en una acción instintiva, sobretodo cuando están rodeados por más personas con las que sabe ella no se siente necesariamente cómoda. Sin embargo, Steve duda que sus actitudes de "bastardo sobreprotector" vayan a hacer algo más que enojar a Sophia en este momento.

– Pensé que se odiaban – dice Ward pronunciando la confusión de todos los agentes de SHIELD presentes. Aunque él es quien está menos embelesado por la presencia del primer vengador, por lo tanto, el único que se atreve a mencionarlo.

– Es una muy larga y complicada historia que contare otro día – repone la chica rascándose la cabeza en un gesto nervioso.

Lo cual es toda una anomalía porque incluso esos pequeños detalles son considerados puntos débiles en la mente de la castaña, por lo tanto, evita hacerlos. Coulson se hace una nota mental de preguntarle la verdadera historia.

– Bueno, supongo que todos lo conocen. Este es el Capitán Steve Rogers – empieza la chica adoptando una máscara impasible – Capitán, ella es Melinda May. Vieja amiga de mi madre – señala a la mujer en sus 40-50's con rasgos asiáticos y sobrios – Ellos son Jemma Simmons y Leo Fitz, o Fitzsimmons, los únicos científicos de SHIELD que realmente considero inteligentes. Claro fuera de mí – señala a un par de jóvenes que le sonríen con amabilidad.

Steve los saluda estrechando las manos de cada uno de los mencionados que lo miran como si fuera un dios griego.

– Sky, la nueva integrante del equipo – señala a una chica joven.

– Es en verdad un honor – consigue decir mirándolo con adoración.

– El agente Grant Ward, entrenó conmigo un año en la academia cuando estaba con… – inicia Sophia señalando a la última persona, un hombre alto, musculoso y con cara de pocos amigos.

– Con el idiota que te rompió el brazo – termina el Capitán con el semblante completamente serio.

El ambiente se tensa inmediatamente con la rudeza del tono del soldado.

– ¿Por eso tenías el brazo roto? – pregunta confundido Ward mirando a Sophia.

Y es la verdadera preocupación en su tono lo que hace que Steve deje de fulminarlo con la mirada.

– Steve, para. Grant, eh, ya conoces los experimentos que hacia Garret – suspira Sophia avergonzada.

La confusión los rodea a todos en un latido.

– En fin, esas son las presentaciones. Como dijo Ward, ya es hora de irnos – dice Sophia tratando de sonar alegre.

Coulson capta el intento de aligerar el ambiente, y con un sentimiento de culpabilidad por ser él el responsable que Sophia entrenara con Garret, decide intervenir. Los conduce por el avión hasta que llegan a una sala, todos se quedan rodeando al grandioso Capitán América, excepto May, que al ser la piloto se va a despegar el avión para salir lo más pronto posible.

– En fin, espero que no haya problema en que el Capitán me acompañe. Es necesario para mi misión – explica Sophia un poco incómoda – De hecho, conseguimos tus cartas de colección y hasta las firmó para compensarte – agrega en un intento de ganar todos los puntos que va a perder con Coulson cuando le diga a donde la está llevando.

Los agentes, ignorando que la chica se dirige a Coulson, responden con una variedad de "sin problema". Todos están sentados en la sala rodeando a sus invitados, en realidad lo hicieron para poder admirar al Primer Vengador, pero al acomodarse no le dieron más remedio a Sophia que sentarse a lado del rubio. Ella deliberadamente le da la espalda centrando su atención en Coulson a quien tiene del otro lado.

– No hay problema, es un honor tenerlo aquí – responde con amabilidad Coulson.

– De hecho… si no le molesta, Capitán. Nos serviría analizar un poco de su sangre para nuestra investigación – inquiere Simmons elevando suavemente su tono – Hay un grupo que quiere replicar el suero, pero… –

Sus ojos alarmados buscan inmediatamente los verdes de la chica que volteando a ver a la científica voltea ligeramente a su lado.

– ¿Por qué nadie me ha avisado? – cuestiona Steve alarmado.

Sus ojos se encuentran con un par de verdes que lo miran tratando de trasmitirle tranquilidad.

– Muchas personas han intentado replicar tu suero en los últimos 70 años, casi siempre termina en un compuesto muy inestable– le asegura fingiendo indiferencia – Pero si de alguna forma han encontrado la manera de estabilizarlo comparar las muestras con su sangre ayudaría a entender porqué es diferente. Además de como poder neutralizarlo si lo comparamos con una muestra de alguien normal. Brillante – reflexiona la chica perdiéndose inmediatamente en miles de hipótesis de como resolverlo.

– Nada que Fitzsimmons no puedan resolver – la corta Coulson, conociendo su tendencia de distraerse y pensar en resolver todo el mundo.

– Cierto, Simmons es confiable. No usará tu sangre ni la información para nada malo – asegura Sophia con una pequeña sonrisa.

– Entonces, no hay ningún problema, Agente Simmons – acepta Steve.

La científica reacciona con una casi risita nerviosa que tiene a Fitz fulminando con la mirada al Capitán. Coulson no deja pasar que la única razón por la cual el Capitán aceptó con tanta facilidad fue una simple afirmación de Sophia, definitivamente la relación de ambos es mucho más profunda de lo que dejan ver.

– Lo único es que no debes subirlo a la base de datos de SHIELD – dice de pronto Sophia.

– ¿Disculpa? – pregunta confundida la científica.

– La muestra debe ser completamente privada. No debe haber ningún registro de ella – dice con firmeza la castaña.

– Por favor – agrega Steve con una sonrisa encantadora.

Una nueva oleada de confusión pasa por los presentes con sus palabras.

– Bueno, una única mala noticia – interrumpe Coulson, el le podrá preguntar al par en privado que es todo eso. Pues es claro que no lo quieren compartir y seguramente tiene que ver con porqué decidieron llegar a su misión con él, una nave que técnicamente no ocupa registros – Lo lamentamos, pero el único espacio libre es la sala que usamos para… bueno varias cosas. Podemos meter un par de catres ahí –

– No hay problema, Coulson. Suficiente haces aceptándonos – lo consuela la chica con genuino agradecimiento en sus ojos.

– El problema es que es solo un cuarto así que lo tendrían que compartir… – dice Ward.

Coulson nota un pico de tensión casi imperceptible en sus invitados. Concluye que definitivamente está pasando algo entre ellos, y que debe preguntarle a la chica en un momento que la encuentre sola. Van a tener una larga conversación donde espera resolver muchas de sus preguntas como, ¿podrías conseguirme una selfie con Rogers?

– Alguno puede tomar mi habitación – sugiere por reflejo. Porque a pesar de todo no tolera ver tan incómoda a Sophia.

