2. Verano
Cálido, divertido, optimista y aventurero son algunas de los adjetivos con los cuáles las personas asocian al verano, aquella época del año que precede a la apacible y dulce primavera y que se caracteriza porque sus días sean más largos que sus noches.
También es la época más calurosa, donde el sol cae con aplomo llenando de energía (o no) a los habitantes del planeta.
Una cosa es cierta, el verano no es para todos, porque no todos pueden soportar tan peculiares características. Para algunos, el hecho de enfrentarse a tan altas temperaturas y sudar copiosamente no es precisamente algo que les entusiasme, por lo que prefieren estar lo más lejos posible del astro rey y lo más cercano posible del aire acondicionado.
Para otros, la llegada del verano significa esplendidas tardes llenas de sol, largos paseos en la playa, ropa corta, helados, diversión y lo más importante, ¡vacaciones!
Definitivamente, el verano nos enseña que no hay medias tintas, o lo amas y te dejas envolver en su locura, o lo odias hasta la médula, y sí, existen los dos tipos de personas, tan diferentes entre sí pero tan destinados a cruzarse, siempre.
Ella era justamente como el verano: vivaz, llena de energía e impulsiva. Tal parecía que esta era la época en la que se recargaba de energía porque, precisamente, pertenecía a la mitad de la población que veía todos y cada uno de los puntos positivos de ésta estación.
Podía hacer todas sus cosas favoritas, pero sobre todo, podía ponerse esas faldas y pequeños vestidos que tanto amaba y por supuesto, nada mejor que jugar un buen partido de voleibol playero mientras su piel nívea tomaba un hermoso color dorado.
Porque no había nada más que le gustara a Mina Aino que sus dorados cabellos contrastaran con el bronceado de su cuerpo.
Por eso aquella mañana de domingo se despertó más temprano de lo usual, y eufórica comenzó a hacer sus maletas.
Su estación favorita había comenzado, las clases habían terminado y afortunadamente no se había llevado ninguna materia a extraordinario (milagrosamente y con la ayuda de Amy, por supuesto), así que sus padres le habían prometido un viaje de quince días en la costa.
Mina dio saltitos de emoción cuando, una semana atrás, su papá había puesto los billetes de tren sobre la mesa y el boucher con la reservación de una encantadora casa en un exclusivo club de playa nada más la chica había entregado la boleta escolar.
Y ahora, por fin había llegado el ansiado día en el cual todo su sacrificio se vería recompensado.
Lo más importante de todo es que regresaría justo a tiempo para festejar el cumpleaños de su amiga Serena, aunque a decir verdad, desde que se había hecho novia de Seiya, ni falta le hacía su compañía.
Mina soltó una risilla traviesa mientras aventaba un bañador amarillo en su bolso, maliciando lo que haría el par de tortolitos ahora que tendrían tiempo suficiente para deambular por la ciudad.
La verdad era que a ella también le gustaría tener novio, uno tan guapo y galante como Seiya, y aunque era muy bonita, no había tenido tanta suerte con los chicos.
Lo cierto era que entre todo el torbellino que podía ser Mina Aino, había una chica romántica y dulce que esperaba encontrar a alguien con quien pudiera compartir todo lo que a ella le gustaba sin tener que esconderse o fingir algo que no era.
Soltó un suspiro y frunció el ceño al recordar las palabras de su último fracaso amoroso: —"Eres demasiado intensa Aino. No puedo con eso…"
—Intensa, intensa… ¡intensidad era lo que le hacía falta a tu vida, baka! —Gritó encolerizada, arrojando su cosmetiquera en la cama, lo que hizo que Artemis, su gato, se despertara. — ¡Ay! Perdón Artemis, casi te pego —se disculpó acariciando al minino, quien enseguida comenzó a ronronear.
Con todo ese mar de emociones, la rubia decidió que era mejor dejar por la paz esos recuerdos tan poco gratos de hacía un año atrás y concentrarse en las mejores vacaciones de su vida.
— ¡Mina! ¿Ya estas lista? Debemos partir ahora si no queremos que nos deje el tren —gritó su mamá desde la planta.
— ¡Ahora bajo mamá! —respondió ella, calzándose unas bonitas sandalias blancas y metiendo al gato en su transportadora.
A grandes zancadas, la chica bajó las escaleras, cargando un montón de maletas repletas de ropa, zapatos y accesorios que ella consideraba importantes para las vacaciones.
