Vanidad

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Los personajes usados le pertenecen a Koyoharu Gotōge NO a mí. La historia SÍ es mía y NO la pueden copiar.

OoC tal vez.

ONESHOT.

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Shinobu dejó a un lado el libro que estudiaba y prefirió colocar atención en la fémina que vagaba por la habitación. Entrecerró los orbes de manera suspicaz.

—Ara, ara~ ¿de casualidad Mitsuri usa perfume? —preguntó sonando casual, adornando una sonrisa de medio lado. Clavó la mirada en la chica de cabello rosado, quien claramente descolocada por la sorpresiva pregunta se giró sonrojada, mordiéndose al segundo el labio inferior para ocultar la inquietud.

Se tomó la extensa trenza bicolor y la enredó en los dedos.

—¡K-kocho-san se equivoca, no uso perfume, es una loción nueva para el cabello! —explicó rápidamente. Levantó el las hebras para dar énfasis a su argumento —¡Podrías probarlo, creo que es de vainilla con... —informó estrepitosamente, en una maraña de palabrerías. La mirada del Pilar Insecto no flaqueó pese a la obvia distracción que intentaba Mitsuri.

Ella mentía.

Sonrió de nuevo, la experta en pociones, cerrando el libro por completo para ofrecerle la integra atención a lo que acababa de descubrir. Cambió de posición y se encaminó hacia la ventana que le ofrecía una vista maravillosa del jardín y así también cambió de estrategia.

—No me gusta la vainilla —cortó con suavidad, acomodando los brazos tras la espalda —, pero sugiero que no debes mentir. ¿A qué se debe esta inexplicable vanidad? He notado que inspeccionas tu uniforme o que peinas tu cabello con más preocupación que antes —Kanroji abrió la boca repetidas veces, el sonrojo iba en aumento—, estas señales, este comportamiento tan característico solamente apuntan a una explicación... —se detuvo para agregar una dosis de drama al asunto. La Pila del amor de pronto se sintió sofocada, el corazón estaba a punto de estallar por la magnitud de los latidos.

Thump thump y de nuevo thump thump.

Las piernas comenzaban a volverse flácidas.

¡Había sido atrapada!

—¡No me gusta nadie, no es por una razón en especial! —chilló, negando con la cabeza, anticipándose a la conjetura de la otra joven —, ¡me gustan todos los Pilares, lo amo a todos! —continuó explicando, sin notar que iba paulatinamente delatándose. El ademán en el rostro de Shinobu fue burlón al oírla.

Koucho movió la cabeza con inocencia, posando un dedo en su mejilla en gesto pensativo.

—Qué curioso, yo no mencioné nada de gustar, ¿por qué yo pensaría eso, Kanroji-san? —arqueó las cejas—. Oh, tal vez es porque me visitas y finges charlar conmigo, cuando en realidad fisgoneas los libros que hablan de la naturaleza emocional en humanos —añadió más tarde con cierta victoria clamando en la cara —, ¿podrá ser Rengoku quien te agrada?, o me atrevería a decir que Iguro-san, últimamente se les ve muy unidos por ahí. Y la mirada que te clava, Mitsuri-san supongo que lo has notado.

La pilar del Amor quedó en blanco, cerró los ojos fuertemente, llevando su mano a su escote. Apretó el puño con fuerza.

Tenía que huir.

—He abusado del tiempo de Kocho-san, la dejaré continuar con su labor, ¡me retiro!

Se deslizo rápidamente hacia la salida y sin contestar al saludo alegre de las chicas que transitaban en ese momento por el pasillo, se alejó lo más rápido que pudo de los territorios del Pilar Insecto.

-o-

Ni la dulzura del Dango que saboreaba ni la tarde primaveral logró sacarla del estupor.

El dialogo con Kocho la dejó en un estado de confusión que le fue insostenible realizar cualquier otra actividad y lo peor, es que tenía absolutamente la certeza. En las últimas semanas –antes que él partiera- su propio comportamiento exagerado frente a Obanai culminó demasiado obvio para los demás, había decidido buscar en las aldeas cercanas un perfume femenino y mientras lo escondía entre las mangas del haori para no levantar sospechas frente a las criadas de la finca, pensó en que si el Pilar de la Serpiente lo notaría cuando ella se acercara a saludarlo como solía hacerlo; si él percibiría la fragancia adulta que ahora emanaba. Y sonrió contenta al imaginar las atentas palabras del muchacho y la mirada bicolor observándola con apremio, con esa devoción que la alimentaba cada día.

"Kanroji-san, hueles bien..."

De esos labios cubiertos con venda deseó escuchar la frase que embelesaba su razón, con voz masculina amortiguada por las vendas. Sin embargo, los planes de la fragancia se vieron entorpecidos en el segundo que él había sido enviado a una misión de carácter urgente junto a Uzui y no obtuvo mayor información a excepción de las cartas diarias que el muchacho le enviaba reportando el progreso de la misión, el nivel de dificultad y lo ansioso que se encontraba por volver, preguntó por ella en reiteradas ocasiones y por su salud, mas Mitsuri en la crisis emocional no respondió a ninguna, lamentándose a los días después por la falta de tacto y compañerismo.

Suspiró deprimida, levantando la mirada hacia el cielo para deleitarse con los matices anaranjados. El té con miel que prepararon sus ayudantes aún humeaba vapor del recipiente y ni siquiera tuvo la intención de probarlo. Bajó los ojos un instante al palillo con las tres masas redondeadas todavía intactas.