– Esta bien. Estaremos bien, ¿cierto, Capitán? – responde la chica forzando una sonrisa.

El soldado, sorprendido de ser mencionado solo atina a asentir con la cabeza.

– De acuerdo, ¿Cuál es su misión, por cierto? – pregunta emocionada Skye ignorando todo protocolo de SHIELD.

– Es algo privado – responde rápidamente Sophia. Demasiado rápido.

– ¿Nivel 8? – inquiere con amabilidad Simmons.

– Algo así – murmura intercambiando una mirada con el Capitán – Le daré las coordenadas exactas a May en una hora, mientras tanto se tiene que seguir dirigiendo al este –

La mayoría deja pasarlo, demasiado acostumbrados a la burocracia de SHIELD y demasiado embelesados por el grandioso Capitán América como para cuestionarlo. Sin embargo, Coulson no puede dejar pasar la clara incomodidad en Sophia, su nerviosismo y aprensión a compartir información, aún más de la usual. A pesar de que todo lo que hace Sophia tiene una razón, lo que sea que está pasando parece demasiado extraño, demasiado secreto.

Ellos dos definitivamente van a tener una larga charla.

27 DE DICIEMBRE DE 2013. 04:32 P.M. ESPACIO AÉREO DEL MAR ATLÁNTICO.

Siento la mirada de todos fija en cada uno de mis movimientos.

Bueno, no es como que hagan el intento de ocultarlo, aún cuando 3 de ellos podrían hacer un convincente intento de disimular vigilarnos. Aunque tampoco puedo culparlos. Si alguien llegara a mi avión pidiendo un aventón con alguien que se supone odia al punto que ha traumado agentes con sus peleas, yo también tendría curiosidad.

De alguna forma nos convencen de que podremos trabajar mejor para nuestra misión en una sala llena de pantallas, que sí hacen más fácil la parte de logística. Pero también está lleno de ventanas por lo que el equipo completo nos puede ver desde la sala donde están congregados.

Lo peor es la tensión entre Steve y yo que crece a cada segundo, aunque en lugar de la electricidad con la que me he familiarizado últimamente, esta tensión se siente como una picazón que no me deja concentrarme en nada más que el hecho que el rubio está tan cerca de mí.

– ¿Vamos a ignorar lo que pasó anoche? – pregunto incómoda.

El rubio deja los papeles para dedicarme una mirada asombrada, está tan sorprendido como yo en mi iniciativa. En su expresión veo como batalla con una idea, aunque luego de dar una mirada a las caras que nos miran expectantes del otro lado del vidrio, deja salir un suspiro que le sume los hombros.

– Vamos a concentrarnos en la misión – responde resignado – Por ahora – agrega dándome una mirada significativa.

Asiento gravemente. Realmente con todas las personas en la nave observándonos atentamente, no es como que tengamos otra opción.

Mi estomago gruñe, las últimas 24 horas han sido demasiado caóticas, pero estoy bastante segura de que mi última comida fue antes de huir del restaurante. Al recordar la deliciosa comida mi estómago vuelve a gruñir. Antes de que pueda idear como voy a comer, Steve saca distraídamente una barra de proteína de su bolsillo y me la extiende. Aún con todo lo que está pasando, con todo lo que estamos pasando, me conmueve que él se tome el tiempo de asegurarse que yo esté bien.

– Gracias – murmuro tomándola.

– No hay de que – me dedica una sonrisa que correspondo por instinto.

Cuando nos damos cuenta lo que estamos haciendo ambos apartamos la mirada y nos centramos en nuestras respectivas pantallas como si de repente si hubieran convertido en lo más interesante del mundo. A pesar de que es más complicado de lo que esperaba, ambos estamos conscientes que tenemos que dejar de lado nuestros complicados sentimientos para cumplir esta misión.

Demasiado está en riesgo si no lo hacemos.

– Dejé dobles de nosotros por la ciudad, aunque cuidé que fueran a los lugares de siempre para que no alerten que planeamos algo y queremos una distracción – hablo para cambiar de tema tocando botones al azar de una tableta.

– ¿No alertará a tu padre si aparece alguien que no eres tú? – inquiere.

Una mirada me confirma que me ha dado la espalda y ahora examina un montón de papeles que ni siquiera son nuestros.

– Tengo vacaciones de asesorarlo, y él está fuera de la ciudad con Lidia – explico

De reojo veo como asiente distraídamente.

– ¿Mantenemos conversaciones entre Agente Hayle y Capitán Rogers como si otras partes de nosotros no existieran? – pregunto incómoda.

Parece meditarlo seriamente por unos segundos. Es tan consciente que somos vigilados como yo, así que el único signo que está nervioso y frustrado es la forma en que mueve el pie y aprieta la mandíbula cada vez que mira en mi dirección.

– Es la única vez que aceptaré esto – suspira rendido.

De alguna manera ayuda pensar que no somos más que dos agentes trabajando en una misión. Que las personas que somos no existen, junto con todos nuestros sentimientos, buenos y malos. Nos centramos tanto que la extraña tensión desaparece de nuestro alrededor y se convierte en determinación.

Ya que todas las personas que hemos podido capturar que tienen alguna información de las armas Chitaruri, o alguna relación con el bastardo que me abandonó de bebé, han muerto en misteriosas circunstancias en sus celdas. Nos dimos cuenta de que no vamos a sacar mucha información si seguimos por ese lado.

Tampoco podemos analizar a cada uno de los agentes de SHIELD, sería eterno aún con mi súper cerebro y levantaría demasiadas sospechas. Además, todas las cosas extrañas que han pasado, más extrañas de lo usual, tienen ciertos puntos en común como algunas personas de STRIKE o el hecho que la orden casi siempre venga del campamento en Nueva Jersey.

Por lo que creé un algoritmo que detecta todas las misiones con resultados cuestionables relacionadas a las armas Chitauri y específicamente los Agentes involucrados en ellas y hace una lista. Ahora iremos a una de las centrales de datos de SHIELD para poder insertarlo directamente en ella. Pero por supuesto no queremos que nadie se enteré porque, puede que no puedan borrar todo, pero sí ocultar la mayoría o lo más importante. También pueden matarnos y hacerlo parecer un accidente.

Ahora tratamos de determinar si hay algo más que debamos incluir en el algoritmo. Puede que no tengamos ninguna otra oportunidad porque una vez que lo hagamos llamaremos la suficiente atención que tendremos que mantener un perfil bajo por varios meses.

Mientras determinamos esos últimos detalles voy directamente con May y le digo las exactas coordenadas de la central de datos. Como siempre se mantiene impasible a pesar de que reconoce las coordenadas

– Puedes decirle a Fury en tu reporte que vine a hacer esto, pero por favor no incluyas a Steve y yo no le mencionaré tu línea directa a Coulson – digo tranquilamente.

