Aclaración:
Ø Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Un poco —demasiado—
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Todavía le parecía un poco —demasiado— extraño encontrarse ahí. En una habitación de hotel, acostado a lado de Hinata Hyuuga.
Llevaba ya varias horas mirando el techo de aquella habitación en penumbras. El hecho de estar ahí no tenía ni pies ni cabeza, al menos para ese rubio ceñudo que aun trataba de entender lo que había… no, lo que estaba pasando.
Ella era una chica linda, muy linda. Físicamente era alguien que provocaba miradas furtivas y suspiros soñadores, su rostro tierno y sonrojado la mayor parte del tiempo, reflejaba una inocencia y pureza muy poco comunes para una chica de 24 años.
Naruto, —como era que se llamaba aquel rubio— la conocía de prácticamente toda la vida, podía decir con franqueza que era alguien importante para él y que la apreciaba, aunque… nunca habían sido realmente cercanos; algo en ella lo hacia mantener su distancia. Como una advertencia implícita en esos enormes ojos aperlados que lo miraban con demasiada emoción cada que se encontraban en algún lugar.
Claro que ahora, entendía de que iba la advertencia.
Reconocía que había sido muy lento, demasiado, pero no fue hasta que la bomba exploto en su cara que entendió el significado de la mirada vehemente que ella siempre le dedicaba.
Giro con cautela su rostro para poder mirar el perfil de ella. No tenia la certeza de que estuviera dormida. Sin embargo, aunque conocía la razón por la que al desaparecer la luz, el silencio se había adueñado del lugar, no se sentía cómodo con ello.
No se sorprendió cuando noto que ella no estaba dormida, y que incluso había girado su rostro al mismo tiempo para mirarlo.
Su perfil se definía a pesar de la oscuridad; hermoso, sosegado y valiente. Por lo que con lo único que alcanzo a escudarse fue una sonrisa que tenía tanto de precavida como de vacilante.
Ella igualo su gesto con ternura. Todavía le parecía un poco —demasiado— extraordinario encontrarse ahí. En una habitación de hotel, acostada a lado de Naruto Uzumaki.
Llevaba varias horas mirando el techo de aquella habitación en penumbras. Aun se sentía aturdida. Las imágenes de ella confesándole su amor. La sensación tan similar al vértigo, cuando casi susurrando le contó que cada día le escribía un poema de amor. Y además de eso; su arrebato. El ímpetu desesperado que broto desde lo más profundo de su corazón cuando le dijo que acaba de ganar un concurso de cartas de amor con una de las que le había escrito a él.
La sorpresa en su mirada…
La conmoción en su sonrisa…
Él aceptando compartir el premio… —unos días en un hotel en Monte Myōboku para dos personas—, todo eso, el conjunto en sí, era más… muchísimo más… que todos los más del mundo.
Naruto era el chico más genial en el universo entero. Ciertamente ella lo pensaba así. Físicamente; su cabello rubio, sus ojos azules y su sonrisa perfecta lo hacían el príncipe ideal de cualquier cuento de hadas. Sin embargo para Hinata, la verdadera belleza de aquel sujeto estaba muy lejos de ser su rostro. Era el muchacho más amable, divertido y compasivo que había conocido jamás. Le conocía de prácticamente toda la vida, por lo que sabía que su simpatía y sus buenas costumbres no eran ninguna pantalla sino, la mismísima esencia de su personalidad.
Sin embargo, a pesar de todo, Hinata no se engañaba, sabía que existía algo raro en su relación. Nunca habían sido realmente cercanos. Naruto había marcado un límite entre ambos; si ella necesitaba ayuda con su mudanza, ahí estaba él. Si necesitaba que alguien la recogiera en la noche, el estaba también. Pero si el asunto se trataba más bien de un café o de algunas horas de charla, el no estaba ahí.
Sabia que estaba despierto, sentía la tensión de su cuerpo a escasos centímetros del de ella, y el silencio que se había adueñado de la habitación se sentía antinatural, —Naruto no era una persona silenciosa—, por lo que a pesar de haber intentado no pensar en eso, Hinata se preguntaba las razones por las que él había aceptado ese viaje. Pues a todas luces él no tenía intenciones románticas.
Cuando lo sintió moverse, giro su rostro en su dirección. Su sonrisa le causo una tremenda ternura. Era en comparación de las que le conocía, pequeña y temblorosa, casi demasiado tímida para él.
Ella sonrió en respuesta. Estaban ahí. Juntos. Y se dejaba de llamar Hinata Hyuuga si no hacía valer esos días.
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Hola, si ya llegaron hasta acá ;) bienvenidos y gracias de corazón por pasar a leer.
Esta historia sera cortita. Espero que les guste.
Saluditos, nos andamos leyendo.