Comer el postre en compañía era mucho mejor. Acostumbró a estar con Obanai la mayoría del tiempo, a veces se sorprendía caminando a los árboles donde solía descansar el muchacho e inventar una excusa para hacerlo bajar, en cada reunión saludaba con anhelo a cada Pilar deseándoles un provechoso día; pero con él era distinto trataba de mantener la exclusividad en las palabras y aproximarse para verlo de cerca. En reiteradas ocasiones, escuchando las instrucciones de Oyakata, su vista verdosa se desviaba hacia la figura solemne de Iguro. Lo observaba a hurtadillas el tiempo necesario hasta que era atrapada por él quien le devolvía la mirada de manera interrogante.

Y de nuevo el chico serpiente retornaba a su mente. Fantaseó unos segundos con distintos escenarios románticos y después torció la boca con desgano, la timidez que poseía era tan alta como su nivel de fuerza.

Se quedó viendo ambos muslos ahora desnudos, ya que las medias verdes se habían ensuciado con lodo cuando huyó de Shinobu. Torpemente la sandalia se incrustó en una piedra y la rodilla se llevó el peso de la caída.

—Kanroji-san —La sombra que de pronto tapó el fulgor de la tarde anaranjada la sacó de sus cavilaciones, obligando a levantar el rostro con expresión asombrada—, no recibí respuesta alguna de las cartas, ¿tu salud se encuentra en buen estado? —sonó demasiado formal pese a que estaba desesperado por saber de ella, pero es que entre ellos dos era justamente de esa forma el trato. El espadachín se acercó de manera cautelosa buscando signos de enfermedad o de lesión física, la serpiente enrollada en su cuello se removía incomoda por las vibraciones provenientes del humano.

La fémina de cabello rosado, despertando, se colocó de pie rápidamente y lo miró con los ojos centelleantes, el haori blanco resbaló de sus hombros y cayó al suelo, sin notarlo.

Obanai se preocupó por la actitud de la mujer.

Notó los labios secos antes de hablar—. Iguro-san... ¿de verdad eres tú? ¿Cuándo regresaste?

El semblante rígido del aludido se relajó al escucharla, su voz, era como bálsamo para sus lamentos. Esbozó una sonrisa a duras penas bajo el vendaje.

—He vuelto.

Ella le respondió con mueca similar también, dando un par de pasos más que los unirían a una distancia corta.

Tuvo que admitir que sintió agitación al verla sin el haori blanco figurándola y sin las medias verdes torneando la forma de sus piernas, con esa imagen el calor le embargó de golpe, un latigazo electrizante lo recorrió entero hasta que le provocó un insano nivel de escalofríos. Tan sólo la Pilar del Amor, dejando entrever porción de piel no antes vista, provocaría en él sensaciones únicamente humanas.

La chica rehuyó de la mirada masculina y juntó ambas manos al nivel del pecho, tratando de actuar con normalidad.

—¿Quiere Iguro-san acompañarme a beber el té? —preguntó colmada de inquietud. Ya todo había cambiado entre ellos. Lo notaba en su propia voz y lo veía en el Pilar, en cómo le clavaba la mirada heterocromática encima, con una intensidad que a cualquiera le sofocaría. Shibune tenía razón.

Obanai asintió torpemente.

—Pero antes debes abrigarte, aún no es verano Kanroji-san, puedes enfermar y los demonios se aprovecharían de tu estado —la nombrada movió la cabeza sin rechistar. Se iba relajando de a poco.

Cogió la prenda del suelo y la envolvió en la textura. Una suave esencia llegó al sentido del olfato, omitió comentario, el ambiente estaba ya demasiado cargado y no arriesgaría una velada con la hermosa Pilar del Amor. Caminaron hacia el interior del recinto uno al lado del otro mientras tanto una trabajadora del lugar recogía el té ya frío.

—¡Hoy charlaremos de tu misión, Iguro-san! Pediré que preparen muchos dulces y té con miel —exclamó jovial la fémina, levantando el puño. Estaba dichosa.

La serpiente siseó.

Odiaban lo dulce.

Ladeó el pálido rostro, entre el flequillo negro que caía por su frente, la observó una vez más.

"Que bien hueles, Mitsuri-chan", pensó. Ya se lo diría en otra ocasión.

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Hola qué onda, soy nueva en estos lares de Kimetsu xD (si ven mi perfil verán que soy una chica fangirl del narusaku )

iré dejando mini historias de esta pareja, de TODO TIPO. DE TODO.

acabo de leerme el capitulo 200 y la depre me mató, asi que decidí llenarme de fanfics y doujinshi de la pareja (mi nuevo canon preferido) y noté que hay poquitos fanfics de ellos ;_; así me animé pues! qué les pareció? Mucho OoC? adelante, críticas a mí, no me molesta. Siempre y cuando sean OBJETIVAS Y CONSTRUCTIVAS.

¿les gustaría una 2da parte lemon? esto como que quedó abierto para la resolución de los tortolos y y estoy verde por verlos fo... xD xD ay ay ay

Tengo tiempo de sobra, estoy en cuarentena, ánimo para uds en esta situación :( sé que saldremos de esta. Un beso cargado de buenas vibras!

seee you.,