– De acuerdo – responde igual de inmutable. Ambas sabemos que verdaderamente no es una amenaza, pero es claro que queremos mantener ciertas cosas en privado.

En mi caso que Steve está involucrado en esta misión. En el de ella, que Fury tiene un equipo entero vigilando que el tratamiento experimental que usaron para revivir a Coulson no cause problemas.

Regreso al cuarto a planear hasta el más mínimo detalle como hago cuando estoy estresada por algo que no quiero enfrentar, aunque en este momento, es porque no puedo enfrentarlo frente a todas estas personas. Steve planea como entrar y yo planeo como salir en la misión, pues nos damos cuenta de que hablar entre nosotros realmente no es una opción por el momento.

No me doy cuenta de que me quedé dormida hasta que abro los ojos. Gruño escuchando una combinación de varias voces que fueron la razón por la que desperté. Aún demasiado dormida, solo alcanzo a oír fragmentos de una discusión que en realidad no puedo entender.

– ¿Podrían dejar de gritar? – gruño antes de bostezar y estirarme un poco.

Cuando volteo encuentro a Ward, Simmons y Steve mirándome fijamente. Analizo la escena cuando me doy cuenta de que Ward y Simmons están formando una barrera entre Steve y yo. Pánico corre por mi sistema en un segundo y me tengo que recordar que ellos no saben mi historia con el rubio.

– ¿Qué…? – inicio, aún demasiado dormida para poder formar una hipótesis.

– Intentaba llevarte al cuarto de Coulson para que pudieras descansar – responde Steve a la pregunta que no terminé de formar.

– Oh – musito.

Simmons y Ward saben que odio que me toquen y que soy especialmente agresiva si me tocan mientras estoy durmiendo, lo saben de experiencia así que nunca lo olvidarán. Probablemente intentaron detener al rubio en el momento que lo vieron acercarse a mí mientas dormía. Sin embargo, no saben que Steve puede cargarme, moverme a otra habitación e incluso dormir conmigo sin perturbar mi sueño en lo más mínimo. Aunque esa no es una información que estoy dispuesta a darles.

– No hay problema. Tomé una siesta ya no estoy cansada – sentencio sentándome bien y prendiendo la pantalla para continuar.

– Holmes… – dice Steve como una amenaza.

– Estoy bien. Gracias, agentes. Seguiremos trabajando – digo más como una orden dando una indirecta demasiado directa que nos dejen solos.

Por la cornisa de mi ojo puedo ver como Simmons se va en movimientos nerviosos, Ward se retrasa un segundo, inseguro de dejarnos solos ahora que por fin estamos actuando como las personas que han traumado agentes con peleas. Pero pronto se da cuenta que no hay nada que pueda hacer y sale.

– Lamento ese ligero retraso, tenemos que compensar el tiempo perdido, haré una última revisión al código para confirmar que incluimos todo, pero lo haré rápido. Se supone que aterrizaremos en 2 horas – explico cuidando de mantener mi voz en un tono monótono.

– 2 horas – repite incrédulo.

– Te dije, el tiempo es vital… –

– Estamos en un equipo libre, viajando en básicamente festividades a un lugar en mitad de la nada. Creo que nos podemos dar el "lujo" de descansar más de 10 minutos – dice seriamente.

Me dedica todo el peso de su mirada de "Soy Capitán América obedéceme" que siempre usa cuando espera que haga lo que diga sin chistar. A pesar de que siempre falla.

– Estaremos bien. Hemos tenido peores condiciones – repongo revisando el código en la pantalla.

– Apenas hemos dormido, tu tomaste tu peso en alcohol anoche. Te vez tan mal que creo que incluso Simmons podría derrotarte en una pelea cuerpo a cuerpo – enumera enojándose más a cada aspecto negativo de mi salud que menciona.

– Estoy bien – aseguro irritada.

Lo fulmino con la mirada esperando que eso logre intimidarlo, pero solo lo hace acercarse más.

– No estas bien, deberías descansar un poco. Podemos llegar mañana, ahora será sorpresa para ellos… – intenta con un tono conciliador.

– No voy a descansar hasta que sepamos lo que ocurre. Mi cuerpo aguantará hasta entonces – sentencio como sí mi simple fuerza de voluntad fuera suficiente para mantenerme relativamente funcional

– Tu cuerpo colapsará en la misión y dime que bien le hará a saber la verdad si terminas encerrada en el hospital – me regaña duramente.

– Siempre eres un maldito bastardo sobreprotector – vocifero frustrada.

– Quizás no tendría que serlo si te importara mínimamente tu salud – contrataca igualando mi tono.

No estoy segura sí es toda la tensión contenida, la frustración de la situación, el hecho que no hemos resuelto nuestros sentimientos ni lo sucedido la noche anterior, pero simplemente discutimos. Nos gritamos uno al otro, me reclama de mi salud física, le reclamo de su salud mental. Discutimos como lo hemos hecho un millón de veces, solo que esta vez realmente estamos tan enojados que olvido poner un filtro a mis palabras.

– Mierda Rogers, ¡¿Por qué te preocupo tanto?! – exploto finalmente.

En el segundo que las palabras dejan mi boca me arrepiento. Su cara se desencaja y responde con la voz más rota que le he oído

– Sabes por qué – musita. No es necesario repetir sus sentimientos hacia mí.

Cuando sus zafiros se encuentran con mis ojos un abanico de respuestas aparece en mi mente. Disculparme por mi estallido, seguir gritándole hasta que me deje sola, e incluso besarlo aparecen como posible respuesta.

– Necesito aire – es lo único que sale de mi boca mientras me apresuro a la salida como una cobarde.

Ignoro las miradas sorprendidas del equipo cuando salgo por la puerta. Nadie me sigue mientras me deslizo por los pasillos hasta llegar al almacén/estacionamiento, pero por alguna razón siento una pulsada en el pecho al saber que ni siquiera el rubio va a buscarme.

Una vez ahí siento el inicio de un ataque de pánico comprimir mis pulmones, así que remuevo mis bolsillos en busca de algo. Mis manos tiemblan tanto que sostener el cigarrillo y encenderlo se convierte en una tarea que utiliza toda mi concentración. Pero por lo menos mi yo del pasado previó que algo así podía suceder.

– Mierda – exclamo cuando quemo mi dedo en lugar del cigarrillo.

– Eso pasa por andar fumando – me regaña una voz paternal.

– Esto pasa porque Rogers me saca de quicio – gruño tratando de mascarar mi miedo y frustración con ira.

– Entonces pretendes molestarlo más fumando – sonríe con complicidad Coulson acomodándose a mi lado.

