Mario Bros y toda sus franquicia no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)

No espero nada de esto, paso por un bloqueo con otras historias, y este fic es producto de ello. Disfruten :)

Los visitantes del Reino Pompe-ia

Capitulo 1

(...)

No era la primera ni la última vez que el Reino Champiñón recibiría la visita de representantes provenientes de una nación lejana. Sin embargo, la princesa Peach Toadstool estaba nerviosa por la llegada de esta comitiva en particular, la cual acompañaba al príncipe Peter de Pompe-ia, en representación de su madre, la Reina Caime.

Sus futuros visitantes pertenecían a una sociedad extremadamente pacifica y avanzada, tal así que no había registros de que tuvieran una fuerza militar oficial. Sin embargo, nunca habían sido atacado por otros reinos, debido a la particularidad de sus habitantes.

Los pomps eran una raza rara de bombas humanoides extremadamente inteligentes. Su sociedad se desarrolló bastante bien, lejos de la influencia de Bowser, que había optado por utilizar a sus ancestros, los bob-omb, como armas.

Estos seres adoraban la tranquilidad y la calma, tal así que anteponían la relajación ante cualquier otra necesidad, y con ello también, la comodidad. No por nada, el Reino de Pompe-ia era el hogar del Sofá Más Cómodo del mundo conocido. Su padre solía hacer chistes sobre aquel condenado mueble, expresando que era imposible, para un humano como ellos, mantenerse despiertos al sentarse en este.

Quitando esas consideraciones, el problema de su visita era la forma en la que reaccionaban los habitantes de Pompe-ia a los ambientes estresantes. Los pomps eran extremadamente sensibles a las emociones fuertes, y si llegaban asustarse terriblemente, explotaban de forma muy violenta.

Peach sabía que no eran peligrosos como los bob-ombs, los cuales perseguían ciegamente a sus blancos, buscando destruirlos al explotar. Los pomps eran personas sensatas y tranquilas, que solo necesitaban un trato muy especial.

La vida del Reino Champiñón era bastante pacifica, a pesar de todo. Tal vez si tenía suerte, Bowser no trataría de secuestrarla durante la reunión, asustando de muerte a sus invitados, empujándolos a estallar en pedazos…

Era demasiado peligroso para ella y el resto de su comitiva, pero decidió no arriesgar a su reino y celebrar la ceremonia diplomática en un pequeño castillo, apartado de la ciudad principal. Expresamente, puso en estado de alerta a la ciudad, por si un imprevisto ocurría y dio la orden de evacuación total, en caso de explosiones.

Peach llegó al punto de exigirle a Toad y Toadette que la dejen sola cuando se reuniera con los visitantes. Desconforme con su actitud paranoica, Toadsworth expresó que no iba a dejar a su princesa sola, y que ya tenía a su sucesor listo para suplirlo, si lo peor llegaba a suceder.

Esa mañana, ella suspiraba abrumada, mirando constantemente los papeles y los tratados que iban acumulándose en su despacho. Se preguntaba si el papeleo que revisaba aumentaba conforme pasaban los años. Tal vez era solo su imaginación, pero el día que llegara a ser reina, la matarían a formularios y proclamaciones. Claro, solo si sobrevivía a los constantes ataques de Bowser.

—Se ve un poco cansada ¿Quiere beber algo de té?— Toadsworth apareció de repente en su despacho, mirándola con algo de preocupación. Peach no había dormido bien la noche anterior, y no se había dado cuenta lo ensimismada que estaba con su trabajo.

—No gracias, necesito terminar de ver estos tratados para que estén en orden— La princesa sentía que un terrible dolor de cabeza le estaba dificultando concentrarse. Debía ser el estrés y los nervios, jugándole una mala pasada —La mayor exportación de Pompe-ia es la tecnología, así que necesitamos que bajen el precio de la maquinaria agraria y la reunión debe salir perfecta para ello… No puedo creer lo obsoleto que se ha vuelto todo el equipamiento del reino ¡Mira nada mas la fecha de construcción de estos aparatos! Deben ser de la época en que papá siquiera tenía edad suficiente para beber…—

—Estamos cortos de fondos, pero usted no tiene que arriesgar su vida por un par de maquinas— Toadsworth no dudo en reprochar a la princesa de aceptar la visita de personas tan inestables como los pomps, pero ella no podía permitirse otro excursión a través de Tierra Oscura*1. No había suficiente dinero ni soldados para semejante traslado.

