Este fic incluye lemon, espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.


-Desfloración-

Él era guapo.

Más que guapo: podía decir que era sumamente atractivo.

No pudo notarlo la primera vez que lo vio, cuando los presentaron. Estaba tan nerviosa que no fue capaz de dirigirle más que un par de miradas. Pero ahora a la tenue luz cálida, mientras él se desnudaba para ella, la sensualidad de su cuerpo la dejo sin aliento. Casi se sintió afortunada de que perdería la virginidad con él.

Primero cayó la camisa, luego los pantalones. Sonrojada esperó a que se quitara el ceñido bóxer, deseosa de saber si su vello seria del mismo color plata de su cabello, pero él se detuvo y la miró.

Era el turno de ella.

La tomo por la cintura, mirándola directamente a los ojos. Había algo salvaje en el dorado de sus pupilas, algo brusco en sus movimientos. En la forma en que empezó a manosear sus pechos.

Noto que no estaba respirando cuando él la volteo y perdió el contacto con su mirada. Por un momento se había perdido en él, olvidando donde estaban y qué debían hacer.

Él acercó a la joven, pegando la espalda femenina a su pecho.

Kagome trago duro. Sabia lo que venia y aunque se había preparado para esto durante semanas, repitiéndose a si misma que no sería tan difícil, estar ahí era algo completamente distinto.

—Relájate —ordenó la voz detrás de ella, muy cerca de su oreja. —Voy a quitarte la ropa. —su tono fue demandante y tosco, como él. Aun así, encontró amabilidad en sus palabras.

La chica miro a su alrededor, consciente de los dedos que desataban el moño de su blusa. No podía ver a nadie, pero sabia que eran observados. Su público estaba oculto detrás de los espejos que rodeaban el salón. La elite social que disfrutaba de tales placeres como la desfloración de una joven, lo hacía en el completo anonimato. No podía ver ningún rostro desconocido observándola en tan intima situación, solo su propio reflejo siendo despojado de sus ropas. Aún así, la idea de que estuvieran mirándola justo ahora era... perturbadora

La habían vestido con un uniforme escolar, uno bastante parecido al que ella misma usaba hace tan solo un par de años. La joven estudiante que era profanada por un hombre, era la fantasía por la que su público estaba pagando y ella había aceptado.

El sujeto al que apenas conocía quito finalmente el brasier dejando libres sus firmes senos. Gimió cuando él los masajeo, apretó y pellizco sus pezones. Era la primera vez que la tocaban de esa forma y se maravilló ante las sensaciones. Apretó sus piernas, sintiendo la humedad entre ellas.

Inuyasha mordió el lóbulo de su oreja, su cuello y su hombro.

Se sentía tremendamente avergonzada y a la vez fascinada. ¿Qué clase de espectáculo estaba dando?

Su falda cayó al suelo y fue palpada por sobre su húmeda braga. Aún por sobre la ropa interior, los dedos de Inuyasha recorriendo su intimidad eran exquisitos.

Su pezón izquierdo estaba siendo apretado y las mordidas de su cuello se turnaban con besos húmedos. Los ruidos que salían de su boca la avergonzaban, pero no podía evitarlo, incluso las piernas comenzaban a temblarle.

Kagome ya tenia la edad suficiente para haber explorado los placeres de su cuerpo por sí misma, sabia como complacerse, donde tocarse, pero esto era una experiencia completamente distinta. Sentía que podría venirse en cualquier momento y él apenas la estaba acariciando. Inuyasha la volvió a morder provocándole un placentero escalofrío en la espalda.

—Voy a prepararte ahora. —Susurró él. — No te asustes.

Había algo en el tono de su voz, algo rasposo, un poco tosco, pero a la vez suave. Y era sumamente sensual.