Mi risa suena como un graznido por lo seca que sale de mi garganta.

–Se hace el inocente, pero él es quien generalmente fuma conmigo – repongo volviendo a intentar encender un cigarrillo y por fin lográndolo. Luego de una calada siento como todos mis músculos se relajan un poco.

El mayor enarca una ceja, claramente sorprendido por mi declaración.

– En los 40's no había propaganda antitabaco y era un común remedio para el asma – me encuentro tratando de defenderlo.

– Te has vuelto muy cercana al Capitán – dice poniéndose frente a mí para reclamar toda mi atención.

– Pasó en algún momento mientras discutíamos incansablemente a diario – respondo su pregunta implícita dando otra calada.

Ahora poniendo distancia entre el rubio y yo y fumando con tranquilidad, puedo sentir como mi respiración comienza a estabilizarse.

– ¿Y como se hicieron un equipo? – pregunta Coulson genuinamente interesado.

– Nos dimos cuenta de que buscábamos las mismas respuestas – me debato seriamente si decirle más, se supone que no tendría que confiar en él, pero… – Nunca has sentido que todo eso de "tenemos que confiar en el sistema" es, bueno, una mierda. Que las cosas que nos ocultan no son necesariamente para protegernos, que los secretos son… –

– Simplemente secretos para manejarnos más fácil – su expresión se oscurece mientras mira al vacío con la mirada perdida – Hay una razón por la cual no tenemos rangos en esta nave –

Bien, no soy la única que ha dudado de la organización a la que hemos dedicado la mayor parte de nuestra vida. Curiosamente eso no me hace sentir mejor, porque si no estoy loca y alucinando significa que SHIELD es en verdad corrupto.

– Hay gente en poder que mueve las cosas a las que le parecen más fácil – continúa el mayor poniendo poca atención a mi nerviosismo.

– Sí, no hay nada más infinito que la avaricia de un hombre en poder – decido decir. Es mejor hacerle creer que los puntos corruptos son apenas algunos cuantos.

Si yo casi perdí la cabeza por ello, no quiero imaginarme como él se sentiría si se enterrara que dedicó su vida una organización probablemente corrupta. Puede que me crea sin evidencia, pero perderá la confianza en absolutamente todos. Razón por la cual es tan importante que determine cuales son las partes podridas de SHIELD, para intentar salvar las partes buenas que realmente intentan ayudar a los demás, como Coulson y su equipo. Además, que así no podrán sorprendernos y atacarnos sin que nos demos cuenta.

– Todo eso es malo y todo, pero honestamente creo que la razón por la que estas tan alterada es por cierto Capitán que nos acompaña – rompe el silencio Coulson confundiendo la razón de la incomodidad que siento en este momento – No te culpo, todos tenemos problemas controlando nuestras emociones alrededor de él. Como pudiste ver cuando llegaste – agrega con una sonrisa avergonzada.

Bufo fingiendo indiferencia. Intento disimularlo con el cigarro, pero en algún punto lo he dejado quemarse y ahora ya es más colilla que nada, así que lo suelto y piso, ganándome una mirada desaprobatoria del agente.

– Siempre he manejado bien mis emociones, sobretodo en medio de un trabajo. Puedo manejar mis disputas con Rogers, esta solo fue una pequeña pausa para no dañar la integridad del avión – argumento antes de rebuscar en mis cosas en busca de otro cigarrillo.

No es como que necesite otro para calmarme, pero sí quiero una excusa para retrasar mi regreso al trabajo.

[Y a Steve], sisea la voz de mi cabeza.

– Claro, no dudo que puedes manejar bien una pelea, o trabajar cuando no te agrada alguien… Pero nunca fuiste buena manejando cuando te gusta alguien – murmura lo último dándome una mirada significativa.

Es lo bastante sabio para no acercarse demasiado. Aunque su tono confidente y cariñoso me hace ahogarme con el humo del cigarro recién encendido, toser y poner todos mis nervios a flor de piel.

– No me gusta Steve – respondo por reflejo.

– Si eso fuera cierto lo hubieras dicho con acento británico – responde encogiéndose de hombros.

Abro y cierro la boca intentando formular algo, pero tiene razón y lo odio un poco por ello. Sin embargo, no puedo determinar con exactitud que hará si se entera de todo lo que ha pasado entre el rubio y yo, y suficiente tengo con el drama que arman Tony y Clint. Así que decido mentir.

– No me gusta ese exasperante, cabeza dura, patriótico… – mi garganta se cierra en un latido.

Suelto el cigarrillo y me aferro al auto que hay a lado intentando desesperadamente no caer al suelo mientras intento buscar oxígeno.

– ¿Sophia? – escucho la voz de Coulson.

Una parte de mi cerebro me trata de calmar con datos científicos "Tus pulmones" "Has estado con demasiado estrés" "Olvidaste tu medicina anoche". Soy vagamente consciente que para resolver esto tengo que ir por mis cosas. Doy tumbos al subir la escalera y por algún milagro logro llegar al cuarto libre donde puse mi mochila.

Escucho ruido a mi alrededor y voces que parecen demasiado lejanas para ser importantes.

Reconozco mi mochila y la remuevo, pero no puedo respirar y ese es el pensamiento que predomina en mi cabeza haciendo que no haya espacio para nada más que pánico. Unas manos toman mis cosas para buscar, sumida en mi pánico casi lo ataco, pero reconozco el olor a jabón y menta. Steve saca mi inhalador con mi medicina de emergencias y lo pone en mi mano.

Presiono la medicina en mi boca y poco a poco el aire vuelve a llenar mis pulmones. Apenas soy consciente del hecho que Steve me tiene acurrucada en su pecho y respira exageradamente para que pueda imitarlo y regularizar mi respiración.

– ¿Tomaste tu medicina antes de venir? – inquiere con voz suave.

Aún incapaz de hablar, niego lentamente con la cabeza.

Exhala exasperado, pero no dice nada más. Solo continúa sobando mi espalda y esperando que mi respiración se regularice. Vagamente soy consciente como el resto de la tripulación me mira con curiosidad desde la entrada.

La mayoría me conoce lo suficiente para saber que odio que me toquen, y que odio mostrar debilidad frente a otras personas. Razón por la que es extremadamente raro que deje que alguien se quede a mi lado en lo que seguramente parecerá, no la primera vez, que me ayuda a resistir un ataque respiratorio. El hecho que sea Capitán América, ni siquiera es tan sorprendente como el hecho que deje que alguien me toque.

Pasan un par de minutos en los que me concentro en simplemente respirar y no pensar que todos están viendo esto para evitar tener un ataque de pánico.

– ¿Qué fue eso? – pregunta Coulson cuando se convence que ya no me estoy ahogando.