—Toadsworth, todo va estar bien, papá había tenido este tipo de reuniones antes y seguí todo el protocolo que utilizó en aquel entonces para llevarlas a cabo— Ella pensó que esto tranquilizaría al viejo toad. Era fácil entender cómo funcionaba la diplomacia y la política para ella, ya que solía repasar en su cabeza las lecciones de su padre, cada vez que Bowser la secuestraba, y reflexionaba sobre las decisiones que había tomado su predecesor en el pasado. Pensar en otras cosas, la ayudaban a no caer en la desesperación cada vez que se veía encerrada en una jaula durante semanas.

—Sí, pero en esa época no había Bowser— Murmuró el anciano, haciendo vacilar un poco a Peach. El nombre de aquel enorme koopa le hacía sentir algo podrido por dentro, algo que solo crecía con el paso de los años.

Tal vez un día de estos su corazón se endurecería de tal forma que se convertiría en una reina amargada y cínica (corrección, una vieja amargada y cínica. De todos modos, ella no se estaba volviendo más joven con el paso de los años).

Pero no hoy.

—No estamos del todo desprotegidos, tenemos a los hermanos Mario—Ella tomo aire y volvió a sus papeles, dando por terminada aquella conversación —Depositare mi fe en ellos y continuaré con lo planeado—

Toadsworth asintió solemne, sabiendo que la decisión de la princesa ya había sido tomada apenas entro a aquella habitación. Era igual a su padre en lo terco, pero debía admitir que tenía razón. La economía de su Reino se había estancado, y necesitaban toda la ayuda posible para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

—Solo le deseo éxito, mi señora— El viejo toad abandonó la habitación y le dio la orden a la sirvienta más cercana, para que le alcance un té dulce y un bocadillo a su princesa. Iba a necesitar la energía extra para lo que le esperaba.

(…)

Mario tardó un poco en despertarse ese día, y tuvo la sensación de que algo malo iba a suceder, apenas se incorporó de su cama. La expresión de "levantarse con el pie izquierdo" no solo era un eufemismo, sino que le generaba una sensación abrumadora al esperar lo peor en aquel día.

Tal vez era el sueño que había tenido. Fue uno muy extraño, con Rosalina advirtiéndole de una tragedia y de un enemigo que no iba a poder derrotar… No sin mucha ayuda.

Rosalina era muy hermosa y tenía un presencia casi etérea (A veces dudaba que fuera humana, con ese rostro inexpresivo y esos enormes ojos que le habían perforado el alma la primera vez que se conocieron), pero a veces creía que solo portaba malas noticias para él.

Algo preocupado, miró la cama vacía al otro lado de la habitación. Era la misma que había ocupado su hermano menor cuando apenas se instalaron en el Reino Champiñón, después de ser transportados hasta allí por aquella inestable tubería warp.

Luigi ya no vivía más con él, y tenía que recordárselo constantemente a si mismo, cuando tenía esas malos presentimientos. Pero para evitar pensamientos desagradables durante el desayuno, decidió llamarlo por teléfono.

Mario se levantó de la cama, y comenzó a vestirse en piloto automático. Vio un par de los viejos calcetines de rayas rojas y blancas, que Luigi había dejado olvidado en el fondo de su cajón, y sonrió levemente. Tomó aquel par y se lo pusó antes de encastrarse las botas.

Eran demasiado suaves.

Recordaba con nostalgia como Luigi cuidaba de su ropa, y era muy aficionado al suavizante. Mario en cambio, simplemente lanzaba la ropa sin miramientos a la máquina de lavado automático, sin preocuparse si sus atuendos iban a quedar suaves o en buen estado, mientras terminaran limpios.

Tal vez lo mejor era llamar a su hermano cuanto antes, o iba a comenzar a extrañar como hacía el café por las mañanas.