— ¡Por Dios, Mina! Si son quince días de vacaciones, no una mudanza —comentó su padre al ver a su retoño con tanta valija — ¡El pobre Artemis no va a caber en el maletero!
—Solo llevo lo necesario, papá —respondió ella, ayudando a subir las maletas en el taxi —además, Artemis no irá en el maletero. Lo llevaré conmigo debajo del asiento.
—Como quieras —se encogió de hombros el señor Aino, al tiempo que cerraba la cajuela.
—Bueno pues, ¡vámonos! Que esas vacaciones nos están esperando —dijo con alegría la señora Aino.
Summer
El casi imperceptible ruido del tren de alta velocidad lo había mantenido bastante molesto desde hacía una hora atrás y rogaba con todas sus fuerzas que aquel infernal viaje terminara, aunque aquello estaba muy lejos de hacerlo.
Recargado con desgano sobre la ventana y escuchando su música favorita, Yaten veía el paisaje, pensando en cómo sobreviviría esos quince días en su lugar menos favorito en la época del año menos favorita.
Porque retomando el gusto de las personas por el verano, el chico pertenecía al otro porcentaje de la población que lo detestaba con todo su ser.
Odiaba que el sol quemara su piel (y no era por no querer broncearse, pero es que sufría de dermatitis si se exponía demasiado), el sudor, la desagradable sensación que queda después de sudar y por sobre todas las cosas, odiaba la playa.
En verdad no entendía por qué sus padres se habían empeñado en que los acompañara cuando él era el opuesto perfecto para el viaje. Simple y sencillamente no entendía por qué no obligaron a Seiya a ir en vez de quedarse en Tokio con la sosa de su novia o por qué a Taiki si le pagaron el campamento de astrofísica y a él no le pudieron pagar el curso de verano de canto y baile.
El platinado no era para esos planes, ni para los planes que tenían que ver con acampar, montañas o cabañas. Sus gustos giraban en torno a lo fino y lujoso, como por ejemplo, no le hubiera molestado acompañar a sus padres a una bonita ciudad europea y visitar cada uno de los museos mientras se hospedaban en un hotel de lujo.
¿Qué tal París, Roma, Viena o Londres?
Pero no, a sus padres se les ocurrió la brillante idea de ir a la playa.
Rodó los ojos al recordar su mala suerte mientras se arrellanaba en el mullido asiento de aquella lujosa cabina de primera clase.
Al menos su padre había tenido la decencia de pagar por ello y no se le había ocurrido ir en clase turista.
—Yaten, ¿vas a tener esa cara durante todo el viaje? —La voz de su madre lo sacó de su ensimismamiento —Al menos trata de pasarla bien, cariño.
El chico se incorporó, quitándose uno de los audífonos
—No tengo otra, mamá —respondió, ceñudo.
—Yaten —su padre, quien había estado entretenido leyendo el periódico, despegó su vista del diario para mirarlo fijamente, quitándose los lentes de lectura —no le hables así a tu madre.
El platinado abrió la boca para acto seguido cerrarla, volver a ponerse los audífonos y perder otra vez su vista en el paisaje. Al ver aquella actitud, sus padres simplemente movieron la cabeza.
—Tal vez no debimos traerlo — comentó algo mortificada la señora Kou.
—Ya se le pasará, ya verás. —La consoló su esposo —Yaten debe aprender que no puede hacer siempre lo que quiera.
Veinte minutos después, el platinado y sus padres descendían del tren y ahora se encontraban en camino a la casa que habían rentado en un exclusivo club de playa.
Si bien era cierto que en esos momentos prefería estar en su propio hogar y no en aquel complejo residencial turístico, el chico no pudo evitar admirar la moderna pero elegante arquitectura del lugar, admitiendo que tal vez no había sido tan mala idea estar ahí. Sabía que tenía dos habitaciones, por lo que por un momento se alegró al pensar que no tendría que compartir con sus hermanos y que el espacio sería para él solo.
La casa tenía dos increíbles terrazas, sala – comedor, una bonita cocina, cuarto de juegos y jacuzzi. Era en verdad un sueño veraniego de tonalidades blancas y doradas con acabados de mármol.
Tal vez no era un hotel en Europa pero se las podía ingeniar para pasar el mayor tiempo posible en el interior y evitar que sus padres lo obligaran a toda costa a participar en actividades familiares al aire libre, porque si algo se podía sumar a las cosas que le molestaban al menor de los Kou era tener que usar protector solar.