– Nada importante – alego tratando de fingir que todo va bien, pero tengo que toser un par de veces para que mi voz no suene ronca - Tengo un virus en mis pulmones y olvidé tomar mis medicinas – alego.

Todos saben que estoy mintiendo, pero asienten dejándolo pasar. Steve se tensa a mi lado hacia lo fácil que fue que se creyeran mi mentira.

– Supongo que retrasaremos un poco nuestra llegada si no es mucha molestia – continúo alejándome del rubio, de alguna forma su ausencia me duele físicamente, pero si me quedo más tiempo a su lado llamará más la atención.

[Como sí tener un colapso no llamara la atención], sisea la voz de mi cabeza.

28 DE DICIEMBRE DE 2013. 11:12 A.M. CENTRAL CONFIDENCIAL DE INTELIGENCIA DE SHIELD. MITAD DEL ATLÁNTICO.

Ley de Murphy, cuando puede salir mal VA A SALIR MAL.

Sobretodo cuando te dejas confiar en que las cosas están saliendo bien porque el hobbie del universo es complicar mi existencia.

Esperamos al siguiente día para ir a la misión, lo cual de hecho fue excelente porque Simmons tomó las muestras de sangre que necesitaba de Rogers y yo me puse al corriente con la mayoría del equipo. Además, Coulson me dio su cuarto, lo que puso distancia entre el rubio y yo durante algunas horas. Una vez dentro de la central, pudimos entrar sin ningún problema gracias a una credencial robada de un agente nivel 6 y el uniforme convencional de SHIELD que tanto Rogers como yo usamos.

Con un comunicador conectado al Autobús, luego de explicar que nos avisara de cualquier problema que viera en las cámaras exclusivamente a Fitz, cada uno tomó su memoria USB con el algoritmo y la puso en distintos dispositivos a lo largo de la central, luego de 30 segundos conectado al dispositivo, carga el algoritmo y envía la información a mi computadora personal, además usando la tecnología fantasma que usamos en la misión de Washington no dejamos rastro. Así ambos pudimos llegar a la última parada, el CPU central, sin llamar la atención de nadie.

Pero, pequeño problema.

Al parecer estos adictos al trabajo con 0 vida social decidieron que hoy era un buen día para celebrar Navidad, lo cual en parte fue bueno porque nos permitió escabullirnos con mayor facilidad entre los pasillos. Pero ahora significa que estamos atorados en el cuarto del CPU central con 10 agentes justo afuera del pasillo y sin otra forma de escape.

– Esto tendría que ser tu parte – me recrimina Steve entre susurros luego de asomarnos un poco y darnos cuenta de que abrieron otra botella y no tienen intención de irse pronto.

– Nop, mi parte iniciaba en el momento de irnos – replico en voz baja.

– O sea que no pensaste que esto iba a pasar – inquiere Steve enarcando una ceja.

– Por supuesto que sí – bufo indignada. Mi suposición era el cumpleaños de alguien, pero eso sigue siendo una fiesta.

– Perfecto, entonces hiciste un plan – dice aliviado.

Claro que estaba haciendo el plan, recuerdo que lo estaba haciendo. Mi mente se queda en blanco tratando de acceder a él, luego se da cuenta que en eso estaba trabajando cuando me quedé dormida…

Mierda.

– Bueno… – inicio apenada. Steve me conoce lo suficiente bien para comprender lo que significa mi incomodidad.

– Genial, estamos muertos – suelta pasando la mano por su cabello.

Tenemos que salir pronto porque el avión de Coulson sigue cerca y entre más tiempo pasé en el espacio aéreo de la base, más atención llamará. Y se darán cuenta que los involucramos en lo que sea que estamos haciendo.

Él vuelve a pasar las manos por su cabello en un gesto nervioso, pero el movimiento me da una idea. Miro a la pared de enfrente. Quizás si…

– ¿Qué? – pregunta Steve interrumpiendo mi hilo de pensamientos.

– ¿De qué? – respondo por reflejo un poco alto, lo que inmediatamente me hace encoger por el ruido.

– Estas analizando algo – indica en voz baja.

– No es cierto – bufo imitando su tono. Técnicamente estoy planeando.

– Claro que sí, tienes "La Mirada" – repone con una sonrisa de suficiencia haciendo brillar sus ojos, sus hermosos ojos azules…

Concéntrate, me regaño.

– No tengo una mirada – replico mirando fijamente el suelo.

– Tus ojos se convierten en hielo cuando analizan y frunces ligeramente el ceño – explica señalando mi frente.

– No es cierto – grito cubriéndola.

El solo suelta una carcajada.

– Genial asustaste a mi idea – gimo incapaz de recordar la idea que se había formado en mi mente, lo que solo lo hace reír más.

– Eh, Sophia, Capitán – habla Fitz por el comunicador.

– ¿Qué sucede? – pregunto mientras Steve intenta dejar de reír.

– Las cámaras muestran que alguien escuchó algo de su habitación y está a punto de entrar a revisar – habla nervioso.

Eso corta de golpe la risa del rubio.

– Mierda – suspiro pensando frenéticamente en cualquier tipo de excusa que justifique nuestra presencia en este lugar.

– Están justo en la puerta – informa Fitz.

De nuevo mis pensamientos frenéticos son interrumpidos por el rubio, que esta vez decide interrumpirlos tomándome del hombro y posicionándose justo frente a mí.

– No me golpees – pide en un suspiro acunando mi cara entre sus manos.

Antes de que pueda decir algo sus labios encuentran los míos. Un segundo después mi puño conecta con su mandíbula interrumpiendo el beso. Aunque extraño el tacto del rubio al instante que se separa no puedo evitar quedarme en shock por lo sorpresivo que es todo.

– Ouch, dije que no me gol… – inicia Steve sobando su mandíbula.

– ¡¿Qué mierda fue eso?! – exclamo cuidando de no subir tanto mi voz para no llamar más la atención.

– Una distracción – responde, y tiene la decencia de lucir avergonzado.

– ¿Distracción? ¿Podrías pensar en algo coherente con tu cerebro de arriba? – regaño dándole un golpe en la cabeza.

– ¿Cerebro de arriba…? Mira quien lo dice – contraataca fulminándome.

– ¿Qué quiere decir eso? – inquiero, lo que lo hace rodar los ojos – Hay miles de mejores formas para esto… –

– Y seguramente tu sabes absolutamente todas. Dime, ¿Cómo hicimos la distracción en Washington? – interrumpe con arrogancia.

– ¡Es en serio, Rogers! – exploto.