No era muy temprano, y el teléfono de Luigi fue respondido por un jovial "¿Alo?". Mario se alegró de que su hermano no se diera por vencido con su español, a pesar de que se sentía más a gusto hablando en italiano.

—Hola Luigi, soy Mario— El fontanero oriundo de Brooklyn no se sorprendió al escuchar los ladridos de la mascota de su hermano en el fondo. Polterpup solía ser extremadamente posesivo con su dueño, demandándole su constante atención con sus gracias —¿Cómo has estado hermanito?—

Bien, aquí tratando de entrenar a este travieso cucciolo*2— Luigi movió el auricular al otro lado de su oreja, para tomar uno de los huesos de oro de Polterpup y lanzarlo al otro lado de la habitación —Es un buen perrito—

—Supongo que podrías traerlo contigo cuando vayamos al palacio de Peach, creo que va a extrañarte demasiado si lo dejas solo en casa— Mario se preguntaba si estaba hablando más sobre el condenado perro de Luigi, o sobre sí mismo.

No creo que se buena idea, tengo miedo de que asuste a los invitados de la princesa— Luigi se había quedado callado por un momento. De seguro mirando con cuidado a Polterpup, mientras este rodaba en su espalada y jadeaba un poco, con la lengua hacia afuera —No importa lo lindo e inofensivo que sea, sigue siendo un fantasma—

Mario por un momento pensó que eso fue un poco insensible de parte de su hermano. No pudo evitar imaginar cómo sus ojos se habrían endurecido al decir esas palabras. Pero luego recordó lo mucho que Luigi le teme a los fantasmas, en especial a los boos ¿Por qué insistía en conservar a Polterpup? Él no le veía sentido —Bien, te espero en la plaza del este a las diez, recuerda que tenemos que ser suaves con los invitados...—

¿Cómo está Peach?—

Mario sonrió levemente al notar el cambio brusco de tema. Luigi no tenía deseos de hablar sobre aquel asunto, ni mucho menos pensar que iba a tener que actuar como guardaespaldas de la realeza, junto a su hermano. Si Peach no hubiera expresado su sincera preocupación en las cartas que le había enviado, de seguro que su hermano menor no se hubiera dignado en aparecerse.

—Creo que está a punto de sufrir un colapso nervioso, y lo malo es que no puedo hacer nada para ayudarla con su reunión, solo darle apoyo moral—

Y de seguro ella lo apreciará, no olvides hacerle saber que estaremos ahí— Luigi sonaba un poco preocupado, pero a la vez animado de que su hermano no se entrometa en lo que Peach tenía más experiencia y conocimiento —Nos vemos en un par de horas—

—Ciao, Luigi— Mario por poco se le escapa un "Te extraño, hermano", pero decide no decirlo, porque ya tendrán tiempo suficiente para ponerse al día.

Ciao

Mario colgó el teléfono y vio que Yoshi lo esperaba fuera de la casa. El dinosaurio habría presentido lo nostálgico que se había puesto últimamente, y se aparecía en la puerta de su casa para ver como estaba, por lo menos una vez a la semana. El fontanero admitía que le era difícil adaptarse a la ausencia de su hermano en su casa. La independencia tal vez estaba ayudando a Luigi a crecer, pero aún así, le seguía extrañando.

Mario supuso que podía invitar a Yoshi con unas manzanas y preguntarle cómo va todo en su isla natal, y así tener un poco de compañía en su solitario desayuno.

(…)

Polterpup aprovechó que Luigi colgó el teléfono para lanzarse sobre él y lamerle todo el rostro. El fontanero sonrió levemente, mientras palmeaba la cabeza de su mascota fantasma, y este le entrega el hueso de oro para que lo lance nuevamente.

—Lo lanzaré de nuevo si das vuelta sobre tu espalda— Negoció el joven fontanero.

El perrito fantasma dio una vuelta sobre su espalda, de forma adorable (Luigi tuvo que morderse el interior de su mejilla antes de decir "Aww!"), mientras sacaba la lengua a hacia afuera, llenando de gotitas de ectoplasma la alfombra de la sala.