Y todos sabemos que el protector solar es nuestro mejor aliado, pero él no lo veía así. Prefería ponerse la crema especial (y muy cara) que le recomendaba el dermatólogo que un bloqueador solar de farmacia que le podía costar cinco veces menos.
Yaten estaba a punto de entrar a la casa cuando escuchó, no muy lejos de ahí, una voz bastante aguda y peculiar que se le hizo muy conocida.
Intrigado, el chico caminó hacia la verja que separaba un terreno de otro y fue cuando descubrió, como el sol intenso del verano, con aquella energía capaz de quemar todo a su paso, a la inigualable Mina Aino.
Instintivamente, ella se giró en dirección hacia donde él se encontraba y fue entonces cuando sus miradas se cruzaron.
Ninguno dijo nada; ambos estaban asombrados de encontrarse en el lugar que menos se imaginaron y fue entonces cuando Yaten supo que nada sería igual.
Été
"Yaten Kou" fue el nombre que apareció como el destello de una estrella fugaz en su cabeza mientras remataba la pelota con todas sus fuerzas, anotando un punto para su equipo en aquel improvisado partido de voleibol playero.
Por su puesto que le conocía, y lo hacía muy bien. ¡Que si no!
Yaten, junto con Seiya y Taiki eran los chicos más populares de la escuela, y ahora que el pelinegro había quedado fuera del alcance de las chicas por su relación con Serena, que dicho sea de paso, era su mejor amiga, los otros do hermanos se habían vuelto el centro de atención de casi todo el instituto.
Ha decir verdad, el platinado era el que más mono le parecía, porque siempre le habían atraído esa clase de chicos con un aire misterioso, a diferencia del castaño que era el cerebrito por excelencia, estando casi siempre a la par de su otra amiga, Amy Mizuno.
Sin embargo, Mina jamás había intentado acercarse a Yaten, porque era bien sabido que tenía un genio de los mil demonios y aunque le gustaba y sabía casi todo de él, le parecía más bien antipático.
No era que fuera una stalker o algo por el estilo, pero cuando algo o alguien le interesaba, no había poder humano que pudiera contra la gran Mina Aino. Y así fue como se dio cuenta lo desagradable que era el platinado cuando presenció, sin querer queriendo, el desplante que le hizo a una chica cuando ésta le obsequió pastelillos por su cumpleaños.
Desde ahí la rubia se juró que por nada del mundo, se acercaría a alguien como Yaten Kou.
— ¡Bien jugado Aino! —gritó un chico del equipo, acercándose a ella con una botella de agua —Eres muy buena en volibol.
—Muchas gracias —respondió, tomando de buena gana la botella que el chico le ofrecía —la verdad que este deporte es mi pasión.
—Esta tarde tenemos otro partido, ¿te gustaría participar?
—Me encantaría, pero tengo unas actividades programadas con mis padres —Se disculpó, encogiéndose de hombros.
— ¡No te preocupes! Tal vez podamos encontrar a alguien que pueda jugar en tu lugar, como por ejemplo… —el muchacho paseó la mirada por la playa y las diversas palapas, hasta que fijó su mirada en un objetivo — ¡Ese de allá!
La rubia ladeo la cabeza al darse cuenta de quien se trataba.
—Eto… no creo que sea buena idea. No se ve como con porte de deportista.
—Tu tampoco y mira la sorpresa que nos diste.
— ¿Qué estas insinuando Kento? — Mina lo miró furiosa.
—Me refiero a que tal vez sea bueno jugando aunque no lo parezca —se disculpó.
—Bueno, como quieras — la chica tomó su bolso y movió los hombros —luego no digas que no te lo advertí —le guiñó un ojo y se fue del lugar.
Por otro lado, Yaten, quien había jurado y perjurado que nada ni nadie lo haría pisar la playa, se encontraba sentado debajo de una palapa, con un libro en la mano y tomándose una limonada.
No era que estuviera disfrutando del momento, pero sus padres prácticamente lo arrastraron al exterior y mientras ellos disfrutaban del sol y el mar, él había optado por quedarse apartado y pasando el tiempo "lo mejor posible".
Así fue como su atención fue captaba por un partido de voleibol playero que se jugaba a unos metros de distancia de donde él se encontraba. Realmente, lo que había llamado su atención era una melena rubia que se movía con la ligereza del viento mientras la dueña de la misma se movía con bastante agilidad a pesar de usar un diminuto bikini.