El ruido de la puerta abriéndose nos hace quedar estáticos, un joven agente de 20 años con cabello rubio cenizo entra. Sin embargo, en lugar de hacer algo normal como pedir ayuda o reportarnos por estar en un lugar que definitivamente no deberíamos estar solo alterna su mirada entre el rubio y yo un par de veces. Pánico cruza por sus ojos grises al reconocernos.

– Perdón – jadea saliendo apresuradamente.

– ¡Hey! – grito antes de que se vaya – Ni una palabra a nadie – amenazo fríamente a lo que el pobre agente solo asiente frenéticamente.

Nos deja solos y en pocos segundos podemos oír como todos los que estaban en el pasillo son conducidos a otro lugar con la promesa de más alcohol.

– Bueno, por lo menos sirvió de distracción – alego adoptando un mejor humor.

Volteo para indicar a Steve que es mejor que nos apresuremos, pero lo encuentro mirando fijamente el piso.

– Lamento haberte besado, honestamente fue impulsivo. Tuve que haber tomado en cuenta que no te gusta el contacto sorpresivo y mucho menos algo más, Lo siento – se disculpa con genuino arrepentimiento contorsionando sus facciones.

– Esta bien, estamos a mano – respondo con simpleza.

Aunque la verdad es que ni siquiera besarme de sorpresa alertó a mis demonios. El golpe fue más porque todo pasó tan rápido que mi cerebro confundido decidió actuar con agresividad, no porque pensara que verdaderamente estaba en peligro. Supongo que he pasado tanto tiempo tratando de convencerme que Steve es seguro, incluso en momentos de pánico, que por fin lo he captado.

Logramos escabullirnos para salir tan fácil como entramos. Una vez dentro de la nave Steve y Fitz evitan mirarme a los ojos, con ese pequeño detalle es claro que el científico dedujo lo que pasó como distracción. Sin embargo, yo, determinada a no pensar en sentimientos y asegurarme que esta misión salió bien, tomo mi computadora para revisar todo lo que el algoritmo está cargando en ella.

Me refugio en la habitación con muchas pantallas y ventanas descargando los datos y respaldándonos en una memoria externa. Ya que no está el Capitán conmigo, me quedo sola, o eso pienso hasta que una voz me sobresalta.

– Holmes – dice como saludo la chica nueva, Skye.

– Sophia – corrijo automáticamente.

Levanto la vista para encontrarla en el marco de la puerta.

– Lo siento. El Capitán te dice…– dice confundida.

– Porque es más necio que una mula. ¿Qué necesitas? – pregunto apagando la pantalla de la computadora.

– Venía a ver si necesitabas ayuda – sonríe con amabilidad tomando mi pregunta como una invitación a entrar.

Me debato sí incluirla, pero dudo seriamente que las personas que están manipulando y ocultando cosas en SHIELD hayan contratado a alguien que pertenece a una organización que trata de subir todos los secretos a la red.

– En realidad podría ocupar una segunda opinión sobretodo de alguien que no es de SHIELD – admito prendiendo la pantalla – Si alguien se entera de algo… –

– Lo sé me matarás – dice restándole importancia. Aunque creo que al convivir con tantas personas de SHIELD tiene una idea bastante clara de lo secreto que puede llegar a ser.

Solo le explico que el algoritmo es para determinar cierto tipo de personas y se lo muestro. Ya que tiene una pulsera que bloquea electrónicos por un desacuerdo que tuvo, mantengo la computadora lo suficiente lejos para que no la afecte, pero lo suficiente cerca para que pueda ver en ella. Me da un par de consejos para hacer otro algoritmo para depurar la información importante una vez que cargue a mi computadora. Con eso me convence su gran habilidad con la tecnología.

– Bueno eso es todo – anuncia Skye dando por terminada su revisión.

– Gracias. Te diría que me ayudaras a poner un vídeo de un gatito que se active cada vez que intenten usar este cuarto, pero han hecho tanto por mí estos dos días que no me parecería correcto – digo con humor.

Mi idea la hace reír, y casi veo como su cerebro la guarda para usarla después.

– Vaya, creí que ibas a ser igual de seria que Ward y May. Siendo agentes de campo y todo eso – dice con un tono confidencial.

– No te creas, Ward puede ser bastante divertido cuando quiere – repongo recordando todas las veces que rompimos las reglas y nos salimos con la nuestra solo por la anécdota mientras entrenábamos juntos.

Skye se queda callada unos segundos reflexionando mis palabras.

– Tengo una duda. Si tú no sabes jugar bien con otros, y Ward tampoco. ¿Cómo se hicieron amigos? – pregunta. En su tono encuentro un genuino interés por el agente.

– Nos ponían juntos y cada uno hacia el ejercicio en silencio. Además, nos entrenó Garret, bueno por un año. Así que tuvimos que convivir – explico encogiéndome de hombros.

Supongo que igual que la ley de signos, cuando juntas a dos personas asociales, estas se volverán sociales entre ellas y se juntarán como amigos. Sobretodo para sobrellevar lo pesado que era tener a Garret como un Oficial Superior.

– ¿No eras una niña? – pregunta Skye evitando que pueda pensar mucho en esos recuerdos.

– Si. Aunque siempre he actuado como adulta – alego.

– ¿Realmente te rompieron el brazo? – susurra aterrorizada.

– Si. El entrenamiento de SHIELD no es fácil, pero a algunas personas les gusta complicarlo aún más – digo con un poco de humor apagando la computadora.

– No pensé que Capitán América fuera tan protector con su novia… – reflexiona en voz alta.

– No somos pareja – la corto secamente.

– ¿En serio? Bueno, tiene un poco de sentido. Su relación ahorita es un poquito tóxica – habla volviendo a pensar en voz alta.

– ¿Disculpa? – inquiero fulminándola con la mirada.

Veo miedo pasar por sus ojos cuando se da cuenta de su error.

– Lo siento. Solo no sabía que una pareja podía estar tan enamorada y ser tan miserable por ello – se defiende atropelladamente levantando sus manos en un gesto de rendición.

Sus palabras solo me hacen gemir enterrando mis manos en mi cara. Realmente tuve que haber hecho un terrible trabajo ocultando mis sentimientos al rubio sí una completa extraña lo pudo deducir.

– Es complicado – decido decir.

– Supongo que no le habrás dicho tus sentimientos porque piensas que no es correcto por tu trabajo o algo. También es obvio que él si dijo los suyos – continúa con emoción. Probablemente viendo mi situación más como entretenimiento, que como el fin del mundo que es mi caso.

– Y decías que yo era la psíquica – bufo levantando la cara y dedicándole media sonrisa burlona.

– Yo también soy buena leyendo personas – me guiña el ojo – Y sobre lo tóxico, no te preocupes, he visto parejas realmente disfuncionales. Siento que a ustedes solo les falta un poco de comunicación – me consuela suavizando su tono.