Luigi estaba conforme con aquel avance, así que lanza el hueso al otro lado de la habitación. Polterpup salió disparado detrás de su juguete, moviendo frenéticamente sus pequeñas patitas en el aire. Mientras el cachorro estaba ocupado en su búsqueda, alguien había tocado el timbre de la casa.

Al abrir la puerta, el fontanero se encontró con el profesor E. Gadd. El anciano le sonrió con cierta complicidad, lo cual no paso desapercibido para el más joven de los hermanos Mario. Aquel científico tramaba algo, podía presentirlo.

—¿Debería preocuparme que sonría de forma tan sospechosa?— Luigi no se preocupaba por ser directo con E. Gadd, era más fácil tratar con él a diferencia de otras personas.

—No seas paranoico, hijo— El hombre sonrió ampliamente, y le dio una palmada a Luigi en su brazo derecho —Me alegra mucho que hayas decidido visitar el Reino Champiñón, necesitas cambiar de paisaje y broncearte un poco—

—Solo lo hago porque Peach está demasiado preocupada— Luigi no sabía porque estaba a la defensiva, ni porque sus mejillas se calentaron un poco. E. Gadd le recordó a su padre, tratando de avergonzarlo (sin intención alguna) cuando era adolescente —Aunque sigo sosteniendo que Mario puede ocuparse de cualquier eventualidad por si solo—

—¿En verdad lo crees?— E. Gadd inclinó la cabeza hacia delante, mirándolo con intensidad. Daba la sensación de que sabía algo que el joven fontanero desconocía.

Luigi estaba a punto de responder, cuando de repente, Polterpup se lanzó hacía él como una flecha, para devolverle el hueso de oro. El profesor E. Gadd le miró con algo de duda, al notar como el muchacho sostenía al perro fantasma delante de él. A un hombre ordinario se le hubieran helado los huesos de la mano, hasta el punto de la necrosis por congelamiento, sin importar que use guantes.

Elvin Gadd era muy observador, como todo científico, y no tardó en pensar en las posibles hipótesis que explicaran aquel fenómeno. Pensó por un momento que las dimensiones que Luigi había visitado mientras buscaba las piezas de la Luna Oscura, o el mismo contacto con aquella joya en su estado inestable, habían afectado su cuerpo humano.

"Interesante… ¿Qué tal si…?"

—¿Profesor? ¿Pasa algo malo?— Luigi le miró preocupado, pero el profesor negó levemente.

—Nada hijo, solo me preguntaba si pudieras hacerme el favor de llevarte algo cuando vayas al Reino Champiñón— El científico cambió de tema sin miramientos, y le mostró una mochila color verde oscuro, que parecía verse bastante ordinaria. Cuando Luigi la tomó en sus manos, pudo ver el circuito verde del Poltergust 5000 brillando con intensidad en su interior.

—Es una actualización del Poltergust 5000, solo que es mucho más portable— Explicó el profesor de forma coloquial, como si Luigi no se fuera a sorprender ante semejante aparato.

—Es más liviano…— Luigi se impresionó al sacar del interior de la mochila, el tubo de la aspiradora junto con las linternas intercambiables —…Realmente es más cómodo, pero el profesor Gadd, yo ya no lo necesito—

—Oh vamos, solo llévatelo y si llegas a ver un Boo, me gustaría que lo atrapes para probarlo— E. Gadd sacó un aparato más pequeño, con una brillante pantalla, indicándole a Luigi que estaba conectado al nuevo Poltergust —Toda la información nueva que adquieras y los Boos que atrapes serán registrados aquí—

—Usted se olvida que no me gustan los fantasmas— Luigi suspiró abatido, bajando los hombros deprimido.

—Entonces ¿Cuándo volverás?— E. Gadd cambió el tema de nuevo, sintiendo que no necesitaba escuchar los bien conocidos temores de su joven amigo.

