Un mundo ideal.
...
O de cómo tus instintos pueden cambiar con tan sólo una mirada.
Dorian no podría decir que era una persona benevolente, de hecho, el placer que le invadía cuando mataba a alguien era tan gratificante que sólo podía pensar en su próxima misión para poder hacerlo de nuevo.
Era el General del Ejército, él se encargaba de las misiones más difíciles y confidenciales cuando sabía que no podía hacerlo otra persona. Ahora, con la misión de capturar a uno de los grandes líderes terroristas, Dorian sólo podía pensar que haber entrado al ejército sólo era un mero capricho de sus instintos, todo con el fin de tranquilizar la sed de caza que corría por sus venas.
Los disparos se escucharon a la distancia. Él sacó su arma y corrió a la pequeña guerrilla que estaba teniendo lugar frente suyo. Habían ido a una lucha contra Afganistán, nada nuevo contando que Estados Unidos se había metido a la disputa. ¿Objetivo? Ganar terreno. ¿A qué costo? Cualquiera.
Por eso estaba Dorian ahí. El mejor de los mejores, puntería certera y unos nervios de acero. Cualquier misión que implicara matar, era seguro que él estaría ahí para apoyar.
Miró a su alrededor. Las pequeñas casas a su alrededor no importaban, era un barrio bajo y la mayoría de las personas que se encontraban viviendo en esos sitios ya se habían encargado de refugiarse en otro lado... al menor eso pensó antes de que un grito se escuchara dentro de una vivienda.
No estaba lejos de él y, dado a los gritos que sobresalían del lugar, Dorian podía predicar que nada bueno estaba ocurriendo. Bien, estaban en medio del fuego cruzado, nada debía ser bueno iniciando con eso. Desvió su paso hasta llegar a una de las casa a su derecha. Los disparos parecían estar entretenidos en otros objetivos, eso le facilitaba más las cosas a Dorian, quien, con una dura patada, abrió la puerta de par en par sin mucha ceremonia.
Era una pequeña casa nada amueblada, algunas mantas sucias y ensangrentadas se encontraban decorando los rincones por ahí y por allá. Había un pequeño hueco en la pared que hacía la función de puerta, la cual daba a una habitación más, claro, no pudo acercarse cuando dos sujetos salieron por ésta con arma en mano.
Sonriendo, Dorian acabó con ellos con dos rápidos y precisos disparos. Definitivamente no tendría ningún reto en ese lugar, pero su instinto le decía que entrara más y se asegurara que todo estuviera bien.
A veces, los instintos podrían ser aquello que te salvara la vida cuando todo era tan impreciso.
Pasó a la habitación y, con arma en mano, recorrió cada esquina para que no pudiera tener sorpresas después. La habitación contaba con un escritorio nada utilizable, el cual tenía una bomba con cronómetro. Dos minutos y contando.
Un murmullo/grito se escuchó por la habitación. Un golpe proveniente del escritorio llamó la atención de Dorian. Caminó con cuidado y, con un rápido movimiento -porque sí, todo debe ser rápido y certero en momentos como ésos- rodeó el escritorio y apuntó el hueco de éste con su pistola.
Un joven se encontraba sentado en el suelo, sus manos y piernas atadas, sus ojos y boca tapados por trozos de tela que le impedían ver o hablar. Un grito lastimero salió de la garganta del amordazado y Dorian sólo pudo pensar en las razones por las que la persona frente a él podría estar en esas condiciones. Aunque, si debía ser sincero, lo que más le sorprendió fue la urgencia y preocupación que le consumieron las entrañas, no sabía porqué no sentía lástima por la patética imagen, pero tampoco se iba a quedar analizando.
Guardó su arma y se agachó para poder ayudar al joven de cabello azabache. Primero quitó la venda de los pies para seguir con las manos (las cuales también estaban agarradas a sus piernas), no le importaba mucho la boca y los ojos, el joven podría quitarse las vendas luego. Por más que su curiosidad le gritase que los destapara, en ese momento lo importante era alejarse lo más rápido posible y, si la bomba no era tan potente, tendrían un poco de suerte que ésta no les dañara tanto.