Pronto el platinado supo de quien se trataba.
La conocía bien porque siempre era lo mismo. Era de esas personas que no pasan desapercibidas tan fácilmente. Ya fuera por sus largos y abundantes cabellos tan resplandecientes como el sol, por su escandalosa personalidad o porque siempre quería sobresalir, Mina Aino siempre sabía cómo darse a notar y obtener la atención que tanto le fascinaba.
Compartía con ella una sola clase en todo el instituto, y eso le había bastado para poner su paciencia al límite: Aino era una chica con una energía desbordante y él no podía con tanto.
Era bonita (muy bonita para ser sincero), pero era una loca de atar. Un torbellino capaz de revolucionar tu vida por completo y Yaten lo que menos quería era eso. Por eso solo se limitaba a mirarla, a la distancia, como ahora, y a recrearse con sus curvas.
Pero por ningún motivo, jamás, se acercaría a alguien como ella.
—Oye, ¿te gustaría unirte al equipo de voleibol? Esta tarde tenemos partido y hay un lugar disponible —una voz lo sacó de sus pensamientos.
Yaten deslizó sus lentes de sol hasta la punta de la nariz, observó a tres sujetos frente a él y se los volvió a colocar de manera displicente.
—No gracias. Tengo mejores cosas que hacer.
La contestación del platinado no fue del agrado de los muchachos.
—Oye, ¿acaso te crees mejor que nosotros y por eso nos hablas de esa manera?
—No me creo mejor, lo soy —respondió con arrogancia —y no suelo convivir con tipejos como ustedes.
— ¿Oye quién te crees que eres, niño bonito? —Uno de los chicos estaba verdaderamente molesto — ¿O qué? ¿Se te va a romper una uña? ¡Ah no! Ya sé, tu largo cabellito de nena se te va a estropear.
— ¿Qué dijiste? —Yaten se incorporó rápidamente, molesto.
—Lo que oíste, idiota.
Los tres chicos rodearon al platinado en actitud de pelea, cuando una voz femenina los detuvo.
— ¡Oigan, qué les pasa! ¡Déjenlo en paz!
— ¡Tú no te metas, Aino!
—Me meto porque se me da la gana —respondió ella — ¡Kento! Yo te lo advertí.
El aludido hizo una mueca de desagrado.
—Vámonos. Dejemos que la nena juegue a las muñecas tranquilo.
Y dicho esto, los muchachos se marcharon.
— ¡No tenías por qué hacer eso! —Ladró el platinado, encolerizado.
—Un gracias hubiera sido más que suficiente, Kou — La rubia colocó sus manos sobre sus caderas.
Yaten tomó sus cosas.
—No necesitaba que me defendieras. Yo solo podía contra ellos.
— ¡Ja! Si claro. Te iban a hacer papilla.
El platinado la miró furibundo.
—Mira Kou, yo no sé qué te ocurra, pero si no era yo, alguien más iba a venir a ayudarte. Son unos bravucones buscapleitos y tú solo no ibas a poder contra ellos.
—Pues vaya amiguitos bravucones te buscas, porque te vi jugando con ellos.
—No son mis amigos. Se acercaron a mí para invitarme a jugar, así como lo hicieron contigo, solo que a diferencia de ti, yo sí fui cortés.
Yaten rodó los ojos.
—Sabes qué, ya te ayudé, no necesito que me lo agradezcas, tengo cosas que hacer, bye —Y dicho esto, Mina se alejó del lugar, seguida por la atenta mirada de Yaten.
Natsu
Los días siguieron transcurriendo con normalidad y las temperaturas se fueron elevando cada vez más. Mina estaba realmente disfrutando de las vacaciones, ya fuera con sus padres o con el grupo de adolescentes con los que había trabado amistad, un día siempre parecía más interesante que el otro.
Sin embargo, no podía dejar de pensar en su retraído y taciturno vecino.
Desde su encuentro, había procurado no cruzar palabra con él. No obstante, no había podido evitar observar lo solitario que la llevaba el platinado.
Básicamente, el chico solo hacía "actos públicos" en las tiendas comerciales o en los restaurantes en compañía de sus padres, pero de ahí en fuera, no convivía con nadie más, y aunque sabía que no era de su incumbencia, Mina, que tenía un gran sentido de la justicia (y una fascinación por meterse en la vida de las demás personas) decidió cambiar el panorama triste y melancólico de Yaten, porque, ¿quién puede estar triste si es verano?