—Creo que dentro de tres días, espero no tardar mucho más—

—Salir un poco te hará bien, has estado demasiado tiempo oculto en este lugar— El profesor se rió levemente mientras entraba a la sala, y se sentó en un cómodo sillón que estaba desocupado —Te has vuelto todo un ermitaño—

—No es cierto… Es que me gusta estar tranquilo, últimamente leo mucho y hago trabajos normales de fontanería— Luigi colocó la mochila "Poltergust" en su espalda, y se sorprendió por lo ligero que era. Iba a poder saltar como siempre, sin preocuparse por el contrapeso. Vio que Polterpup exigía su atención, y le acarició la cabeza mientras continuaba hablando con E. Gadd —Desde que llegamos de Brooklyn, siento que no hay lugar para mí en el Reino Champiñón, sinceramente no estoy seguro de si deba ir ayudar a Mario y a Peach—

—Buscar tu propio camino es esencial, ya sea para sentirte seguro o tener un propósito en la vida, pero cuesta mucho encontrarlo cuando sientes que perdiste el rumbo— E. Gadd se reclinó en su asiento, tocando la punta de sus dedos —Supongo que ya has reflexionado demasiado lo sucedido con el Corazón del Caos, ya es hora de que sigas adelante ¿No crees?—

Luigi no dijo nada, mientras recordaba lo sucedido con Dementio y el Conde Bleck. Finalmente, solo atinó a asentir levemente, ignorando el pequeño escalofrió que recorrió toda su columna. Daba miedo admitirlo, pero el camino que había escogido cuando era apenas un adolescente y podía manipular una llave inglesa, sin que se le entumeciera la mano, había quedado atrás. Actualmente, debía pensar en cómo iba a ser su futuro, porque era imposible regresar a su mundo a estas alturas y no iba a poder aspirar a ser como su hermano.

Mario tomó la decisión de proteger el Reino Champiñón y era muy bueno en ello, pero Luigi sentía que no encajaba en el molde de héroe y leyenda viviente que ya era su hermano. A decir verdad, no sabría qué hacer con tanta atención y presión hacia su persona, más considerando sus acciones pasadas.

— Polterpup, cuida bien del profesor mientras no estoy, regresaré pronto— Luigi rascó con amabilidad las orejas de su pequeña mascota fantasma. Un aullido de tristeza fue emitido por el cachorro, que lamió la mejilla de su amo como despedida.

—Buen viaje, hijo— Saludo E. Gadd desde el sillón, mientras Luigi le dedico un ademán con su mano derecha y abandona su hogar, para dirigirse con paso firme al Reino Champiñón.

(…)

—Así que… este es el famoso Reino Champiñon— Una misteriosa mujer oculta en entre las ramas de un gran árbol, observaba con un par de binoculares la ciudad donde se encontraba el castillo de la familia Toadstool. Hablaba a un pequeño comunicador color negro, que podía confundirse con un broche de adorno, prendido en la solapa de su traje negro.

"Informe de perímetro, Eris" Reclamó una autoritaria voz desde el pequeño aparato transmisor.

—Todo en orden señor Borsalino, los toads no parecen ser una amenaza para el príncipe y no hay disturbios en los alrededores— La mujer sonaba un poco animada con lo último.

"Con que son pacíficos ¿Eh?" Borsalino sonaba un tanto decepcionado al otro lado de la comunicación.

—Es como estar en casa— Ella parecía divertida molestando al pobre sujeto —Este Reino me cae bien—

"No te confíes demasiado, debemos tener cuidado de Bowser y las amenazas de Reino Oscuro ¡Alerta máxima en todo momento, Eris!"

—Seh— Eris, que estaba bajando del árbol para correr hacia la ciudad. Parecía estar más preocupada por infiltrarse de incógnito que cualquier otra cosa. Su ropa no la ayudaba, era plena luz del día y vestía por completo de negro, incluyendo su sombrero de copa.

Pero el desafío de intentarlo lo hacía más divertido.

—Dígale al príncipe que he llegado a salvo al Reino Champiñón, y que le comprare un recuerdo en la tienda de regalos—

"¿Tienda de Regalos? Espera Eris, n…"

—Eris fuera— La comunicación se cortó y la joven mujer le sonrió con algo de picardía a la ciudad a la que se dirigía. Era el momento de comprobar si podía burlar la seguridad de aquel sitio.

(…)

TBC

1*Tierra Oscura: Traducción directa de "Dark Land"

2*cucciolo: Significa "cachorro" en italiano.