La mano se coló entre sus bragas y Kagome suspiro. Los dedos recorrieron sus pliegues, se empaparon en sus fluidos y la profanaron con suavidad. Primero entro uno, luego el otro. La joven se mordió los labios, soportando la exquisita invasión. Estaba tan húmeda que se desplazaron fácilmente.

Un vistazo alrededor le dio una panorámica de sí misma.

Desde todos los ángulos los espejos le devolvían su propia imagen y a la vez la hacían sentir fuera de ella, como si fuera otra la chica en medio de la sala. Otra joven padeciendo los placeres de esas manos grandes y expertas. Otra voz la que escuchaba disfrutando de los dedos que la penetraban y se abrían dentro de ella.

No lo había notado, pero sus piernas estaban tan débiles que estaba cargando la mayor parte de su peso en la espalda del hombre, así que no tardo en sentir la protuberante dureza masculina contra ella. Eso entraría en su cavidad y el pensamiento la asustó. Los dedos se sentían tan apretados en su vagina… ¿Podría soportarlo? ¿Sería doloroso?

Los dedos la abandonaron y sólo entonces se dio cuenta que estaba parada de puntillas. Inuyasha la volteo con brusquedad. Sus miradas se encontraron nuevamente y volvió a perderse en el dorado. Las facciones de Inuyasha eran firmes, su mandíbula definida y masculina, sus cejas gruesas, contrastando con las larguísimas y tupidas pestañas negras, casi femeninas. De cerca parecía mucho más joven. Quizás lo era.

Y él estaba sonrojado, su respiración estaba tan agitada como la suya.

Le pareció irresistiblemente guapo. Y lo deseo como nunca había deseado a alguien.

Inuyasha la tomó de los glúteos y la elevo como si fuera tan liviana como una pluma. Kagome lo rodeo de inmediato con sus brazos y sus piernas.

Entonces sus bocas se unieron. Él le metió la lengua y ella supo que así era como se debían besar los amantes.

Gimoteo entre los húmedos besos cuando le froto su duro órgano en su entrada.

Él caminó con ella, sin dejar de devorar su boca y la tendió en la cama en el centro de la habitación.

Le quito las bragas, dejándola completamente desnuda y le separó las piernas.

Kagome apartó la mirada, ocultando su rostro en su brazo llena de vergüenza. Sabia que él la estaba mirando, que todos los estaban mirando. Y también sabia lo húmeda y enrojecida que debía estar.

¿Su cuerpo desnudo y abierto complacía a sus espectadores? ¿Disfrutaban ver a Inuyasha poseerla? ¿Podría ser capaz de disfrutarlo ella?

La respuesta llegó cuando sintió los húmedos labios en el interior de sus muslos, la boca siguió su camino y terminó en su palpitante vagina. La lengua la devoro de la misma forma en que lo había hecho con su boca y quiso gritar.

Tuvo el impulso de apartarlo y a la vez de empujar sus caderas hacia su boca. Todo con igual intensidad.

La lengua jugueteo con su clítoris y Kagome gimió lastimeramente.

El placer era una sensación curiosa. Era tortuoso y delicioso. Tenia la necesidad de rogarle que acabará, que la colmará con algo que no sabia que era.

Pero finalmente llegó. La liberación explosiva y exquisita de su tortura.

El mundo desapareció

Kagome gritó y tembló ante la fuerza de su primer orgasmo.

Apenas fue consciente del suave ruido del sobre del condón al romperse ni de como Inuyasha la tomo como una flácida muñeca y la sentó sobre su regazo. Sintió el duro pene bajo ella y dio un respingo asombrada.

La volvió a dejar de espalda a él, expuesta a los espejos, al público. Entendió que de esa forma todos podrían ver mejor su desfloramiento.

Las manos le apresaron los pechos y los dedos torcieron sus pezones, luego bajaron a sus caderas, obligándola a rozar su intimidad con la de él y bañar con sus jugos la verga envuelta en látex.

—Voy a meterla ahora —dijo él contra su hombro. Fue leve, pero notó la urgencia en su voz— Lo haré despacio.