Por su parte, Yaten, que no estaba nada triste, más bien harto, veía con bastante aburrición y monotonía el pasar de los días.
Dado el pequeño altercado que tuvo con esos chicos en la playa, ya nadie más se le había querido acercar, por lo que su vida se había vuelto más solitaria que de costumbre.
No es que fuera fan de estar conviviendo con las personas, de hecho, se engentaba con facilidad. Pero por lo menos en su entorno, siempre tenía la compañía de sus hermanos o sus compañeros de clase o sus actividades extracurriculares. Además, la fastidiosa estación no le ayudaba en lo absoluto, pues estaba más irritable de lo normal.
Pero algo que no pudo evitar ni dejar pasar fue la persistencia con la que su vecina miraba hacia su casa.
Ya sea que entrara o saliera, la rubia miraba con bastante insistencia el porche sin hacer nada más. No importaba si era de día o noche, ella fisgoneaba pero tampoco se acercaba a preguntar lo que fuera que se le hubiera perdido y esa actitud lo sacaba bastante de quicio.
Así que decidió que si ella no tomaba la iniciativa lo haría él. Por eso, esa tarde, antes de entrar a su casa, se detuvo frente a la puerta y al notar la femenina presencia, preguntó.
— ¿Qué se te ofrece, Aino? —Dijo él, soltando un suspiro.
— ¿A mí? —La chica se señaló sorprendida al verse descubierta.
—No, a la pared— Yaten rodó los ojos —obviamente a ti. Llevas días husmeando por mi casa. ¿Te puedo ayudar en algo? —El platinado se acercó a la verja que separaba ambas propiedades.
—Bueno, es que…—Mina se llevó una mano a la cabeza —me pregunto si te gustaría ir a tomar un helado mañana.
El chico arqueó una ceja.
— ¿Me estas pidiendo una cita? —El chico arqueó la ceja.
— ¡Obviamente no! —Respondió ella, sonrojada —Solo que te he notado un tanto solitario. Desde el incidente, no te has acercado a nadie y bueno, creo que estaría bien si solo fuéramos a platicar.
—Bueno, tal vez es porque yo quiero estar solo.
—Nadie quiere estar solo en verano.
— ¿Por qué estás tan segura?
De pronto, Mina cayó. Se le habían acabado los argumentos y la paciencia y en verdad no entendía por qué hacía lo que hacía ni por qué le importaba tanto como la pasara Yaten. Simple y sencillamente si ella la estaba pasando bien, ¿qué más daban los demás?
—Está bien. Si no quieres salir conmigo, lo respeto. Que pases buenas noches.
Y dicho esto, la rubia giró sobre sus talones, dirigiéndose hacia su casa.
—Espera —escuchó la voz del platinado tras de sí —si salgo contigo mañana, ¿dejarás de estar de cotilla por acá?
Mina se volvió hacia él con una sonrisa coqueta dibujada sobre sus labios.
—Eso depende de que tan bien te la pases mañana.
Ante aquél comentario, Yaten solo movió la cabeza de lado a lado y, por primera vez, una sonrisa se dibujó en sus labios.
—Mañana a las cinco en la heladería del bulevar. No llegues tarde porque tienes fama en la escuela de ser una impuntual de primera y yo odio la impuntualidad.
—Pues no voy a llegar tarde —respondió ella, con los brazos en jarras — tú no llegues demasiado temprano y así los dos estaremos justo a tiempo.
El chico rodó los ojos.
—Si, como digas. Hasta mañana, Aino.
—Hasta mañana, Kou.
—Y te juro que si llegas cinco minutos tarde, ¡me largo! —Sentenció él.
Lo cierto era que al día siguiente, en la heladería, Yaten llevaba más de quince minutos esperando mientras tamborileaba la mesa con bastante impaciencia.
—No sé por qué hago esto —refunfuñó —me debí de haber ido desde que dieron las cinco con dos minutos.
Pronto descubrió a lo lejos la espigada figura de una chica saludándole a lo lejos. Ella se acercó corriendo hacia él mientras su largo cabello se agitaba como una marea solar en el viento.
—Discúlpame —La voz agitada de Mina apenas era audible —Lamento mucho la espera pero mamá quiso que la acompañara a hacer unas compras y me retrasé.
