"Ya es tarde para volver"
"Tu voz en el mensaje, me pide que te hable, pero puede que sea tarde para cuando me escuches"
Era demasiado tarde para que Onodera Ritsu quisiera mantenerse a lado de Takano, quien había sido su primer amor y, bueno, su primer todo.
Su relación no había resultado ser como la esperaba, tal vez por el choque de sus personalidades opuestas, tal vez los mimetismos de cada uno convergían para mal y no estaban destinados para estar juntos. Por la razón que fuera, él no era el indicado para hacerlo feliz.
La voz de Takano se repetía en el buzón de voz, pidiéndole volver, intentarlo las veces que fueran necesarias. Literalmente, le estaba suplicando su regreso.
Él, con el corazón duro, estaba envuelto en una crisálida que se desmoronaba con el sonido de su voz grave. Se oía dolido.
Onodera tuvo suficiente de ese amor retorcido y tóxico.
Bloqueó el número de Takano, desechó los pequeños artilugios que poseía de este hasta quedarse despojado de sus pertenencias, desnudo y frívolo como un anécdota sin fin.
Lloró amargamente hasta quedarse dormido, agotado de lágrimas qué derramar, de palabras qué decir y de besos qué dar; su cuerpo dolía mucho y pesaba como si tuviera encima una gran carga oprimiéndole el pecho y el mundo entero en un vaivén.
Amaneció de mejor humor, con el sol nublándole los párpados abotagados y el cuerpo ardido en quemaduras del mismo dolor, provenientes de la misma persona.
El sonido de sus pies al levantarse del suelo, sus ojos rojos de tanto llorar le daban un aspecto deprimente y desolador, de la persona que se hizo a causa de su supuesto amor.
Se suponía que ese amor lo sanaría de sus antiguos dolores. Se suponía que sería feliz siempre. La palabra se le quedó en el aire… en un cruel suponer.
Echó un leve soplido, envuelto en su expresión de suspicacia y el típico ceño fruncido que se le caracterizaba.
Tomó una ducha, al igual que una decisión: dejaría a Takano de por vida.
Ya no más Masamune Takano, no más "esto no es amor", no más de esa persona tan tóxica.
El resto del día se dedicó a romper documentos viejos, papeles, adornos innecesarios que se arrimaban en su departamento de manera hostil, ropa del trabajo, fotografías donde salía Takano y memorias tormentosas que lo sobornaban con volver a él.
Sacudió la cabeza, convencido de que su decision era la mejor y no podía sufrir por amor, si no creía en los finales felices, los besos perfectos, el momento conciso en que las palabras se proclamaban, las falsas promesas, las ilusiones destrozadas, el orgullo inconmensurable, el ego que invadía la relación entre ellos.
No debió haber confiado en Takano por segunda ocasión.
Fue un error.
Un completo estúpido.
Lloró amargamente hasta quedarse dormido en una esquina del departamento, con el frío de las paredes siendo su pequeño regocijo de calor, la luz de la luna tan hostil a las premisas del amor ilusorio. Amor que tan ciegamente creyó advertir jamás volver a caer, y terminó cayendo como un estúpido.
El error fue haberse enamorado de Masamune Takano en preparatoria, pero el peor error que hizo fue haber caído dos veces, con el mismo hombre! Se repitió: el mismo hombre!
Su mente le jugaba bromas pesadas, incluso estando dormido, porque no paraba de restregarle imágenes de Takano con mucha libertad, sin ahíncos de absolutamente nada.
Nada…
Necesito olvidarme de Takano.
No, retiro lo dicho, echó un soplo de aire fresco aquella dulce mañana en que el sol le daba la bienvenida a su nueva meta, o mejor dicho, nueva etapa.
Puedo olvidarme de Takano.
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PD. (Mención a la canción "Perdonar es divino" de Gustavo Cerati)
NOTA: Nueva Historia, nuevo proyecto, nueva idea. Esperando que sea del gusto de los lectores...
Tomé la ruta de las canciones tal como lo hago con "Las canciones que definen nuestro amor" que la historia gira en torno a la música, pues en este lo quise hacer de esa manera pero con otra trama. Me tardé en subirla porque me daba miedo publicarla y que no les gustara o que a mi, incluso no me gustara.