Le levanto la cadera y acomodo la punta del pene en su entrada, pero Kagome quiso decirle que parara, que no estaba lista, que quería mirarlo a los ojos mientras la penetraba.

Pero la idea abandono su mente cuando lo sintió hundirse en su vagina.

Tiró la cabeza hacia atrás y grito con dolor. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

Todo en lo que podía pensar era en la enorme dureza empalándola, partiéndola. Era demasiado grande para ella y le resultaba casi insoportable. Inuyasha suspiro pesadamente en su hombro cuando se introdujo hasta la base.

—Estas condenadamente apretada— Dijo él y Kagome deseo con todas sus fuerzas poder ver su rostro ¿Era tan doloroso para él como para ella? ¿Estaría disfrutándolo?

Con morbosa curiosidad bajo la vista viendo claramente el punto de su unión, hinchado y húmedo. Entonces Inuyasha tomo sus caderas y las elevo hasta casi salirse de ella, obligándola a gemir. Inmediatamente después, volvió a hundirse con suavidad, tal como prometió.

Repitió el movimiento, entrando y saliendo. Penetrándola despacio, una y otra vez, hasta que su cavidad se acostumbro a la intrusión, deseando más, volviéndola loca.

—Inu-Inuyasha— llamó ella entre sus incontrolables gimoteos.

Estaba tan mojada que podía oír el chapoteo de sus jugos al unirse, cada vez con más velocidad y fuerza.

Asombrada de la propia necesidad que crecía en ella, comenzó a empujar sus caderas hacia abajo, provocando más suspiros agitados en su hombro que se convertían rápidamente en roncos gruñidos.

Perdida como estaba empalándose en el enorme órgano, creyó escuchar un ahogado Lo siento entre medio de los gemidos que salían sin cesar de su garganta.

Lo siguiente que supo es que Inuyasha la había empujado hacia adelante sin ninguna delicadeza, obligándose a aterrizar sobre sus codos en el colchón. La penetro con brutalidad, marcando un ritmo que no podía mantener. Todo lo que pudo hacer fue sollozar enloquecida aferrada a las sabanas, sintiendo todo su cuerpo mecerse ante la fuerza con la que él movía sus caderas.

Casi le parecía una estupidez que hace unos minutos atrás sentirlo dentro fuera doloroso.

Ahora sólo quería gritarle que siguiera, que la llenara hasta el fondo, hasta ese núcleo misterioso en su interior que expandía el éxtasis por todo su cuerpo.

Inuyasha volvió a apresar sus senos, provocando que se estremeciera, y la obligo a ladear el rostro para besarla. Kagome gimió su nombre en su boca, suplicante, antes de que una última y salvaje embestida la hiciera explotar.

Soltó un grito intenso mientras su cuerpo tembloroso se desplomaba en delicioso alivio. Sintió a Inuyasha tenderla de espaldas para arremeter contra su dolorida vagina un par de veces más.

Pudo ver sus oscurecidos ojos cuando él se vino. El hombre de cabellos plateados mordiendo sus propios labios para contener el grito de su éxtasis, sería una imagen que jamas olvidaría.

Aún con los cuerpos temblorosos sus miradas se encontraron en silencio, olvidando donde estaban y compartiendo el extraño e intimo momento juntos. A Kagome le dolió la idea de no volver a verlo.

Inuyasha tomó sus labios por última vez y las luces se apagaron, indicando el fin del espectáculo del que habían sido protagonistas.


No se porque, pero octubre se volvió caliente y se me vinieron muchas ideas apasionadas de estos dos (y unos cuantos personajes más) así que espero estar dejándoles alguna que otra historia cortita pronto. Aunque considerando que en esta me tarde varios días, quizás no sea tan pronto...

pero bueno, si les gusto, quieren más, tomates para mi o lo que sea; las leo en los reviews!

Gracias por leer y feliz verano!