—Ya estaba a punto de irme —mintió.
—Pues qué bueno que no lo hiciste —acotó ella, tomando asiento.
Enseguida un mesero se acercó a tomar su orden. El platinado le hizo un además a la chica, indicándole que ordenara primero.
— ¿Me puedes traer un helado de fresa natural con crema batida por favor?
— ¿En cono o vaso?
—En el recipiente donde le quepa más —sonrió. Yaten solo abrió los ojos al escuchar aquello.
— ¿Y para ti…?
—Helado de chocolate… amargo con una galleta de café. En cono por favor.
El mesero apuntó la orden y luego de musitar un "enseguida traigo sus helados" se retiró del lugar.
— ¿Chocolate amargo? Yo juré que pedirías limón.
— ¿Por qué pensaste eso?
—Porque es igual de ácido que tú —comentó ella, soltando una carcajada.
—Chistosa —respondió él, sacándole la lengua.
El mesero regresó con la orden y tan pronto los tuvieron en su poder, ambos comenzaron a devorarlos con bastante avidez.
El tiempo fue pasando y la charla se fue dando con bastante fluidez. Pronto, ambos se dieron cuenta que habían tenido ideas equivocadas uno del otro.
Yaten pudo descubrir que dentro de todo el torbellino que era Mina, se encontraba una chica bastante astuta e interesante que podía seguir el hilo de cualquier conversación con bastante elocuencia, claro, con una que otra divagación, pero en general era una chica muy atrayente.
Por su parte, Mina se dio cuenta que Yaten no era tan desagradable como parecía e incluso, pudo aclarar con él el incidente que presenciara cuando rechazó los pastelillos de aquella niña en el instituto. También se dio cuenta que era muy ameno a la hora de hablar y que podían bien platicar sobre un chiste tonto hasta de cultura y arte.
Y fue así que ambos corroboraron que tenían más cosas en común de las que pensaban, e irónicamente no se dieron cuenta que estando juntos, el tiempo ni siquiera pasaba.
Litha
Las vacaciones se acercaban a su fin, no así la reciente amistad que había surgido entre Mina y Yaten. Nadie hubiera imaginado que dos personas completamente opuestas y con gustos tan diferentes pudieran llevarse tan bien.
Así pues, ambos chicos aprovechaban el tiempo al máximo, compartiendo actividades o acompañándose mutuamente. No era que ya no se fueran a ver, pues iban en la misma escuela y tenían un grupo de amigos en común, pero al regresar a la ciudad, cada quien tendría sus ocupaciones y no tendrían tanto tiempo como para holgazanear juntos, algo que se le daba bien a Mina pero no a Yaten.
— ¡Yaten! ¡Detente! —Gritó la rubia, quedándose quieta junto al pequeño muro que separaba el bulevar de la playa — ¡Vas muy rápido!
El platinado la volteó a ver, rodó los ojos y pedaleó hasta donde la chica se encontraba.
—No es mi culpa que pedalees tan lento. ¿Desde cuándo no te subes a una bicicleta?
—Pues… casi no ando en bicicleta en Tokio.
—Pues deberías de usarla más seguido. Además es saludable. Oye, ¿estás bien?
A los ojos del chico, Mina parecía un poco apagada. No tenía la misma energía desbordante de siempre ni sus ojos tenían esa chispa tan peculiar que solo ella podía tener.
—No quiero regresar a Tokio —dijo ella, alargando mucho la mirada y haciendo morritos.
—Sinceramente, yo tampoco, aunque al principio haya odiado esto —respondió él.
Ambos se miraron fijamente y la rubia comenzó a acercarse a él de manera peligrosa. Fue Yaten quien cortó todo aquello, sintiendo como su rostro se ponía rojo cual tomate.
—Oye, nos seguiremos viendo—acotó, distrayendo la atención de lo que pudiera estar pasando —además, tenemos que vigilar que el zopenco de mi hermano y tu amiga no se metan en problemas.
—Tienes razón —respondió ella, sintiendo como el momento se le escapaba de las manos.
Yaten asintió y se montó de nuevo en la bicicleta, cuando Mina lo llamó de nuevo.
—Yaten.
—Dime.
—Mañana habrá un convivio en la playa a modo de despedida. Habrá música y fogatas y todo eso.
El platinado ladeó la cabeza, pensativo.
— ¿Qué eso no es católico? Nosotros no lo somos.
