Cells at work no me pertenece ni sus personajes, este es una historia hecha por una fan. Todos los créditos a su autora.Tengo que especificar que solo he visto laprimera temporada, no he ojeado mucho el manga, pero las interacciones que tienen el neutrofilo y la eritrocito me parece adorables. Los volví humanos porque no podía pensar en situaciones "romanticas", siendo células, como sea, trate de ser fiel a las personalidades y guardar algunas frases del anime.
Despertó en el suelo casi ilesa, luchando por liberarse de las sabanas, entre quejas y pataleos logró zafarse. Se paró tambaleándose, para luego dejarse caer sobre el colchón, cerró los ojos unos segundos y el despertador sonó, hizo un puchero hundiéndose en la almohada y reunió todas sus fuerzas para sentarse. Inmóvil, contemplaba la pared, como si tuviera algún efecto hipnótico, pero la segunda alarma interrumpió el trance.
Si bien la ducha fría le ayudo a despertarse, no le era grata, nuevamente tendría que llamar al casero porque nuevamente el calentador de agua se averió. Al salir de la regadera recordó que no había metido ninguna toalla, se maldijo así misma y rogó a los entes superiores que no pescara un resfrío. Remilgaba mientrás se vestía, al terminar se miro al espejo y le prometió a su reflejo que esas serían las últimas quejas del día. Revisó su celular y sonrió, había tiempo para desayunar.
Bajó corriendo las escaleras mientrás intentaba cerrar su bolso, el zíper no quería ceder, estaba tan concentrada con la tarea que no percibió el momento en que salió del edificio, sus pasos eran automáticos.
- ¡Espere la luz!
Unas manos la tomaron por los hombros obligándola frenar de golpe. ¿Qué? Los autos pasaban velozmente a pocos centímetros de ella, haciendo volar algunos de sus cabellos, se sobresalto y dio un pequeño brinco, topando con la persona que la sujetaba. Al girarse la esperaba un joven muy pálido, casi albino, tenía un semblante serio, lo examinó más a detalle y notó que usaba uniforme policial.
-Pe-perdón oficial, no quise… - Tomó aire – Lo siento oficial, no estaba poniendo atención- El tono de la muchacha denotaba arrepentimiento, aceptaba la responsabilidad, esto lo impresionó, pocos civiles reaccionarían así.
-Solo preste más atención la próxima vez, no queremos accidentes viales- Era formal, más no severo. -Le dejo señorita, parece que el semáforo está por cambiar- Estaba por retirarse, pero la chica lo llamó.
- ¡Oficial!
Se quedó allí parado, esperando a que ella abriera la boca, tragó en seco y habló temerosa.
-Muchas gracias, creo que me salvó la vida.
Continuaba mirándola sin mover ningún musculo facial, ¿juzgándola tal vez? Estaba aún más apenada que antes. Gran forma de empezar el día, hacer el ridículo frente a la policía.En cambio, el oficial se inclinó el sombrero y dejando ver lo que parecía ser una sonrisa le respondió amablemente.
-De nada, tenga un buen día- Y se fue sin más.
El alivio destensó su cuerpo, y se sintió feliz instantáneamente.
Caminando por los concurridos pasillos se repetía el número del aula a la que debía entrar, hacía dos semanas que los cursos habían comenzado, pero la apariencia casi idéntica de los salones le jugaba malas pasadas, solo tendría que enfocarse en llegar al salón 212. Lo había conseguido, su celular le indicaba que aún faltaban quince minutos para entrar, se felicitó y entró saboreando su triunfo, para su sorpresa, no había nadie, supuso que era cuestión de tiempo, pero con el pasar de los minutos el nerviosismo la invadió, revisaba la hora, ya faltaban cinco minutos para que empezara la clase. Asomó la cabeza fuera de la sala, quizás confundió los números, pero no era el caso. Una voz familiar la llamó.
- ¡Ariana! - La castaña se abría paso entre el gentío con notable dificultad.
- ¡Amanda! - se dirigió a su compañera lo más rápido que el congestionado pasillo le permitía.
-Supuse que no te acordarías- Amanda cayó unos instantes, dándole a su amiga de defenderse con alguna excusa.
Ariana la miró con seriedad, calculando su respuesta. - ¿Recordar qué?
Amanda contaba con una inmensa paciencia, era su mejor cualidad, solo existían dos cosas en el mundo capaces de cruzar sus límites: las constantes llamadas de su madre, y la insensatez de Ariana. Esa mañana a mitad del pasillo varios estudiantes presenciaron como una chica castaña molía a gritos a una pelirroja que no dejaba de disculparse, al parecer, entre los regaños y las disculpas, ninguna de las dos podía escuchar lo que la otra le decía.
Listo, primer capítulo subido, tal vez tarde un poco más en actualizar porque aún no tengo la historia completa, pero bueno, tenía ganas de escribir de estos dos, me despido, gracias por leer.