– No tienes ni idea – suspiro jugando nerviosamente con mi cabello.

– ¿Y que te detiene? – pregunta acomodándose mejor a mi lado.

– Aparte del hecho que ambos tenemos un trabajo bastante peligroso en que cualquier distracción puede terminar en desastre. Mi familia es un asco que va a aprovechar la situación a su conveniencia o va a literalmente matarlo – respondo honestamente.

En su mirada veo pasar algo parecido a confusión, luego se da cuenta que no estoy bromeando y suelta un suspiro. Sin embargo, hay cierta determinación en su postura cuando vuelve a hablar.

– Bueno… si algo me quedó claro con su visita es que ese hombre haría cualquier cosa por ti. Como soportar una paliza solo para que duermas cómoda, según lo que me dijeron que atacas cuando duermes – dice medio insegura, no la corrijo – Y claramente se preocupa mucho por ti, es decir si no hubieras pospuesto la misión estoy segura de que hubiera hecho algo intrépido como romper una turbina o algo para retrasarlos –

Su idea me hace sonreír, pues eso suena al Bastardo Sobreprotector que es Steve cuando no quiero cuidar de mi salud.

– Además, tu eres bastante impresionante por ti misma, pero juntos son un equipo invencible. No tengo familia, pero te aseguro que ni siquiera tu familia no va a poder contra ustedes, y a pesar de todo su misión salió mayormente como lo planearon – termina Skye teniendo más esperanza en mi futuro, que la que tengo yo.

No obstante, una pequeña parte de mi cerebro se da cuenta que esta chica tiene razón. Si estoy con Steve no solo serían cosas malas, también serían todas las cosas buenas que nos hacen un gran equipo. Toda su fuerza y paciencia, toda mi inteligencia. Además de las personas que nos quieren y probablemente nos ayudarían, como lo demostró Tony, harían cosas muy locas para mostrar su apoyo.

Reflexionar todo esto suena a un ejercicio que me pondría mi terapeuta si hubiera tenido tiempo de hablar con ella en los últimos 3 días.

[Aún cuando puedan conquistar todo, ¿segura que el soldado aceptará todas tus partes?], sisea con malicia la voz de mi cabeza.

Si, me sorprendo respondiendo inmediatamente. Expuestas en el momento correcto, él las aceptará.

– Gracias – le digo a Skye transmitiendo mi genuino agradecimiento.

Quien diría que una extraña podría ayudarme y no solo usar el conocimiento de mis debilidades en mi contra.

– No hay de qué – responde Skye sonriendo.

– Hey, May me manda decirte que hemos llegado a Nueva York y aterrizaremos en SHIELD en 10 minutos – nos sobresalta la voz de Ward desde la puerta.

Ambas volteamos de golpe, lo que nos gana una mirada confundida del agente por lo mucho que nos asustamos, aunque en mi defensa, esta es una conversación privada. Me recupero rápidamente, asiento a su anuncio y comienzo a recoger mis cosas y el pequeño desastre que hice con todas las pantallas y papeles al planear la misión.

– Skye. Si alguna vez necesitas algo, llámame – le digo a la castaña con una pequeña sonrisa.

– Oh, créeme lo haré una vez que me quiten esto – asegura levantando su pulsera.

Recojo mi mochila de la oficina de Coulson y cuando llego al almacén/cochera ya están todos para despedirnos al rubio y a mí. Dejo que me abracen Fitz y Simmons, prometiendo mantenerme al corriente de lo que determinen de la sangre de Rogers y demás locuras que inventen. Me despido un poco más formal de May y Ward, que no pueden disimular sus sonrisas, y le vuelvo a asegurar a Skye que me llame si necesita cualquier cosa. Todos se despiden con un apretón de manos de Steve, aún embelesados de su presencia.

Cuando sus zafiros se encuentran con mis ojos le trato de transmitir determinación, sus ojos brillan con curiosidad como sí de alguna manera entendiera que es momento de hablar, y no solo eso, que he esperado este momento y de verdad quiero hacerlo. Sus labios se elevan ligeramente en una pequeña sonrisa cuando nota mi emoción en lugar de la desesperación con la que reaccioné hace dos noches. Caminamos un par de pasos a la salida.

– Sophia, ¿puedo hablar contigo un momento? – pregunta Coulson regresándome a la realidad.

Me detengo en seco maldiciendo la Ley de Murphy.

– ¿Ahora? – pregunto tratando y fallando de no sonar irritada.

Coulson frunce el ceño.

– A menos que pretendas ir a nuestra próxima misión del otro lado del mundo, yo creo que sí – responde enarcando una ceja.

Suprimo el impulso de morder mi labio o mostrar cualquier tipo de impaciencia.

– ¿Es urgente? – inquiero.

– ¿Algo más que tengas que atender a parte de tener una conversación de 20 minutos con la persona que te prestó su avión? – pregunta mientras la arruga en su ceño se profundiza.

– No – repongo de inmediato.

Mis ojos llegan a los zafiros del rubio, estos se suavizan indicándome que sabe que no puedo escapar de este retraso, y que sorprendentemente está bien con ello.

– Bien, vamos a hablar – continúo fingiendo una sonrisa.

Steve se va y desaparece por el hangar en el tiempo que el resto del equipo retoma sus actividades usuales y Coulson me conduce por la nave hasta que llegamos a su oficina.

– He querido tener una conversación privada contigo desde que entraste al avión – inicia acomodándose en su escritorio.

– Tuvimos una – respondo dejándome caer en la silla frente a él.

– Si, donde dejaste de respirar – replica con seriedad.

Asiento con la cabeza dándole la razón. No parece el momento para hacer esta conversación menos incómoda con humor.

– Nunca pensé que te vería aceptar sin chistar la ayuda de alguien cuando te sintieras mal – dice con incredulidad, como si aún no lo creyera completamente.

– En realidad chisté mucho, solo que el siguió insistiendo – me encojo de hombros sabiendo que se refiere a como Steve me sostuvo en mi ataque.

– No puedes seguir diciendo que no te gusta luego de eso – suelta con simpleza.

Suspiro. Supongo que no hay mucho que le pueda ocultar a un agente tan capaz como a Coulson. Sobretodo cuando tanto Steve como yo hicimos un pésimo trabajo tratando de ocultarlo.

– Sé que es asombroso, pero sabes que salir con alguien de SHIELD no necesariamente es bueno… – advierte paternalmente – Es decir, tiene el cuerpo de un Dios, y lo sé porque conocí a Thor, pero las relaciones así… –

– Esto no es eso. Mierda, sería tan fácil si fuera eso – interrumpo ahorrándonos un poco de incomodidad.