—Ya sé que no lo somos, y además no le veo nada de religioso a una fiesta con fogatas organizada por los administradores del club de playa—respondió ella, colocando las manos sobre sus caderas.
—Está bien, vamos pues.
La chica dio un pequeño salto de alegría, se montó en la bicicleta y comenzó a pedalear a toda velocidad, dejando atrás al chico.
Éste solo movió la cabeza, hizo lo propio y pedaleó hasta alcanzarla.
Y así era como había llegado a su fin las vacaciones para Mina y Yaten, es decir, el viaje, no las vacaciones en sí, pero ese era su último día en la playa y a temprana hora estarían viajando en el mismo tren a Tokio, coincidentemente.
Pero ahora eso no importaba, se encontraban ahí, en la playa, reunidos con las demás personas que habían estado viviendo la misma experiencia que ellos, todos usando sus trajes de baño o ropas ligeras.
Un DJ amenizaba aquel evento donde muchos chicos reían, jugaban, cantaban o se bañaban en el mar. Los puestecitos de comida callejera estaban dispuestos para que los muchachos pudieran ir y venir tranquilamente y comer lo que se les apeteciera: burritos, hot dogs, hamburguesas… cualquier clase de comida de occidente que pudieran imaginar se encontraba ahí.
Al caer la tarde, las fogatas se encendieron y la música y el baile giró en torno al fuego que alumbraba el lugar.
Mina y Yaten estaban frente al fuego, sentados sobre la arena asando bombones, compartiendo y divirtiéndose con los otros muchachos de su edad. El platinado fijó la vista en el horizonte, comenzando a hablar al aire.
— ¿Sabes? Jamás creí que mis vacaciones terminarían así.
— ¿Cómo? —preguntó Mina, cuya atención había sido completamente captada por él.
—Pues así, yo aquí en una fiesta en la playa, conviviendo contigo… —respondió él, mirándola de soslayo.
—Tampoco creí que terminaría estando contigo —respondió ella, abrazándose las piernas —pero descubrí que no eres tan desagradable como pensaba.
— ¡Oye! —Él le dio un pequeño empujón mientras ella le sacaba la lengua, divertida —pero te entiendo —continuó él —yo también tenía una idea errónea de ti.
Ésta vez, la rubia no dijo nada. Simplemente se limitó a mirarlo. El chico continuó.
—Siempre te observé en la escuela, con esa energía desbordante y ese cabello rubio tan deslumbrante como el mismo sol. Era imposible no mirarte porque de una forma u otra, terminabas atrayéndonos a ti… y eso era demasiado con lo que yo pudiera lidiar.
—No sabía que te sentías así por mi culpa —acotó ella, sorprendida.
—No te sientas mal. Yo mismo me hacía sentir así — esbozó una media sonrisa —simple y sencillamente, para mi eras como el verano, insoportable.
— ¡Pues que grosero eres, Yaten Kou! —Mina se cruzó de brazos —Además, para desagradarte el verano, estos últimos días te la has pasado bastante bien.
El platinado se giró hacia ella, tomando delicadamente un mechón de cabello y colocándolo detrás de su oreja mientras cariñosamente pasaba sus dedos por el femenino rostro.
—Lo que pasa es que descubrí que al final, el verano si me gusta, y mucho.
Hola hola queridas semillas estelares!
El verano ha comenzado y justo por eso les traigo aquí esta historia cuyos protagonistas son los mejores para representar esta época.
¿A que Mina y Yaten son lindos verdad? Quise hacer algo fresco, divertido y menos meloso de lo que fue Primavera (recordemos que los protagonistas de esa estación fueron Serena y Seiya).
Se supondría que este pequeño relato lo subiría desde el domingo que precisamente inició la estación, pero ustedes saben que no es lo mismo tener tiempo que creatividad y la verdad es que he tenido días bastante complicados.
Estos mini fics son independientes unos de otros así sin problema pueden leerlos y no tendrán pierde.
Por cierto, hoy se celebra la Noche de San Juan, porque mañana es San Juan y quise poner la referencia, que también tiene que ver con el verano y la religión :p
Me despido esperando pasen un lindo verano, que es mi estación favorita por lo mismo que le gusta a Mina jajaja y un saludito a mi amiga Kay CherryBlossom, amiga espero te guste este fic!
Nos estamos leyendo en otoño.
Abrazos de luz.
Gabiusa Kou