Ayudó al azabache a ponerse de pie y corrió agarrando con su otra mano su arma anteriormente guardada. Como supuso, el azabache ya se encontraba quitándose la tela que le tapaba los ojos mientras hacía el mayor de los intentos para no caerse.
Salieron de la casa y Dorian empujó al joven para que estuviera frente a él. Era más pequeño y eso le permitía cubrirlo con su cuerpo. El trabajo de Dorian era matar y cubrir a los suyos, su especialidad no era el rescate y, por más egoísta que se escuchara, prefería ser de las personas que sobrevivían que a las que morían en medio del peligro.
Pero no podía sentir ese egoísmo cuando el cuerpo del azabache se refugiaba con temor contra él.
—¡Retirada! —gritó. Nadie dudó de sus ordenes y, por su urgencia al andar, comenzaron a correr mientras disparaban ocasionalmente a los del bando contrario.
Dorian creía que los del otro bando podrían haber sacrificado sus vidas sólo porque eso significaría acabar con la de ellos al mismo tiempo, pero, al ver que se retiraban, sus enemigos también hicieron lo mismo con menor rapidez y sin importarles que la bomba pudiera acabar con ellos, casi como si estuvieran esperando por eso.
—Corre —susurró en el oído del joven y éste también cumplió con su orden.
Sus hombres les cubrían disparando hacia atrás. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? No lo sabía, pero sus instintos le gritaban que era lo suficiente como para que ya se tiraran al suelo.
—¡Bomba! —fue lo último que dijo cuando todos sus hombres se arrojaron al suelo.
Dorian arrastró consigo al joven y lo cubrió con su cuerpo, pero tal parecía que no era el mismo en pensar eso.
—¡Henry! —el nombre salió de uno de sus hombres. Amos Huffle, si mal no recordaba.
El joven Teniente que les acompañaba en esos momentos se acomodó sobre ellos. No podía estar seguro, pero el joven bajo él parecía haber gritado el nombre del castaño al mismo tiempo que la bomba se activaba metros atrás.
Sus oídos retumbaban, pero sólo pudo agradecer porque la bomba no parecía ser lo suficientemente fuerte como para destruir más de unos pocos metros a la redonda... pero tal vez hubiera sentido más el golpe de no ser por el teniente Huffle, quien se había encargado de protegerlos... ¿o proteger a Henry?
Levantó su mirada y sólo pudo ver unos ojos terriblemente hermosos observando a su alrededor con confusión, tal vez mareado por las sensaciones que estaba teniendo en esos momentos, para Dorian era más fácil componerse después de una bomba, pero el joven no tenía la preparación militar requerida.
—¿Estás bien? —se obligó a preguntar, tratando de no distraerse por esos ojos verdes.
Un asentimiento fue su respuesta.
—¿Amos?
Dorian usó un poco de fuerzas para que el joven sobre ellos se retirara, pero el peso sobre él parecía casi... muerto.
—¿Amos? —volvió a preguntar el joven.
Cuando se pudieron separar el uno del otro, Dorian pudo saber quién era el joven al que había salvado. Henry Evans, hijo del representante del parlamento, Charlus Evans. El joven había estado desaparecido desde hace dos semanas, un supuesto secuestro.
Henry se acercó al Teniente y acarició su cuerpo con delicadeza, casi como si quisiera saber si se había lastimado gracias al impacto. Tom no tenía tiempo para eso, así que se hincó para ver el lugar donde anteriormente se encontraban sus contrincantes, pero sólo encontró escombros y restos de unas casas en medio del camino. Esperaba que ningún soldado se encontrara bajo todo eso.
La ayuda no tardó en llegar y, con eso, su vía de escape para dar por terminada esa guerrilla.
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Se había arreglado para recibir una medalla a causa de sus heróicas acciones. Dorian pensaba que todo eso fue arreglado por Charlus Evans para darle las gracias por haber salvado a su adorado hijo... y, hablando de Henry Evans, el General podía entender bien porqué el joven causó tanto alboroto por su desaparición. El ojiverde era jodidamente amigable y entrañable una vez que le conocías.