Sé que se refiere a los miles de agentes que tienen relaciones entre ellos como un recurso de recordarse que siguen vivos, como una forma de sacar toda la adrenalina que viven en su trabajo. Es tan común en SHIELD que dos de sus agentes, Ward y May, mantienen una relación así. Pero lo que sea que tengo con Steve, no es eso.

– Oh – responde mirándome con los ojos muy abiertos. Por fin entendiendo la profundidad de mis sentimientos hacia el soldado.

– Si, Oh – murmuro – Fue como si los sentimientos me golpearan en el estómago y me robara el aliento –

– Eso es lo más romántico que has dicho de otra persona – ríe.

Gruño.

– Me alegro por ti – dice volviendo a adoptar su tono paternal.

– ¿Por qué? ¿Por encontrar una forma complicada de desestabilizarme y usar mi cabeza? – pregunto con sarcasmo.

– Por permitirte amar a alguien, él debe ser muy especial para ti – explica con tranquilidad.

Oír eso de otra persona de alguna manera me hace sentir una cálida sensación en el pecho.

– Lo es – admito.

– Supongo que no se lo has dicho – al parecer para todos también es obvio eso.

– No como debería – respondo entre dientes.

– Deberías hacerlo. Ahora – dice señalando la puerta.

Me quedo un segundo estática por la confusión. Ya iba a decírselo al rubio, pero me interrumpió y me trajo aquí, pero luego de una conversación de unos 5 minutos, ¿me está corriendo así de sencillo?

– ¿Eso es todo? Sin amenazas a él o recomendaciones para tomar más precauciones – pregunto sin hacer afán de moverme.

– Fuera de Fury, eres la persona más paranoica y precavida que conozco. Te diría que por una vez lo disfrutaras y al diablo las consecuencias, que estaré aquí para ayudarte a manejar – sonríe volviendo a señalar la puerta.

Sus palabras verdaderamente me conmueven y profundizan el calor de mi pecho. Así que me levanto y doy la vuelta a su escritorio hasta quedar frente a él.

– Gracias, Coulson – lo abrazo.

– También, aprovechando… ¿podrías hacer al Capitán firmar un par de coleccionables más? – pregunta medio en broma respondiendo mi abrazo.

– Por supuesto – sonrió genuinamente.

28 DE DICIEMBRE DE 2013. 10:20 P.M. CALLES DE NUEVA YORK, NUEVA YORK (30 MINUTOS DESPUÉS)

Luego de volverme a despedir de todo el equipo, voy directamente al cuarto que comparto con Steve con la esperanza de encontrarlo ahí. Sin embargo, como siempre, la suerte no está de mi lado. Así que lo busco un poco por el complejo sin ningún resultado.

Cuando toda mi energía y ganas de gritarle en la cara que yo también lo amo se vuelven tan grandes que básicamente voy corriendo por los pasillos, decido que es mejor buscarlo en casa. Básicamente tiemblo tratando de contener mi energía hasta que me rindo a mitad de camino y le hablo por teléfono porque ya he esperado demasiado tiempo. Y sobretodo, él ya ha esperado suficiente.

Me voy a una esquina de la estación de metro, la cual, por la hora, está relativamente vacía y puedo fingir que 5 personas no van a espiar en mi conversación.

– ¡Steve! – grito por el teléfono cuando contesta.

– ¿Sí? ¿Todo bien, Holmes? – responde la voz del pobre rubio sorprendido.

Mi cerebro se queda en blanco.

BLANCO.

– Yo, eh, bueno… eh quería decir. Es decir, tu ya habías dicho, pero en realidad ni te dejé terminar. Pero bueno… este… sentimientos – tartamudeo nerviosamente las primeras palabras que se me vienen a la mente sin poder armar una idea coherente – Y luego pasó la misión y tu dijiste que debíamos fingir que solo éramos agentes… –

– Espera un segundo, ¿no querías evitar esta conversación con la misión? – me interrumpe asombrado.

– ¿Qué? No dije nada en la misión porque pensé que eso era lo que tu querías. ¡Te lo pregunté! – argumento.

– Yo pensé que eso era lo que tú querías – replica – Tu nunca quieres hablar de sentimientos –

– Tu nunca evitas una conversación –

Escucho como suelta una carcajada incrédula. Por primera vez estábamos de acuerdo en algo referentes a sentimientos y decidimos irnos con la contraria porque pensamos que era lo que el otro quería.

– ¿Dónde estas? – preguntamos al unísono. Al parecer tenemos la misma idea que esta conversación se tiene que hacer frente a frente.

– Voy camino a casa, ¿estas ahí? – pregunto eufórica.

– Si, te estaré esperando – escucho la sonrisa en su tono.

Parece entender por fin que la razón por la que reaccioné tan mal cuando me dijo sus sentimientos no es porque no los comparta, sino justo lo contrario.

– Llegaré pronto. Tengo algo importante que decirte – aseguro.

Olvido el metro y me meto en un taxi para llegar lo más pronto posible. Sin embargo, parece que todos están afuera a pesar de la hora, la nieve y los miles de turistas que vienen por las festividades, lo que entorpece mi camino. Por fin llego a la torre de departamentos con la emoción emanando de cada uno de mis movimientos. Saludo al portero con un grito y subo corriendo las escaleras hasta llegar al segundo piso.

[Oh, no chica. Es tiempo.], sisea la voz de mi cabeza.

Siento mi cuerpo trastabillar y la familiar sensación de perder control sobre él.

Pero

El timbre de mi teléfono anuncia que son las 12 de la noche.

[30 de diciembre], puedo oír su satisfacción.

No, no puedes tomar control. No ahora. Por favor, no ahora, suplico desesperada.

Aun en el pasillo escucho la música que Steve tiene en el departamento. Tan cerca y tan malditamente lejos.

[Es tiempo]

No, por favor dame un día, dame una hora, aunque sea unos malditos minutos.

[Un trato es un trato]

Bien, entonces no tendrás el control completo, amenazo intentando dar un paso hacia el departamento.

Aun cuando es dentro de mi mente la escucho gruñir frustrada.

[Prometo que seguirá completo cuando regreses. Pero. Un trato es un trato], sisea disfrutando cada segundo de mi sufrimiento.

No puedes hacer esto, ruego.

[Estaré 3 días. Pero tendré absolutamente todo el control], me ignora.

No puedo darte el control.

[Entonces supongo que no quieres ver a tu capitán tan urgentemente como pensabas], se burla [Después de todo saben que si no tengo mi tiempo puedo salir cuando menos te lo esperes, podría dañar "accidentalmente" a tu querido Capitán]

No

[Bien, dame mi tiempo]

3 días, solo 3 días.

[Solo 3 días]

Hecho

Es ahí cuando de verdad pierdo todo el control de mi cuerpo.