Dorian se había encargado de estar con Harry en todo momento hasta que llegaran a Inglaterra y el menor pudiera estar en los brazos de su familia. Si bien había querido estar con él en todo momento, no tuvo que expresar sus pensamientos cuando el joven parecía regio a hablar con otra persona que no fueran el ojiazul. Eso alimentó un poco la posesividad que empezaba a surgir dentro de Dorian, pero no dio ningún comentario al respecto.
Después de haber llegado a Inglaterra, los dos se habían separado después de unos minutos, Dorian debía dar un reporte de los acontecimientos y Henry debía recibir el cariño que su familia no le había dado en tanto tiempo. Claro, eso no quiere decir que no se volvieran a ver.
Para su suerte, Henry se encontraba dando visitas regulares a su amigo de la infancia, Amos Huffle, quien había estado más que dispuesto a perder su vida sólo por salvar la de su pequeño hermanito, palabras del Teniente.
Dorian no tenía ningún tipo de cariño por Amos, pero que fuera a visitarlo en los momentos que Henry se encontraba ahí era por pura casualidad... Cosa que comprendió el castaño rápidamente y siempre hacía algo para que Henry y Dorian terminarán enfrascados en una tranquila conversación.
Ahora, regresando al hecho de que recibiría su medalla, Dorian estaba seguro que Henry se encontraría en las primeras filas, al lado de su padre. No que hubiera preguntado, claramente.
Mientras sus honoríficos eran mencionados y la causante de poder recibir esa medalla (algo sobre salvar la vida de un civil y salvaguardar también la de sus compañeros por sus habilidosos reflejos) Dorian se encontraba parado firmemente mirando a las personas. Justo cuando le colocaron su medalla, el General pudo ver al joven de ojos verdes en la segunda fila, quien se encontraba aplaudiendo y, después de notar su mirada, sonriendo con algún extraño cariño que Dorian nunca había recibido.
Y fue con eso, con la mirada de Harry en la suya, que su mente no pudo dejar de pensar en que, aún con su sed de sangre latiendo en las puntas de sus dedos, sólo lo convertiría en una herramienta para poder llegar a tener un mundo ideal. Un mundo donde Henry mereciera vivir. Un mundo que le permitiera estar con él.
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La puerta tras de él fue abierta después de unos ligeros toques. Dorian miró hacia atrás frunciendo el ceño, pero toda su molestia (y los posibles pensamientos de que la persona era completamente descortés por entrar sin permiso) se fueron cuando vio esos ojos verdes que tan distraído lo tenían últimamente.
—General Holmes —saludó con respeto Henry—. Es un placer verle.
—Lo mismo podría decir, joven Evans. Toda una sorpresa. —el nombrado sonrió con alegría y Dorian casi podría jurar que la habitación parecía tener más luz después de eso— ¿Cómo está el teniente Huffle?
—Ya casi está listo para que lo avienten de nuevo a una misión... sus palabras —dijo el joven levantando sus hombros mientras se acercaba a él—. ¿Cómo ha estado usted?
—Acabo de recibir una medalla que hará compañía a todas las demás que tengo, irradio de felicidad. —su voz monótona y mirada sería hicieron reír a Henry, pero toda máscara que hubiera puesto el General cambió por completo al escuchar esa risa— Supongo que no viene aquí por un simple saludo.
—Oh, ¿no puedo venir a saludar a mi salvador? —el General levantó una de sus perfectas cejas ante la pregunta— Bien, bien. Vine a despedirme.
—¿Despedirte? —la urgencia en su voz fue camuflajeada por curiosidad. Dorian agradecía que el joven no se había dado cuenta de eso.
—Sí, regreso a Irlanda del Norte —anunció comenzando a jugar con sus manos.
Cierto, que el padre de Henry fuera parte del Parlamento del Reino Unido no implicaba que debieran vivir exactamente en Inglaterra. Henry pareció leer sus pensamientos (si hubiera una persona capaz de leerlo a la perfección, tal vez podría ser Henry), porque comenzó a explicarse.
—Amos era mi vecino de niño, convivimos juntos hasta que él decidió viajar para unirse a los grandes cargos del ejército, fue así como terminó aquí...
—Y tú te quedaste en Irlanda —terminó suspirando. Henry asintió mordiéndose el labio inferior. Jodido Evans que no sabía lo que eso causaba en él...
Tal vez el joven ni siquiera hubiera pensando en todas las cosas que Dorian quería hacerle, tal vez sólo pensaba en acercarse a su salvador para agradecerle lo que había hecho por él y, después, irse de su vida como la mayoría lo había hecho, al final, era su deber salvar personas. Después de todo, las relaciones amorosas entre dos personas del mismo género no eran para nada bien recibidas para la sociedad.
—Quería saber si me podría pasar la dirección de donde suele estar —murmuró el joven y todo pensamiento pesimista se esfumó después de ver el tierno sonrojo en sus mejillas—. Me gustaría seguir en contacto con usted... ¡pero si no se puede o le incómodo está bien! Yo lo comprenderé y...
Dorian decidió callarle acariciando su cabeza con cariño, deslizando su mano tranquilamente hasta llegar a su mejilla. Los dos quedándose viendo por un largo momento.
—Sería un placer —aseguró Dorian segundos antes de separarse y dirigirse al escritorio para comenzar a escribir la dirección del cuartel general en el que siempre se encontraba—. Se le extrañará por acá, Henry. —y le dio el papel, casi queriendo que el ojiverde decidiera quedarse a su lado.
Claro, eso no pasaría porque: Primero, tenía una vida en Irlanda del Norte; Segundo, estaba seguro que tendría mejores cosas que hacer; Tercero, y la última razón, es porque la sociedad les escupiría en la cara por eso... y su chico no lo merecía.
—También lo extrañaré, general Holmes.
Después de eso, Henry se acercó rápidamente a darle un suave beso en la mejilla y salir de la habitación corriendo, dejando a un Dorian Holmes completamente paralizado en su lugar.
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" Estimado general Holmes:
¿No se ha puesto a pensar que la vida sólo quiere darle la espalda? Me refiero, cuando puedes tener lo que más deseas, lo que más anhelas, siempre pasa algo que lo aleje de eso.
Tal vez sepa a dónde de dirijo, pero de verdad su presencia hizo que mi estadía acompañando a Amos fuera realmente placentera, espero encontrarlo en algún otro momento. Claro, si es que me lo permite la vida.
Si se lo pregunta, he estado bien. Padre sigue ocupado con su trabajo y madre es la única que me visita en casa de vez en cuando, me ayuda con la limpieza aunque le digo que la sirvienta lo podría hacer. De todas maneras, es divertido tenerla merodeando por mis alrededores, me hace sentir menos solo.
Amos también se ha contactado conmigo mediante cartas, aunque no es nada nuevo, desde que se fue lo hemos estado haciendo, pero ahora pareciera que nuestra amistad se fortaleció. Me felicitó por mi vigésimo cuarto cumpleaños, aunque, claro, hubiera sido mejor que lo hubiera podido ver.
En fin, espero que todo le esté yendo bien. Espero que no se olvide de nuestra promesa y vuelva sano de su misión.
Y recuerde, pueden que mis cartas tarden en llegar... pero no se alarme, aún con la distancia mi profundo cariño y agradecimiento serán dirigidos a usted. Seguiremos en contacto, sin importar la demora y las ansias que deba soportar para poder hablar con usted.
Pero no olvide, querido general Holmes, que nuestras almas pertenecen a una sola persona y que la mía ya encontró su dueño.
Siempre suyo:
Henry Charlus Evans. "
Dorian sonrió con tristeza cuando leyó la carta que el mensajero del campo le había entregado. Como Henry había dicho, se encontraba preparándose para su próxima misión. Habían compartido algunas pocas cartas para mantenerse en contacto, prometiendo que se reencontrarían de nuevo cuando la misión saliera bien.
Tal parecía que iban a esperar más tiempo de lo planeado para volverse a juntar.
"Pero no olvide, querido general Riddle, que nuestras almas pertenecen a una sola persona y que la mía ya encontró su dueño."
Vaya forma de declarar sus sentimientos, pensó Dorian, pero no era nada que él no sintiera también.
No importaba cuánto o qué pasara, juraba que Henry y él iban a acabar juntos.
